23 ago 2023

Terenci Moix y Francisco García del Junco (A pares XXXIX)

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En el 'A pares' anterior, ya el XXXIX, ¡hay que ver a qué velocidad circula, pasa y se mueve todo!, hablaba yo de lo variopinto que resulta habitualmente el panorama lector veraniego. Cierto es que la disciplina literaria -hablo por mí, naturalmente- se pierde o queda muy difuminada durante la canícula; y es que la molicie, la pereza o la comodidad propiciadas todas ellas por el intimidante calor me llevan, a la hora de leer, a tirar de cualquier ejemplar que dormita desde hace años en algún estante de mi biblioteca doméstica.  

Por lo dicho hasta aquí, si antes, en la anterior entrada, formaron tándem compañeros literarios tan distantes entre sí como los poetas salmantinos del siglo XVIII y un actualísimo escritor de novela negra como Lee Child, hoy en esta pareja entrega vienen a coincidir un muy famoso en su día novelista, periodista y tertuliano como lo fue Terenci Moix (Barcelona, 1942-2003) y un erudito profesor universitario cordobés especialista en patrimonio y arqueología llamado Francisco García del Junco (1959- ). Quizás, todo he de decirlo, entre ambos exista al menos un hilo de unión: el amor por lo que rodea el mundo del Egipto de los faraones. Concretamente García del Junco cursó en Sevilla la especialidad de "Lengua clásica egipcia en sistema jeroglífico"; y de Terenci Moix es bien sabido su interés y profundo conocimiento del Antiguo Egipto, especialmente de la dinastía ptolemaica. 





Terenci Moix: "El cine de los sábados"
"El cine de los sábados",Cine, Egipto, Literatura

Durante unos días de vacaciones en el norte de España escapando del rigor del verano mesetario he leído el primer libro de las Memorias que escribiera Terenci Moix, nacido Ramón Moix Meseguer. Aunque sus memorias reciben el genérico nombre de "El Peso de la Paja", la primera parte de las mismas, que es la que yo acabo de terminar, se titula "El cine de los sábados".

Todos los que hemos leído novelas de Terenci y hemos conocido su imagen pública sabemos de su gran afición al Cine y de su amor por el mundo clásico, en especial Egipto y sus faraones. Esto último iba buscando yo en estas memorias. Quería saber cómo nació en el simpático y dicharachero catalán la atracción por lo egipcíaco. Pero por ahora he de confesar que en esta primera entrega memorialista sólo he asistido a su niñez de niño querido y consentido, a su vida infantil siempre rodeado de mujeres (su madre, su hermana Ana María, sus tías solteras, su abuela...) que alababan de manera desmedida sus gracias ; también he sabido del inmenso placer que le producía ir al Cine con alguna de sus tías. Fue Terenci Moix -así lo confiesa de manera reiterada- un niño solitario que vivía más en el mundo de la imaginación, avivada por las ficciones protagonizadas por los actores y las actrices que poblaban las películas que veía, que en la realidad fea, chata, de la Barcelona de posguerra de los años 40 y primera mitad de la década de los 50 del siglo pasado.

Me ha entretenido mucho esta lectura, aunque se me haya hecho bola en algún momento. Literariamente, lo mejor de ella es cómo logra entreverar tres momentos narrativos dentro del propio relato: uno es el del propio decurso lineal de su vida que comienza con su nacimiento en 1942, luego el de su estancia en Roma en 1969 y por último el de la propia redacción del libro en 1989. Desde la altura del final de los esplendorosos e ilusionantes años 80 y en el inicio de la década de los 90, Terenci echa una mirada al mundo de sus años infantiles. Un mundo que hasta los cuatro o cinco años es el mundo que sobre él mismo los demás le han relatado («la infancia es un terreno que pertenece a los demás, nunca a uno mismo. La infancia es un relato en boca de testigos, un paisaje en ojos que vieron por los míos»), y de ahí a los doce, fin de la niñez y comienzo de la adolescencia, ya el suyo propio.
 
La narración en sí gira en torno a la relación de Ramonet con otros niños (el Niño Rubio, el Niño Rico... ) que serán sus primeras atracciones amistosas y ante las que él mismo, Niño Mimado y Caprichoso, quisiera convertirse en Niño de Oro. También aparecen otras relaciones en 1969 (con Pasolini, con Elsa Morante y con un tal Livio especialmente). En todas ellas está siempre presente la pulsión sexual, el erotismo, la homosexualidad presentida o confirmada ya.

Muchas cosas me han gustado, atraído y divertido de esta obra. Quizás la principal haya sido la de reencontrarme con el personaje, con el showman televisivo al que yo admiraba por su gracia, inteligencia y profunda cultura mostrada en los programas de TV que presentó y los debates en los que participó. Fue Terenci un hombre que no se callaba ni se casaba con nadie. Vivió en una época en la que aún no había llegado la cultura de la autocensura y del pensamiento políticamente correcto que nos atenaza hoy día. Así, el hombre libre que era, opinaba sobre y desvelaba cosas como las siguientes:
«Cuando leo a algunos escritores de mi generación, quedo admirado ante la precocidad de su conciencia política. Parece que algunos ya eran antifranquistas desde la cuna, otros que a los cinco años ya hacían de maquis por la calle Muntaner. En sus libros, dijérase que Barcelona entera estaba llena de resistentes y que todos teníamos conciencia de vencidos.»
O también cuando comunica cómo tantos y tantos cantantes e intelectuales, aunque ellos lo oculten en sus biografías,  fueron compañeros suyos en el colegio de los Escolapios al que él acudió:
«Algunos niños de cursos distintos se han ido cruzando, después, por mi vida. Encontré a Joaquim Marco en el mundo de la literatura, a Joan Manuel Serrat y Pepe Martín en el de la fama, a los hermanos Armet en el de la política. En cuanto al dramaturgo Josep María Benet, el Papitu de esta narración, es hoy mi mejor hermano.»
Y por último me ha encantado ver cómo el famoso escritor explica la manera como fue entrando en los diversos espacios culturales, siempre de la mano de la curiosidad y del azar, elementos imprescindibles para avanzar:
«Del mismo modo que el cine de los sábados me había llevado al erotismo, también me llevó hasta la literatura. Si gracias a Greer Garson conocí a Madame Curie —lo cual tampoco es para ponerse moños—, gracias a mi amiguete Kim de la India supe que existía Rudyard Kipling. Porque Antinea había sido María Montez, me encontré leyendo a Pierre Benoit. Porque una edición de Ivanhoe llevaba fotos de Elizabeth Taylor y Robert Taylor, me descubrí leyendo a Walter Scott. Por ser Lana Turner Mylady de Winter y uno de los mosqueteros del simpático Gene Kelly, acabé leyendo a Dumas. Y, así, hasta llegar a la Biblia, en cuyas páginas me urgía comprobar si Dalila había sido tan negativa para Victor Mature como daban a entender los colores del cine.»
Ramón Moix Messeger, Ramonet. Homosexualidad

En fin, una obra bien escrita y que, como no podía ser de otra manera dado su carácter autobiográfico y memorialista, es especialmente onanista al versar siempre, ¡claro!, sobre el propio escritor que en cierta manera se victimiza de manera, en mi opinión, algo excesiva. ¿Por qué afirmo esto? La solución sólo es posible hallarla a través de la lectura de este "El cine de los sábados".





 "Eso no estaba en mi libro de Historia de España" de Francisco García del Junco

Francisco García del Junco
Como ya he dicho al inicio de este "A pares", Francisco García del Junco es un profesor de Historia y Arqueología cordobés autor de un buen número de libros y de publicaciones. La mayoría de los mismos se centran en el Castillo de Almodóvar del Río, que fue el objeto de su tesis de doctorado en Arqueología por la Universidad de Sevilla. El libro que yo he leído forma parte de una extensa colección de libros divulgativos de Historia, que abordan aspectos poco tratados por los grandes manuales o por los libros de texto que estudian nuestros escolares. Se trata de la colección que la editorial Almuzara intitula "Eso no estaba en mi libro de": en mi libro de Historia de España, en mi libro de historia de la Literatura, en mi libro sobre Napoleón, en mi libro de historia del fascismo, en mi libro de Historia de la Economía...; llegan los títulos de esta colección a tocar aspectos propios de la cultura más popular: así en el catálogo de la misma aparece un "Eso no estaba en mi libro de los Beatles", "Eso no estaba en mi libro del Athletic", "Eso no estaba en mi libro de historia de la cocina española"... y otros más de este jaez. 

Ya sólo observar el listado de títulos, cuando tomamos el libro en nuestras manos sabemos que estamos ante un ejercicio puramente divulgativo, de poca profundidad y de escaso aporte científico. Con todo y con eso los trece capítulos que componen el volumen abordan asuntos interesantes cuya lectura tiene un evidente atractivo por lo novedoso y lo no muy conocido. Son asuntos como la sabida 'Expedición Malaspina' o la 'Inquisición española', y las menos o nada conocidas 'Real Expedición filantrópica de la Vacuna', 'El Real de a ocho: primera divisa internacional' o 'La Paz de las tres vacas'. Y así hasta trece capítulos que ocupan las 336 páginas de la edición ilustrada de este libro publicado en 2016.

Leyendo cada uno de los capítulos me ha parecido estar ante la publicación de un artículo aparecido en alguna revista divulgativa de Historia. No me extrañaría, si bien no me he puesto a investigarlo, que algunos de ellos (quizás el dedicado a `La llegada de los vikingos a España' según apunta un manuscrito medieval o el que hace referencia a 'Las mortandades de indios en Hispanoamérica') hayan ya sido tratados por el autor u otro articulista en alguna de estas publicaciones. 

Eso no estaba en mi libro de Historia de España
En líneas generales todos y cada uno de estos trece asuntos rompen una lanza en favor de España asaeteada desde hace mucho tiempo por una leyenda negra que no hace justicia a la labor desempeñada por el país en el mundo y sus innegables aportaciones al progreso del mismo. Achaca García del Junco la mala imagen de España y lo español a la pertinaz y maledicente labor de potencias extranjeras como Inglaterra y/o Francia interesadas siempre en atacar por todos los medios posibles a la por entonces principal potencia militar y política del mundo.

Un libro para leer en verano que dice alguna cosa novedosa y otras sabidas por demás. Ideal para leer a la orillita del mar bajo la sombrilla o en la zona de hierba de la piscina. Eso sí, debe procurarse no mojar el ejemplar (ja, ja...).

12 ago 2023

Lecturas de verano: De la poesía dieciochesca a las novelas de Lee Child (A pares XXXVIII)

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«[Reacher] contó su biografía condensada. Fácil de entender al principio, luego difícil más adelante. Hijo de un marine, infancia en cincuenta lugares distintos, después West Point, después la Policía Militar en cien lugares distintos, después las reducciones en la fuerza cuando terminó la Guerra Fría, que llevaron directamente a su precipitada y repentina introducción a la vida civil.»

Lee Child, Serie de Jack Reacher
Luna azul ha sido mi primera lectura completa durante este agosto de calor; de su autor, escritor de novela negra británico, es la segunda que hago. La anterior, titulada Noche caliente, la realicé hace ya dos o tres años. La verdad es que de esta última apenas si recuerdo algo; tan sólo que la protagonizaba Jack Reacher, igual que en Luna azul

Sinopsis de la novela
Aaron Shevick se baja de un autobús con un abultado sobre en el bolsillo de su chaqueta. Jack Reacher se ha percatado de que está lleno de dinero, pero no ha sido el único. Un hombre ve la oportunidad de hacerse con el paquete. Reacher les sigue y logra evitar el atraco, pero Shevick termina magullado y dolorido. Y tiene prisa: debe estar en un sitio antes de las doce o el sobre no será suficiente. Habrá consecuencias. Intereses. Reacher le sirve de muleta y llegan a tiempo pero el destinatario no se presenta. En el lugar del encuentro le indican que regrese por la tarde, y sin saber muy bien cómo los destinos de los dos hombres se enlazarán hasta extremos muy peligrosos. 

Antes de entrar en materia me referiré al porqué del título. Se denomina Luna azul (traducción del inglés blue moon) a la segunda luna llena ocurrida durante un mismo mes del calendario gregoriano (el usado habitualmente en Occidente), lo que sucede aproximadamente (en promedio) cada 2,5 años. Haciendo traslación de este fenómeno, el autor da este título a su relato al presentarnos en una misma ciudad a dos bandas que la oprimen, una -los ucranianos- en la zona oeste y la otra -los albaneses- en la zona este; les separa una gran avenida, la calle Central. 

Así, como primera impresión, diré que la novela de Lee Child es una historia en la que el héroe, Jack Reacher, un auténtico Superman, mata con una soltura increíble. Es, ya lo sabemos desde la primera novela de la serie (Zona peligrosa), un antiguo y duro miembro de la Policía Militar norteamericana, que desde que dejó el ejército vagabundea por los Estados Unidos sin domicilio, teléfono ni tarjeta de crédito. Jack Reacher era especialista en la Policía Militar en prever ataques, de ahí que el análisis psicológico de las posibles reacciones de los 'malos' sea esencial en su trabajo. 

Su trabajo, al menos en esta novela, me parece desmesurado, pues el héroe, de unos 50 años de edad, logra por sí solo cargarse nada menos que a dos bandas de delincuentes (los ucranianos y los albaneses) que controlaban el mundo delincuencial de todo tipo (drogas, préstamos onerosos, prostitución, armas...) de una gran ciudad norteamericana. Físicamente el grandote Jack Reacher («un metro noventa y cinco de hueso y músculo y ciento quince kilos de masa en movimiento») está en plena forma, incluso en el aspecto sexual pues es capaz de satisfacer más que debidamente a Abby, una 'jovencita' de 32 años o así. 

Un máquina este Reacher. Algo exagerado en todo: en las balaceras, en su rendimiento sexual, en su bondad exagerada con los 'buenos' (el matrimonio Shevick, Abby, los músicos Barton y Hogan, el especialista militar en idiomas de los países excomunistas Guy Vantresca...), en su superioridad absoluta cual si de un Superman se tratara... Y también exagerado, demasiado exagerado, en su implacable comportamiento con los 'malos' (las bandas, los colaboradores de las mismas como el hacker Trulenko propagador de fake news rusas, pornografía, engaños bancarios,,,).

Por todo lo dicho hasta aquí concluyo sobre esta novela que cojea mucho en verosimilitud. Por este lado patina un montón. Pero, como lectura de verano, sí que me parece muy adecuada para hacerla bajo la sombrilla y sobre la toallita que limita por todas partes con las de otros veraneantes y bañistas que parecen competir en chillidos a sus niños y/o música estridente lanzada a todo trapo sin que nadie la haya solicitado... Sí, para esto es fantástica, pues aísla y entretiene. Pero eso si, no se pretenda buscar en ella más de lo que hay, que no me parece mucho.
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"Poetas de la escuela salmantina del siglo XVIII"
De paseo por Salamanca, mi ciudad natal, compré en la tienda de su Universidad este librito de poco más de 100 páginas que presenta una selección de poetas dieciochescos adscritos a lo que se dio en llamar, ya en su tiempo Escuela de Menéndez o Escuela de Cadalso, y definitivamente en el siglo XX Escuela salmantina del siglo XVIII. Concretamente -nos dice César Real Ramos, su antólogo-, fue César Real de la Riva quien en 1948 probó a aplicar sobre el conglomerado de poetas que se agrupaban al calor de la universidad salmantina las premisas establecidas en 1930 por el crítico literario alemán Julius Petersen para poder hablar en literatura de Generación o Escuela. En el prólogo que Real Ramos redacta como preámbulo al listado de poetas y composiciones elegidos recuerda esta aplicación. Sí, efectivamente, los ocho requisitos de Petersen se adaptan al grupo salmantino; quizás tan sólo se resista a su aplicación, sensu stricto, el de la coetaneidad dado que entre Meléndez Valdés, maestro y jefe del grupo, y algunos de los miembros hay una importante diferencia de años («más de veinte años separan a Meléndez de fray Diego y casi cincuenta a éste de Somoza»).

César Real Ramos, Universidad de Salamanca, Ilustración, Poesía del XVIII
Once poetas son los seleccionados, cada uno de ellos con un número desigual de composiciones. Destacan por su número José Cadalso con seis y José Iglesias de la Casa con siete; el resto, a excepción de Meléndez Valdés con cuatro, aparecen con dos o sólo una composición.

No todos los poemas han sido de mi agrado. Algunos, como la larga carta de Jovellanos a sus amigos de Salamanca me ha parecido pesados, falsos por sus tópicos anacreónticos y pastoriles, muy poco verosímiles y apenas interesantes. Sin embargo otros, como la también extensa elegía que Francisco Sánchez Barbero escribe "En la muerte de la duquesa de Alba" me han gustado mucho y me han mostrado el papel de puente que esta generación o escuela poética tiene entre los poetas barrocos y los románticos que ya se atisban en los versos de Sánchez Barbero.
Sólo el Albano sucesor [...] / /«De una pálida luz a los reflejos / Sigue, y alzarse una pesada losa, / Y luego incorporarse / A la duquesa de Alba ve de lejos, / Asómbrase; el cabello se le eriza; / Ni hablar puede, ni huir, ni adelantarse. / Una voz cariñosa / Acércate, le dice, y se estremece; / Otra voz imperiosa / Acércate, le grita, y obedece.»
De los once poetas que aparecen en el librito me fijaré en tres por ser estos poco conocidos o, al menos, poco nombrados hoy. Me refiero al Sánchez Barbero de la elegía a la duquesa de Alba citada antes, a Nicasio Álvarez de Cienfuegos y a Manuel José Quintana:

De Francisco Sánchez Barbero, además del prerromanticismo que se atisba en su poema, quisiera destacar la versificación utilizada en él: versos de 7 y 11 sílabas (una silva) que, con frecuencia, se quiebran con un encabalgamiento en el heptasílabo. El ritmo que de tal manera de proceder resulta es bello por demás. Me han recordado a Jorge Manrique esas interrogaciones retóricas que no aguardan respuestas («¿Qué será de vosotros, oh leales / Vasallos? Vuestra vida / ¿Quién asegurará? ¿Quién vuestros hijos / Defenderá?  La paz y regocijos / [...]»). También me ha llevado en prolepsis retórica (ja, ja...) al Miguel Hernández de la Elegía a Ramón Sijé; es fácil que entre los libros que el canónigo Luis Almarcha, vicario general de la diócesis de  Orihuela prestaba al cabrero hubiera alguno de este poeta salmantino.

El poema que de Nicasio Álvarez de Cienfuegos ha elegido el antólogo, aunque me ha parecido largo en exceso y excesivamente amanerado, recreador de aquella poesía pastoril del XVI que ya en el XVIII estaba fuera de sitio, lo destaco por referirse de modo hermoso a las aguas que riegan Salamanca. Se dirige a Batilo (Meléndez Valdés) evocando los días de la adolescencia cuando de él recibió enseñanzas junto al  río Tormes. Poetiza de manera muy idealista los arroyos Zurguén y Otea, especialmente este ultimo proveedor de lechugas y verduras a la ciudad. Jamás había leído alusiones tan poéticas a estos dos arroyuelos hoy casi sepultados por el crecimiento urbano.
«¿[...] volar con mi Batilo / A buscarle del Tormes en la orilla? / Le encontrara; allí está: por siempre inmóvil / Entre sus ondas deleznables yace / Mi adolescencia; por doquier mis ojos / hallarán restos de sus frescas flores. / Del Otea, el Zurguén, de la enriscada / Aspereza que mira amenazando [...]» 
De los dos poemas de Manuel José Quintana, "A Dafne en sus días" tiene el ritmo y la gracia de la poesía andaluza. Utiliza el octosílabo asonantado en los pares, pero no siempre. Tiene ese regusto de coplilla andaluza que con tanto gusto y brío divulgarán en el siglo XX poetas y autores de canciones populares como Quintero, León y Quiroga, e incluso Carlos Cano. El poema "A Meléndez" que lleva el subtitulo de «Cuando la publicación de sus poesías» lo escribe en estancias. Es un clásico poema laudatorio al magisterio de Meléndez Valdés.

Por último sólo quiero recordar cómo, en el juego de recuperación poética que estos poetas realizaban para acercarse más a su predilección, esto es, la poesía del primer renacimiento español del siglo XVI, adoptan pseudónimos poéticos de naturaleza pastoril: «Dalmiro (Cadalso), Batilo (Meléndez), Delio (Fray Diego), Arcadio (Iglesias), Aminta (Forner), Etc. Incluso los ajenos a la escuela como Jovellanos  cuando a ellos se dirigen divertidamente se disfrazan de idealizados pastores, en su caso, 'Jovino'.
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Nota.- Esta antología, realizada por César Real Ramos, me sirve para ir completando el Reto "Nos gustan los clásicos" y el Reto "25 españoles".


26 jul 2023

Mariana Travacio. Dos novelas: 'Como si existiese el perdón' y 'Quebrada' (A pares XXXVII)

16 comentarios:
Si algo me encanta del mundo libresco en que habito y me muevo, es el contacto con excelentes lectores. De ellos aprendo continuamente cosas que no conocía o que simplemente me habían pasado desapercibidas. Con ellas -en este caso me es obligado particularizar en femenino el género del pronombre al no caber inclusividad alguna- literariamente me enriquezco de manera continua. Con este "ellas" apunto directamente a mis muy buenas amigas de la Tertulia literaria más que palabras..., mujeres conocedoras y degustadoras de la buena literatura. Hoy, aquí, en esta reseña doble, quiero agradecer a Margarita (Marga) la recomendación que, como si de una nadería se tratara, nos hizo en una de nuestras últimas reuniones. «Os recomiendo 'Quebrada' de Mariana Travacio. Creo que os gustará», dijo. Y al poco apostilló que también había leído con mucho agrado otra novela de la misma escritora titulada  'Como si existiese el perdón' . Como las recomendaciones que mis amigas tertulianas hacen en nuestros encuentros nunca se me olvidan, busqué estos dos títulos y sin más los he leído. Qué gozada, qué gustazo. Ahora diré por qué. Cierro esta entradilla con un "¡Muchas gracias, Marga!" 

Lo primero que hice cuando tuve ante mí los dos títulos fue comprobar sus fechas de publicación, pues quienes ya los habían leído o estaban leyéndolos me habían dicho que ambos estaban muy relacionados. Al hacerlo vi que Como si existiese el perdón apareció en 2016, mientras que Quebrada era mucho más reciente, concretamente del año 2022. Habrá que comenzar en orden, dije para mí.

➢«El calor trae malos humores, y el viento norte, allá, nos traía estas cosas. Loprete acabó malherido, y nosotros, sin remedio a la mano. Agonizó toda la noche. Lo enterramos poco antes del amanecer. Juancho hizo el pozo. Yo sostenía la lámpara. Y el Tano vigilaba que el cadáver no tuviera otro ataque de ira.» (‘Como si existiese el perdón')
«La única certeza que tengo hoy, padre, es que muy pronto nos iremos de esta tierra. Y me cuesta, porque esta tierra será poca cosa, pero acá nacimos y acá somos quienes somos. Si nos vamos, tendremos que ir por ahí explicando que de dónde venimos y para dónde vamos. Y eso no da mucho aliento.» (‘Quebrada’)



COMO SI EXISTIESE EL PERDÓN

Editorial Las afueras. Mariana Travacio, Como si existiese el perdón
He leído de una sentada esta novela corta o relato largo de la argentina Mariana Travacio (Rosario, Argentina, 1967). Me ha gustado y me ha recordado mucho esa buena literatura sudamericana del tipo de la de Juan Rulfo, pero con menos magia, menos sorpresiva, quizás, precisamente, porque estos jóvenes autores -ya no tan jóvenes, ¡vive Dios!- hayan asimilado perfectísimamente la prosa del mexicano ilustre. 

La publica en España por primera vez la editorial Las afueras en una bonita edición de 144 páginas. De la historia proporciona el editor la sinopsis siguiente:

Como si existiese el perdón es una historia de venganza y redención. Mariana Travacio nos conduce a través de un mundo desolado, que traerá inevitablemente a la memoria las mejores páginas de Juan Rulfo, hasta un final inevitable que tiene sabor de venganza antigua. Inevitable decíamos, porque todos los personajes de esta historia parecen marcados por la fatalidad, pero también porque la autora no nos da la oportunidad de apartar la mirada de este libro duro y memorable, con un estilo tan desnudo y poético como los paisajes que describe.

Nos encontramos en un espacio inhóspito, dentro de una naturaleza despiadada que provoca que en el lugar apenas si quedan personas. El narrador es Manoel, huérfano. Sus padres, cuando él era chiquito, marcharon a lejanas tierras productivas; su intención no era otra que procurarle una mejor vida al hijo que quedó a cargo de su abuela Luisa, quien poco tiempo después falleció. Fue el Tano, que tenía una pulpería, quien lo acogió y ejerció de padre de Manoel

La novela comienza de manera muy intensa con la llegada de uno de los hermanos Loprete «a lo del Tano» (nótese ya mismo en esta brevísima cita la peculiaridad del estilo literario de la autora). El tal Loprete pregunta por Pepa. Todos piensan que es una mujer; en especial, así lo cree el Tano cuya amada tiene tal nombre. Esta creencia y las muchas ginebras que los personajes ingerirán derivarán en el hecho trágico que condiciona todo el relato: José, que así se llama el Loprete inquiridor, muere desangrado por una cuchillada que le da Tano al defenderse de una suya. La tragedia provocará la venganza de los hermanos Loprete. Para evitarlos JuanchoTano, Manoel y los demás pedirán auxilio a Miranda, hombre rico amigo desde antiguo de Tano, que habita en una estancia y tiene a su servicio un buen número de peones. Con diez hombres de Miranda, Tano Manoel se aprestarán a cobrarse a su vez venganza porque los Loprete, cuando los buscaban, habían matado a Juancho y quemado el rancho de Tano

Como se verá todo desemboca en una auténtica balacera, con muertos por todas partes. Estamos ante un auténtico western en terrenos de la Pampa argentina concretamente en aquella en que la sequedad al cabo de unos kilómetros da paso a la humedad, a las lluvias, a fuertes avenidas de agua tras épocas de intensa sequía. El contexto en que se desarrolla la acción está conformado especialmente por un clima desorbitado, irracional, de locura. Un clima que en las personas de los Loprete se materializa en cuatro hermanos locos, las Furias, y los demás, éstos con una racionalidad sanguinaria y también demencial.

 

QUEBRADA

El asunto mostrado en la novela anterior hizo que nada más finalizarla no pudiese resistir la tentación de leer el otro libro de la escritora argentina recomendado por Marga. De él la editorial Las Afueras da en su página web la siguiente sinopsis:

Novela corta "Quebrada" de Mariana Travacio
Quebrada es la palabra que define un paso estrecho entre dos montañas. Así, como una hendidura que atraviesa dos historias, discurre la nueva novela de Mariana Travacio. Una obra atemporal en la que sentimientos como el amor y la lealtad conviven con el desarraigo y la pérdida que imponen las migraciones.
Conducidos por una prosa precisa y sobria, acompañaremos a Lina, una mujer que parte en busca del mar y un hijo perdido, desde un paisaje seco y agrietado en donde la vida se ha hecho imposible, hasta unas tierras húmedas y fértiles en las que todo es excesivo. También la locura de los personajes y fantasmas que las habitan.

Como ya he dicho, es Quebrada, hasta el momento, el último libro publicado por Mariana Travacio. Curiosamente, yo diría que es una especie de precuela del otro que tanto me gustó y con el que me  estrené con la novelista. En esta novela la historia se presenta en dos partes: en la primera los capítulos -breves como es característico en la escritora- son narrados, alternativamente en primera persona, por Lina Ramos y por Relicario Cruz, esposos y padres del Tala, un niño que hace ya catorce años o así marchó con su tío Camilo Ramos a las tierras fértiles que se decía había allá lejos, pasadas las montañas. Comienzan, pues, ya aquí las similitudes entre la historia de Quebrada y la de Como si existiese el perdón. En ambas, un matrimonio pierde por acción u omisión un hijo, mejor dicho, el hijo. Y en ambas también, las tierras fértiles, donde crecen los frutos, donde existe el verdor y el agua las visita con frecuencia inusitada, son las de los Loprete. La historia de los Ramos que vemos en Quebrada se entrevera en la historia de la venganza de los Loprete por la desaparición de José Loprete en la novela de 2016. Las lagunas argumentales de la primera van siendo rellenadas en cierto modo por los sucesos vividos por Lina Ramos y por su marido Relicario Cruz. La segunda parte de Quebrada, sin embargo cambia a otro narrador en primera persona. Su nombre es Rulfino, quien guarda enorme similitud con el caso del Manoel del otro relato. Ambos sienten un odio acendrado hacia el patriarca y hermano mayor de los Loprete. Como se ve, pues, argumentalmente existen entre ambas narraciones concomitancias, analogías, coincidencias y similitudes.

Si hay claras correspondencias en el plano argumental, las existentes en el plano formal son mucho más  evidentes. Y es que, como la misma escritora sostiene en alguna entrevista suya que he podido leer, en su literatura prima, por encima de los temas que vienen a ser -dice- los habituales (amor, vida, muerte), la forma con la que se presentan y el lenguaje empleado para mostrarlos. De su estilo seco, desnudo, con escasa florituras, lo que más ha llamado mi atención es el muy frecuente empleo de los pronombres en posición anticipada a sus referentes (los estudiosos denominan 'prolepsis' este uso): «Estaba empapada, esa mujer, pero más me impresionó su tamaño» o «empezó a decirles, a los hijos»; el vocabulario argentino propio de de la Pampa y de los gauchos en general: hamacar (dar al cuerpo un movimiento como de vaivén), bolear (arrojar las boleadoras a las patas o al cuello de un animal), arrevesada (difícil), petiso (pequeño o de poca estatura), tranquera (puerta rústica hecha con trancas), matambres (capa de carne que se saca de entre la piel y el costillar de vacuno y porcino), etc. Pero lo mejor, lo que por encima de todo me ha llegado más de la manera que tiene de escribir Mariana Travacio, es la hermosa imaginería que utiliza. Y lo hace de esa manera tan suya, como si nada hiciera, como si no le costase ningún trabajo ni esfuerzo crearlas, producirlas. He aquí dos citas a modo de ejemplos:
  • «Así comimos esa noche, antes de ponernos a descansar. El Laucha se ofreció a hacer de campana. Todos aceptamos. Nos pareció que el Laucha estaba más entero que cualquiera de nosotros. Nos tiramos alrededor de la carreta y alcanzamos a ver un cielo acribillado de estrellas antes de que nos venciera el cansancio.» (en Como si existiese el perdón)
  • «No se vaya a agobiar, doña, con tanta cosa. Si le llegara a pasar que le agarra el agobio, siempre mire para afuera y vea, bien. Va a ver que está lleno de tierra, todo alrededor. No se olvide de eso, doña. Siempre mire afuera, todo lo lejos que pueda, y recuerde que usted busca el mar.» (en Quebrada)
A medio camino de los planos formal y argumental, siendo claramente cuestión de estilo, estarían los comportamientos de algunos personajes. Quizás uno de los más característicos sea en Quebrada Relicario Cruz, quien, muy en la línea del mexicano Juan Rulfo con quien más de una vez se ha relacionado a Mariana Travacio, es incapaz de abandonar a sus muertos por lo que cuando abandona el lugar se los lleva en dos cajones y dialoga con ellos de una manera muy natural, igual que también habla con Jumento, el burro con el que ha emprendido la travesía. Es este Cruz un ser que parece salido de la Comala rulfiana o, más próximo a nosotros en el tiempo, del condado de Yoknawpatapha faulkneriano de 'Mientras agonizo', o hasta del "bardo" del cementerio donde el presidente Abraham Lincoln deambula y quiere retener a su recién fallecido hijo Willi [leer reseña de "Lincoln en el bardo" de George Saunders aquí]. Mucha literatura, pues, contenida en estas pocas páginas de la Travacio.

También es rasgo estilístico la ambientación, el paisaje opresor y desubicado en el tiempo y el espacio, donde estos seres se sienten atrapados de una manera casi kafkiana, con pocas posibilidades de abandonarlo y cuando lo hacen como Lina yendo a parar a otro pozo de los horrores de donde también les  es muy difícil salir.  

Para concluir
Relatos, Cuentos argentinos de hoy
Literatura, la de Mariana Travacio, de alto voltaje, de muchos quilates, y de -elija cada uno el término al finalizar su lectura- la imagen magnificente que le apetezca colocar aquí. En ambas narraciones hay un universo de personajes muy bien caracterizados y un estilo breve, conciso, sin ampulosidad ninguna, pero que llega con fuerza al lector por contener dentro de su brevedad una enorme belleza. Así es, en efecto, y así he podido comprobarlo en las dos novelas cortas que he leído. Desde el principio cada una de ellas consiguió captarme, casi abducirme dentro de la belleza y la rotundidad con que la escritora argentina presenta unos asuntos muy duros, muy fuertes, como son la pérdida de un hijo para unos padres, la pérdida de los padres para un hijo, la emigración obligada por la imposibilidad de vivir en una naturaleza hostil, el amor a la tierra de nacimiento donde nuestros padres y abuelos se dejaron la vida para sacarnos adelante, la demencia mental, la venganza, la brutalidad masculina en los enfrentamientos violentos, el sexo y el deseo siempre agazapados que a la menor saltan y abren las puertas de la barbarie... Pero también, especialmente en Quebrada, es elemento destacable el empoderamiento femenino que muestra Lina al decidir dejar esposo y terruño para afrontar una aventura en busca del mar, que en sí mismo y en este relato no es más que un deseo de libertad inalcanzable, una utopía. Y además allí mismo somos testigos del inmenso amor del esposo de Lina, quien, frente a la violencia y machismo mostrado en Como si existiese el perdón por los de su género, permite la marcha de su mujer y luego henchido de amor sale tras ella, casi casi me atrevería a decir recordando a Juan de Yepes «como el ciervo herido».

En definitiva, Mariana Travacio ha escrito dos novelas cortas que me han sorprendido muy gratamente al no ser frecuente, en mi experiencia lectora, ese modo directo de mostrar los asuntos sin perder un ápice de belleza literaria. En otras palabras, muy muy satisfecho tras su lectura.



19 jul 2023

"Narcopiso" de Paco Gómez Escribano

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«La movida nos venía grande desde el principio, pero ahí estábamos nosotros, defensores de las causas perdidas,buscavidas de todo a cien, borrachos de pastel que ni siquiera éramos capaces de controlar nuestras propias vidas actuando como lo que hacía mucho tiempo ya no éramos.»

Paco Gómez Escribano, realismo sucio, realismo sórdido
Tras 5 Jotas, que me dejó muy buen sabor de boca [leer su reseña aquí], he leído la última de las novelas publicada por su autor, Paco Gómez Escribano, titulada Narcopiso. Narcopiso me ha recordado mucho a escritores de novela negra como Lee Child, Chester Himes, el español Carlos Zanón, e incluso al representante por antonomasia del dirty realismCharles Bukowski. ¿Por qué? Pues porque Gómez Escribano entra directamente en lo que en el género se denomina 'realismo sucio'. Una gran diferencia entre Narcopiso y 5 Jotas es que mientras en esta última la Música ocupa lugar de privilegio con múltiples referencias a temas  de jazz y de blues, en Narcopiso es la Literatura, concretamente la novela negra y la policíaca, la que tiene un papel central, casi casi diríamos, usando el léxico característico de sus protagonistas, de okupas de la misma.

Precisamente es del asunto de la okupación de lo que trata la narración. Estamos ante un piso ocupado por una gente  dedicada al narcotráfico, es un narcopiso. Los vecinos de siempre del edificio, casi todos ellos de la tercera edad, están que no pueden más con los gritos, riñas, suciedad y peligros que la vivienda ocupada ilegalmente les provoca. Es por ello que hartos de la poca efectividad de sus denuncias a la policía deciden encargar a Dionisio Aranzueque, presidente de la Comunidad de vecinos del edificio donde radica el narcopiso, que busque una solución al problema. Y la solución que se le ocurre a este hombre es buscar al Perla, un exdelincuente conocedor del barrio, para que los eche del piso. Le ofrece una suma de dinero de lo más apetitosa y así, sin más, el Perla busca al Araña, al Pirri -narrador de la historia-, y al Tije. Todos ellos son ahora mismo clientes fijos del bar del Julito, del mismo modo que en sus tiempos jóvenes frecuentaron las drogas y dieron no pocos palos para obtenerlas. Actualmente, las han dejado y sólo son alcohólicos o, al menos, es lo que sólo quieren ser. Pero no es fácil, pues el atractivo de la heroína y de la cocaína siempre está ahí. Juntos deciden ejecutar el trabajo propuesto por el bueno de Dionisio. Les mueve un sentimiento solidario de barrio.

Los cuatro personajes tienen personalidad propia, pero sin duda alguna es el Pirri el protagonista principal. Sin miedo a equivocarme, aunque bien pueda hacerlo, es el Pirri un alter ego del propio escritor quien en una época de su vida anduvo en la cuerda floja simpatizando con las drogas y moviéndose en ambientes que para nada eran facilitadores del abandono de las mismas. El Pirri es en la novela un hombre que ya no es joven, pero tampoco viejo; está en esa indefinible edad que se conoce como madurez. Ha visto morir a varios de sus compañeros de fatigas juveniles y él se ha salvado no sabe bien por qué ni cómo. Hoy su vida se reduce a beber cervezas y whisky, hacer crucigramas y leer novela negra
«Yo era un puto minusválido sin el carné de minusválido, un expolitoxicómano con más secuelas que un veterano del Vietnam, un colgado que iba dando tumbos sin más expectativas que echar un trago y rellenar unos crucigramas y leer unas noveluchas cuyos héroes poco me servían en la vida real.»»
Son precisamente esas "noveluchas" las que le sirven al Pirri y al propio novelista a tirar p'alante. La literatura es en la ficción y también lo es y lo ha sido en la vida real su tabla de salvación. En Narcopiso Paco Gómez Escribano homenajea a estos autores de noir, muchos de ellos poco conocidos, que le han ayudado muchísimo. Las referencias a nombres de escritores y a títulos de novelas son abundantísimas. En la novela se sirve el autor de un personaje llamado Cortecín, antiguo compañero de colegio, cuatro años menor con el que apenas si en los años colegiales se llevaba, que ahora es bibliotecario y se convierte en su particular camello -¡bienaventurado camello"- de novela negra del Pirri
  • «Desde entonces me sigue recomendando novelas negras. Pasamos de Chandler, Goodis o Burnett a Lehane, Craig Russell o Mankell.»
  • «El Cortecín no tomaba nunca nada. Aparecía, me prestaba una novela o varias, charlábamos un rato y se piraba. Después yo se las devolvía en la biblioteca. ¿Por qué hacía esto conmigo? Ni puta idea. Esto, y lo de que la peña votara siempre a la derecha en bucle, se me escapaba del todo.»

 La relación oracional que establece el narrador entre el comportamiento de su antiguo compañero y el  de la 'peña' en las votaciones es del todo lógica y semánticamente improcedente y por ello mismo literariamente de gran rendimiento. Esconde una punta de humor indiscutible.  

He dicho antes que si la novela va de okupas el auténtico okupa -en el sentido más positivo del término- es precisamente la literatura. Quien quiera conocer autores  de novela negra y policíaca, clásicos y actuales, tiene en Narcopiso una auténtica guía. Hasta el propio Paco Gómez Escribano aparece sin ser citado por su nombre en la novela; se diría, en términos cinematográficos, que hace un cameo. Entre los títulos que se citan aparecen algunos suyos. Y lo hace tanto al principio del relato cuando el Pirri tras un paseo por la madrileña Cuesta de Moyano dice:
«Cuando volví a Atocha con una sonrisilla colgando de mi careto, llevaba una bolsa con dos de Thompson, una de Westlake, dos de Burnett, tres de Vachss, cuatro de Pedrolo, tres de Juan Madrid, dos de Ibáñez, uno de Miguel Agustí, una de Ken Bruen, cuatro de González Ledesma, una rareza de Izzo, dos de Himes, una primera edición de La estrategia del pequinés, un ejemplar de Manguis, dos de Goodis, dos de Lawrence Block y tres de Mosley.»
como hacia el final cuando el Tijeras le propone al Pirri una coartada que, naturalmente, tiene como escenario el mundo de la literatura:
«—He pensao que tú y yo llevamos aquí un par de horas. Has venido a traerme unas novelas y hemos estado echando un trago. Estas. —Y cogió tres novelas viejas de un estante: La niebla y la doncella, Prótesis y 5 Jotas»

Novela negra española actual
Paco Gómez Escribano (Foto: Javier Velasco Oliaga)
Y, como se puede observar, entre los títulos citados tanto en uno como en otro momento aparecen dos de Paco Gómez Escribano: Manguis, en el primero y 5 Jotas, en el último.

He visto en esta novela recién publicada del autor madrileño muchos elementos que ya señalé en la reseña de 5 jotas. Quizás el más relevante sea la aparición del léxico propio de la marginalidad y mundo carcelario por donde los personajes de esta novela transitan a su gusto: 'fuscas' (pistolas), 'solipandis' (vivir de manera solitaria y autónoma), 'jaris' (muchachas jóvenes y atractivas), 'truja' (cigarrillo, porro), 'buco' (en el argot delictivo 'chutarse heroína') 'tarras' (viejos), 'filé' (enfilé)...; así como vocablos y frases del caló: «Venga ya, a mí no me jujaneéis, y marchaos, que lleváis mi majarañí», 'chinorris' (niños), 'jujanear' (no jugar limpio), 'chucarri' (angustia, aflicción), 'chororipen' (pobreza)...

También, al igual que en la novela que concurrió al Certamen Salamanca Negra de 2020, en Narcopiso hay crítica social, erotismo, alusiones al Cine e identificación del narrador con personajes novelescos de su género favorito: el noir. Las referencias socio-políticas espero que pasado el tiempo no sean para los lectores difíciles de desentrañar dada la desactualización de las organizaciones y seres mencionados en las mismas que el mero paso de los años provoca.
  • «¿Y sabes qué va a pasar? Pues que en las próximas elecciones generales el Pepé y esos de Ciudadanos van a sacar mayoría absoluta. Y eso se lo vamos a tener que agradecer a los que están ahí en la tele gritando» (crítica social)
  • «Que un tonto opine o deje de opinar es algo que al capital se la suda. Claro, el tonto cree que opinar es ejercer su libertad y por tanto cree que vive en democracia. Opinan en la tele, en las redes sociales, en sus blogs de mierda.» (crítica social)
  • «Aquello olía a lío gordo de Lew Griffin en las novelas de Sallis, a cristo como los que provocaban Easy Rawlins y su colega Mouse en las novelas de Mosley. Aquello, en definitiva, tenía su parecido a un Pulp Fiction cutre, porque el Tije y yo ni de coña éramos Vincent Vega y Jules Winnfield, y, sin embargo, el Loco sí se parecía peligrosamente al puto Marsellus Wallace.» (alusiones cinematográficas)
  • «Yo no vivía en un barco como Travis McGee ni me enrollaba con una o dos tías buenas en cada caso, más bien vivía bajo la superficie del agua, a veces me ahogaba y me resultaba terriblemente trabajoso volver a emerger. Ni de coña era Mike Hammer, no, no, no, no…» (identificación con héroes novelescos)
Para finalizar
Quizás por haber sido 5 Jotas la primera novela que leí de Paco Gómez Escribano Narcopiso me ha gustado un pelín menos, pero me ha entretenido y divertido muchísimo, que conste. Miedo me da siempre decir, al reseñar un libro, algo que pueda sonar a menor; parece que luego el personal se agarra a esa pequeña menudencia para concluir que no me ha gustado la obra. Y no, no es así, al menos en este caso no es así.
En fin, amigos, que para pasar un ratito entretenidos este autor es formidable y con Narcopiso lo podéis comprobar. Una muy buena lectura para este tórrido verano. Entre otras razones porque mira que se bebe cerveza en ella..., en fin, como en el verano (ja, ja).
 

13 jul 2023

Paco Gómez Escribano: '5 Jotas'

6 comentarios:

«Lo cierto es que últimamente proliferan todo tipo de negocios que a él le parecen absurdos, tiendas y bares relacionados con el fenómeno hípster, la comunidad gay o esos otros iluminados que se creen salvadores de la humanidad y de los animales; por no hablar de los garitos indios, chinos, árabes o africanos con los que parece ser que la gente se vuelve loca.»

5 Jotas, Novela negra, Salamanca negra,
He comenzado julio estrenándome con las novelas de Paco Gómez Escribano. Concretamente he leído dos durante este inicio estival: 5 Jotas y Narcopiso. A la primera, escrita en 2020 y que quedó finalista en el "Salamanca Negra" de ese mismo año, me he acercado motivado por su título y también, claro, por haber participado en el Certamen "Salamanca Negra" cuyo ganador recibe entre otros regalos un jamón pata negra que, naturalmente, imagino de la categoría excelsa 5 jotas. Ambas cuestiones unidas, mi ciudad de Salamanca y el jamón 5 jotas, me han echado sin remisión en los brazos de la novela de Paco Gómez Escribano. Y la he disfrutado mucho.

Sinopsis (en la contraportada de la novela)
Al Charli, un tipo duro con un pasado repleto de delitos y drogas y un presente sin futuro que compensa con alcohol y cigarrillos, le han dado un soplo. Como en otras ocasiones, busca al Banderines, su antiguo colega y compinche, con idéntico pasado, pero con un cociente intelectual que le ha servido para ejercer de cerebro en otros golpes.
Esta vez, al Charli le va a costar convencer al Banderines, ya que se trata de robar jamones. Pero, tras confirmar que el botín no es nada desdeñable, accede.
Para el atraco necesitarán un amplio elenco de expertos del crimen, así que mientras el Banderines planifica el golpe, el Charli irá pergeñando una banda de lo más pintoresca.

Me da que el escritor madrileño, nacido en 1966, ideó esta novela negra como una pequeña broma y muestra de complicidad a la ciudad, Salamanca, donde participó con ella en la Semana de Novela Negra. La ciudad castellanoleonesa es bien conocida por su muy buena producción jamonera. Efectivamente de Guijuelo (Salamanca) procede la marca comercial jamón 5 jotas Joselito. En el relato, los jamones que la banda del Charli quieren robar prescinden del Joselito salmantino sustituyéndolo por un, más conocido en Madrid, Sánchez Romero. Pero para el caso es lo mismo, decir 5 jotas hablando de jamones es aludir a calidad excelsa, a alimentos muy cotizados en el mercado que bien merecen ser objeto de deseo de bandas criminales.

La fauna que se mueve en esta historia es la habitual: el listo, el informático avezado, el menos listo pero muy legal, el aprovechado y odioso pero que nunca engaña; en cuanto a los personajes secundarios pero necesarios nos encontramos con delincuentes de medio pelo recién salidos de la cárcel o inmigrantes que necesitan dar algún 'palo' para seguir comiendo. Los nombres son todos ellos apodos: El Pestañas, el Banderines, el Piraña, el Charli, El Ñapas.... que son los ladrones en activo. El Banderines, antiguo drogadicto y alcohólico practicante en la actualidad, se reencuentra en un momento dado con sus antiguos compañeros de 'chuta' que él consiguió dejar a un lado para así no perecer, algo que muchos de ellos ni siquiera lo han intentado alguna vez: 
«El bar del Félix está a unos doscientos metros del garito del Fredi y a unos cuantos años luz del resto del mundo. [...] La Puri le pasa un porro y después sigue saludando a la gente: el Lucky, el Mochuelo, el Pirri, el Tijeras, el Pipo, el Chinao, el Botas… Al cabo de unos minutos está totalmente integrado, como si no hubiera pasado el tiempo.» 
Del otro lado, como en cualquier novela negra de tipo policíaco como ésta, están los funcionarios de la comisaría de Tres Cantos responsables de la investigación al haberse producido el delito allí mismo; me refiero a los policías, al brazo armado de la Ley: el brigada de la Guardia Civil Rafael Vizcaíno, la sargento Virginia Ribeiro, el sargento Echegaray,… y algún otro más. 

De esta novela tan entretenida destacaría sobre todas las cosas las alusiones a la música que constantemente aparecen en ella. El Banderines es un auténtico melómano, enamorado del jazz y del blues. A él lo que escuchan los jóvenes les parece infumable e incluso hasta a Extremoduro o a Burning, sin disgustarle del todo, procura evitarlos. Yo, gracias a 5 Jotas, he conocido muchos nombres que desconocía del campo del blues y del jazz: Willie Dixon, John Lee Hooker, Big Mama Thornton, Jimmy Reed, Muddy Waters, Sonny Boy Williamson... Los he buscado en Spotify y he confeccionado esta lista musical que, seguro, a los amantes del género os agradará. Aquí la dejo

En cuanto al espacio físico donde transcurre la acción estamos en Madrid, concretamente en el barrio de Lavapiés. Por este paisaje deambula un paisanaje variopinto, cosmopolita, internacional
 «Las aceras empiezan a poblarse de personajes de todo pelaje. Desde señoras mayores hasta jovencitos con pintas de modernos, víctimas propicias para los camellos, a los que el Banderines distingue a la legua. Y entre todos, algún secreta. También los distingue a la legua. Y mezclados entre todos, cada vez más, chinos, negros, moros, indios, sudamericanos…, toda una pequeña ONU ocupando ese triángulo de terreno entre Lavapiés, Tirso y Antón Martín.»
Los protagonistas que se mueven por esta zona utilizan un vocabulario plagado de argot propio de la delincuencia y del mundo marginal. Hay vocablos del caló ('chorar', robar), coloquialismos ('coscarse', enterarse, percatarse; 'tangar', engañar, estafar), vocablos procedentes del ámbito carcelario ('chinarse', rajarse, cortarse; 'guil', moneda), etc. 

Hay descripciones que me han recordado a Quevedo por lo acerado de las mismas y también por el humor contenido en ellas. Esto, el humor, otra característica a destacar en esta tan entretenida novela:
«El Mandrias tiene cabeza de pera, un mostacho de morsa y una sonrisa de hiena convertida en rictus crónico. Mide un metro sesenta, aproximadamente. Luce papada sudorosa y una barriga que le salta por encima del cinturón. Lleva un traje claro con varias manchas y la camisa se le sale por el lado derecho del pantalón.»
Humorístico sin duda alguna es la transformación del Banderines en Nora. Banderines se transforma de vendedor de enciclopedias, negocio en horas bajas, a vendedor de juguetes sexuales, negocio en auge especialmente entre mujeres. ¿Qué mejor manera para llegar hasta ellas que convertirse en una igual con el efecto sorpresa que más tarde les depara? Humor, erotismo y crítica socio-política unidos. Sabia combinación.
«Además, esto ya no es como antes, coño. Estamos en un país libre, ¿no? Así que si a mí se me pone en la polla ser un transexual que vende juguetes eróticos, pues soy un puto vendedor transexual que vende juguetes eróticos, ¿qué pasa?» (le dice Banderines al Charli tras salir de uno de sus encuentros sexuales con una cliente tras una reunión de tuppersex)
Novela negra española
Por último, como en cualquier otra novela negra, en 5 Jotas de Paco Gómez Escribano se cuela la crítica social. El Banderines, protagonista principal del relato, se despacha a lo largo de la novela con acertadas reflexiones como la que abre esta reseña o la que figura a continuación:
«En la televisión, distintos líderes políticos debaten sobre pactos postelectorales y compiten por ver quién es capaz de insultar a los otros de la forma más sutil posible. Y, sobre todo, compiten por ver quién engaña mejor al electorado, todo desde la más absoluta sutilidad, aleccionados por técnicos de marketing, publicistas y mercaderes de lo ajeno.»
 En conclusión, 5 Jotas es una novela entretenida, muy adecuada para el verano, que se lee en un plis con mucho agrado y a cuyo autor voy a seguir leyendo con seguridad. De hecho como digo al inicio de esta entrada ya he leído Narcopiso, la última publicada por Paco Gómez Escribano de la que daré cuenta aquí la próxima semana.

3 jul 2023

"Literatura infantil" de Alejandro Zambra

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«No está claro que hayamos, en propiedad, elegido un equipo de fútbol. Para muchos de nosotros ese aspecto de la herencia paterna fue el único que nunca cuestionamos. Y aunque estuviéramos peleados a muerte con nuestros padres, la posibilidad de sublimar los problemas y ver un partido juntos nos proporcionaba cierta dosis razonable de esperanza familiar, una tregua momentánea que al menos nos permitía sostener la ilusión de pertenencia.»

Ensayo, Cuento, Literatura chilena
He llegado hasta Alejandro Zambra, escritor chileno (Santiago, 1975), movido por la lectura de reseñas positivas sobre su último libro titulado Literatura infantil. En ellas se resaltaba el hecho de la transformación íntima sufrida por el escritor a raíz de su conversión en padre. «Cuando tienes un hijo, vuelves a ser hijo», dice el autor en una de las primeras páginas de este ensayo-novela compuesto en realidad de una especie de diario (parte I) y de una serie de relatos (parte II) que bien podrían ser independientes pero que mantienen entre sí una línea de vida, un hilo que los une, que los agrupa en torno a ese hecho: ser padre.

Leer en esas reseñas cómo al hacernos padres reconocemos la labor realizada por los nuestros es lo que me lanzó a hacerme con esta obra. Primero pensé en regalársela a mi hijo, padre primerizo de un niño precioso (¡qué voy a decir yo que soy su abuelo!, pensaréis no sin razón). Haberme convertido en abuelo hizo que rememorara el momento en que yo accedí a la paternidad. Recuerdo que según que mi hijo iba descubriendo el mundo que lo rodeaba, daba sus primeros pasos, balbucía las primeras palabras, mi memoria iba al encuentro de mis padres. ¿Habrían ellos experimentado la misma emoción, el mismo gozo, idéntica enorme ilusión como la que yo estaba teniendo día tras día? Además, algunas preguntas hechas por mi hijo sobre mis reacciones y comportamientos hacia él cuando bebé me animaban a regalárselo. Pero antes de hacerlo, decidí  leerlo yo.

Lo primero que llamó mi atención es su adscripción a un género en concreto. Ni el mismo Zambra tiene claro si la obra es un ensayo o un cuento. Constantemente él se inclina por denominarlo "ensayo" dado -imagino que es por esto-  que responde plenamente a la definición que suele darse de este género: escrito breve en el que de manera personal se reflexiona sobre algún asunto. En este caso la recién adquirida paternidad. Pero verdaderamente ¿qué es?
[Jazmina, la esposa de Alejandro Zambra] «Dice que le gusta mi cuento. Le digo que es un ensayo. Dice que le gusta mi ensayo en un tono que evidencia que cree que es un cuento y que no le gusta tanto.»
El autor en este y otros momentos presentes en el libro lo que transmite es la duda íntima que él mismo tiene. La indefinición de géneros es algo normal en la literatura de hoy día. En su escrito Alejandro Zambra reflexiona en voz alta no sólo acerca de su condición de padre, el recuerdo del hijo que fue, la valoración que ahora mismo le merece la figura de su padre al que en su primera juventud vino a despreciar un tanto, etc. También se hace preguntas sobre lo que en forma de libro está construyendo. Y es que en esta obra hay muchísima metaliteratura. El proceso de construcción literaria está muy presente tanto en reflexiones que le asaltan al propio autor cuando piensa en cómo abordar ciertos relatos (1), como en las indicaciones o consejos que personas de su entorno le dan sobre este o aquel personaje (2)
  1. «Las veces que intenté este relato lo hice en tercera persona.Casi siempre pruebo en primera y en tercera. Y también en segunda, como mi novela favorita, Un hombre que duerme, de Georges Perec. Al final elijo la voz que me suena más natural, que casi nunca es la segunda persona.»
  2. [Jazmina a propósito de la historia que Zambra cuenta sobre su relación con un personaje] «Bueno, haz que Anastasia sea más consistente. No me creo mucho a ese personaje. Hazla más seria.»
Su experiencia paternal hace que especialmente en la segunda parte del libro se centre más en su relación con Horacio, su propio padre ahora abuelo de Silvestre. En esta segunda parte conocemos la propia infancia, adolescencia y primera juventud del autor-personaje, en suma, la evolución y crecimiento del propio Zambra. Una etapa en la que relata conflictos habidos por él con su padrastro, su salida del hogar paterno, su llegada a la literatura a través del fútbol, sus amores, cómo debía ocultar a una novia antifutbolera esta pasión...

También en esta segunda parte usa todas las personas narrativas e introduce el relato haciéndolo, construyéndolo. Hay personajes que intervienen desde fuera de él aconsejándole cómo hacer, qué añadir, qué suprimir... Estos seres son Jazmina sobre todo, pero también Horacio, su padre, que discrepa del sesgo que Zambra da a algún relato protagonizado por él. En la primera parte, una especie de diario en la que el autor vierte su experiencia de la paternidad, la persona narrativa más utilizada es la primera naturalmente. Es en esta parte más personal donde percibimos al Zambra más frágil, más vulnerable. El amor, los sentimientos despertados en él por Silvestre lo muestran humanamente desarmado, quebradizo...

 El título del libro, Literatura infantil, se justifica en las primeras páginas del ensayo-cuento. Cuenta Alejandro Zambra que su editora no hacía más que pedirle que escribiera un libro infantil. Él hasta el momento no le había hecho ningún caso, en principio porque es contrario a esa afición de los responsables del mundo editorial por parcelar la literatura. 
«Se me hace tan absurda la existencia de una literatura no infantil, de una literatura para adultos, para no-niños, una literatura-literatura, una literatura de verdad; la idea de que hago y leo una literatura de verdad y que los libros que leemos juntos son una especie de sustituto o de sucedáneo o de imitación o de preparación para la literatura verdadera me parece tan injusta como falsa.»
Comparto con él esta reflexión. No hay literatura infantil como no hay literatura juvenil, ni femenina, ni de otras categorías. Sólo existe buena y/o mala literatura. Quizás por esto en este libro, que él está dirigiendo a su hijo de apenas seis o siete años cuando finaliza el relato, hay muchísimas alusiones a otros libros y autores
«Pienso en el extraordinario comienzo de Habla, memoria, de Nabokov: el niño "cronofóbico" que mira una película anterior a su nacimiento y ve a su madre embarazada y la cuna que preparan para él le parece una tumba […] o en los delirios geniales de Vicente Huidobro en Mio Cid Campeador, o de Laurence Sterne en el Tristram Shandy. Pienso en el estremecedor "recuerdo inventado" que da forma a La lengua absuelta, de Elias Canetti, y en fragmentos de Virginia Woolf y de Rodrigo Fresán y de Elena Garro. La lista empieza a volverse interminable […]»
Como tantos otros grandes autores podría decirse que el país donde Alejandro Zambra habita se llama Literatura. Es a ese país al que llega Silvestre y al que él con ayuda de su esposa Jazmina Barreda, también escritora, está haciendo ingresar a su hijo. Poco a poco le va a ir construyendo su biblioteca; esa biblioteca, sólo una balda por ahora, que ilustra la portada de este libro.

Papel central en Literatura infantil que sirve para enlazar las vidas de los tres esenciales protagonistas del ensayo-cuento es la referencia que en él se hace a la novela-libro Nada es para siempre, de Norman Maclean, obra que, recuerda Zambra, su padre, gran aficionado a la pesca, le prestó para que la leyera dado que a él le había gustado mucho. Esta novela inspiró la película de Robert Redford, El río de la vida. La anécdota sobre la lectura no realizada de la misma por Zambra, quien a Horacio le dice que sí la ha hecho, es de gran interés y presenta la emotividad y evolución positivas de la relación Horacio-Silvestre-Alejandro. Muy interesante.

Además de la película de Robert Redford en Literatura infantil se citan muchos otros títulos cinematográficos como Chungking Express, la película de Wong Kar-wai, Brokeback Mountain, A river runs through it, Taxi Driver o Seinfeld. Dice el autor en la carta a su hijo que en definitiva es este libro que él conoció Nueva York a través del cine (Taxi Driver, Seinfeld...) y de la música de, sobre todo, Frank Sinatra. Y es que la cultura popular (cine y música principalmente) que le ha acompañado durante su niñez y juventud se la quiere dar a conocer al Silvestre de dentro de quince o dieciséis años si es que en ese hipotético momento su hijo adolescente decide leerla


Por último no querría dejar de aludir a la cantidad de términos chilenos y mexicanos esparcidos por el texto. No hay que olvidar que Alejandro Zambra nació en Chile pero que actualmente vive con su esposa Jazmina Barreda en México DF de donde ella es natural. Quizás para el lector español algunos de estos vocablos sean difíciles de interpretar y dificulten un tanto la lectura de este precioso libro salido de las manos de un poeta como es el autor. En Literatura infantil nos encontramos con términos como garabatos (palabras malsonantes, tacos, palabrotas), chanco (queso gauda o chanco para derretir), quiltra (chucho), copuchentos (mentirosos, maldicientes), fome (aburrido), mi guagua (mi bebé;  también puede ser un pinchito junto a una bebida), pungas (carteristas), paco (policía), marraqueta (pan pequeño con una hendidura longitudinal), chapulines (insectos comestibles en México), etc.

Para finalizar
Carta al hijo, Carta al padre, Amor paterno-filial
Por ley de vida se mata al padre, pero jamás al hijo. En el fondo y sabedor de que esto en algún momento le sucederá a Silvestre, igual que a él le aconteció con su padre Horacio, Alejandro Zambra está escribiendo este libro para que en un futuro impreciso e impredecible su hijo Silvestre lo lea y conozca, sepa del amor hacia él de su padre. 

Quienes han leído más obras del autor chileno detectan en Literatura infantil a un Zambra vulnerable.  No lo puedo corroborar porque es lo primero suyo que leo. Sólo puedo decir que hay momentos en que me he emocionado mucho. Zambra destila sinceridad y eso siempre se agradece. 

Estamos ante un ensayo, o quizás cuento, que su autor escribe a raíz de su conversión en padre. Su nueva condición y los sentimientos que la crianza de su hijo Silvestre despiertan en él le hacen recordar su propia infancia, adolescencia y primera juventud. Especialmente recuerda en el final de su etapa adolescente los desencuentros con su padre. Pero su paternidad le hacen reconsiderar la figura paterna que representó éste y reconciliarse personalmente con él; y digo personalmente porque jamás Horacio, su padre (en realidad era su padrastro, pero para el caso es lo mismo), se sintió alejado de Alejandro, jamás dejó de hablarle.

En definitiva, un libro emotivo muy bien escrito que cura las heridas que los hijos dicen tener con sus respectivos padres. La curación se produce justo cuando ellos a su vez se convierten en padres. En ese momento no pueden por menos que poner en su justo valor los desvelos, sacrificios y esfuerzos que con ellos tuvieron que hacer su progenitores, muy semejantes e incluso iguales o superiores a los que ahora ellos están realizando.