En mi opinión sólo hay una literatura. Se llama Literatura. Sin embargo cada vez encontramos más y más secciones en las librerías que nos remiten a diversos colectivos sociales: Mujer, Infantil, Juvenil, Gay… Se diría que no toda literatura es adecuada para determinado quién. ¿Es que las mujeres leen distinto que los hombres?, ¿Los jóvenes son contrarios a determinados asuntos?, ¿Las historias consideradas para niños no son capaces de apreciarlas los adultos?, ¿Los homosexuales son extraterrestres que viven en otra dimensión y por tanto precisan de historias a ellos específicamente dirigidas?... Retorno a mi primera afirmación: la única literatura que conozco se denomina Literatura, sin más.
J. (Jorge o
Jordi) Domínguez Macizo debuta en el mundo literario con una novela que, sin
haberla comenzado a leer, ya sólo viendo su portada pronto se entiende por
dónde van los tiros del asunto. El novelista
sitúa el relato en un ámbito underground de la sociedad: el mundo de los chaperos que por unos pocos euros realizan
servicios sexuales variados. En la novela quienes a esto se dedican precisan de no pocos estímulos en forma de drogas
diversas (cocaína y ketamina fundamentalmente) para
poder mantenerse despiertos y culminar adecuadamente las largas jornadas de
trabajo nocturno que chicos, blancos y morenos -"marrones" son
despectivamente llamados los sudamericanos y magrebíes que frecuentan el
ambiente- desarrollan, especialmente durante los fines de semana, en parques o
en locales, clubs y discotecas que orbitan alrededor del mundillo gay.

Sí, verdaderamente, la portada
es bastante clarificadora: un torso masculino, replicado a lo Warhol tres veces,
de un joven que oculta su cara y que
acaba justo allí donde el abundante vello púbico anuncia lo siguiente. Esta colorista trilogía gráfica se enmarca
bajo el título en el resto de la portada de tono rosado. No hay, pues, duda
ninguna, la novela tiene un público destinatario preferido, el colectivo LGTB
cuya influencia y presencia en la sociedad es cada vez mayor.
El asunto
Pero pasemos al interior, y veamos, como dirían en Sudamérica, de qué
va la vaina. El asunto va de unos jóvenes -Mario,
Adrián y César, pero especialmente del primero- que alquilan su cuerpo en el parque a otros
hombres para conseguir unos ingresos extra y así transitar por un nivel de vida
más alto que si no les estaría vedado totalmente. Mario es de día profesor en un colegio del Opus Del en el que está
de paso sustituyendo a un compañero que está de baja. Su función profesional
queda envuelta en una cierta nebulosa: es un colegio en el que por las fechas
(finales de agosto) no hay alumnos, de él no se nos dice qué materia imparte,
tan sólo alcanzamos a saber que su despacho, cual si de una oficina más que de
un centro escolar se tratara, está próximo al de Pelayo, jefe de estudios, rector o director (de todas estas maneras
se le nombra), de ese centro de estudios.
Mario se va a ver
convertido en investigador de un turbio asunto de asesinato, robo de drogas y
corrupción política, todo ello mezclado. Es Joaquín,
un policía al que conoce de sus actividades nocturnas y a quien le une algo más
que una mera relación comercial, quien le implica en el caso. Para poder
desentrañar el misterio Mario deberá
infiltrarse en el doble fondo de la marginalidad que representa el mundo de los
chaperos; aquí topa con el proxenetismo personificado en Sancho que con mano de hierro, y como si de un Monipodio de la
modernidad se tratara, controla a toda una tropa de menores "marrones", inmigrantes ilegales la
mayoría, que para subsistir dentro de la ilegalidad en que se encuentran deben de soportar a personas
brutales como él y como Dante, el matón
que los vigila y pastorea como si fueran ganado humano.
A todo lo anterior hay que
ponerle la guinda de la corrupción política y policial. La política en forma de
doble moral de manera que mientras sus protagonistas se alzan al poder con un
mensaje público de rectitud y buen comportamiento ético, en lo privado
practican todo lo contrario sojuzgando sexualmente a aquellos a quienes dicen
defender. La policial en forma de abuso de poder y tráfico de todo tipo de
cosas y personas.
En realidad todos los personajes
en esta novela llevan una doble vida o practican una doble moral lo que en
definitiva es casi lo mismo. Mario en
el fondo sigue en el armario, pues en ese colegio ¡del Opus! desconocen su
homosexualidad -no la habrían consentido, seguro- y oculta mucho más aún su
condición de prostituto. Este asunto, el de las vidas de doble capa, las
personas con dos caras, es el fundamental que Jordi Domínguez Macizo quiere hacernos llegar. Sorprendentemente a Mario, tras largas y extenuantes
sesiones de trabajo nocturno que finalizan a las 5 y las 6 de la mañana, a las
9 horas del día siguiente lo encontramos perfectamente, bien en su puesto de
trabajo, bien en su casa familiar: una familia acomodada de varios hermanos
entre los que hay una periodista con quien la relación no es ni buena ni mala
sino todo lo contrario. Aunque la familia acepta que Mario sea gay, sin embargo está ignorante del oscuro mundillo en el
que se mueve, no conoce la doble vida que lleva.
Una novela con más 'pros' que 'contras'
Los 'contras'
A fuer de ser sincero he de decir que a mí la novela me ha
entretenido, pero no me ha llenado. Es una novela negra con los ingredientes
antes señalados pero que, en mi opinión, tiene varios contras. Uno es que elude una clara ubicación geográfica. Sí sabemos que
los personajes transitan por una gran conglomeración urbana no concretada con
claridad de manera que los policías, los políticos, los consumidores de sexo,
los periodistas que denuncian, etc., pueden serlo de cualquier lugar no sólo de
España sino de cualquier país de Europa. Esto lo considero un demérito pues la
novela negra habitualmente camina de la mano de la ciudad donde ésta transcurre
ya sea Barcelona, New York o Londres.
También me ha parecido excesivo
el espacio dedicado a mostrar desde dentro el día a día de la prostitución
masculina. Sólo alcanzo a ver en ello la intención por parte del autor de
atraer al relato a cierto tipo de lectores quizás más amigos de la narrativa
pornográfica que del thriller o de la novela negra. Creo que la morosidad y el
detallismo contenidos en la narración de algún trabajo sexual muy profesional con
algún cliente literariamente rompe el marco del género al que pretende
adscribirse.
Los 'pros'
Pero hay detalles más que interesantes en la
novela como cuando el maestro, profesor, prostituto, chapero, topo,
infiltrado... que es Mario dice ante Joaquín, quien lo acaba de reclutar para
su investigación policial:
"Quizás
escriba un libro cuando todo esto acabe -insinuó Mario-. No te preocupes sólo
utilizaré las iniciales de los nombres para que nadie te identifique con el
coprotagonista" (pág. 85).
O sea, el autor como quien no quiere la cosa deja caer que la novela que estamos leyendo la ha escrito e incluso que la está escribiendo uno de sus personajes. Muy
posmoderno, sí señor.
También me ha gustado alguna
que otra creación léxica en mi opinión muy afortunada. Cuando describe al
paisanaje que abarrota uno de los locales que Mario elige para comenzar su
profesional caza nocturna a los habituales apelativos con que se designa a los
integrantes de la fauna gay (osos, barbudos, sílfides, etc) añade alguno que
otro sorpresivo:
"Un variado
escaparate -compuesto por productos afeminados, osos tamaño XXL, barbudos,
amantes de la licra, yonquis de las tallas S, XS y XXS, musculosas de cejas
ultra definidas, sílfides cuyos tupés superaban con creces su masa corporal,
alternativos fingiendo no dar importancia a su aspecto"[...] (pág.
192)
Y otro tanto podría decir de
las alusiones a los temas que envuelven musicalmente la historia y que me han
agradado mucho. El mismo autor en su web compila cual si de un CD se tratase los diez
temas principales que aparecen en la novela. Algunos de ellos son: "Big in
Japan" de Alphaville,
"Making Music" de Sophie
Ellis-Bextor, "Big LOVE" de Fleetwood Mac o "You
don't have a clue" de Röyksoop.
Algo que chirría
Igual que digo lo anterior no
me resisto a señalar algunas pequeñas cosas que a mí me rechinan en este primer libro
de Domínguez Macizo. Me refiero a ciertas impropiedades semánticas muy
chocantes ("reclutarse" por 'recluírse': "dijo Mario antes de reclutarse de nuevo en su oficina";
"disuadirle" por 'convencerle': "empecé a disuadirle para que dejara la prostitución"); errores
gramaticales ("Mario se volvió en sí"
en vez de 'Mario volvió en sí'); confusión en el uso de los tiempos verbales
("El truco se materializaría la
mañana del viernes cuando Joaquín le diría [debiera de usarse 'dijera'] que su presencia" [...]); y otra
serie de descuidos poco perdonables como usar "desencadenaron en" en vez de 'desembocaron en', "menoría de edad" por 'minoría de
edad', "coordinadas" en vez
de 'coordenadas', etc.
Conclusión
En líneas generales pienso
que Domínguez
Macizo escribe bien y que tras esta
primera novela puede perfectamente hacerse un hueco en el mundo literario
español siempre que su pluma dé el salto y no se quede circunscrita sólo al
colectivo LGTB. Dar visibilidad a un grupo social no debe entenderse -es mi
opinión, claro- como darle exclusividad. En "Los
chicos del parque" el mundo
heterosexual y homosexual normalizados se supone que existen pero apenas si
aparecen. Todos los personajes que intervienen en el relato están inmersos en
el inframundo de los chaperos, la prostitución masculina; en los bares de
ambiente a los que acuden, todo el mundo
que va lo hace para practicar sexo y consumir drogas; todos los policías,
vigilantes de seguridad, taxistas, políticos, etc. son gays o gustan de practicar
sexo de pago con ellos... Creo que es un defecto obviar al grueso de la sociedad en el
que está inmerso y de quien se nutre un sector marginal.
A mí no me gusta el apartheid
en general y en literatura tampoco. No me gusta el afán de algunos por
compartimentarla: literatura juvenil, femenina, homosexual... Este hacer grupos
me parece más una práctica comercial que otra cosa; desde luego no creo que
estar dentro o fuera del adjudicado cajón mejore o empeore el producto. Hago
esta reflexión porque esta novela negra de Domínguez
Macizo que ya lleva un año circulando se suele situar en la sección de narrativa
LGTB como lo demuestra su presencia en los escaparates y exhibidores de
librerías cuyo público mayoritario es de esta orientación sexual, y la
promoción de la misma especialmente en revistas gay que entrevistan al
autor dándole así cobertura pero más en clave de orientación sexual que
propiamente literaria. Mi pregunta es:
¿Hace mejor o peor a "Los
chicos del parque" esta ajustada adscripción?