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30 mar 2026

"No entiendo el mundo árabe" de Tahar Ben Jelloun

8 comentarios:

«Los iraquíes son en principio gente normal: un muchacho iraquí tiene las mismas ilusiones que uno sirio o egipcio. Le gustaría vivir y divertirse, ir a la Universidad, tener una historia de amor, trabajar... ¿Cuál es el impulso que los lleva a cruzar el Rubicón? ¿Que su foto de mártir aparezca en los carteles pegados en algunas calles? O quizá verdaderamente cree en el paraíso dado que su vida es un infierno, y para merecer entrar en ese lugar idílico, debe lanzarse a una intrépida acción en la que entrega su cuerpo matando otros cuerpos, pues dos ángeles lo esperan para trasladarlo hacia un mundo dulce, bello y maravilloso.»

Tahar Ben Jalloun, Marruecos en Europa
Dado el momento bélico y político que vivimos actualmente recibí con gran satisfacción el regalo que Juan Luis, magnífico y excelente buen amigo mío, me hizo hará cosa de tres meses. Se trataba de un libro titulado No entiendo el mundo árabe firmado por Tahar Ben Jelloun. En mi opinión se trata de un libro de no ficción a pesar de que en la introducción el propio autor hable de él y lo presente como una novela; en todo caso, pienso, sería una novela de no ficción. El escritor, periodista de profesión, imagina en esta reflexión sobre el mundo árabe una conversación epistolar entre cuatro chicas adolescentes que marchan camino de la edad adulta. Efectivamente, estamos ante la propia hija del escritor con nombre ficticio, Meriem (hija de musulmanes marroquíes de cultura francesa que viven en Francia); Lydia (una chica italiana, de padres católicos: madre francesa y padre siciliano); Fattuma (muchacha musulmana integrista, prima de Meriem); y María (española de Barcelona). Las cuatro se intercambian durante cuatro años (de octubre de 2003 a noviembre de 2007) correos electrónicos en los que comentan la actualidad formulándose unas a otras preguntas y cuestiones que por edad y formación aún no tienen demasiado claras. Meriem, que es hija del propio autor, en ocasiones introduce en el relato, como argumento de autoridad, algunos de los artículos periodísticos publicados por el padre en diversos medios franceses; son artículos referidos al terrorismo musulmán, a la integración de la inmigración en Europa (especialmente en Francia), a la laicidad del Estado y su convivencia con las diferentes culturas religiosas, a las actuaciones de los políticos en estos terrenos, a la guerra de Irak... Es sobre estos mismos asuntos sobre los que las cuatro chicas dialogan y descubren su distinta personalidad.

Tahar Ben Jelloun, en la introducción del libro, bajo el grito optimista de «¡Viva la literatura!» advierte al lector que se encuentra ante una obra que es «en cierto modo una novela» pero no como las que él acostumbra a escribir:
«no es una ficción con intriga y sobresaltos [...]. Es algo aparte [...], otra cosa distinta, es un objeto literario alimentado por la actualidad que transforma bruscamente el mundo.»
Para mí lo mejor de este librito es que se lee con gusto y a gran velocidad, cual si fuera simplemente un compendio, una colección, un fajo, de las páginas volanderas de un periódico o de una de esas revistas dominicales que acompañan a los diarios en nuestro país. Pero en realidad, he de afirmar que no me ha descubierto nada nuevo ni he salido de su lectura con las ideas sobre el mundo árabe más claras.

Las cuatro amigas en sus intercambios epistolares dan su opinión sobre los hechos noticiosos de la actualidad que están viviendo. De ellos los más importantes son la Guerra de Irak en 2003, los atentados islámicos en Madrid del 11M de 2004, e incluso los asaltos a las vallas fronterizas de Melilla y Ceuta ocurridas en octubre de 2005. La opinión del escritor respecto a estos y otros sucesos es la propia de un musulmán de cultura occidental: no los comparte en absoluto, aunque él mismo, ahondando en el pensamiento musulmán profundo, puede llegar a atisbar las causas que los animan, si bien sus consecuencias él no justifica en absoluto. La cita que abre esta breve reseña creo que es clara respecto al primero y segundo de los hechos. En cuanto al tercero, el del asalto a las vallas fronterizas, el autor (nacido en Fez, Marruecos, en 1947) critica el comportamiento de las fuerzas de seguridad, especialmente el de la Guardia Civil española. Su opinión frente a la pervivencia en el tiempo (más de 500 años ya) de estas dos ciudades españolas en territorio marroquí la expresa con claridad cuando dice que las mismas son «tierra marroquí convertida en Europea por la ocupación por España desde hace cinco siglos». Y algo más adelante vuelve a insistir sobre el asunto:
«sólo quisiera aclararte una cosa: Ceuta y Melilla no son unas ciudades españolas en tierra africana, son unas ciudades marroquíes ocupadas por España desde hace más de 500 años. Sé que es un tema delicado para unos y otros. [...] Algún día España y Marruecos tendrán que ponerse de acuerdo sobre ese problema.»
Normalmente es la equidistancia sobre los temas el criterio mantenido por Tahar Ben Jelloun en No entiendo el mundo árabe. Esta neutralidad es muy cuestionada cuando las cuatro amigas plantean el asunto del uso del velo en Francia, polémica que en los años que cubre el libro (2003 a 2007) estaba muy viva en la sociedad francesa. La equidistancia viene a decir el autor hay veces que no es fácil mantenerla ni suficiente para resolver los problemas:
«¿Recuerdas el caso de Alma y Lila, las dos hermanas francesas, judías, con una abuela musulmana convertida al catolicismo, que se habían convertido al Islam y las expulsaron del Lycée Henri-Wallon de Aubervilliers en octubre de 2003 porque se negaron a quitarse el pañuelo para ir a clase?»
La conclusión que saco al finalizar la lectura de este librito es que sigo sin entender del todo bien el mundo árabe. Pero no sólo no entiendo ahora mismo el mundo árabe. Desde hace ya tiempo tampoco entiendo nada el mundo occidental que porta en su frontal ese MAGA (Make America Great Again) como divisa; y mucho menos, desde hace ya años, entiendo al pueblo judío que de perseguido irredento ha pasado a perseguidor implacable. Parafraseando un título lopesco cada villano permanece fijo en su rincón sin hacer amago alguno de entender al otro. Si no nos entendemos lo de matarnos los unos a los otros siempre será más fácil y admisible. Pues en estas estamos. Si los enemigos leyesen a Lope de Vega seguro que unos y otros al comprenderse mutuamente depondrían las armas. Pero desgraciadamente no creo que lo vayan a hacer.


Sobre Tahar Ben Jelloun
Marroquíes en Francia,
Nace en Fez (Marruecos) en 1947. Hasta los seis años asiste a la escuela coránica del barrio; posteriormente realiza sus estudios primarios en una escuela bilingüe franco-árabe; y  a los once años pasa a estudiar la secundaria en el Liceo de Tánger. Ya en Rabat estudiará Filosofía en la Universidad Mohammed V. En 1971 se traslada a París al conseguir una beca para estudiar Psicología. La arabización del sistema universitario en Marruecos es un motivo más para salir de su país. En Francia se licencia en Psicología Social y durante los años que duran sus estudios comienza a cultivar su verdadera vocación: la Literatura. Tocará todos los géneros: poesía, narrativa, ensayo, articulismo periodístico, teatro...

En 1985 logra reconocimiento internacional con su novela El niño de arena y su continuación La noche sagrada que ganó el Premio Goncourt en 1987. Estas dos novelas unidas a El racismo explicado a mi hija son tres obras traducidas a más de cuarenta idiomas en el mundo. En cierto modo el tercero de estos libros es una especie de anticipo de lo que es No entiendo el mundo árabe. En ambos Tahar Ben Jelloun, preocupado por la islamofobia despertada en el mundo por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos en uno y los acaecidos en España el 11 de marzo de 2004, decidió explicar a niños y adolescentes, de una forma sencilla y comprensible qué es el Islam.



2 mar 2021

Mario Vargas Llosa. Cartas a un joven novelista.

22 comentarios:

✔ “Para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crítico, en el cual todo se reduce siempre a unos equívocos más o menos felices. (De Carta a un joven poeta de Rainer María Rilke)
✔ La crítica por sí sola, aun en los casos en que es más rigurosa y acertada, no consigue agotar el fenómeno de la creación, explicarlo en su totalidad. (De Cartas a un joven novelista de Mario Vargas Llosa)

Mario Vargas Llosa, Cartas a un joven novelista, género epistolar
Cuando en "Librario íntimo", el blog de Rubén Castillo Gallego, vi, hará cosa de un año o así, una sucinta reseña sobre este librito me dije que tendría que leerlo. Y no, naturalmente, por el calificativo que Rubén le otorgaba ('solemnísima tontuna'). Lo primero que me llamó la atención fue su título que me llevó de inmediato al de Rainer María Rilke, "Cartas a un joven poeta". Naturalmente, creo que, salvo la evidente semejanza en el título, ningún otro parecido hay entre ellos, empezando naturalmente porque las cartas que Rilke dirigió a Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar austrohúngara, están plenamente integradas en el día a día del autor y, aparte de los asuntos poéticos por los que le preguntaba el joven poeta, tocan no pocas veces asuntos propios de la cotidianidad del imperio austro-húngaro en cuyo ejército el joven poeta Kappus desarrollaba su actividad profesional.

Lo he leído con gusto y suma rapidez pues las 150 páginas del volumen vuelan casi sin darse uno cuenta, tal es la maestría del escribidor que Mario Vargas Llosa es y demuestra en estas recomendaciones literarias redactadas a la manera de cartas a un joven henchido de ansias por escribir. El peruano ilustre le da consejos que podríamos calificar de divulgadores sobre qué elementos debe de haber en una narración para llegar a persuadir al lector. Porque de eso se trata: de persuadir al lector, de embaucarle, de hacerle ver que en la mentira que lee hay verdad, que esa ficción tiene verosimilitud...; y todo esto sin que él sea consciente de los palos que sostienen el sombrajo:
[En la novela] una fusión cabal del tema, el estilo y los puntos de vista [harán] que el lector, al leerla quedará tan sugestionado y absorbido por lo que ella cuenta, que olvidará por completo la manera como se lo cuenta y tendrá la sensación de que aquella novela carece de técnica, de forma, que es la vida misma manifestándose a través de unos personajes, unos paisajes y unos hechos que le parecen nada menos que la realidad encarnada, la vida leída. Ése es el gran triunfo de la técnica novelesca: alcanzar la invisibilidad

Finalizada la lectura pienso que más que un libro dirigido a un escritor primerizo que desea conocer los intríngulis de la narrativa, el auténtico destinatario es cualquier lector que desee profundizar un poco en la entraña de aquello que tiene en sus manos. Por eso sí estoy de acuerdo con lo que Rubén  dice del libro -'una tontuna'- si lo miro desde el punto de vista de un aficionado a la escritura que desearía hacerse novelista; pero desde la perspectiva de un aficionado a la lectura creo que el libro es de una gran oportunidad. 

Lo que más destacaría de este ensayo epistolar sobre narrativa es el elevado número de títulos de narraciones y de nombres de autores de los mismos a los que Vargas Llosa recurre  para ejemplificar o argumentar sus definiciones o descripciones de las técnicas narrativas que en perfecto orden y con un magnífico lenguaje va presentando. Y junto a esto, la facilidad comunicativa que demuestra el escritor quien echa mano de una terminología sencilla e incluso propia muy alejada de expresiones abstrusas que sólo sirven cuando se utilizan para dejar fuera del alcance de lo dicho a un buen número de escuchantes o leedores, cuando de lo que se trata es de conseguir que los 'leedores' se conviertan en 'lectores', tal y como Pedro Salinas en 1948 estableciese en su ensayo "Defensa de la lectura". 

Leedor es aquel que posee los conocimientos suficientes para enterarse del contenido de un texto escrito que necesita para su formación. [...] La galería de leedores es copiosa. El estudiante que se desoja en víspera de examen sobre el libro de texto; el profesor que trasnocha entre tratados, acopiando datos para su lección; la matrona que, `parada junto al fogón, recita en voz alta las instrucciones coquinarias que conducen al suculento plato; el funcionario en retiro que demanda a las páginas del libro la mejor manera de invertir sus ahorros [...] Leedor, también, el que emplea su tiempo en los diarios [...]
Frente a estas legiones, en escasa minoría, los lectores. Se define lector simplicísimamente: el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor invencible al libro, por ganas de estarse con él horas y horas, lo mismo que se quedaría con la amada; por recreo de pasarse las tardes sintiendo correr, acompasados, los versos del libro, y las ondas del río en cuya margen se recuesta. Ningún ánimo, en él, de sacar de lo que está leyendo ganancia material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la social escala, nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo. (Pedro Salinas: Leedores y lectores, epígrafe de su ensayo Defensa de la lectura incluido en "El Defensor", Madrid, Alianza editorial, 1983. Colección Alianza Tres, núm. 118; págs. 183-184.)

Ensayo epistolar, Técnicas narrativas, Recursos novelísticos

No he podido resistir  la tentación de colocar la larga cita anterior pues creo que pocas veces se ha hecho una distinción más atinada entre unos y otros seres alfabetizados. Esta es en mi opinión, como digo antes, la intencionalidad verdadera de este breve ensayo sobre narratología escrito por el Nobel peruano-español en 1997, lograr que los lectores disfruten mucho más de sus lecturas sabedores de todo lo que hay de trabajo y de técnica en la trastienda de las buenas novelas.

No es un manual para hacer novelistas, es sólo la señalización de una serie de recursos que están siempre en las buenas novelas. ¿Y cuáles son estos recursos? Pues en resumidas cuentas los siguientes que voy simplemente a nombrar, dejando para los interesados en el tema la muy grata labor de aprender disfrutando de la prosa del autor de "Conversación en la catedral":

  1. Asuntos
  2. Estilo
  3. Orden (estructura)
  4. Narrador (punto de vista espacial)
  5. Tiempo de la ficción (punto de vista temporal)
  6. Nivel de Realidad (punto de vista del nivel de realidad, que no es otra cosa que la relación entre el plano de realidad en que se sitúa el narrador y el plano de realidad en que se sitúa lo narrado)
  7. Muda (alteración que experimenta cualquiera de los puntos de vista antes reseñados)
  8. la Caja China o Muñeca Rusa
  9. el Dato escondido (otros autores lo denominan 'narrar por omisión')
  10. y los Vasos Comunicantes (lo que en otras teorías narratológicas se denomina 'contrapunto' y que no hay que confundir con historias yuxtapuestas).
Finaliza Mario Vargas Llosa su ameno ensayo advirtiendo a este desconocido novelista en ciernes con quien se cartea que hay otros factores, como «la intuición, la sensibilidad, la adivinación e incluso el azar», factores que, a su vez, «escapan siempre a las redes de la más fina malla de la investigación crítica». Y que «por eso nadie pueda enseñar a otro a crear»

Y a los lectores, en especial a aquellos lectores que mientras leen van a la caza de recursos y técnicas intentando no caer en el señuelo y no ser seducidos por el hacedor de mentiras que es el buen novelista les dice, colocándose él en el papel de lector, lo siguiente, que suscribo plenamente:

«A mí lo que me gusta es leer novelas, no autopsiarlas»