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19 feb 2017

Edna O'Brien: "La chica de ojos verdes" y "Chicas felizmente casadas" (vol. II y III de "La trilogía de Kate y Baba")

18 comentarios:
"No paraba de pensar en todo lo que tienen que aguantar las mujeres; y no me refiero solamente a lavar pañales o a que no les esté permitido ser juezas de un tribunal, sino a lo que yo estaba sufriendo en aquel momento: que te hurgasen, que te sondeasen, que te hiciesen daño. Y no sólo durante las visitas médicas; también en la noche de bodas, cuando la mujer se mete en la cama con el hombre al que ama. Ay, Dios (que no existes), tú odias a las mujeres, de lo contrario las habrías hecho distintas. Y tú que desairaste a tu madre, Jesús: tú las odias aún más. Siempre vagabundeando con una panda de tipos, pescando y dando sermones en el monte; para ti las mujeres como si no existieran." (“Chicas felizmente casadas”, pág. 119)

La cita anterior creo que resume con bastante fidelidad la intención de la autora: denunciar en tono distendido los elementos que desde hace milenios oprimen a la mujer. Denuncia de alcance universal al haber sido utilizados como instrumentos de dominación sobre el 51% de la población.

oooOooo

Leí con mucho gusto la primera entrega de “La trilogía de Kate y Baba” (leer reseña aquíque como allí digo me parece una novela de iniciación a la edad adulta de categoría. Finalizaba la misma con una huída, una escapada, una salida de la casa familiar hacia la gran ciudad donde estas dos 'chicas de campo' –Kate y Baba- podrían dar más cuerda a su libertad como personas.


Si en la primera entrega de la trilogía se narraba la iniciación de las dos amigas en el mundo de la gran ciudad, ahora en "La chica de ojos verdes", Kate va a tomar definitivamente decisiones que caracterizan a los adultos: romperá las amarras que la unían aún a sus orígenes campestres, resistirá con heroicidad los embates de la iglesia irlandesa que a través del párroco de su pueblo e incluso de un obispo pretende reconducirla y llevarla de nuevo al redil de la bovina conformidad en que siempre habían estado las mujeres, decidirá libremente unirse sin casarse a un hombre separado que casi le dobla en edad, resolverá incluso explorar nuevos horizontes abandonando Irlanda... En definitiva, Caithleen se ha hecho mayor y conoce la felicidad y el dolor de serlo. ¿Y Baba? Pues sencillamente en esta novela Baba queda relegada a un segundo plano, apareciendo en el relato sólo como asidero de una Kate que por momentos está muy perdida en ese mundo de mayores en el que no todo es de color de rosa. Baba es la seguridad que Kate siempre tiene a mano, es quien le recuerda verdaderamente quien es y de donde procede.

Es en el tercer y último de los relatos, “Chicas felizmente casadas”, en el que Baba reaparece ocupando un puesto central en el desarrollo de la trama. La vemos como un personaje ‘feliz’ dentro de lo que es la dureza de la vida para una mujer casada irlandesa por muy liberada que pretendiese estarlo o lo creyese ella misma. La clave de su supervivencia la encontramos en una frase que aparece al final de la novela: “La ignorancia es la felicidad.” Sí, en efecto, de este desigual par de niñas que correteaban juntas en la primera novela la que está más preparada para sobrevivir, aunque claudicando, naturalmente, es la más inculta, la menos inocente, la más primitiva en su concepción de la vida, la menos civilizada, la más sufridora pese a su vocinglera denuncia de la opresión. O sea, Baba: “Ay Señor, que todas las riñas y las palizas y las mentiras y la amargura hubiesen quedado reducidas a eso: a la mirada suplicante de Frank, a su dependencia de mí, igual que un perrillo…("Chicas felizmente casadas" pág. 174)

Las 3 novelas coinciden en tema y estructura. En las tres entregas las dos amigas sienten que se asfixian, razón por la que desean salir, escapar: del pueblo y del colegio de monjas, en “Las chicas de campo”; de Irlanda hacia Inglaterra en “La chica de ojos verdes”; y por último en “Chicas felizmente casadas” de la férula de sus maridos respectivos. Constantemente estas mujeres quieren ser ellas mismas lejos de su familia, de su patria, de sus maridos e incluso de sus propios hijos. Tal deseo de independencia expresado con tal libertad literaria no podía en los años 60, cuando salen las novelas a la luz, causar más que escándalo.

5 mar 2015

Sylvia Plath. "La campana de cristal"

8 comentarios:
Pienso que en la celebración del 8 de marzo, Día de la Mujer, no está de más echar una mirada a una autora cuyo pensamiento y actitud vital abrió puertas que conducirían algo más tarde a la liberación de la Mujer. Me refiero a la poeta norteamericana Sylvia Plath.

La campana de Cristal, The bell jar, Poesía femenina norteamericana

"La campana de cristal" es la única novela que escribió y publicó en vida  Sylvia Plath. Se trata de una novela autobiográfica en la que la autora refiere un año de su vida, el año de su depresión nerviosa y la terapia subsiguiente hasta su completa reintegración al mundo.

La autora
Mucho se ha escrito sobre Sylvia Plath (Boston  1932 - Londres 1963), mujer inteligentísima que ya a
los ocho años sorprendía a todos con sus poemas y escritos. Desde muy pronto tuvo clara su vocación, la poesía. Dotada de una sensibilidad exacerbada, la escritora era superexigente consigo misma, lo que le hacía buscar de manera enfermiza la perfección. Se dice que este afán de perfeccionismo excesivo se lo debe a su padre, Otto Plath, inmigrante alemán, profesor de biología y entomólogo experto en el mundo de las abejas que le inculcó la obligación de ser la mejor en todo lo que emprendiera. Su figura a pesar de fallecer cuando Sylvia contaba sólo 8 años de edad la acompañará siempre.
Su madre, nacida ya en Boston aunque hija de inmigrantes austríacos, también profesora universitaria, será muy importante en la vida de la escritora como se puede ver en este relato y en las cartas que entre ellas se cruzaron a lo largo de su vida. La relación entre ambas fue espinosa y ambigua, quejándose Sylvia de que Aurelia Plath, su madre, estuviese constantemente encima de ella recordándole lo que debía hacer y lo que no, lo que estaba bien y lo que estaba mal. En la novela semi-autobiográfica que comentamos queda plasmada esta difícil convivencia entre las dos, pero también la entrega total de la madre que se dejará todos sus ahorros en el intento de curar a su hija los problemas mentales que le sobrevinieron.

Sylvia Plath se casa en 1956 con el poeta inglés y escritor de libros infantiles Ted Hughes, con quien tendrá dos hijos. A la hora de buscar culpables de la muerte por suicidio de Sylvia Plath, se ha señalado a Hughes con frecuencia dado que la escritora había descubierto que éste le era infiel. Pero no cabe hacer semejantes cavilaciones puesto que tal descubrimiento tuvo lugar al menos un año antes de producirse la agresión contra sí misma. Más interés tiene -según mi punto de vista- la vampirización que de la obra no publicada en vida por la Plath hizo su viudo publicando a su antojo los escritos de la autora llegando incluso, como hizo con el libro de poemas "Ariel", a reordenar la estructura ideada por la poeta, a eliminar algunos poemas e incluso a introducir otros...; y todo para que el anhelo de reconciliación con él que manifestaba Sylvia en los poemas finales no apareciese y sí en su lugar una inevitable deriva de ésta hacia la muerte.