Mostrando entradas con la etiqueta Regionalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Regionalismo. Mostrar todas las entradas

19 sept 2019

"Antes mueren los que no aman" de Inés Plana

25 comentarios:
Escribir y tener éxito con una primera novela es cuestión harto difícil. Pero que la siguiente cumpla con las altas expectativas suscitadas por ésta es un auténtico reto que pocos logran realizar. En ese momento se desvela definitivamente la duda, si es que existía, de si estamos ante un autor con mayúsculas o aquello fue simple flor de un día. Para mí no hay duda alguna: estamos ante una autora consumada, ante una escritora que en ésta, su segunda novela , confirma lo que ya me quedó claro en la primera: Inés Plana escribe historias impresionantes, verosímiles, muy entretenidas, incisivas y duras en ocasiones pero siempre inteligentemente equilibradas.

Inés Plana, Novela negra, prostíbulos, juego ilegal


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
En las Navidades de 2009, con un país aplastado por la crisis, una funcionaria de la Seguridad Social muere al ser empujada violentamente contra una cristalera. Quien lo hace es una joven que huye del lugar sin dejar rastro. Este es el caso que investiga Julián Tresser, teniente de la Policía Judicial de la Guardia Civil, cuando surge la primera pista fiable sobre el paradero de Luba, una chiquilla de doce años que desapareció misteriosamente dos años atrás.
Desde entonces, Tresser ha buscado desesperadamente a esa niña que no es su hija pero que debería serlo. No imagina que la pequeña ha escapado del sórdido mundo de la prostitución en la que la habían confinado. El azar la lleva a esconderse en una casa en un pueblo perdido donde dos mujeres parecen ocultar un secreto inconfesable que podría arruinarles la vida. Luba debería pedirles ayuda, puesto llega herida hasta allí, pero los abusos que ha sufrido le impiden confiar en nadie. Esas circunstancias, caprichosas y crueles, no se lo van a poner fácil al teniente, pues, a la vez que busca a la niña, deberá elegir entre la responsabilidad que conlleva su oficio y la fuerza de los vínculos de sangre. 

Mi opinión
Lo primero que quiero manifestar es que en mi opinión la editorial Espasa cuyo sello es quien publica esta novela realiza una sinopsis demasiado extensa. Creo que se desvelan en ella bastantes cosas que deberían descubrirse en el curso de la lectura. Pero también es cierto -lo admito- que estas sinopsis se hacen sólo para animar a la compra del ejemplar y que cuando se realiza la lectura de la novela este pequeño anticipo suele quedar perdido en un lejano rincón de la memoria sin molestar en absoluto. Pero así y todo...

Bueno a lo que vamos. "Antes mueren los que no aman" es la segunda entrega de lo que podríamos denominar Serie del teniente Tresser. En efecto estamos ante una continuación de aspectos ya presentes en "Morir no es lo que más duele" [leer mi reseña sobre esta novela] como es la búsqueda que el teniente Julián Tresser de la Guardia Civil del puesto de Uvés, localidad ficticia que se supone próxima a San Lorenzo de El Escorial y a Torrelodones en la Comunidad de Madrid, realiza de una niña llamada Luba  raptada por un clan de delincuentes proxenetas. Tresser busca a Luba al haber encontrado o al menos intuido que entre ambos existen ciertos vínculos familiares. Este es el asunto que dormido y no resuelto desde hace dos años anida en su interior.

El asunto Luba es un hilo conductor que iniciado en la primera de la serie queda al final de esta segunda novela en disposición de ir añadiendo aspectos y detalles ignotos aún para nosotros. Es evidente, pues, que esta serie Tresser, creo yo, continuará ofreciéndonos datos sobre Luba y su mundo en siguientes entregas. Además de esta trama central, otras historias aledañas aparecen: de la de Luba se desgaja una protagonizada por "Águila", uno de sus extorsionadores, uno de los hombres-pájaro que ella tanto teme. Las relaciones familiares y 'profesionales' de este delincuente ocupan un importante lugar en esta novela y al no quedar resueltos todos sus extremos es evidente -pienso- que la autora barbastrense los retomará en futuras narraciones. En esta narración, además de sus captores y extorsionadores, en el mundo de Luba ocupa un importante lugar una pareja de mujeres formada por la actriz Elsa Davín y la modista Muriel, que además de ayudar a Luba sirven para introducir en el relato otra serie de asuntos como la transexualidad, el acoso sexual, la fama televisiva, el mundo teatral... 

En esta obra en concreto, aparte de lo que rodea a Luba, el motivo desencadenante es la muerte de la funcionaria de Hacienda Pepa Ordovás. El capitán de la GC Díaz-Visedo presiona a Julián Tresser para que encuentre a la autora de este homicidio que en la fecha en la que se ha producido, 23 de diciembre de 2009, en plena crisis económica, está levantando ampollas en la sociedad española y en el gremio del funcionariado especialmente.  El teniente Tresser echa en falta al cabo Coira, de permiso navideño en Cieña, su pueblo gallego de origen, donde es visto con prevención por familiares y amigos dada su condición de 'picoleto'. El curso de las investigaciones hará que Guille Coira entre a participar activamente en el caso Ordovás junto a su compañera en el Cuerpo Lucía Brancho. Las coordenadas gallegas le sirven a la novelista para tocar siquiera sea de pasada asuntos como la pesca ilegal, el tráfico de drogas, las deudas a Hacienda, los desahucios, la emigración de jóvenes a Europa, e incluso el tráfico de armas y la conexión del mismo con el terrorismo etarra que por estas fechas acababa de dar un nuevo golpe mortal... También en Galicia es donde sitúa a Mae, personaje cuya impostura y engaño sistemático a su familia es una manifestación más de lo vergonzante que fue la crisis económica para muchas personas.

Respecto a la anterior novela asitimos a un progreso evidente del estados emocional de los personajes centrales. La relación entre la psiquiatra Adelaida Mabrán y Julián Tresser que se intuía en la primera de la serie cobra en ésta relevancia y produce en los miembros de la pareja un importante crecimiento personal y asunción de compromiso. Evolución emocional análoga encontramos en la pequeña Luba que ahora deberá adaptarse a un mundo extraño para ella: el de los afectos desinteresados, la libertad de movimientos, el cuidado de la salud propia y ajena, el valor de la amistad verdadera, la vida sin temor a golpes o insultos, la valoración propia como persona... Con todo quedan las espadas en alto y no sabemos cómo será la evolución vital de estas personas en el futuro; yo espero que Inés Plana sí lo sepa y nos lo dé a conocer en una entrega futura.

Prostitución, Sexo, Trata de blancas, Explotación de niñas menores
Todas las características señaladas en mi reseña sobre "Morir no es lo que más duele" son aplicables a "Antes mueren los que no aman". Ya he señalado la multiplicidad de asuntos que se tocan y en el capítulo de personajes sólo he querido señalar algunas de las variaciones que he visto de uno al otro relato. Respecto al tiempo estamos como ya he dicho en 2009, en plena crisis económica. La historia se desarrolla en unos ocho días que van del 23 de diciembre en que se produce la muerte de Pepa Ordovás y la escapada de Luba de su encierro en un Casino de juego ilegal donde se la prostituía entregándola a desaprensivos que sólo la consideraban un "tubo de carne", llegando hasta el día 1 de 2010 en que una nueva vida para la mayoría de los personajes parece intuirse: Luba y Julián Tresser; Julián y Adelaida; Guille Coira e Isabela, una antigua novia suya de Cieña; Noelia, la mujer de 'Águila', y sus trillizas; etc.

Las localizaciones son fundamentalmente dos: la de la zona noroeste de la Comunidad de Madrid (Torrelodones, Sierra de Guadarrama, San Lorenzo de El Escorial...) y la de la costa gallega en una localidad ficticia, el pueblo de Cieña en la "Costa da norte" y sus playas aledañas.

En esta novela negra todo está bien medido, nada sobra y nada falta en mi opinión. El lenguaje utilizado es el exigido en cada situación y por cada personaje. Hay momentos en que la dureza es máxima especialmente cuando sin demorarse más de lo necesario la escritora muestra la brutalidad en las relaciones sexuales por parte de algunas pareja o, dentro del prostíbulo, la de adultos con menores; y también cuando con ritmo y economía lingüística presenta las golpizas sufridas por inocentes que se topan con alguno de los "hombres-pájaro" o las derivadas de las peleas entre policías y los delincuentes a los que persiguen. Pero como digo, Inés sabe medir estos momentos y nunca se queda corta ni se pasa. También la violencia lingüística en forma de insultos o en el uso de términos fuertes puestos en boca de niñas inocentes es oportuno porque sirve para mostrar una situación y no para deleitarse en ella.

En toda la serie y como es propio de la novela negra que "Antes mueren los que no aman" es hay crítica socio-política -de baja intensidad la califiqué en la reseña de la primera novela y en la misma calificación me ratifico-, la cual incide especialmente en las situaciones de desamparo sufridas por muchas personas a causa de la brutal crisis económica; en la insensibilidad de los poderes políticos con las realidades de algunos menores raptados, abandonados, prostituidos, que vienen a resolver burocráticamente recluyéndolos en orfanatos o instituciones públicas carentes en general de afectos personales sinceros con estas criaturas; y la que a mí me parece más constante en ambas novelas, quizás en ésta presentada con más insistencia, la de la absurda competencia entre los cuerpos policiales españoles (UCO, Guardia Civil, CNI...) en las investigaciones que llevan a cabo. Me permito decir que esta crítica es oportunísima y lo terrible en mi opinión es el nulo caso que de este clamor social realizan nuestros políticos deseosos -parece- de marcar diferencias entre los españoles que cada uno de ellos administra, entre los cuerpos policiales de todo tipo que dirigen, y de igual manera entre las comunidades autónomas con competencias en la materia que gobiernan, etc. En vez de cooperación parece que les va más la competición sin importarles el bienestar de los administrados. Quizás esta sea en mi opinión la principal crítica socio-política presente en la novela.

Tono y Ritmo 
Ya he dicho que la novela se lee con infinito gusto, y ello es debido al tono y al ritmo con que Inés Plana dispone los materiales. Del tono ya he comentado cosas y del ritmo narrativo sólo me cabe repetir lo que decía en la reseña que hice para su novela anterior:
 "Inés Plana teje una trama compleja muy bien hilada que lejos de desanimar al lector le incita a devorar las páginas deseoso de aclarar cuantos giros argumentales sorprendentes introduce en la narración. Es una novela de la que cuesta desprenderse una vez iniciada.". 
No me cabe decir más al respecto. Tan sólo ya para finalizar quisiera dedicar unas líneas al gusto con que introduce alusiones literarias y/o musicales. Nunca abruma con ellas. Introduce la historia que va a relatar con unos versos de la poeta estadounidense Emily Dickinson, de la misma manera que utilizó un verso suyo para dar título a su novela anterior. Confieso que no sé si también el título de esta segunda proviene de la autora norteamericana, pero lo que es evidente es que el tono feminista que hay en la novela debe mucho a esta precursora de dicho movimiento. Y lo mismo cabe decir de la otra gran alusión literaria que hay en el relato a "Casa de muñecas" de Ibsen cuyo personaje Nora y su famoso portazo final es el aldabonazo precursor de la liberación femenina que en esta novela portan por acción u omisión la mayoría de mujeres partícipes en ella. Respecto a la música me ha parecido ver en esta narración menos referencias que las que hace en la primera aunque aquí hay una importante en el desarrollo argumental: es la de Elton John y su tema 'Don't go breaking my heart'.


 Para concluir
La novela en sus 510 páginas y XXV capítulos presenta una historia contada de manera lineal con un narrador omisciente en 3ª persona que en momentos puntuales cede el puntero narrativo a la propia autora que en ocasiones ve oportuno aclarar algún extremo que le parece puede enturbiar la verosimilitud del relato que está escribiendo, como cuando hacia la mitad de la obra concretamente en el cap. XII el cabo Coira busca una foto reciente de su prima Mae y leemos lo siguiente: : 
"Abrió la imagen y le dirigió a Linkedin, en aquel año 2009 todavía una novedosa red social de contactos entre profesionales." (pág. 246)
En una historia cuyo núcleo narrativo parte de un prostíbulo es evidente que el Sexo es un elemento importante. La novelista, cual suele ser su manera delicada, clara, contundente y sin melindres de actuar, lo toca en varias direcciones: en la innoble de la prostitución; la nobilísima de la relación amorosa; o la pura y meramente lúdica formando parte de la fiesta y el entretenimiento.
Y no puedo olvidar el humor que en una historia por momentos tan dura y terrible es necesario para rebajar la tensión a que los lectores están sometidos. De todos los momentos relajados o declaradamente humorísticos el que más me ha llegado y divertido es el de la equivocación en la entrega de cestas navideñas por parte de un repartidor de las mismas, a resultas de la cual unos trabajadores de informática recibieron las destinadas a unos banqueros, y los informáticos -me identifico plenamente con ellos- se negaron a devolverlas.

Escritoras españolas de novela negra, Inés Plana Giné
Foto de Inés Plana con la que la Fundación Ibercaja publicita el acto de 
presentación de la novela el próximo día 9 de octubre de 2019
Es obvio y evidente, si es que alguien pudiera albergar alguna duda en su interior, que Inés Plana Giné es autora de largo recorrido. Desde ya mismo deseo tener en mis manos la siguiente entrega de esta entretenidísima serie que espero salga al encuentro de sus seguidores. Gracias por ello, amiga.

6 may 2018

Inés Plana: "Morir no es lo que más duele"

25 comentarios:
Las primeras novelas de autores desconocidos suelen despertar en mí cierta prevención. Cuando, tras leer varias reseñas elogiosas de esta novela negra de Inés Plana, decidí leerla, la duda seguía anidando en mi ánimo. Pero, es cierto -cada día me reafirmo más en ello- que las primeras líneas de los relatos marcan con claridad la derrota que tomarán los mismos. Desde el principio esta narración de Inés Plana me atrapó y por ello no puedo menos que declarar la enorme gratitud que le debo pues su novela me ha proporcionado una lectura agradabilísima, fantástica.

Editorial Espasa Calpe, Inés Plana, Morir no es lo que más duele

La autora (datos biográficos tomados de la página web de la propia editorial)
Inés Plana nació en Barbastro (Huesca). Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y desde el principio desarrolló su carrera profesional en Madrid. Ha trabajado en diversos medios de prensa escrita y, en el terreno editorial, ha creado y coordinado distintas colecciones de títulos relacionados con la divulgación de la historia y el arte. Actualmente es directora del periódico-magacín Vivir Bien, en la Comunidad de Madrid. Vive en Galapagar, Madrid.
"Morir no es lo que más duele" es su primera novela: trabajó en ella durante cinco años.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Un hombre aparece ahorcado en un pinar a las afueras de Madrid, con los ojos arrancados de cuajo. En uno de sus bolsillos se halla un papel con el nombre y la dirección de una mujer: Sara Azcárraga, que vive a pocos kilómetros del escenario del crimen. Frágil, solitaria, bebedora de vodka en soledad, Sara rehúye cualquier contacto con las personas y trabaja desde casa. El teniente de la Guardia Civil Julián Tresser se hace cargo del caso, asistido por el joven cabo Coira, que se enfrenta por vez primera a una investigación criminal, una investigación difícil, sin apenas pistas, con demasiados enigmas. A medida que el teniente Tresser avance en sus indagaciones, descubrirá unos hechos que darán un trágico vuelco a su existencia y le conducirán a un viaje a los infiernos que marcará su vida para siempre.

Mi opinión 
Siendo como soy de Salamanca, tierra chacinera, podría decir de "Morir no es lo que más duele" algo parecido a lo que se dice del cerdo en el campo charro donde nací, que de esta novela me gusta todo, que no veo nada desaprovechable en ella. Vamos, que, emulando los dichos aplicados a ese animal tan sabroso, de esta narración me gustan hasta los andares. Intentaré exponer por qué:

1) Personajes variados y perfectamente diseñados. No encuentro ninguno del que pueda decir algo negativo pues cada uno destaca con una individualidad bien definida. Esto que parece una frase  hecha, un lugar común de cualquier comentarista elogioso, en mi caso no es tal pues todos los caracteres de los muchos que pueblan la historia carecen en mi opinión de puntos débiles. Da lo mismo que sean Guardias Civiles (el Tte. Tresser y su infierno interior; el cabo Coira con sus problemas de relación con Lola,su novia; el capitán Díaz Visedo con su afición micológica y sus problemillas de salud fruto de los años que no pasan en balde; o la sargento Baldellou de Lloret de Mar), profesionales médicos (el forense Guix o la psiquiatra Adelaida Mabrán), la familia del teniente Julián (su padre al que perdió siendo niño; la madre a la que evitaba y luego echaba tanto en falta; sus recuerdos infantiles que le agobian con imágenes fantasmagóricas que irán tomando cuerpo y sentido; sus relaciones de vecindad con Raimundo, por ejemplo), el mundo íntimo de Sara Azcárraga (profesionalmente, correctora de estilo; personalmente ha borrado de su memoria unas experiencias que la han atacado para siempre), el mundo delictivo más brutal (Halcón, Águila, Búho, Luba...), el profesor asesinado, Tomás García Huete, y su mundo de relaciones en el momento de su muerte y en el lejano año de 1973, etc.

2) Una auténtica proliferación de temas y asuntos que se integran unos y otros a la perfección en el relato. Destacaré sólo algunos: la brutalidad de las guerras; el sufrimiento de las mujeres, muy superior siempre al de los hombres; el amor y el desamor; la escasez de medios policiales; el conflictivo momento de enfrentarse a la paternidad; la deshumanización de la medicina cuando se reduce a aplicar protocolos; la literatura, en especial la poesía, como refugio y asidero para seguir viviendo; el alcohol como falsa vía de escape de los problemas; la burbuja inmobiliaria a punto de estallar; el fuerte machismo que impregna gran parte de la sociedad; etc.

Novela negra madrileña, Inés Plana
3) La ubicación de la historia me ha gustado mucho al desarrollarse en lugares que conozco a las mil maravillas (zona noroeste de Madrid, sierra de Guadarrama, sierra de Gredos en la provincia de Ávila, la propia ciudad abulense...) y que no suelen ser habituales en la novela negra española más amiga de situar las historias en ciudades populosas y cosmopolitas como Madrid o Barcelona.

4)El ritmo narrativo. Inés Plana teje una trama compleja muy bien hilada que lejos de desanimar al lector le incita a devorar las páginas deseoso de aclarar cuantos giros argumentales sorprendentes introduce en la narración. Es una novela de la que cuesta desprenderse una vez iniciada.

5) El tiempo. Quizás en esa adicción lectora que con maestría la escritora barbatrense provoca tenga un papel importante la rapidez con que todo sucede, poco más de una semana del año 2007. Un año que está marcado como el del inicio de la crisis económica: “Aquella España del año 2007 seguía disfrutando con placer ciego de una gran orgía inmobiliaria". Al tiempo que la historia transcurre ese año hay continuas referencias a sucesos acaecidos en 1973. La narración bascula entre ambos momentos buscando las razones del hoy en los acontecimientos de ayer. Un narrador omnisciente conduce con buen tino la historia que discurre linealmente en uno y otro tiempos.


6) Crítica socio-política de baja intensidad. Otro de los elementos que me llevan a elogiar esta novela es la delicadeza, la elegancia, con que la escritora deja caer detalles muy de la sociedad en la que se están desarrollando los sucesos que configuran la narración. Destacaría las alusiones con velada crítica a esas urbanizaciones que proliferan en el entorno de las grandes ciudades: "en aquella urbanización. como en tantas otras de la zona, resultaba difícil ir a por el pan sin subirse al coche" (pág. 59). También me parece digna de señalar esa contradicción tan presente en nuestra sociedad que se dice liberada de tabúes pero en la que los homosexuales ocultan con frecuencia su orientación sexual lo que les origina no pocos problemas personales: "
«¿De qué les sirve jalearse a sí mismos en la maldita Fiesta del Orgullo Gay si al día siguiente andan escondiéndose por los rincones y comunicándose mediante contraseñas?», fue su última reflexión sobre el asunto, sin hacer un esfuerzo más por comprender los mundos que no eran los suyos." (pág. 299) -piensa el teniente Tresser-. Otro tanto cabría decir de esa endémica carencia de medios de la que se quejan los guardias civiles: la vieja casa cuartel de Hoyos de Aguas siempre húmeda y fría.

7) Elementos de estilo. Aquí me gustaría señalar el uso que hace la novelista de la música y de la literatura como procedimientos caracterizadores para algunos personajes: la poesía intimista de Emily Dickinson y las canciones de Karina como aficiones bien diferenciadoras de los dos personajes que están en el origen motivador del relato.


En el campo de las aficiones literarias, la poesía de Dyckinson o los relatos de Poe son del gusto de Sara Azcárraga, mientras que una novela sobre la Princesa de Éboli (seguramente la que en 1998 escribió Almudena Arteaga. Pura intuición personal mía y, por lo tanto, quizá equivocada) es el tipo de lectura relajante que agrada a la psiquiatra Mabrán.

Musicalmente, la correctora de estilo se deleita escuchando a los Carpenters mientras que su perseguidor lo hace con los temas de Karina y de Danny Daniel. Y aunque ya fuera del relato, Inés Plana confiesa en las páginas finales dedicadas a los agradecimientos el que ella debe a Ennio Morricone cuyas composiciones musicales la han acompañado durante la escritura de esta novela. Vistos los gustos musicales de unos y otros, bien nos hacemos idea de sus distintas personalidades.

En este apartado del estilo creo que hay que destacar la elegante veta humorística que en ocasiones la novelista deja ver. Así me ha parecido percibirlo cuando el capitán Díaz Visedo y Adelaida Mabrán discrepan sobre un asunto y el primero reflexiona:  "Aquella parecía una conversación de idiotas. «No lo sé, no lo sabemos, ¿qué parte de no lo sé no ha entendido?», le hubiera gustado replicarle" (pág. 181). Este '¿qué parte de no lo sé no ha entendido?' tiene evidentes resonancias políticas próximas en el tiempo. También me parece graciosa esa clasificación tan profesional que da la doctora Mabrán del estado del teniente Tresser ("el teniente estaría incubando un trastorno de estrés postraumático") para esconder la evidente atracción que parece está empezando a sentir por él.

Conclusión Morir no es lo que más duele, Novela negra madrileña, Thriller
Quisiera destacar, para finalizar, la corrección absoluta de la escritura de esta novela. Desgraciadamente, -y de aquí mis iniciales temores ante una primera novela-, es demasiado frecuente encontrar errores garrafales de todo tipo (ortográficos, impropiedades semánticas, barbarismos, etc.) en novelas de autores noveles. No es el caso de Inés Plana que presenta un texto más que correcto, perfecto. Da gusto leer un castellano tan bien escrito, que no pretende sorprender con alardes innecesarios que comúnmente echan por tierra una buena historia. Inés Plana es una escritora de una pieza que ha escrito una historia creíble, muy entretenida, incisiva con aspectos de negra sociedad, dura en ocasiones, una historia que no rehúye en algunos momentos lo escabroso o desagradable si ello conviene al conjunto del relato. En definitiva, una novela que, seguro, tendrá -ya la está teniendo- una magnífica andadura. Y una novelista que a poco que se lo proponga la veremos codearse con la élite de la literatura en español. Por lo que leo en las redes da la impresión de que la segunda novela de esta oscense ya está cocinándose, una buena noticia sin lugar a dudas. Y es que, en definitiva, Inés Plana no es flor de un día, es una escritora de la que habrá que estar muy atentos en el futuro. 

10 mar 2018

Manuel Vilas. Ordesa

21 comentarios:
Hay libros que te impactan desde su primera página. Es lo que me ha ocurrido con "Ordesa" de Manuel Vilas. Confieso que he llegado a Vilas a través de los suplementos culturales que los periódicos que habitualmente leo ('El Pais' y 'El Mundo', sobre todo) sacan un día a la semana. Las opiniones que Santos Sanz Villanueva, Juan Cruz, Antonio Muñoz Molina y otros muchos escritores y críticos a quienes respeto vierten allí sobre esta obra me han conducido irremisiblemente a ella. No he parado hasta poder leerla. La he despachado en tan sólo tres tardes, desde luego no porque sea una lectura facilona y vana como otras, sino porque la profundidad humana y la verdad que transmite Vilas envueltas en un maravilloso lenguaje lindante con la poesía, si no poesía auténtica, no me permitían dejar de lado tan estupenda experiencia literaria.

Manuel Vilas Vidal, Novela memorialista

Antes de dar cima a sus cerca de 400 páginas era tal el placer que me estaba produciendo su lectura que no pude por menos que buscar alguno de los poemarios que hasta el momento este barbastrense ha publicado: El Cielo (2000), Resurrección (2005), XV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma,  Calor (2008), VI Premio Fray Luis de León... Al final opté por sacar de la biblioteca "Amor" (año 2010), compendio de su poesía desde 1988 a 2010 reunida por él mismo. No estaba en los anaqueles de la sección de Poesía Gran Vilas, el libro de poemas que sacó en 2012 con el que consiguió el XXXIII Premio internacional de poesías Ciudad de Melilla; y menos aún, claro es,  El hundimiento, que en 2014 ganó en Málaga el Premio Generación del 27.

Para finalizar esta especie de recorrido por su bibliografía diré que, además de libros de poemas, Manuel Vilas es autor de otras novelas: España (DVD Ediciones, 2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, 'Aire nuestro' (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio de la Librería Cálamo, 'Los inmortales' (Alfaguara, 2012) y 'El luminoso regalo' (Alfaguara, 2013).

En "Ordesa" se muestra la disolución del hombre en ese continuum que es el tiempo y el intento de cómo vanamente éste siempre ha pretendido, detenerlo, pausarlo, fijarlo como sea, en su caso a través de la escritura, a través de la memoria plasmada sobre el papel. En esta obra, una novela porque como declaraba el escritor a un periódico de su región la novela es un género proteico en el que todo cabe y todo abarca ("Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida."), Manuel Vilas homenajea a sus progenitores.  La chispa que despertó en él este proyecto fue la muerte de su madre en 2014, nueve años después de acaecida la de su padre. Con su desaparición el narrador, o sea, él, ha penetrado en la región de la soledad, pues poco antes de que su madre muriera Vilas, además, se había divorciado. Es, pues, esta obra también una muestra de cómo vive el presente un ser humano que se ve más como depositario del pasado que vehículo de un presente y menos aún  proyección de un futuro.

Tras la lectura me he quedado sin aliento. Es una de esas pocas obras que te impresionan de tal manera que no logras dejar de pensar en ella. Es un libro al que no consigo poner límites, es un libro imposible de medir, un libro inconmensurable. Muchísimos son los temas, asuntos y reflexiones que están en él. Por ello también muchísimas son las notas tomadas y los subrayados que he hecho. Ahora los miro y no sé cómo hacer para que esta reseña tenga cierto orden y no se convierta en un imposible. 

¡Vamos allá!
El hundimiento, Poesía, Amor
Fotografía:BEGOÑA RIVAS
Manuel Vilas Vidal al morir su madre y acudir a Barbastro, su pueblo, donde él nació en 1962, rememora en desorden momentos de su vida: su niñez feliz junto a ella y junto a su padre, muerto diez años antes; su adolescencia cuando egoísta como lo son los chicos de 17 años evitaba hablar con su padre, lo que ahora bien lamenta; su marcha a Zaragoza para estudiar en la Universidad; recuerdos de cuando en esa ciudad lo visitaba su padre que era viajante de comercio; etc. Junto a estas idas al pasado recordado, su presente de hombre de cincuenta y tres años divorciado recientemente aparece entreverado de manera natural: su divorcio que tanto le pesa; las visitas de sus dos hijos a su apartamento, siempre visitas cortas y como obligadas; su caída a los infiernos y su recuperación; su soledad; y así.

Todo el relato de su vida discurre de manera armónicamente desordenada a lo largo de las 157 secuencias en que lo estructura. La música es un ingrediente esencial en esta obra. Es una música presente en la forma y en el contenido. Formalmente, el lenguaje que utiliza tiene ritmos y compases propios de la poesía. Es más, como luego he podido comprobar leyendo "Amor", el compendio de toda su poesía escrita hasta 2010, hay versos, estrofas, poemas enteros, que casi transitan de sus poemarios antes citados a la prosa -poética, naturalmente- que conforma este relato. Tan es así, que el escritor finalizada la narración en sí añade un Epílogo titulado 'La Familia y la Historia' en el que incluye once poemas que hablan de lo mismo del libro pero enfocado desde un punto de vista distinto. De ellos, él mismo dice que "son como el 'making-off' de la novela".

Que la música está presente asimismo en el contenido lo pone de manifiesto que a los personajes -todos ellos reales, por supuesto- los cita alegóricamente a través de nombres de compositores importantes: Wagner es su madre; Juan Sebastián Bach, el padre; Monteverdi, el tío materno Alberto; Händel, su tío Mauricio, hermano de Alberto; Rachmaninov, el hermano de su padre, viajante de textiles catalanes como él; Vivaldi y Brahms, sus dos hijos; y así sucesivamente. Con estos apelativos lo que Manuel Vilas pretende es simbolizar el salto del contexto rural oscense del que procede a ese otro en el que él se haya instalado ahora. Cuando vuelve la vista atrás y hace memoria del pasado lo que busca es que éste resuene, que no se olvide:
"Venimos de los árboles, de los ríos, de los campos, de los barrancos.
Lo nuestro fue siempre el establo, la pobreza, el hedor, la alienación, la enfermedad y la catástrofe.
Somos compositores de la música del olvido.
Nos da igual que exista Dios como que no exista." (sec. 126)
Así como los nombres de músicos tienen valor simbólico, también los colores son usados en este relato con sentido trasladado. De ellos, dos son los que prevalecen: el azul y el amarillo. El segundo es alegoría de la decadencia, de la derrota, de la vejez, de la soledad. Por contra el azul es la pujanza, la luz, el cielo abierto, todo el futuro por el delante:
"Fuimos azules muchos años. Hasta los dieciocho años, los hijos son azules. Con el tiempo, todo, sin embargo, se vuelve amarillo.
Los hijos azules se vuelven hijos amarillos.
"
  (sec. 123)
Y en un relato tan duro, un relato que araña el fondo de la singularidad del ser humano con todo lo que ello comporta, resuena un tono quevedesco crítico, hondo, apesadumbrado, afilado, reflexivo, filosófico, irónico, sarcástico, humorístico:
  • Me ha parecido escuchar el famoso soneto de Quevedo ‘Ayer se fue, mañana no ha llegado’ mientras leía:
    Todo era futuro entonces, cuando ocurrió el pinchazo. Todo es pasado ahora, cuando busco el pinchazo, la búsqueda más ilusoria o absurda de la tierra. Pero la vida es absurda, por eso es tan bella.
    El valle de Ordesa sigue allí, no cambia, no ha cambiado en estos últimos cincuenta millones de años. Sigue igual, tal como se creó en la era terciaria.
    ” (sec. 142)
  • Lo escatológico, la unión de los 'pañales y mortaja' del poeta barroco, podría decirse que llena todo el texto iniciado a raíz de la muerte de sus padres, el avistamiento o el temor a la enfermedad suyo propio y que concluye con el producto del amor de esos dos seres ya muertos. Pues bien, como el conceptista poeta madrileño solía hacer, Manuel Vilas adoba lo feo de la extinción con el aliño del humor. Así, a propósito del diente de oro de su padre y de lo que el forense que le quitó el marcapasos antes de proceder a la incineración pudiera haber hecho con él, Vilas acaba concluyendo tras una serie de frases en las que juega con la expresión 'oro' que "Mi padre tenía un corazón de oro"      
  • Del mismo modo se percibe un enorme sentido del humor cuando, hablando de la materialidad de la escritura en contraposición a lo puramente espiritual, cita a Sta Teresa con frases como que “Moisés escribió diez mandamientos porque se cansó de cincelar la piedra” (sec. 21)
Cines desaparecidos, Barbastro, Huesca, Pobreza, Manuel Vilas
Y para acabar ya este apartado que sin habérmelo propuesto me ha salido sobre aspectos formales añadiré la importancia que el escritor-narrador-personaje (que todo esto junto es Manuel Vilas en esta novela) da a los paralelismos, a las correspondencias, entre él y sus padres:
    • Mi madre perseguía la estimación social, que se evaporó, y yo persigo la estimación literaria, que también se está evaporando” (sec. 140)
    • "Mi padre era viajante, viajante de comercio. Yo, más o menos, también. Yo escribo, él escribía. Da igual lo que escribiéramos. Estamos haciendo lo mismo. Él llamaba a sus obras literarias ‘pedidos y duplicados’" (sec. 102)
O también el paralelismo existente entre sus hijos y él del que le advierte Wagner, su propia madre, cuando vista la relación que tiene con sus dos hijos, que apenas le hacen caso, que lo rehúyen, ella le dice que ya va siendo hora de que hable a Bra y Valdi del camino, esto es, de que con sus desapegos y faltas de atención hacia él están cimentando el camino de lo que les ocurrirá a ellos con sus propios hijos durante su vejez. O sea, que están irremediablemente destinados a la soledad, la misma que él ahora padece por culpa de ellos.
"Wagner dice: están construyendo el camino, es un ancho y florido camino por el que tú volverás a estar con ellos siempre, como tú lo frecuentabas cada vez que no me besabas ni me cogías la mano ni venías a verme, es el mismo camino, el mismo regreso.” (sec. 134)
Formalmente hay muchísima literatura contenida en esta narración. Es una literatura integrada en el buen hacer del novelista, una literatura perfectamente digerida que no es postizo o adorno extraño sino constituyente intrínseco del estilo Vilas. Con todo y buscando con ahínco me ha parecido ver cómo por doquier resuena Quevedo, pero también Charles Baudelaire en los simbolismos y las correspondencias existentes entre el mundo material y el espiritual. También en una elegía póstuma como cabría calificar este escrito las Coplas del poeta palentino Jorge Manrique parece que resuenan en no pocos momentos; en especial, me ha parecido oírlas en las preguntas que lanza al abuelo desaparecido y jamás conocido (“¿Qué pensaría mi abuelo de sus hijos? ¿Estaba orgulloso de ellos ¿Los besaba? ¿Le ensanchaban el corazón como a mí me lo ensanchan Bra y Valdi? ¿Se perderá mi amor a Bra y Valdi de la misma forma que se perdió el amor de mi abuelo hacia Bach y Rachma? […] ¿ Quién era? ¿Me hubiera querido ¿Me habría cogido de la mano cuando yo era pequeño?”, sec. 148). Y sin poder hacer cita concreta por estar absolutamente diluido en la obra la poesía de Antonio Machado, no en balde el poeta de la palabra en el tiempo, embebe todo el poemario que en definitiva esta narración es.


¿Qué temas se tocan en esta novela?
Pues prácticamente podría ya concluir diciendo que además del primero de todos que es el Tiempo, todos los que constituyen la vida de cualquier miembro de una familia española de clase media-baja durante la segunda mitad del siglo XX y primeros años de éste. Como esencialmente ante lo que nos encontramos es ante una novela memorialista en busca de ese paraíso perdido que es la niñez hay más momentos recordados referidos a los años sesenta y setenta en que Vilas fue niño que a los siguientes, aunque estos tampoco faltan .

Antes de enumerar aquellos motivos que me ha parecido percibir en el libro, diré que a pesar de ser una novela que transita más por la senda de la realidad que de la ficción, lo magnífico de la misma es que trasciende la mera biografía del sujeto protagonista para, haciendo abstracción del mismo, tocar la universalidad del ser humano. He ahí donde reside la excelencia de esta obra.

Sin duda alguna el asunto esencial, el tema principal, que aquí se muestra no es otro que el del Amor. Ese amor que conforma la relación padres-hijos que muchas veces, vista desde fuera, nos parece, quizás, fría y distante, pero que sus protagonistas viven y la recuerdan -sobre todo la recuerdan- con amorosa emoción.  En esta emoción un año se erige por encima del resto: 1969. Este año es central en su recuerdo y lo remarca en el libro incluyendo una fotografía en la que pasea contento de la mano de su padre:  
Yo sigo en este mundo, pero Bach se marchó. Se estaba marchando ya cuando alguien le hizo esta extraña y a la vez alegre foto. Y alegorizó esa marcha con la supresión visual de medio cuerpo.”
Manuel Vilas en la introducción que hace a "Amor. Poesía reunida 1988-2010" dice que a la edad que ya tiene y ante el mundo que le ha tocado vivir "el amor a todo es la única salida del laberinto"; y añade "tal vez este sentimiento esté emparentado también con la exaltación, con la plenitud, con la euforia, con la libertad"; para concluir diciendo que "el amor es un buen lugar. Parece un sitio universal, cargado de energía, de energía elemental y no moral. No concibo el amor sino como una lucha a muerte contra los hipócritas". 
Poesía de Manuel Vilas, "Amor", poesía de la cotidianeidad, poesía en prosa
La verdad es que el amor en todas sus variantes y manifestaciones centra este relato: el amor a sus padres con todo lo que de tensiones, tiras y aflojas esta relación familiar tiene; el amor fraterno manifestado en el amor alejado entre él y su hermano o entre Bach y Rachmaninov, su padre y su tío paterno; el amor a sus dos hijos, quizás el más fuerte que existe aunque ellos aún no sean conscientes del mismo. Y también nombra de pasada las desviaciones, los disfraces de amor de que se visten algunas acciones, como las caricias no consentidas que algunos mayores realizan a los niños y que a éstos les repelen; y sin demorarse mucho en ello el narrador habla también de sus abundantes infidelidades, en las que el amor si se nombraba era sin duda alguna para disfrazar de algo el mero deseo.
Párrafo aparte merece sin duda el amor a su tierra, a ese paisaje oscense del que como tantos otros hubo de salir para poder sobrevivir pero que lleva siempre en su corazón. De ahí que la novela la haya titulado "Ordesa", el nombre que tiene ese valle del Pirineo de Huesca cuyo pico central es Monte Perdido. Pero el paisanaje que habita esta naturaleza a la que le gusta volver y en la que encuentra su seguridad no es precisamente amable, sino más bien al contrario. Así se percibe cuando habla de la dura relación entre sus dos tíos maternos, Alberto y Mauricio; a este último Vilas reprocha el comportamiento tenido con Alberto a quien por culpa de la tuberculosis le habían serrado un pulmón:
No le conmovía que tuviera un pulmón menos. Había resentimiento y catástrofe en aquellos pueblos de Huesca.
Esos pueblos de los que yo me enamoré.
” (sec.124)
Junto a Ordesa, naturalmente está Barbastro, su localidad natal, su pueblo, su centro vital y sentimental. Allí fue feliz, allí fue niño, y allí, también, regresó para enterrar a sus padres:
[Barbastro] “Era el paraíso. Fue mi paraíso. Fueron ellos mi paraíso, mi padre y mi madre, cuánto los quise, qué felices fuimos y cómo nos derrumbamos. Qué hermosa fue nuestra vida juntos, y ahora todo se ha perdido. Y parece imposible.” (sec. 109)
Otro asunto que aparece en el relato aunque no se detiene mucho en él es el de Profesor de Instituto. Yo que lo he sido hasta hace bien poco y como él de Lengua y Literatura entiendo perfectamente la desilusión que Vilas manifiesta del ejercicio durante veinte años en la profesión; pero no comparto el tono nihilista y ese meter en el mismo saco a todos los miembros de la comunidad educativa. Afortunadamente el autor es consciente de que toda generalización es odiosa y recoge velas en un momento dado. Yo, desde aquí, suscribo gran parte de lo que en la secuencia 48 el hasta hace nada profesor de Lengua dice, en especial el final. Quizás la cita sea algo extensa pero mi profesión de años me obliga. Perdón, por ello:
Mucho tiempo estuve narcotizado por una nómina. Mucho tiempo: más de dos décadas. […] un 10 de septiembre de 2014 dejé de dar clases en la enseñanza media […] Los institutos españoles de enseñanza media eran edificios sin gracia, construcciones deficientes, con pasillos ingrávidos, con aulas frías en los inviernos y tórridas ya incluso en las primaveras. […] Aquellos chicos eran humillados y ofendidos por los profesores, esos mediocres con rencor hacia la vida. No todos eran así. Había profesores que amaban la vida e intentaban transmitir ese amor a los alumnos. Es lo único que debe hacer un profesor: enseñar a sus alumnos a amar la vida y a entenderla. […] Yo no suspendía a nadie. No podía suspender a nadie. Tal vez al principio sí suspendí a algunos de esos críos por no saber analizar frases. […] Practicaba una explicación marxista de la sintaxis. Un marxismo cómico, pero al menos nos moríamos de risa.
 Afortunadamente, Vilas Vidal cierra esta secuencia en la que reflexiona sobre su dedicación profesional de 23 años diciendo:
Estoy siendo injusto: el único aliado leal de la redención social de los españoles desfavorecidos es el profesorado. Tuve inmejorables amigos allí. Vi profesores excelentes, pero el sistema educativo agoniza, eso es, en realidad, lo que quería decir, que el sistema educativo ya no funciona porque se ha quedado varado en el tiempo.
Quizás esta insatisfacción profesional estuviese en la base del alcoholismo del personaje-narrador y éste de sus infidelidades. No sería la única causa, pero sumada a otras, evidentemente coadyuvaría. El alcoholismo, confiesa con alegría, ha conseguido abandonarlo no sin dificultades:
Llevo mucho tiempo sin beber.
En España, la ayuda que recibe un exalcohólico es facilitarle que vuelva a beber.
Yo creo que en España no existe el perdón de los pecados.
De ahí que al final nadie pueda salir del alcohol en España, de ahí la expectación que despierta un exalcohólico español: a ver cuándo cae, a ver cuándo vuelve a beber
.” (sec. 95)
El trato que España da al alcohólico es un ejemplo más de la crítica social y política que aparece esparcida a  lo largo y ancho de esta estupenda novela. Al alcoholismo y la enseñanza ya comentados hay que añadir otros. En primer lugar esa dependencia de Aragón de la alta burguesía catalana que utilizaba -¡y utiliza!- la mano de obra del campesinado aragonés (oscense en este caso) para enriquecerse y en compensación hacer 'ascender' de la mera pobreza a la considerada clase media-baja, eufemismo acuñado en esos años del desarrollismo sesentero y setentero para esconder a los nuevos pobres. En concreto, el padre y el tío de Vilas eran viajantes e comercio del textil catalán:
Rachmaninov vivió en Galicia. Lo destinaron a Galicia. Trabajó en lo mismo que mi padre, trabajó de viajante. Trabajaron los dos para la misma empresa catalana. […] Ni en Aragón había industria, ni la había en Galicia. La industria estaba en Barcelona.” (sec. 146)
También la pobreza es tema importante en esta narración. Vilas constantemente habla de ella, de cómo la necesidad de huir de ella ha vaciado sus amadas tierras del Somontano, de la alienación que una nómina siempre supone, del extrañamiento, de la mentira que es la clase media-baja -eufemismo de pobre desde el desarrollismo franquista hasta nuestros días- y también de cómo la soledad o el desamparo son formas de pobreza:

Nunca me acostumbraré a ser pobre. Estoy llamando pobreza al desamparo. He confundido pobreza y desamparo: tienen el mismo rostro. Pero la pobreza es un estado moral, un sentido de las cosas, una forma de honestidad innecesaria. Una renuncia a participar en el saqueo del mundo, eso es para mí la pobreza.” (sec. 33)


Esta obra tiene mucho de ensayo filosófico. La verdad es que la muerte con que concluye el tiempo vivido por cada uno de nosotros es el meollo de la filosofía existencial. El escritor escribe sus reflexiones a raíz de la conclusión temporal de sus padres. Esto le lleva a plantearse no pocas cosas como ya hemos ido viendo. Una de ellas, el apresurado estilo de vida actual, lo contrapone al pausado vivir de los años setenta cuando él era feliz junto a su padre (“la vida iba más despacio y podías verla. Los veranos eran eternos, las tardes eran infinitas, y los ríos no estaban contaminados”) mientras que ahora -2005 ó 2014, cuando murieron respectivamente el padre y la madre- el apresuramiento se plasma en todo, incluso en la preferencia cada vez mayor de la incineración frente al enterramiento. Vilas se lamenta de haber llevado a sus padres fallecidos al crematorio en lugar de al cementerio. Los restos materiales que albergaron un ser vivo no son tales si en vez de enterrar se procede a la incineración.  Las cenizas se esparcen, desaparecen; las sepulturas, los nichos, los mausoleos de los cementerios permiten ir a reencontrase con la materialidad de los seres queridos.
La materia aún conserva un espacio, mantiene el tiempo viejo metido en un espacio. De ahí, de nuevo, y por enésima vez, mi error a la hora de incinerar a mis padres. Las tumbas son un lugar donde rememorar lo que ya no tiene tiempo, pero sí espacio, aunque sea un espacio óseo.” (sec. 145)
La paradoja es algo consustancial a la vida. No existe la vida unidimensional, hay cambios, zigzagueos, azares, contradicciones... Es absurdo pretender ser seres de una sola pieza, constantes, rectilíneos. No, así no es la vida real, la vida real es en esencia paradójica. Por eso, aunque hable de muerte y cementerios no hay religiosidad alguna en él. Lo que no quita para que en un momento de su reflexión venga a agradecer a los padres escolapios que le enseñaran a leer:
"Escribo porque me enseñaron a escribir los curas [...] Esa es una gran ironía de la vida de los pobres en España: les debo más a los curas que al Partido Socialista Obrero Español. La ironía en España es una obra de arte siempre" (sec. 85)
lo que no excluye su denuncia de cómo uno de estos padres escolapios siendo él muy niño lo manoseó, sobó y acarició sin poder recordar si es que hubo alguna cosa más.

Si paradójica fue su relación con la religión, otro tanto puede decirse de la política. En la cita anterior hay una clara crítica al discurso político de muchas -todas o casi todas- formaciones políticas que parece que todo se alumbró con su advenimiento. Evidentemente, viene a decir Manuel Vilas, eso no es así. Y como habla de su propia vida a su aprendizaje lector vino luego a añadirse su marcha a la universidad, algo que le permitió adquirir unos conocimientos y destrezas que le han servido para escribir sobre su tierra pobre:

PN de Ordesa, Monte Perdido, Cascada de Torla, Huesca
"Yo nombró esas tierras (el Somontano) y esos pueblos gracias a que fui a la Universidad, es decir, gracias al dictador Francisco Franco Bahamonde que sentó las bases para que los nietos de Cecilia supiéramos leer y escribir, que sentó las bases de la clase media española aunque retrasara por impericia y simpleza la modernización política de España unas décadas" (sec. 85)
Declarar lo anterior como hace el autor de Barbastro es, en el mundo del pensamiento único y la sociedad de lo políticamente correcto, tomar muchas papeletas en el sorteo del ostracismo político-cultural. A favor del escritor, afortunadamente, cuenta el escaso número de lecturas que la mayoría de nuestros políticos realiza, más atentos a encuestas que a cualquier otra cosa.


Final
Pongo ya punto final a esta reseña no porque se hayan agotado los asuntos que contiene la novela o ya nada más se pueda decir sobre el manejo de la forma. La dejo porque en algún momento hay que detenerse. Creo que con lo dicho ya está bien. Deseo que su lectura sirva para animar a leer este estupendo libro que como digo al inicio de este escrito me ha congraciado completamente con la literatura. "Ordesa" es literatura en sentido amplio, es literatura de alto nivel, de gran calidad. Y Manuel Vilas Vidal un nombre que jamás olvidaré. Leer libros como éste es esencial para saber discernir lo bueno de lo no tan bueno, ya no digo de lo manifiestamente malo.