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24 ene 2026

"Hamnet": del libro a la película

23 comentarios:
Leí con muchísimo placer, hará cosa de cuatro o cinco años, la novela Hamnet de Maggie O'Farrell. Me encantó. Así lo reflejé por escrito en la reseña que de la misma hice en este mismo blog. Es por esto que al conocer que se estrenaba la versión fílmica de la misma no dudé ni un momento en ir a verla. Estrenada el 23 de enero sólo en Cines no demoré mi asistencia, aunque lo hacía con sentimientos encontrados dado que previamente había leído dos críticas bien distintas: una es la que el crítico Luis Martínez hizo en el diario El Mundo, elogiosa de todo punto («Pocos finales ha dado el cine reciente tan tremendos, tan plenos, tan dolorosos, tan brutales y tan exquisitos a la vez, tan delicados y, si se quiere, tan poco pudorosos, tan bellos sin duda, tan irresistiblemente catárticos y desmedidos, tan prodigiosos en el mismo sentido que Dreyer se atrevió a filmar el milagro de la resurrección en Ordet.»); la otra fue la del también crítico Carlos Boyero aparecida en el diario El País, en la que, tras calificar como estupidez Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson o de inane Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa, manifestaba su indiferencia ante la versión cinematográfica de Hamnet realizada por la directora china residente en Norteamérica Chloé Zhao («No tengo nada que contar de ella. Ni bueno ni malo. Es que me cuesta recordar algo de ella después de haberla visto hace ocho días. […] La película me parece una nadería pretenciosa.»).

Por todo lo dicho es por lo que me ha parecido oportuno recuperar la reseña de la novela para confrontarla con la adaptación cinematográfica que vi este fin de semana. Va aquí mi opinión sobre la novela:


"Hamnet" de Maggie O'Farrell

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

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Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.



"Hamnet" de Chloé Zhoe

Chloé Zhoe, Novelas adaptadas al Cine
Mi opinión sobre la versión de Chloé Zhoe, cuyo guion firman la propia directora del film junto a la autora de la novela, vendría a situarse en una zona intermedia de las manifestadas por Martínez y Boyero.

Prácticamente hasta el final de la película reconozco que me aburrí bastante. Para mí hay un exceso de imágenes con un tono excesivamente bajo de luminosidad en los interiores que se llevan buena parte del minutado en un buscado contraste con las de la naturaleza exterior llenas de luz y color. Es evidente que la realizadora ha querido transmitir la idea de que en los años finales del XVI el mundo íntimo y familiar, el doméstico de las casas, era así, rígido y oscuro. Por contra el exterior, de donde la protagonista Agnes Hathaway recoge plantas para confeccionar remedios que su madre tenida por bruja le transmitió, está pleno de luz. Bien, es una interpretación en imágenes de lo que en palabras expone en su narración Maggie O'Farrell; sin embargo las imágenes de la directora china no alcanzan en mi opinión la altura de belleza poética a la que llega la escritora irlandesa a base de un magnífico léxico y unas metáforas e imágenes retóricas de nivel supremo.

Como se ve por lo señalado en el párrafo anterior vengo a coincidir en algo con Carlos Boyero. Pero también estoy con Luis Martínez en la calidad cinematográfica que tiene la última parte del film, Esa parte está dedicada a la representación teatral en The Globe de la obra que el comediógrafo inglés compuso a raíz de la muerte de su hijo. Con esta puesta en escena el marido viene a reconciliarse con la esposa y a curarse él mismo -y también su mujer Agnes- catárticamente del tremendo duelo que la desaparición mortal del pequeño le ha ocasionado. Cuando leí la novela resalté que Shakespeare le transmite a su compañera la mejor prueba de amor que podía darle: hacer que su hijo desaparecido alcance la inmortalidad gracias al poder de la creación artística. En el film se percibe, quizás hasta mejor que en la novela, esta cuestión. 

En definitiva, sin pretender hacer categoría de lo anecdótico, de nuevo viene a mí el dicho más o menos extendido de que buenas novelas hacen malas películas, mientras que malas novelas hacen buenas películas. Hamnet de Chloé Zhoe no es mala película, qué va, para nada, es más según reflexiono sobre ella escribiendo estas impresiones veo en ella más y más aspectos valiosos, pero en la comparación con la obra literaria queda bastante por detrás de la misma, eso sí. 

Nota final.- He echado mucho en falta la autorizada opinión de Miguel Pina, administrador del blog Cine y críticas marcianas, que este mismo mes de enero decidió cerrarlo tras diez años de exitosa existencia. Las críticas que semana tras semana Miguel realizaba en su blog eran para mí un faro seguro. Esta vez acudí a una sala huérfano de su consejo y sabe Dios cuánto lo he echado de menos. Estoy convencido de que Miguel se habría dado cuenta de que el film a diferencia de la novela carece de muchas de esas inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia  que Maggie O'Farrell en su relato trata con ternura al tiempo que, tal y como dice la propia editorial en la sinopsis promocional de la novela, ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. Estas pequeñas grandes cosas se perciben en la película, pero no al nivel con que aparecen en la novela. 

13 oct 2019

"La cena" de Herman Koch

22 comentarios:
“«Todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia desdichada ofrece un carácter peculiar», reza la primera frase de Ana Karenina." […]
"Fue como la aparición de una pistola en una obra de teatro: si en el primer acto se muestra una, puedes apostar lo que quieras a que en el último acabarán disparando con ella. Es la ley del drama” (Chejov) 

Estamos en una cena en un restaurante donde se han citado para hablar de sus hijos los hermanos Lohman junto a sus respectivas esposas. El mayor de los hermanos, Serge, es político y está en ciernes de convertirse en el próximo primer ministro holandés en las elecciones que tendrán lugar en sólo siete meses. Paul, el narrador de la historia, mantiene con Serge una relación de amor-odio pues siempre le ha molestado una cierta prepotencia que él ve emanar de su hermano mayor.

La cena, Casa de verano con piscina, literatura holandesa
Fotografía de Vera de Kok
El asunto que los convoca es el crimen cometido por sus hijos adolescentes, Michel y Rick. La cuestión es peliaguda pues puede arrumbar con toda la carrera política de Serge además de arruinar el futuro de los chicos. Al hilo de este hecho conductor se van sucediendo y apareciendo toda una ristra de elementos argumentales de profundidad: machismo, malos tratos, violencia, racismo, hipocresía, hiperproteccionismo a los hijos, adopción, bipolaridad, educación, poder, cocina de diseño, etc.

Si hay algo que censurar en esta ágil novela quizás sea precisamente esta hiperabundacia de asuntos presentados. Por lógica muchos de los temas planteados en una narración de tan sólo 220 páginas se quedan sin desarrollar creando en el lector la sensación de quiero y no puedo al ver que asuntos importantes tan sólo se tocan tangencialmente, lo que genera cierta frustración.

Me ha gustado sobremanera en esta novela la figura del narrador. Paul, el hermano menor, es quien asume esta función. Él está contando el sucedido en primera persona a un interlocutor que somos nosotros, los lectores. Es un narrador que no cuenta todo, que parece ocultar ciertas cosas como cuando ante el ingreso hospitalario de Claire, su esposa, dice "No contaré aquí lo que Claire tenía, considero que es un asunto privado" (pág. 153) o cuando en p. 195 al hilo de la conversación mantenida entre Claire y Babette, la esposa de Serge, recala Paul en la insistencia de su esposa por conocer la hora que es y en lugar de comunicárnosla apunta: "No diré exactamente qué hora era. Las horas exactas pueden acabar volviéndose contra uno" (?¡). Esta reflexión nos deja un tanto sorprendidos, aunque en las páginas siguientes conoceremos que Claire con la pregunta sobre la hora exacta que era no buscaba para nada conocerla sino que su intención era muy bien otra.

Sin serlo del todo, sí que hay en el relato visos o tono de thriller, en especial por ese crimen que subyace en todo él y que en la mente del lector está siempre vivo y presente. Al igual que en las novelas de ese género son innumerables los giros argumentales, las roturas de cintura que con ágiles quiebros realiza el autor. No señalaré ninguno de ellos aquí pues sin duda alguna son uno de los alicientes de esta animadísima novela.

De lo que sí se puede hablar es de lo bien diseñados que están los cuatro comensales que concurren a este restaurante de alto copete y que en principio se nos muestran así: Serge, el político cínico; Paul, el ninguneado hermano menor siempre algo violento y fuera de sí; Claire, la amantísima esposa de Paul y superprotectora madre de Michel por quien hará cualquier cosa; y Babette, mujer muy solidaria, esposa del político que parece estar sometida a él y no sólo por su fuerte personalidad. Digo que éstos son los diseños iniciales de estos cuatro personajes, pero ¿son así realmente? Descubrirlo es el encanto esencial de este muy bien estructurado relato.

Y es que la estructura del mismo es cuando menos curiosa pues sigue para establecerla el orden en que se suceden los platos en una cena distribuyendo la acción narrativa en seis apartados: Aperitivos (7 cap.), Entrantes (8 cap.), Segundo (19 cap.), Postres (4 cap.), Digestivo (6 cap.) y Propina (1 cap.). En total, pues, 46 capítulos, de los que la parte esencial reside en la tercera parte -Segundo plato- sin lugar a dudas el grueso de cualquier cena o comida.

Interesantísima novela que bien podría trasladarse al teatro como de hecho ya ha ocurrido al menos en los Países Bajos donde fue llevada a las tablas en 2012. En Cine de hecho ya cuenta con varias versiones: en Holanda en 2013, en Italia en 2014, aunque sin lugar a dudas la más conocida y exitosa es la dirigida por Oren Moverman en 2017.


A mí esta obra me ha recordado muchísimo a la novela de Yasmina Reza, con también exitosa versión cinematográfica, "Hijos de un dios salvaje".

El escritor
Herman Koch nació en Arnhem (Holanda) en 1953. Tiene, pues, 66 años. Está casado con la española Amalia Rodríguez y tiene un hijo, Pablo, de catorce años. Habitualmente reside en España.
Profesionalmente es actor de cine, radio y televisión. Como escritor es autor de cuentos, narraciones breves y columnista periodístico. El éxito absoluto lo alcanzó con esta novela, "La cena", que ocupa el puesto sexto dentro de las nueve que hasta el momento, sin contar las narraciones breves, ha escrito.