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27 feb 2025

De bestias y aves. Pilar Adón

14 comentarios:

«En la misma postura, junto al árbol, oyó un zumbido y se pasó una mano por el pelo. De nuevo estaban ahí los reclamos de los gorriones y los cantos agudos de las golondrinas. Esos chi-r-r-r, chi-r-r-r, chi-r-r-r. También el trino de un cuco, aunque quizás se tratase de una tórtola. Y un sonido similar al que emitiría un pato. "Somos los pájaros que se quedan", recordó. Y "La esperanza es esa cosa con plumas". No había silencio en la naturaleza.»

Pilar Adón, De bestias y aves
De bestias y aves es una novela de Pilar Adón (Madrid, 1971) publicada en 2022, distinguida con una gran pluralidad de premios: el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Crítica, el Premio Francisco Umbral al Libro del Año y el Premio Cálamo Otra Mirada. Sin conocer previamente todas estas distinciones he de confesar que varias razones me han empujado a leer De bestias y aves: la primera, como en otras muchas ocasiones, corre de cuenta de blogs literarios que admiro y frecuento, concretamente los de mis amigas Lorena (El pájaro verde) y Marian (MarianLEEmásLIBROS); pero el impulso definitivo me vino dado por la lectura de la entrevista que Nuria Azancot hace a la escritora en la revista El Cultural de la semana 10-16 de enero de este mismo año con motivo de la aparición de su último libro de relatos titulado "Las iras". Los elogios que a la novela que he leído le hacían mis dos compañeras blogueras más la interesantísima entrevista de Nuria Azancot en la que se hablaba mucho de De bestias y aves me decidieron a leer ya la novela. Tantas distinciones, elogios y referencias de unos y otras no podían ser mera casualidad, me dije. Y así es.

Sinopsis (de la contraportada del libro)
Termina el verano, cambia la estación, y una mujer conduce durante horas en plena noche sin saber que se aproxima a Betania, una casa aislada, casi un territorio fuera del mundo. Un lugar desconocido y habitado exclusivamente por unas mujeres que, sin embargo, sí parecen conocerla a ella. Lleva a sus espaldas a una hermana ahogada, y no le ha dicho a nadie que se marcha ni adónde porque ni siquiera ella sabe que su viaje va a ser tan largo. Que está a punto de entrar en una casa en la que las mujeres se visten de la misma manera, como adeptas de un culto ancestral, y llevan a cabo extraños ritos y celebraciones. Un espacio en el que las cabras dominan todo lo que no esté vigilado por los innumerables perros que viven allí, y en el que una roca inmensa oculta la luz del sol y domina el paisaje. En el que, al fondo, un lago delimita las fronteras del terreno, sobrevolado de manera perpetua por las aves. Y en el que también viven una mujer ciega a la que todas adoran y una niña que corretea de un lado a otro sin haber salido jamás de ese sitio. Un rincón de tierra, agua y árboles donde la recién llegada no quiere estar a pesar de que tal vez sea, como le dicen sin que llegue a creérselo, el lugar en el que descubra por fin lo que significa formar parte de algo

Hay sinopsis cuyos realizadores no deben de conocer con exactitud el significado del término. Tras leer la sinopsis anterior creo que la información y el dirigismo que se da al posible lector son excesivos. Si hay algo que gusta cuando se lee es sorprenderse, perderse, buscar el sentido, equivocarse y volver a buscar el dato que nos conduzca en la dirección correcta... Pero tras resúmenes tan extensos y pretendidamente tan explícitos la capacidad de sorpresa queda seriamente dañada. Estoy a punto de velar algunas frases para dejar al futurible lector la libertad de perderse, sorprenderse, equivocarse... Confieso que yo no leí ese resumen del contenido y lo celebro pues mi percepción hubiera sido diferente de haberlo hecho previamente.


Comentario
Se trata de mi primer acercamiento a la literatura de Pilar Adón. De bestias y de aves me ha parecido una novela diferente, una obra literaria distinta que me ha sorprendido y hasta despistado -especialmente al principio-, pero que sobre todo -esto ya al haberla finalizado- me ha hecho reflexionar sobre lo leído. Pese a las resistencias iniciales he de decir que, vencidas las mismas, la lectura del libro se realiza con mucho gusto y hasta con rapidez

Se trata de una historia en la que participan sólo mujeres, unas mujeres que se arropan, que se ayudan, que viven en comunidad, que participan de algo en común; son unas mujeres libres de estar o no en el lugar donde se encuentran congregadas, pero no siempre es o ha sido así. Sólo hay un hombre que se dice el dueño del lugar que habitan, algo que ellas no le reconocen. Lo que le sucede a este tal Tobías de Mos no queda muy claro. La verdad es que en esta novela nada está muy claro, no todo queda debidamente explicitado. El lugar, la casa, la finca con el lago y la poza a la que llega la protagonista por azar no se ubica con claridad, igual que la manera de arribar de ella... Según leía tenía la impresión de que la protagonista al inicio sale de esa misma casa, toma su automóvil y tras una serie de kilómetros, se pierde, ve que no tiene combustible y buscándolo llega hasta la verja que delimita la casa a la que entra y en la que permanecerá. ¿Por siempre? Tampoco el final es claro, aunque sí que parece que ella busca a la hermana que se ahogó en un canal víctima de un accidente del coche que Coro, la protagonista, conducía. La busca en las aguas del lago y, quizás, puede que la encuentre y permanezca con ella para siempre. Pero no está claro, nada lo está, ¡claro!

La religión, mejor sería decir la religiosidad, es importante en esta novela. Hay algo de religioso en esa comunidad de mujeres que visten todas igual, que trabajan la tierra y cuidan de las mayores que vigilan las aguas de un lago. El agua es un elemento básico en esta narración. También en las religiones -en la cristiana especialmente- el agua ocupa un lugar preeminente. Los nombres de muchos de los personajes son simbólicos y nos hacen pensar en personajes evangélicos: Magdalena, Rebeca, Tobías... Incluso el lugar donde está la casa o el nombre dado a la misma, Betania, remite a los evangelios: Betania es donde Cristo resucitó a Lázaro. ¿Es ahí, en esa casa dónde Coro, la protagonista, resucitará, encontrará su nueva y definitiva vida? 

Elemento esencial en De bestias y aves es la Naturaleza. Los seres humanos que habitan en el relato lo hacen en pleno medio natural. Los árboles, los animales (en especial los perros), las aves, están por doquier. El conocimiento que tiene la autora de la misma es increíble. Es importante señalar que Pilar Adón, además de escritora, traductora y crítica literaria, es licenciada especializada en Derecho Medioambiental y ha trabajado en diversas agrupaciones ecologistas. La Naturaleza es algo que le interesa sobremanera. En la citada revista El Cultural a Nuria Azancot le decía al respecto: 
«No soporto que hagan daño a los seres indefensos, incluiría a los animales o las hectáreas de árboles que se incendian cada año. Es doloroso y absurdo. He formado parte de diversos grupos ecologistas y creo que todas las acciones son necesarias para llamar la atención sobre algo tan primordial como el cuidado del planeta, que, sin embargo, no parece importar demasiado. […] Del ejercicio medioambiental me interesó lo que hacían mis compañeras científicas: salir a la naturaleza y estar en contacto con ella, en vez de metida en un despacho rodeada de directivas europeas, que era lo que me tocaba a mí. El afán de naturaleza, por tanto, ha estado ahí siempre.»
Las mujeres que protagonizan De bestias y aves no dejan de ser parte de estos seres indefensos dado que siempre han estado sometidas. Como otros seres amenazados su única posibilidad de supervivencia, de resistencia, es comportarse como esas hormigas que para vadear las aguas del lago se agrupan y se integran junto a otras afines formando una balsa que las permita sobrevivir. En cierto modo es lo mismo que Coro Mae, la pintora de trípticos y miniaturas que protagoniza esta novela, hacía antes de ingresar en la comunidad de Betania: buscar refugio en la burbuja de seres afines siguiendo una serie de reglas no escritas, pero respetadas por todos. De esa comunidad a esta otra sólo había una diferencia: en Betania sólo hay mujeres, mientras que en el mundo convivía con otros muchos individuos.
 [Un] «grupo robusto que la había protegido y en el que se había mantenido a flote. Compuesto por la familia, los compañeros, los otros creadores con los que había compartido rutinas, métodos, propósitos y vivencias en un espacio trazado y montado para ella y para los que eran como ella. Una manera de actuar y congregarse. Igual que las hormigas. En torno a un trozo de pan. Los restos de un escarabajo. A lo largo de muchos años de servidumbre voluntaria, cuando se encontraba tan afianzada en su burbuja de esclavitud diaria que ni siquiera se percataba de la existencia real de la burbuja real. También ella había sido una hormiga marrón integrando junto a otras hormigas marrones su propia balsa.»
Pilar Adón insiste en su preocupación por las mujeres, personas a las que ve abrumadas por una serie de normas y conductas que sus iguales masculinos -dice la novelista- no han tenido que soportar jamás.
«Las mujeres llevamos una carga que los hombres no han sufrido jamás: esas normas de conducta que primero nos dieron ellos y que ahora, en una especie de giro perverso, nos imponemos nosotras mismas. Los hombres han escrito sobre nosotras desde su atalaya y han establecido sus patrones ideales de cómo debía ser nuestro comportamiento: pulcras, castas, buenas esposas, buenas madres, y, por supuesto, nada rebeldes ni imaginativas. De alguna manera, en una trampa increíble, ahora somos nosotras las que nos decimos cómo ser estupendas en la cama, con las parejas, las mejores hijas, las mejores amigas… Cayendo una y otra vez en unos tópicos que, aunque parezca que sí, no han cambiado mucho» (entrevista en El Cultural, enero de 2025)
 Quizás por ello la autora las saca del medio urbano que las constriñe y las lleva a la naturaleza donde  estas mujeres están mejor, son más felices, especialmente en el medio acuático. El agua es importantísima en la historia. El lago, la poza donde se hunde y se pierde una de las mujeres, donde otras van a buscarla, donde Coro Mae encuentra el sosiego y la paz... ¡El agua, siempre el agua! Los miembros de esta Comunidad femenina son como náyades que habitan las aguas del lago, de la poza donde la sabia Gloria o la ciega Missa Tita constantemente están atentas y vigilantes. Al igual que las náyades mitológicas estas mujeres parecen depender de un ser superior que, aunque pretendan ignorarlo, es el propietario del espacio que ellas ocupan, la casa de Betania. Este ser es Tobías de Mos con quien la niña Adel parece comunicarse mejor que ninguna otra. 

Es una novela no fácil, que exige dedicación y que hace un canto a la naturaleza en la que, sin ser muy conscientes de ello, los humanos estamos inmersos y a la que pertenecemos. La imaginación, el aprendizaje, el diálogo, aunque a veces sea un diálogo de sordos porque no se responde a lo que se inquiere, la importancia del agua, la mezcla de lo irreal con lo real...  Todo esto hace distinta y diferente esta novela. Respecto a esa simbiosis entre realidad e irrealidad me parece importante, fantástica e interesantísima en su realización, la escena de un ahogamiento ocurrido en la poza, a la que se accedía por el sótano de la casa, ingresando así en un mundo húmedo de irrealidad, de náyades, de criaturas mágicas, fantásticas... Al contemplar este suceso, en la cabeza de Coro se mezclan el ahogamiento de su hermana en el pasado y la quiebra de su vida a partir de ese momento. Hay un claro paralelismo entre la aventura que corren las hermanas Beca (Rebeca) y Lena (Magdalena) y la vivida por Coro y su hermana en el pasado.

Al ser Coro Mae una artista, una creadora, en la narración hay múltiples referencias al mundo del arte:  pintura y escultura en unas ocasiones...
Mujeres, Naturaleza, Pilar Adón
(del Museo Albertina de Viena)
«Coro ya no se resistía. Se había creado un nuevo refugio mental. Un espacio al que acudir para mantenerse en la realidad y, a la vez, al margen. Próxima a Louise Bourgeois. A Seraphine Louis, a Cornelia Parker o a la santa Casilda de Zurbarán. Reuniendo y reorganizando las piezas que habían quedado dispersas durante aquellos días. La herencia que le había dejado su hermana. Reconquistando la luz y el fervor de la Gran mata de hierba de Durero. Las flores de Adolphe Millot. Las metamorfosis de los insectos de María Sibylla Merian. Preguntándose dónde estaba la vida. ¿En su trabajo? ¿En el mundo al que tanto había querido regresar? ¿En sus cuadros? ¿O en el espacio real pero balsámico de la poza, donde residía y no residía su hermana?»
...literatura en muchas otras...
«Dio unos pasos hacia la puerta, pero no volvió a oír nada. Miró en el cabecero de la cama. Luego se dirigió a la estantería. Había un Manual de la buena esposa encuadernado en piel de color granate. Un Manual de plantas de interior. Un Anna Karenina, un Rebecca y varios tomos de Poesía completa con los lomos agrietados. Cavafis. Viaje a los confines de la tierra. En los mares del Sur. Y libros en francés.»
...y ambas juntas también:
«Nunca había sabido disfrutar del riesgo. Y ahí estaba, asumiendo el riesgo máximo, sumida en un fluido que parecía respirar para ella. Como La joven mártir. Como Antinoo. Como los hermanos al final de El molino del Floss o la Chica ahogándose de Lichtenstein. "Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes". La piel azulada alrededor de los labios. Como Ofelia. Como Shelley. Como la madre de Magritte en el río Sambre cuando él tenía 13 años y la descubrió ahogada con la cara cubierta por su propia ropa empapada que se transformaría en los velos de sus cuadros. Como el capitán Ahab. Como Mungo Park en el río Níger. El estado de apnea e hipotermia. Abogados azules con agua en los pulmones o ahogados blancos sin absorción de agua.»
Por último me gustaría destacar la incomunicación en que viven los seres humanos que transitan por este relato. Las conversaciones que mantienen estas mujeres son, en ocasiones, auténticos diálogos de besugos. A las preguntas que unas hacen o no responden las otras o salen por peteneras. Esta actitud es especialmente visible en el trato que al principio dan a Coro las mujeres que dirigen la casa. Son diálogos muy ágiles, vivos, directos, apenas con intervenciones del narrador
«La mujer fue hacia la cama y extendió sobre la colcha un vestido idéntico al que ella llevaba puesto. Idéntico también al de Catina. [...]
Sí. Les agradezco que me hayan alojado en su casa. Pero tengo que irme.
De momento le traigo uno. Ya habrá más para que pueda cambiarse. Pruébeselo Le quedará bien. Si necesita cualquier otra cosa, dígamelo.
Gasolina. Necesito gasolina para el coche. Ya se lo he dicho unas cuantas veces. Me he quedado sin gasolina y tengo que irme.
Los coso yo, ¿sabe? No imagina la cantidad de horas que empleo en llevar esta casa. El mantenimiento. La limpieza. [...]
¿Por qué no me escucha?
Claro que la escucho. Pero tiene que relajarse. Nada más que eso. Sólo relajarse
Me iré andando. Saldré de aquí aunque tenga que escalar la verja.
Tresa la oyó, pero no la oyó.
Debemos desprendernos de lo que no nos es útil. Renunciar a ello. De lo contrario, terminaríamos todas a empujones y codazos. Nos odiaríamos. [...]
¿Por qué no me lo dice de una vez? No pensarán que voy a quedarme aquí… En esta casa.»
De bestias y aves, Mujeres españolas que escriben
(Foto aparecida en El Cultural
del 10-16/1/2025)
 
Es De bestias y aves una novela densa, profunda. Pilar Adón presenta un mundo, el terrenal, sobrevolado por aves, animales que no están limitados por muros. El resto de seres vivos son bestias que apenas si tienen la libertad de poder ir a donde quieran; siempre topan con limitaciones físicas o mentales, siendo más fáciles de traspasar las primeras que las segundas. Echo mano de las palabras que Lorena pone en la estupenda reseña que dedica a esta novela. Dice Lorena que según un tal José Miguel Muñoz Santana, exégeta religioso, «los animales, al no ser esclavos de su mente, están en total conexión con su ser y por tanto en estado de reposo. Los humanos, en cambio, tenemos capacidad de razonar, lo cual nos lleva a desvincularnos de nuestra condición animal y de nuestra pertenencia a la naturaleza. Nuestra mente, además, crea sus propias formas de entender la realidad, estando estas muy influenciadas por el ambiente y la sociedad». Cada persona, pues, acarrea con una mochila en la que viaja su impedimenta mental. Este bagaje es el que lo fija a un lugar, a un paisaje, a un pensamiento.  El ser humano es un ser vivo que desde su condición animal de bestia debe procurar elevarse a la de ave porque son las aves (bestias diminutas) los seres más libres que habitan la naturaleza; estas aves son en cierta manera y paradójicamente peces que se deslizan por el medio que se refleja en las aguas. Y estas aguas en la novela son las del lago donde Coro, su hermana, las mujeres que vigilan, Rebeca, el resto de mujeres de Betania... se sumergen y encuentran reposo y paz.
«También ella era fruto de la tierra. Un elemento más del universo. Guiándose por una norma que consistía básicamente en no tratar a los demás como no querría que la trataran a ella. O al revés: tratar a los demás como querría que la trataran a ella. ¿Qué buscaban todas las criaturas del mundo, al fin y al cabo? Alimento. Espacio. Compañía.»

20 oct 2024

Precioso veneno. Mary Webb

12 comentarios:

«Era todo un espectáculo. Como toda la granja estaba rodeada de campos sembrados con cereales, parecía un montón de oro entre los oscuros bosques y prados de alrededor. Y los colores brillantes de los vestidos de las mujeres, los blusones color crema y las camisas de colores de los hombres, los caballos relucientes y los bueyes de colores intensos, los pajares amarillos con sombras azules, las imponentes cargas amarillas en las carretas, formaban una imagen que pocas veces puede verse en esta vida, al menos en aquellos tiempos.»

Precioso veneno, Mary Webb, autoras olvidadas

He leído Precioso veneno de Mary Webb por recomendación de algunos magníficos blogs que sigo desde hace mucho tiempo. Concretamente tres han sido las páginas webs que me decidieron a leer esta novela: Cuéntame una historia de Rosa Berros, que fue quien la reseñó en primer lugar; tras ella el tándem que forman Marian del blog Marian lee más libros y Mariana del blog Los libros de Mava, quienes subyugadas por lo que leyeron en la reseña que Rosa le dedicó confiesan en sus respectivas críticas que no pudieron contener su deseo y se precipitaron en la hermosura de este Precioso veneno

Desde aquí, queridas amigas, Rosa, Marian y Mariana, muchas, muchas, muchísimas gracias por vuestro contrastado juicio y  fino olfato literario. Gracias a vosotras, además de disfrutar leyendo, he conocido un sinfín de aspectos relativos a la autora que han enriquecido más aún si cabe la propia lectura de esta delicada y magnífica novela.


La autora 
Mi amiga Marian  dice en su blog sobre Mary Webb lo siguiente: 
«Mary Gladys Webb (1881-1927) fue una novelista y poeta inglesa. Aprendió a leer con su padre y siguió luego en el colegio. A los veinte años empezó a tener síntomas de una enfermedad que le provocó tener ojos saltones y bocio. Se casó en 1912 con un maestro que al principio la apoyó en sus ambiciones literarias. Su falta de salud y belleza la atormentó durante toda su vida.»
 A esta oportuna información cabe añadir lo que Jan Arimany. editor de Trotalibros Editorial responsable de la edición aparecida en 2023 de la novela que he tenido en mis manos, dice sobre la escritora:
«cuando empecé a investigar sobre Mary Meredith, descubrí lo mucho que tiene de autobiográfico "Precioso veneno". Como Prue, Mary era una niña sensible, solitaria y soñadora que creció en la región de Shropshire, su querido hogar y refugio. [...] El fracaso literario se sumó al fracaso matrimonial, y este al sufrimiento y la soledad a la que la condenó la enfermedad autoinmune de Graves-Basedow que padecía y cuyos síntomas incluyen ojos hinchados, insomnio, nerviosismo y temblores.»

La novela
Precioso veneno (Precious Bane) apareció en 1924 en Inglaterra siendo traducido por Pedro Ibarzábal, Editorial Sudamericana, en 1944, con el título Ponzoña Mortal. Desde ese momento la novela cayó en el olvido hasta que Trotalibros con traducción de Carmen Francí la sacó en febrero de 2023. Curiosamente Editorial Libros de Seda, con traducción de Ricardo García Herrero y el título de Perdición la ha publicado este 2024, cuando se cumple un siglo de su aparición primera. Del resto de la Obra de Mary Webb sólo se han vertido al español tres títulos más, todos ellos durante la década de los cuarenta del siglo pasado. Precisamente fue en esa década, concretamente en 1947 cuando falleció Stanley Baldwin, el principal valedor de la novelista,  quien en 1928 había prologado una edición que se hizo de Precious Bane en homenaje y recuerdo de la novelista desaparecida seis meses antes. Gracias a las palabras que dedicó a esta novela en dicho prólogo el por entonces primer ministro británico, Mary Webb no quedó relegada al olvido como tantas y tantos novelistas que «no tuvieron la suerte de llamar la atención de un primer ministro»., dice Jan Arimany en la Nota del editor que aparece al final del libro.  


Sinopsis (tomada de la página de la propia editorial)
En los tiempos de las guerras napoleónicas, la joven Prudence Sarn, rechazada por sus supersticiosos vecinos debido a su labio leporino, halla refugio en la cautivadora naturaleza de Shropshire. En la soledad de la campiña, las lagunas y los bosques de la región, la consume el anhelo de ser amada, pero su maldición hace imposible cualquier esperanza. Solo puede confiar en su hermano, Gideon, cuya avaricia provoca la ira del temible brujo Beguildy y desata terribles consecuencias.

Prudence Sarn (Prue) tiene 15 años al inicio de la historia. Estamos en 1811. Inglaterra está como de costumbre en plena rivalidad con Francia. En este contexto la novela se centra en la vida campesina de unas cuantas familias de las tierras de Sarn en el condado de Shropshire, las cuales viven con muchos trabajos de los productos que cultivan. Prue Sarn, que es quien cuenta la historia, se centra en lo acontecido dentro de su propia familia: la muerte inopinada del padre a consecuencia de la ira desatada contra Gideon, hermano de Prue, al haber sido engañado por éste cuando le dijo que había ido a misa siendo mentira; cómo Gideon, llevado del sentimiento de culpa, se convierte en comedor de los pecados del padre adoptando el tradicional y legendario papel de 'comedor de pecados' del fallecido a fin de que su espíritu no vague sin encontrar el descanso eterno; la avaricia y el deseo de hacerse rico que Gideon experimenta al convertirse en heredero de las posesiones paternas; la terrible maldición que cayó sobre Prudence antes de ella nacer al haberse cruzado una liebre por delante de la madre durante el embarazo; los enamoramientos entre los jóvenes...
«Y mientras escuchaba el sonido adormecido de los gritos de las cornejas y el aleteo que hacían cuando se posaban, pensé que este era un mundo muy raro, en el que enterrabas a tu padre por la noche y al amanecer te ponías a pensar en desayunos, casas y oro; en el que tenías que cargar con una maldición toda la vida porque una pobre liebre había mirado a tu madre antes de que nacieras; en el que un hijo, al comer el pan y beber el vino que había hecho su madre, cargaba sobre su pobre alma con todos los pecados de su padre.»
Fundamental en el relato es, como digo, el amor, los enamoramientos entre jóvenes. Así vemos cómo Gideon lo hace de Jancis, hija del brujo Beguildy quien dice que sabe curar enfermedades a base de conjuros y encantamientos, amén de poder comunicarse con los espíritus; por su parte Prue, que se cree condenada a no conocerlo por la maldición reflejada en su labio leporino, que a ojos de la comunidad de Sarn la hace ser tenida  por bruja, sabrá o al menos intuirá lo que es cuando en una fiesta -la fiesta del hilado- aparezca el tejedor Kester Woodseaves, hombre del que están prendadas todas las mujeres: la atrevida Felena, esposa del pastor; las mujeres del sacristán y del molinero; Polly, hija del molinero, y Tivvy, hija del sacristán; Moll y Sukey, hijas del boyero... No cabe decir más al respecto pues se destruiría uno de los atractivos de esta novela. Hay que leerla y disfrutarla. 

Y digo disfrutarla porque aparte del desarrollo de los amores de unos y de otros la manera como Mary Webb  presenta esta historia es magnífica. En primer lugar es un canto a la naturaleza, a la vida en el campo, a los trabajos que allí se desarrollan, a las leyendas que acompañan la vida en esas zonas brumosas y pantanosas en torno a la laguna de Sarn, a la condición femenina en ese siglo XIX y en esa época (las guerras napoleónicas) que la autora evoca con nostalgia por ver que es una época ya desaparecida, superada por la vida moderna del siglo XX que se la ha llevado por delante. Y todo esto envuelto en un lenguaje literario pertinente que no llega a abrumar con su preciosismo aunque a veces linda con ello. Pero la escritora sabe dosificarlo y logra transmitirnos el inmenso amor que por la naturaleza y todo lo que ésta encierra ella siente. Las descripciones de los paisajes habitados por aves, plantas, leyendas, el folklore, la superstición, la magia... y, claro, los seres humanos, llegan muy adentro del lector.
«Miraras adonde miraras, todo era de oro, excepto hacia Sarn, donde empezaban los bosques y la gran extensión de agua gris que brillaba y se estremecía bajo el sol. Ni los bosques ni el agua tenían un aspecto sombrío en aquel buen tiempo primaveral, cuando las hojas brotaban y las copas de los abedules tenían el color del trigo. Sólo nuestro robledal tenía siempre aire de otoño, ya que las hojas jóvenes eran muy marrones. Así que nuestro mayo siempre tenía un soplo de octubre. Pero era agradable sentarse en los prados y mirar hacia las colinas lejanas. Los alerces alzaban su verde intenso, y el oro de las prímulas parecía meterse en el corazón, e incluso la laguna de Sarn no era más que una neblina azul junto a la neblina amarilla de las copas de los abedules. Y había tal quietud en el lugar que si pasaba una abeja silvestre, por no decir un abejorro, te sobresaltaba como si fuera un grito.»
Consigue Mary Webb lo que pocas veces se logra, que una historia particular y lejana en el tiempo se convierta en reflejo, por persistencia o ausencia, del propio momento en que la misma se está escribiendo. Así en esas mujeres oprimidas, coartadas en su libertad y destinadas única y exclusivamente al matrimonio, subyace la reivindicación por la liberación de aquellas que en este momento tienen o tenían el libro en sus manos. En este sentido tiene mucha razón el juicio del editor Jan Arimany sobre el abundante autobiografismo contenido en este relato. Podría decirse sin temor a exagerar que la novela es una reivindicación de corte feminista. Así vemos cómo en los dos grupos -hombres y mujeres- la escritora se decanta claramente por el suyo, el de las mujeres. Todas ellas, incluso la procaz Felena, tienen elementos positivos. Por contra el grupo de los hombres, excepción hecha del muy agraciado Kester Woodseaves, peca de múltiples defectos: envidia, violencia, avaricia desmedida, maltrato a las mujeres, consumo de alcohol desmedido, brujería, odio... Poco salva de ellos, quizás un atisbo de amor en el frío y avariento Gideón hacia Prue y en otro sentido hacia Jancis; sin embargo yo pienso que esta parte positiva del hermano es más un deseo por parte de la propia narradora que otra cosa.

Por último quisiera destacar la mostración que hace Mary Webb del arte de escribir en alguna que otra reflexión metaliteraria que, oculta tras la narradora en primera persona que es Prudence, realiza:
  • «pero no quiero adelantar ahora lo que todavía no toca contar.»
  • «"Él", digo, como si el lector tuviera que saber, como yo supe en aquel momento, quién era.»

Como se ve el momento de escritura no coincide con el del relato. Prue escribe alejada de estos recuerdos, igual que Mary Webb lo hace evocando el siglo anterior al suyo. Una Mary Webb que, por su manera de contar y sus reivindicaciones o presentación de las problemáticas femeninas, ha sido comparada con Emily Brönte o Thomas Hardy. 

«El tiempo está en calma, como si fuera una tarde tranquila cuando los campos están nevados, el cielo adquiere un tono verdoso y las ovejas balan. Estoy sentada junto al fuego con una Biblia al alcance de la mano, soy una mujer mayor y cansada que tiene que cumplir una tarea antes de dar las buenas noches a este mundo.» (Prue en el capítulo La laguna de Sarn del Libro Primero)

A mí, al igual que a Rosa del blog Cuéntame una historia, Precioso veneno me ha recordado bastante a "Ritos funerarios" de Hannah Kent. Pero también según avanzaba en la lectura resonaba en mi cabeza "Harriet" de Elizabeth Jenkins, si bien el tono que imprime en su novela Mary Webb es menos gótico y terrible que el existente en estos dos títulos. También por las referencias religiosas e insistencia en la propia contingencia del ser humano varias veces me venía a la mente El gran teatro del mundo de nuestro Calderón de la Barca:

«Somos los títeres del Creador. Él nos saca de la caja cuando quiere y dice: «¡Ahora bailad!». O ahora nos toca inclinarnos, agitar una mano y caer desfallecidos. Y luego Él nos mete en la caja y se termina el juego. Puede ser una representación cómica, navideña o una tragedia, según a Él le plazca. La obra la hace Él.»

Y ya, aunque sin semejanzas en el asunto, hay momentos, mejor  casi sería decir frases, en este libro que me han evocado a autores que nada tienen que ver con esta escritora y poeta inglesa, ¡así de universal es la creación literaria! En la lectura del Prefacio que firma la propia Mary Webb me parecía estar leyendo al mismísimo Francisco de Quevedo («Somos el pasado del mañana. En este mismo momento nos vamos borrando como las imágenes pintadas en las esferas móviles de los relojes antiguos: un barco, una cabaña, el sol y la luna, un ramillete de flores. La esfera gira, el barco asciende y se hunde, el sol pintado de amarillo se pone, y nosotros, que éramos lo nuevo, vamos adquiriendo un carácter mágico.»). También el poema de Juan Ramón 'El viaje definitivo' venía una y otra vez a mí cuando leía lo que escribe en el momento de la muerte del padre (ya citado en esta reseña) o en otro triste instante cuando la narradora reflexiona sobre su desgracia y la del propio Jesucristo crucificado:

«El sol dorado lo envolvía todo, como la miel envuelve a las abejas en los panales, y el aire azul, el agua marrón, el prado verde eran tan hermosos que o podía creer que fuera a derramarse sangre en un día así. A veces me pregunto si hacía buen tiempo y estaba despejado en el Gólgota cuando María miró la cruz, y si cantaba algún pajarillo y las abejas se afanaban en el trébol. ¡Desde luego! Creo que hacía un tiempo claro y luminoso. Para que no faltara amargura en aquel cáliz, ya que, sin duda, hay pocas cosas más amargas que contemplar la crueldad del hombre en una mañana hermosa.»


En conclusión
Una novela que mezcla naturaleza, leyendas, realidad, folklore, ruralismo, destino de la mujer en el siglo XIX... Una novela que aunque evita caer en un maniqueísmo absoluto: buenos muy buenos, y malos muy malos, sin embargo no lo logra de manera absoluta al presentar en posición preeminente a las mujeres frente a los hombres, y salvar de entre éstos sólo a uno, una joyita de ser humano, más un ideal que una realidad, me parece.

autoras inglesas del primer tercio del siglo XX
https://booknode.com/auteur/mary-webb
A mí Precioso veneno me ha gustado a pesar de que reconozco que no es la mejor novela de todos los tiempos (¡eso es difícil y les ocurre a casi todas!). Tiene fuerza, ingenuidad pretendidamente buscada, muestra un gran amor por la literatura, y sobre todo por la naturaleza y todo lo que esta encierra: aves, plantas, leyendas, folklore (canciones populares, juegos infantiles...). También, claro, ese gran amor alcanza a los seres humanos que la habitan, la transforman y que conviven con la infinidad de creaciones fantásticas y relatos mágicos que desde la noche de los tiempos los vienen acompañando. En su estilo y proceder literario enlaza con los cuentos mágicos y maravillosos de los Hermanos Grimm

Nos encontramos, como en esos cuentos, con una lectura de índole moral, que persigue una clara enseñanza que es la siguiente: poner los bienes, el dinero, por encima de todo es un mal negocio, no genera más que desgracias; la vida es mucho más que bienes materiales. Se apoya este mensaje en argumentos que los distintos personajes, tanto en el ámbito de la religión cristiana como en el de la superstición y la magia, dan para una cosa y su contraria. Pero la principal evidencia de que vivir por y para el dinero es nocivo la toma la narradora de El paraíso perdido de John Milton donde se lee, según la traductora dice en una nota al final, lo siguiente: «Nadie debe admirarse de ver tantas riquezas encerradas en el fondo del infierno, pues, precisamente, su suelo es el más a propósito para tan precioso veneno»

Muchas más cosas de índole exclusivamente literaria se podrían decir de esta magnífica novela que encierra una gran modernidad en muchos aspectos: esa casi desaparición de la figura del narrador que pese a serlo en primera persona siempre se asegura de dar verosimilitud a todo lo que narra («Más tarde Jancis nos contó [...]», «Lo sé porque Tim, el del molinero, estaba en el bosque en ese momento y vino corriendo a contármelo, asustado»), y también en que como narradora procura que los juicios que da sobre otros personajes no caigan en lo subjetivo sino que sean opiniones compartidas; luego está el colorismo presente en esas enumeraciones de elementos naturales [un ejemplo claro puede verse en la cita que abre esta reseña]; y también, claro, la plasticidad y sensualidad que logra a través de hermosos símiles, personificaciones, el gusto tan asentado que tiene por las sinestesias...; etc., etc.
«Pero no te gustará cosechar el precioso veneno del que habla el libro que me prestó el vicario. No querrás que crezca lo que crece en el infierno, hermano.»
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Nota:
Precioso veneno de Mary Webb viene a engrosar la lista de clásicos leídos por mí dentro del Reto "Nos gustan los clásicos"