La obra
Durante un viaje de placer a Cancún, dos matrimonios, amigos desde hace muchos años, animados por la bebida y el ambiente vacacional discurren sobre cómo sus vidas podrían fácilmente haber sido otras si el final de una fiesta de hace 25 años se hubiera desarrollado de otro modo, y en consecuencia la elección de las parejas hubiese resultado distinta. Este hecho les hace fantasear e imaginar cuál sería su comportamiento si ese hipotético emparejamiento hubiese tenido lugar.
El buen hacer teatral de Jordi Galcerán le lleva a emparentar los sucedidos acaecidos entre dos despertares con obras clave del teatro universal; estoy pensando especialmente en la shakespeariana El sueño de una noche de verano, pues al igual que en ésta los emparejamientos reales parece que no se corresponden del todo con los deseos más escondidos de los personajes. Pero el magnífico escritor no se conforma con esto sino que sabe introducir la sorpresa y lo inesperado en la trama para regocijo de los espectadores.
Es una obra colorista y divertida pese a hacer aflorar aspectos ocultos con los que la mayoría de los seres humanos viajamos por la vida. En ocasiones, en especial al final, su estética y puesta en escena trajo a mi mente los desenfadados seriales que llenan gran parte de la parrilla televisiva; no hay que olvidar que Jordi Galcerán fue guionista de culebrones televisivos en la televión autonómica catalana.
Los cuatro actores (María Barranco como Reme, Francesc Albiol como Paco, Vicente Romero como Vicente, y Aurora Sánchez como Laura) están a un muy alto nivel. No hay diferencias sustanciales entre unos y otros; los cuatro poseen vis cómica, aunque quizás por su personaje sea Vicente Romero quien más deleite al público. Lo interesante es que los cuatro personajes tienen psicología reconocible, de modo que la comedia más que de situaciones lo es de personajes.