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2 abr 2017

Universo Faulkner en "Luz de agosto"

14 comentarios:
«La maldición de la raza negra viene de Dios. Pero la maldición de la raza blanca es el negro, que será eternamente el elegido de Dios porque un día le maldijo».

"Luz de agosto" presenta una serie de auténticos sinos trágicos contra los que los humanos nada pueden hacer. Son varios los personajes que apenas si consiguen sobrellevar el destino que les viene impuesto. En primer lugar tenemos a Lena Grove, una joven de apenas 17 años encinta por culpa de un hombre, Lucas Burch, que tras seducirla le ha dicho que se marcha en busca de mejores condiciones de vida y que la avisará cuando se haya establecido convenientemente. Lena, menospreciada en su casa por su hermano, se lanza al camino en busca de Lucas de quien tiene entendido está trabajando en un aserradero. Desde su Alabama natal caminará jornada tras jornada preguntando a quien se encuentre por el paradero del padre del hijo que lleva en su seno. Un carretero la llevará hasta Jefferson; en su aserradero Lena habla con Byron Bunch, un hombre bueno cuya vida es el trabajo y la dirección del coro de una parroquia a 30 millas de allí. Este tal Byron la escucha y por las señas físicas que la chica le proporciona descubre la identidad del hombre que la sedujo y la abandonó. Lo malo es que Byron, que se creía, dada su edad -tiene ya treinta años-, inmunizado contra el amor, se ha enamorado.
Coincidiendo con esta conversación una casa de campo, la de la señorita Burden, está ardiendo y todo el pueblo con su sheriff Watt Kennedy a la cabeza se ha desplazado hasta el lugar. Muy cerca de la casa grande de la srta Burden que ahora está ardiendo, en una cabaña de negros, viven Joe Brown Joe Christmas, dos forasteros que desde hace un tiempo -Christmas ya va para tres años; Brown apenas hace unos pocos meses- trabajan en el aserradero. Precisamente la descripción que Lena hace de Lucas Burch coincide totalmente con el aspecto físico de Brown.

Estos dos hilos -la búsqueda por parte de Lena y la historia de la srta Burden- más todos los seres que participan en ellos conforman lo que podríamos denominar el universo Faulkner de esta novela. El novelista va poniendo el foco sobre unos y otros personajes dándonos su genealogía que en la mayoría de los casos se remonta hasta la lejana época de la Guerra de Secesión americana, esa guerra que ganaron los unionistas del norte que abolieron la esclavitud a la que tan apegados estaban los confederados del Sur, quienes por ello vieron arruinado su estilo de vida. La familia de William Faulkner formaba parte en esa lejana época de la facción derrotada y arruinada; su propio bisabuelo combatió como soldado en dicha guerra, y no pocos personajes de las novelas que el novelista escribió son reflejo de este hombre que como muchos otros debieron de acomodarse a la nueva situación, una mutación nada fácil.

La novela transcurre durante dos o tres días de agosto de un año de la década de los años 20 del siglo pasado en que estuvo vigente la Ley Seca. En esa época, naturalmente, los negros eran libres legalmente aunque sus condiciones de vida eran poco menos que infrahumanas, pues, si bien el Norte ganador había prohibido la esclavitud, en los estados del Sur se impuso la segregación racial. Los negros vivían separados de los blancos, tener contacto con un negro era considerado ominoso, proceder de una familia de sangre negra era un baldón y una condena de por vida. El aspecto externo es esencial en la separación de razas. En este maravilloso relato un personaje, Joe Christmas, se considera a sí mismo maldito por tener la convicción de que por sus venas corre sangre de negros; sin embargo su porte y figura no son de negro. Aquí radica una de las grandes tragedias de esta narración: Christmas, por cuyas venas discurre sangre de negro, no puede evitar el destino al que su condición racial le dirige: violencia, maldad, predisposición para la muerte...
Las alusiones despectivas referidas al comportamiento propio del negro son abudantes en "Luz de agosto":
"No llevan más de seis horas de retraso y pensar que ese pobre imbécil no ha tenido inteligencia para… Si no hubiese otras pruebas, ésa bastaría para demostrar que es un negro…" (p. 274)
"De vez en cuando, no obstante, una nodriza negra, con sus niños blancos, se detenía para descifrarlas en voz alta, con ese aire vacío y estúpido de las personas de su especie, ociosas e ignorantes" (p. 50)
Guerra de Secesión americana, Confederados vs Unionistas
"—Él mismo me dijo que era negro. ¡El hijo de puta! ¡Cuando pienso que me he dejado acariciar por ese cochino negro para que luego me metiese en un lío con su policía de palurdos! ¡Y en un baile de palurdos!" (p. 193)
"Expresaban en voz alta su opinión de que se trataba de un crimen de negro, cometido, no por un negro, sino por el Negro. Sabían, creían y esperaban que la mujer hubiese sido también violada, al menos una vez antes de tener la cabeza cortada y al menos otra vez después." (p. 254)
La figura de Joe Christmas es uno de los ejes de la novela: entregado a un orfelinato desde el mismo día de su nacimiento, su vida no será un camino de rosas en especial con la familia que lo adoptó a los cinco años de edad: los McEachern, integristas presbiterianos que en todo ven pecado y abominación y que sólo viven para el trabajo y tener sosegadas las pasiones. El método educativo que los McEachern utilizan es el castigo físico por cualquier cosa:
"No era el trabajo duro lo que él odiaba; no eran tampoco los castigos ni la injusticia. Ya estaba acostumbrado a ello, incluso antes de conocer a sus padres adoptivos. No esperaba menos y, por consiguiente, no se sentía ni ultrajado ni sorprendido. Era la mujer: aquella tierna bondad de la cual se creía condenado a ser siempre la víctima y a la que odiaba más que a la justicia dura e inflexible de los hombres."
Joe Christmas debe arrostrar su maldita condición de negro desde su nacimiento, y Lena Grove deberá de sobrellevar como pueda su condición de mujer que la conduce a la maternidad que ella acepta incluso dentro de una sociedad que critica hasta la náusea el que carezca de marido. Cada uno tiene al lado a un compañero que le 'ayudará' a lograr sus fines: en el caso de Christmas está Brown que por dinero denunciará a quien le acogió en su casa; por su parte, Lena contará con la benevolente 'ayuda' de Byron que la protegerá en todos los sentidos. Son Lena y Christmas epítomes de bondad y maldad respectivamente; estas características están en la base de sus correspondientes tragedias.

Por último hay un tercer pie que sostiene todo el relato. Se trata del reverendo Hightower, un personaje atormentado, obsesionado con sus orígenes, en este caso por su difunto abuelo muerto en la guerra civil americana. La innoble muerte de su abuelo sudista cuando se encontraba robando gallinas en un gallinero para saciar el hambre que llevaba sufriendo durante todos los años de guerra le acompaña continuamente. Su vida en Jefferson, el deseo de ser pastor en esta localidad no era una cuestión religiosa sino la satisfacción de unirse al destino del abuelo sudista al que admiraba.

Religión y Sexo. Con el reverendo Hightower aparece en el relato el fortísimo peso que tiene la religión. Una religiosidad protestante exacerbada que tiene encumbrado el castigo y el sufrimiento como medios para acercarse a Dios; una religión, puritana hasta el exceso, que considera impuro y abominable el sexo y que al tiempo lo busca desaforadamente; una religión que tiene como el sumun de lo deleznable practicar sexo con la raza negra por considerarla infecta. De aquí que Christmas no se soporte a sí mismo ni siquiera cuando tiene sexo apacible con la blanca srta Bundren; mucho menos, naturalmente, si es con mujeres de color.

Misoginia. Se desprende de toda la narración una animadversión grande hacia la mujer. Son frecuentes, a veces envueltas en un discutible sentido del humor, las alusiones despectivas al sexo femenino al tiempo que hipócritamente se ensalza las virtudes y entrega maternas:
"Qué mujer, buena o mala, ha sufrido con un bruto tanto como los hombres han sufrido con las mujeres? Respóndame, Byron." [le dice el reverendo Hightower a su amigo Byron Bunch]
"Una vez me dijiste que el diablo me dominaría y me reclamaría sus derechos. Pues bien, ya lo ha hecho. Mi mujer me ha dado una puta." [le lanza Doc Hines a su mujer a propósito de su hija Milly embarazada sin haberse casado]
"«En esto se conoce a la mujer. Ella misma sería capaz de despellejar a otra mujer, pero se pasea sin la menor vergüenza por delante de todo el mundo, porque sabe que la gente, los hombres, la protegerán. No se preocupa de las demás mujeres. No es ninguna mujer quien la ha puesto en lo que ella ni siquiera llama un apuro. Perfectamente. En cuanto una de ellas se casa, o se ve metida en un lío sin estar casada, enseguida la veréis salirse de su casta, abandonar el sexo femenino y pasar el resto de su vida tratando de unirse a la casta de los hombres. Por eso beben, y fuman, y reclaman el derecho de voto»." [piensa Armstid, el carretero que lleva a Lena hasta Jefferson]
William Faulkner, Jefferson, "Sartoris", "Luz de agosto"El ambiente. El sur con su atosigante calor provoca que se haga la vida en la calle y esto favorece la murmuración, la extensión del rumor, el cotilleo... Faulkner utiliza una imagen, la de los insectos que zumban de manera ensordecedora al otro lado de la ventana ("Por la ventana abierta llega la estridulación de los insectos, incansable, monótona, innumerable"; "Joe oyó cómo el ruido del coche ahogaba el rumor de los insectos, cómo el zumbido dominaba el rumor"; "La voz se apaga de nuevo. Por la ventana llega el zumbido continuo de los insectos. Luego, la voz sigue hablando, plana, átona").
Los insectos aparentemente son inofensivos, pero muchas veces su picadura puede llegar a ser mortal. Eso es lo que sucede con esa ciudad vigilante, con la vorágine de la gente que bien arremolinándose frente a la casa incendiada de la srta Bundren, dentro de sus propias casas, o ante la oficina del sheriff donde se encuentra el principal sospechoso pide, exige, de manera atronadora, su derecho a hacer 'justicia', esto es, su derecho al linchamiento, con mayor motivo aún si el asesino es negro y el muerto blanco aunque la familia de la Srta. Bundren y ella misma los favoreciesen
"Entonces, los rumores flamearon de nuevo, resucitados momentáneamente por las mujeres, por las familias que cenaban en torno a las mesas, en salas alumbradas por la electricidad y en cabañas alumbradas por el petróleo, perdidas en las colinas lejanas."
"La ciudad sabía que Hines no trabajaba de una manera regular desde hacía veinticinco años. [...] Por lo demás lo que la ciudad perdonaba no era, tal vez, la consagración de Hines a la salvación de los negros, sino la ignorancia pública del hecho de que el hombre recibiera la caridad de los negros"
La maestría narrativa de William Faulkner
En el post que hice no hace mucho de la novela "Mientras agonizo" [leer la reseña aquí] señalé algunas de las características que en mi opinión hacen que Faulkner fuese -y hasta ahora mismo aún sigue siéndolo- un revulsivo en las aquietadas aguas de la novela. Nada ha sido igual después de su obra novelística.

"Mientras agonizo" apareció en 1930, dos años antes que "Luz de agosto". En ella se narra la peripecia de la familia Bundren para llevar a enterrar a la madre fallecida, Addie Bundren, a su Jefferson natal. Precisamente a esta genealogía pertenece la Srta. Bundren quien en "Luz de agosto" cuenta cómo su abuelo Calvin compró la casa en la que ella vive. Las técnicas narrativas utilizadas por el autor en la novela de 1930 vuelven a aparecer en la que aquí reseñamos, de manera que mucho de lo allí dicho casa completamente también aquí:

La trama la organiza William Faulkner rompiendo la linealidad temporal mediante avances y/o retrocesos (flash forward y flash back) e incluso mediante la mostración de acciones coincidentes a fin de que el contexto, el universo faulkneriano, quede totalmente explícito.

El contenido se distribuye en 24 capítulos de semejante extensión en los que con los recursos anteriores extiende en años la narración hacia atrás y hacia adelante; una narración cuya duración en tiempo real no va más allá de esos tres o cuatro días de un caluroso agosto iluminados por un sol de justicia y una clara luna nocturna.

De nuevo aquí reproduzco lo dicho para la novela anterior por ser absolutamente pertinente aquí:
Todo este 'universo narrativo Faulkner' se presenta magníficamente envuelto en un lenguaje pleno de simbolismos, metáforas, vocabulario literario, innovaciones tipográficas, mezcla de fragmentos en estilos diversos: directo, indirecto, indirecto libre, y sobre todo en unas técnicas narrativas: focalización múltiple, contrapunto, disolución o cuasi desaparición del narrador mediante el monólogo interior y el flujo de conciencia (los personajes viven dentro de sí mismos y llegamos a conocerlos a través de sus silencios que se hacen patentes mediante estas técnicas), multiperspectivismo..., etc. que sorprendieron a propios y extraños.

Lenguaje poético. Tan sólo citaré algunos fragmentos en los que puede apreciarse -a pesar de la traducción y quizás -seguro- gracias a la buena traducción de Enrique Sordo- la belleza de la prosa del autor:

"La casa reposaba, sumergida en el claro de la luna, sombría, profunda, ligeramente pérfida. Era como si, bajo la luz de la luna, la casa adquiriese una personalidad amenazadora, traidora.". Hay mucho de cinematográfico en esta descripción. No podemos olvidar que Faulkner trabajó de guionista en Hollywood durante algunos períodos de su vida. Fundamentalmente trabajó para el director Howard Hawks en películas como "El sueño eterno" (1946) o "Tierra de faraones" (1955)

Su prosa está en el origen del realismo mágico que oficializarían en los años sesenta un Gabriel García Márquez o un Mario Vargas Llosa, autores que junto con otros muchos bebieron en las aguas narrativas de William Faulkner quien utiliza imágenes que superan el nivel de la realidad:
"La calle pasó a través de los estados de Oklahoma y de Missouri, descendió hacia el sur, hasta México, y luego subió de nuevo al norte, a Chicago y a Detroit, antes de descender una vez más y detenerse al fin en el estado de Mississippi."
Esta realidad dudosa, mágica, incierta, se evidencia en ese narrador inseguro que no tiene certidumbres absolutas. De esta manera el autor logra que el relato ingrese, entre y salga, en el terreno de la irrealidad mítica:
"Quizás aquello era una parte de lo que la mente ignoraba."
"«Quizás tienen razón cuando introducen el amor en los libros —pensaba él [Hightower] serenamente—. Quizás no puede vivir en otra parte»."
"Quizás pensó en aquella otra ventana que él había usado y en la cuerda en que tuvo que confiar; o quizás no."
Este ingreso en lo mítico lo realiza también a través de lo onírico y lo telúrico. Lo telúrico, la unión con la Tierra, está presente especialmente en la Mujer que mantiene con la naturaleza una mayor comunicación:
"Ha bajado la cabeza, los ojos vacíos, como si escuchase algo muy lejos, o tan cerca que lo siente dentro de sí misma. Su rostro ha perdido el color, el pleno ardor de su sangre, y permanece sentada, sin moverse, escuchando, sintiendo la tierra implacable e inmemorial, pero sin temor ni alarma." [Lena Grove]
"Lo que tenía de terrible era que ella no quería ser salvada. «Todavía no estoy dispuesta a rezar», decía en voz alta, tranquilamente, rígida, inmóvil, con los ojos muy abiertos, mientras la luna fluía, fluía por la ventana y llenaba la alcona de algo frío, irrevocable, de algo enloquecido de arrepentimientos" [la srta. Burden se une a la tierra, a la marcha del mundo, se convierte, o mejor se identifica, con la propia naturaleza de la que procede y forma parte. Por eso aun no quiere 'rezar', utilizar este recurso del miedo que la civilización ha creado].

Lo onírico es una de las características del mundo faulkneriano. Un mundo que sucede dentro de los propios seres que lo piensan desordenadamente y como sin querer a través del monólogo interior o del flujo de conciencia:
"«No sería extraño —piensa Hightower— que me hubiese saltado una generación. No sería extraño que yo no tuviera padre y que me hubiese muerto una noche, veinte años antes de haber visto la luz. No sería extraño que sólo pudiera salvarme yendo a morir al lugar donde mi vida ya había cesado antes de haber comenzado realmente»."
"Habla en el mismo tono muerto y monótono. Las dos voces son como estrofas y antiestrofas, dos voces sin cuerpo que relatan, como en sueños, algo realizado en un país sin dimensiones por seres inmateriales." [mientras Byron y Hightower conversan]
Para finalizar
"¡Absalón, Absalón!", "Luz de agosto"He titulado la entrada "Universo Faulkner" y he empleado la frase en no pocos momentos en este post. La razón es que el mismo escritor lo quiso dejar claro cuando en su novela "¡Absalón, Absalón!" adjuntó un mapa del ficticio y mítico Condado de Yoknapatawapha en cuyo centro está la localidad de Jefferson donde todo sucede o todo confluye. Este univero Faulkner no se limita sólo a la localización, también los seres que pueblan sus escritos están de una u otra manera interrelacionados. En "Luz de agosto" tiene protagonismo especial la Srta. Bundren que genealógicamente se relaciona -ya lo he dicho antes- con la familia de Calvin Bundren quien junto a sus hijos conduce, en "Mientras agonizo", el cadáver de la madre muerta, Addie Bundren, hasta Jefferson para enterrarla.

También referida a la srta. Bundren hay en "Luz de agosto" una referencia a Sartoris, el coronel confederado, que protagoniza la novela de mismo título, "Sartoris", que publicara en 1929 y que el mismo novelista recomendaba como la primera que había que leer para comprender debidamente este universo de relaciones locales y familiares construido por él en ese Condado de Yoknapatawapha.
"«El chico se llamaba Calvin como su abuelo y era tan alto como su abuelo, pero moreno como la familia materna de su madre y como su padre. Pero su madre no era mi madre. Calvin y yo no éramos más que hermanastros. Mi abuelo fue el último de diez hermanos, mi padre el último de dos y Calvin el último de todos.» Calvin apenas había cumplido los veinte años cuando fue asesinado en la ciudad, a dos millas de su casa, por un soldado confederado, un antiguo propietario de esclavos llamado Sartoris, durante una discusión sobre el asunto del voto de los negros."[la srta Bundren cuenta a Christmas su biografía al tiempo que a su mente fluyen los recuerdos]
En esta saga Sartoris hay una constante: mujeres fuertes y decididas, frente a hombres débiles y fracasados. ”El personaje del coronel Sartoris lo modeló el escritor a partir del de su bisabuelo,William Clark Falkner, y varios de los hechos atribuidos a Sartoris(especialmente el ser destituido por sus tropas, construir un ferrocarril y morir a manos de un antiguo socio) le ocurrieron de la misma forma a Falkner” [leído en  William Faulkner on the web].

Del mismo modo, aunque sin nombrarlo, el delirio de pesadilla que sufre el reverendo Hightower al final de la historia que hemos leído es un intento de recuperar, a través de este personaje, la propia memoria familiar del bisabuelo que murió de manera poco heroica. También, puede ser un intento de limpiar el baldón del esclavismo antiguo de su familia sudista.

No hay espacio aquí ya para hablar de influencias de Faulkner sobre otros autores. Basta con leer con atención la cita anterior de la novela "Luz de agosto" para ver bien a las claras el fortísimo influjo del escritor norteamericano sobre autores como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Vargas Llosa, OnettiGarcía Márquez, y tantos otros.

20 dic 2016

"Los caballeros las prefieren rubias" - Anita Loos

16 comentarios:
Como ya dejé dicho en twiter, con este libro de Anita Loos me ha sucedido algo que casi, casi, había olvidado: lo he dejado plantado sin complejo de culpa alguno. He de aclarar que el libro que la editorial Alba ha sacado lujosamente editado se compone de dos novelas cortas: la primera, "Los caballeros las prefieren rubias"; y la continuación de ésta titulada "Pero se casan con las morenas".

Decidí leer el libro empujado por el título de la primera novela. Muchas cosas me llamaban a hacerlo: la primera y principal era de índole familiar dado que desde siempre vi en mi casa, entre los libros de mi padre, uno titulado "Como mejor están las rubias es con patatas", obra de teatro con un prólogo y dos actos, escrita por Enrique Jardiel Poncela y estrenada en 1947. Sabía que era una obra humorística y por eso la semejanza en el título con la novela de Anita Loos me hacía pensar que ésta también lo sería, como así es, en efecto. Y sin duda la segunda razón radicaba en el vívido y agradabilísimo recuerdo que guardaba en mi memoria de la película del  mismo título, adaptación de esta novela, que en 1953 dirigió Howard Hawks, y que contaba en los papeles protagonistas con Marilyn Monroe como Lorelei Lee y con Jane Russell en  el de su inseparable amiga Dorothy Shaw.

Mi lectura transcurrió sin sobresaltos aunque sí con cierto aburrimiento por lo repetitivo de la historia que en ella se cuenta. Nos encontramos ante dos chicas procedentes de Arkansas que actúan como cantantes y bailarinas en varios salones. De las dos, Lorelei aparenta ser la más superficial, siendo el sueño de su vida casarse con un millonario. Gracias a sus persuasivas cualidades consigue enamorar a "Gus Eisman, el Rey de los Botones", quien es capaz de hacer cualquier cosa por ella, como regalarle constantemente ropas y joyas.

Lo desdeñable 
Precisamente es este afán por mostrarnos a unas mujeres que usan su atractivo y su "modernidad" para sacar a sus tontos y millonarios admiradores todo lo que pueden, lo que hace cansina y por demás repetitiva la novela ("decidí que lo que más desanima a los caballeros es que una vaya de compras.", sobre todo si tiene que pagarlas a cambio de nada). 

Lorelei y Dorothy son mujeres de extracción rural con escasísima cultura por lo que el enamorado de la primera, Gus Eisman, se cree en la obligación de 'civilizarla' y culturizarla a fin de hacer más llevadera su introducción en los círculos urbanos, cultos y elitistas de su clase social. Como la culturización de un americano de clase alta pasaba en los años 20 obligatoriamente por Europa, Lorelei y Dorothy viajarán a Londres, París y Viena aprovechando que el señor Eisman piensa comprar en esta última ciudad una fábrica de botones. Los compromisos empresariales de Gus dejan a Lorelei y a su amiga campo abierto para flirtear con cuantos caballeros de clase alta se les acercan, y a los que esquilman todo lo que pueden y más. La tremenda incultura de sus dos protagonistas la plasma la novelista en el texto mediante:
  • Faltas ortográficas de calado: ¨un caballero francés que llevaba un huniforme muy bonito¨
  • Confusiones léxicas fruto del desconocimiento: 
  • "El señor Eisman ha llenado literariamente de flores nuestra habitación¨, "Henry es un hombre muy promanente", en vez de 'preeminente')en París visitan "la Torre Infiel", "¿Por qué no invitamos a estas encantadoras señoritas a Fontanbló? (transcripción fonética de 'Fontainebleau'), "En fin, que todas las objeciones del padre de Henry nacen del espíritu de reciprocoposidad"
  • Supina ignorancia: "El caso es que hemos recibido un telegrama, y el que señor Eisman dice, en este telegrama, que Dorothy y yo cojamos un exprés oriental, porque quiere que veamos la central de Europa, porque las chicas norteamericanas tenemos mucho que aprender de la central de Europa". 'Exprés oriental' en vez de 'Oriental Exprés', 'Central de Europa' por 'Europa Central'.
  • Significaciones extraídas de equívocas traslaciones: "el nombre del papá es Robber* que significa Roberto, en francés. Y el caso es que Dorothy empezó a pensar en sus veinticinco francos, y dijo a Robber: –Su mamá demostró conocer bien el idioma, cuando le puso este nombre". 
El chiste anterior se basa en los llamados "falsos hermanos" entre idiomas diferentes: 'Robber' es la traslación fonética de 'Robert' en francés, y en inglés 'robber' significa "ladron".), 

Aspectos salvables 
Hollywood, Cine, Comedia musical,

➼En mi opinión la novela gana algo cuando sin abandonar -nunca lo hace, por cierto- la burla constante a las dos chicas monas, pero lerdas y bobaliconas, aborda otro tipo de humor, diríase más blanco:
  • Sir Francis Beekman quería que bajáramos del coche para ver la torre porque, dijo, a una famosa reina le cortaron allí la cabeza una mañana, y Dorothy dijo: –Qué tonta fue de levantarse, aquella mañana. Y esto es, realmente, la única cosa sensata que Dorothy ha dicho en Londres.
  • La familia de Henry parece levantarse siempre muy temprano. En fin, que levantarse temprano no es tan malo cuando hay alguna razón para levantarse temprano, pero, cuando una chica se levanta temprano para nada, una empieza a pensar que levantarse temprano es una tontería.
Aunque, también lleno de tópicos como los referidos a la proverbial tacañería escocesa:
"Vendí gran cantidad de globos rojos, y le vendí un globo rojo a Harry Lauder, el famoso caballero escocés que es el famoso tenor escocés, por veinte libras. Entonces Dorothy dijo que no tenía yo necesidad alguna de comprar pasaje para París, ya que si era capaz de lo que acabo de decir, igual podía cruzar el canal andando sobre las aguas."
➼La utilización de hechos históricos para ubicar temporalmente la historia quizás sea de lo poco salvable de esta novelita: 
"–Lady, intentar arruinar la reputación de mi amiga es algo así como intentar hundir la marina de guerra judía." . Si se tiene en cuenta que el momento de la publicación de estas novelas es el año 1926 el efecto humorístico es potente.
La forma narrativa elegida. Los dos relatos están narrados por Lorelei Lee. El primero escrito en forma de diario relata el proceso de 'culturización' ideado por Gus Eisman para su protegida la señorita Lee. El segundo es la historia de Dorothy Shaw, relatada por su amiga

Alusiones críticas. A pesar de que de los dos relatos el más entretenido y más legible sea el primero, sin embargo es "Pero se casan con las morenas" el que contiene un mayor número de alusiones críticas estando más incardinado en el momento histórico del año de su publicación:
"El padre de Tony se hartó de la madre de Tony, y se las arregló para que un amigo suyo, turco, llevara a la madre de Tony a un sitio en que se cometió una atrocidad. Parece ser que, a los turcos, no hay nada que les guste más que las atrocidades" (alusión muy crítica al denominado 'genocidio armenio' realizado por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, desde 1915 hasta 1923.)
➼Crítica del falso puritanismo norteamericano evidenciado en esos hombres que se reúnen para censurar escenas inmorales de las películas y que luego se proyectan esas escenas impúdicas para su propio disfrute. ¿Habráse visto tamaña hipocresía?:
"Henry es de una sociedad que se reúne los jueves y que no hace más que censurar películas. El caso es que los caballeros de esta sociedad cortan todos los trozos de las películas en los que sale algo verde que la gente no debe ver. Luego pegan todos los trozos verdes, y pasan la película de los trozos verdes qué sé yo cuántas veces."
Burla del postureo de la alta sociedad que se promociona constantemente a sí misma: 
"Pronto descubrí que el ambiente más literario de Nueva York es el Hotel Algonquin, que es donde todos los genios literarios almuerzan. Sí, porque todos los genios literarios que almuerzan en el Algonquin no hacen más que escribir que este hotel es el sitio en el que todos los grandes genios literarios almuerzan." -confiesa Dorothy, trasunto de Anita Loos.
...y la 'inteligenteLorelei Lee, al oír hablar a los 'genios del Algonguinde James Joyce y de otros grandes escritores europeos, piensa:
"por mi parte, diré que realmente no sé por qué los genios del Algonquin tienen que tomarse la molestia de conocer Europa, cuando Europa no se toma la molestia de conocerles a ellos."
Un dardo contra la crítica literaria:
"el señor H. L. Mencken, Theodore Dreiser, Sherwood Anderson, Sinclair Lewis, Joseph Hergesheimer y Ernest Boyd, dijo Dorothy, estarían allí." [...] "los caballeros del Algonquin son los críticos que dicen a los demás cómo hay que hacer las cosas, y saben comportarse."

Para finalizar
Es evidente -dirá alguno- que para haber encabezado la reseña con ese "la he dejado plantada" parece que hay en ella bastantes aspectos salvables. Pues sí, lo reconozco, algunos hay. De nuevo se demuestra que el dicho atribuido a Plinio el Joven de "No hay libro, por malo que sea, que no contenga algo bueno" no miente.

Marilyn Monroe, Jane Russell, Howard Hawks, Charles Coburn
Creo que la misma Anita Loos era consciente de que lo que estaba escribiendo no era nada del otro mundo y que lo único que pretendía hacer con estas dos novelitas no era más que un divertimento. Así lo confiesa la autora en el prólogo que abre el volumen donde explica el motivo que la impulsó a escribir el primero de sus relatos, que no fue otro que observar cómo en el mundo hollywoodense, que ella como guionista tan bien conocía, los hombres perdían la cabeza por jovencitas tontas y estúpidas de cabeza hueca. En dicho prólogo la escritora escribe lo siguiente: 
"Me puse a escribir mis pensamientos, no con amargura, como hubiese hecho en el caso de ser una verdadera novelista, sino con un sentido del humor que, en términos generales, puede calificarse de infantil."
Y añade: 
"Con los anteriores elementos, cualquier novelista de veras, como Sherwood Anderson, Dreiser, Faulkner o Hemingway, probablemente habría levantado tempestades de indignación en sus lectores. Scott Fitzgerald logró que sus seguidores derramaran lágrimas agridulces con la lectura de hechos parecidos."
Desde luego creo que no puede exigirse a ningún escritor mayor ejercicio de sinceridad. Y tampoco mayor cinismo.