Acabo de finalizar la lectura de la única
novela que publicó en vida Harper Lee, autora norteamericana recientemente fallecida. En homenaje a su figura, en "El Club de los 1001 lectores" elegimos esta novela como lectura de marzo para ser comentada durante este mes de abril. Así ha sido y en la página del Club de Lectura 1001 lectores [pinchar aquí] se pueden leer reseñas interesantísimas y oportunos comentarios sobre esta escritora y su única novela.
Mis sensaciones tras leer "Matar a un ruiseñor" son buenas, aunque en ciertos momentos me ha dado la impresión de que este relato de 1960, premiado con el Pullitzer el año siguiente, ha perdido algo de vigor en el transcurso de estos más de 55 años. La historia narrada ha quedado, además, grabada en nuestras retinas por la adaptación que en 1962 realizó Robert Mulligan y que a mí -e imagino que a muchos otros- ha servido para a lo largo de la lectura poner rostro sobre todo a Atticus Finch (Gregory Peck), a Tom Robinson (Brock Peters) y, en menor medida, a los hermanos Finch: la inocente Jean Louise {'Scout'} (Mary Badham) y Jem (Phillip Alford).
La historia
En 1934, en el condado de Maycomb (Alabama) unos niños, -los hermanos
Jem de 12 años y Scout de 8, junto a su amigo Dill Harris (John Megna) que pasa los veranos en la localidad-,
juegan y fantasean imaginando historias sobre las casas y personas de la
vecindad al tiempo que asisten a la peripecia personal y profesional que vive
su padre viudo, Atticus Finch, a quien adoran y con quien con ayuda de la
criada de color Calpurnia (Estelle Evans) y algo menos de la tía Alexandra, son educados y
aprenden el mundo de adultos que les rodea.
El asunto central de la novela es la denuncia que los Ewell hacen del negro Tom Robinsón al que acusan de la violación de la hija de esta familia, Yemella. El juez Taylor encomienda de oficio la defensa del acusado a Atticus Finch que por ello se verá enfrentado a toda la Comunidad blanca, empezando por su propia hermana Alexandra, que le echa en cara su entusiásta profesionalidad en la defensa de un hombre de color.
El asunto central de la novela es la denuncia que los Ewell hacen del negro Tom Robinsón al que acusan de la violación de la hija de esta familia, Yemella. El juez Taylor encomienda de oficio la defensa del acusado a Atticus Finch que por ello se verá enfrentado a toda la Comunidad blanca, empezando por su propia hermana Alexandra, que le echa en cara su entusiásta profesionalidad en la defensa de un hombre de color.
Scout y Jem viven estos sucesos de adultos
desde su mente de niños. Sus imaginaciones infantiles se cruzarán con la brutal
realidad de los mayores y al mezclarse tomarán conciencia de que están dejando
atrás la ingenuidad e inocencia en que vivían.
Los asuntos
Ante todo está el de la formación de los
niños. Estamos ante una novela de aprendizaje, un bildungsroman clásico, una
novela de iniciación relatada por Scout, la niña de 8 años, hija de Atticus y
hermana de Jem, a quien por faltarle la madre piensan las señoras de la
localidad que está creciendo salvajemente.
El asunto propio de los adultos es el del
racismo que destila la Comunidad blanca hacia los negros a quienes vemos vivir
en un prácticamente sistema de apartheid: barrios de chabolas alejados del
centro de la ciudad, trabajos de sirvientes o criados, abusos y engaños.
La justicia y su difícil aplicación en una violenta sociedad sudista que si no ha asimilado todavía la
derrota en la ya lejana guerra civil, como lo demuestra el que muchos de los
habitantes porten antropónimos en homenaje a los que tenían los principales
generales del derrotado ejército confederado, menos aún ha aceptado las sucesivas normas de emancipación de la población negra y antisegregacionistas dictadas por el gobierno de la nación desde, al menos, Abraham Lincoln.
La hipocresía de la caridad cristiana que
se percibe en esas señoras que se lamentan de la vida salvaje en que vive la
tribu de los Meruna y sin embargo ven lógico que un blanco se aproveche de los negros y no
consientan que uno de éstos ponga en entredicho lo afirmado por cualquiera de
los de su color.
La novela me ha recordado muchísimo a
"El arpa de hierba" de Truman Capote [leer reseña aquí]. Ahora bien la de Capote no resiste la comparación con la de su vecina Harper Lee. Los dos novelistas eran amigos y se dice que Capote sintió mucha envidia del éxito que tuvo Harper Lee con esta su única novela.
En ambos relatos asistimos al desarrollo de unos niños que se encaminan hacia la edad adulta y van entendiendo -y sufriendo- en qué consiste ésta. Lo que más me ha llamado la atención, y eso que aquí no se le da mucho protagonismo, es la caseta en el cinamomo; recuerdo que en la novela de Capote la vida en el cinamomo era esencial para los chiquillos. En la novela de Lee el cinamomo alberga regalos misteriosos que alguien deja allí en señal de amistad hacia los pequeños.
En ambos relatos asistimos al desarrollo de unos niños que se encaminan hacia la edad adulta y van entendiendo -y sufriendo- en qué consiste ésta. Lo que más me ha llamado la atención, y eso que aquí no se le da mucho protagonismo, es la caseta en el cinamomo; recuerdo que en la novela de Capote la vida en el cinamomo era esencial para los chiquillos. En la novela de Lee el cinamomo alberga regalos misteriosos que alguien deja allí en señal de amistad hacia los pequeños.


