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20 ene 2018

Ernesto Caballero y Ron LaLá crean dos distopías muy plausibles.

6 comentarios:
Las distopías suelen presentar una sociedad futura desasosegante e indeseada, que se ve como posible y al tiempo penosa debido fundamentalmente al tono serio y pretendidamente profundo con que se presentan. Por esto cuando leí que dos de las obras de teatro de mayor éxito hoy en Madrid -"La autora de las meninas" de Ernesto Caballero y "Crimen y Telón" del grupo Ron LaLá- planteaban un futurible distópico me pensé muy mucho si ir a verlas.

Afortunadamente pudo más mi aprecio por el actual director del CDN y el grupo estudiantil [digo estudiantil por eso de que sus inicios fueron en el ambiente de jóvenes artistas del IES Ramiro de Maeztu de Madrid], pues de ambos siempre vi buenas creaciones y siempre salí muy satisfecho.
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"La autora de las Meninas" de Ernesto Caballero
Carmen Machi, Ernesto Caballero, "Las Meninas", Velázquez

Me llamaba mucho la atención este título porque, casi todo lo que hasta el momento había visto montado por  Ernesto Caballero: "Montenegro" en 2013 a partir de las 'Comedias Bárbaras' de Valle Inclán (¡brutal!) [leer reseña aquí], "Rinoceronte" de Ionesco en 2014 (¡espectacular!) [leer reseña aquí],  o "La vida de Galileo" de Bertold Brecht en 2016 (¡magistral!)  [leer reseña aquí], me habían encantado. De las escritas por él nada había visto hasta el momento, así que ésta era una buena oportunidad pues además de ser el director en esta ocasión era también el autor. ¡Miel sobre hojuelas! -me dije-. Si a esto unimos que la actriz era la gran Carmen Machi para que quería más. Era una oportunidad inmensa, qué importaba que fuese una distopía. Y acerté totalmente.

Sitúa la acción Ernesto Caballero en 2037, un futuro no muy lejano de nosotros por lo que muchos de los referentes de lo que allí sucede encuentran su origen en nuestro presente actual o el inmediato pasado. En síntesis el asunto es el siguiente: la crisis económica que ahoga a los países de lo que en el pasado fue Europa es tal que los partidos de la nueva política -en la obra el partido gobernante se denomina 'Puebloenpié'- deciden medidas drásticas como vender parte del patrimonio artístico a fin de poder pagar los asfixiantes intereses de la deuda que atenazan a España. Para no dejar vacías las paredes de los museos han aprobado un ambicioso plan de copias de los cuadros que cuelgan en ellas. Le ha llegado el turno a una de las obras maestras de la pintura española, "La familia de Felipe IV" más conocida por "Las Meninas", la cual puede sacar a España del hoyo económico en que se encuentra pues una petromonarquía quiere adquirirla para su Museo en pleno desierto. Para realizar esta copia el gobierno ha elegido a la mejor copista de cuadros que hay en España, la madre Sor Ángela (Carmen Machi), una afable monja que utiliza sus habilidades pictóricas para aportar dinero a su convento al igual que otras hermanas hacen dulces o bordan ropa.

"La autora de las Meninas", Metaarte, Crisis, Populismo Sor Ángela durante los días que debe estar en el Prado realizando la copia verá como en su interior empieza a surgir la tentación de la vanidad del creador. Su tentador es Adrián (Francisco Reyes), el apuesto vigilante nocturno con quien conversa mientras ella trabaja en la copia. Adrián, gran  conocedor del mundo del Arte y sus creadores, dialoga con la religiosa sobre estas cuestiones. Frente a Adrián, licenciado en Humanidades y de mente abierta, se encuentra Alicia (Mireia Aixalá), la directora del Museo del Prado, burócrata donde las haya que sin apenas tener conocimientos artísticos dirige tamaña institución siguiendo al dedillo las populistas consignas de su formación política.

Entre bromas y veras se desarrolla la función que sostienen sólo tres actores sobre un escenario minimalista que proyecta el famoso cuadro completo y por partes según interesa al desarrollo de la trama. Hay reflexiones muy serias sobre el Arte, la Política, la Religión, el Amor... adobadas en ocasiones con un humor fantástico que emana de los dobles sentidos con que a veces se pueden interpretar algunas de las frases que se cruzan Sor Ángela y Adrián, al fin y al cabo, un hombre y una mujer. La vis cómica consustancial a la actriz Carmen Machi sirve para que la Obra, seria en sus planteamientos, discurra por unos cauces amenos y nada pesados. El contraste entre las figuras del vigilante y la directora, totalmente opuestos, y la evolución interior de Sor Ángela, de mera monja artesana a creadora artística, están tan bien plasmados en el texto y ejecutados sobre las tablas que la obra es un exquisito ejercicio teatral del que yo y, por las sonrisas durante la función y los aplausos del final, el resto del público disfrutamos muchísimo. ¡¡Una gran representación, sí señor!!

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 "Crimen y Telón", creación colectiva de 'Ron La Lá'

En cuanto vi anunciada esta obra, decidí que tenía que verla. Desde que el año pasado por estas fechas viera "Cervantina" (leer reseña aquí), la anterior creación de esta agrupación, me hice adepto al grupo que desde sus inicios, allá por el año 1999, lleva realizados con éste ya 10 espectáculos en los que sus seis componentes de manera colectiva  efectúan el proceso de creación y la puesta en escena que siempre incorpora música en directo.


En "Crimen y Telón", como se advierte con claridad en el video anterior, estamos ante una realidad distópica de la que nos separan 20 años. Es curioso que ambas obras -la de Ernesto Caballero y la de Ron LaLá- sitúen ese futuro indeseado a 20 años vista. Es evidente que el verso del tango gardeliano 'que veinte años no es nada' ha cuajado como cifra redonda para situar una acción pasada o futura lejana, sí, pero no en exceso. Los 'ronraleros' adecúan sus creaciones al momento concreto de cada espacio y ciudad donde las representan. Aquí comenzamos por la fecha: estamos en 2038; de este modo se mantiene la mítica distancia temporal.

 Es "Crimen y Telón" una creación metaliteraria desde la cruz a la fecha que decíamos no hace tanto los que crecimos y nos educamos en tiempos no digitales; quiero decir, desde el título, que evoca con claridad la novela "Crimen y Castigo" de Dostoievski hasta su final, la resolución de dicho delito, siguiendo la manera de proceder de la novela negra tan del gusto de los lectores actualmente.

Álvaro Tato, Íñigo echevarría, Daniel Rovalher, "Cervantina"Comienza la función con el hallazgo de un cadáver colgando: el Teatro ha muerto. El detective Noir (Juan Cañas) tiene que descubrir al asesino antes que la Agencia Anti Arte dirigida con mano de hierro por el teniente Blanco (Íñigo Echevarría) desvele el secreto de su oscuro pasado. Noir y Blanco se oponen el uno al otro pero en el fondo se necesitan mutuamente pues ambos esconden secretos profundos que dadas las circunstancias a ambos conviene ocultar. ¿Quién mató a Teatro (Daniel Rovalher)? Blanco quiere encontrar a los culpables y enviarlos a los campos de concentración de Marte. Noir necesita hacerlo antes que él para así salvar el culo. Como buen detective que es ha de remontarse al origen de Teatro y su posterior evolución. A base de flash-backs Noir logrará repentizar a Teatro acompañado de Comedio (Miguel Magdalena) y Tragedio (Álvaro Tato) en Grecia donde ve a Edipo convertido en detective y creador de la emoción escénica. También allí ve a Teatro cual Ulises luchando contra las Sirenas (Cine y Televisión) que quiere llevarle a él y a los actores a su terreno. Como le ocurriera a Edipo, el Cine y la Televisión pueden haber matado al Teatro, su padre. Tras esta intensa ida al pasado Noir vuelve al momento actual y prosigue la investigación perseguido muy de cerca por Blanco que sospecha de él dada su oculta afición a la Poesía.

Sufre Noir de nuevo varios flash-backs que le hacen pasar por los grandes momentos del teatro universa: el teatro isabelino con Shakespeare, Marlowe, Johnson...; el teatro clásico francés de Racine, Corneille, Molière...; el teatro del Siglo de Oro español lleno de creadores con cuyos nombres entona el himno nacional actual ("Lope, Tirso, Moreto y Cervantes / Rojas y Alarcón, sor Juana y Calderón / Valle Inclán, Lorca, Zorrilla, Mayorga / Nieva y Arrabal..."). Y todo esto a un ritmo frenético, con gags que se suceden y se superponen unos a otros sin dar descanso al espectador que atónito asiste a esta demencial investigación, en realidad una increíble clase de literatura universal.

Metateatro, MetaliteraturaEs "Crimen y Telón" un ejercicio fantástico de teatro dentro del teatro. Si antes he dicho clase de literatura universal también hay que destacar la fantástica información que de los entresijos del propio teatro se realiza en este texto, responsabilidad exclusiva de Alvaro Tato. Por la escena corren los tecnicismos propios de este arte y de la parafernalia que lo constituye (el proscenio, la embocadura, el foro, el peine, luz cenital, luz estroboscópica...) hasta llegar al regidor, oficio que existe en el teatro pero que nadie sabe para qué sirve: "¿Qué es un regidor? Nadie lo sabe. Pero si algo va ma, la culpa es suya". Este gag con esta función me recordó la película "Shakespeare in love" del británico John Madden cuando ensayando "Romeo y Julieta" en medio de muchas dificultades y eventos sobrevenidos preguntaba Mr. Hugh Fennyman (Tom Wilkinson), el productor teatral, a Philip Henslowe (Geoffrey Rush), empresario teatral,  cómo creía que con esos problemas iba a salir adelante el espectáculo, y éste impertérrito respondía eso de "Nunca se sabe. Es un misterio".

Es "Crimen y Telón", una obra hilarante, llena de referencias al momento actual, con una información literaria espléndida, que mezcla con sabia dosificación el texto en prosa y en verso, la letra con la música, el pasado y el presente, la realidad y la ficción. Una obra que rompe la pared de cristal que separa el escenario del patio de butacas y que integra al espectador en el espectáculo que se desarrolla ante sus ojos y en el que él en muchos momentos participa directamente a instancias de los actores.
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Final
Dos obras, pues, que coinciden en muchas cosas como se ha visto: incluso coinciden en que las dos se representan en Madrid sólo hasta el próximo 28 de enero. Dos obras que nadie que guste del Teatro debería dejar pasar. Imagino que luego cada una por su lado saldrán de gira y visitarán muchas ciudades españolas. Cuando esto ocurra, de verdad no hay que perdérselas porque son teatro del bueno.

  • "La autora de las meninas" se representa en el Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional.
  • "Crimen y Telón" lo hace en el Teatro Fernán Gómez del Centro Cultural de la Villa del Ayuntamiento de Madrid


25 feb 2016

"Galileo" y "Sócrates": Distinta manera de afrontar una condena

7 comentarios:
Acabo de ver, con una diferencia de 15 días, "Vida de Galileo" de Bertold Brecht y "Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano" de Mario Gas y Alberto Iglesias. Las dos me han gustado, una más que otra, claro.

Mario Gas, "Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano",

En la primera asistimos al revuelo que la teoría heliocéntrica con aportación de pruebas experimentales a través del telescopio ocasionó en los estamentos eclesiásticos de la Italia de principios del XVII, especialmente en Florencia y Roma, El choque con el pensamiento oficial fue tal que el Papa Paulo V censuraría primero las teorías copernicanas defendidas por Galileo y luego más tarde en 1633 el Santo Oficio condenaría al mismísimo Galileo a prisión perpetua, conminándole a abjurar de sus ideas, cosa que haría seguidamente. Tras la abjuración, el Papa Urbano VIII le conmuta la prisión por arresto domiciliario de por vida. Afortunadamente, a pesar de su encierro y estar en perpetua observación Galileo logrará entregar a Andrea Sarti, universitario y uno de sus discípulos más fieles y aventajados, sus "Discorsi" en los que postulaba dos nuevas ciencias y resumía sus descubrimientos.

En "Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano" el filósofo de Atenas, hijo de una comadrona y de un escultor, ocupado en exclusiva durante toda su existencia en la defensa de la Verdad y de la Ëtica del ser humano es atacado por sus detractores que le acusan de impiedad por no defender con convicción la existencia de los dioses griegos y de corrupción de la juventud. Ambas acusaciones son falsas y se sostienen sin prueba alguna; lo que sucedía es que en la democracia ateniense un hombre tan justo, tan honesto y de principios morales tan estrictos causaba incomodidad a algunos de sus conciudadanos, razón por la que le considerarán culpable de ambos cargos y le condenarán a tomar la cicuta que le propiciará la muerte. Sócrates, a diferencia de Galileo, no se amilana ante lo que se le viene encima pues su defensa de la Verdad le imposibilita afirmar algo contrario a ella.



He visto las dos obras con una separación entre ambas de unas dos semanas. La primera que vi fue la de Bertold Brecht que cuenta en su papel protagonista con un buen Ramón Fontseré al que ya he visto en otros muchos montajes de Els Joglars ("El coloquio de los perros" [leer reseña aquí], "Ubú President", "El Retablo de las Maravillas", "El Nacional" y algunas otras más) y que en mi opinión en esta obra intenta, pero no lo logra siempre, abandonar ese tono histriónico que tanto le ha caracterizado como miembro de la compañía fundada por Albert Boadella. Le acompaña un magnífico elenco de actores en el que destacaría especialmente a Tamar Novas (Andrea Sarti), y a Alfonso Torregrosa (Sagredo, amigo de Galileo; Sabio del Colegio Romano, Cardenal Barberini, luego Papa Urbano VIII) en los papeles masculinos; y, entre las mujeres, a Ione Irazabal (madre de Andrea Sarti) y a Macarena Sanz (Virginia, la hija de Galileo).

La escrita por Mario Gas y Alberto Iglesias la vi ayer mismo. Acudí con cierta prevención al Matadero de Madrid donde se representaba pues pensaba que José María Pou (Sócrates) me haría recordar a otros personajes ejecutados por el gran actor de Mollet del Vallés. Nada de esto sucedió. Pou está que se sale. Casi casi diría que la obrita se sostiene y logra salir airosa de sus 90 minutos de duración gracias al porte y soporte que él la proporciona. Hay que ser un magnífico actor, como es su caso, para mantener viva la atención del público en una dramaturgia centrada esencialmente en la palabra de los personajes, y Pou lo logra. Del resto de los actores debo destacar a Carles Canut i Bartra en el papel de Critón quien le acompaña hasta el último instante de vida y nos dará testimonio de la palabra oída y aprendida, y Pep Molina que pone voz y cuerpo al acusador Meleto. No puedo dejar de nombrar a Amparo Pamplona que da vida a la mujer de Sócrates y que defiende la postura del filósofo en un emotivo monólogo. Los demás actores (Ramón Pujol, Alberto Iglesias y Guillem Motos) defienden sus papeles con muy satisfactoria suficiencia. Alberto Iglesias realiza el papel de otro enemigo de Sócrates, y Pujol y Motos el de narradores (especie de corifeos de la antigua tragedia griega) además del de partidarios del filósofo.


Coincidencias teatrales entre ambas.
La primera se refiere a la puesta en escena: las dos eligen un escenario circular rodeado de los espectadores. En "Galileo" es evidente la metáfora visual que se pretende con él: todo gira en torno a Galileo al igual que todos los planetas en nuestro sistema giran en torno al sol. En "Sócrates" el escenario también adopta la forma circular situando a los espectadores a izquierda, derecha y de frente, dejando la parte de atrás para los escaños que en semicírculo ocupan los senadores griegos que van a enjuiciar al pensador. En esta disposición el centro lo ocupa Sócrates.

Otra de las coincidencias se refiere a la utilización de recursos propios del teatro épico. Que así suceda en "Vida de Galileo" no  extraña a nadie pues el dramaturgo alemán es el creador de esta tendencia; pero en "Sócrates" es técnica elegida por el director de escena, en mi opinión,  para dar algún momento de descanso o de desconexión al espectador en una obra muy atada a la narratividad. De los recursos propios del teatro épico brechtiano en las dos destaca el del "distanciamiento", o sea, la ruptura del encantamiento en que el espectador suele estar durante la visualización de una obra teatral. En ambos espectáculos la realidad de los asistentes al espectáculo se cuela en la representación rompiendo la ficción con llamadas al público ("¡Por favor, no tomen aún sus teléfonos móviles. Lo podrán hacer dentro de unos minutos!", dice el personaje de Sócrates dirigiéndose al respetable a diez minutos del final de la función). De modo semejante en "Vida de Galileo" al inicio de la representación los actores que discurren por la sala reclaman la presencia del actor Ramón Fontseré que va a representar el papel de Galileo, pero -"fiel a su informalidad", dicen- no aparece. El mismísimo Bertold Brecht que está por ahí accede a hacer al personaje entre tanto llega el impuntual actor.  Es para mí defecto, por abuso, la cantidad de entradas y salidas que por entre el público realizan los actores y sus personajes de esta obra en un afán -ya digo, excesivo- de sacar al espectador de la ensoñación en que el espectáculo teatral les pueda haber arrojado. La finalidad de estas rupturas ya la conocemos: Brecht concebía el teatro como un instrumento para transformar el mundo; de ahí que pretenda que el espectador esté atento al proceso psicológico humano que se está produciendo o se va a producir ante sus ojos más que someterle a una tensión o suspense ante lo que vaya a pasar. No, el espectador ya conoce lo que sucedió, lo que pasó; lo que le interesa al dramaturgo y al director de esta puesta en escena, Ernesto Caballero, es que observe cómo se produjo, cómo se desarrolló el mismo.

También en las dos representaciones me ha llamado mucho la atención el empleo de canciones infantiles que se escuchan bien al inicio de algunas de las escenas de la obra de Brecht y que sirven un poco para anunciar de qué va a tratar lo que a continuación veremos representar, bien de fondo de gran parte del juicio a Sócrates y que yo creo pretende transmitir al público la inocencia y verdad que trasluce toda la figura del filósofo.

Elección personal
Bertold Brecht, Ramón Fontseré, "Galileo Galilei", "Vida de Galileo"
A mí personalmente me ha llenado más la obra de "Sócrates" que la de "Galileo" y ello pese a ser sabedor de la importancia que en la historia del teatro universal tiene Bertold Brecht. ¿Por qué, creo yo, me ha sucedido tal cosa? Pienso que todo se debe a la puesta en escena y a la mayor o menor densidad conceptual contenida en ellas:

 De la puesta en escena ya he hablado y he dicho que es muy semejante aunque en "Galileo" los múltiples cambios de lugar (Pisa, Venecia, Florencia, Roma...) presentados siempre en el mismo espacio escénico y con los mismos elementos decorativos no favorecen la captación y sí la dilución de la atención. Por contra "Sócrates" concentra en un amplio espacio escénico una historia sucedida siempre en el mismo lugar y que para evitar la pesadez o reiteración recurre a la ensoñación onírica a base de luces en el monólogo de la mujer de Sócrates o a la voz en off en un momento en que el filósofo ya condenado a muerte argumenta mayéuticamente sobre si debe o no aceptar la idea de escapar que le proponen algunos de sus discípulos (Platón se nos dice en la historia de la filosofía y Critón en la obra vista).

En cuanto al contenido es evidente que en la obra brechtiana hay muchos más asuntos que en la de Mario Gas. Mientras que en esta última aparece como principal el tema de la integridad moral y quizás como secundario el de la imperfección o abusos de la democracia, en la de "Vida de Galileo" son muchos los que se presentan en ella: la 'utilidad' del saber científico, las creencias religiosas vs las verdades científicas, la responsabilidad social del científico, la infamia de la retractación, la 'necesidad' social de héroes...
En mi opinión está claro que toda esta profusión de asuntos no se muestran en la puesta en escena de Ernesto Caballero de manera satisfactoria, razón por la que siendo buena obra no me ha satisfecho suficientemente.


ATENCIÓN.
  • "Vida de Galileo" está en la cartelera del Teatro Valle Inclán de Madrid hasta el próximo día 20 de marzo. 
  • "Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano" finaliza este próximo domingo 28 de febrero su paso por Madrid. No obstante su viaje hasta que recaló en la Sala Fernando Arrabal del Matadero de Madrid ha sido largo. Comenzó el verano pasado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida para luego pasar por el Grec 2015 Festival de Barcelona y estar en el Teatre Romea de Barcelona desde el 24 de septiembre al 18 de octubre de 2015. Tras Barcelona estuvo unos días representándose en Valencia. E imagino que tras su cierre en Madrid proseguirá gira por el resto de España durante los próximos meses



2 ene 2014

Las “Comedias bárbaras” de Valle–Inclán: MONTENEGRO

2 comentarios:

Fue una buena decisión inaugurar el año 2014 acudiendo con los amigos a ver la versión que Ernesto Caballero ha hecho de las “Comedias bárbaras(‘Romance de Lobos’, ‘Águila de blasón’ y ‘Cara de plata’) y que ha titulado “Montenegro” por ser D. Juan Manuel Montenegro y sus vástagos los personajes crueles y despóticos de un mundo galaico que, aunque situado en la segunda mitad el XIX, es el resultado de más de 300 años de inmovilismo,  por lo que Valle los presenta como un residuo del pasado que se resiste a desaparecer.

Comedias BárbarasSi bien Valle es conocido sobre todo por su creación estética del “esperpento”, las Comedias bárbaras pertenecen a otra etapa anterior, la mítica, de estética simbolista por lo que las habituales alusiones del autor a los personajes públicos de la segunda mitad del XIX, tan frecuentes en su fase del esperpento, prácticamente desaparecen en estas tres obras. Tan sólo en “Cara de plata”, título de la tercera de sus Comedias y nombre del único hijo presentado con humanidad, don Miguel de Montenegro, aparece brevemente una partida de requetés carlistas en la que este personaje se integra. Es la única alusión a la contemporaneidad pretérita y primera de su autor dado que Valle nace en 1866 y la última guerra carlista se desarrolló entre 1872 y 1876. A Valle el carlismo siempre le atrajo y se vinculó con personajes próximos a él aunque según pasaron los años su adhesión fue más estética que ideológica. Al decir de algunos de sus estudiosos “el carlismo como fuerza minoritaria y radical era para Valle, al igual que para otros el anarquismo, la fórmula que le permitía manifestar nítidamente su desacuerdo con la política vigente y con su propia sociedad.” 

En mi opinión, al desaparecer del texto la broza del presente o del pasado inmediato, las Comedias ganan en profundidad y universalidad. Las acciones de esos personajes altivos que cosifican a sus servidores utilizando sus cuerpos para su satisfacción y cuyo único auténtico quehacer en la vida es la de saciar sus instintos con la comida, el vino o el sexo hace que los veamos en una dimensión bestial y animalizadora que trasciende cualquier límite geográfico. Quedaría la esperanza de que la religión cumpliera la función para la que nació (ligar al hombre con unos más altos destinos), pero  –como diría algún contemporáneo de don Ramón o él mismo quizás- ¡quiá!, sus monjes y sacerdotes viven, más aún si cabe que el rebaño, enfangados en la inmundicia que debían limpiar.  Tampoco hay que olvidar la rapiña, la inhumanidad, el latrocinio, incluso el parricidio, en que caen estos Montenegro. Hasta tal punto es esto que el cacique D. Juan Manuel llega a convertirse casi en un rey Lear que se ve zaherido, golpeado, vejado e insultado por los lobeznos que ha amamantado: una auténtica jauría.

La dureza que se muestra en los comportamientos anteriores sólo se ve suavizada, –¡un poco tan sólo!-, por el amor que Cara de Plata siente por Sabelita y que no llega a disfrutar al decidir el bárbaro de su padre que la joven merece más y ese más, naturalmente, no es otro sino él. Frente a este amor de sexo y pasión estaría el que el mismo D. Juan Manuel profesa a su venerable esposa Dª María. Como se ve Valle Inclán hace gala de su atracción por una sociedad machista y tradicionalista que a la mujer sólo la quiere para procrear o para que el hombre la goce.

Director del CDN, Ernesto Caballero,
En cuanto a la puesta en escena y la representación propiamente dicha, ver “Montenegro” es una auténtica gozada. La calidad estética que consiguen los actores mediante sus movimientos simulando ser perros, caballos o mascarones de proa es asombrosa; la trabajada iluminación sirve para transformar la escena en mar tempestuoso, campo o interior de choza o palacio según convenga; la música en directo subraya los momentos precisos y acompaña con dulzura las melodiosas cantigas galaicas con las que los humildes se deleitan; y así todo.

Destacar negativamente a algún actor es cometido imposible. Por lo contrario sobresalen todos, aunque Ramón Barea en su papel de D. Juan Manuel está soberbio y se eleva unos metros sobre los demás. Este actor junto a Yolanda Ulloa en el papel de Dª María, Janfri Topera en el del criado bufón Don Galán y Juan Carlos Talavera en el del Capellán son los de mayor edad del elenco; los demás disfrutan todos de una envidiable juventud, tanto ellas como ellos, y todos sacan sus papeles (pues son varios los que han de desempeñar) airosamente adelante.

Dada mi profesión, si hubiera de calificar el espectáculo, le pondría un 10. Si la habéis visto, ¿qué nota le pondríais vosotros?