7 oct 2026

"El silencio y la cólera" (#Los años gloriosos 2). Pierre Lemaitre

Esta segunda entrega de la serie Los años gloriosos de Pierre Lemaitre me ha gustado bastante menos que el volumen que la antecede, El ancho mundo, reseñada por mí en este blog a finales del mes de agosto de este año. Lemaitre en El silencio y la colera sigue llevando a la par las peripecias de cada uno de los miembros de la familia Lemaitre: los padres Louis y Angéle en Beirut y en París, interesado el primero en el boxeo de su empleado Lulu, y la segunda en su accidentada nieta Colette ingresada por esta causa en un hospital parisino; François, periodista exitoso en Le Journal du Soir, y su relación con Nine de quien en esta entrega va a conocer sus orígenes y la causa de su sordera; Jean, el mayor de todos los hermanos, aparece embarcado en la aventura empresarial de unos grandes almacenes de tejidos en París; Hélène, la hermna menor, es fotógrafa y redactora de éxito en el mismo periódico que François, y en esta novela vive los problemas derivados de su relación con dos hombres muy distintos entre sí.

La acción en este volumen se concentra en sólo dos meses del año 1952, de principios de febrero al 29 de marzo. Los asuntos principales que se dirimen en esta entrega son dos: 1) el aborto y las leyes que lo tenían prohibido en esa época; y 2) la construcción de presas que anegaban poblaciones rurales con los problemas que ocasionaban a los habitantes. Es en la confluencia de estos dos grandes marcos contextuales donde se desarrollan las peripecias personales de los integrantes de la familia Pelletier.

Hay asuntos planteados en la primera novela de la serie que en ésta quedan un tanto en el olvido, si bien el autor de vez en cuando los cita siquiera sea de pasada para mantenerlos vivos. También hay algunos giros que son autenticos "deus ex machina" como la muerte de un testigo importantísimo en el caso Mary Lampson, la actriz asesinada en la primera entrega, con lo que queda aún abierta y en suspenso la resolución de ese asesinato; también la muerte del niño Petit Louis; y algún otro.

La manera habitual de hacer literatura de Pierre Lemaitre está, lógicamente, presente en El silencio y la cólera. En las reseñas que he hecho en el blog de otras novelas suyas se pueden consultar la mayoría de sus procedimientos estilísticos. Es marca de la casa también aquí por ejemplo giros argumentales en el comportamiento de personajes o ese humor tan suyo que en esta novela aparece en dos o tres ocasiones:
  • «Conozco a Boildieu, el dueño de las Galerías: hace veinte años estuvo tirándose a mi mujer y esas cosas crean vínculos.» [le dice a François un viejo periodista de Le Journal du soir en respuesta a sus preguntas]
  • «—Es el padre Lacroix —dijo Lambert—. Está a cargo de la parroquia desde la muerte del viejo cura. La puntualidad no es lo suyo. Cuando nació, debió de retrasarse veinte minutos y ya no los ha recuperado.» [le dice a Helene su compañero de investigación periodística en el pueblo de Chevrigny, que va a desaparecer bajo las aguas de una presa]
Lógicamente está presente en El silencio y la cólera, segunda entrega de la serie, la manera de escribir típica del folletín del siglo XIX que el escritor utiliza como formato literario de Los años gloriosos:
  • «Al cubrir el antiguo pueblo, las aguas acabarían borrando los momentos dolorosos.
    Algo parecido podría decirse de nuestros personajes.»
  • «Nos encantaría decir que Jean tuvo el acierto, pero sólo tuvo la suerte de quedarse sin aliento justo ante la puerta rotatoria de unos grandes almacenes en los que se metió.»
Igual que en El ancho mundo y muchas otras de sus novelas, en esta segunda de la serie, el autor rompe más de una lanza en favor de la mujer. Tal hecho es evidente en el asunto del aborto que contextualiza gran parte del relato, pero especialmente es visible en el personaje de Helene, la pequeña de los Pelletier que se revela como una feminista 'avant la lettre' en comportamientos y en frases como la que dirige a su jefe Denissov:
«Cuento con tu elegancia. No quiero que me asciendas porque te sientes culpable ni que me degrades por incomodidad: no me conviertas ni en una santa ni en una fulana.» [Helene a Denissov tras haberle dicho que la dejó embarazada]
Hay también ciertas novedades. Así me lo parece la interesante manera de entreverar la lectura del texto escrito de una carta con la recepción de su contenido en la conciencia del lector:
«[…] Sé que estás molesto conmigo…
"¡Para nada!"
... sí, lo sé.
"Vale, de acuerdo."
Sé que no te di suficientes explicaciones, pero soy supersticiosa: aun ahora tengo la sensación de que, si hablo del tema, aunque sea contigo, fracasaré... ¿Te has acordado de las toallas del señor Lombard?
"Ya estamos..."
¡No olvides que tiene una discapacidad important, Louis! En cuanto a la alimentación, debes…»
[carta de Angele que desde París escribe a su marido Louis quien la está leyendo en Beirut]
Por último quiero señalar la mucha literatura que alberga en su interior Pierre Lemaitre. Una literatura que bien explícitamente o implícitamente vierte en sus relatos. Él mismo confiesa en los agradecimientos la deuda que tiene con no pocos autores (por ejemplo con Annie Ernaux a propósito del aborto y su novela El acontecimiento). La deuda con la literatura queda explicitada en el propio relato varias veces; así se ve cuando la joven reportera de Le Journal y su compañero Lambert están esperando hablar con el ingeniero Destouches, encargado de coordinar la evacuación del pueblo que va a ser engullido por las aguas de la presa que se ha construido:
  • «—¿Qué ingeniero?
    —Aún lo están esperando, como a Godot —respondió Lamberrt»
  • «Hélène se sorprendió pensando en el Pedro Bezújov de Guerra y paz, con quien le encontraba un curioso parecido» [referido a Destouches]
Me quedaría sólo para finalizar hacer hincapié en el preciso y especializado vocabulario utilizado por el escritor. La traducción al español desde el francés la firma José Antonio Soriano Marco, traductor de muchas obras del novelista francés, entre ellas las cuatro que forman la serie de Los años gloriosos. Son términos que llaman la atención por ser poco utilizados en el lenguaje cotidiano. Debo advertir que no son muchos, aunque sí muy hermosos, al menos en mi opinión. He aquí algunos de ellos que me han resultado llamativos:
  • Balasto: capa de grava o piedra machacada que se coloca sobre las vías del tren para sostener los rieles y las traviesas
  • cubiertas y sobrecubiertas, guardas, cintas de cabezada, tarlatanas: vocablos propios de la encuadernación.
  • acetre: caldero pequeño con asa que se utiliza principalmente en la liturgia católica para llevar el agua bendita y realizar las aspersiones con el hisopo.
  • Jab: en boxeo es un golpe directo, rápido y corto ejecutado con la mano delantera (la que está más avanzada en la guardia). Como verbo, significa lanzar dicho golpe.
  • polipastos de cabrestante: dispositivo mecánico híbrido que combina la capacidad de arrastre horizontal de un cabrestante convencional con el sistema de frenado automático de seguridad propio de un polipasto para levantar cargas verticalmente.
  • Epectasis: concepto teológico cristiano que describe el progreso espiritual infinito del alma hacia Dios, caracterizado por un deseo constante de crecer y acercarse a la divinidad sin llegar a un punto final de perfección estática.
  • ...y algunos otros más.
Es una delicia leer una entretenida historia como ésta y al tiempo aprender cosas y palabras desconocidas. Conquistar al lector no está al alcance de todos los autores, pero Pierre Lemaitre lo logra en la mayoría de sus libros. Al menos conmigo.



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