23 may. 2017

Richard Russo: "Sobre mi madre"

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"Sobre mi  madre" de Richard Russo es un regalo de amor filial que el autor hace a su madre. Es un regalo, sí, pero no sólo a su madre, fallecida un año antes de ponerse a escribir el libro, sino también, y muy especialmente, a su mujer Bárbara y a las dos hijas del matrimonio; las tres, cada una en su nivel de edad y responsabilidad, atendieron a la abuela hasta el extremo.
A este libro lo califico con un cuatro sobre cinco porque el asunto, pese a ser común a cualquiera -"Esa película la echan en todos los cines", decía siempre un amigo y compañero, cuando alguien lamentaba el estrés que le ocasionaba el cuidado de los padres, ancianos recién ingresados en esa época de dependencia contestataria respecto al vástago tan habitual entre los mayores-. penetra en la propia vida de Richard Russo, y de su lectura se extraen muchos e interesantes datos biográficos del escritor. Podría, pues, considerarse como una autobiografía escondida bajo la biografía materna. Así lo declara el mismísimo autor casi al inicio de la obra: 
"Lo que sigue en estas memorias -no sé qué otra cosa llamarlas- es un relato de confluencias: de espacio y tiempo, de privado y público, de destinos enlazados y lealtades inconsistentes"

El libro es, pues, el recorrido por la vida de Richard Russo en compañía de su madre de quien se disponen a esparcir sus cenizas en un lago de la zona. Aunque la madre murió en Julio es en diciembre, en la semana comprendida entre Navidades y Año Nuevo, cuando van a realizar el acto. Durante estos seis meses y también durante esa semana en la que toda la familia estuvo reunida, Richard rememora su vida y la de su madre. Especialmente es la pequeña localidad de Gloversville, la que se convierte en protagonista de la peripecia vital de ambos. De la madre porque la agobiaba y del hijo porque la abandonó junto a su madre a los 17 años pasando a formar parte del lastre, vivido y despreciado, de un hombre triunfador en el mundo de la literatura, la enseñanza y el periodismo. Al final de las memorias Richard se reconciliará con sus orígenes: con los familiares al repasar el decurso vital de esa mujer algo chiflada  como todos -también él mismo-  catalogaban a la madre; con la pequeña población porque pese a los múltiples problemas sociales y de salud que había ocasionado a sus habitantes el tratamiento del cuero en la fabricación de guantes, ahora, periclitado ya ese tipo de negocio, era un prototipo perfecto de ciudad pequeña pensada para las personas y no para los vehículos. Pero, piensa Richard, no se puede dar por bueno aquello que recordamos con nostalgia sólo por ser antiguo. Gloversville y sus tenerías contaminantes aunque dieron prosperidad a la zona en el pasado también trajeron muerte por los desechos​ que expulsaban al aire y a las aguas el teñido y tratamiento de pieles y cueros. No, no todo, por antiguo que sea, es admisible..

Estas memorias, pseudo-autobiografía o biografía de la madre, como quiera que ello sea, presentan datos interesantes de la vida de Richard Russo: él, hijo único; sus padres, divorciados; padre, ludópata; los abuelos maternos acogen a madre e hijo en su casa; la madre, muy independiente, decide abandonar la seguridad laboral que tenía en la empresa General Electric de Gloversville para así escapar del control de sus padres, los abuelos de Richard; viaje hasta Arizona en un coche cochambroso conducido por el inexperto conductor que a los 17 años podía ser el escritor, y todo bajo la etérea  promesa de una voz con la que desde Gloversville la madre de Russo flirteaba en medio de las comunicaciones empresariales; estancia allí en un trabajo mucho peor que el que abandonó; y al final de todo, pasados unos años, el retorno, vencida y humillada, al hogar ocupado ahora sólo por la abuela con quien la madre no se llevaba especialmente bien.

Es la estancia en la costa este, en el triángulo formado por Gloversville, Boston y Portland, lo que ocupa el grueso de estas memorias. En estas ciudades el matrimonio de Richard y Bárbara se esfuerza por encontrarle a la madre una residencia de su gusto, algo que les resulta muy difícil dada la personalidad de la madre. Las dificultades crecen cuando la madre empieza a dar señales de Alzheimer o de demencia senil. 

Al final de la obra Kate, la hija de Richard que vive en Londres con su marido Tom empieza a manifestar un comportamiento que en algo recuerda a Richard el de su madre. Un especialista le diagnostica el padecimiento de "trastorno obsesivo-compulsivo", una enfermedad que se trata sin problema alguno. Richard, muy tardíamente, reconoce en los síntomas, que lee tienen quienes  a la padecen, a su propia madre. Afortunadamente su hija Kate no va a pasar por el calvario de la abuela. Es una lástima que la madre ya fallecida no hubiese podido beneficiarse de los avances de la ciencia para combatir ese trastorno, esa ansiedad que le estropeó su vida.


La vida y sucesos maternos los va entretejiendo el escritor con los suyos propios. Así nos habla de los títulos de las novelas que va dando a conocer según atiende con mayor o menor satisfacción los requerimientos maternos. Habla de "El puente de los suspiros", cuya publicación le proveyó de los fondos necesarios para adquirir ese apartamento de Boston tan deseado por el y Bárbara, su mujer; el libro de las bodas ("El verano mágico en Cape Cod") le sirve para contraponer el mundo real con el propiamente ficticio: él, el personaje Jack Griffin, las cenizas del padre de Jack, las cenizas de la madre de Richard, las personalidades y profesiones de todos ellos... Incluso la propia profesión de novelista ["escribir novelas es básicamente poner orden en las cosas ('ahora esto, después eso')"] la contrapone a la personalidad de su propia madre caracterizada por el desorden y la confusión debido al trastorno obsesivo-compulsivo no diagnosticado que padecía: "En los que padecían trastornos obsesivo-compulsivos, explicaba el libro, se considera que estaba afectada la parte del cerebro responsable de tomar decisiones, y por eso es por lo que tienen problemas con las secuencias temporales, o como me referí anteriormente a ello, a la toma de decisiones: 'esto ahora eso después'."

Una obra, como no podía ser de otra forma en un escritor, llena de referencias textuales y literarias. Ambos, madre e hijo, son lectores. Ella lee a Agatha Christie, Margery Allingham, Mary Stewart, Anita Brookner, Josephine Rey, Dorothy Sayers, Ngaio Marx, John División Carrera... Richard Russo no tiene empacho alguno en establecer analogías entre ella y personajes novelescos; así dada su afición por los hombres sin pretender finalidad matrimonial alguna la compara con Nora Charles, la protagonista de Dashiell Hammet en "El hombre delgado": "Se ofrecía como una mujer que buscaba un hombre más que un marido, como una Nora Charles que en las películas buscaba a su Nick"

En el caso de Russo la literatura es el envoltorio de toda la obra. Así para constantar su imposible retorno a su ciudad natal dice "Me había convertido en la encarnación de la famosa frase de Thomas Wolfe y que quizá estuviera ahí -que no se puede volver a casa- el fondo del autentico relato". Curiosamente esta casa y esta localidad de "los que mi madre y yo huimos allá en 1967 alimentarían mi vida creativa". También alude a Gollum, el personaje de JR Tolkien, cuando relata sus ocasionales caidas en el vicio de la ludopatía. Y para describir la decadencia de su ciudad natal "Fiesta" de Ernest Hemingway le viene que ni pintado: "Gloversville se hundió del modo en que Mike Campbell se declara arruinado en "Fiesta" de Hemingway, 'poco a poco y luego de repente'."
Por último en ocasiones el escritor hace auténtica crítica literaria, como  cuando al hablar del gusto de la madre por la novela policíaca explica el funcionamiento genérico de este tipo de relatos.

Final
He leído este libro en mi Kindle. Buscaba en la librería de Amazon títulos del escritor norteamericano, apreciadisimo por amigos lectores de ambos sexos a quienes aprecio mucho, y topé con que el gigante de los libros online no tiene en formato ebook más que este título. Ignorante en ese momento de su género literario pensé que para iniciarme en el novelista americano me serviría; pero no, no me ha servido. Creo que no es un libro para iniciarse en este autor, ya que sin haber leído algunas de sus novelas hay datos o anécdotas en esta pseudo-autobiografía que se me habrán escapado. Al comentar esta impresión con declarados 'russonianos' éstos me reafirman en ella al decirme que la disfrutaron mucho pues ya habían leído algunos de sus títulos narrativos, especialmente -me insistieron- "Ni un pelo de Tonto" (Nobody's Fool), una verdadera delicia, con la que cualquiera queda enganchado al autor.  

16 may. 2017

Víctor del Árbol: “La víspera de casi todo”

16 comentarios:
Quería leer esta novela desde el día en que leí la reseña que de ella hizo mi amiga Rosa Berros en su magnífico blog "Cuéntame una historia" (leer su reseña AQUÍ). El pasado Día del Libro la compré en edición de bolsillo en uno de los estantes que las librerías sacan a la calle. Sabía que si a Rosa le había gustado, la novela sería buena, pues ella es lectora avezada de la que siempre me puedo fiar. Desde aquí, gracias, Rosa.

La víspera de casi todo, Costa da Morte, Punta Caliente, Galicia

Quizás el título ya contiene una de las claves de esta novela con la que Víctor del Árbol  se alzó con el Premio Nadal en la edición 2016. En efecto, este relato si peca de algo es, utilizando la concisión propia de Baltasar Gracián, de intensión más que de extensión. Si en principio esto es una cualidad, en esta narración, en mi opinión, se revela como una rémora. El escritor presenta una historia en la que hay de todo: traumas producidos por abusos sexuales sufridos durante la niñez, imposturas varias, violencia gratuita, represión militar en la distante Argentina, emigración económica, venganzas, enfermedades incurables, trastorno bipolar, consumo de sexo, etc. Creo que con esto Víctor del Árbol yerra y que le convendría más haberse atenido a lo que bien podría pasar por otro aforismo gracianesco: contención mejor que explosión.

El grueso de la historia sucede en Punta Caliente, una localidad de la Costa da Morte (A Coruña), durante los meses de junio a agosto de 2010; cinco días del mes de agosto (del 16 al 20) se llenan de intensidad. La localización costera y aislada alterna con la de la comisaria de policía de la ciudad de A Coruña; en los cinco días agosteños ya señalados el escenario gallego se cambia en unas pocas ocasiones por el urbano de la ciudad de Barcelona.

Tres tramas confluyen en la novela. Tres historias procedente cada una de situaciones y espacios distintos. Son las siguientes:

➠ La del comisario Germinal Ibarra cuya historia parte de unos sucesos acaecidos tres años antes, en 2010, en Málaga,  a raíz del secuestro y asesinato de una niña, Amanda. Germinal vive en su casa una dura situación familiar compartida solidariamente junto a su esposa Carmela: hacer la vida lo más agradable posible a Samuel, su hijo de veinte años, que padece el síndrome de Williams, una enfermedad incurable que lo tiene condenado a una pronta e inexorable muerte. Esta vivencia personal ha configurado en Ibarra un carácter bronco, adusto, poco empático, que sale a la luz a raíz del contacto con el 'hombrecillo' que secuestró y violó a Amanda. Lo ocurrido en este caso policial le hará pedir el traslado de Málaga a La Coruña, ciudad en donde lo encontramos al inicio de la novela tres años después.

➠ La segunda línea argumental viene marcada por la llegada a una pequeña localidad de la Costa da Morte de Paola, una enigmática mujer, que parece escapar de un entorno familiar confortable que le pide volver; ruegos que ella desoye porque quiere olvidar. Quién sea en verdad Paola y de qué huye marca el desarrollo de esta parte de la novela.

Víctor del Árbol➠ Por último en esa Costa da Morte, los habitantes de la casa en la que Paola se refugia desde junio de 2010 hasta el 20 de agosto de ese mismo año, sostienen la tercera trama que, si bien en su mayor parte se entrevera con la propia de Paola, tiene, sin embargo, una línea particular soportada por Mauricio Luján, personaje que tiene relación con Dolores, la dueña de la casa donde Paola ha hallado cobijo. Esta tercera historia que recae sobre Mauricio arrastra consecuencias de sucesos producidos durante los años setenta del pasado siglo en la Argentina de la Junta Militar cuando las desapariciones de personas eran habituales y estaban propiciadas por las ilegales actividades desarrolladas en la Escuela Mecánica de la Armada argentina de infeliz recuerdo.

Estructura. Con estos mimbres Víctor del Árbol compone una narración en la que va encajando habilmente unas piezas con otras aunque, en ocasiones, parezca excesivo el número de cosas que les suceden a los personajes. Por si esto fuera poco, el autor se empeña en no dejar cabos sueltos y en los dos últimos capítulos de los 25 en que ha distribuido la narración aclara todo de manera un tanto excesiva en mi opinión dado que a mí me gusta que el escritor tenga confianza en que sus lectores son capaces de completar e intuir la evolución de la historia. Por otra parte, para dotar de equilibrio estético al relato, Víctor del Árbol, que al principio de la novela puso un Prefacio en el que se hablaba de lo sucedido a Ibarra tres años antes de 2010, previamente a dar por cerrada completamente la historia añade un Epílogo, situado con calculado equilibrio tres años después de 2010, en el que se nos cuenta la deriva que ha tomado la existencia de Germinal.

Elementos de interés
➨ De la novela, un thriller con suspense, lo que más me ha seducido es la evolución psicológica de los personajes. Paola, Dolores, incluso Carmela, la mujer de Ibarra, arrastran cada una sus traumas y cada una los sobrelleva como mejor puede. Lo mismo le sucede al gremio masculino: Mauricio, Germinal, o Daniel, el nieto de Mauricio, viven su infierno interior cada uno a su manera, aunque a algunos les produce una tremenda alteración mental que les lleva a no saber delimitar bien lo real de lo que sólo sucede en su cabeza. El confusionismo mental de Daniel, ese chico supersensible y superinteligente, está presentado de manera magnífica y el escritor lo sabe graduar de tal manera que al leer la novela nos vemos sorprendidos en algún momento al ver la dirección inesperada que toma.

➨ Los personajes se relacionan emocionalmente entre ellos. Es más importante la afectividad que muestran que la culminación de los afectos a través del sexo. Es más, en este relato el sexo es visto más como violencia indeseada o/y escapatoria hacia ninguna parte que otra cosa.

➨ Es una novela en la que la presencia del culturalismo es de gran importancia. Todo el relato está arropado por la poesía del argentino Juan Gelman que sufrió sobre sí mismo y su familia la represión de la dictadura argentina. El hecho de que su hijo y su nuera fueran secuestrados y conocer que ella tuvo un hijo -un nieto suyo, pues- en cautiverio antes de pasar a formar parte de la ignominiosa lista de los desaparecidos es utilizado por Víctor del Árbol como referente culturalista de lo que acontece en la novela. Una novela llena asimismo de desaparecidos / secuestrados / asesinados: la niña Amanda en 2007, hija de Eva Mahler; Martina, la hija de Dolores, desaparecida desde hacía diez años; la Pecosa, la mujer de Mauricio, desaparecida en la Argentina de Massera a cuyas órdenes trabajaba Oliveiro, un amigo de Mauricio; Dolores desaparecerá de la vida de su marido Antunes; la familia de Daniel, desaparecida en el pavoroso incendio de su casa, hará cosa de dos años; Alda, la mujer de Esteban Mahler, millonario padre de Eva, que abandonó a su marido...

Juan Gelman, poetas de la dictadura argentina, desaparecidosIncluso los seres más deleznables como el pederasta que asesinó a Amanda pueden ser seres cultos. Esto es ciertamente intranquilizador pues siempre se tiene a la cultura como aliada y propiciadora de buenas acciones. El 'hombrecillo' que mató a Amanda llevaba sobre sí un diario y un libro de poemas de Juan Gelman. También un libro de Gelman titulado "Hechos" le servirá a Mauricio para lograr que Oliveiro le cuente cosas ocurridas en la ya lejana Argentina. El enigmático Daniel a sus 17 años también está leyendo a Juan Gelman.

Hay más elementos culturalistas argentinos aparte de la reiterada aparición de la obra poética del Premio Cervantes 2007. Así se ve cuando Oliveiro, el amigo de Mauricio, le dice: "Eres un melancólico, Mauricio. Nunca fuiste capaz de ver las cosas como son. Todavía eres aquel muchacho en Alemania que pasaba el tiempo leyendo los poemas de  Luis Benítez,de  Espel, de Picardo"(p. 195)

También el cine encuentra su sitio en este relato tan cargado elementos culturales. Tanto el cine clásico (se nombra a los actores Audrey Hepburn, Greta Garbo y Fredric Marc del film "Anna Karenina") cuanto de la filmografía argentina reciente (la actriz Norma Aleandro de la película "La historia oficial" del argentino Luis Puenzo).

Y, por último, la música. De Bach, de Chopin, de Vivaldi, de Debussy, de Johnny Cash, de Bill Haley...; y luego una larga lista de cantantes, ritmos y temas propiamente argentinos: Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Víctor Herediael tango "La Montonera" en la versión de Serrat...

Lo mejor
Sin duda alguna lo que más me ha gustado de esta novela es el modo como el autor presenta la realidad y el mundo fantasmagórico que anida en la cabeza de algunos de los personajes: 
"Martina se había acercado y miraba el agujero. Sus ojos verdes estaban llenos de algas, de tiempo y de viajes lejanos. Entrelazó sus dedos de agua con los de Daniel y recostó su mejilla de luz oscura en su hombro." (pág. 328).
También el paseo  por la Argentina atroz de los años setenta y la reivindicación que realiza de poetas, cantantes y realizadores cinematográficos que se enfrentaron a la Dictadura o la sufrieron en sus carnes me ha parecido impresionante. Sin embargo, una vez dicho lo anterior, creo que en sí misma esta historia de los argentinos que en los cincuenta emigran a Alemania, en los setenta sufren en su propia patria y en los años actuales viven en España daba por sí misma para toda una novela completa.

Lo peor
Para mí, ya lo he dicho con reiteración, lo peor de esta novela es el exceso de asuntos que el novelista incluye en la narración que a buen seguro le habrían dado para un par de novelas más como poco. Y luego también ese afán totalizador de no dejar nada abierto, ningún cabo suelto que bien pudiera completar el lector por sí mismo.

El autor y la novela
Víctor del Árbol (Barcelona, 1962) ganó con esta novela el Premio Nadal 2016. El escritor es asiduo a los premios. Así con su primera novela, "El peso de los muertos", obtuvo el Premio Tiflos de Literatura de la ONCE 2006; también su segunda novela, "El abismo de los sueños", novela inédita hasta el momento presente, quedó finalista en 2008 del Premio Fernando Lara. 
Otros títulos suyos hasta completar los cinco publicados son: "La tristeza del samurái" (2011), "Respirar por la herida", (2013), y "Un millón de gotas" (2014)



14 may. 2017

Mes de la Novela Histórica (Junio)

10 comentarios:

Como ya hiciera en 2016, Laky del blog "Libros que hay que leer" dedica, dentro de sus doce meses temáticos, el mes de Junio a la Novela Histórica. A mí es un género que me gusta y si además ocurre que pienso estar en Baviera unos días durante dicho mes pues para qué quiero más. Luis II de Baviera se me insinúa como personaje histórico y de ficción muy atractivo. Así que sí, me apunto al mes y quiero leer, si la encuentro, la novela de Klaus Mann: "La ventana enrejada: La muerte de Luis II de Baviera".

Las bases para participar en este mes temático las podéis consultar en el blog de Laky pinchando AQUÍ

Además Laky durante este mes de Junio organiza el SORTEO de 6 libros (2 ejemplares de 3 libros distintos). Si queréis conocer los títulos y las condiciones para participar en el mismo no tenéis más que pinchar en ESTE ENLACE

Las lecturas históricas que haga durante Junio las iré apuntando aquí:

13 may. 2017

En el Centenario de Gloria Fuertes

9 comentarios:
Gloria Fuertes, Postismo, posmodernismo, Feminismo
Cartel anunciador de la exposición
Si me descuido unos días más me quedo sin ver la estupenda exposición sobre Gloria Fuertes que en el Centro Cultural de la Villa "Fernando Fernán Gómez" ha estado abierta (¡y yo sin enterarme! Así me va) desde el pasado 14 de marzo; y cierra, como quien dice, literalmente, y no sin motivo, mañana mismo, día 14 de mayo.

La vi ayer y me encantó. Tiene mucho colorido y es muy didáctica. Está claro que su comisaria, Paloma Porpetta, quien junto a su hermana Marta cuidan del legado de la poeta en la Fundación que lleva su nombre, ha querido poner énfasis en las creaciones poéticas de Gloria Fuertes. Sus versos envuelven 
literalmente al visitante pues aparecen escritos en las coloristas paredes que delimitan los seis espacios en que Paloma ha distribuido cronológica y temáticamente la vida de la artista: 

1917-1935. Niñez y adolescencia. 
1936-1939. La Guerra (in)Civil. 
1940-1954. Postguerra. 
1955-1965. Poesía social. Gloria en EEUU.  
1966-1975. La década prodigiosa. 
1976-1998. Imparable. TVE. 

En el centro de cada una de estas seis salas unos expositores acogen textos, documentos y publicaciones de la época y de la escritora: cartillas de racionamiento; pasaportes; fanzines infantiles en los que durante los años 40 trabajó; fotos originales que en muchos casos aparecen reproducidas en gran formato por las paredes junto a los poemas; cartas profesionales; carnets de todo tipo; cuadernos en los que Gloria escribía sus poemas y las correcciones que realizaba; pruebas de imprenta; libros dedicados a la lectora Gloria Fuertes por autores como Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, José Hierro, Cela, Miguel Delibes, Guillermo Carnero, Francisco Nieva, y muchos otros más, con unas dedicatorias llenas de afectuosa amistad y auténtico reconocimiento de la inmensa valía de esta escritora madrileña.

Se cierra la exposición con unos videos en los que se muestran dos facetas mediáticas de la poeta muy interesantes: en una pantalla aparece la Gloria Fuertes amiga de los niños en esos programas ya míticos: 'Un globo, dos globos, tres globos', 'La mansión de los Plaff', 'La cometa blanca', y alguno más en los que una dulce -y casi abuelita- Gloria leía alguno de sus poemas destinados a estos lectores pues ella pensaba que los niños aman la poesía y debían leerla. 


Belén Reyes (Madrid, 1964), considerada la heredera poética de Fuertes, piensa en coincidencia con muchos otros admiradores de la creadora que "Gloria se murió con la sensación de que no se le reconocía como poeta, sino más por el tema de los cuentos de los niños", Por ello la exposición, junto al video de esa Gloria amiga de los niños incluye otro en el que el periodista Jesús Hermida entrevista en profundidad a la poeta. 

Al no haber podido encontrar la grabación de Hermida que se muestra en la exposición he buscado y he localizado en internet un interesante video sobre Gloria Fuertes del programa televisivo de RTVE "La mitad invisible" realizado por el periodista Juan Carlos Ortega en 2012 . 


En este estupendo programa, como se habrá visto, interviene Francisco Nieva, dramaturgo, novelista, dibujante y ensayista español que nos dejó en 2016. Es el mismo Nieva quien prologa el libro de poemas que desde hace años tengo en mi biblioteca, "Mujer de verso en pecho", una obra que vio la luz en 1995 estructurada en cuatro apartados (I. Versos que me pasan; II. Poemas de amor; III. Poemas a la paz; y IV. Tipos ilustres.)  de los que en una futura entrada seleccionaré algunos. 

La revista MoonMagazine con la que colaboro mantiene abierta durante todo este año una sección denominada "El balcón de Gloria Fuertes". Todos los martes de este año del centenario del nacimiento de la poeta, publica versos de la creadora madrileña. Os invito a todos a que os paséis por la sección y disfrutéis de esta artista incomparable uniéndoos algrito de emoción: 

Desde aquí me uno al homenaje a la poeta inmortal con estos desinhibidos y sinceros versos suyos:

Si hay poetas que escriben bien
y no dicen nada
es que no escriben bien.
Lo afirma Gloria Fuertes
 

9 may. 2017

"ESA PUTA TAN DISTINGUIDA": Lo último de Juan Marsé

8 comentarios:
Hacía tiempo que no caía en mis manos algo reciente de Juan Marsé. Diríase que los clásicos -Marsé lo es ya, sin duda alguna- se quedan unidos a sus obras señeras ("Si te dicen que caí", "La oscura historia de la prima Montse", "Últimas tardes con Teresa" [reseñada en este blog. Ver aquí], "La muchacha de las bragas de oro"...) que se citan y se releen como si el universo creativo del escritor estuviese ya definitivamente cerrado.

Juan Marsé, Generación del 50, novela social realista española
(tomada de Diario16.com)
Sí que he visto últimamente adaptaciones cinematográficas de algunas de sus novelas -muchas se pasan por television con cierta frecuencia-. Ahora mismo recuerdo estos títulos: "La muchacha de las bragas de oro" (Vicente Aranda, 1980), "Últimas tardes con Teresa" (Gonzalo Herralde, 1984), "Si te dicen que caí" (Vicente Aranda, 1989), "El embrujo de Shanghái" (Fernando Trueba, 2002)... Marsé escribe de una manera que se presta mucho a que sus creaciones sean transformadas en guiones de cine. No en balde sus inicios profesionales en el campo de la escritura fueron en una revista de cine, la barcelonesa 'Arcinema'; y en esta última novela, "Esa puta tan distinguida", el narrador-autor-protagonista se encuentra en el trance de escribir un guión de cine. Quizás Marsé escriba todavía alguna narración más, -ya tiene 84 años de edad-,  pero yo diría que la que acabo de leer supone en cierto modo una conclusión, el cierre de un periplo, un regreso a sus orígenes: el Cine.

La reseña
El narrador-autor recibe el encargo de pergeñar un guión cinematográfico sobre un asesinato cometido en la Barcelona de1949 en la sala de proyección de un cine, el Cine Delicias. Estamos en julio de 1982, en plena efervescencia de la Transición política, a pocos meses de que Felipe González gane las elecciones en España, y el director del film, Héctor Roldán, quiere evitar introspecciones, justificaciones emocionales en los personajes...; quiere los hechos objetivos, puros y duros, de modo que de su mera presentación puedan derivarse críticas políticas adecuadas y pertinentes a las fuerzas represivas de la dictadura franquista. Pero el guionista gusta de indagar, de ahondar en los personajes por lo que se empapa de lo que dijeron sobre el asunto los periódicos de la época, revisa lo que guardan sobre el  crimen los archivos policiales y, aprovechando que el asesino convicto y confeso, Fermín Sicart, ya hace tiempo que cumplió su condena, decide llamarlo para hablar con él sobre este suceso. 

El Raval y Marsé, el Guinardó, BarcelonaFermín le da pelos y señales sobre sus relaciones con Carolina Bruil Latorre, la prostituta asesinada. Dice que la amaba, pero no puede explicar debidamente el porqué de su asesinato. Diríase que Fermín padece un síndrome de amnesia inducida. En su diálogo con el narrador aparecen otros personajes importantes en la trama: Braulio Laso, anarquista de la CNT, marido de Carolina; Ramón Mira, falangista y chulo de Carolina; Liberto Augé, jefe de cabina que enseñó a Fermín todo sobre proyección y que siempre le advirtió del peligro que corría por su afición a las mujeres; los doctores Tejero-Cámara y Suárez y Gil que experimentaron sobre Fermín sus estúpidas y terribles teorías sobre la necesidad de extirpar el gen rojo que acompañaba a no pocos españoles... Con los nombres y comportamientos de estos doctores y del izquierdista Fermín se parodia lo acontecido en España durante los años de la inmediata transición política.

Al director Roldán no le interesa para nada la verdad auténtica, lo único que busca es dar forma a un alegato político con funcionalidad en el momento álgido de la transición que en ese momento están viviendo. Interesa la memoria, pero dirigida, y así lo considera el narrador tras las sesiones pagadas de diálogo con Sicart
"Además del firme convencimiento de que al poder no le gusta nada que recordemos, tenía yo muy presente que recordar es interpretar, es ver las cosas pasadas de una determinada manera. Así que habría que estar atento" (pág. 118). 
Por eso si cambia la circunstancia presente, el pasado se visualizará de otra manera. Así lo comprende el guionista-protagonista cuando el productor Moisés Vicente Vilches, que promovía la película política que quería filmar Héctor Roldán, es sustituído por Edgardo Mardanos, especializado en el destape cinematográfico que tanto éxito estaba teniendo en esos primeros años ochenta. El narrador-autor-protagonista se queda de una pieza cuando constata que en este nuevo contexto lo importante ya no es tanto el absurdo e incomprensible asesinato cuanto el personaje de Encarnita, la prostituta ciega amiga de la Carol asesinada, que interpretaría Elsa Loris, actriz próxima al cine porno: "Lo importante, lo que cuenta, no es tanto la desmemoria del asesino, sino la ceguera de esa entrañable putilla" (pág. 228).

Sí, evidentemente, la memoria es caprichosa, mixtificadora, engañosa, falsa, mentirosa y muy a menudo, cada vez más -piensan los dos personajes principales: el narrador y el asesino confeso-, se niega a dar la cara, convirtiéndose en la puta memoria, en esa puta tan distinguida ("Mi próxima novela tratara de las añagazas y las trampas que nos tiende la memoria, esa puta tan distinguida", pág. 10). 

➥ Metaliteratura
Es una narración en la que Marsé reflexiona mucho sobre el proceso de creación. Constantemente el narrador está dándole vueltas al guión que está construyendo. El hecho histórico que la mente devastada de Sicart está exponiéndole hace aguas por varios sitios. Por ejemplo, al guionista le parece dudoso que el asesino sostenga que en las dos visitas que Carol le hizo, en ambos momentos en el Cine Delicias se proyectase la misma película, "Gilda". No le parece verosimil: 
"En ambas visitas de Carol, la primera y la última, con dos años de por medio, el Delicias exhibía la misma película. Estuve a punto de probar a implantarle un recuerdo falso -un injerto, un mero artificio de la memoria destinado a fortalecer la trama con ecos y resonancias-, una escena confeccionada con los mimbres de lo verosímil y ver si la asumía" (pág. 210).
Rita Hayworth, Charles Vidor, Billy Wilder, Buñuel, Frank CapraLas alusiones a títulos de películas ("Roma, città aperta" de Roberto Rossellini, "Nazarín" de Buñuel, "La hija de Ryan" de David Lean...) y a nombres de directores (Raoul Walsh, Rossellini, Frank Capra...) sirven al relato de elementos referenciales en los que apoyar argumentos e informaciones. Así "Gilda" de Charles Vidor llena todo el relato pues la relación entre los personajes del film se asemeja a la de Carol y Fermín, además de afectar también al mundo real del propio escritor quien se ve reflejado en esos chicos que en el cine fantasean sobre la continuación de la escena de Rita Hayworth cuando tras quitarse el largo guante negro la película siempre se cortaba.  Y si "Gilda" es el referente para la historia de 1945, "Testigo de cargo" de Billy Wilder cumple la misma función pero referida ya al cambio de orientación del proyecto cinematográfico que la productora Vilma Films tiene entre manos al haber cambiado las circunstancias politicas.

En el campo estricto de la literatura, el autor-narrador reflexiona y sin previo aviso cambia al espectador por el lector: 
"Estás preparando al lector para algo que no le vas a dar, me dije, cuando te gustaría prepararle para darle algo que no espera... aunque tú mismo ignoras qué podría ser" (pág. 140). 
La unión, la mezcla, entre cine y literatura también se marca en la identificación entre el narrador-autor-protagonista y el personaje real y ficticio de Sicart: 
"Se levantó contrariado, refunfuñando en voz baja y para sí mismo:  "A ver si mañana me acuerdo mejor, coño, a ver...", pero antes de irse permaneció un rato junto a la baranda mirando cómo la noche caía sobre la ciudad. [...] Una ciudad fantasmal, invernal y remota, inexpugnable, tan obsoleta y a la vez tan persistente en su ánimo como en el mío. Y sería quizá por eso que [...] algo indefinible me empujaba a ponerme en su lugar ya mirar el perfil de la ciudad con sus mismos ojos descreídos y desde su misma perspectiva: haber sido él, haber vivido aquel horror, haber estado allí aquel nefasto día, haberme sentido impelido a matar... Aunque el sentimiento de pérdida o de desarraigo con la ciudad no podía ser el mismo, pues el destino había sido mucho más severo con el que conmigo, sentía que el túnel de la desmemoria donde él parecía perdido no podía, no debería serme totalmente ajeno" (pág.138).
Hay, claramente, una mezcla entreverada de realidad en esta ficción, y a la inversa. Las figuras del pasado 1945, buscadas -y perdidas- en el recuerdo desvencijado de Sicart y en los documentos policiales y judiciales resucitan en los folios del guión cinematográfico que el narrador -Marsé sin duda alguna- está realizando. Verdad, realidad, recuerdo, ficción, mixtificación, memoria..., ambigüedad, desmemoria... están ahí:
 "No sabría decir cuáles son los límites de la ficción al recrear una verdad histórica; probablemente no es aplicar más luz sobre el hecho real, sino realzar los claroscuros, las ambigüedades y las dudas, aquello que constituye la expresión más viva de la verdad." (pág. 208)
➥ Humor
La novela plantea el asunto de la memoria, de la poca fiabilidad de la misma, de la desmemoria en definitiva, con un punto de humor que a mí me ha convencido y entretenido. Felisa, la asistenta del narrador, es el personaje sobre el que se sustenta el humor en esta novela. Ella es una enamorada del Cine y constantemente está proponiéndo a su jefe acertijos cinematográficos que, por insistentes y reiterativos, le tienen ya un poquito harto. Además no hace distingos e igual que los lanza a su patrón lo hace a las personas que éste recibe en casa, consiguiendo con ello algunos logrados momentos en el relato.

Mención aparte dentro de este apartado del humor son las divertidas alusiones a algunos políticos. Antes me he referido a los de la época de los primeros años ochenta (Tejero-Cámara, Suárez...), pero el escritor rompe el corsé temporal y lanza humoradas sobre algunos políticos actuales, muy mediáticos, del nacionalismo catalán. Los convierte en personajes comparsa del espectáculo de variedades del salón Guinardó [La "Ronda del Guinardó" es el título de una de sus novelas publicada en 1984 y, además, en ese distrito barcelonés es donde sitúa la  mayoría de sus relatos]. En ese Salón, pues, actúan "RUFIÁN y TARDÁ, afamada pareja de payasos volatineros y saltimbanquis", y también "PILAR RAJOLA, contorsionista verbal y cómica radiofónica".

Final
Novelas de Juan Marsé, los estragos de la edadEn verdad, esta novela, cuya historia  ha distribuido el autor en 16 capítulos, se encuentra prácticamente comprendida en su integridad en el primero de ellos, donde aparecen 48 respuestas que el autor-narrador está dando a una periodista que, supuestamente, le entrevista por vía telefónica. En estas respuestas hay alusiones a su real peripecia vital (soy "hijo adoptivo y de incierto origen biológico", "Perdí este dedo a los quince años. Se lo tragó una laminadora"); a su gran amor al Cine ("Le cambio la película entera por un plano de John Ford", "Lo que yo envidiaba a los quince años era el juego de cejas de Clark Gable"); a su pensamiento político ("La identidad nacional me la trae floja. Se trata de una estafa sentimental", "La patria que proponen los nacionalistas es una patraña sentimental", "No. La verdadera patria del escritor no es la lengua, es el lenguaje"); a su poética creativa ("En mis ficciones, la vivencia real se somete a la imaginación, que es más racional y creíble. En la parte inventada está mi autobiografía más veraz", "Menos adjetivos y más sustantivos, eso es lo que necesita hoy la novela"); y, por último, hace
una valoración de la novela que el lector está a punto de comenzar a leer:
"Al terminar de escribir ese libro me sentí muy mal. Satisfecho con las partes, pero desconcertado con el todo. Me sentía como si me hubiesen trabado el argumento, el corazón de la trama". Y aunque en la siguiente respuesta viene a corregir lo aquí afirmado ("Olvide eso y recuerde lo que dijo Nabokov: 'De nada sirve leer una novela si no se le con la médula')".
Es muy relevante esta consideración pues, desde luego, "Esa puta tan distinguida", aunque es una novela entretenida y que se lee con gusto no es la narración que va a hacer pasar a Marsé a la posteridad. Más que otra cosa es la faena de apaño de un maestro de 84 años.

5 may. 2017

Florilegio poético. Las poesías de "más que palabras..."

10 comentarios:
En "Más que palabras...", la tertulia literaria que hace unos cinco años formamos un grupo de amigos y compañeros de trabajo, tenemos como colofón a nuestra reunión mensual el recitado,  por parte de uno de los tertulianos elegido por riguroso turno, de uno o varios poemas de su elección. Esta actividad que nació entre dudas y escaso convencimiento de algunos, sin embargo se ha revelado interesante y ya forma parte indisoluble de este amigable grupo de lectura.


Tradicionalmente, además, mayo, mes de las flores es o ha sido el mes poético por excelencia. Certámenes poéticos, juegos florales, concursos por la flor natural de poesía..., se asocian a mayo por eso de que además de con flores este mes se identifica con el amor..., y, de siempre, el Amor con mayúscula se ha canalizado a través de la lírica.

Al ir a cumplirse un año del inicio de los recitados en "Más que palabras...", quiero compartir en este blog los poemas que allí hemos escuchado. Algunas poemas los coloco en letra y audio. El recitado, en esta ocasión, es de mi completa responsabilidad. Ruego comprensión a quienes decidan escucharlos.


Junio de 2016
PEQUEÑA AMÉRICA (Pablo Neruda)
Cuando miro la forma
de América en el mapa,
amor, a ti te veo:
las alturas del cobre en tu cabeza,
tus pechos, trigo y nieve,
tu cintura delgada,
veloces ríos que palpitan, dulces
colinas y praderas
y en el frío del sur tus pies terminan
su geografía de oro duplicado.
Amor, cuando te toco
no sólo han recorrido
mis manos tu delicia,
sino ramas y tierra, frutas y agua,
la primavera que amo,
la luna del desierto, el pecho
de la paloma salvaje,
la suavidad de las piedras gastadas
por las aguas del mar o de los ríos
y la espesura roja
del matorral en donde
la sed y el hambre acechan.
Y así mi patria extensa me recibe,
pequeña América, en tu cuerpo.
Aún más, cuando te veo recostada
veo en tu piel, en tu color de avena,
la nacionalidad de mi cariño.
Porque desde tus hombros
el cortador de caña
de Cuba abrasadora
me mira, lleno de sudor oscuro,
y desde tu garganta
pescadores que tiemblan
en las húmedas casas de la orilla
me cantan su secreto.
Y así a lo largo de tu cuerpo,
pequeña América adorada,
las tierras y los pueblos
interrumpen mis besos
y tu belleza entonces
no sólo enciende el fuego
que arde sin consumirse entre nosotros,
sino que con tu amor me está llamando
y a través de tu vida
me está dando la vida que me falta
y al sabor de tu amor se agrega el barro,
el beso de la tierra que me aguarda.
Gabriel Celaya, "Hablando en castellano"
Hablando en castellano,
mordiendo erre con erre por lo sano,
la materia verbal, con rabia y rayo,
lo pone todo en claro.
Y al nombrar doy a luz de ira mis actos.

Hablando en castellano,
con la zeta y la jota en seco zanjo
sonidos resbalados por lo blando,
zahondo el espesor de un viejo fango,
cojo y fijo su flujo. Basta un tajo.

Hablando en castellano,
el "poblo, puoblo, puablo", que andaba desvariando,
se dice por fin pueblo, liso y llano,
con su nombre y conciencia bien clavados
para siempre, y sin más puestos en alto.

Hablando en castellano,
choco, che, te, ¡zas!, ¿ca? Canto claro
los silbidos y susurros de un murmullo que a lo largo
del lirismo galaico siempre andaba vagando
sin unidad hecha estado.

Hablando en castellano,
tan sólo con hablar, construyo y salvo,
mascando con cal seca y fuego blanco,
dando diente de muerte en lo inmediato,
el estricto sentido de lo amargo.

Hablando en castellano,
las sílabas cuadradas de perfil recortado,
los sonidos exactos, los acentos airados
de nuestras consonantes, como en armas, en alto,
atacan sin perdones, con un orgullo sano.

Hablando en castellano,
las vocales redondas como el agua son pasmos
de estilo y sencillez. Son lo rústico y sabio.
Son los cinco peldaños justos y necesarios
y de puro elementales, parecen cinco milagros.




Septiembre de 2016
DE LA TERRIBLE DUDA DE LAS APARIENCIAS (Walt Whitman)
 De la terrible duda de las apariencias,
De la posibilidad de que  hayamos sido engañados,
De que quizás la confianza y la esperanza no sean, después de todo
      sino especulaciones,
De que acaso la identidad mas allá de la tumba no sea sino
      un hermoso mito,
De que tal vez las cosas que percibo, animales, plantas, hombres,
      colinas, aguas brillantes y fluidas,
      el firmamento diurno y nocturno, los colores, densidades, formas,
      sólo sean (como sin duda son) apariencias, y que
      lo real esté aún por conocerse.
(¡Cuantas veces pienso que no sé, ni nadie sabe, nada de ellos!)
Tal vez  parece que son lo que son (como sin duda sólo parece
      que son lo que son) desde mi actual punto de vista, y
       puede  resultar que no sean (como en efecto no serán) nada de
       lo que parece ser, o no ser nada, en fin, considerados desde puntos de vista    
       enteramente diferentes;
Para mí, éstas y parecidas cosas encuentran extrañamente, respuesta
       en mis amantes, en mis queridos amigos.
Cuando aquel que amo viaja conmigo y descansa a mi lado largo rato,
       cogiéndome la mano,
Cuando el aire sutil, cuando lo impalpable, cuando el sentido que no tienen
       ni la palabras ni la razón, nos rodea y nos penetra,
Entonces me siento lleno de una sabiduría no expresada e inexpresable,
        permanezco  silencioso, no pido nada mas,
No puedo responder la pregunta de las apariencias ni la de la
         identidad mas allá de la tumba,
Camino o me siento con indiferencia, estoy satisfecho,
Aquel que coge mi mano me ha satisfecho enteramente.

Octubre de 2016
Oración en Columbia University (José Hierro)

Bendito sea Dios, porque inventó el silencio,
y el chirrido de la chicharra,
y el lagarto de fastuoso traje verde,
y la brasa hipnotizadora
(horizontal crepúsculo pudo haberla llamado
don Pedro Calderón de la Barca en el declive del Barroco).
Bendito sea Dios que inventó el agua
el agua sobre todo.

Bendito sea Dios porque inventó el amanecer
y el balido que lo poblaba.
Ahora vuelvo a escuchar aquella melodía.
El arroyo arpegiaba sobre cantos rodados,
hacía el contrapunto.
Suena el concierto en mi memoria.
O puede que se trate
de una música diferente:
la que escuchó, primero, entre los arrayanes de Granada
Federico García Lorca,
y luego aquí, rescatada,
en Columbia University.

Bendito sea Dios que inventó los prodigios
que contaba mi padre
perfumado de espliego y de tomillo.
Eran historias de ciudades mágicas
en las que el agua circulaba
por venas de metal, agua caliente y fría
(nos lo contaba al borde del regato,
helado en el invierno, seco en estío:
«Venga, a lavarse, coño, guarros».
Y obedecíamos).

Bendito sea Dios que inventó la cabra —la cabra
que rifaba por los pueblos—
mucho antes que Pablo Picasso,
con barriga de cesto de mimbre
y tetas como guantes de bronce.
Maldito sea Dios porque inventó el estaño
parpadeante del olivo,
ramas y tronco de Laoconte,
y aquella sombra trágica de catafalco y oro:
un rayo congelado en la mano siniestra
y en la diestra un crepúsculo.
Maldito sea Dios porque inventó a mi padre
colgado de una rama del olivo
poco después de recogerse la aceituna.
No puedo perdonárselo.
Pero eso fue más tarde.
Antes fueron los niños.
Bendito sea Dios que inventó aquellos niños,
vestidos como príncipes o pájaros.
Con voces de cristal, «Papá», decían a su padre.

Bendito sea Dios por inventar una palabra
milagrosa, jamás oída,
y su padre correspondía
con vaharadas de ternura.

Maldito sea Dios, porque yo quise
arrezagarme en la ternura
pronunciando la mágica palabra
entonces descubierta. «¿Papá?» «Mariconadas,
si te la vuelvo a oír te llevas una hostia».

Bendito sea Dios porque inventó los años,
1970, 1980, 1990...,
inventó el fuego, el oro viejo
de los arces de otoño,
y estos ríos profundos como penas,
largos como el olvido o el recuerdo,
hospitalarios, generosos,
por los que la ciudad va navegando
hasta la mar, que es el morir.

Bendito sea Dios que inventó libros sabios.
Se daba nombre en ellos
a lo que antes no lo tenía.
Bendito sea Dios porque inventó licenciaturas
masters, campus con risas y con marihuana,
laboratorios y celebraciones
con cantos en latín, gaudeamus igitur,
todo situado en niveles distintos del tiempo.

Bendito sea Dios que inventó la memoria
y que inventó el silencio de este lugar aséptico,
y las venas metálicas ocultas
en las que el agua espera
unas manos liberadoras que les devuelvan su canción.
Ahora sé que mi padre está vengado.
Mi padre, descolgado del olivo
pronuncia con mis labios las palabras totémicas,
y se estremece este recinto sagrado.
«Coño, joder, carajo, a lavarse la cara, hostias».
Y abro los grifos, lavabos, duchas, retretes,
se desbordan las aguas que él soñaba
en la choza de adobe y paja
cantan la gloria de la recuperación,
y mi padre navega por las aguas,
le provoco, gritándole desconsolado.
«¡Papá!». «Mariconadas», me contesta.
ahogado, recuperado,
navegante por los canales de oro,
vivo ya para siempre.


Noviembre de 2016
Si me llamaras ⇦(Pedro Salinas)⇒

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
«¡si me llamaras, sí, si me llamaras!»
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.

Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: «No te vayas».
Ayer te besé en los labios.

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

Diciembre de 2016
('Canción de Cardenio', Cervantes)
¿Quién menoscaba mis bienes?
       Desdenes.
¿Y quién aumenta mis duelos?
       Los celos.
¿Y quién prueba mi paciencia?
       Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
       Amor.
¿Y quién mi gloria repugna?
       Fortuna.
¿Y quién consiente en mi duelo?
       El cielo.
De ese modo, yo recelo
morir deste mal estraño,
pues se aumentan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
       La muerte.
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
       Mudanza.
Y sus males, ¿quién los cura?
       Locura.
De ese modo, no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura. 


Enero de 2017
Si el hombre pudiera decir lo que ama (Luis Cernuda)


Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Los marineros son las alas del amor
(Luis Cernuda)

Los marineros son las alas del amor,
son los espejos del amor,
el mar les acompaña,
y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
rubio es también, igual que son sus ojos.

La alegría vivaz que vierten en las venas
rubia es también,
idéntica a la piel que asoman;
no les dejéis marchar porque sonríen
como la libertad sonríe,
luz cegadora erguida sobre el mar.

Si un marinero es mar,
rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
no quiero la ciudad hecha de sueños grises;
quiero sólo ir al mar donde me anegue,
barca sin norte,
cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.








Febrero de 2017
Los heraldos negros (César Vallejo)


Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!



“Ítaca” (Cavafis)


Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Marzo de 2017
Rimas ⇐(Juan José Llovet Soriano) ⇓

El tiempo es oro, mujer;
yo no lo puedo perder
en pedir ni en esperar.
Sé mía si lo has de ser;
si no, déjame marchar,
que el tiempo es oro, mujer.
¡El sol baja tan a prisa!
¡Llega tan pronto a su ocaso!
Hay que caminar de prisa,
hay que aligerar el paso.
¡El sol baja tan a prisa!
Me queda tanto que andar
y tanto por qué reír
y tanto por qué llorar.
¡Para lo que he de vivir,
me queda tanto que andar!
No te arrepientas después.
Piensa de qué vivirás
si dejas morir la mies.
¡Yo no ando nunca hacia atrás!
¡No te arrepientas después!

LA ESPADA DE MI ABUELO
(Á Enrique Reoyo)


Yo nací en una casa de portalón sombroso,
donde antafío habitara un hidalgo señor,
que murió coronado por el nimbo glorioso
de una noble leyenda de aventuras de amor.

En la ciudad aún corre en boca de las gentes
la historia de su vida: Se llamaba don Luis,
y lucía en sus armas, limpias y refulgentes,
sobre campo de gules, cuatro flores de lis.

En una de las salas de mi vieja casona,
donde el silencio tiene hueca sonoridad,
pendiente de un testero, se pudre una tizona
que supo hacer un día ley de una volun tad

Aquella vieja espada perteneció á mi abuelo,
aquel valiente hidalgo, poeta y segundón,
que durmió muchas noches bajo el palio del [cielo,
por ju garse á una carta su postrero doblón.

Hace ya mucho tiempo, siendo yo todavía
un muchacho travieso, revoltoso y jovial,
uno de mis mayores placeres consistía
en con aquella espada fingirme general.

General de un ejército de bravos paladines,
general que tenía un bastón por corcel,
y que cuando corría por los bellos jardines
se figuraba hallarse en la torna de Argel.

y cuando en las eternas veladas ínvernales
se rezaba el monótono rosario familiar,
y mi madre clavaba sus ojos celestiales
en los añosos troncos que ardían en el llar;

y sus pálidos labios decían suavemente:
“Por el descanso eterno del difunto don [Luis”,
yo elevaba la vista, casi inconscientemente,
á la espada exornada por las flores de lis.


En marzo fueron dos las juglares. Tras el recitado de los dos poemas anteriores, los dos siguientes vinieron a cerrar una jornada fantástica:


ÍNTIMA
Julia de Burgos

1

Se recogió la vida para verme pasar.
Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma.

Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
que se abría en mi interior,
y me llegué hasta mí, íntima.

Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
y me hice paisaje lejos de mi visión.

Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el
hombre.

2

Ha sonado un reloj la hora escogida de todos.
¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma.
Las cosas circundantes reconquistan color y forma.
Los hombres se mueven ajenos a sí mismos
para agarrar ese minuto índice
que los conduce por varias direcciones estáticas.

Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho.
Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión.
Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.

La forma que se aleja y que fue mía un instante
me ha dejado íntima.
Y me veo claridad ahuyentando la sombra
vaciada en la tierra desde el hombre.
NADA
Julia de Burgos

Como la vida es nada en tu filosofía,
brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

Brindemos por la nada de tus sensuales labios
que son ceros sensuales en tus azules besos;
como todo azul, quimérica mentira
de los blandos océanos y de los blancos cielos.

Brindemos por la nada del material reclamo
que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;
como todo lo carne, relámpago, chispazo,
en la verdad mentira sin fin del Universo.
Brindemos por la nada, bien nada de tu alma,
que corre su mentira en un potro sin freno;
como todo lo nada, buen nada, ni siquiera
se asoma de repente en un breve destello.

Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;
por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos;
por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
y si entre nada y nada no puede existir nada,
brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.









Abril de 2017
“Cuestión bizantina”
(Max Aub)


La playa ¿es orilla
de la mar o de la tierra?
Conseja bizantina.
La orilla del bosque
¿es su límite o del llano borde?
¿Qué frontera separa
lo tuyo de lo mío?
¿Quién acota la vida?
¿Vives hoy o mañana?
Raíz, tallo, flor y fruto
¿dónde empiezan y acaban?
El mantillo
¿es orillo
del ramaje muerto,
del renuevo
o del retorcido
helecho nuevo?
Cuestión bizantina.
Importa la orilla,
dormir limpio en ella.
(No somos tú y yo,
sino el hilo impalpable
que va de tu presencia
a la mía.)
Límites y fronteras
se agostarán un día.
Sin orillo ni orilla
¿qué más da de quién sean
los cachones, la arena?
La playa es orilla
de la mar y de la tierra,
nunca frontera:
Nada separa,
Nada se para.
Palabra.
"El dibujo en el agua"
(Felipe Benítez Reyes)


Bien sabes que estos años pasarán,
que todo acabará en literatura:
la imagen de las noches, la leyenda
de la triunfante juventud y las ciudades
vividas como cuerpos.

Que estos años
pasarán ya lo sabes, pues son tuyos
como una posesión de nieve y niebla,
como es del mar la bruma o es del aire
el color de la tarde fugitivo:
pertenencias de nadie y de la nada
surgidas, que hacia la nada van:
ni el mismo mar, ni el aire, ni esa bruma,
ni un crepúsculo igual verán tus ojos.

Un dibujo en el agua es la memoria,
y en sus ondas se expresa el cadáver del tiempo.

Tú harás ese dibujo.

Y de repente
tendrás la sombra muerta
del tiempo junto a ti.





Y hasta aquí los poemas que en "más que palabras...." han ido saliendo. A mí, la poesía me gusta mucho y creo que leerla o escucharla recitada por otros es una actividad literaria de lo más hermoso
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