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2 dic 2021

"humanimal". Emilio Picón

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«comprendí, decidí y emprendí la mixtura de realidad y ficción que habría de reportarme la satisfacción deseada, una liberación mucho mayor que la mencionada por Arturo cuando me recomendó que escribiera. [...] Emprendí la construcción de ese nuevo plano de acontecimientos que no eran reales ni ficticios, sino libres, desarrollados a merced de una voluntad que se siente gobernada con total autonomía.(Reflexión de Mario en un momento de la Parte II)
«Hay que matar a Emilio Picón. Sólo así se derrumbará toda esta historia. El la ha escrito, la está escribiendo, quiere que vayamos a su encuentro. ¿No lo entiendes? Volverás a la vida. Seremos realmente libres» (del diálogo entre LF y CM al inicio de la Parte III)

humanimal, Emilio Picón


Una novela de un autor relativamente joven que amablemente me la envió. Me ha gustado especialmente por lo novedosa que me ha parecido en muchos sentidos: las reflexiones vitales y filosóficas que contiene, y sobre todo por la manera de entreverar realidad y ficción llegando al extremo de que el propio autor se vea implicado en el interior del desarrollo de la trama.


Sobre Emilio Picón (Información proporcionada por el Centro Andaluz de las Letras)
EMILIO PICÓN SALVADOR (El Ejido, Almería, 1977) es autor de los poemarios Amor enlutado (Lagartos Editores, 2010) y La sed del agua (Ediciones en Huida, 2014), además de las plaquettes Minerva (Banderines del Zaguán, 2010) y Serescrito (Poeta de guardia, 2014). Como narrador ha publicado el libro de relatos El poema o la pistola (IEA, 2014) y la novela Primera persona (Ediciones en Huida, 2016). Sus textos también han podido leerse en revistas y antologías literarias. Destacan revistas como La bolsa de pipas, El coloquio de los perros o Fábula, y antologías como Versos para bailar o no, Ciudad celeste o Versos que abrazan. Durante algunos años coordinó e impartió talleres de escritura creativa en Almería. También se ocupó del espacio radiofónico literario serescrito durante una temporada. 


Sobre la novela 
En la contraportada de la misma se puede leer:
La novela como género lleva mucho tiempo buscando su camino —o sus caminos— a través de la legión de escritores que la han practicado y que siguen practicándola. Emilio Picón, cuya alma de poeta reverbera en su prosa (igual que un anillo de oro brilla bajo el agua), ha ayudado a trazar una nueva ruta para lectores y narradores con humanimal, novela gestada en los engranajes de su mente que está a años luz de ser una obra convencional.

Esta es una obra donde se juega con la metanarración; es decir, donde la narración se mira en el espejo y se desnuda y se explora y se narra a sí misma, como el uróboros que engulle su propia cola. El autor desmonta su mecano ante nosotros para mostrarnos todas las piezas, pero luego, como experto relojero, vuelve a ensamblarlas con tanta coherencia narrativa como destreza. 
(Del prólogo de Manuel Moyano).



Mi Comentario
Antes de entrar en la narración propiamente dicha, al abrir el volumen bellamente editado por la editorial sevillana Niña Loba, nos topamos con el prólogo firmado por Manuel Moyano y a continuación con una Nota de Darío Méndez, el editor, en la que de hecho se vuelve a reincidir en lo mismo. O sea, que ambos, prologuista y editor vienen a prevenirnos, a ponernos sobre aviso del experimentalismo que contiene este relato, del experimento mismo que es humanimal. Diríase que ambos son conscientes de la frontera narrativa en que se ubica la historia que presenta el escritor. Bien, de acuerdo, está bien estar sobre aviso, ¡adelante!

Una especie de resumen
Resumir esta narración tiene su complicación. Pese a ello lo intentaré:

Luis Fuentes que se hace llamar Luis Cernuda está con Irina en un prostíbulo. Ha acudido a él huyendo de una inmensa decepción: Clara Monetti, su pareja, se ha suicidado; él, ignorante de la auténtica realidad que ha llevado a Clara a darse muerte, piensa que ha sido por su relación con Cristina Laguna.
A la salida del puticlub Luis toma el taxi que hay a la puerta. Lo conduce Mario que es además de taxista, vigilante del local, y escritor aficionado. Mario todo lo sabe, todo lo conoce, pues es él quien está imaginando, creando, escribiendo la historia de Luis, Clara, Irina… Incluso él mismo ha estado enamorado de Clara aunque nunca se atrevió a decírselo. 
Otro trío actoral interesante es el formado por Arturo, Matilde y Pablo. Los dos primeros son pareja y tienen una hija; son una pareja abierta y debido a esto Pablo entra a competir por Matilde. Arturo dialoga con Mario cuando éste es vigilante nocturno de un camping en Cabo de Gata, Almería. Esta acción parece anterior a la de la primera escena pues es Arturo quien en las conversaciones nocturnas con Mario le recomendó que escribiera. 
La escritura, la rebelión de los personajes frente a su creador, la necesidad de éstos de exigirle que vuelva a la vida a Clara y si se niega matarlo a él también, aunque para ello hayan de recorrer media España para buscarlo en Gijón, configuran buena parte del resto de la novela.


Lo primero que destacaría de esta novela es lo muy literaria que es. Hay en ella muchísima literatura, una literatura que no se queda en el fondo de la misma sino que sale a superficie y se declara explícitamente. En especial dos líneas literarias he creído ver: una es la que viene del otro lado del Atlántico: el uruguayo Juan Carlos Onetti, pero también el chileno Roberto Bolaño; la otra línea sería plenamente española y es la que entronca con la figura de Luis Cernuda y especialmente con Miguel de Unamuno y la problemática existencial que muestra en su novela "Niebla".

Novela andaluza actual
La línea atlántica es predominante y esencial hasta el punto de que el personaje de Clara Monetti que está en la base de las actuaciones que mueven al resto de personajes masculinos toma su apellido, precisamente y de manera más que simbólica, de la novela del uruguayo "Para una tumba sin nombre" en cuya portada figura una gran 'M'. Y si el apellido de Clara nace de este escritor (M + Onetti), el de su partenaire masculino Luis Fuentes corre a beber en la poesía amatoria del español Luis Cernuda («"tú justificas mi existencia, si no te conozco no he vivido, y si muero sin conocerte no muero, porque no he vivido."»), seudónimo que él mismo adopta y con el que se viste y desviste identitariamente según le convenga estar del lado de lo real o de lo puramente ficticio. El tercer ángulo del triángulo amatorio que funciona en el relato lo ocupa Mario, un personaje que también bascula como los anteriores de la realidad hacia la irrealidad, si bien en su caso el mundo real lo ocuparía nada menos que otra tríada imaginativa -la formada por Arturo - Matilde - Pablo- que de inmediato nos remite en el juego de cajas chinas que constantemente esta novela es a un tal Emilio Picón que así de un plumazo salta la débil valla que separa la realidad de la ficción. Por si algún lector pudiese perderse en esta mise en abîme que se practica en esta narración rápidamente sabemos que ese libro escrito por ese segundo trío de personajes y en definitiva por un solo dios que es principio y fin se titula (ja, ja, ja....) Primera persona. ¡Ah, claro!, exclamarán algunos al caer en la cuenta. Sí, así es. Interesante juego éste, sin duda alguna. 

La novela nace de una declaración de principios por parte de Clara Monetti que descoloca al lector. 
«Yo, Clara Monetti, mujer de 30 años, pareja estable de Luis Fuentes desde hace 7 - más de 5 en convivencia -, amante esporádica de Oriol Brassens desde hace casi 1, dedicada a la medicina oncológica -más en la teoría que en la práctica -, sin hijos, recién muerta por decisión e iniciativa propias tras conocer el diagnóstico de cáncer de estómago con metástasis; yo, Clara Monetti, siento la necesidad de escribir unas palabras que intenten dar sentido a lo que jamás podrá tenerlo, es decir, nuestras vidas.»

O sea que una fallecida va a empezar a escribir, a contarnos. ¡Imposible! Bueno, en literatura nada es imposible. Si además, como se observa a lo largo y ancho de la novela, Emilio Picón está ahíto de sabiduría literaria, puede con arte inigualable hacer posible lo que no lo parece. Sí, Clara Monetti, está muerta, pero como le ocurre al hijo del presidente Lincoln en la novela de George Saunders "Lincoln en el Bardo" [reseñada por mí en este blog: leer aquí] esta mujer está en un terreno indefinido entre el aquí y el allá, entre la vida real y la muerte, y por esta razón puede mantener jugosas conversaciones con su pareja Luis Fuentes presentadas en forma teatral

Clara es un personaje que pese a haberse dado muerte se niega a dejar de intervenir en la vida de los demás. Algo parecido le sucede a los demás personajes ficticios, en especial a Luis Fuentes, que cuando empieza a entender que no es más que un guiñol, una marioneta, como el personaje unamuniano de Niebla se rebela frente a su creador, Mario, que sabe todo sobre él, incluso hasta lo que él mismo ignora
«y eso nunca sucederá, nunca podrás hacerlo porque solo eres un personaje. Yo he creado esta historia para hacerte sufrir, y estoy aquí para disfrutar con el espectáculo.»

 Se toca aquí el problema existencial que tantos dolores de cabeza dio al catedrático vasco de la Universidad de Salamanca, querer diseñar el propio destino cuando este está en la cabeza de un ser superior, llámese Dios o simplemente creador literario.

Muchas cosas me han agradado de la novela aunque lo que más haya sido el experimentalismo que en ella he detectado: el argumento me ha evocado algo a Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, autor que es más que citado y emulado por parte de alguno de los personajes. Concretamente en la parte II del libro Arturo al ver que Mario, guarda nocturno en el camping Mar Azul situado en el Cabo de Gata (Almería) realiza la equiparación entre uno (el real) y otro (el inventado):
«—Eres el vigilante nocturno y escribes— dijo [Arturo] saliendo del mostrador, y parecía pensar en voz alta, o atar cabos, o resolver un misterio, o asistir a una revelación.
—Como Bolaño— dijo ya frente a mí,» [...]
También he pensado en Bolaño al leer las conversaciones sesudas y profundas que a veces desarrollan los dos principales personajes, LF y Mario, en pleno proceso de aniquilación. 

El experimentalismo desde el punto de vista del contenido se detecta especialmente en la metaliteratura que aflora en el relato por doquier. Sin duda alguna es en el capítulo 12 de la Parte I donde he creído ver más reflexión metanarrativa, aunque esta está esparcida a lo largo y ancho de todo el relato. En este capítulo, único en el que se describe a un personaje, el escritor escribe sobre cómo enfocar aquello que está escribiendo:
«Describir a Luis Fuentes debe ser un intento de no hacer literatura. [...]
No, así no. Sinceramente creo que hay que alejarse del falso Cernuda
Describir a Luis Fuentes debe ser un intento de hacer vida. Decir, por ejemplo, que el cabello es simplemente corto y oscuro,  [...]
Sí, podría valernos todo esto, siempre y cuando consiga equilibrarlo —lo físico y lo emocional, lo mostrado y lo simbolizado—.
Describir a Luis Fuentes se lleva poco más de cientochenta segundos, cientochenta segundos de soledad. Y, si te miras al espejo, es posible que tardes incluso menos.»
Como se puede observar en la cita anterior Emilio Picón es un autor que por muy experimental que haga una novela no se desprende o no desdeña el sentido del humor. En pleno ejercicio de la función metalingüística Mario, el personaje narrador nos confiesa «para no complicarme mucho, hice que el camping volviera a abrir sus puertas, esta vez en el otro extremo de la provincia almeriense, en primera línea de playa, junto a un pueblo llamado Balerma, y allí volví al trabajo de vigilante nocturno.» ¡Ja, ja, ja..., está claro que el escritor es un Deus Omnipotens!

Y fuera de la metanarración propiamente dicha, es decir, en pleno relato,  aunque quizás en un tour de force mayor aún si cabe, en el capítulo 10 de la Parte II se nos presenta el contenido de la novela "Primera persona" considerada siempre de no ficción, y quien lo está haciendo tras exponerlo exhaustivamente duda ya de esa falta de realidad por lo que concluye diciendo:  «la cuestión es bien sencilla: si 'Primera persona' no es ficción, sino una historia real escrita por Arturo, Matilde y Pablo; entonces, ¿quién coños es Emilio Picón? En la portada reza como autor de la novela.» ¿Hay mayor sana prueba de humor que la de reírse de uno mismo?

Es un humor para literatos, o sea, para degustadores del arte de Calíope. Hay chistes como el de que Luis Fuentes sólo se siente libre dentro de la elipsis literaria que sólo está al alcance de un lector avisado. Y hay humor, muchísimo humor en esa ruptura de los ámbitos vida-no vida cuando Clara confiesa su inmenso deseo de echar un polvo a pesar de estar muerta («Estoy muerta y, sin embargo, deseo echar un polvo más que nunca.»). Y prosigue afirmando el absurdo que supone hablar un vivo con una muerta, cuestión que el mismísimo Samuel Beckett aprovecharía para fundar una franquicia «colocando tiendas por todo el mundo con nombres del tipoi Esperando el amor, Esperando la justicia o Esperando la verdad». Sí, desde luego, este Emilio Picón es un tipo la mar de divertido.

En cuanto al experimentalismo formal o externo, hay mucha tela que cortar. Partiendo de una estructura habitual en tres partes, el experimentalismo va in crescendo según que se avanza en la lectura del libro. La parte III es sin duda alguna la más experimental, la más loca. En ella los personajes se han transmutado al menos temporalmente en una pareja la mar de conocida aunque aquí también ligera o profundamente modificada: Don Kijote (L F) y Pancho Sanza (Mario). Don Kijote es un caballero danzante y Pancho Sanza es hombre reflexivo, un escuchante de Kijote  y en ocasiones es presentado por éste incluso como sordomudo, ¡alucinante! 

Innovación formal, experimentalismo, narrativa novedosa, metaliteratura
Como digo el desarrollo experimental es mayor según avanzamos en la lectura. Si en la Parte I estamos casi en la normalidad, en la Parte II comienza a aparecer la mezcla de géneros literarios en especial en esos diálogos de forma teatral entre Clara y Luis, que llegan incluso a la diseminación por la página de líneas, palabras y letras (foto experimentalismo1). Pero es en la ÍII y última parte cuando la innovación formal riza el rizo y llegamos a ver la técnica del contrapunto mostrada en forma de dos columnas, la de la izquierda correspondiendo al diálogo que mantienen Kijote y Pancho Sanza en su búsqueda en Gijón de Emilio Picón y en la columna de la derecha la conversación mantenida por los dos guardias civiles  que los están siguiendo. 

El culmen de experimentalismo se da en la parte final de esta Parte III donde todo se va resolviendo y el propio autor-narrador-personaje realiza esquemas conceptuales referidos al propio desarrollo de la acción y a los personajes que la sustentan. Es en estas páginas finales cuando la confusión de los planos real e írreal llega a su cénit: 
«—hazlo —le grito ahora— hazlo de una puta vez
hay que acabar esta obra
saltarme la tapa de los sesos delante de un niño que llora
puede ser un gran final
en un coche robado
con varios muertos ya en escena»

 La influencia o el aprecio, me sería mejor decir, por la inmensa figura de Julio Cortázar, confesada por Emilio Picón en varias entrevistas, queda patente en la manera que tiene de resolver la novela ofreciendo al lector una serie de posibilidades, algunas a su vez con dobles alternativas. La "Rayuela" cortazariana con multiples rutas narrativas se hace aquí presente. 


Para finalizar
Una novela como humanimal, de tantos ángulos y contraángulos es imposible reseñarla en su totalidad, es una obra que se escapa, que si la volviera a leer seguro que encontraría en ella aspectos  que en esta primera lectura se me han pasado. Eso es seguro. Pero lo que no quiero dejar sin citar es el acompañamiento musical que hay a lo largo de toda la narración. Sin duda alguna podría hablarse de una banda sonora. En el relato aparece explicitada, con títulos de dos de sus canciones, la música de Tom Waits y con el tema 'La plaza de la Soledá' la de Nacho Vegas; luego se cita una serie de grupos (Radiohead, Los Planetas, Los Enemigos, etc.) que gustan a algunos de los personajes, pero ya no se citan expresamente títulos de algunos de sus temas, o al menos es lo que a mí me parece recordar.


Y junto a la Música también el Cine es elemento que está presente en el relato. Así se cita a Julio de la Rosa, compositor de la música del film "La isla mínima". También hay una importante referencia a la película "De la vida de las marionetas" de Ingmar Bergman, quizás porque al igual que en la novela en el film se produce la muerte de una prostituta que es o ha sido visitada por un hombre cuya relación amorosa ha fracasado. Esta, el final de la relación amorosa, es toda la similitud existente entre ambas narraciones, nada más. Y también creo recordar que en un momento dado del relato aparece citado el nombre del director manchego Pedro Almodóvar

Mucho culturalismo, pues, hay en "humanimal", la novela de Emilio Picón que se resiste a ser reducida a una sencilla explicación, una novela con muchas aristas, una novela compleja, una novela la mar de interesante. Y un autor que acabo de descubrir y del que quisiera seguir leyendo sus próximas obras.

28 nov 2021

Almudena Grandes en mi blog (in memoriam)

35 comentarios:
Escritores costumbristas actuales, Almudena Grandes

La muerte siempre sorprende y nos sorprende. Cuando ayer por la tarde, en un grupo de wasap de los muchos que uno carga en el móvil, alguien, ahora mismo no sabría decir quién, escribió la triste noticia, apenas si pude dar crédito. Es cierto que ella misma, Almudena Grandes, había escrito no hace mucho en uno de sus artículos que publicaba en EPS (El País Semanal) la presencia de la enfermedad en su organismo, pero también era cierto que la escritora madrileña a renglón seguido quitaba hierro al asunto: "Parece que tiene buen pronóstico", decía.

Comencé a leer a Almudena con Las edades de Lulú novela que me sorprendió, me zarandeó, me perturbó, me dejó k.o. Hasta ese momento no había caído en mis manos una novela tan libre, tan turbulenta, tan inquietante; una novela que me revolviese por dentro, que pusiese en evidencia los peligros que subyacen a la sociedad bien pensante, las cloacas que existen bajo ella y lo que en ellas se cuece. No todo en la novela era puro erotismo, también había dominación, amor confundido con sexo y a la inversa, engaño, etc.

Tras la convulsión de esta primera lectura esperé con expectación la siguiente novela de la joven madrileña. Fue Te llamaré Viernes que me desilusionó bastante, de manera que su siguiente obra Malena es un nombre de tango, aunque me agradó, la leí con mucho menos entusiasmo, y ya su Atlas de geografía humana se quedó sin abrir sus páginas muchos años en mi biblioteca. A partir de este momento de Almudena lo que sí leía y con mucho gusto eran los artículos que publicaba en diversos medios. No volvería a la novelista hasta varios años más tarde, concretamente con sus "Episodios de
Almudena Grandes, Luis García Montero
una guerra interminable"
. De las cinco novelas -de un plan de siete- que hasta el momento de su fallecimiento había publicado de la serie, he leído cuatro (Inés y la alegría, Las tres bodas de Manolita, Los pacientes del doctor García y La madre de Frankestein), sólo me he dejado por ahí -y no sabría explicar por qué- El lector de Julio Verne

En medio de la lectura de las novelas de los Episodios... leí Los besos en el pan. Esta novela me reconcilió ya absolutamente con la gran Almudena Grandes. Es, quizás, de todas las novelas que de ella he leído la que recomendaría más vivamente.

A lo largo de la vida de este blog en cuatro ocasiones he reseñado novelas de la escritora fallecida. Coloco a continuación los títulos de cada una de estas entradas para que pinchando sobre ellas se pueda, si así se desea, leer las reseñas que realicé de las mismas. Son las siguientes:

















 






Descanse en Paz la magnífica escritora que fue y la figura literaria que ha sido, es y será por siempre Almudena Grandes (Madrid, 7 de mayo de 1960 - Madrid, 27 de noviembre de 2021)

27 nov 2021

A pares (nº XXV): Jordi Sierra i Fabra, Plácido Díez Gansert y Jhumpa Lahiri.

6 comentarios:
Este A pares -ya el nº XXV, ¡madre mía y yo con la sensación de que la sección así titulada la inicié ayer mismo!- contiene cuatro lecturas que he hecho en los últimos días y que por una cosa u otra se habían quedado sin reseña alguna, por pequeña que esta fuera. En general han sido lecturas muy desiguales pues muy distintos en calidad, época y procedencia son cada uno de los cuatro. Hacer escalas de calidad sería algo arrogante por mi parte. Sólo diré que los dos nombres que abren y cierran el listado son conocidos por todos o casi todos, ¿no? De Jhumpa Lahiri tengo reseñado en este blog "El buen nombre", novela que me encantó cuando la leí por la manera de narrar que tiene la escritora. A Plácido Díez Gansert lo conocí directamente en la última Feria del Libro de Madrid y mantuve con él una animada conversación resultado de la cual fue la compra de "El profesor", primera novela suya  que él mismo me recomendó. 

Filo de sable, No fotografíes soldados llorando, El profesor, En otras palabras


Jordi Sierra i Fabra
Es autor nacido en Barcelona el año 1947; su producción es inmensa, nada menos que cerca de 400 títulos salidos de su propia mano. Su facilidad para la escritura explica su ingente obra. Yo, como tantos profesores de literatura de Enseñanza Media, conocí a Sierra i Fabra por su narrativa juvenil. Ni sé la de veces que libros suyos los elegimos en el Departamento como lecturas obligatorias o recomendadas para los alumnos. Proponer una obra de Sierra i Fabra fue siempre garantía de éxito. Pocos autores hay que hayan sabido conectar mejor con las inquietudes adolescentes. Más tarde y sobre todo en los últimos años ya libre de la obligación didáctica he leído algunas de sus novelas negras o detectivescas de sus series el Inspector Mascarell y el Comisario Soler. Y también han caído en mis manos otras de tipo biográfico (su conocimiento sobre la música popular contemporánea es muy grande) y alguna de más difícil adscripción.

Dos obritas suyas he leído con gusto y mucha fruición. Una perteneciente a la serie el Comisario Soler (Filo de sable) y otra más difícilmente ubicable (No fotografíes soldados llorando). Ambas, publicadas el año 2017, me han agradado y entretenido muchísimo

Filo de sable
Muy interesante, atrayente y adictiva. Muy bien contada, con un inusitado ritmo. Con la España de Franco a punto de entrar en los 25 años de Paz, las declaraciones catalanistas al diario Le Monde del abad del Monasterio de Montserrat y el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en noviembre de 1963 enmarcándola asistimos a una vertiginosa investigación policial del Comisario Soler junto al sub-comisario Quesada.

Sierra i Fabra, Comisario Soler, Novela detectivesca
Soler
es un demócrata en el seno de la policía de una comisaría barcelonesa que ya ha tenido problemas con el caso anterior "La muerte del censor" cerrado con éxito por el escrupuloso comisario tan sólo dos meses antes de iniciar éste. Ahora la pareja de investigadores se las han de ver con el franquismo puro y duro: un general héroe de guerra ya en la reserva, sus hijos que hacen carrera en la política del Régimen y el ambiente hostil de la comisaría dirigida por el comisario García habida cuenta de la denuncia que puso Hilario Soler a su compañero Martín Peláez por mala praxis profesional. Si no logra resolver el caso con éxito sin tocar mucho las narices el establishment Soler se juega el puesto y su profesión.

Junto a lo anterior el mundo íntimo y familiar del policía casado con Roser a la que adora y con dos hijos adolescentes, Montserrat de dieciséis e Ignacio de catorce, está en juego en esta novela. El equilibrio psíquico que ha de mantener Soler, un hombre honesto en un ambiente opresor, es inmenso si es que quiere salir indemne de la prueba a la que le somete este caso de asesinatos múltiples enlazados unos con otros sin que en apariencia ninguno tenga nada que ver con el anterior. 

De la novela destacaría muchas cosas. Por ejemplo la maestría con la que su autor sabe mostrar el color local y de época: 
«Los hombres llevaban las manos introducidas en los bolsillos de los abrigos y, algunos, los cuellos alzados. Las mujeres parecían más menudas, con pañuelos en la cabeza y medias gruesas. Los niños pequeños ya iban forrados de manera inmisericorde, con gorros, bufandas y guantes» 
También la manera directa como presenta datos de tipo sociopolítico 
 «La emigración del sur seguía llegando a Barcelona en oleadas. Trenes llenos. Vidas mejores, o eso intentaban. La ciudad crecía, y crecía. Cada vez se construía más, se abrían nuevas calles o vías, se derribaban casas viejas para levantar las de la nueva Barcelona. 25 años de victoria, como había dicho Escarré.»
Y a veces Sierra i Fabra no puede resistirse a presentar sin ambages su declarado catalanismo militante. Tal sucede cuando de boca del general franquista Fulgencio Aramburu el policía escucha frases como la siguiente:
«Todavía dejamos a demasiados catalanes vivos. Si los hubiéramos matado a todos, nos habríamos ahorrado algún que otro problema futuro, quién sabe, dentro de cien o doscientos años. Pero la generosidad del Caudillo es infinita»
La novela en líneas generales como creo ya haber dicho me ha gustado y entretenido mucho. Me parece una lectura muy recomendable


No fotografíes soldados llorando
«Un soldado llorando resquebraja la moral. Está diciendo que la guerra es una mierda y que se arrepiente de estar en ella»
Jordi Sierra i Fabra, literatura antimilitarista, literatura juvenil
Es una novela muy sencillita. Muy en la línea de otros libros suyos aunque éste no esté dirigido expresamente a adolescentes. Pese a ello se nota el hábito que tiene Sierra i Fabra de tratar temas transversales y tocar valores muy importantes (el amor, el respeto al otro, la identidad cultural, ...). En especial se toca aquí el machismo brutal y violento, la mendacidad, la necesidad de quitarse el fardo de la iniquidad, el abuso sobre la mujer, el autoritarismo desmedido...

Al estar situada la historia en un contexto militar aparecen otros valores: la valentía, el patriotismo, el miedo, la obediencia... Y al estar en este ámbito las faltas y los delitos cobran una importancia de otro nivel. Hay una crítica política que por reiterada ya se convierte en un tópico: «Esto es España, cielo. Aquí los militares aún tienen más peso que en otras partes. Y con la derecha que tenemos...».

 Ciertamente, quizás, más que crítica política lo que hay en el libro es antimilitarismo, si bien el mismo se contextualiza o se identifica sistemáticamente con una ideología concreta. Quizás, pienso, que en esta novela falta una mayor explicación del marco en el que la muerte de Carlos y la foto de Matías se produjeron: la descomposición de la antigua Yugoslavia (país que desde el final de la IIª guerra mundial estuvo en la órbita soviética) en varios países independientes y las guerras que hubo en esos años para conseguirlas. El militarismo serbio era sin duda alguna en 1999 muchísimo más salvaje que el que pudiera darse en un país democrático como España, dentro de los europeos el que menos presupuesto destina a su ejército. 
«Una fotografía capta una fracción de segundo de la vida de una persona. Como un haiku detenido en el tiempo.»



Plácido Díez Gansert
De sí mismo el escritor dice en su página web lo siguiente:

«Nací en Pamplona en 1971. Gracias al mestizaje cultural de mi familia, mi madre es alemana y mi padre español, y a periplos en el extranjero, tuve la suerte de recibir una educación cosmopolita. Estudié en el Colegio Alemán y soy licenciado en Derecho. Tras una trayectoria profesional en el mundo de la empresa trabajando quince años en departamentos internacionales, que me llevó a residir en México, Alemania y Brasil visitando más de sesenta países, abandoné ese entorno para dedicarme a lo que de verdad me seduce: la literatura.»

Con El profesor,  autopublicada en 2009, son ocho las obras salidas de su pluma: Crónica de un rebelde, El Libro de las Caras, Hijos de la Crisis, La ilusión perdida, Mercaderes del Nuevo Siglo, La Montaña Rusa y El Reencuentro.

El profesor
Sinopsis (proporcionada por el propio autor)
Un triángulo amoroso es el tema de mi primera novela, El profesor, que acaba de alcanzar su cuarta edición. Dos hombres muy diferentes – el protagonista, un profesor de filosofía y escritor frustrado, y un banquero de alta posición social – se enamoran de la misma mujer: la sofisticada y elegante pero muy indecisa Paula. 

 La historia me ha parecido poco interesante y nada novedosa. La caracterización de los personajes es flojita: Andrés es un crítico literario feroz, muy duro con la sociedad burguesa, fustigador de las costumbres socialmente admitidas, etc., etc. Antonio, el hombre que eligió Paula, es un conservador de libro escrito para militantes de partidos políticos: cazador, bancario, nada leído, etc., etc. Paula es una mujer insatisfecha por todo, una caprichosa que le gusta jugar porque se sabe guapa pero se aburre.  Alrededor de este trío aparece toda una galería de secundarios diseñados con una o dos características de poca profundidad: Ramiro, el amigo que le aconseja a Andrés con verdad aunque ésta sea cruda; Jacobo Lieberman, el anciano millonario que da oportunidades a Andrés y admite su incomodidad cuando le exige ciertas concesiones si es que quiere disfrutar de todo lo que le va a conseguir: dirección de una revista literaria, cátedra en una universidad, dinero, coches caros, viajes...; Clara Alonso, la joven alumna de Andrés enamorada platónicamente de su profesor; el ciego Zenón que le ilumina en sus indecisiones y le aconseja; Eva y Braulio, hermana y cuñado de Paula, que siempre han visto a Andrés con cierta prevención por su falta de adecuación al sistema social imperante; etc.

Con todo la novela se lee con gusto. Por ser la primera incursión del autor en la novelística creo que algunos despistes son más que disculpables, aunque tratándose de una cuarta edición creo que ya debieran de haber sido subsanados. Con todo para emitir una opinión más fundada sobre la manera de escribir de Plácido Díez Gansert tendré que esperar a leer alguna otra de sus novelas.



Jhumpa Lahiri
Ya hace cuatro años que leí y reseñé "El buen nombre" (de nuevo no me cabe otra exclamación que la de ¡Madre mía cómo pasa el tiempo sin darse uno cuenta!). Aunque invito a pasarse por esa entrada, como sé que muchos no lo harán me permito cortar y pegar los que sobre la escritora allí escribí:
La autora 
«Jhumpa Lahiri es una estadounidense de origen bengalí nacida en Londres en 1967. En 1999 saltó a la fama en el mundo de la narración con "Intérprete de emociones", su primera publicación, una colección de relatos que fue Premio Pulitzer el año 2000. Otros libros suyos además de la novela objeto de esta reseña son "Tierra desacostumbrada", otra colección de relatos aparecida en 2008; y otra novela, última publicación suya por ahora, titulada "La hondonada" del año 2013

En otras palabras

Jhumpa Lahiri, Memorias, Autobiografismo
A Jhumpa Lahiri le persigue desde sus mismos orígenes el problema de la identidad cultural. El hecho de que en su casa se hablase bengalí y en la calle donde interactuaba inglés le ocasionaba no pocos problemas identitarios al preguntarse a sí misma a dónde pertenecía ella, cuál era el mundo de referencias culturales al que pertenecía dado que una lengua siempre es casa y cobijo. Al tiempo, según estudiaba le fue conquistando su amor hacia el latín y la cultura que Roma había desarrollado. Al ubicarse fundamentalmente esta milenaria cultura en Italia pronto la escritora se sintió atraída por la lengua italiana. Pensaba que si quería ir a la ciudad de Roma, o a Venecia, o a Florencia, o a cualquiera de las maravillosas villas que conocieron en el pasado las hazañas del pueblo romano ella debería conocer la lengua de quienes allí ahora habitaban. Así comenzó a estudiar la lengua de Dante porque del amor a la vieja Roma pasó naturalmente al amor hacia la Italia renacentista. 

En este librito, Jhumpa Lahiri cuenta el proceso que siguió para escribirlo en una lengua que no era la suya materna (el bengalí), ni la de la sociedad en la que había crecido (el inglés de Boston). Lo había escrito -en realidad lo iba a escribir. El que lo estemos leyendo es señal de que el proceso finalizó satisfactoriamente- usando otra lengua, de ahí su título, lo había escrito en italiano. Hizo lo que algunos otros escritores hicieron (Nabokov, Agota Kristoff, Conrad, Samuel Beckett...): cambiar de instrumento lingüístico, empresa arriesgada. Ella lo ha conseguido y "En otras palabras" es la prueba de ello.

En esta breve obra Lahiri hace memoria de los pasos seguidos hasta alcanzar la cumbre: el dominio del idioma italiano y poder albergarse dentro de él abandonando identidades (la indobritánica y la estadounidense) en cierto modo prestadas por otros (sus padres, sus amigos...) pero no elegidas completa y libremente por ella misma.

Dos citas que me parecen significativas. La primera va sobre el porqué de volcarse Jhumpa Lahiri en una nueva lengua; y la segunda expresa el viaje interior que la escritura de este libro le ha supuesto a la escritora.

  1. «De jovencita, en Estados Unidos, intentaba hablar bengalí a la perfección, sin acento extranjero, para contentar a mis padres, para sentirme completamente hija suya, pero no era posible; por otro lado, quería que me consideraran estadounidense y, aunque hablaba inglés a la perfección, tampoco era posible. Estaba suspendida entre dos lenguas en vez de arraigada
  2. «Envidio a Pavese, su capacidad para sondear el fondo del idioma italiano. Sin embargo, yo también he hecho un cierto sondeo a través de estas reflexiones: explorando mi descubrimiento de la lengua, me he explorado a mí misma.»

Una lectura deliciosa que gustará a cualquiera que conozca algo de la producción literaria de Jhumpa Lahiri.

18 nov 2021

Javier Moro. "A prueba de fuego"

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«Las amistades y los amores son temporales; el amor de un padre hacia su hijo, y viceversa, es eterno porque se manifiesta mucho después de la muerte de ambos, en lo que han puesto en marcha mientras vivían y cuyo eco resuena en el tiempo.»(A propósito del amor paterno filial)
«Lo que simboliza aquella bóveda es, ante todo, el potencial que tiene la inmigración para enriquecer un país.» (A propósito de la bóveda del ala central del edificio de registro de Ellis Island)
«Me di cuenta de que el mundo estaba cambiando y de que esos ingenieros [los que usaban el acero y el cristal] acabarían desplazándonos cuando consiguieran abaratar sus costes. La belleza clásica dejaba de ser un argumento.» (reflexión de Rafael Guastavino Jr.)

Biografía, Javier Moro, Arquitectura

Conocí esta novela por boca de mi muy buena amiga Guida quien en "más que palabras...", la tertulia de amigos en la que ambos participamos, la alabó. Guida es persona que ama la literatura y que sabe mucho de arquitectura; así que yo sabía, nada más escucharle hablar, que la última obra de Javier Moro ("A prueba de fuego" , 2020), novela sobre la vida de Rafael Guastavino, arquitecto valenciano emigrado a USA en 1881 tras unos años de éxito en la Barcelona premodernista, no me iba a defraudar. También varios de los blogs literarios que frecuento hablaban de este libro con agrado. Por todo esto cuando el pasado jueves 11 de noviembre, Día de las Librerías, entré en una de ellas y lo vi no dudé un segundo en adquirirlo. Y no me arrepiento.


El autor
Nada había leído de Javier Moro hasta hoy. Miro su biografía literaria y observo que antes de ésta, su última novela, había publicado ya un buen número de títulos entre los que se cuentan Senderos de libertad (1992), El pie de Jaipur (1995), Las montañas de Buda (1997), Era medianoche en Bhopal (2001), en colaboración con Dominique Lapierre, Pasión india (2005), El sari rojo (2008), El imperio eres tú (Premio Planeta 2011) y A flor de piel (2015). 

Tras la lectura de A prueba de fuego del año 2020 no me sorprende que profesionalmente, además de escritor, es o haya sido periodista y que también haya trabajado en el mundo del Cine como guionista y productor; cinco años estuvo viviendo en Hollywood, la meca del séptimo arte. Su manera suelta y aparentemente sencilla de escribir revela, al menos para mí, su faceta de periodista; la disposición del relato en 75 apartados más un epílogo conclusivo me confirma que lleva el Cine en las venas. He denominado a las 75 partes de la narración apartados por no usar el cinematográfico término "secuencias" que es el que creo mejor le iría; mucho mejor que "capítulos" dado que cada uno de estos 75 apartados es como un movimiento de cámara de varias escenas que forman una unidad narrativa. Al estructurar la narración en secuencias en lugar de en capítulos [un capítulo es por regla general más  extenso] el ritmo narrativo es más ágil con cambios más frecuentes de actores y/o de tiempos y/o de lugares. 

Es evidente que Javier Moro sabe de Cine y que esta novela fácilmente podría convertirse en guión cinematográfico de un más que entretenido biopic. El autor de esta biografía novelada es autor de guiones cinematográficos como el de Valentina, adaptación de la novela de Ramón J. Sender Crónica del alba.


Sinopsis
Nueva York 1881: en uno de los barrios más populares malviven el pequeño Rafaelito y su padre, Rafael, un reputado maestro de obras valenciano que lucha por demostrar su talento en la gran urbe. Lo acecha la ruina absoluta. Pero gracias a su genio infatigable, ese hombre alcanzará fama y fortuna al construir los edificios emblemáticos que han dado su perfil a Nueva York.

Javier Moro nos presenta al singularísimo Rafael Guastavino, un auténtico genio de la construcción que deslumbró a los grandes magnates norteamericanos, conquistados por las técnicas que empleaba en sus obras para evitar los incendios, el mayor mal de las megalópolis del siglo XIX. Tuvo una vida jalonada de éxitos: de su estudio salieron construcciones tan «neoyorquinas» como la Estación Central, el gran hall de la isla de Ellis, parte del metro, el Carnegie Hall o el Museo Americano de Historia Natural.


Mi comentario
Conocer las peripecias personales y profesionales vividas por Rafael Guastavino Moreno, nacido en Valencia en 1842 y muerto en Asheville (Carolina del Norte, Estados Unidos) en 1908 a los 65 años de edad me ha resultado una experiencia lectora de lo más entretenida, y ha despertado mi curiosidad por un tipo de construcción arquitectónica que entre nosotros -o al menos en mí- estaba opacada por el enorme prestigio de la arquitectura modernista de Antonio Gaudí y discípulos.

Rafael Guastavino trasladó, cuando emigró de España a USA en 1881, la manera de construir edificios notables que había visto desde bien temprano en su Valencia natal y que luego había redondeado en Barcelona donde estudió en la Escuela de Maestria de Obras, antecedente de lo que luego sería la Escuela de Arquitectura.  En concreto Guastavino utilizó en sus obras barcelonesas de los años 70 la técnica empleada por los musulmanes en su Valencia natal para realizar bóvedas. Eran bóvedas tabicadas construidas con arcillas y ladrillos muchas veces esmaltados, con lo que se evitaba la presencia de la madera, material de construcción tan habitual entonces en Norteamérica y tan peligroso cuando el edificio sufría un incendio.

Su sistema de bóvedas tabicadas conocido como técnica Guastavino que él mismo patentó en España servía para lograr espacios diáfanos grandes, tal y como precisaban fábricas (la fábrica Battló que construyó en Barcelona 
es clara muestra de esta función), iglesias que así podían acoger  a un gran número de fieles en unas naves más amplias (ya en Norteamérica la Catedral católica de San Juan el Divino en New York), teatros como el de La Massa que inició en Vilassart de Dalt (pueblo situado a 25 kilómetros de Barcelona), e incluso bodegas como la que él y otras potentadas familias catalanas empezaron a hacerse en Aragón a raíz de la plaga de filoxera en Francia que al arruinar la producción en el país vecino incentivó el cultivo vitivinícola en nuestro país. 

Todo lo dicho hasta aquí, excepción hecha de la Catedral neoyorquina, lo dejó Guastavino de pronto al salir escopetado en 1881 kacia los Estados Unidos. ¿Por qué? Aquí se inmiscuye la faceta más personal del constructor valenciano. Resulta que nuestro hombre era de carácter alegre y mujeriego, proclive al contacto íntimo con el sexo opuesto entre el que por su condición personal cosechaba no pocos éxitos. Ya a la tempranísima edad de diecisiete años dejó embarazada a su prima Pilar de dieciséis. Se casaron porque Ramón, padre de ella y tío paterno de Rafael, quiso por todos los medios evitar el escándalo dada la buena posición que la familia dedicada a la industria textil ocupaba en la sociedad barcelonesa. 

Aunque Rafael y Pilar tuvieron tres hijos, curiosamente fue otro hijo, Rafaelito, fruto de su relación con Paulina Roig, viuda de un obrero fallecido en una de sus construcciones en Barcelona y que él acogió como empleada en la casa familiar, el que le acompañaría durante toda su vida y heredaría su pasión por la arquitectura. Se llamaban igual, se dedicaron a lo mismo aunque su posición ante la vida y los negocios fue dispar y a favor de quien para diferenciarse firmó sus trabajos como Rafael Guastavino Jr. Paulina tenía dos niñas, Paquita y Engracia, y con Guastavino Sénior tuvo a Rafael. Esta relación extramatrimonial, la muerte del padre de Pilar, la dificultad de financiación que encontró Rafael para llevar a cabo diversas construcciones que tenía en marcha en Barcelona, deudas cuantiosas adquiridas, y el recuerdo de la medalla de bronce que había obtenido en la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 por el proyecto que envió sobre "Mejora de las condiciones sanitarias en las ciudades industriales", le llevaron  en 1881 emigrar a Nueva York con Paulina y los tres hijos, las dos niñas de ella y el niño habido en común. 

Pero Paulina no se adaptó a la vida en USA y a los pocos meses de estar allí malviviendo con Guastavino, pues al principio la vida no les fue fácil, tras una tremenda discusión de la pareja, con  que se abre el relato de Javier Moro, él le dice a ella que puede marcharse a España con las niñas porque son suyas  pero que Rafaelito se queda con él. Y así fue como la unión padre-hijo fue muy fuerte y duró hasta el final. Luego, Rafael Guastavino conocerá a otras mujeres pues nunca pudo vivir ajeno a ellas e incluso muchas veces convivió con dos  o tres al tiempo escondiéndose de unas y otras hasta ser habitualmente descubierto y provocar crisis sentimentales que ningún bien hacían a nadie. Además de los desengaños amorosos que su actuación propiciaba, su economía personal y la de la empresa de construcción que con socios americanos había fundado se empobrecía pues algunas de estas mujeres le sacaban los cuartos y él, por su parte, siempre fue un manirroto.

Para finalizar la faceta sentimental sólo me falta decir que de todas las mujeres con las que trató fue la mexicana Francisca la que, pese a períodos de crisis sentimentales, más tiempo estuvo con él. Quizás fue la mujer de la que estuvo más enamorado y fue ella quien mejor lo supo llevar. Pese al gran amor que sentía por ella, Guastavino la engañaba en sus desplazamientos hasta Boston donde la Compañia radicada en Nueva York tenía obras en marcha. Es por este sumidero por el que al exitoso valenciano se le fue muchísimo dinero.

Rafael Guastavino Expósito
La historia está contada por Rafael Guastavino Jr., Rafaelito, que fue educado por su padre casi como lo hacían los artistas de la Edad Media, es decir, comenzando desde abajo. Fue su aprendiz y poco a poco según iba demostrando su pericia en el oficio le dejaba al mando de alguna construcción, primero las de poca importancia y complicación para luego pasar a otras de más enjundia. Este Guastavino hijo también relata su peripecia personal tanto en el terreno arquitectónico como en el sentimental. En el arquitectónico siguió la estela paterna y con un socio americano y la buena mano de la mexicana Francisca supo enderezar la empresa que montaron en USA y mantenerla a flote incluso tras el fallecimiento de su padre. Como sucede en tantas empresas familiares serían los hijos del Guastavino Jr. quienes en 1962 liquidarían la Compañía por su falta de interés por la arquitectura y también porque la técnica de las bóvedas tabicadas cedió el paso al acero y al cristal. 
«Pero las tendencias cambiaban, y antes de que estallase la crisis de 1929, surgió el advenimiento del hormigón armado, el acero y las líneas rectas, sin decoración. La nueva tecnología abarataba los costes, lo que, unido al aumento del precio de la mano de obra, situó la construcción tabicada en una posición precaria. En la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, el pabellón alemán de Ludwig Mies van der Rohe fue objeto de admiración porque era lo último en diseño moderno.»

Guastavino que llegó en 1881 a Ellis Island con una mano delante y otra detrás, que se arruinó en más de una ocasión por no prestar la debida atención al dinero de sus inversiones y a los presupuestos de sus obras siempre hechos a la baja para llevárselos cuando competía con otros, sin embargo logró el éxito en la tierra de las oportunidades. Para que tal cosa ocurriese tuvo la suerte de toparse con una serie de naturales del país enfrascados en la fiebre de la construcción que en ese momento se vivía en EEUU: Henry Richardson (muerto el 27 de abril de 1886 a los 47 años y que había puesto de moda en New York en la década 80 -moda que duraría hasta bien entrados los años 90- el estilo 'Renacimiento español', a raíz de un viaje realizado por España del que volvió deslumbrado por la Catedral de Salamanca), Stanford White, Charles Mckim, William Rutherford Mead, Bernard Levy, Saint-Gaudens, T. M. Clark (uno de la s grandes arquitectos de Boston), Richard Morris Hunt… De todos ellos quien más le impulsó introduciéndole en los círculos donde se cocían los proyectos fue Stanford White quien desde el principio admiró su bóveda tabicada ignífuga. Esta característica de resistencia al fuego, que Guastavino demostró en exhibiciones públicas, fue crucial para su éxito dado que por entonces en la mente de todos los americanos estaba el terrible incendio sucedido en Chicago en 1871.

La huella dejada por la actividad arquitectónica de la Guastavino Fireproof Construction Company es más que abundante en Nueva York (Grand Central Terminal, el Great Hall de Ellis Island, zonas del Metro, zonas del puente de Queensboro, catedral de San Juan el Divino, Carnegie Hall, Museo Americano de Historia Natural —en Central Park Oeste—, Templo Emanu El, iglesia de San Bartholomé —en la Quinta Avenida—, City Hall Station del moderno metro de Nueva York, Hospital Monte Sinaí, etc.) y también ciudades próximas (Biblioteca Pública de Boston,​ Museo Nacional de Historia Natural y Edificio de la Corte Suprema de Estados Unidos —ambos en Washington—, etc.). 

Curiosamente bueno, la verdad es que entre nosotros lo que voy a decir a continuación es bastante habitualRafael Guastavino Moreno y su hijo Rafael Guastavino Roig son más conocidos y sobre todo valorados en Estados Unidos que entre nosotros. El año 2010 el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York publicó «un folleto que se llama "New York's Guastavino" e indica un recorrido para visitar lo que permanece de un estilo y unas obras que aportaron belleza a una ciudad que deslumbró al mundo.». 

En nuestro país es ahora -y en ello este libro de Javier Moro está teniendo mucho que ver- cuando se está hablando de la gesta profesional de este valenciano que se inspiró en la Lonja de Valencia, en la Catedral de su ciudad, en la escalinata de la Lonja de Barcelona donde estaba la Escuela de Maestros de Obra, etc. y supo adaptar a las exigencias de una construcción moderna y sólida los materiales tradicionales del área mediterránea, algunos de ellos heredados de bizantinos y árabes. Esa cerámica vidriada en diferentes colores tan característica de la construcción valenciana la llevó a nuevas construcciones en las que exploró las posibilidades de la unión de los ladrillos cerámicos con el novedoso por entonces cemento Portland creando con ello unas superficies ligeras y muy sólidas. 

Para algunos -de entre nosotros, claro- Guastavino fue un pícaro que supo vender como original suyo un sistema que conocíamos aquí desde al menos los musulmanes. No estoy de acuerdo con quienes tal cosa afirman. En la novela hay un momento en que Rafael Guastavino Moreno da una conferencia en la que hablando de su sistema para construir bóvedas recuerda el descubrimiento, la revelación que experimentó al visitar el Monasterio de Piedra  y contemplar la cascada de agua y la gruta inmensa que está bajo ella soportándola tal y como la Naturaleza las había dispuesto. «Entonces comprendí por qué mi distinguido profesor de construcción, don Juan Torras, dijo: "El arquitecto del futuro construirá un día imitando a la naturaleza, ya que es el método más racional, duradero y económico"». Evidentemente en esta reflexión se esconde el inicio, los albores del modernismo arquitectónico de arquitectos como Antonio Gaudí, Lluis Domènech y Muntaner, Joseph Puig i Cadafalch, Francisco Mora Berenguer, Antonio Farrés Aymerich, Eduardo Reynals Toledo, y tantos otros más. 

Diré para finalizar que el autor ha realizado para escribir esta biografía novelada un sesudo trabajo de investigación que le ha llevado a contactar con descendientes de Guastavino en Estados Unidos. Uno de ellos, James Black, le proporcionó al novelista un buen número de cartas inéditas del arquitecto que le sirvieron para adentrarse con pie firme en la vida íntima del arquitecto triunfador en USA. Naturalmente también contactó con descendientes vivos en España, aunque aquí su labor investigadora se centró más en lo arquitectónico y los inicios de su actividad en Barcelona.

A raíz de leer "A prueba de fuego" de Javier Moro e interesarme por la figura del valenciano triunfador en América he podido constatar que en su persona se hace realidad el dicho castellano que dice "De casta le viene al galgo". Digo esto tras leer un interesante artículo firmado por los profesores de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia (ETSAV), Camilla Mileto y Fernando Vegas López-Manzanares. Tal artículo, publicado en la Revista de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia, lleva por título "Guastavino y el eslabón perdido". Merece la pena leerlo con atención para descubrir que Guastavino debía mucho a la actividad de familiares suyos que le precedieron en el tiempo, en especial su tatarabuelo Juan José Nadal que vivió durante la primera mitad del siglo XVIII y al que Rafael Guastavino Moreno tuvo siempre como referente para su arquitectura.

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El libro publicado por Espasa viene ilustrado en el centro con una serie de fotografías a color y en blanco y negro del personaje biografiado y su familia, y también de algunas de sus obras arquitectónicas tanto realizadas en España como en los Estados Unidos. Coloco a continuación algunas de estas imágenes











10 nov 2021

Cuentos de Flannery O'Connor

20 comentarios:

«—No tienes que comportarte como si esto fuera el fin del mundo, porque no lo es —prosiguió Julian—. De ahora en adelante tendrás que vivir en un mundo nuevo y enfrentarte por primera vez a algunas cosas» (Cuento Todo lo que asciende tiene que converger)
«—¿Cómo t’atreves a tacharme de mentiroso o de ciego? L’he visto con mis propios ojos. No t’has defendío, le has dejao hacerlo, t’has limitao a agarrarte a ese árbol, bailar un poquitín y lloriquear. Si hubiera sido yo, le habría roto las narices y…» (Cuento Una vista del bosque)
«—Es buen tiempo pa el algodón, si a los negros les da la gana recogerlo —repuso la señora Turpin—, porque los negros ya no quieren coger algodón. No hay forma de conseguir blancos, y ahora encima los negros tampoco quieren… porque no pueden ser menos que los blancos, claro.» (Cuento Revelación)

Últimamente los relatos han entrado a formar parte importante de mis lecturas. Hasta no hace mucho, y no sé por qué, me parecía que un relato era como algo menor, y que un lector no debía de frecuentarlos en exceso so pena de perder un tiempo valioso hurtándoselo a la lectura de novelas.  Rectificar es de sabios y donde Dije Digo, digo Diego. Vamos, que recojo velas y admito ya para siempre y sin cuestionamiento alguno la importancia del relato en mi disfrute literario. Es más, diría que en ocasiones es más complejo y difícil interesar al lector con un relato de escasas páginas que con una novela de varios cientos. Esta afirmación me la corregirán muchos de quienes en este momento la estén leyendo argumentando que el mundo ficticio que se consigue en un breve relato si se desea hacerlo novela hay que dotarlo (implementarlo, se dice ahora) de la pertinente tensión narrativa, algo que no puede realizar cualquiera. Esto es indudable, pero también lo es, -esto ya como mérito del relato-, la poeticidad que éste alberga, mucho mayor y mejor que la que cabe encontrar en una larga y extensa narración. El relato corto, el cuento, posee, cuando es bueno, como ocurre en el caso de los de Flannery O'Connor, una magia que la novela puede también llegar a alcanzar aunque no con la explosividad de la narración breve.




Los "Cuentos completos" de Flannery O'Connor
Flannery O'Connor, Carson McCullers, Faulkner, John Huston
He leído a plena satisfacción los cuentos contenidos en este volumen. Nada había leído de esta escritora norteamericana (1925-1964) aquejada de lupus eritematoso desde los 26 años de edad, enfermedad autoinmunitaria que trece años más tarde la llevaría a la tumba. El libro titulado Cuentos completos contiene 32 relatos, todos ellos sorprendentes, además de un muy buen prólogo realizado por el novelista español Gustavo Martín Garzo. De todos los cuentos a mí los que más me han impactado son los siguientes [Las fechas que figuran detrás de los títulos de los relatos corresponden al año en que vieron la luz por vez primera, normalmente en revistas literarias]:
  • Un hombre bueno es difícil de encontrar (1953): Una familia se encuentra en el transcurso de un viaje al Desequilibrado, un asesino que ha escapado de prisión. El Desequilibrado se muestra educado con la abuela egoísta y miserable que dialoga -más bien monologa- con él. Al tiempo el delincuente y sus secuaces van realizando su cometido. Las reflexiones filosóficas que acompañan a su terrorífico proceder me ha evocado por completo a Tarantino diez años antes de que el director de Pulp Fiction viera la luz.
  • El Río (1953): En este relato el sentimiento religioso de raíces evangélicas está muy vivo. Un niño de unos 5 años de nombre Harry Ashfield, bastante desatendido por sus padres, asiste con su vecina negra, la señora Connin al sermón de un predicador en El Río. El niño le dice que se llama Belvet como el charlatán; es bautizado por éste sintiendo desde ese mismo momento una inmensa y perniciosa  atracción por las aguas de la corriente. 
  • La buena gente de campo (1955): Un falso vendedor de biblias se aprovecha de la ingenuidad de los campesinos para conseguir engañarlos. Y no sólo vende biblias sino que a las personas que se consideran más listas como Joy, la chica coja algo impertinente que se muda el nombre en Hulga, las engaña burlándose o abusando de ellas.
  • Una vista del bosque (1957): Un abuelo que se lleva muy mal con su yerno y muy bien con su nieto va malvendiendo sus propiedades pese a la oposición de su hija y yerno. Su afán por humillar al yerno es tal que no sólo vende la parcela que éste trabajaba quitándoles a todos la hermosa vista del bosque sino que además intenta quitarle el cariño de su propio hijo.
  • Todo lo que asciende tiene que converger (1961): En este cuento una mujer obesa, madre de Julián, un treintañero deseoso de ser escritor y que por ahora debe conformarse con vender máquinas de escribir, vive absorta en un mundo que ya no existe, el de la segregación racial quiérase o no ya definitivamente abolida. 
  • Los lisiados serán los primeros (1962): Junto a El Río es de la selección personal que hago en esta reseña el cuento de mayor impronta religiosa. En éste, Sheppard, un educador psicólogo del Reformatorio desea ayudar a Rufus Johnson, un chico huérfano de 14 años con mal pronóstico para adaptarse a la vida en libertad que pronto le llegará. Sheppard desea ganárselo y para ello sermonea a su propio hijo Norton para que comparta con él lo mucho que tiene. Llega a alojarlo en su casa y pronto las actitudes del chico chocan con sus principios tanto en el plano del comportamiento social cuanto en el de las creencias pues Sheppard es ateo y Johnson posee unas asentadas convicciones religiosas que imbuye en Norton. Como tantos otros cuentos de O'Connor la resolución de éste es brutal y sorprendente.
  • Revelación(1964): Igual que en el relato anterior y en otros cuantos más la buena acción de "ayudar a los demás" se resuelve en recibir un mal pago por ello. Aquí la autora enmarca el asunto en el ámbito de una consulta médica lo que le permite mostrar en un reducto cerrado lo variopinto de la sociedad: «la muchacha fea, zapatos de girl scout y calcetines gruesos. La abuela que calzaba unas zapatillas deportivas, y la madre, típica gentuza blanca», la señora bien, la chica pelirroja que lee revistas... Y por debajo de todos, aunque en esa consulta no haya ninguno estarían los negros. A la Sra, Turpin que asiste con su marido Claud a la consulta le llamaba muchísimo la atención y le desorientaba completamente que «había también negros que tenían casa propia e incluso tierras. Había un dentista negro en la ciudad que tenía dos Lincoln rojos y una piscina y una granja con ganado de pura raza.» Tras un incidente que sufre en esa consulta, al llegar a su propia casa a través de un sueño recibirá una auténtica revelación.
La O'Connor era una mujer muy religiosa, una católica estricta. Su literatura se enmarca dentro de la literatura norteamericana del Sur. Y por su calidad está a la altura de un William Faulkner, a quien admiraba muchísimo, y de una Carson McCullers, a quien detestaba. Desconozco el porqué exacto de la repulsa hacia la McCullers pero por la biografía de esta última intuyo que la desaprobación se debiera más a motivos biográficos que literarios. Efectivamente para una ortodoxa católica como era Flannery, soltera además, que Carson McCullers se casara en dos ocasiones con su marido Reeves McCullers y abocara a éste a la muerte al incumplir el pacto de suicidio que ambos habían acordado, era algo que le debía de resultar repugnante. [en las reseñas que hace ya tres o cuatro años hice de dos títulos de Carson McCullers (La balada del café triste y El corazón es un cazador solitario) expongo más por extenso esta circunstancia vital del matrimonio McCullers]. Por su acendrado catolicismo se la relaciona con autores como Evelyn Waugh o Graham Greene y sobre todo con algunos franceses cuya influencia reconoció: Léon Bloy, François Mauriac y Georges Bernanos

Suele suceder que a veces aspectos secundarios priman sobre los literarios esenciales. Quizás es esto lo que le ha sucedido a esta escritora a la que siempre se le ha achacado como defecto su mostración objetiva del sentimiento norteamericano sudista y su muy fuerte religiosidad. Tal consideración me parece algo injusta pues pasa por alto la enorme calidad de su manera de hacer literatura. Por lo que he podido apreciar en estos relatos la personalidad artística de la escritora es incuestionable. Sirvan de ejemplo de esto que afirmo las tres citas que encabezan esta reseña tomadas de estos cuentos, narraciones duras -realistas, afirmaba ella siempre que se le preguntaba- que sorprenden con giros inesperados. 

Gustavo Martín Garzo en su magnífico prólogo fija su atención en los personajes, siempre seres complejos, contradictorios que sorprenden y perturban al lector. Al respecto dice que «En todos los cuentos de Flannery O’Connor asistimos a una transformación final del personaje, a un cambio que le permite abrirse, aunque sólo sea por un momento, a un instante de libertad incomparable.» y un poco más adelante insiste: «No se trata en suma de seres patológicos, porque la patología no anuncia nada ni comporta conocimiento alguno. El mal es materia de elección, en tanto que la enfermedad no lo es.» Y efectivamente así se comprueba al leer estos relatos. No son enfermos quienes protagonizan sus historias sino seres que están situados dentro de la propia maldad, que viven en ella, y es que, viene a decirnos Flannery O'Connor, el mal existe y aquí tenéis unos ejemplos.

Todo lo anterior y mucho más lo resume Martín Garzo en una frase que sirve para concluir lo que este volumen de los "Cuentos completos" de Flannery O'Connor es:
«Es un libro divertido y terrible a la vez, ante el que no sabremos si reírnos o sentirnos horrorizados. Falsos profetas, niños perversos, criminales visionarios, idiotas, mentirosos inocentes, ancianos perversos, santos que deliran, se dan cita en sus páginas.» 
Sobre la autora
Flannery O'Connor (Savannah, Georgia, 25 de marzo de 1925 - 3 de agosto de 1964). Hija única de una acomodada familia sureña de ascendencia irlandesa. Su acomodada cuna habría de ser una de las pocas gracias que le concediera la suerte. Siendo la futura escritora aún una niña, los O’Connor se trasladarían a Milledgeville, donde la madre poseía una casa y una granja. Allí transcurriría la mayor parte de la breve existencia de Flannery. Licenciada en Ciencias Sociales por el State College for Women de Georgia, obtendría una beca para proseguir estudios en la Universidad de Iowa, donde seguiría un curso de creación literaria.
Relatos góticos sureños, literatura sudista, cuentos norteamericanos

Si bien su primer relato vio la luz en 1946, la revelación literaria de la escritora se produjo en 1952 con la aparición de su novela Sangre sabia que años más tarde, concretamente en 1979, John Huston llevaría al Cine.  La autora pasó los últimos trece años de su vida aquejada de la enfermedad incurable que le afectó los huesos de las piernas y la obligó a andar con muletas. Estos terribles trece años los pasó escribiendo en la granja familiar de Milledgeville; su madre la cuidó y ella además de escribir se dedicó a la cría de pavos, precisamente uno de sus relatos, El pavo, habla de esto.
En 1955 publicó un volumen de relatos bajo el título de uno de ellos, Un hombre bueno es difícil de encontrar; en 1960 vio la luz su segunda y última novela, El cielo es de los violentos; y ya después de su muerte vería la luz en 1965 un segundo volumen de relatos agrupados también bajo el nombre de uno de ellos, Todo lo que asciende tiene que converger. Fue en ese momento que su literatura se consagró definitivamente.


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Nota:
Por la fecha en que aparecen estos relatos, Flannery O'Connor es un auténtico clásico de la Literatura Universal. Por esto la incluyo entre las lecturas de clásicos leídos este año dentro del Reto "Nos gustan los clásicos Vª edición". También su apellido O'Connor me permite ubicarla en la casilla de la letra O dentro del Reto "Autores de la A a la Z".

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