29 abr 2026

James Baldwin: "Ve y dilo en la montaña" (2ª 1/2 del A pares L: Dos autores, dos novelas, dos tertulias)

A la semana exacta de la 1ª 1/2 de este A pares L publico su 2ª 1/2. Como ya dije en la presentación del  mismo el de esta entrada corresponde al título sobre el que hacemos tertulia en el Club de Lectura Fuencarral de la Casa del Libro un día de la última semana del mes en que nos encontramos.  Respecto a Comerás flores de Lucía Solla Sobral que protagonizaba la entrada anterior sólo advertiré aquí de la sustancial diferencia entre ambos libros. Tales diferencias deben mucho, si no todo, a la enorme distancia que hay entre una obra publicada en 2025 (la de Lucía Solla Sobral) y otra aparecida el año 1953 en el contexto de una Norteamérica racista, hostigadora de cualquier identidad sexual distinta a la admitida y muy refugiada en el ámbito de la religiosidad.

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(oculto los posibles spoilers para no destrozar el gusto lector a quienes no la hayan leído. Aquellos que, pese a 
todo, deseen leerlos no tienen más que seleccionar con el cursosr el texto subrayado)
James Baldwin: "Ve y dilo en la montaña"

«Erraban por siempre por el valle; y golpeaban por siempre la roca; y las aguas manaban, perpetuamente, en el desierto perpetuo. Clamaban por siempre al Señor, y alzaban por siempre la vista, y eran por siempre abatidos, y Él por siempre los alzaba. No, el fuego no podía dañarlos, y sí, las fauces del león fueron aplacadas; la serpiente no era su señora, la tumba no era su lugar de reposo, la tierra no era su hogar. Job era testigo de todos ellos, y Abraham era su padre, Moisés había elegido sufrir con ellos y no deleitarse en el pecado durante años. Sadrac, Mesac y Abdenego habían pasado antes que ellos por el fuego, y David había cantado su dolor, y Jeremías había llorado por ellos.»


Novela de James Baldwin


Conocía desde mi época universitaria el nombre de James Baldwin (1924-1987), pero hasta el día de hoy nada suyo había leído. Sabía por quienes fueron profesores de anglística en mi Facultad de Letras, los hermanos Coy Ferrer (Javier y Juan José), que era de color y homosexual, y que por ambas condiciones había luchado contra la segregación en la que se encontraban él y quienes eran como él. Los temas principales que trata Baldwin en sus obras tienen mucho que ver con la relación que él mantenía con la religión, el racismo y la homosexualidad en el contexto de los Estados Unidos de mediados del siglo XX,

Ve y dilo en la montaña es la primera novela publicada por este neoyorquino, hijo de madre soltera y con padre adoptivo predicador. Apareció en 1953 y es una semiautobiografía suya. En la novela hay un personaje, John, que como él a los 14 años sufre una crisis religiosa que le llevará a convertirse en predicador. Ambos nacen en Harlem y son hijos de madres solteras. El de la novela es hijo de Elizabeth quien se casa con Gabriel, diácono predicador de la Iglesia del Templo del Fuego Bautizado, una iglesia protestante pentecostal situada en Harlem. Aunque Gabriel acepta al niño, la relación entre ambos será conflictiva. Gabriel es muy estricto con John y éste al sentirse odiado devuelve ese mismo odio soñando con escapar de la férula paterna, algo que no realizará jamás. 

Es una novela de personajes en la que especialmente destaca Gabriel, el predicador. Proyecta en él James Baldwin su desengaño hacia la religión que sufriría por la época en que se encuentra escribiendo el libro. Gabriel es un hombre, borracho y disoluto de joven, que se convertirá en predicador del estricto cristianismo pentecostal al conocer a Deborah, mujer muy devota amiga de Florence, hermana suya. Pese a estar casado con Deborah, Gabriel no puede resistir la tentación y durante nueve días tendrá relaciones con Esther, trabajadora en la misma casa de blancos donde él trabaja. A los nueve días decide dejarla, pero ella quedará embarazada y él se encargará de sufragar los gastos que ocasionará el que Esther marche a Chicago a tener a su hijo, Royal, hijo que ella no llegará a conocer por fallecer en el parto.

La novela se estructura en tres partes de las que la segunda es la más importante por contener las llamadas «Oraciones de los devotos». Son las siguientes: «La Oración de Florence», «La Oración de Gabriel» y «La oración de Elizabeth». La primera parte se titula «El Séptimo Día» o sea, el sábado día del oficio religioso cuando los fieles de la iglesia acuden a ella para santificar y bendecir la creación del mundo por Dios. Quien prepara la sala para esta celebración es John ayudado por su amigo Elisha. Por último, el tercer apartado lleva por título «El Suelo de la Revelación» y en ella John ve a su amigo Elisha que está en el suelo recibiendo en éxtasis una revelación divina; él mismo también la recibirá.  Si bien la acción lineal ocupa sólo un día que es el sábado de 1935 en que John cumple años, en los tres apartados se nos cuentan desordenadamente los antecedentes de la familia Grimes, las relaciones de parentesco entre ellos, las infidelidades, los malos comportamientos, la vida de estos negros en una Nueva York donde son los blancos quienes llevan la batuta y mantienen segregados a las personas de color...

La novela ciertamente está muy cargada de elementos religiosos. Concretamente es el Antiguo Testamento el que más importancia tiene en ella. Se habla mucho de Noé, a quien se atribuye el descubrimiento del vino y su poder embriagador. También se habla mucho de su hijo Cam que descubrió la desnudez de su padre y por eso fue maldito. De la estirpe de Cam, dice la leyenda, que procede la raza africana, los negros, una raza por ello maldita desde su origen. La religión mezclada con la segregación racial es un aspecto muy relevante en la novela. Gabriel constantemente advierte a sus hijos contra los blancos. John, que es el alter ego de James Badwin, se rebela algo contra ello, aunque admite la parte de razón que tiene el padre. La religión y los pasajes bíblicos junto a citas de himnos adventistas son utilizados como imágenes expresas o sobreentendidas que ayudan a comprender la vida de la comunidad de esta iglesia pentecostal. Me parece muy reveladora la escena en la que John el día de su 14 cumpleaños es invitado por su madre a comprarse algo y en Central Park sube hasta un montículo desde el que se divisa el perfil de la ciudad:
«Distinguió el perfil de Nueva York. No supo por qué, pero brotó en él un júbilo y una sensación de poder, y subió la cuesta a todo correr como si fuera un motor, o un loco, dispuesto a tirarse de cabeza sobre la ciudad que resplandecía ante él. [...]
Al llegar a la cima se detuvo [...] se sintió como un gigante capaz de arrasar la ciudad con su furia; se sintió como un tirano capaz de aplastar la ciudad con el pie; se sintió como un conquistador largo tiempo esperado [...]
Entonces se acordó de su padre y su madre, y de todos los brazos extendidos para retenerlo, para salvarlo de esa ciudad en la que, según decían, su alma hallaría la perdición.»
A mí esta visión de Nueva York desde ese montículo, esa montaña, me ha recordado el episodio evangélico de las tentaciones que sufrió Jesucristo en el desierto cuando fue llevado a lo alto de una montaña y el Diablo le dijo aquello de "Todo esto te daré, si postrado me adorares". Creo que este es el intertexto que subyace en este fragmento, aunque vuelto del revés. Y pienso que quizás ese sea el mensaje que la novela quiere dar: cuidado con los salvadores que quieren hacernos perder el gozo de la vida, cuidado con esos predicadores falsos, hipócritas, que predican lo contrario de lo que practican. Esta va a ser la revelación que recibirá John cuando en la Iglesia ese séptimo día caiga al suelo y se vea liberado:
«Yo, John, vi una ciudad, en lo alto y en medio del aire, esperando, esperando, esperando en lo alto»
Y muy próximo a la cuestión religiosa que incita al temor de Dios está el otro temor que Gabriel se esfuerza por inocular en sus hijos, en especial en John, hijo al que ve como más proclive a relacionarse con los blancos. En un Nueva York en el que la segregación racial estaba más que instaurada, Gabriel no hace nada para mejorar la convivencia entre los blancos y los negros. Por eso previene a John frente a ellos cuando el conflictivo hermano Roy vuelve herido a casa tras haber sido agredido por ellos:
«¿Lo ves? –añadió ahora su padre–. Han sido los blancos, algunos de esos blancos que tan bien te caen, los que han intentado rebanarle el pescuezo a tu hermano.»
En esta novela que tiene muchísimo de autobiográfica no aparece de manera explícita la condición homosexual del autor. Sin embargo creo que puede atisbarse en su relación con Elisha. Más que en su relación, en la manera como Elisha es observado por John en la Iglesia, en los pensamientos que su presencia le suscitan:
«Y se fijó en Elisha, un joven que seguía al Señor; un sacerdote de la Orden de Melquisedec al que se le había concedido el poder de vencer la muerte y el Infierno. El Señor lo había elevado, lo había transformado, y lo había situado en la senda luminosa. ¿En qué pensaba Elisha cuando llegaba la noche y se quedaba solo donde nadie podía verlo, donde ninguna lengua podía dar cuenta de él, excepto la lengua de las trompetas de Dios? ¿Cómo eran sus pensamientos, su cama, su cuerpo vil? ¿Cómo eran sus sueños?»
Muy interesante en esta novela es el papel que tienen las mujeres. Son muchas las que hay en la historia: Deborah, la primera mujer de Gabriel; Florence, la hermana de Gabriel; Estephanie, la madre soltera de John que casará con Gabriel; Esther, la aventura de Gabriel que dará como consecuencia un hijo, Royal; Ella Mae, la chica pareja de Elisha que se verá separada de él por culpa del predicador James; la Hermana Washington, abuela de Ella Mae, la Hermana McDonald, madre de Esther... En general todas ellas cargan con una condena, con una maldición, la de estar sometidas a los hombres, la de que el amor sea el señuelo para este sometimiento, la de ser engañadas y abandonadas por ellos... Así piensa Florence a propósito de su fallida relación con Frank«a veces le venía la idea de que todas las mujeres cargaban con una maldición desde la cuna; a todas, de un modo u otro, se las había abocado al mismo destino cruel, habían nacido para aguantar el peso de los hombres.». Y en otro momento, la misma Florence, la mujer más concienciada del grupo, al conocer las circunstancias de Elizabeth y lo sucedido al padre de John concluye:
«Sí –dijo Florence, acercándose a la ventana– los hombres se mueren, eso es verdad. Y somos las mujeres las que nos quedamos, como dice la Biblia, y los lloramos. Los hombres mueren, para ellos se acaba todo, pero nosotras tenemos que seguir viviendo e intentar olvidar lo que nos han hecho. Ay, Señor.»
En lo formal es importante el desarrollo de la trama a base de ese perspectivismo centrado en esas cuatro o cinco figuras esenciales de la narración: John, alter ego del propio James Baldwin; Gabriel, alter ego del padrastro del autor, al que siempre llamó padre; y las mujeres Elizabeth, alter ego de la propia madre soltera del novelista llamada Emma Berdis Jones; y Florence, hermana de Gabriel. Gracias a sus distintos puntos de vista vamos conociendo la historia que se nos relata.

Si en lo formal no es una novela sencilla, esta dificultad se ve acrecentada a día de hoy por el excesivo contenido evangélico que contiene. En una sociedad secularizada y tan desacralizada como la nuestra las referencias bíbicas y religiosas resultan a veces muy difíciles de desentrañar; mucho más cuando en ocasiones van anejas a maneras poco habituales de presentarlas. Tal me ha parecido a mí, por ejemplo, el frecuente uso catafórico (anticipar el pronombre a su referente) que realiza (ejemplo: «Él no la sentía, esa dicha que experimentaban ellos»). Tampoco es fácil la interpretación de los momentos oníricos que les suceden a los devotos cuando reciben la revelación. No es sencilla porque en esa ensoñación que sufren, los pasajes bíblicos y religiosos que perciben o pasan por su mente son confusos, aparecen en desorden o exigen gran conocimiento por parte del lector para realizar debidamente la precisa exégesis religiosa. El momento esencial de esta revelación es la de John cuando en el oficio de ese Séptimo Día, día de su 14 cumpleaños, recibe el anuncio divino de que seguirá los pasos religiosos de predicador de su padre. En parte, así John se salvará del peligroso mundo delicuencial al que igual que su hermano Roy o su medio hermano Royal estaba abocado.


Para finalizar
escritores afroamericanos,Religión,
James_Baldwin (foto de Allan_Warren)
Una novela tan densa como Ve y dilo en la montaña, que toca tantos aspectos de la biografía de James Baldwin, es difícil de agotar en una simple reseña como ésta. Me felicito irónicamente a mí mismo por haberla leído durante las fechas de la Semana Santa. ¡Ojalá, que la espiritualidad de esas fiestas me hayan hecho entender mejor a James Baldwin! Pero no estoy seguro de que así haya sido.

Cuando voy a cerrar esta entrada caigo en la cuenta de que nada he dicho acerca del aspecto físico del escritor que tanto le preocupó íntimamente a lo largo de su vida. Me refiero a su fealdad. Sí, él mismo, con frecuencia aludía a ella, a cómo su padre (su padrastro) lo criticaba por ello y así él también se percibe en esta novela:
«John destacaba en los estudios aunque, a diferencia de Elisha, no en matemáticas ni en baloncesto, y se decía que le aguardaba un Gran Futuro. Podría llegar a ser un Gran Guía de Los Suyos. A John no le interesaban mucho los suyos, pero la expresión tantas veces repetida aparecía en su mente como una gran puerta de latón, que se le abría para darle paso a un mundo en el que la gente no vivía en la oscuridad de la casa de su padre [...] En este mundo John, que según decía su padre era feo, que siempre era el chico más bajo de la clase, y que no tenía amigos, se volvía de inmediato guapo, alto y popular. 
[...]
Su padre siempre había dicho que el rostro de John era el rostro del Demonio..., ¿y acaso no había algo -en el arco de la ceja, en el modo en que su pelo áspero le formaba una uve en la frente- que confirmaba las palabras de su padre?»
En resumen, son cuestiones centrales en Ve y dilo en la montaña las siguientes:  la hipocresía, la distancia entre predicar y dar trigo, la discriminación racial, la lucha hombres-mujeres, el empoderamiento femenino, la ocultación de la condición sexual... Novela muy autobiográfica. 

No me cansaré de advertir una y otra vez que el conocimiento bíblico es muy importante para una buena intelección de esta primera novela de James Baldwin. Y recuerdo que hoy día estos conocimientos son pocos y no gozan de mucho prestigio en el mundo que nos ha tocado vivir.


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