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12 sept 2021

Eça de Queiroz: "El mandarín".

«En lo más remoto de la China existe un mandarín más rico que todos los reyes de que hablan las fábulas o la historia. Nada conoces de él, ni el nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que heredes su infinita fortuna, basta con que toques esa campanilla, puesta a tu lado sobre un libro. Él dará tan solo un suspiro en los confines de Mongolia. Será entonces un cadáver; y tú verás a tus pies más oro del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres hombre mortal: ¿tocarás tú la campanilla?»

Creo haber dicho en más de una ocasión que algunas de las lecturas que realizo vienen en parte motivadas por mi participación en algún Reto lector propuesto por blogs amigos. Uno de mis favoritos es el de "Autores de la A a la Z" que promueve Marisa desde su blog "Lecturápolis". Apellidos de autores que comiencen por la letra 'Q' no abundan; repasando listados de autores topé con uno, el del portugués José María Eça de Queiroz, de quien hacía ya unos años que no leía nada. Miel sobre hojuelas, me dije. Así que dicho y hecho. Me puse a leer una de sus novelas menos conocidas: 


"El mandarín"

Cuando estudiaba Literatura y llegábamos al Realismo junto a los grandes novelistas rusos, franceses y españoles se deslizaba, como sin querer molestar a nadie, un portugués: Eça de Queiroz. Naturalmente, aparte de Galdós y Clarín de los españoles; Flaubert, Dostoievski y Tolstoi de los extranjeros, pocos autores más leíamos en esos años de estudio. Ni por soñación se nos ocurría leer a Eça de Queiroz; nos parecía, no sé, como algo menor, alguien insignificante al lado de los anteriores. Hubieron de pasar varios años para que ya en la madurez, sin el agobio de la obligación, leyera con mucho agrado varias novelas del escritor portugués. Pasaron por mis manos "El primo Basilio", "Los Maia", "El crimen del Padre Amaro", "El misterio de la carretera de Sintra"..., todas ellas novelas de corte realista escritas durante las décadas 70 y 80 del siglo XIX.

Literatura portuguesa, Eça de Queiroz,Realismo y Naturalismo
La novela que he leído ahora, "El mandarín" ('O Mandarim') es de 1880 y apareció publicada tras tres de las citadas en el párrafo anterior y antes de la que es tenida por su mejor obra, "Los Maia", que es del año 1888. "El mandarín" es una excepción dentro de la narrativa de Queiroz al ser una obra imaginativa, de fantasía, totalmente alejada de la literatura salida de la observación -Realismo y Naturalismo- que por esos años se estilaba. El mismísimo escritor cuando en 1884 una revista literaria francesa eligió esta novela para incluirla en su publicación como muestra de la literatura que por entonces se estaba haciendo en Portugal escribió al redactor jefe de la misma para explicar la excepcionalidad de la obra elegida dentro del Realismo, la corriente narrativa con la que el escritor portuense se identificaba.

En la novela Teodoro, un joven oficinista que vive de pensión en casa de doña Augusta, lee en un libro adquirido en una librería de viejo que en China vive un mandarín inmensamente rico; si Teodoro tocase una campanilla este mandarín moriría de inmediato y todas sus riquezas serían heredadas por él. Al poco de haber leído tal cosa el Diablo se materializa ante Teodoro y le insta a tocar la campanilla, cosa que el joven escribiente hace. No ocurre nada durante unas semanas de manera que Teodoro llega a olvidar el asunto como si de un sueño se hubiera tratado. Pero un buen día se presenta ante él un hombre que le comunica que en la banca Rothschild de Londres tiene una serie de pagarés a su nombre a cuenta de ser el único heredero de la inmensa fortuna del fallecido mandarín Ti Chin Fu. 

El joven Teodoro una vez que se hace con parte de los millones de los que es poseedor se dedica a ser un 'bon vivant': vivienda lujosa, criados, coches de caballos, amantes, restaurantes... Todo lo que en su pobreza anterior ansiaba lo hace ahora realidad. Sin embargo y de manera recurrente la imagen del mandarín se le muestra inopinadamente en su habitación, en sus sueños, en cualquier lugar haciendo que comience a pensar con gran sentimiento de culpa que su fantástica vida se debe a la pobreza en que habrán quedado sumidos los familiares del mandarín fallecido. Por esto decide viajar a China para en lo posible enmendar esta enorme injusticia. Allí en China ve que mandarines llamados Ti Chin Fu hay varios. Es difícil por no decir imposible devolver los dineros.

Teodoro tras sufrir varios robos en China y vivir la tediosa y lujosa vida de las legaciones europeas en Pekín se refugia en un monasterio desde donde escribe a sus asesores legales en China para que localicen a la viuda del mandarín fallecido por su causa y le entreguen el dinero, algo que estos no pueden realizar. Entonces decide abandonar la China, volver a Lisboa y allí retomar su vida de oficinista y realquilado. En un momento en que de nuevo la imagen de quien le entregó el dinero se le aparece Teodoro le pide encarecidamente que resucite al Mandarín, que no quiere para nada esos dineros. El sentido moral del relato se explicita en una especie de moraleja: 

«Sólo tiene buen sabor el pan que día tras día ganan nuestras manos. ¡No matéis nunca al Mandarín!».

José María Eça de Queiroz vivió de 1845 a 1900. Estudió Derecho, ejerció la abogacía y su principal dedicación aparte de la literatura fue la diplomática ejerciendo funciones consulares en La Habana, Newcastle y Bristol. Muy importantes fueron los muchos viajes que realizó que le permitieron conocer diferentes culturas. Viajó por Egipto, Europa, China, Estados Unidos, Brasil, etc. Precisamente en "El mandarín" es relevante el conocimiento que demuestra de la cultura china y de la variada geografía de este inmenso país oriental. En cuanto a la cultura, la xenofobia de los europeos hacia los chinos queda patente en el relato:
  • «¿Qué hacía allí sino exponerme, por mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que desde hace cuarenta y cuatro siglos, piratea en los mares y asola la tierra por la rapiña?​»
  • «¡Qué largos y lúgubres me resultaron los días de navegación desde Tien-Tsin a Tung-Chu, en barcos chatos, nauseabundos por el olor de los remeros chinos!»
El escritor disfruta en esta novela del abandono de la pura realidad sumergiéndose en descripciones que evocan la sensualidad y lujo orientales que tanto gustaba al Parnasianismo francés. Conviene hacer notar que Queiroz como buen hombre ilustrado del momento era un enamorado de Francia, en especial de París, donde por esos años está abriéndose paso con éxito creciente ese movimiento literario que pretendía huir por igual del Posromanticismo cuanto del Realismo literario. 
«Los clientes, en un silencio sepulcral, leves como sombras, van examinando las preciosidades, porcelanas de la dinastía Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas taraceadas, los maravillosos abanicos de Swa-Ton; a veces, una bella muchacha de ojos rasgados, túnica azul y amapolas de papel en las trenzas, desdobla una pieza de raro brocado ante un obeso chino, que lo contempla religiosamente, con los dedos cruzados sobre el vientre; al fondo, el comerciante presuntuoso e inmóvil escribe con un pincel sobre largas tablillas de sándalo. Un perfume dulzón surge de las cosas, llenándolo todo de melancolía...»
Vecino a este gusto por el orientalismo e incluso inserto en él está el erotismo que en esta novela de Eça de Queiroz aparece tanto en la estadía del joven protagonista en Lisboa cuanto en su viaje por la lejana China. Nada más saberse millonario Teodoro se confiesa a sí mismo que con tal cantidad de dinero «¡Ninguna de las mujeres que veía se negaría a ofrecerme su seno desnudo a una señal de mi deseo!». Y luego ya en China, ante la hermosura de Vladimira, la generala, de la legación rusa en Pekín, que colabora con él para localizar al Mandarín, Teodoro sucumbe a sus encantos y confiesa la emoción, sensualidad y erotismo que lo embarga
«¡Qué bella estaba con sus vestidos de dama china! En sus cabellos recogidos relucían flores de melocotonero y las cejas parecían más puras y negras avivadas con la tinta de Nankín. La blusa de gasa, bordada en soutache de filigrana de oro, cubría sus senos pequeñitos y erguidos; unos amplios y flojos pantalones de foulard color muslo de ninfa, que le daban una gracia de harén, caían sobre sus finos tobillos, cubiertos por unas medias de seda amarilla; en su chinelita apenas cabían tres dedos de mi mano...»
Esta sensualidad, este erotismo subyugante, casa perfectamente con el descreimiento militante que el narrador en primera persona que es Teodoro muestra a lo largo de la novela. Desde el inicio insiste en la superchería que para él son las creencias religiosas, aunque sin embargo en algún momento de máxima dificultad o situación aparentemente irresoluble opte por volver a implorar a las deidades hace nada denunciadas por inútiles y falsas. Quizás en esta aparente contradicción lo que Queiroz quiera mostrar sea, más que irreligiosidad o ateísmo, un acendrado anticlericalismo; y encuentra en la ironía, en el  humor crítico con su patria y cultura portuguesas, la mejor manera de manifestarlo  
  • «Tenían que llegar mejores tiempos, y para adelantarlos yo hacía como portugués y como constitucional todo lo que debía: rezaba todas las noches a Nossa Senhora das Dores y compraba décimos de lotería.»
  • «Rezo, es verdad, a Nossa Senhora das Dores, porque así como solicité clemencia a mi profesor para obtener mi título, así como para conseguir mis veinte mil reis imploré la benevolencia del señor diputado, de igual modo, para librarme de la tuberculosis, de la angina de pecho, del navajazo de algún rufián, de la cáscara de naranja resbaladiza con la que se rompe uno la pierna, de otros males públicos, necesito contar con una protección sobrenatural.»
  • «Por desgracia, yo no creía en Él... Recurrí, pues, a mi antigua divinidad particular, a mi ídolo dilecto y madrina de mi familia, Nossa Senhora das Dores. Pagado magníficamente, un ejército de curas y canónigos, en las catedrales urbanas y en las capillas de las aldeas, pedía a Nossa Senhora das Dores que tendiera su mirada hacia mi mal interior...»
En esa crítica que Eça de Queiroz deja traslucir hacia su país me he sentido como español bastante identificado pues los españoles solemos pensar y obrar de idéntico modo.

Para finalizar no quisiera dejar sin destacar el fuerte culturalismo que muestra el escritor. Por doquier aparecen referencias a autores bien por su nombre como Voltaire o a través del título de alguna de sus obras como hace con el fundador del Naturalismo, Emile Zola, de quien cita sin nombrarlo a él  "L'asommoir". En otros momentos el derroche cultural que hay en esta novela de fantasía lo realiza a través de la figura retórica de la antonomasia, o sea, citando el nombre de personajes de ficción como por ejemplo el de  Trimalción de la novela "Satiricón" del romano Petronio o de personajes históricos reales como por ejemplo el emperador romano Heliogábalo para así transmitir sin citarlas una serie de cualidades o comportamientos presentes en el susodicho personaje. Evidentemente este recurso exige del lector un cierto nivel de conocimientos, algo que por los años en que se escribe "El Mandarín" reivindicaban un buen número de creadores, entre ellos naturalmente los seguidores del Parnasianismo francés.

Con lo anterior no quiero decir que Eça de Queiroz sea un autor seguidor de Gautier o de Leconte de Lisle, no, para nada. Lo que sí intento explicarme a mí mismo es cómo sería que él, que era un autor que se confesaba realista y naturalista, escribiese esta novela de fantasía condimentada con gotas de orientalismo, sensualidad y erotismo. Y la verdad es que me doy por satisfecho con mi elucubración anterior. Naturalmente lo que digo no es dogma, claro, no lo es siquiera para mí mismo; a lo más simplemente es una explicación plausible de la que partir para debatir y disentir. Porque lo claro y definitorio en la literatura general de José María Eça de Queiroz es su militancia estética en el Realismo y el Naturalismo, algo que hasta en esta excepcional novela suya también se puede ver, especialmente en su fuerte anticlericalismo y en la crítica a la injusticia que representa la desigualdad social:
«[...] como si la oración y el reino de los cielos fuesen una conquista y no aquel ficticio consuelo controlado por los poderosos, para aplacar a quienes nada poseen... Soy un burgués y sé que mi clase ofrece paraísos lejanos y deleites indescriptibles para que los pobres no reparen en las riquezas de que disfrutan y las propiedades que las sustentan.»

"El mandarín" es sobre todo una novela que persigue hacer reflexionar. Reflexión que queda encerrada en la siguiente frase dirigida directamente al lector:

«No quedaría ni un solo mandarín vivo si tú pudieses, tan fácilmente como yo, eliminarlo y heredar sus millones, ¡oh, lector!, criatura improvisada por Dios, obra mala de un mal barro, mi semejante y mi hermano!»

 _________________________________

Nota:
Como digo al inicio de la reseña, el autor Eça de Queiroz me sirve además para ir avanzando en la consecución del Reto 'Autores de la A a la Z' del blog Lecturápolis. Al tiempo este clásico viene a sumarse a la consecución, alcanzada ya de sobra, del Reto 'Nos gustan los clásicos' del blog Un lector indiscreto.



José María Eça de Queiroz, Portugal
Ficha técnica de "El Mandarín"


Nº de páginas: 120
Editorial: EL ACANTILADO
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788496834019
Año de edición: 2008
Plaza de edición: BARCELONA
Traductor: JAVIER COCA SENANDE, RODRÍGUEZ AGUI




14 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos, curioso título este. Y me das una idea estupenda para el reto jejej. No conocía ni el autor ni la obra, pero la trama del libro despierta mi curiosidad. Voy a mirar en la biblioteca a ver si lo veo. Besos

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    1. Ja, ja..., me alegro de que mi reseña te haya servido para enriquecer con ideas nuevas tu estupendo Reto. Te diré que si no hubiera sido por él y la dificultad de apellidos que empiecen por la 'Q' (prueba tú a ver cuántos autores te salen) difícilmente habría leído en este momento un título suyo.
      Un beso

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  2. Me dejas sorprendida. Nunca había oído hablar de esta novela y, aunque de fantasía, me has tentado a leerla.
    Un beso.

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  3. Hola, de este autor solo he leído El crimen del Padre Amaro y El primo Basilio, esta no la conocía y me la llevo apuntada. Gracias por el descubrimiento. Un abrazo.

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    1. Te va a parecer diferente a las que has leído, pero ya verás como no lo es tanto.
      Abrazos

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  4. Sólo he leído El primo Basilio y El crimen del padre Amaro, pero ambas me gustaron mucho. Esta de El mandarín ni siquiera la conocía, pero tiene buena pinta. No es que me guste mucho la moraleja en las novelas, pero en aquella época solía ser frecuente y tampoco es bueno descontextualizar.
    Por cierto, yo te terminé el reto de los autores de la A a la Z. Ha sido muy interesante.
    Un beso.

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    1. "El crimen del padre Amaro" tiene también versión cinematográfica, imagino que lo sabías, ¿no? Lo del Reto de la A a la Z es curioso porque obliga a buscar escritores simplemente por la inicial del apellido y eso lleva a recalar en alguno que de no haber sido por esto difícilmente habríamos leído. Yo prácticamente ya lo he acabado, me faltan dos o tres. Una pregunta, amiga mía: ¿también has rellenado las letras consideradas difíciles: la Ñ, la X y alguna otra más? Seguro que sí, porque eres una auténtica "leona" (ja, ja...)
      Espero que Bolonia te haya gustado. Tengo ganas de visitarla.
      Un beso

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    2. La he rellenado todas. Verás, para la X me vino de perlas el ensayo que aparece en mi última entrada, nacer mujer en China, de Xinran Xue. Lo tenía en mi lista olvidado y me ha resultado muy interesante rescatarlo. Para la Ñ, La tienda de la felicidad de Rodrigo Muñoz Avia (ya sabes que la Ñ basta con que la contenga el apellido). Bueno en mi entrada del reto están ya puestas todas las novelas. Solo me falta añadir el enlace de una que aún no he reseñado.
      Por cierto, también usé a Clara Usón para la U.
      Me ha encantado el reto.

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    3. Ah, por cierto, sí que he visto la película de El crimen del padre Amaro. La recuerdo correcta sin más aunque Gael García Bernal está muy bien en su papel.

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  5. ¡Querido Juan Carlos!
    ya sabes que yo no soy de retos, que soy un alma lectora que gusto de volar libre, pero entiendo perfectamente que tales retos son buenos para incitar a leer cosas que quizás nunca se te habrían ocurrido si no fuera por ellos. Me parece curioso el libro que nos traes hoy y como siempre genial el desmenuzamiento que realizas, tu análisis en profundidad.
    Fíjate que yo ni conocía al autor y solo conocía la obra del padre Amaro, esa sí. Curioso también su cambio de registro en esta obra, introduciendo ese toque de fantasía a su realismo.
    Esa reflexión final hacia el lector es muy buena. Por cierto, si vas por orden alfabético, ya te queda poco para acabar el reto ¿no?
    Besos

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    1. Hola, Marian:
      No, no voy por orden alfabético. Lo que hago es ir leyendo a mi bola y voy rellenando el listado. En un momento dado hay cinco o seis letras, como esta 'Q' que se me resisten y es entonces cuando tengo que rebuscar por ahí encontrando a veces lecturas curiosas como ésta a la que no le habría hincado el diente de no haber sido por esto.
      Pues de Eça de Queiroz te recomiendo "El primo Basilio", "El misterio de la carretera de Sintra" o "El crimen del padre Amaro". De las dos últimas hay película. Eça de Queiroz es un realista del XIX que merece la pena. Leete alguna de estas tres, seguro que te gustará.
      Un beso

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  6. Para mí también constituyó una sorpresa esta novela, que tan bien defines ("fantasía condimentada con gotas de orientalismo, sensualidad y erotismo"); y tus comentarios, como siempre, inmejorables. Haces posible que los lectores miremos la obra desde otros puntos de vista, y la relacionemos con libros y autores de lo más enriquecedores. Mil gracias, siempre.

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    1. Las gracias te las doy yo a ti, Rubén, por tu amabilidad y enorme generosidad en tus comentarios.
      Un abrazo

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