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15 may. 2018

Richard Ford: "Entre ellos"

Un memorialista nunca es únicamente alguien que cuenta las historias de otras gentes, sino un personaje más de esas historias. Así,  escribir sobre mis padres mucho tiempo después de que éstos hayan muerto deja al descubierto inevitablemente huecos, fallos, debilidades, grietas y ausencias en mí, insuficiencias que la propia narración tal vez ha tratado de enmendar o de sellar definitivamente; ausencias que ninguna cantidad de vida o de narración veraz es capaz de llenar u ocultar. (Richard Ford: "Entre ellos")

Novela memorialista, Novela de No-ficción, Autoficción

Hace ya tiempo que la literatura memorialista está de actualidad y más en concreto la de tipo testimonial. Últimamente muchos son los libros de este tipo que copan los escaparates de las librerías. Pienso concretamente, limitándome sólo a obras que haya leído no hace mucho tiempo, en Richard Russo y su "Sobre mi madre", Vivian Gornick con "Apegos feroces", Angelika Schrobsdorff en "Tú no eres como otras madres", e incluso por qué no Gay Talese con su "El motel del voyeur", todas ellas de autores extranjeros. De autores en lengua española ahora mismo recuerdo las siguientes obras leídas y en este blog reseñadas: "Ordesa" de Manuel Vilas, "La hora violeta" de Sergio del Molino, "El comensal" de Gabriela Ybarra o "Lo que no tiene nombre" de Piedad Bonnett.
Es indudable que hay muchas otras más, lo que demuestra que estamos ante una tendencia literaria muy propia de nuestra época que no se circunscribe a los límites tradicionales entre géneros sino que los rompen y al invadirlos crea una provechosa mezcla que pone en primer plano la exhibición sin falsos pudores de la propia intimidad. Es tal la verdad mostrada, que la emoción anega al lector -hablo por mí, evidentemente-haciéndole disfrutar de la literatura desde el centro mismo del origen de la misma: el creador y sus más secretos y hasta ignorados impulsos genésicos.

En mi caso, bien podría decirse que he tomado gusto a esta modalidad narrativa, como lo demuestra que a las obras de tal género antes citadas se une la que con mucho gusto por mi parte acabo de leer, la novela "Entre ellos" que el norteamericano Richard Ford dedica a sus padres. Según confiesa el escritor en el epílogo de la misma el motivo de escribirla no ha sido otro que el de realizar un acto de amor hacia sus padres; tal propósito es idéntico al que confiesa Manuel Vilas en “Ordesa”, ofrecer póstumamente un acto de amor a los padres fallecidos. Dice Richard Ford que el libro le ha servido, le sirve y le servirá para conjurar la nostalgia de ellos que a veces le embarga. Y justifica su escritura, además, por no creer en el sentido trascendente de la vida.

El autor
Escritor, periodista deportivo, guionista y editor estadounidense, en 1976 sale publicada su primera novela, Un trozo de mi corazón, a la cual le siguió La última oportunidad, trabajo con el que obtuvo muy buenas críticas, pero pobres resultados comerciales. A mediados de los ochenta, asentado en la ciudad de Nueva York y tras ser despedido de la publicación deportiva en la que trabajaba, Richard Ford publica la novela El periodista deportivo, obra con la que obtuvo fama mundial y ganó un Premio Faulkner.
En 1996, obtuvo el Premio Pullitzer de ficción con El Día de la Independencia; en 2012, su novela Canadá fue un auténtico éxito de ventas. La mayoría de sus novelas están protagonizadas por el personaje Frank Bascombe de quien algunos críticos consideran que es un alter ego del escritor.
En 2016 le fue otorgado el Premio Princesa de Asturias de las Letras, en reconocimiento a su larga y prestigiosa trayectoria.

"Entre ellos"
La obra se estructura en dos partes y un epílogo. Las partes van dedicadas, respectivamente, al padre y a la madre del novelista. La primera en ser escrita fue la de la madre fallecida en 1981; Richard Ford redactó este homenaje a su progenitora al poco de morir ésta. La del padre, a pesar de haber fallecido éste cuando el escritor sólo tenía 16 años, la escribió cincuenta años después del óbito. O sea que las reseñas de las vidas de uno y otro están separadas por treinta años de distancia y, además, el orden en que aparecen en el libro, que es el cronológico, es el opuesto al momento de la redacción de cada una de ellas. Estas circunstancias han de ser debidamente valoradas cuando leemos estas memorias en las que encontramos una mayor prolijidad e implicación emocional personal en la de la madre por la cercanía al momento de su desaparición, y un mayor distanciamiento en la del padre que queda envuelto en una nebulosa propia del sentir del adolescente que sentía la figura del padre más como carga que otra cosa.

Su muerte: El recuerdo de mi padre

Este es el título de la memoria dedicada a su padre, Parker Ford, exitoso viajante de comercio que vendía más almidón para lavar que nadie en la Fautless Company. Su éxito en el trabajo tuvo siempre en la memoria de Richard el recuerdo de su continuada ausencia. Parker Ford abandonaba la casa donde vivían -casi al final de su periplo vital, pretenciosa residencia- el lunes y no volvía a poner los pies en ella hasta el viernes por la tarde. Para el novelista su padre siempre fue una persona ausente a la que su madre invocaba cada vez que sus trastadas o mal rendimiento escolar la obligaban a ello.
Clase media norteamericana en los años cincuenta
Richard Ford cuenta la vida del joven matrimonio que formaron sus padres (ella, Edna, con sólo 17 años; él, Parker, de 24) antes de que él llegara al mundo y los imagina alegres, divertidos, disfrutando de la vida. Edna, que nunca fue muy bien vista por Minnie, la madre de Parker, acompaña a su marido en sus viajes por los siete estados del Sur (Arkansas, Louisiana, Alabama, un poco de Tennessee, una franja de Florida, una esquina de Texas y todo Mississippi. En estos viajes en coche conocen a otros viajantes de comercio, charlan con ellos, beben con ellos, son felices. Quieren tener descendencia pero da la impresión de que ésta no va a llegar. A los quince años de casados cuando Edna tiene 32 años -una mujer añosa ya para la maternidad según el pensamiento del momento- queda embarazada. Deja de acompañar a Parker y con tranquilidad espera el nacimiento de su único hijo, Richard. Estamos en 1944.
El padre de Parker Ford se había suicidado; la madre, Minnie, era autoritaria y presbiteriana. No llevaba nada bien que Edna, la madre de Richard, hubiera estado interna en un colegio de monjas. Y no lo llevaba nada bien porque los católicos eran de mente más abierta que los protestantes. Los padres de Parker y él mismo vivían en Harmony; la familia de la madre de Richard, en Ozark.
Por su parte la madre de Edna, Essie Lucille, que se había divorciado muy pronto de su marido, envió a su hija a un colegio en Ford Smith para que ésta sobrellevase mejor la relación con Bennie, su padrastro. Allí, en el colegio, estuvo Edna hasta que con 16 años la pusieron a vender en un puesto de cigarrillos.
Cuando Richard vino al mundo por un tiempo Edna dejó de acompañar a su marido, pero pronto hasta que el novelista tuvo edad de ir a la escuela eran los tres los que viajaban en el auto que la compañía le había proporcionado a Parker como instrumento de trabajo. A partir del momento de su escolarización el padre para el niño y adolescente Richard será el Otro, quien nunca está pero a quien siempre se invoca. Por eso cuando el soplo en el corazón con que había nacido Parker comenzó a dar negativas señales, luego primeros amagos de enfermedad seria y al cabo de dos o tres años le lleve a la muerte, Richard no experimentará un gran cambio en su rutina pues el padre desaparecido ya lo era para él a todo lo largo de su corta existencia. No obstante en ese momento, sus dieciséis años de edad, sintió que algo había cambiado. Desde entonces, -dice al final de esta reseña sobre su padre- raro es el día "sin que piense 'algo' sobre mi padre. Muchas de esas cosas las he escrito ya aquí. Algunos hombres tienen padre toda la vida, crecen y se convierten en hombres dentro de la órbita y el campo de visión de su padre. Mi padre no llegó a experimentar esto. Puedo imaginar una vida así, pero 'sólo' imaginarla."


"Mi madre. In memoriam"

La reseña sobre Minnie, su madre, es más prolija y contiene un mayor cúmulo de detalles, pues no en balde la redactó en 1981 al poco de haber fallecido ésta. Sin embargo, no es mucho tampoco lo que transmite sobre experiencias vividas junto a ella dado que al poco de fallecer el padre la madre envió a Richard, que se había convertido en un adolescente problemático a vivir con sus abuelos, Bennie y Essie, que regentaban un hotel en Little Rock (Arkansas). A los dos años del fallecimiento paterno, Richard marcha a la Universidad y abandona la casa familiar, la casa adosada de North Congress Street, en Mississippi, que Edna había hecho comprar a su marido dos años antes de la muerte de éste cuando todo auguraba unos años cada vez más prósperos. Las cosas naturalmente cambiaron mucho y la economía familiar al morir el padre se resintió mucho. Edna para salir adelante tendrá que alquilar la mitad del adosado y ponerse a trabajar. Lo hará en el hospital donde -dice el novelista- "durante un tiempo, pienso, la nueva vida que le había deparado el destino se consolidó y cobró sentido. Estoy haciendo conjeturas, porque yo ya me había ido a la universidad, y seguiría fuera mucho tiempo."
Luego ya Richard Ford comienza a hablar de su madre un poco en la distancia dado que, al abandonar la casa para ir a estudiar a la Universidad de Michigan, él ha iniciado su vida de adulto. En la universidad cambia los estudios de Hostelería en que se había matriculado por los de Literatura, y es allí donde conoce a la que será su mujer, Kristina Hensley. En 1968 se casa con Kristina e inicia una diáspora a través de USA que le lleva a vivir en diversas localidades. Mientras, su madre, viuda de 55 años, se traslada a vivir al Hotel Marion, el establecimiento que regentaba su madre y su padrastro. Edna vive bien, sin preocupaciones hasta que un día de 1973 le detectan cáncer de mama. Comienza ahí una distinta medición del tiempo condicionado siempre por las obligadas revisiones médicas ("El año se medía ahora de examen médico en examen médico, siempre a finales del invierno, poco después de mi cumpleaños"). En la relación madre-hijo que Ford presenta subyacía siempre el deseo de no interferencia mutua pero también el deseo de estar juntos siempre que fuese preciso o alguno de ellos lo solicitase.
[mi madre] "tras la muerte de sus padres tuvo una vida más desahogada. Y finalmente nos tenía a nosotros -a mi mujer y a mí-, que la queríamos y contábamos con ella siempre que podíamos. Pero si yo le decía -cosa que hacía-: 'Mamá, ¿disfrutas de la vida? ¿Te van bien las cosas?', ella me miraba con una impaciencia familiar y ponía los ojos en blanco. 'Richard, nunca voy a ser muy feliz. No está en mi naturaleza. Concéntrate en 'tu' vida. Deja en paz la mía. Ya me cuidaré yo de mí misma'
Pero como suele ocurrir cuando el final se acercaba en una visita que les hace ella en Princeton donde vivían, Edna de manera indirecta le dice a Richard que su enfermedad no va nada bien y que le queda aún un año para que la acepten en una Residencia que tenía apalabrada. Esta insinuación su hijo la sortea con un recurrente "Puede que empieces a sentirte mejor". A lo que su madre le responde con un lacónico "Bueno, sí. Podría ser. Supongo que no es imposible.". Richard entonces se ofrece a que vivan juntos a partir de las siguientes y cercanas Navidades, pero al ver cómo la madre empieza ya a hacer planes ("Voy a empezar a pensar en ello. Pensaré qué hacer con lo muebles.") él recula y le dice: "No hagas planes todavía. Quizá te sientas mejor para entonces. Quizá no sea necesario que vengas a Princeton."
Autoficción, narrativa testimonial, No-Ficción
A las seis semanas de esta visita y conversación, la madre de Richard Ford falleció en Little Rock. El escritor no deja de replantearse esta conversación que, piensa, debiera de haber sido otra en la que él se hubiera ofrecido abiertamente a satisfacer todo lo que su madre pensase, idease e incluso fantasease. Pero no fue así y ese darle la espalda a quien le dio el ser le acompaña y está en la base de la reseña que está haciendo sobre la vida de su madre.
Final
Estas memorias de Richard Ford sobre sus padres han traído a mi memoria la que Manuel Vilas publicó a finales del año pasado sobre los suyos titulada "Ordesa" [leer reseña aquí]. En ambas sendos escritores presentan la vida de unas personas comunes, normales, sin nada heroico ni relevante en sus vidas
En su vida no hubo ningún brillo especial, nada merecedor de fama. Nada heroico. Ningún logro notable del que pudiera enorgullecerse. Hubo bastantes cosas malas: una infancia que no merecía recordarse; un marido al que amó por siempre y perdió; una vida de la que no había gran cosa que comentar. Pero de alguna forma hizo posible que yo profesara mis más genuinos afectos
pero a las que les unió el amor y el afecto, y de las que aprendieron la Verdad de la vida, esa verdad que viaja envuelta en momentos concretos que crean actos de conocimiento rotundo que podrían resumirse, utilizando las palabras del propio Richard Ford, en conocer con ellos

"ese momento que todos desearíamos conocer, el momento de decir: 'Sí, esto es lo que hay'"

16 comentarios:

  1. Reseña completísima, casi como una ponencia sobre el autor ☺️ fabulosa Juan Carlos; tomo buena nota.

    Besitos carinyet 💋💋💋

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  2. Gracias por tu atención y tus palabras, Yolanda.
    Besos

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  3. Pues es un tipo de literatura al que no suelo acercarme. Nunca me he sentido atraída. Pero hoy has conseguido picarme, has conseguido tentarme. Como me tropiece con el libro, me animo seguro.
    Besotes!!

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    1. Ja, ja..., Margari, ¡qué gracia! Veo que has caído en mis redes de persuasión. Te guste o no este tipo de literatura ten por seguro que te atraerá porque Richard Ford es un gran escritor de novelas de ficción y también de esta clase, la no-ficción.
      Un beso

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  4. Qué reseña más exhaustiva. Nos cuentas detalles del autor que para mí eran desconocidos. Me gustó Canadá. Su maestría es asombrosa.

    Muchas gracias por compartir. Un saludo

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    1. Yo de este autor he leído, además de ésta, claro, "El periodista deportivo" en la que aparece por vez primera el personaje de Frank Bascombe y "El Día de la independencia" donde también aparece. Desde hace tiempo tengo sobre la mesa "Canadá" pero otras lecturas se cuelan antes que ella y, la verdad, no sé por qué.

      Un beso

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  5. Desde que la pusiste en Tarro-Libros, la tengo fichada, pero después de tan magnífica entrada, la buscaré y le compraré. Como sabes, me encanta el autor y aunque suelo preferir novelas, este tipo de memorias también me gustan mucho.
    Una reseña completa, trabajada y sumamente interesante.
    Un beso

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    1. Ya sé que eres una adicta a Richard Ford. La verdad es que para mí es ejemplo de escritor norteamericano por su estilo, su tono, su fina ironía... Quiero decir que en él encuentro características difíciles de explicar que cuando me aparecen en una lectura indefectiblemente digo "esto que leo es evidente que lo ha escrito un escritor norteamericano". Y me gusta esa manera de escribir.
      Me encanta que hayas encontrado la reseña interesante.
      Besos

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  6. Muy buena reseña, aunque no es una novela que me hubiera acercado a priori, después de leerte entran ganas.
    Besos

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    1. Además, amiga mía, se lee estupendamente y es cortita. Para descansar un poquito de tanta ficción está muy bien.
      Besos

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  7. Hola, Juan Carlos. Excelente entrada, una lectura que retrata un mundo diferente. Interesante relato íntimo.

    Un beso.

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    1. Sí, en efecto, es el mundo propio y más íntimo del creador el que se ve en este tipo de libros. Si te gusta la narrativa de Richard Ford este libro es un excelente complemento.
      Muchas gracias, Carmen, por pasarte por aquí y comentar.
      Besos

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Felicidades Juan Carlos tu reseña es espectacular, dan ganas de salir corriendo como dice Rosa a comprar el libro.
    Me ha gustado conocer un poco más de la vida del autor y ver esa facilidad que tienen los grandes autores para explicar la vida así como si nada, con hechos cotidianos y sí, me ha hecho pensar y mucho ese medir la vida, el tiempo, entre exámenes médicos, ganando el tiempo a la enfermedad.
    Besos

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    1. Muchas gracias, Conxita, por lo que dices en tu comentario.
      Es cierto que leer memorias como estas sirven para "ver" al hombre o mujer real que se esconde tras la figura del autor/a. Y si además cuenta esos momentos tan íntimos como la relación con los padres, los problemas afectivos con ellos, el enfrentamiento con la enfermedad y tal pues entonces, co mo tú bien dices, hace pensar.
      Un beso

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  9. No la he leído y aunque a priori no me hubiese llamado, me has picado la curiosidad. Me la llevo anotada.
    Un abrazo.

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