7 oct. 2016

Pedro Casablanc es "Yo, Feuerbach" en La Abadía

"Una aproximación a la esencia del teatro y a su sentido en la sociedad, como reflejo de cualquier otra actividad humana en relación con el mundo que le rodea." (Antonio Simón, director de la obra) 
"No hay que perderse esta función, a la que no cuesta augurar un gran éxito. Y muchos premios". (Marcos Ordóñez, El País, 26 / 07 / 2016)

Tankred Dorst, Samuel Viyuela, Teatro La Abadía

Como en alguna otra ocasión en mis entradas sobre obras de teatro actualmente en escena, comienzo por la recomendación final. Sí, en efecto, no hay que perderse esta obra del dramaturgo alemán Tankred Dorst porque es una maravilla. No tanto por el asunto que plantea, -la patética puesta en evidencia de un actor mayor olvidado y fracasado que ansía volver a las tablas porque en definitiva él es el más grande, él es, nada más y nada menos, que Feuerbach-, sino por, y sobre todo, la magistral actuación del actor que la protagoniza, Pedro Casablanc

Cuando el pasado mes de septiembre en la sección que Babelia dedica al teatro firmada por Marcos Ordóñez en quien, como decía Aquél, tengo todas mis complacencias, vamos, que me fio de su criterio un montón, leí que una de las representaciones que este año no podía nadie perderse era "Yo, Feuerbach" obra aupada en el éxito desde su breve representación durante el Grec barcelonés los días 14 a 17 de julio pasados, me dije a mí mismo que no la dejaría pasar. Y así ha sido en efecto: Ayer se estrenó la obra en el Teatro de la Abadía con los mismos actores que en el Grec: Pedro Casablanc en el papel del viejo y fracasado Feuerbach; y Samuel Viyuela González en el del jovencísimo Ayudante de Dirección.


La obra se representará, en principio, pocos días, pues sólo estará en La Abadía desde el 6 al 23 de octubre. Ayer fue, pues, el día de su estreno en Madrid. El ambiente en la Sala José Luis Alonso de este teatro era, sin duda, muy distinto al de otras ocasiones. Las butacas estaban ocupadas en su gran mayoría por miembros de lo que la escritora Marta Sanz llamaría la farándula: actores, actrices, directores de escena, escenógrafos, autores... Antes de apagarse las luces y comenzar la función, también con un apagón dentro de la ficción teatral, pude distinguir más de un rostro conocido por sus apariciones en teatro, cine o televisión. Soy malo para ponerles nombre a no ser que algo muy característico en ellos me haga reconocerlos, y eso en el día de ayer sólo me sucedió con Pepe Viyuela cuya desnuda cabeza ocupaba una butaca cerquita de donde yo me encontraba y que -luego, al leer el programa de mano, lo supe- se disponía con su mejor cara a ver a su hijo Samuel compartir escena con el gran Pedro Casablanc.

La función
"Yo, Feuerbach" es de esas obras que basan todo su éxito en el buen hacer de los actores. Casablanc está espléndido; quizás, como dice Marcos Ordóñez en su artículo "Un actor espera" sea algo joven -Pedro Casablanc nació en Casablanca en 1963- para el papel de Feuerbach quien ya andará por la sesentena muy próximo a la séptima década. Pedro Casablanc imparte en escena una auténtica clase de Teatro. Si yo fuese profesor de teatro obligaría a mis alumnos a que vieran la maravillosa actuación de este actor que muchos -entre otros hasta ayer, yo mismo- teníamos encasillado en papeles de rudo policía televisivo, personajes de obras de teatro clásico y, en 2015, en el difícil papel del escurridizo Bárcenas tanto en teatro, "Ruz-Bárcenas", como en cine, "B. La película".

Mientras disfrutaba con la actuación sin igual de Casablanc no pude por menos que equipararlo a otro grande, Juan Echanove, a quien ayer recordé en su magnífica actuación en solitario que en 1993 hizo en "El cerdo" de Raymond Cousse. Sólo grandes actores como ellos dos son capaces de llenar el espacio escénico con su voz, su gestualidad, sus movimientos y, en el caso de Feuerbach-Casablanc, un único objeto: una silla, objeto teatral donde los haya. Sólo los grandes como él pueden llenar de magia poética la fría sala teatral con el único apoyo de la palabra dicha debidamente; sólo los grandes pueden conseguir así adictos al teatro. Y él, Pedro Casablanc, lo logra.

Yo, FeuerbachInicialmente el título de la obra me había hecho pensar en que el drama de Dorst sería una obra filosófica en la que se plantearían temas como la existencia de Dios, el ascenso político, la redención de las masas, y cosas por el estilo... Pero no, el asunto va del fracaso, de la soledad, de la dureza de la profesión actoral, del paso del tiempo, de lo injusta y pez que es la memoria humana, de la humillación a que puede abocar la relación jerárquica que existe en el oficio, etc., etc. Por esto, quizás, he disfrutado doblemente esta obra de Tankred Dorst, porque plantea el asunto del teatro dentro del teatro en línea con PirandelloIonesco, y porque partiendo de un motivo particular -el fracaso personal y olvido social de un actor- se sabe elevar a cuestiones universales como las que ya he señalado: la injusticia, la soledad, la insolidaridad de la profesión, la lucha generacional...

Además del personaje de Feuerbach en la representación hay un Ayudante de ese director al que Feuerbach ha ido a ver pero que nunca aparece, y también hay una Regidora fuera de foco cuya impertinente voz en off interrumpe de modo extemporáneo las profundas reflexiones de Feuerbach introduciendo en el relato dramático un ingrediente más propio del teatro del absurdo y un homenaje claro al teatro épico de Brecht. Las intervenciones de la Regidora dan un punto de comicidad necesario a la representación.

Luego estaría el personaje que con soltura y buen hacer ejecuta Samuel Viyuela González, actor joven hijo del también actor Pepe Viyuela.... Logra Samuel que su secundario papel no quede sepultado bajo el tsunami actoral que es Casablanc, lo cual ya de por sí es un mérito. Por lo demás, su función dramática no es otra que dar el pie a Feuebarch; y desde el punto de vista del asunto, este joven Ayudante de dirección representa el desconocimiento y escasa preparación con que los jóvenes intérpretes acceden a la profesión. El dranaturgoTankred Dorst critica en el diáolgo entre estos dos hombres la desinformación del joven que no conoce a Brecht, a Corneille, a Racine..., pero que tampoco le suena nada la obra "Torcuato Tasso" de Goethe cuyo monólogo del 4º acto Feuerbach se ha preparado para este casting. Él sólo está atento a su smartphone, a los absurdos pedidos de la Regidora y 'pasa' absolutamente del eminente actor que en el pasado reciente fue este Feuerbach.

Antonio Simón dirige la función de 1h y 30' proponiendo al espectador una escena desnuda en la que sólo el actor, el buen actor que es Feuerbach (en la realidad el magnífico actor que es Pedro Casablanc) logra llenar con su fuerza e imaginación. Por eso una simple silla será para Feuerbach todo lo que él se proponga que sea:
¡La silla de la taberna de Falstaff! ¡Un trono real! ¡Un salón rococó en París! ¡La silla de un parque, hacia finales del otoño, con las hojas cayendo y yo sentado esperando, con mi reloj en la mano! ¡En el asilo, la etapa final de una existencia rota!”.
Este escenario vacío es metáfora visual de esa existencia truncada del personaje que, como insiste en varios momentos de la función, vive ya instalado en la total "solitudinariedad", barbarismo idiomático cuya etimología latina remite directamente a lo que se dilucida en escena: la solidaridad con esa soledad ('solitudo') que arrastra el personaje y que nos fuerza a tomar partido sobre su problemática.


Conclusión
Una obra que pide ser vista por muchos motivos: un actor que lo borda; unos temas que nos tocan; una reflexión teatral sobre el propio teatro muy ecuánime; una exposición de lo mejor y lo peor de la condición humana... En definitiva, retomando las palabras iniciales de Marcos Ordóñez, crítico teatral y autor también de novelas [ver reseña sobre su novela "Detrás del hielo" aquí]

"No hay que perderse esta función, a la que no cuesta augurar un gran éxito. Y muchos premios."

9 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos, la filosofía del teatro, el actor más allá de su yo y de su ego. La reflexion para ser vista y oida. Este año hemos representado una obra de Pirandello, y se comprende más su trabajo cuando consigues ser espectador de tu personaje. Una buena reseña a tener en cuenta. Gracias. Un abrazo

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  2. Hola Juan Carlos, la filosofía del teatro, el actor más allá de su yo y de su ego. La reflexion para ser vista y oida. Este año hemos representado una obra de Pirandello, y se comprende más su trabajo cuando consigues ser espectador de tu personaje. Una buena reseña a tener en cuenta. Gracias. Un abrazo

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    1. Interesante comentario el tuyo, Emerencia. Estoy seguro que "Yo, Feuerbach" te llegará muy adentro.
      Un beso

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  3. Estaré alerta para poder verla si llega a Eibar. Un abrazo

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    1. Hola Mª Carmen:
      Si me entero de que salen de gira por España y pasan por el Pais Vasco te aviso. ¿Vale?

      Un abrazo

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  4. Es un actor alucinante. Yo lo conocí en una serie muy tonta, pero que tenía su intriga, "Motivos personales" y a partir de ahí, lo he visto crecer como actor hasta hacerse enorme. Es genial. Su papel de arzobispo Carrillo en la serie Isabel es buenísimo. Pero yo pensaba que era mayor.
    Un beso.

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    1. Pues igual que yo, Rosa. A mí Pedro Casablanc me remitía siempre a la serie "El comisario", a "Hospital Central" y, también, sin lugar a dudas, al arzobispo Carrillo en la serie "Isabel". Por eso ver su versatilidad, su buen hacer en escena, él solo, sin más ayuda que su voz y su gesto ha sido para mí un gran descubrimiento.
      En cuanto a su edad, es verdad que esa cara picada que tiene y los papeles de duro y bronco policía lo hacen parecer mayor, pero nació en 1963 en Casablanca (Marruecos), de ahí su nombre artístico, "Casablanc", pues sus auténticos apellidos son Ortiz Domínguez (wikipedia dixit).
      Un beso

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  5. Me gusta, le intentaré hacer hueco ya que tengo que hacer un par de viajes
    Besos

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  6. Hola Mientras Leo:
    En el teatro de La Abadía, donde se representa "Yo, Feuerbach" también está en cartel otra obra de la que hablan muy bien; se titula"Incendios", Nuria Espert actúa en ella y las críticas son buenas.
    Te lo digo por eso del PAR de viajes que dices tienes que hacer a Madrid (ja, ha..)
    Un beso

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