8 mar. 2013

EL LECTOR de Bernard Schlink



Leí esta novela en 2009 como consecuencia de la película del mismo título que dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, etc. vi por esas fechas. Por su actuación en esta película Kate Winslet ganó el óscar a la mejor actriz en papel protagonista en febrero de 2009.

            Las diferencias entre la novela y el film no son excesivas; pero hay episodios en este último que pasan desapercibidos o simplemente no aparecen. Pese a ello, la versión cinematográfica es excelente.

            La novela está fechada en su primera aparición en Alemania el año de 1995. En España lo hizo en 1997. Y de entonces acá lleva ya 19 ediciones, muchas aparecidas recientemente como consecuencia del éxito cinematográfico.

            La novela cabría inscribirla dentro de la serie de obras de creación aparecidas en los últimos 15 ó 20 años en Alemania y que exploran la zona oscura del alma nacional alemana donde habita o se esconde el sentimiento de culpa que desde la época de la 2ª guerra mundial, y especialmente desde la caída de Berlín en el 45, acompaña a los millones de seres humanos que vivieron, participaron, actuaron, callaron,... en o durante la barbarie. Parece que en estas obras la sociedad alemana intenta sacudirse ese sambenito; y lo hacen de la mejor manera posible, admitiendo lo que allí pasó. Pero no todo es tan sencillo…

            En efecto no todo es tan sencillo. Y es que el sentido de culpa, el sentimiento de culpabilidad  se vive de manera individual y es cada uno quien ha de aceptarlo, sobreponerse a él, vencerlo, convivir a su lado… Esto es lo que le sucede a Hanna Schmitz, personaje protagonista, que desde su participación como guardiana de las SS en un campo de exterminio nazi lleva sobre ella esta cruz. Pero esto se sabe según discurre la novela. Habrá pues que proceder con orden.

            El relato se estructura en tres partes de 17, 17 y 12 secuencias respectivamente. Cada secuencia tiene una escasa extensión (tres o cuatro páginas a lo sumo), con lo que compone una novela de 200 páginas aproximadamente. Un relato breve, por tanto.
En la primera parte asistimos a la relación entre el narrador, el niño de 15-16 años Michael Berg, y la revisora de tranvía Hanna Schmitz de 35. La relación es especialmente sexual. Todos los días Michael escapa unas horas de casa o del Liceo para, acomodándose a los horarios laborales de Hanna, pasar junto a ella cerca de dos horas. En ese espacio de tiempo el ritual suele ser el siguiente: Ducha, cama y despedida. Pero la relación irá enriqueciéndose con la introducción de la lectura previa al acto amoroso. Michael leerá fragmentos de diversas obras y autores a Hanna. Sólo después de ello ella consentirá la relación. El chico está totalmente colgado de ella; él sigue sus estudios incluso con buenos resultados pero la relación con los chicos y chicas de su clase no es la habitual, pues él siempre tiene a Hanna en su cabeza. Su relación es tan intensa que llegan a viajar por el entorno como si de madre e hijo se tratase para así poder compartir habitación en los hoteles donde se alojan. Un día, inexplicablemente, cuando Michael llega a la cita acostumbrada, ella ha desaparecido y se ha llevado todas sus cosas. Michael queda destrozado.

La segunda parte es la correspondiente al juicio. Michael que ahora –siete años después de los episodios amorosos de la 1ª parte- estudia derecho y forma parte de un Seminario que indaga sobre la actuación de la Nación durante el nazismo, asiste a las sesiones del juicio que contra seis mujeres vigilantes de un campo de exterminio se realiza en la ciudad. Y allí descubre quién fue Hanna durante la guerra, vigilante SS de campo de exterminio desde su ingreso por propia voluntad en ellas del año 1943 al 1945. Se las acusa de no haber prestado ayuda a un grupo de prisioneras que murió carbonizado en el incendio de una iglesia bombardeda donde estaban retenidas. De las sesiones, actuaciones y declaraciones de testigos y acusadas se va desprendiendo que Hanna tuvo un papel relevante en la historia. Incluso ella se responsabilizará totalmente de ello al admitir ser la redactora del informe, con lo que quedaba claro su ascendiente y autoridad sobre las demás. Pero Michael sabe que eso es imposible porque Hanna no sabe escribir. ¿Por qué, pues, quiere arrostrar con toda la responsabilidad? Un problema moral invade al estudiante de derecho que consulta a su padre, profesor de filosofía y entendido en cuestiones de comportamiento moral, quien le aconseja no intervenir a no ser que la persona que finge le dé permiso para ello. Michael duda, pero no llegará a hablar con Hanna del asunto y tampoco en una entrevista que tiene con el juez lo hará. Hanna será condenada a cadena perpetua.

La tercera parte aborda en forma de resumen los avatares personales del narrador: Se casó con Gertrud, compañera de estudios de derecho. Tuvieron a Julie y se separaron a los 5 años de matrimonio. Luego hubo mujeres en su vida pero pasajeras pues ninguna era como Hanna. Fue a los 8 años de llevar encarcelada Hanna cuando Michael comenzó a leer en voz alta dados sus problemas de insomnio. Decide, entonces,  grabar sus lecturas y enviarle las cintas grabadas a Hanna. Los autores que lee y graba son los propios de la burguesía culta: Kafka, Chejov, Keller, Fontane, Heine, Max Frisch, Uwe Jonson, Ingeborg Bachmann, Siegfried Lenz, Mörike… Sigue así las lecturas que en la primera parte declaraba: Odisea, Catlinarias, Guerra y Paz, Emilia Galotti e Intriga y amor de Schiller, Vida de un vagabundo aventurero de Joseph von Eichendorff, etc. A los cuatro años de esta rutina recibirá una carta de Hanna agradeciéndole el envío y a partir de entonces comentándole sus impresiones sobre uno u otro autor. O sea que ha aprendido a leer y a escribir. Luego años más tarde la directora de la prisión se pone en contacto con Michael para comunicarle que Hanna va a salir libre. Él va a visitarla y le busca casa y trabajo; pero el día de salida la encuentran muerta. Michael llevará a cabo su último deseo: lavar su culpa donando a los supervivientes (una mujer mayor, niña cuando el suceso) el escaso dinero que logró reunir a lo largo de su vida. Así lo hará Michael. Pero la señora judía destinataria del mismo no lo aceptará: no quiere ser cómplice de este lavado de culpabilidad. Será Michael quien lo entregará a una asociación judía que lucha contra el analfabetismo.

Tiempo: Han transcurrido desde el inicio de los suceso al final del relato 35 años. El niño tiene ahora 50 años. Así pues Hanna ha muerto siendo una anciana de 70 años.

Estilo: Cuando hace la elección de títulos para grabárselos a Hanna el narrador declara que en sus gustos literarios no entra para nada la literatura experimental pues entiende que los autores que la practican lo que quieren no es experimentar ellos sino experimentar con el lector. Y efectivamente podemos decir que el novelista Schlink es un autor tradicional; esto es, que no usa recursos innovadores pero ya muy admitidos en la actualidad. Así el relato es lineal, hay ausencia de monólogos interiores, fluir de conciencia… También, cierto es que no existen digresiones que dilaten el avance del relato. Lo mejor, desde luego, es la perfecta delineación psicológica de los dos personajes protagonistas y cómo evolucionan de manera bien lógica según avanza la historia.

Creo que hay que destacar, entre otros muchos posibles el siguiente fragmento para entender el asunto de la culpa en la sociedad alemana:

Toda generación tiene el deber de rechazar lo que sus padres esperan de ella. […] La generación que había cometido los crímenes  del nazismo, o los había contemplado, o había hecho oídos sordos ante ello, o que, después de 1945, había tolerado o incluso aceptado en su seno a los criminales, no tenían derecho a leerles la cartilla a sus hijos. Pero los hijos que no podían o no querían reprocharles nada a sus padres también se veían confrontados con su pasado nazi. Para ellos, la revisión crítica del pasado no era la forma que adoptaba exteriormente el conflicto generacional, sino el problema en sí mismo.
La culpabilidad colectiva, se la acepte o no desde el punto de vista moral y jurídico, fue de hecho una realidad para mi generación de estudiantes. (pp. 158 y 159)

Pero la culpa no sólo es colectiva, también lo es, y mucho, individual. Así Michael se sentirá culpable de su comportamiento ante la Hanna acusada y presa, aunque se intente justificar alegando haber sido engañado por ella al no habérsele mostrado en su total desnudez moral cuando se relacionaban amorosamente. Sin embargo también él se escondía, si no ante ella, sí de ella:

Fue entonces cuando empecé a traicionarla.
No es que fuera por ahí contando sus secretos o poniéndola en evidencia. No revelé nada que hubiera que mantener oculto. Al contrario: mantuve oculto lo que debería haber revelado. Me negué a admitir su existencia. Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. […] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares. (pág. 72)

3 comentarios:

  1. que aspectos del tiempo y el lugar son importantes en esta obra?

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Si has leído con atención la extensa reseña (más es un resumen que otra cosa) que hago de la novela te habrás dado cuenta de que cuando tiene lugar la relación entre el chico de 15 años y la mujer de 35 que participó en la guerra estaremos al final de los años 50 (concretamente en 1958). Luego, el juicio sucede a los 8 años de finalizada la relación, por lo que ya estamos en 1966. La parte final (muerte de Hanna y entrega de su dinero a la asociación judía) ya sucederá tras la caída del muro en 1989 (seguramente ya durante la década de los 90, próximo a la fecha de escritura de la obra). Han pasado 35 años desde el inicio de la acción; estamos, pues en 1993.
      En cuanto al lugar, la parte de la relación niño-mujer sucede en la ciudad alemana de Neustadt; el juicio tiene lugar en Heidelberg que es donde Michael hace sus estudios de derecho. El incendio del que se acusa a Hanna por haber dejado morir a más de 300 mujeres judías sucedió en un campo de concentración próximo a la ciudad polaca de Cracovia. El encuentro con la mujer judía que desprecia el regalo de Hanna tiene lugar en la ciudad de Nueva York.

      Los lugares son todos importantes porque tienen que ver con la problemática judía durante el pasado siglo XX. El tiempo, en especial los años finales, se relaciona muy directamente -como digo en el post- con la necesidad de la sociedad alemana de lavar su sentimiento de culpa por lo hecho por sus antedecesores.

      Un saludo muy cordial

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