5 abr 2017

Lisa Gardner inicia con "Y yo a ti más" la serie Tessa Leoni

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Sobre la autora
Tessa Leoni, D.D. Warren, "Y yo a ti más"Desconozco si en España Lisa Gardner es una autora muy leída. Yo, desde luego, nada sabía de ella hasta que llegó a mis manos esta novela publicada por Suma del grupo editorial The Penguin Random House.  Indagando por ahí he descubierto que entre nosotros la editorial Pámies publicó en 2014 su novela "Sola", aparecida en USA en 2005. Con ese título iniciaba la escritora, nacida en Oregón en 1972, una serie de novelas protagonizada por la detective D. D. Warren, sargento de policía que coprotagoniza la novela que reseño aquí. También he visto que en España salió en 2008 "Desaparecida", una novela de 2006 ('Gone' en USA) de otra de sus series, en esta ocasión la de Pierce Quincy y Rainie Conner, agentes del FBI. Por último también he conocido que existe una película para televisión basada en el segundo volumen de la serie D. D. Warren ("Hide", 2007) titulada "Escondida" (2011). Este telefilm estadounidense está dirigido por John Gray y es su principal intérprete Carla Gugino en el papel de la sargento de policía Warren.

Mi opinión sobre la novela
En definitiva, de lo dicho antes se deduce que yo era 'tabula rasa' en lo que respecta a autora y personajes. Vamos que llegaba a "Y yo a ti más" sin predisposición ninguna, a favor o en contra. ¿Y qué me ha parecido? Pues, muy bien, me ha parecido muy bien. La novela me ha gustado, me ha entretenido que es lo que se le pide a un thriller. Y lo más importante me ha sorprendido en no pocos momentos con unos giros argumentales interesantes que como se dice en términos futbolísticos casi casi me han roto la cintura, por inesperados, en no pocos momentos.

¿De qué va la historia que se cuenta?  Tessa Leoni, agente de la policía estatal de Boston, muy responsable e implicada con su trabajo, mata un domingo por la mañana, al volver de su turno de patrulla nocturna, a su marido Brian Darby, marino e ingeniero, con quien llevaba felizmente casada tres años. Lo más increíble es que Sophie Leoni, su hija de seis años, no está en casa, ha desaparecido. Los investigadores del caso, la pareja de agentes formada por D. D. Warren y Bobby Dodge, entienden que Tessa también ha matado a su hija y que no quiere revelarlo.

El escenario anterior es sobre el que la sargento Warren y Bobby ponen a trabajar a todos sus agentes del equipo investigador (Phill, Neil, el forense Ben...). En el curso de las indagaciones van apareciendo personajes muy variados con vidas muy interesantes. Es el caso del mismísimo Brian Darby, enamoradísimo de Tessa y ella de él, y sin embargo...; el de Juliana MacDougall, la íntima amiga de Tessa durante la adolescencia pero con la que lleva sin verse ni hablarse la friolera de 10 años; del teniente coronel Hamilton y el agente compañero de Tessa, Shane Lyons, miembro del sindicato policial que no la abandonará ni un instante durante su detención y posterior interrogatorio por los detectives del caso; y otros cuantos más.

De todos los personajes, los femeninos (Tessa, D. D. Warren, Juliana, etc.) presentan desarrollos psicológicos muy interesantes. Se da la coincidencia de que las tres están viviendo experiencias de maternidad en distinto grado, pero que están marcando mucho sus pautas de comportamiento. A las tres las mueve a actuar la suerte terrible que temen haya podido correr la pequeña Sophie de tan sólo seis años. El mismo título, "Y yo a ti más", remite a esos diálogos amorosos que se dan en el ámbito íntimo de la pareja y del amor entre padres e hijos. Es la respuesta hiperbólica que se da a la afirmación no menos increíble tipo "Te quiero como a nadie en el mundo", "Te quiero muchísimo", etc. Estos dulces diálogos amorosos del ámbito doméstico chocan totalmente con la historia que se investiga: un asesinato a sangre fría y la desaparición, posiblemente la muerte, de una niña. A los dos, marido muerto e hija desaparecida, la sospechosa y confesa, dice amar muchísimo. ¡¿Sí?!

La historia se distribuye en 44 capítulos con dos narradores. Uno es un narrador externo en 3ª persona que cuenta los pormenores de la investigación que lleva a cabo la policia para desentrañar el caso; el otro es un narrador interno, en primera persona, la propia Tessa Leoni, que relata lo que le ocurre, lo que piensa, lo que le pasó antes... La narración en 3ª persona ocupa los capítulos impares, mientras el narrador en 1ª lo hace en los pares. Esta pauta sólo se rompe en un momento, el capítulo 18 que en vez de ser contado por Tessa como sería lo esperable lo es en 3ª contando en él la investigación que lleva en ese momento D.D. Warren. Con esta ruptura del ritmo Lisa Gardner lo que hace es resaltar la importancia del personaje que aparece en este capítulo: Juliana MacDougall, en la adolescencia amiga de Tessa y hermana de Thomas Howe, quien diez años atrás resultó muerto por la misma Tessa Leoni. Es evidente que con la aparición de este personaje la trama da un interesante e inesperado giro. El orden primero -capítulos impares en 3ª, capítulos pares en 1ª- se recupera a partir del 26 que vuelve a ser narrado por la sospechosa de asesinato, Tessa Leoni.
La novela se lee con rapidez y fruición pues la trama es claramente adictiva. No encontramos momento de dejar reposar el libro porque cada capítulo abre expectativas nuevas que queremos resolver pronto. Lisa Gardner, -cierto es lo que Lee Child dice en la solapa interior de la novela-, domina el género del thriller y del suspense como nadie. El novelista británico concluye su aplauso a autora y novela con un "esta novela puede ser la mejor de todas las suyas", rotunda afirmación que no puedo corroborar ni tampoco negar al ser "Y yo a ti más" el primero de los relatos que he leído de la autora norteamericana. Sin embargo estoy convencido de que, como divertimento y puro entretenimiento, no será la última novela que lea de Lisa Gardner. Ya tengo ganas de que aparezcan traducidos al castellano en España las siguientes entregas ("Touch & Go", 2013; y "Crash & Burn", 2015) de la serie sobre Tessa Leoni que esta novela inaugura y que ya llevan publicados en los Estados Unidos dos y cuatro años respectivamente.

Lo mejor
Además de la propia historia consistente en los entresijos de la investigación y los motivos que hayan podido provocar el asesinato con que se abre el relato, la novela presenta al menos en esbozo otra serie de asuntos interesantes: la violencia de género, la pedofilia, la ludopatía, el alcoholismo, la corrupción policial, la conciliación familiar... 
Lo anterior, referido al campo del contenido. En lo que toca a la forma los pensamientos que acuden a la magullada cabeza de Tessa durante su estancia hospitalaria o en prisión se entrelazan con otros a un nivel más consciente dando como resultado una narración bien trabada: monólogos interiores, vueltas atrás momentáneas, anticipaciones, melodías incrustadas en el cerebro... La autora usa distinta tipografía para marcar en las recurrencias al pasado los momentos esenciales que sistemáticamente y sin ella quererlo llegan a la cabeza del personaje.

Lo peor
En la resolución final me ha parecido que la autora incurre en una cierta inverosimilitud. No puedo entender que tras una laboriosa investigación, agentes de policia de tanta calidad como la pareja Waren-Bobby se conformen con explicaciones algo traídas por los pelos. Y mucho menos que jueces o jurados que valoran estas cuestiones con frialdad, lejos del fragor de la batalla, cierren casos con, en mi opinión, una cierta alegría. Bueno, no sé. Estamos en el mundo de los superventas, de los best sellers y todos, los lectores fundamentalmente, gustamos de dejarnos engañar un poquito. ¿O no es así?

Título: Y yo a ti más
Autor: Lisa Gardner
Traductor: Amaya Basáñez
Editorial: SUMA de letras. Grupo editorial Penguin Random House
Fecha de publicación: 23 de marzo de 2017
Género. Thriller
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN9788491290780
Páginas: 464
PVP: papel: 17'90€

2 abr 2017

Universo Faulkner en "Luz de agosto"

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«La maldición de la raza negra viene de Dios. Pero la maldición de la raza blanca es el negro, que será eternamente el elegido de Dios porque un día le maldijo».

"Luz de agosto" presenta una serie de auténticos sinos trágicos contra los que los humanos nada pueden hacer. Son varios los personajes que apenas si consiguen sobrellevar el destino que les viene impuesto. En primer lugar tenemos a Lena Grove, una joven de apenas 17 años encinta por culpa de un hombre, Lucas Burch, que tras seducirla le ha dicho que se marcha en busca de mejores condiciones de vida y que la avisará cuando se haya establecido convenientemente. Lena, menospreciada en su casa por su hermano, se lanza al camino en busca de Lucas de quien tiene entendido está trabajando en un aserradero. Desde su Alabama natal caminará jornada tras jornada preguntando a quien se encuentre por el paradero del padre del hijo que lleva en su seno. Un carretero la llevará hasta Jefferson; en su aserradero Lena habla con Byron Bunch, un hombre bueno cuya vida es el trabajo y la dirección del coro de una parroquia a 30 millas de allí. Este tal Byron la escucha y por las señas físicas que la chica le proporciona descubre la identidad del hombre que la sedujo y la abandonó. Lo malo es que Byron, que se creía, dada su edad -tiene ya treinta años-, inmunizado contra el amor, se ha enamorado.
Coincidiendo con esta conversación una casa de campo, la de la señorita Burden, está ardiendo y todo el pueblo con su sheriff Watt Kennedy a la cabeza se ha desplazado hasta el lugar. Muy cerca de la casa grande de la srta Burden que ahora está ardiendo, en una cabaña de negros, viven Joe Brown Joe Christmas, dos forasteros que desde hace un tiempo -Christmas ya va para tres años; Brown apenas hace unos pocos meses- trabajan en el aserradero. Precisamente la descripción que Lena hace de Lucas Burch coincide totalmente con el aspecto físico de Brown.

Estos dos hilos -la búsqueda por parte de Lena y la historia de la srta Burden- más todos los seres que participan en ellos conforman lo que podríamos denominar el universo Faulkner de esta novela. El novelista va poniendo el foco sobre unos y otros personajes dándonos su genealogía que en la mayoría de los casos se remonta hasta la lejana época de la Guerra de Secesión americana, esa guerra que ganaron los unionistas del norte que abolieron la esclavitud a la que tan apegados estaban los confederados del Sur, quienes por ello vieron arruinado su estilo de vida. La familia de William Faulkner formaba parte en esa lejana época de la facción derrotada y arruinada; su propio bisabuelo combatió como soldado en dicha guerra, y no pocos personajes de las novelas que el novelista escribió son reflejo de este hombre que como muchos otros debieron de acomodarse a la nueva situación, una mutación nada fácil.

La novela transcurre durante dos o tres días de agosto de un año de la década de los años 20 del siglo pasado en que estuvo vigente la Ley Seca. En esa época, naturalmente, los negros eran libres legalmente aunque sus condiciones de vida eran poco menos que infrahumanas, pues, si bien el Norte ganador había prohibido la esclavitud, en los estados del Sur se impuso la segregación racial. Los negros vivían separados de los blancos, tener contacto con un negro era considerado ominoso, proceder de una familia de sangre negra era un baldón y una condena de por vida. El aspecto externo es esencial en la separación de razas. En este maravilloso relato un personaje, Joe Christmas, se considera a sí mismo maldito por tener la convicción de que por sus venas corre sangre de negros; sin embargo su porte y figura no son de negro. Aquí radica una de las grandes tragedias de esta narración: Christmas, por cuyas venas discurre sangre de negro, no puede evitar el destino al que su condición racial le dirige: violencia, maldad, predisposición para la muerte...
Las alusiones despectivas referidas al comportamiento propio del negro son abudantes en "Luz de agosto":
"No llevan más de seis horas de retraso y pensar que ese pobre imbécil no ha tenido inteligencia para… Si no hubiese otras pruebas, ésa bastaría para demostrar que es un negro…" (p. 274)
"De vez en cuando, no obstante, una nodriza negra, con sus niños blancos, se detenía para descifrarlas en voz alta, con ese aire vacío y estúpido de las personas de su especie, ociosas e ignorantes" (p. 50)
Guerra de Secesión americana, Confederados vs Unionistas
"—Él mismo me dijo que era negro. ¡El hijo de puta! ¡Cuando pienso que me he dejado acariciar por ese cochino negro para que luego me metiese en un lío con su policía de palurdos! ¡Y en un baile de palurdos!" (p. 193)
"Expresaban en voz alta su opinión de que se trataba de un crimen de negro, cometido, no por un negro, sino por el Negro. Sabían, creían y esperaban que la mujer hubiese sido también violada, al menos una vez antes de tener la cabeza cortada y al menos otra vez después." (p. 254)
La figura de Joe Christmas es uno de los ejes de la novela: entregado a un orfelinato desde el mismo día de su nacimiento, su vida no será un camino de rosas en especial con la familia que lo adoptó a los cinco años de edad: los McEachern, integristas presbiterianos que en todo ven pecado y abominación y que sólo viven para el trabajo y tener sosegadas las pasiones. El método educativo que los McEachern utilizan es el castigo físico por cualquier cosa:
"No era el trabajo duro lo que él odiaba; no eran tampoco los castigos ni la injusticia. Ya estaba acostumbrado a ello, incluso antes de conocer a sus padres adoptivos. No esperaba menos y, por consiguiente, no se sentía ni ultrajado ni sorprendido. Era la mujer: aquella tierna bondad de la cual se creía condenado a ser siempre la víctima y a la que odiaba más que a la justicia dura e inflexible de los hombres."
Joe Christmas debe arrostrar su maldita condición de negro desde su nacimiento, y Lena Grove deberá de sobrellevar como pueda su condición de mujer que la conduce a la maternidad que ella acepta incluso dentro de una sociedad que critica hasta la náusea el que carezca de marido. Cada uno tiene al lado a un compañero que le 'ayudará' a lograr sus fines: en el caso de Christmas está Brown que por dinero denunciará a quien le acogió en su casa; por su parte, Lena contará con la benevolente 'ayuda' de Byron que la protegerá en todos los sentidos. Son Lena y Christmas epítomes de bondad y maldad respectivamente; estas características están en la base de sus correspondientes tragedias.

Por último hay un tercer pie que sostiene todo el relato. Se trata del reverendo Hightower, un personaje atormentado, obsesionado con sus orígenes, en este caso por su difunto abuelo muerto en la guerra civil americana. La innoble muerte de su abuelo sudista cuando se encontraba robando gallinas en un gallinero para saciar el hambre que llevaba sufriendo durante todos los años de guerra le acompaña continuamente. Su vida en Jefferson, el deseo de ser pastor en esta localidad no era una cuestión religiosa sino la satisfacción de unirse al destino del abuelo sudista al que admiraba.

Religión y Sexo. Con el reverendo Hightower aparece en el relato el fortísimo peso que tiene la religión. Una religiosidad protestante exacerbada que tiene encumbrado el castigo y el sufrimiento como medios para acercarse a Dios; una religión, puritana hasta el exceso, que considera impuro y abominable el sexo y que al tiempo lo busca desaforadamente; una religión que tiene como el sumun de lo deleznable practicar sexo con la raza negra por considerarla infecta. De aquí que Christmas no se soporte a sí mismo ni siquiera cuando tiene sexo apacible con la blanca srta Bundren; mucho menos, naturalmente, si es con mujeres de color.

Misoginia. Se desprende de toda la narración una animadversión grande hacia la mujer. Son frecuentes, a veces envueltas en un discutible sentido del humor, las alusiones despectivas al sexo femenino al tiempo que hipócritamente se ensalza las virtudes y entrega maternas:
"Qué mujer, buena o mala, ha sufrido con un bruto tanto como los hombres han sufrido con las mujeres? Respóndame, Byron." [le dice el reverendo Hightower a su amigo Byron Bunch]
"Una vez me dijiste que el diablo me dominaría y me reclamaría sus derechos. Pues bien, ya lo ha hecho. Mi mujer me ha dado una puta." [le lanza Doc Hines a su mujer a propósito de su hija Milly embarazada sin haberse casado]
"«En esto se conoce a la mujer. Ella misma sería capaz de despellejar a otra mujer, pero se pasea sin la menor vergüenza por delante de todo el mundo, porque sabe que la gente, los hombres, la protegerán. No se preocupa de las demás mujeres. No es ninguna mujer quien la ha puesto en lo que ella ni siquiera llama un apuro. Perfectamente. En cuanto una de ellas se casa, o se ve metida en un lío sin estar casada, enseguida la veréis salirse de su casta, abandonar el sexo femenino y pasar el resto de su vida tratando de unirse a la casta de los hombres. Por eso beben, y fuman, y reclaman el derecho de voto»." [piensa Armstid, el carretero que lleva a Lena hasta Jefferson]
William Faulkner, Jefferson, "Sartoris", "Luz de agosto"El ambiente. El sur con su atosigante calor provoca que se haga la vida en la calle y esto favorece la murmuración, la extensión del rumor, el cotilleo... Faulkner utiliza una imagen, la de los insectos que zumban de manera ensordecedora al otro lado de la ventana ("Por la ventana abierta llega la estridulación de los insectos, incansable, monótona, innumerable"; "Joe oyó cómo el ruido del coche ahogaba el rumor de los insectos, cómo el zumbido dominaba el rumor"; "La voz se apaga de nuevo. Por la ventana llega el zumbido continuo de los insectos. Luego, la voz sigue hablando, plana, átona").
Los insectos aparentemente son inofensivos, pero muchas veces su picadura puede llegar a ser mortal. Eso es lo que sucede con esa ciudad vigilante, con la vorágine de la gente que bien arremolinándose frente a la casa incendiada de la srta Bundren, dentro de sus propias casas, o ante la oficina del sheriff donde se encuentra el principal sospechoso pide, exige, de manera atronadora, su derecho a hacer 'justicia', esto es, su derecho al linchamiento, con mayor motivo aún si el asesino es negro y el muerto blanco aunque la familia de la Srta. Bundren y ella misma los favoreciesen
"Entonces, los rumores flamearon de nuevo, resucitados momentáneamente por las mujeres, por las familias que cenaban en torno a las mesas, en salas alumbradas por la electricidad y en cabañas alumbradas por el petróleo, perdidas en las colinas lejanas."
"La ciudad sabía que Hines no trabajaba de una manera regular desde hacía veinticinco años. [...] Por lo demás lo que la ciudad perdonaba no era, tal vez, la consagración de Hines a la salvación de los negros, sino la ignorancia pública del hecho de que el hombre recibiera la caridad de los negros"
La maestría narrativa de William Faulkner
En el post que hice no hace mucho de la novela "Mientras agonizo" [leer la reseña aquí] señalé algunas de las características que en mi opinión hacen que Faulkner fuese -y hasta ahora mismo aún sigue siéndolo- un revulsivo en las aquietadas aguas de la novela. Nada ha sido igual después de su obra novelística.

"Mientras agonizo" apareció en 1930, dos años antes que "Luz de agosto". En ella se narra la peripecia de la familia Bundren para llevar a enterrar a la madre fallecida, Addie Bundren, a su Jefferson natal. Precisamente a esta genealogía pertenece la Srta. Bundren quien en "Luz de agosto" cuenta cómo su abuelo Calvin compró la casa en la que ella vive. Las técnicas narrativas utilizadas por el autor en la novela de 1930 vuelven a aparecer en la que aquí reseñamos, de manera que mucho de lo allí dicho casa completamente también aquí:

La trama la organiza William Faulkner rompiendo la linealidad temporal mediante avances y/o retrocesos (flash forward y flash back) e incluso mediante la mostración de acciones coincidentes a fin de que el contexto, el universo faulkneriano, quede totalmente explícito.

El contenido se distribuye en 24 capítulos de semejante extensión en los que con los recursos anteriores extiende en años la narración hacia atrás y hacia adelante; una narración cuya duración en tiempo real no va más allá de esos tres o cuatro días de un caluroso agosto iluminados por un sol de justicia y una clara luna nocturna.

De nuevo aquí reproduzco lo dicho para la novela anterior por ser absolutamente pertinente aquí:
Todo este 'universo narrativo Faulkner' se presenta magníficamente envuelto en un lenguaje pleno de simbolismos, metáforas, vocabulario literario, innovaciones tipográficas, mezcla de fragmentos en estilos diversos: directo, indirecto, indirecto libre, y sobre todo en unas técnicas narrativas: focalización múltiple, contrapunto, disolución o cuasi desaparición del narrador mediante el monólogo interior y el flujo de conciencia (los personajes viven dentro de sí mismos y llegamos a conocerlos a través de sus silencios que se hacen patentes mediante estas técnicas), multiperspectivismo..., etc. que sorprendieron a propios y extraños.

Lenguaje poético. Tan sólo citaré algunos fragmentos en los que puede apreciarse -a pesar de la traducción y quizás -seguro- gracias a la buena traducción de Enrique Sordo- la belleza de la prosa del autor:

"La casa reposaba, sumergida en el claro de la luna, sombría, profunda, ligeramente pérfida. Era como si, bajo la luz de la luna, la casa adquiriese una personalidad amenazadora, traidora.". Hay mucho de cinematográfico en esta descripción. No podemos olvidar que Faulkner trabajó de guionista en Hollywood durante algunos períodos de su vida. Fundamentalmente trabajó para el director Howard Hawks en películas como "El sueño eterno" (1946) o "Tierra de faraones" (1955)

Su prosa está en el origen del realismo mágico que oficializarían en los años sesenta un Gabriel García Márquez o un Mario Vargas Llosa, autores que junto con otros muchos bebieron en las aguas narrativas de William Faulkner quien utiliza imágenes que superan el nivel de la realidad:
"La calle pasó a través de los estados de Oklahoma y de Missouri, descendió hacia el sur, hasta México, y luego subió de nuevo al norte, a Chicago y a Detroit, antes de descender una vez más y detenerse al fin en el estado de Mississippi."
Esta realidad dudosa, mágica, incierta, se evidencia en ese narrador inseguro que no tiene certidumbres absolutas. De esta manera el autor logra que el relato ingrese, entre y salga, en el terreno de la irrealidad mítica:
"Quizás aquello era una parte de lo que la mente ignoraba."
"«Quizás tienen razón cuando introducen el amor en los libros —pensaba él [Hightower] serenamente—. Quizás no puede vivir en otra parte»."
"Quizás pensó en aquella otra ventana que él había usado y en la cuerda en que tuvo que confiar; o quizás no."
Este ingreso en lo mítico lo realiza también a través de lo onírico y lo telúrico. Lo telúrico, la unión con la Tierra, está presente especialmente en la Mujer que mantiene con la naturaleza una mayor comunicación:
"Ha bajado la cabeza, los ojos vacíos, como si escuchase algo muy lejos, o tan cerca que lo siente dentro de sí misma. Su rostro ha perdido el color, el pleno ardor de su sangre, y permanece sentada, sin moverse, escuchando, sintiendo la tierra implacable e inmemorial, pero sin temor ni alarma." [Lena Grove]
"Lo que tenía de terrible era que ella no quería ser salvada. «Todavía no estoy dispuesta a rezar», decía en voz alta, tranquilamente, rígida, inmóvil, con los ojos muy abiertos, mientras la luna fluía, fluía por la ventana y llenaba la alcona de algo frío, irrevocable, de algo enloquecido de arrepentimientos" [la srta. Burden se une a la tierra, a la marcha del mundo, se convierte, o mejor se identifica, con la propia naturaleza de la que procede y forma parte. Por eso aun no quiere 'rezar', utilizar este recurso del miedo que la civilización ha creado].

Lo onírico es una de las características del mundo faulkneriano. Un mundo que sucede dentro de los propios seres que lo piensan desordenadamente y como sin querer a través del monólogo interior o del flujo de conciencia:
"«No sería extraño —piensa Hightower— que me hubiese saltado una generación. No sería extraño que yo no tuviera padre y que me hubiese muerto una noche, veinte años antes de haber visto la luz. No sería extraño que sólo pudiera salvarme yendo a morir al lugar donde mi vida ya había cesado antes de haber comenzado realmente»."
"Habla en el mismo tono muerto y monótono. Las dos voces son como estrofas y antiestrofas, dos voces sin cuerpo que relatan, como en sueños, algo realizado en un país sin dimensiones por seres inmateriales." [mientras Byron y Hightower conversan]
Para finalizar
"¡Absalón, Absalón!", "Luz de agosto"He titulado la entrada "Universo Faulkner" y he empleado la frase en no pocos momentos en este post. La razón es que el mismo escritor lo quiso dejar claro cuando en su novela "¡Absalón, Absalón!" adjuntó un mapa del ficticio y mítico Condado de Yoknapatawapha en cuyo centro está la localidad de Jefferson donde todo sucede o todo confluye. Este univero Faulkner no se limita sólo a la localización, también los seres que pueblan sus escritos están de una u otra manera interrelacionados. En "Luz de agosto" tiene protagonismo especial la Srta. Bundren que genealógicamente se relaciona -ya lo he dicho antes- con la familia de Calvin Bundren quien junto a sus hijos conduce, en "Mientras agonizo", el cadáver de la madre muerta, Addie Bundren, hasta Jefferson para enterrarla.

También referida a la srta. Bundren hay en "Luz de agosto" una referencia a Sartoris, el coronel confederado, que protagoniza la novela de mismo título, "Sartoris", que publicara en 1929 y que el mismo novelista recomendaba como la primera que había que leer para comprender debidamente este universo de relaciones locales y familiares construido por él en ese Condado de Yoknapatawapha.
"«El chico se llamaba Calvin como su abuelo y era tan alto como su abuelo, pero moreno como la familia materna de su madre y como su padre. Pero su madre no era mi madre. Calvin y yo no éramos más que hermanastros. Mi abuelo fue el último de diez hermanos, mi padre el último de dos y Calvin el último de todos.» Calvin apenas había cumplido los veinte años cuando fue asesinado en la ciudad, a dos millas de su casa, por un soldado confederado, un antiguo propietario de esclavos llamado Sartoris, durante una discusión sobre el asunto del voto de los negros."[la srta Bundren cuenta a Christmas su biografía al tiempo que a su mente fluyen los recuerdos]
En esta saga Sartoris hay una constante: mujeres fuertes y decididas, frente a hombres débiles y fracasados. ”El personaje del coronel Sartoris lo modeló el escritor a partir del de su bisabuelo,William Clark Falkner, y varios de los hechos atribuidos a Sartoris(especialmente el ser destituido por sus tropas, construir un ferrocarril y morir a manos de un antiguo socio) le ocurrieron de la misma forma a Falkner” [leído en  William Faulkner on the web].

Del mismo modo, aunque sin nombrarlo, el delirio de pesadilla que sufre el reverendo Hightower al final de la historia que hemos leído es un intento de recuperar, a través de este personaje, la propia memoria familiar del bisabuelo que murió de manera poco heroica. También, puede ser un intento de limpiar el baldón del esclavismo antiguo de su familia sudista.

No hay espacio aquí ya para hablar de influencias de Faulkner sobre otros autores. Basta con leer con atención la cita anterior de la novela "Luz de agosto" para ver bien a las claras el fortísimo influjo del escritor norteamericano sobre autores como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Vargas Llosa, OnettiGarcía Márquez, y tantos otros.

24 mar 2017

Javier Cercas: "El monarca de las sombras"

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"Claro que aquella democracia no era ni mucho menos perfecta, y que al final había poca gente que creía en ella y que respetaba las reglas, pero seguía siendo una democracia; así que la razón política la tenían los republicanos. Y punto. Pero también me irrita mucho la interpretación sectaria o religiosa o infantil de la guerra, según la cual la República era el paraíso terrenal y todos los republicanos fueron ángeles que no mataron a nadie y todos los franquistas demonios que no paraban de matar; es otra mentira…" (J. Cercas, "El monarca de las sombras")

Javier Cercas, Novela de no-ficción, Guerra Civil

Es curioso pero, desde que hace unos días manifesté que el tema de la Guerra Civil me había abrumado tanto durante una época que decidí abandonarlo, no hago más que leer novelas y ver obras de teatro centradas en esa época. Lo anterior me confirma en algo que en la vida diaria he comprobado cantidad de veces: basta que creas haber hecho, dicho o descubierto algo novedoso (por ejemplo esa calle que nadie conoce por la que evitas el habitual terible atasco) para que al poco sea conocido y practicado por todos. Así veo que está ocurriendo con la contextualización de creaciones literarias en la época 1936-1939, seguramente por haberse cumplido el año pasado el 80º aniversario de su estallido y ser todos conscientes de que en breve no quedarán supervivientes de la misma. 

Las creaciones literarias  siituadas en época guerracivilista y que he degustado con gran satisfacción han sido: la novela "Falcó" de Arturo Pérez-Reverte , la obra de teatro "La quinta del biberón" de Lluis Pasqualy "El monarca de las sombras" de Javier Cercas. De las dos primeras he hablado ya: de la obra de teatro, en este blog (leer reseña aquí) y de la novela en la Revista MoonMagazine (leer reseña aquí). De la última obra de Javier Cercas aún no he dicho nada y a ella dedico esta entrada.

Javier Cercas no había regresado al tema de la Guerra Civil española desde que publicara "Soldados de Salamina" el año 2001, una ficción en la que imaginaba la salvación del líder falangista Rafael Sánchez Mazas en un momento del final de la contienda gracias a que un soldado republicano decidió en uso de su libérrima voluntad no acabar con la vida del buscado falangista. La novela fue muy bien recibida y el cineasta David Trueba la llevó a la pantalla en 2002 con gran éxito de crítica y público. A raíz de este rodaje la amistad entre Cercas y Trueba se afianzó. También la propia escritura de la novela hizo que al escritor extremeño residente en Barcelona se le removiesen en su interior fantasmas domésticos que tenía agazapados allí desde hacía años. El principal de ellos, la existencia en la historia familiar de un héroe franquista, su tío abuelo Manuel Mena, muerto en la batalla del Ebro en septiembre de 1938. 

Confiesa Javier Cercas Mena en este relato de no ficción que llevaba mucho tiempo dudando si escribir o no sobre esta "vergonzosa" historia familiar. Precisamente la consideración de deshonrosa y el miedo al qué dirán y a si la imagen pública que él tiene se vería afectada, le hacía demorar lanzarse a la piscina de la redacción de esta historia. Pese a ello no había dejado de investigar sobre la figura de este lejano familiar natural de Ibahernando (Cáceres) de donde proceden sus dos ramas familiares. La primera fuente histórica de la que el novelista se sirvió en su investigación fue, naturalmente, su madre, si bien la mitificación del personaje que Blanca Mena tenía en su cabeza -Manuel Mena murió cuando Blanca, la madre de Cercas, era una niña de sólo 5 años- no le parecía muy de fiar; es por ello que decidió indagar en bibliotecas, archivos y hemerotecas buscando los restos documentales que del tío abuelo hubiesen quedado esparcidos por ahí en expedientes, actas y legajos civiles y militares.

De la investigación da cuenta el libro que tenemos en nuestras manos utilizando una 3ª persona que objetiva de tal manera lo alcanzado en el curso de la indagación que el propio escritor queda incluído en ella como una fuente externa más. Luego hay otra parte en estas averiguaciones más viva, participada y narrada en primera persona por el propio novelista, en la que éste dialoga con testigos directos e indirectos del personaje. Es, precisamente, en el curso de las entrevistas que mantiene con estas personas en Ibahernando fundamentalmente, pero también en otras localidades de la geografía española donde el "yo" de Javier Cercas reflexiona y va tomando la decisión de escribir la verdadera historia de Manuel Mena, no la que otras personas querrían escuchar. Pretende ser objetivo; por eso insiste en varias ocasiones en que este relato no lo hace desde la posición de literato como sí hiciera 15 años antes en "Soldados de Salamina".

Al primero que comunica sus dudas sobre si escribir o no esta historia es a David Trueba con quien desde el rodaje de la novela de 2001 mantiene regular comunicación. Le pide además que le acompañe desde Madrid a Ibahernando para filmar las entrevistas que piensa realizar allí a familiares suyos y al único compañero de escuela vivo de Manuel Mena, Antonio Ruiz Barrado, el 'Pelaor', cuyo padre "al comienzo de la contienda fue sacado a la fuerza de su casa por los franquistas y asesinado en los alrededores del pueblo". Durante el trayecto hasta el pueblo, Trueba le dice que no debe pensar en la recepción que tendrá su obra sino en si él siente la necesidad de escribirla o no. Además el realizador cinematográfico desmonta los miedos vergonzantes del escritor con quien dialoga:
"—¿Tú te sientes culpable por haber tenido un tío facha?
Ahora fui yo el que sonrió.
—Un tío no —puntualicé, un poco ebrio—. La familia al completo.
—No te jode: más o menos como la mitad de este país. ¿Te he contado alguna vez que mi padre también hizo la guerra con Franco? Y bien convencido que la hizo, el tío…" (pág. 33)
Manuel Mena, Ibahernando, "El monarca de las sombras"

David Trueba, que aparte de magnífico cineasta es novelista no menos bueno, le cuenta a Cercas un relato del escritor serbio, Danilo Kiš, titulado «Es glorioso morir por la patria». En él una madre engaña a su hijo, condenado al cadalso, diciéndole que le llegará el indulto, algo que no ocurre. La historia relatada viene a cuento de que el joven tío abuelo de Cercas se alistó voluntariamente cuando podía haber esquivado por motivos familiares el alistamiento. Además pidió ir a primera línea de fuego pues él era un joven idealista, falangista convencido, que soñaba con la gloria romántica del héroe que muere por su patria. Buscaba lo mismo que Aquiles en la "Ilíada", la muerte hermosa ('kalos thanatos'):
"—¿Se puede ser un joven noble y puro y al mismo tiempo luchar por una causa equivocada? [pregunta el escritor al cineasta]
—Se puede —contestó—. ¿Y sabes por qué?
—¿Por qué?—Porque no somos omniscientes. Porque no lo sabemos todo. Hace casi ochenta años de la guerra, y tú y yo tenemos más de cuarenta, así que para nosotros está chupado saber que la causa por la que murió Manuel Mena era injusta.
" (pág. 97)
La nobleza de Aquiles, la inocencia del chico del cuento de Danilo Kiš son argumentos asumidos por Javier Cercas quien hasta este momento había crecido siempre con los argumentos idealistas y míticos que su madre le había querido imbuir. Este choque de ideas es el que le decide a escribir la historia real sobre el personaje familiar. Desea el novelista presentar a la familia la realidad más o menos entrevista de lo que allí sucedió. Es una pretensión ciertamente difícil; en muchas ocasiones expone tal dificultad, aunque quizás sean los momentos próximos al desenlace de la vida del joven de 19 años que era su tío abuelo al morir los que requieren más esfuerzo:
"No sé cómo fue exactamente el ataque. Nadie lo sabe: no queda de él un solo testimonio escrito ni un solo superviviente capaz de contar lo que ocurrió; así que en este punto debería callarme, dejar de escribir, ceder la palabra al silencio. Claro que si yo fuera un literato y esto fuera una ficción podría fantasear sobre lo ocurrido, estaría autorizado a hacerlo.Todo esto podría imaginarlo. Pero no lo imaginaré o por lo menos fingiré que no lo imagino, porque ni esto es una ficción ni yo soy un literato, así que debo atenerme a la seguridad de los hechos." (pág. 110)
La novela le sirve a Cercas, pues, para reconciliarse con sus propios orígenes gracias a la inestimable ayuda de Trueba. Pero también le sirve para reivindicarse como habitante de Cataluña, comunidad autónoma donde vive desde hace 50 años lejos de Ibahernando (Cáceres, Extremadura), su localidad natal. A Cataluña se trasladaron sus padres en 1966 con sus cinco hijos buscando una vida mejor pues aunque en Ibahernando eran tenidos por acomodados al haber sido sus abuelos primero arredantarios y luego propietarios de las tierras arrendadas, la realidad era que esas tierras por las que en la lejana guerra la gente mató y se llenó de odio, en los años sesenta no daban para nada, y aunque el padre era veterinario el despoblamiento de la zona hizo que la vida allí fuese poco menos que imposible. En este sentido "El monarca de las sombras" le sirve a Javier Cercas para soltar amarras con esta pequeña localidad extremeña, Ibahernando, donde vivió sólo cuatro años, pero a la que su madre como el personaje Drogo de "El desierto de los tártaros", la novela de Dino Buzzati citada con frecuencia por Cercas, sueña todavía hoy con regresar ignorando que es un retorno imposible. A lo largo del relato se percibe de manera palmaria que la casa familiar que mantienen allí lo está sólo por razones sentimentales pues a los hijos de Cercas y al mismo Javier ya nada les ata a ese lugar dado que como se dice en la novela "Uno es de donde da su primer beso y de donde ve su primer western".

Desde el punto de vista estilístico es muy interesante la confesión que realiza el escritor sobre la forma que ha decidido dar a la narración. Durante la lectura de esta novela de no-ficción, el lector mentalmente va interpretando el porqué de los capítulos y secuencias narrados en 3ª persona frente a aquellos otros en los que opta por la 1ª. Pero por si estábamos errados es el propio autor, cerca ya del final del relato, quien lo aclara:
"Pensé que para contar la historia de Manuel Mena debía contar mi propia historia; o, dicho de otro modo, pensé que para escribir un libro sobre Manuel Mena debía desdoblarme: debía contar por un lado una historia, la historia de Manuel Mena, y contarla igual que la contaría un historiador, con el desapego y la distancia y el escrúpulo de veracidad de un historiador, ateniéndome a los hechos estrictos y desdeñando la leyenda y el fantaseo y la libertad del literato, como si yo no fuese quien soy sino otra persona; y, por otro lado, debía contar no una historia sino la historia de una historia, es decir, la historia de cómo y por qué llegué a contar la historia de Manuel Mena a pesar de que no quería contarla ni asumirla ni airearla, a pesar de que durante toda mi vida creí haberme hecho escritor precisamente para no escribir la historia de Manuel Mena."
 Que el novelista haya optado aquí por la no ficción no hace, para nada, menos literario al texto. "El monarca de las sombras" rezuma literatura por todos sus poros. El mismo título emana de la conversación que en la "Odisea" tiene Ulises con Aquiles cuando el primero lo visita en el reino de las sombras elogiando su comportamiento y Aquiles le responde:
No pretendas, Ulises preclaro, buscarme consuelos
de la muerte, que yo más querría ser siervo en el campo
de cualquier labrador sin caudal y de corta despensa
que reinar sobre todos los muertos que allá fenecieron
Exequias pintor griego, el azar,
Hay, como ya he dicho alusiones y referencias a Danilo Kiš , a la "Ilíada", al novelista Dino Buzzati; pero también sobrevuelan el texto Henry JamesEstá aquí, todos están aquí, ninguno de los muertos de esta mansión de los muertos murió. Nadie se ha ido. Nadie se va», pág 218), Hannah Arendt ("Hannah Arendt diría que no debería sentirme culpable, pero sí responsable", pág 33), el mismísimo Javier Cercas ("Fue en aquel preciso instante cuando comprendí que las novelas son como sueños o pesadillas que no se acaban nunca, sólo se transforman en otras pesadillas o sueños, y que yo había tenido la fortuna inverosímil de que al menos una de las mías acabara, porque aquél era el verdadero final de Soldados de Salamina.", pág. 78), las tres vidas de las que hablaba Jorge Manrique si bien con 'ciertas' variaciones ("no hay más vida que la vida de los vivos, que la vida precaria de la memoria no es vida inmortal sino apenas una leyenda efímera, un vacío sucedáneo de la vida, y que sólo la muerte es segura.", pág. 203), y hasta el genial y profundo Francisco de Quevedo resuena en la duda poética que surge de la frase que cierra el texto: "ni siquiera la muerte es segura.". Y es que en la vida -y en la muerte, claro, por qué no- todo, todo, es puro azar. Interpretar a posteriori es fácil; elegir, optar en el momento y acertar, es azaroso.

20 mar 2017

El poeta Ángel González en el Día de la Poesía

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"Aun sin ambiciones de transformar el mundo, con la más modesta pretensión de clarificarlo (o de borrarlo), la poesía confirma o modifica nuestra percepción de las cosas, lo que equivale, en cierto modo, a confirmar o modificar las cosas mismas"
(Ángel González, 1925-2008)


Todos los días es el Día de alguna cosa. Está claro que todos los días hay que dar algún aviso, algún aldabonazo, que sirva para rebullir la quietud del paso igual y sucesivo del tiempo. De manera muy tópica, muy convencional, alguien, no sé quién o quiénes, (el Google-que-todo-lo-sabe dice que fué la Unesco en 1999) decidieron que el 21 de marzo, -equinoccio de Primavera, tópico tema poético que lleva al amor, a cantar a la vida, a decir sugiriendo aquello que cuesta contar-, fuese una fecha en la que el Mundo se fijase en esta actividad humana que dentro de una sociedad materialista es un reducto de resistencia al mercantilismo y consumismo desenfrenados.

Yo quiero celebrar esta fecha a través de los poemas del ovetense Ángel González, un poeta que desde mis años universitarios me ha acompañado. Su obra "Palabra sobre palabra", que desde la edición de 1972 incluye "toda su poesía escrita hasta hoy" según reza el cintillo que acompaña a las sucesivas reediciones del volumen, la adquirí por entonces y siempre sus poemas han sido puerto en que he recalado con frecuencia. Curiosamente estas Navidades, de manera algo alambicada que no voy a explicar aquí, llegó a mis manos "Poemas", la primera antología hecha a partir de una selección hecha por el propio autor, publicada por vez primera en 1980, si bien la que tengo sobre la mesa es la 13ª edición de la misma aparecida en 2007, tan sólo un año antes del fallecimiento en Madrid del poeta que por entonces contaba con 82 años. 

El libro "Poemas", aparte de los versos elegidos por el propio poeta, tiene un interés añadido: la introducción redactada por el escritor que, con sinceridad y didáctica propia del profesor que fue en la Universidad de Nuevo México  en Albuquerque desde 1970 hasta su jubilación en 1995, desmenuza su labor poética desde la aparición en 1956 de su primer obra, "Áspero mundo", hasta, en la edición que yo manejo, "Deixis en fantasma" del año 1992.  

Entre esas dos fechas Angel González, en esa introducción habla de etapas y tendencias en su poesía: La primera etapa se inicia con poemas muy influidos por sus lecturas juveniles de Góngora, Juan Ramón, Machado, Lorca, Alberti..., poetas que le agradaban pero que nada tenían que ver con su propia experiencia vital; luego pasaría a entusiasmarse con los versos de poetas como César Vallejo, Juan de Leceta (seudónimo de Gabriel Celaya), Blas de Otero, José Hierro y otros que enlazan más con su propio contexto y que le introducen en una poesía existencial que pronto se haría social. Es lo que se ve en "Áspero mundo" donde hay poemas de ambos tipos:
[Poemas de corte existencial]
VOZ QUE SOLEDAD SONANDO

Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.

Así es mi voz cuando digo
de tan solo, de tan triste
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.

¿Qué es eso que va volando?
Sólo soledad sonando.

JARDÍN
¿Qué interroga
el girasol más alto sobre
las rosas?
¡Mudo
espanto del jazmín! Las ampulosas
dalias retuercen su violenta
envidia. Una begonia
extiende al sol la palma verde
de su mano. Viva, ojerosa
flor: el pensamiento.
Pero tú cortas
un clavel.
Los alhelíes
recobraron su aroma.
[Poema que tiende ya a lo social]
PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

Para que yo me llame Ángel González
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

En 1961 pasa de la tendencia socio-individualista percibida en "Para que yo me llame Ángel González" a una más histórica. Aparecen en su libro "Sin esperanza, con convencimiento" (1961) poemas que hablan de la guerra civil que, como otros poetas de su misma edad, vivió en su niñez. De ahí que estos poetas nacidos en la segunda parte de los años veinte sean agrupados bajo el rótulo de "niños de la guerra". Son poemas como el titulado "El campo de batalla":
Hoy voy a describir el campo
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.

No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
los árboles nevaban lentos frutos;
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida
entera
aquel enorme día de combate.

Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur,
tan sólo
el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.

Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.
Nadie escuchó la voz del capitán
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
"dale a mi novia esto si la encuentras
un día"

Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.

Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.

Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
"amigos, podéis iros, el combate..."

Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.
A partir de este momento entra en su poesía el componente irónico, que será una de las señas de identidad del poeta asturiano. Pero también otros asuntos como el Amor o el tema del tiempo que tratado irónicamente estalla en "Ayer", otro poema de este libro:
Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis
qué divertido,
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

Generación poética del 50, Poesía del Conocimiento, Poesía de la ExperienciaLos tres libros siguientes   inciden sobre los temas ya tratados en "Sin esperanza, con convencimiento": "Grado elemental" (1962) se centra más en temas políticos"Palabra sobre palabra" (1965) exclusivamente en asuntos amorosos; y en "Tratado de urbanismo" (1967) se funden la Historia con la historia individual del poeta. Este último libro, en opinión del poeta marca el final de una actitud -o etapa- y el nacimiento de otra que nace del convencimiento de la "inutilidad de todas las palabras" pues ellas no han conseguido el cambio, deseado con esperanza primero y entendido como imposible, después. El poema "PREÁMBULO A UN SILENCIO" es muy clarificador al respecto:
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol
en verano
y se calla.

(? ¿Dije tranquilamente? falso, falso:
uno se sienta inquieto, haciendo extraños gestos,
pisoteando las hojas abatidas
por la furia de un otoño sombrío,
destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos,
mordiendo injustamente las uñas de esos dedos,
escupiendo en los charcos invernales,
golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas
que permanecen indiferentes al paso de la primavera
una primavera urbana que asoma con timidez los flecos
de sus cabellos verdes allá arriba,
detrás del zinc oscuro de los canalones,
levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a
punto de ser de polvo.)

Eso es cierto, tan cierto
como que tengo un nombre con alas celestiales,
arcangélico nombre que a nada corresponde:
Ángel
me dicen
y yo me levanto
disciplinado y recto
con las alas mordidas
quiero decir: las uñas
y sonrío y me callo porque, en último extremo,
uno tiene conciencia
de la inutilidad de todas las palabras.
Los tres libros siguientes -"Breves acotaciones para una biografía" (1969), "Procedimientos narrativos" (1972) y "Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de lasa actitudes sentimentales que habitual,mente comportan" (1976) - completan esta segunda actitud del que en el momento de publicar por vez primera esta antología personal en 1980 Angel González entendía era su itinerario poético al que, afortunadamente para nosotros, aún faltaban más de 20 años para completarse.

En estos tres libros y los que le siguen y forman parte de esta edición de 1992 hay un marcado tono paródico  ("Oda a la noche" por ejemplo), de manipulación del lenguaje que es llevado hasta el chiste ("Eso era amor"), tratamiento poético (o antipoético, según se mire) muy del gusto del poeta, prestando incluso, en algunos poemas, más atención al contenido que a la forma ("Carta"), aunque sin perder jamás el nivel y exigencia poéticos como se percibe en "Pétalo a pétalo" o "Canción triste de amigo". He aquí esos poemas:
ODA A LA NOCHE

Noche estrellada en aceptable uso,
con pálidos reflejos y opacidad lustrosa,
vieja chistera inútil en los tiempos que corren
como escuálidos galgos sobre el mundo,
definitivamente eres un lujo
que ha pasado de moda.
Tras la fría superficie de las calles de luna,
el alcanfor del sueño conserva en el armario
de la ciudad oscura a los que duermen
y no te verán nunca.
Yo, sin embargo, te llevo en la cabeza,
vieja noche de copa,
y cuando vuelvo a casa sorteando
imprevisibles gatos y farolas,
te levanto en un gesto final ceremonioso
dedicado a tus brillos y a mi sombra,
y te dejo colgada allá en lo alto
—¡hasta mañana, noche!—,
negra, deshabitada, misteriosa.


ESO ERA AMOR

Le comenté:
–Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
–¿Te gustan solos o con rímel?
–Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.


"CARTA"

Amor mío:
el tiempo turbulento pasó por mi corazón,
igual que, durante una tormenta, un río pasa bajo un
puente:
rumoroso, incesante, lleva lejos
hojas y peces muertos,
fragmentos desteñidos del paisaje,
agonizantes restos de la vida.


Ahora,
todo ya aguas abajo
-luz distinta y silencio-,
quedan sólo los ecos de aquél fragor distante,
y tu imagen entera, inconmovible,
tercamente aferrada
-como la rama grande
que el viento desgajó de un viejo tronco-
a la borrosa orilla de mi vida.


PÉTALO A PÉTALO

Pétalo a pétalo, memorizó la rosa.

Pensó tanto en la rosa,
la aspiró tantas veces en su ensueño,
que cuando vio una rosa verdadera
le dijo,
desdeñoso,
volviéndole la espalda:

-mentirosa.


CANCIÓN TRISTE DE AMIGO

Si nuestro reino no fue de este mundo,
y sabemos de cierto que no hay otro,
dime lo que nos queda,
amigo,
dime lo que nos queda.

Ni siquiera deseos, ni siquiera esperanza;
un confuso montón de sueños negros,
eso es lo que nos queda,
amigo,
un confuso montón sólo de sueños.

Cada vez más pequeño.
Ya cabe en un pañuelo, igual que el llanto.
Pero cómo nos pesa,
amigo,
pero cómo nos pesa.

Más cuanto menos.
¡¡Feliz 21 de marzo, Día de la Poesía!!



18 mar 2017

"Festen" ("Celebración") deThomas Vinterberg. Versión y dirección de Magüi Mira

10 comentarios:
En la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán del CDN en Madrid se representa desde el pasado día 3 de marzo "Festen" de los daneses Thomas Vinterberg y Mogens Rukov según la adaptación teatral del también danés Bo Hr. Hansen. La puesta en escena corre de cuenta de Magüi Mira.

Teatro Valle Inclán, Movimiento Dogma, Magüi Mira

A Magüi Mira la admiro mucho desde que hace ya una pila de años (creo que fue en 1980 o 1981) la vi en el teatro María Guerrero dando voz y presencia al monólogo "La noche de Molly Bloom" escrito por quien era por entonces su marido, José Sanchis Sinisterra. El autor dramatizaba en este monólogo el último capítulo de la novela 'Ulises', de James Joyce en el que la mujer de Leopold Bloom reflexiona sobre el sexo, el matrimonio, las relaciones de pareja y el transcurso del tiempo.

Además de actriz magnífica, Magüi Mira ha sido, como en esta ocasión, directora teatral de no pocas obras: "¡Ay, Carmela!" de Sanchis Sinisterra en 2012; "Kathie y el hipopótamo" de Mario Vargas Llosa, "En el estanque dorado" de Ernest Thompson, y "Pluto" de Aristófanes en 2014; "El discurso del rey" del director de cine Tom Hooper a partir del guion escrito por David Seidler.en 2015; "César y Cleopatra" de Emilio Hernández en 2016; y ahora, en 2017,  "Festen".
Lars von Trier, Thomas Vinterberg, Magüi Mira
Cartel de la película

"Festen" es una adaptación al teatro de una historia creada por los daneses Thomas Vinterberg y Lars von Trier, fundadores del ya extinto movimiento fílmico vanguardista 'Dogma' (los postulados del movimiento pueden verse aquí) cuya primera manifestación fue la película "Festen" ("Celebración") dirigida por el mismísimo Thomas Vinterberg en 1998, film que fue muy bien recibido y que obtuvo el Premio del Jurado del Festival de Cannes. Dejando a un lado los presupuestos estéticos y de realización cinematográficos propios del movimiento Dogma que vistos hoy parecen más una chiquillada o un mero intento de reducir costes, la película danesa pone sobre el tapete un tema: el poder abusivo y corrupto dentro del ámbito familiar.

Tras asistir a la magnífica puesta en escena realizada por Magüi Mira que cuenta con un elenco sobresaliente de 10 actores todos ellos excelentes  -Carolina África, Roberto Álvarez, Carmen Conesa, Manu Cuevas, Karina Garantivá, Gabriel Garbisu, David Lorente, Jesús Noguero, Clara Sanchis, Isabelle Stoffel-, decidí ver la vieja película que un día ya muy lejano había contempado con sorpresa. El resultado fue que el tiempo, juez inexorable, se ha ensañado con la cinta mientras que la representación teatral, -desde el punto de vista temático y textual muy pegada a la obra escrita por Vinterberg-, destaca sobre ella por su frescor, su poesía y su autenticidad.

Muchos os preguntaréis de qué va la historia que se muestra sobre las tablas. No quisiera estropear la magia de la representación. Por ello me remitiré a lo que dice la propia Magüi Mira en el programa de mano: 
"Christian, después de años de ausencia, vuelve al hogar de sus padres con sus hermanos y familiares, a celebrar el 60 cumpleaños de su padre, el poderoso Helge. La cena en la que se celebra el feliz aniversario empieza con un discurso de Christian en el que denuncia el incesto al que su padre le ha sometido de niño, a él y a su hermana gemela muerta. Incredulidad general. Pero sus palabras atraviesan como una onda eléctrica el cuerpo de su familia. El secreto se rompe en pedazos. Aparecen las palabras en los silencios, los gritos del alma y los choques brutales y violentos. La familia trata de cerrar su herida que ahora sangra con sangre roja. Hay que asesinar al padre. Un texto de nuestro tiempo. Imprescindible. Intenso. Bello. Salvaje. Un análisis lúcido del fascismo latente en la sociedad clasista y patriarcal en la que vivimos. Festen no solo habla sobre el incesto y la pedofilia, es ante todo un texto que nos habla de la brutal cohesión de la hipocresía social." (Magüi Mira)
A esto añado yo: un lirismo visual pocas veces visto en teatro, el mundo del aquí y del allá poéticamente muy logrados, símbolos muy sugerentes, belleza plástica, música interpretada en directo en ciertos momentos de la representación por varios de los actores (Clara Sanchis y Carmen Conesa, piano; Jesús Noguero, acordeón), el vestuario de Lorenzo Caprile que contribuye a la belleza y simbolismo presentes en el drama, la música, la iluminación... y, sin lugar a dudas, ese escenario en el que aparece la mesa del salón comedor alrededor de la cual se sientan los miembros de esta familia de clase alta que son contemplados, con asombro, por los espectadores que, situados a izquierda y derecha de este salón y a distancia escasa de los propios actores, se convierten en partícipes del terrible ágape familiar que se desarrolla ante sus ojos y que casi pueden tocar.


Se puede ver en el teatro Valle-Inclán de Madrid hasta el próximo día 9 de abril.