«Mi querida hija, los escuchas a los tres a la vez. Tu cuerpo está entrenado para atender sus necesidades. Sientas a tu hija a la mesa y la peinas, y cuando tu hijo mayor te dice que aún así quiere ir a esquiar, prometes hablar con su papá, y al ver que el pequeño se ha caído al suelo, dejas rápidamente el cepillo para ayudarlo a levantarse y le limpias la nariz, luego coges de nuevo el cepillo y acabas de peinar a tu hija.»
Inicio esta reseña haciendo un elogio de los grupos de lectura; quisiera destacar lo mucho que se puede aprender participando en ellos. Digo esto desde mi particular experiencia: hace no demasiado tiempo que acudo una vez al mes a las reuniones del Club de Lectura de la librería La Casa del Libro de la calle Fuencarral de Madrid. Dudé un poco al principio sobre si comprometerme, pues pensé que quizás las lecturas que eligiese el/la moderador/a no fueran a ser de mi gusto. Pero pronto todas mis dudas desaparecieron. Y es que Sandra, la coordinadora encargada de este Club de Lectura, además de persona muy agradable, acierta en cada una de sus elecciones.
Gracias al Club he conocido autores cuya existencia desconocía. Es el caso de Kyung-Sook Shin, escritora surcoreana nacida en una localidad cercana a Jeongeup, ciudad de la provincia de Jeolla del Norte al suroeste del país. De la autora, nacida en 1963, en España sólo se ha traducido Por favor, cuida de mamá, novela que ella sacó a la luz en 2008. Tuvo un enorme éxito en su país, Corea del Sur, vendiendo ese mismo año un millón de ejemplares; tres años más tarde se alzó con el premio literario Man Asian, alcanzando ya en ese momento los dos millones en ventas. Un tremendo éxito que dio a conocer a la autora fuera de su país siendo traducida a muchos idiomas. En España la traducción se debe a Aurora Echevarría Pérez y en mi opinión es una magnífica traslación que se lee con muchísimo agrado.
Sinopsis (tomada de la página web de la editorial de la novela)
"Por favor, cuida de mamá" es la historia de Park So-nyo, esposa y madre, que ha vivido una vida de sacrificios y compromisos. Ahora, a sus sesenta y nueve años y con algunos achaques, mientras está viajando desde el campo coreano hacia el Seúl de sus hijos ya adultos, So-nyo se separa de su esposo cuando las puertas de un tren abarrotado se cierran. Mientras sus hijos y su marido buscan por las calles, recuerdan la vida de Park So-nyo y todo lo que dejaron sin decirle. A través de sus voces conmovedoras, comenzamos a descubrir los deseos, dolores y secretos que ella guardaba en su interior. Y a medida que el misterio de su desaparición se va desentrañando, descubrimos uno todavía mayor, el de todas las madres y sus hijos: cómo el afecto, la exasperación, la esperanza y la culpa se suman al amor. Compasiva, redentora y escrita con gran belleza, "Por favor, cuida de mamá" reconecta al lector con su historia familiar y con los sacrificios olvidados hace años.
Dice la autora en una de las solapas de la edición española:
«Damos por descontado que nuestras madres están a nuestro lado para ayudarnos de forma incondicional, y que siempre estarán ahí. Pensamos que han nacido para ser madres. Pero antes fueron niñas, y mujeres, como lo somos nosotras ahora. Con este libro quería dar voz a esas mujeres. Mi madre es la energía detrás de mis textos.»
No sé si en otras de sus novelas será como ella afirma en la última frase de la cita anterior, pero lo que es verdad al cien por cien es que Kyung-Sook Shin en Por favor, cuida de mamá hace una profunda y sincera declaración de amor a su madre y en definitiva a todas las madres, pues como es bien sabido lo particular y pequeño a través de la creación literaria, si ésta es de calidad, adquiere condición de universalidad llegando y golpeando la mente y el corazón de los lectores sean de la cultura que sean.
En la novela que he leído la familia que busca desesperadamente a la madre desaparecida es coreana, por supuesto, pero de religión cristiana. Quiero decir con esto que los valores que defienden están muy próximos a los de los lectores españoles. Pero no sólo por la cuestión religiosa, sino también por el contexto social en el que la vida de esta mujer se ha desarrollado, semejante al sucedido en nuestro país en los años 60 del siglo pasado. Fue durante esos años y algo antes cuando se produjo la gran migración interna: buena parte de la población abandonó las zonas rurales y se traslado a las grandes urbes donde se les presentaban mejores perspectivas vitales. Los padres de los jóvenes se sacrificaron espectacularmente para que éstos estudiasen y lograsen con el paso de los años vivir mejor que ellos. Este sacrificio llega en esta historia hasta el punto de sentir vergüenza los hijos de su madre y ésta ocultar sus tremendas carencias culturales para no abochornarlos.
A la emotividad de la historia se une la originalidad formal que Kyung-Sook Shin utiliza en la novela. Distribuye el contenido de la misma en cuatro capítulos y un epílogo. La historia tiene una duración de 9 meses, si bien lo más relevante sucede en los primeros días y semanas de la desaparición de la protagonista. En cada uno de los cuatro capítulos la voz narrativa recae en un personaje diferente: En el primero es Chi-hon, la hija escritora quien en segunda persona narra preguntándose si supo valorar el sacrificio de su madre; en el segundo la voz narrativa recae sobre el hijo mayor, Hyong-chol, quien en 3° persona cuenta y recuerda sucesos vividos con su madre; el tercer capítulo es narrado por el padre, o sea, por el esposo de la desaparecida, quien en segunda persona recuerda su vida junto a la esposa y se lamenta por su actitud hacia ella y por ser responsable de su pérdida. En estos tres capítulos los tres narradores se echan en cara a sí mismos el enorme desconocimiento y minusvaloración que tenían de la madre y esposa desaparecida. La pregunta que todos ellos se hacen es la de «¿Dónde estaba yo cuando mamá [...]?». En el cuarto capítulo es la propia mujer desparecida quien se hace con la voz narrativa en una curiosa conversación con Yun, su hija menor. Por último en el epílogo, situado nueve meses después de la desaparición de Park So-nyo, vuelve a tomar el mando narrativo la hija escritora, que se encuentra visitando el Vaticano cuando recibe una extensa y emotiva carta de Yun, su hermana pequeña. En esta carta Yun comunica a Chi.hon cómo ella, a pesar de ser también madre, es incapaz de ser como Park So-nyo
«Quiero a mis hijos, y cuando pienso: "¿De verdad los he parido yo?", me emociono. Pero no puedo darles mi vida entera como hizo mamá. [...] Aunque soy madre, tengo muchos sueños, y recuerdo muchas cosas de la niñez, de cuando era adolescente y de mi juventud, y no he olvidado nada. ¿Por qué pensamos que mamá fue mamá desde el principio? [...] ¿Por qué nunca me paré a pensar en los sueños de mamá?»
Desde el punto de vista formal, lo más destacable es el uso en la mayor parte de la novela de la segunda persona narrativa. Este uso a veces induce a cierta confusión referencial. Sucede especialmente en el cuarto capítulo cuando junto al empleo del pronombre 'tú' y sus correspondientes formas verbales aparece el término 'madre' que por momentos el lector no sabe si se refiere a la desaparecida o a Yun, hija menor de Park So-nyo y madre de tres niños. La ambigüedad interpretativa es claramente buscada por Kyung-Sook Shin a fin de realizar el salto de lo particular (una madre) a lo general (todas las madres, cualquier madre).
No sólo se produce en la novela un elogio de la figura materna. Junto a este asunto central hay otros que se tocan y que en mi opinión tienen gran relevancia. Uno es el referido a la diferencia entre hombres y mujeres a la hora de afrontar la soledad, especialmente al llegar la vejez (éste, la vejez, otro importante asunto)
«A nadie le gusta que un viejo callado y maloliente ocupe una habitación. Ahora somos una carga para nuestros hijos, no servimos para nada. La gente dice que se sabe en qué casa vive un viejo porque el olor llega hasta la calle. Una mujer sabe arreglárselas, pero un hombre que vive solo se vuelve patético.»
Muy importante es el asunto de la memoria de lo vivido. Cuando se olvida el pasado como ocurre a los pacientes de alzheimer, el individuo muere un poco, pues la experiencia es constituyente esencial del hoy de la persona; si no recordamos, perdemos identidad, ya no somos persona. Y es importante reconocer estos signos pronto. Esta es la reflexión que el marido de Park So-nyo se hace a sí mismo al evocar el comportamiento de su mujer desaparecida; es consciente ahora de la escasa atención prestada por él hacia ella durante los últimos años:
«Hasta ahora no te habías dado cuenta realmente del estado en que se encontraba tu mujer en los dos o tres últimos años. Sumida en el aturdimiento, se sorprendía a sí misma sin recordar nada. A veces se sentaba en una calle que conocía de sobra porque era incapaz de encontrar el camino a casa. Miraba con expresión interrogante un tarro o una jarra que llevaba cincuenta años utilizando. ¿Para qué sirve esto? Se volvió descuidada en las tareas domésticas; por toda la casa había pelusas sin barrer. A veces no era capaz de seguir el argumento de la teleserie que veía todos los días. Se olvidaba de la canción que llevaba décadas cantando, la que empezaba con: 'Si me preguntas qué es el amor...' A veces tu mujer parecía que no se acordaba de quién eras. Tal vez ni siquiera sabía quién era ella.»
Y de esta pérdida de los recuerdos se pasa a otro asunto central en Por favor, cuida de mamá. Me refiero al elemento Tiempo, que en el fondo no es otra cosa que la Vida. La madre desaparecida evoca en un momento dado una pregunta que hizo a Chi-hon, su hija escritora. Tal pregunta ella quisiera habérsela formulado a Lee Eun-gyu, un hombre que la ayudó en su juventud cuando el padre andaba por ahí desentendido de sus hijos y ella, estando sola, se esforzaba y trabajaba mucho por sacarlos adelante:
«¿Sabes qué pasará con todas las cosas que hicimos juntos en el pasado? Cuando se lo pregunté a mi hija, aunque era a ti a quien quería preguntárselo, mi hija dijo: "Es extraño oírte decir algo así, mamá". Y añadió: "¿No se filtran en el presente en lugar de desaparecer?" [...] Según ella, todo lo ocurrido forma parte del presente, de tal modo que las cosas del pasado se mezclan con las cosas actuales, las cosas actuales se mezclan con las cosas del futuro, y las cosas del futuro se mezclan con las cosas del pasado, solo que no nos damos cuenta.»
Y evidentemente no se puede obviar la importancia que en la ruptura de la relación tradicional entre padres e hijos tiene el tema de la migración del campo a la ciudad. En el mundo urbano se debilitan los lazos familiares, gana la individualidad y se pierde en gran medida el sentimiento de total entrega que caracterizaba a las madres en el medio rural. Park So-nyo se pierde en Seúl en cierto modo por no entender las coordenadas que rigen la vida moderna en la populosa ciudad.
«Mamá se quedó mirando la que había sido la casa de su madre. Ya no vivía nadie allí. Los habitantes de ese pueblo, que en otro tiempo debieron de ser más de cincuenta familias, se habían marchado. Todavía seguían en pie unas cuantas casas vacías, pero la gente había dejado de ir. ¿De modo que mamá solía subir sola hasta allí para mirar el pueblo vacío en el que había nacido? Le rodeaste la cintura con el brazo y volviste a decirle que fuera contigo a Seúl. No respondió.»
Por último, he dicho al hablar de la buena recepción tenida en occidente por la novela que quizás las prácticas culturales cristianas (la cruz colocada en un enterramiento o el rosario de palo rosa que Chi-hon compra en el Vaticano) pudieran explicar la magnífica acogida fuera de Corea. Pero creo que la posibilidad que señalo peca de simplista. Soy más de la opinión de que la novela gusta por muchas otras cosas: por los personajes, todos ellos muy interesantes; por los asuntos que se tocan (función materna, papel de los hombres, envejecimiento, tiempo y memoria, mundo rural versus mundo urbano, etc.); por la original manera de presentar la narración utilizando la 2ª persona; y sobre todo la novela gusta por la belleza del lenguaje utilizado.
Esa belleza no sólo está en el lenguaje, la cual al tratarse de una traducción -muy buena, pero traducción al fin y al cabo- creo que mucha se habrá perdido respecto de la existente en el original. A mí la belleza me ha llegado especialmente a través de algún elemento simbólico procedente de la milenaria cultura coreana. No sé mucho de ella, pero ese volar de pájaros en torno de la casa de Yun que vemos al final de la novela bien pudiera estar en relación con la creencia de la transmigración de las almas muy viva en el budismo, práctica religiosa hoy en declive pero antaño muy presente en la sociedad coreana. Sólo ella permite justificar y hacer verosímil que una mujer mayor con alzhéimer pueda narrar con completa racionalidad y juicio, recordando el pasado y describiendo ajustadamente el presente.
Sensibilidad, ternura, emotividad, cariño, amor, entrega, comprensión, comunicación e incomunicación, perdón... Todo esto subyace en la relación familiar de una madre hacia sus hijos. Y es esto lo que Kyung-Sook Shin ha querido poner de relieve en esta declaración de afecto y reconocimiento de la desprendida entrega de una madre, de su propia madre, hacia ella y sus hermanos


Hola, Juan Carlos.
ResponderEliminarQué preciosidad de novela. No la conocía, pero por lo que nos cuentas se trata de una historia humana y real sobre las relaciones familiares y su naturaleza. Personalmente soy una fanática de las historias sobre madres e hijas, las presiones que conllevan la maternidad, y las historias sobre migración y diáspora. Parece que la literatura surcoreana está poniéndose muy de moda en occidente, y es que el lenguaje utilizado es una preciosidad. Definitivamente me apunto "Por favor cuida de mamá" para mi lista de pendientes este año.
Muchas gracias por compartir esta reseña.
Un abrazo desde Saqueadores de Palabras
Aunque me sonaba el título, no la he leído. La apunto para cuando se me cruce en el camino. Un beso.
ResponderEliminarBuen inicio de año, Juan Carlos. La literatura coreana (lo admito con cierto bochorno) es un universo del que no conozco absolutamente nada. Qué vacío. He leído con mucha atención, como siempre, tu magnífica reseña. Y me ha provocado curiosidad lo que mencionas sobre el uso de la segunda persona. Qué poco frecuente; y qué difícil. Gracias por despertarnos a otros mundos.
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