«El sorrentino no tenía el borde de masa de los pansotti, ni el relleno de carne de los agnolotti, ni llevaba ricota como los cappeletti. Era una media esfera con cuerpo, hecha con una masa secreta, suave como una nube, rellena de queso y jamón.»
La escritora Virginia Higa (Bahía Blanca, Argentina, 1983) sólo tiene publicados, que yo sepa, esta novela y un libro del género ensayo. Acabo de encontrar el título del mismo ("El hechizo del verano") y la verdad es que me parece un título muy novelístico, casi más que el de la única novela que ha escrito hasta ahora.Los sorrentinos es la historia de una familia argentina de origen napolitano (los abuelos emigraron desde Sorrento hasta la Argentina a finales del siglo XIX, época de fuerte emigración italiana). El personaje central es el Chiche, el menor de cinco hermanos —([los padres del Chiche] «Tuvieron cinco hijos: Umberto, Electra, Totó, Carmela, y Argentino, el Chiche, todos nacidos en Mar del Plata»)— que se hará cargo del restaurante que sus padres abrieron en Mar del Plata, ciudad turística de la provincia de Buenos Aires. Aunque él no tenía afición excesiva por este gremio al morir Umberto, su hermano mayor, se hizo cargo del negocio. Un negocio que debía gran parte de su éxito a la creación de un plato de pasta llamado 'sorrentinos' como homenaje al lugar de procedencia familiar.
Son, pues, los sorrentinos y el restaurante de la familia Vespolini, regentado por el Chiche Vespolini, el eje sobre el que gira la novela. Una novela que da cuenta de la vida del Chiche, de sus hermanas Carmela y Electra, y de sus hermanos Umberto y Totó. Pero siempre teniendo como punto de referencia al Chiche; de ahí que en gran medida algunos apartados o secuencias en que se estructura esta novela corta (apenas 150 páginas) me hayan parecido más una serie de anécdotas, cuyos relatos al engavillarse han formado esta novela.
Por lo dicho entiendo que la autora lo que ha pretendido hacer es rendir homenaje a este personaje que le había llegado a ella en forma de relato familiar. Cierto es que si este era el propósito, Virginia lo ha logrado con nota.
En el homenaje ocupa lugar preeminente el vocabulario utilizado por el Chiche y sus familiares. También es muy importante en el apartado de las aficiones del personaje, el Cine. Y en cuanto a su identidad, su condición sexual es elemento central.
El Vocabulario
No domino, como es evidente, el habla de la Argentina, pero por lo que he investigado en la novela Virginia Higa utiliza muchas palabras procedentes del lunfardo o del lunfardo modificadas por el personaje protagonista, y también muchas otras palabras o expresiones propias de su familia italo-argentina. Son términos como 'mishadura' (pobreza extrema, miseria, indigencia o falta de dinero); 'catrosha' (mujer que disfruta de salir con muchos hombres), calificativo que el Chiche dedicaba a Adela, empleada del restaurante («¡Sí serás catrosha!»). En masculino, la palabra 'catrosho', se usa para designar al hombre homosexual; 'chinaso' (se aplica a las personas, objetos o costumbres de extraordinario mal gusto); 'morfando' (comiendo); 'mersa' y 'mersada' en la expresión que Pepè le dirige a su amigo Chiche («catrosho mersada») por no querer, estando en Roma, ir a escuchar el saludo dominical del Papa: 'mersa' se utiliza como adjetivo para describir a una persona, comportamiento o cosa de mal gusto, vulgar o con costumbres poco refinadas, se asocia despectivamente con lo "ordinario" o lo "barato". Hay también palabras que surgen de la mezcla entre el italiano y el lunfardo, como por ejemplo "sciaquada" (pronunciado shacuada) se utiliza coloquialmente para referirse a una persona desgarbada, descuidada, desaliñada, sin gracia o de aspecto endeble). Propiamente italiana parece la palabra 'munaciello'
[el munaciello era un] «espíritu doméstico napolitano que, al parecer, había seguido a la familia desde Sorrento hasta Mar del Plata. La figura del munaciello era la de un monje de baja estatura, vestida con el hábito de la orden de los dominicos»
En otros casos el vocablo o la expresión es una pura invención o creación del protagonista de la novela. Tal ocurre con 'papocchia' (de mala calidad), o en otro ligar del relato con 'spaccone de porquería' («un spaccone era una persona que se daba aires, que creía ser más de lo que era o que exhibía con soberbia lo que poseía o creía poseer.»).
Ni que decir tiene que siendo el vocabulario uno de los méritos de la novela, también es una de las dificultades que para hablantes de este lado del atlántico presenta. Con todo, en mi opinión, los pros superan con creces a los contras.
Los Personajes
Además del Chiche, protagonista y centro de todo el relato, en Los sorrentinos hay multitud de personajes. Además de ser muchos, las relaciones familiares entre ellos también son grandes y diversas. Esto, pienso, no es más que una traslación al papel de la realidad habitual en las comunidades de origen italiano, que vienen a reproducir los comportamientos culturales propios de la lejana patria en la que la familia (aquí la de los Vespolini) es un pilar esencial, fundamental.
Están los cuatro hermanos del Chiche: Umberto, Electra, Totó y Carmela. Y luego vendrían los primos de éstos, menos en número, pero también importantes como por ejemplo la prima Dorita o el primo Ernesto. Los sobrinos como Honorio, Manuel, o Virginia, hijo el primero de Totó y los dos últimos de Carmela. Las parejas de unos y de otros, como por ejemplo Elvio, marido de Carmela; Lucinda, mujer de Totó; la 'Coca', mujer del primo Ernesto; la Gorda Montero, casada con el sobrino Honorio; la prima Dorita y su casorio con Valdemar del sector ("rubro") de vendedores de aspiradoras; etc. Y por si esto fuera poco, las familias creciendo por parte de los más jóvenes («Ernesto y la Coca habían tenido dos hijas: Teresa -la que trabajaba en la rotiseria- y "la Matilde nuestra" -que era la madre de la bailarina de la televisión-.») y extinguiéndose por arriba: Electra por enfermedad, Umberto por accidente laboral, otros por voluntad propia... ¡En fin, la vida!
Por si el enrevesado panorama familiar fuera poco, en Los sorrentinos aparece también un buen número de personajes secundarios como el bioquímico Pepé, 'catrosho' como Chiche y amante de las telenovelas; Corina, antigua novia de Umberto; Facha Farina, la veterana cocinera transmisora de los secretos gastronómicos de la trattoria; el cura Adelfi, 'catrosho' como Pepé y el Chiche; el psiquiatra doctor Kavafis, comensal habitual en la trattoría, que representa al típico personaje humorístico de la comedia italiana que en el fondo es la novela; la señora Baldi, maga y profetisa, que acompaña a Carmela a visitar a una modista vidente; el joven mozo Mario al que el Chiche llamaba Carpi, personaje que atiende al Chiche, especialmente leyéndole noticias del periódico haciéndole protagonista de alguna de ellas, y que abre y cierra la novela; Valdemar, el marido de la prima Dorita que para Ernesto no era más que un 'spaccone', o sea, una persona fanfarrona, presumida, bravucona o jactanciosa; y así otros tantos más.
Estamos, pues, ante una novela de personajes. Cada uno aporta sus anécdotas, sus vivencias, y la suma de todo ello da como resultado esta novela, Los sorrentinos.
El Cine
En la época en que se desarrolla lo esencial de la novela, mediados del siglo pasado, el Cine era sin liugar a dudas la diversión popular por antonomasia. Actores y actrices eran auténticos modelos de comportamiento y fetiches que provocaban adhesiones y rechazos de tal grado que a veces producían enemistades y encontronazos entre familiares y amigos. Tal les ocurrió al Chiche y Virginia, la hija mayor de Carmela, quienes se enfadaron por discrepar acerca de la intervención o no de Steve McQueen en la película Los siete magníficos (año 1960).
En la época en que se desarrolla lo esencial de la novela, mediados del siglo pasado, el Cine era sin liugar a dudas la diversión popular por antonomasia. Actores y actrices eran auténticos modelos de comportamiento y fetiches que provocaban adhesiones y rechazos de tal grado que a veces producían enemistades y encontronazos entre familiares y amigos. Tal les ocurrió al Chiche y Virginia, la hija mayor de Carmela, quienes se enfadaron por discrepar acerca de la intervención o no de Steve McQueen en la película Los siete magníficos (año 1960).
Pero son las películas italianas o protagonizadas por actores y actrices de ese país las más aludidas en la novela. Así, a Umberto, hermano mayor y creador de la exitosa receta de los sorrentinos, le gustaba muchísimo Sofía Loren en una película cuyo título no da pero que era una versión contemporánea del cuento de la Cenicienta. Al Chiche también le gustaba mucho Sofía Loren y otras actrices italianas como Silvana Mangano o Anna Magnani; entre otras cosas le gustaban porque no eran 'sciquadas':
«actrices no sciquadas eran, por supuesto, Sofía Loren, Anna Magnani, Silvana Mangano y muchas más. Esta última era su favorita, sobre todo en el papel de Anna, en esa película en la que ella, la Mangano, es una monja que atiende a los enfermos en un convento y un día llega un hombre que le hace recordar su pasado de cantante un poco catrosha en un cabaret.»
En sentido contrario y como medio para caracterizar a Elvio, italiano del norte y en consecuencia serio marido de Carmela, apareece el odio que éste sentía hacia Alberto Sordi por ser éste un actor cómico, con la comicidad propia del sur. También sin citar el título [¿quizás sea "Prionero de honor" (1959)] se dice:
(Elvio) «Odiaba sobre todo una película de Alberto Sordi en la que él interpreta a un soldado que cae prisionero de los ingleses durante la campaña de Africa.Decía que hacía quedar como unos cobardes a los italianos con eso de que "soldado que escapa sirve para otra guerra"»
Pero sin lugar a dudas mucho más interesante me parece la referencia a la argumentación que sobre Ugo Tognazzi en la película Belleza americana el Chiche y familia hacen en la sobremesa de una de sus comidas en la trattoría. En esa ocasión hablaban sobre la diferencia existente entre ser catrosho, como lo eran él, Pepé, y el resto de sus amigos, y hacer alarde de ello:
«Ser catrosho y ser marica reventada eran dos cosas completamente diferentes: ser marica reventada era una provocación innecesaria, mientras que ser catrosho se había convertido, para la familia, en una especie de título honorífico»
La Cocina
Y, naturalmente, el gran elemento que se cita y es homenajeado en la novela por Virginia Higa es el de la cocina y la gastronomía. El trabajo en la cocina, el cuidado en las elaboraciones, la preocupación por que la satisfacción de los clientes sea máxima, la competencia existente entre la Trattoria Napolitana Vespolini y otros establecimientos como el ristorante Montecarlini que también los elaboraba... Era una competencia sana y colaborativa a veces; así cuando en alguno de los dos establecimientos se acababa el pan, el uno o el otro enviaba un mozo al establecimiento de la competencia solicitándoselo; éste, solidariamente, preparaba el mandado.
Las alusiones a platos y especialidades, comenzando por la que da título a la novela son muchísimas. Qué sea un sorrentino se explica con la claridad que exige mantener en secreto la fórmula que los hace tan especiales; así se puede ver en la cita que encabeza esta entrada.
Todos los elementos, como no podía ser de otra forma en una buena novela como Los sorrentinos, están relacionados. La cocina, los alimentos, las recetas de platos, etc. más que ninguna otra cosa. Los personajes actúan por motivos casi siempre relacionados con la restauración. Dorita abre su negocio para competir con la Trattoría, Carmela cuando se enfada con el Chiche se niega a volver a cocinar sorrentinos, y así el resto.
Todos los elementos, como no podía ser de otra forma en una buena novela como Los sorrentinos, están relacionados. La cocina, los alimentos, las recetas de platos, etc. más que ninguna otra cosa. Los personajes actúan por motivos casi siempre relacionados con la restauración. Dorita abre su negocio para competir con la Trattoría, Carmela cuando se enfada con el Chiche se niega a volver a cocinar sorrentinos, y así el resto.
«con la muerte de Electra se perdieron muchas de las recetas tradicionales que ella guardaba en su memoria, como la pasta e fagioli, la pastiera o el babá, y la preparación de las salsas para los sorrentinos quedó sin supervisión.»
Y luego están los infinitos nombres de platos e ingredientes: fagioli, scones, babá, martelitos, pansotti, agnolotti...
Nota final
Tuvimos la suerte en el Club de lectura Fuencarral celebrado ayer mismo (3 / 6 / 2026) de contar con la presencia en la reunión de Virginia Higa, la autora de la novela. Amablemente, Virginia despejó dudas y aclaró aquellos extremos que la novela había suscitado en algunos de quienes allí nos encontrábamos. Ella había venido a Madrid desde Buenos Aires, donde actualmente reside, llamada por la organización de la Feria del Libro de Madrid que este año dedica los actos centrales al Humor en la Literatura.
Sobre si el libro de Los sorrentinos es humorístico se habló largo y tendido. Me pareció muy interesante lo que Virginia dijo sobre el humor en la literatura, sobre si ella se propuso escribir un libro para suscitar la risa en sus lectores. No, aclaró, yo no buscaba la risa por la risa porque el humor en literatura surge de la mirada, del tono que se dé a la narración. Muy intereante también fue la reflexión que sobre la memoria (la novela se considera memorialista por parte de muchos lectores) realizó. Realidad, ficción, recuerdo, memoria, verdad, creación literaria... todos estos ingredientes forman parte de Los sorrentinos, explicó.
Le preguntamos sobre la recepción de su novela en Argentina cuando se publicó hace nueve años (ocho en España). Dijo que, tras el momento de su lanzamiento (entrevistas, presentaciones, firmas y tal), el libro tuvo una acogida modesta; con el paso del tiempo fue el boca a boca de los propios lectotres lo que engrandeció el libro y logró hacerlo popular. Es, declaró, una obra de éxito sostenido en el tiempo, más exitosa durante los últimos años que cuando vio la luz. Es un libro, concluímos la mayoría de los allí presentes, muy regalable porque es una obra tierna, auténtica, que presenta la vida y a sus personajes tal cuales son con sus aristas, bondades y sus opuestos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas Gracias por dejar tu Comentario.