«Lo único que puedo deciros es que la repetición es importante. Que extinguir los deseos es importante. Que estar desnudos de tu opinión e incluso desnudos de nosotros mismos es importante. Que el silencio es importante. Solo puedo repetiros lo que decía Miguel de Molinos: que hay tres maneras de silencio, el silencio de palabras, el silencio de deseos y el silencio de pensamiento. Todos ellos son importantes. Así que callad mucho, desead poco y pensad nada. Y repetid, repetid, repetid.»
Durante semanas he escuchado voces que hablan de la excelencia de Abril o nunca, la última novela de Juan Gómez Bárcena. Del autor nada sabía hasta ahora. Tras leer con agrado y sorpresa su novela he buscado información sobre él, información que añado a continuación.
Acerca del escritor
Juan Gómez Bárcena es santanderino. Nació en 1984 y desde 2007, gracias a una beca de la Fundación Antonio Gala que recibió para seguir escribiendo, se dedica en exclusiva a la escritura como escritor, como critico literario y también como profesor en talleres literarios.
Entre los muchos premios que a lo largo de su carrera ha obtenido destacan los siguientes:
- El héroe de Duranza (2002): Premio Nacional de Narrativa Juvenil Rúa Nova
- Premio de Relato José Hierro (2003)
- Doctrina de los ciclos (2007): Premio de Poesía José Hierro
- Ensayos de realidad (2008): Finalista del XII Premio Mario Vargas Llosa NH de Libro de Relatos.
- Los que duermen (2012): Su primer libro de relatos fue galardonado con el Premio Tormenta al Mejor Autor Revelación.
- El cielo de Lima (2014): Obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2014 y el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2015.
- Kanada (2017): Galardonada con el Premio Ciudad de Santander 2017 y el Premio Cálamo Otra Mirada 2017. También fue finalista del Premio Internacional Tigre Juan.
- Ni siquiera los muertos (2020): Finalista del premio concedido por el gremio de Libreros de Madrid
- Lo demás es aire (2023): Ganadora del Premio Ciutat de Barcelona de Literatura.
Además de todo lo señalado hasta aquí, Juan Gómez Bárcena ha publicado las novelas Mapa de soledades (2023) y la que comento en esta reseña: Abril o nunca (2026)
Mi opinión
Esta última novela, tan merecidamente elogiada, va sobre el paso del duelo, el tiempo, el amor paternal e indaga sobre la inverosímil posibilidad de regresar a un momento del tiempo pasado para evitar lo que en ese instante ocurrió. Pese a este deseo de regreso al pasado, en la novela no hay elementos que permitan hablar de ciencia ficción. Estamos en abril de 2024, Teresa, la hija de Daniel y Patricia, va a celebrar por segunda vez su décimotercer cumpleaños. Desde que la pareja se divorciara, Teresa cada quince días viaja de Alicante a Benidorm donde actualmente reside Daniel para pasar el finde con él. En esta ocasión Daniel le tiene preparada una sorpresa como regalo de cumpleaños: le enseñará a bucear, que es lo que él, desde que decidió dejar su trabajo de abogado en Madrid y trasladarse a Benidorm, hace diariamente. La lleva a la Cala de los Amarillos, el lugar que a él más le gusta para la práctica del buceo.
Una circunstancia trágica sucedida allí trastocará todos los planes. Desde ese instante la vida de Daniel se paraliza. Todo lo que hacía hasta entonces queda en suspenso. No acepta el hecho de que Teresa ya no esté y se refugia en la soledad e incomunicación con los demás a quienes no revela, o lo hace a medias, lo que le ha ocurrido a su hija.
La crisis de los cuarenta años hizo a Daniel y Patricia separarse, aunque ambos ahora se llevan bien. Pese a esto Daniel es consciente -y quizás Patricia también- de que si criar a los hijos es complicado, mucho más lo es estando separados («Ver a un hijo en fines de semana alternos es no conocer del todo a la persona que se está subiendo a tu coche»); y si esta persona es una adolescente aún es más difícil («Teresa contesta con monosílabos, porque los niños no est´n hechos para las respuestas sino para las preguntas»). Pese a esto los hijos saben que tienen padres y desean poder recurrir a ellos si lo precisan
«Quieren que los dejemos en paz de una vez, piensa y pensará Daniel, que nos ocupemos de nuestros asuntos, pero no perdonan el momento en que los padres tienen efectivamente asuntos donde ellos no caben. Quieren que dejemos de mirarlos, pero que esa interrupción no sea verdadera.»
Daniel a sus cuarenta años, con gran sorpresa de todos, abandonó también el bufete donde trabajaba en Madrid y se instaló en Benidorm en una actividad nueva para él que ejerce durante seis meses al año, la de monitor de buceo. En la ciudad levantina coincide con Mario, un antiguo compañero de instituto, y con Rosa, la mujer de éste. Ambos regentan un bar para giris. Durante el año que dura el tiempo de la historia relatada conoce a Natalia, una mujer que es cardióloga en el hospital y que le quiere sinceramente, si bien él no se comporta abiertamente con ella manteniendo oculta su circunstancia vital.
Ciertamente la trama es muy original. Daniel no acepta la nueva realidad que sigue a la desaparición de Teresa, desearía volver a vivir el momento del pasado en que sucedió la tragedia. Es algo imposible, naturalmente. En el variopinto mundo de las redes sociales de Internet Daniel encontrará un apoyo a su irrealizable y quimérica pretensión: en Reddit, red social a la que entra para matar su soledad, encuentra a un usuario, John1419 ya fallecido pero aún con muchos seguidores (johnists), el cual entre la infinidad de cosas dispares de las que hablaba (la Guía espiritual de Miguel de Molinos, Albert Einstein, Las chicas de oro, los preceptos del bushido...
) creía cierta la posibilidad de viajar atrás en el tiempo («see you yesterday, folks», era su despedida habitual); en definitiva, John1419 planteaba la posibilidad del viaje en el tiempo, pero no hacia el futuro (que suele ser la utopía más habitual) sino hacia el pasado.
Al tiempo que lee los innumerables posts dejados por John1419, Daniel comienza a interactuar con otro usuario de la red llamado Johanness Schneider con quien llega a mantener una conversación fluida en un hilo llamado #diversintime. Es esta comunicación la que marcará el comportamiento de Daniel durante ese año.
«Cuando no está jugando a They are Billions o contemplando Benidorm desde la terraza, Daniel está leyendo a John1.419. Leyendo, también, a Johanness Schneider. Escribiéndole incluso. Porque de un tiempo a esta parte, Schneider y él intercambian mensajes. Hasta ahora, Daniel nunca había sentido deseos de participar en ninguno de los hilos de #diversintime.»
Se mueve, pues, el protagonista de Abril o nunca en una doble realidad: la virtual marcada por estas participaciones en Reddit y la física que mantiene con Mario y Rosa. De esta pareja, el primero le sirve de engarce con el mundo digital en su afición al videojuego They Are billions, mientras que Rosa es la que le pone los pies en el suelo animándole a superar a través del llanto la etapa de duelo en la que se encuentra instalado. Y es que Daniel no llora nunca y a pesar de todo lo sucedido él aún no ha llorado. En este mundo real también se sitúa Natalia, que bien podría representar para él el gancho al que aferrarse para poder seguir adelante, aunque...
Este juego entre lo real y lo deseable, pero imposible, lo estructura el novelista de manera circular en seis partes; tanto la primera como la sexta se titulan igual: «ABRIL». Es una especie de retorno al pasado -¡imposible e irrealizable, ya lo sabemos!- y una superación de la etapa de dolor que Daniel ha vivido a lo largo de esas cuatro partes, una por cada una de las estaciones. A partir de ahora, imaginamos, será ya otra cosa. O quizás no. Ya se verá.
Al tratarse de una historia que sucede fundamentalmente en el interior del personaje, se transita constantemente del hoy al ayer, del presente al recuerdo de ese día de la Cala de los Amarillos, de todo cuanto ese fatídico día sucedió. Es el desorden habitual de una mente atormentada por un acontecimiento.
Aparte de los asuntos que se tocan en esta narración, Juan Gómez Bárcena destaca por el estilo que muestra en la novela. Me ha agradado mucho la manera que tiene a veces de introducir el estilo directo ¿libre? en medio de un fragmento meramente descriptivo:
«Pueblecitos blancos discurriendo al otro lado del cristal. Un camino de terracería que desemboca en un poste eléctrico derribado —es aquí; ¿aquí?; bueno, no exactamente aquí, todavía hay que caminar un poco—. Polvo amarillo, rocas grises, gafas de sol oscuras protegiendo los ojos castaños de Natalia —¿falta mucho?; ya no queda nada—. Ahí, centellando a lo lejos, la cinta azul del mar»
Pero muchos otros elementos estilísticos cabría destacar en Abril o nunca. Señalaré algunos de ellos con afán de no resultar prolijo:
- Fuerte culturalismo, tanto de prestigio como propio de la cultura pop:
«Recordad lo que dice Ibn Arabi: Hay que aniquilar nuestra propia alma. Recordad lo que dice el Pseudo Dionisio: Quien nada sabe, está por encima de toda inteligencia. Y sobre todo, recordad lo que dice el Maestro Yoda: Hacedlo o no lo hagáis, pero no lo intentéis."
- Citaciones. Intertextos como los que aparecen en la cita anterior se encuentran por doquier en la novela. A veces la combinación de citas cultas y populares llegan a incluir con clara intención humorística al mismísimo narrador, en la cita siguiente el locutor es el tal John1419:
«Olvidad esta promesa y todo lo demás. Y sobre todo repetid, repetid, repetid. Intentadlo otra vez. Fracasad de nuevo. Fracasad mejor (Eso lo dijo Samuel Beckett en 'Rumbo a peor').Yo solo puedo enseñaros la puerta, pero vosotros tendréis que cruzarla (Eso lo dijo Morfeo en 'Matrix'). Nos veremos en el pasado, folks (Eso lo digo yo).»
- Alegorización. El videojuego They Are Billions aparece utilizado con clara intención metafórica. En dicho juego aparecen 'snipers' (francotiradores). Para Daniel, que gusta de ir superando las distintas ventanas del juego, el mismo es una auténtica alegoría de su propia situación: los snipers es su voluntad; la ciudad es su fe; los zombis son los recuerdos, fragmentos de realidad que «tienden a destruir la belleza de nuestras teorías»...
- Gusto por las etimologías. A Daniel -e imagino que también a Juan Gómez Bárcena, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, en Historia y también en Filosofía- le encanta la filología. En su constante reflexión mental muchas veces para aclararse a sí mismo indaga en el sentido primero de las palabras que utiliza. Así la expresión «echar de menos» la relaciona con el gallego «achar menos (hallar menos). Es decir "hallar la ausencia"»; la palabra «añorar» sabe que proviene «del catalán enyorar, y esta del latín ignorare. "Ignorar, no saber."». Pero quizás es la palabra «Recordar» la que más le sobresalta, aquella que más quiere condenar a su desaparición, incluso aunque esta acción equivalga a llevarse por delante a Natalia cuando ésta ante su silencio le escriba pidiéndole verse para poder hablar de los buenos momentos pasados juntos:
«Buenos recuerdos. Recordar, recuerda Daniel: del latín recordarí: re ("de nuevo") y cordis ("corazón"). Volver a pasar por el corazón.»
La novela es en esencia un ejercicio introspectivo sobre el tiempo. Durante el breve tiempo que dura una siesta sucedió la tragedia; las bombonas de aire para bucear duran un tiempo; la vida para Daniel y para Teresa se paró en Abril, de ahí el deseo de retornar a ese tiempo o de desaparecer del todo. Muchas reflexiones, muchas frases sobre el tiempo, aparecen en el relato pensadas, dichas o evocadas por Daniel:
- «Si el pasado enseña algo es que no enseña nada»
- «Daniel ha aprendido lo que todos los demás ignoran: que el tiempo no siempre va hacia adelante, sino que puede invertir los pasos, como los cangrejos que Teresa y él vieron en la Cala de los Amarillos. Que el tiempo de algunos hombres no es un río, sino una ciénaga inmóvil. Un bloque de hielo.»
- «La memoria quiere convencernos de que hubo un tiempo en que fuimos felices, pero también lo bastante idiotas como para no darnos cuenta. No es así, claro. Si en efecto no nos dábamos cuenta es por la sencilla razón de que no éramos felices en absoluto: solo lo creemos para explicarnos por qué no somos felices ahora.»
En definitiva, los seres humanos como los personajes de Abril o nunca estamos atados al tiempo. Somos tiempo, vivimos en el tiempo, nacemos y morimos inaugurándolo y clausurándolo. Pero hay muchos tiempos, muchas clases de tiempo, muchas vivencias temporales, muchas distintas duraciones y percepciones del tiempo. En la novela Daniel en su afán por desandar el tiempo reflexiona sobre las distintas clases de tiempo. Distingue cuatro tipos:el tiempo de los relojes; el tiempo de los vínculos o tiempo de la vida («no puede revertirse»); el tiempo del límite; y el tiempo que no gira no avanza, no retrocede. Este último es
«El tiempo de las tartas congeladas. El tiempo de las profundidades del mar [...]. El tiempo de los sueños [...]. El tiempo de los muertos.»).
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Nota:
Poco antes de publicar esta reseña he tenido oportunidad de asistir a un Taller de Lectura sobre esta novela celebrado en La Casa del Libro de la calle Fuencarral de Madrid. Al mismo ha asistido el autor Juan Gómez Bárcena y la experiencia ha sido magnífica. He descubierto a un escritor de proyección internacional con un bagaje intelectual tremendo, simpático, profundo, que no ha rehuído ninguna pregunta, que ha dado respuesta a todo y que además tuvo el detalle de comentar con nosotros sus hábitos de escritura. Fue una reunión de lo más agradable. Gracias a Juan Gómez Bárcena y a Sandra Herranz, la coordinadora de estas tertulias literarias.


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