4 ene 2026

"Gabriela, clavo y canela". Novela de Jorge Amado

«Don Nacib era hombre para casarse con una muchacha distinguida, toda llena de humos, calzando zapatos, medias de seda, usando perfumes. Muchacha virgen, sin vicio de hombre…
Gabriela servía para la cocina, para arreglar la casa, lavar la ropa, acostarse con hombres. No uno viejo y feo, no por dinero. Por gustar de él, por acostarse con él. Clemente en el camino, el señor en las plantaciones, Zé do Carmo también. En la ciudad, Bebito, estudiante joven, ¡de casa tan rica! Venía despacito, en la punta de los pies, con miedo a la madre. El primero de todos, ella era una chiquilina, había sido su mismo tío. Sí, ella era una chiquilina; y de noche llegó su tío, viejo y enfermo.
»

Jorge Amado, Bruno Barreto, película
No había leído hasta la fecha ningún libro del brasileño Jorge Amado (Itabuna, Bahía, 1912 - Salvador de Bahía, 2001). Conocía su nombre y sabía muy por encima el argumento de su novela Gabriela, clavo y canela. pero nada más. Ahora he llegado a este título gracias a mis compañeras de la tertulia "más que palabras...". Fueron ellas, en una reunión a la que no pude asistir, quienes propusieron leer esta novela y hacerla objeto de tertulia para este mes de enero. ¡Cómo les agradezco su propuesta! He disfrutado muchísimo con la lectura de esta obra que el escritor brasileño publicara en 1958 y que hiciera de él un autor universalmente conocido. 

Sinopsis de Gabriela, clavo y canela (proporcionada por su editor)
Cuando Gabriela, una hermosa mulata analfabeta, llega a Ilhéus, ciudad del estado brasileño de Bahía, huyendo del campo y de la miseria, se desencadena un divertido cúmulo de pasiones humanas en un abigarrado marco rebosante de sabores, colores y olores. La sugerente Gabriela, su amante –el pintoresco y pragmático Nacib–, las singulares hermanas Reis y el sempiternamente enamorado profesor Josué son sólo los principales personajes de esta inolvidable novela del escritor brasileño Jorge Amado que, empapada de un vitalismo y una sensualidad profundamente ligados a la cultura y las costumbres de su Bahía natal, es una celebración de la existencia y del humor.

Como digo la impresión que me ha dejado la lectura de Gabriela, clavo y canela no ha podido ser mejor. Me ha parecido una novela de trama sencilla muy bien escrita con un estilo a veces directo y otras más adornado, más poético. Es una novela que, aunque tenga una serie de personajes principales: Gabriela, el sirio Nacib, Mundinho Falcao, el coronel Ramiro Bastos, el librero Juan Fulgencio, el poeta y enamorado Josué, y alguno más, es una novela coral cuyo personaje esencial -suma de los particulares- es la ciudad emergente de Ilheus. 

La acción se sitúa en 1925, un tiempo en el que la ciudad costera de Ilheus desea abrir su puerto para poder exportar directamente el cacao producido en las tierras del interior. Es en estas tierras ganadas a la selva virgen y a sus habitantes indígenas a punta de espada  que se decía en la época de la conquista (en los inicios del siglo XX, de rifle) donde los diversos hacendados ("coroneles") se han hecho millonarios. Ese mundo de violencia y sometimiento al poder es visible también en las relaciones entre los habitantes de la propia ciudad donde los coroneles tienen sus normas de comportamiento: respeto a las esposas propias y ajenas, venganza sobre la esposa y su amante por adúlteros si son cogidos infraganti; divertimento sexual con prostitutas y amantes a las que en ocasiones ponen casa y les exigen fidelidad; en lo político lealtad al cacique al que aseguran su voto y el de sus allegados.

Este estado de cosas es puesto en cuestión con la llegada a Ilheus al calor del dinero que el cacao está produciendo de remesas de gentes de fuera: "retirantes" que acuden en masa a la ciudad huyendo de la sequía del 'sertao', región árida del noreste de Brasil, y también burgueses exportadores como Mundinho Falcao, los bancarios, los empresarios que montan cines y/o restaurantes, etc. Es en el primer grupo que llega el personaje principal de la novela: Gabriela

Es Gabriela una representante de la pureza de la tierra brasileña; es una mujer inocente, sincera, que no alberga en su cabeza las represiones de comportamiento impuestas por la cultura, dado que ella carece de la misma; su bondad es natural, su naturaleza es auténtica, es un ser sin doblez que actúa por noble impulso y cuya moral es la derivada de su propia condición humana. Gabriela ama con sinceridad, pero es un ser libre y considera que no está atada a ninguna persona; pese a todo cuando está con Nacib evita con un «¡qué gracioso!» los acercamientos y propuestas libidinosas de los hombres que la pretenden,  y es que para ella el sexo es puro juego; un juego que las normas sociales, la cultura religiosa y demás codifica y acogota dictando reglas cuyo quebrantamiento provoca vergüenza social en los engañados quienes para recuperar su honor mancillado echan mano de las armas. Precisamente es este comportamiento brutal el pivote sobre el que gira la trama de esta novela. Progreso frente a violencia, civilización frente a tomarse la justicia por la mano, libertad versus pertenencia. 

Junto a estos comportamientos de índole personal que mueven a los personajes del relato, especialmente a los hombres, en paralelo están las actuaciones de los mismos en el terreno político. La modernidad viene de mano de los llegados de fuera (Mundinho, Gabriela...), mientras que el conservadurismo feroz, los viejos métodos violentos son los que sostienen quienes detentan el poder desde hace al menos veinte años (estancieros, hacendados, coroneles...).

En lo que concierne al estilo he de decir que Jorge Amado se posiciona en un terreno intermedio entre la pura manera tradicional de novelar (linealidad discursiva, narrador omnisciente...) y la clara renovación narrativa: 
  • Cruce en un mismo plano narrativo de conversaciones distintas transmitiendo viveza popular:
«—Ahora se habla solamente de un tal Mundinho Falcáo, "coronel". Dicen que él lo va a resolver… Que es un hombre vivo.
—¿Estás pensando en la moza? — preguntó Fagundes a Clemente.
—Ni me dijo adiós… Ni siquiera me miró para despedirme…
—Ella estaba dándote vuelta la cabeza. Ya no eras más el mismo de antes.
—Como si no nos conociéramos… Ni un adiós…
—La mujer es así. No vale la pena.
—Es un hombre muy ambicioso. Pero, ¿cómo va a poder resolver el caso de la bahía si ni el compadre Ramiro pudo hacerlo? —Melk hablaba sobre Mundinho Falcáo.
»
(hablan coroneles y trabajadores en la canoa que les lleva a la plantación de cacao)
  • Apertura de cada uno de los cuatro capítulos en que se distribuye la trama con poemas de estructura estrófica popular que confieren a la historia un tono como de leyenda:
«Rondó de Ofenisia» (capítulo primero), «Lamento de Gloria» (Capítulo segundo), «Cantiga para acunar a Malvina» (capítulo tercero) y «Cantar de amigo de Gabriela» (Capítulo cuarto)
  • Regionalismo presentado a través de un estilo modernista renovado
«Las flores despuntaban en las plazas de Ilhéus, repletas de canteros de rosas, crisantemos, dalias, margaritas y no-me-olvides. Los pétalos de las "once-horas" se abrían por entre el follaje, puntuales como el reloj de la Intendencia, salpicando de rojo el verde del césped. Hacia los lados del Malhado, en medio de la vegetación salvaje, en los húmedos bosques "Do Unháo" y "da Conquista", reventaban fantásticas orquídeas. Pero el perfume que se elevaba en la ciudad, que la dominaba, no venía de los jardines, de los bosques, de las cuidadas flores, ni de las orquídeas salvajes. Llegaba de los depósitos de ensacamiento, de los muelles y de las casas exportadoras, era el perfume de las almendras de cacao, tan fuerte que atontaba a los forasteros, tan habitual a los nativos que ninguno más lo sentía.»
  • y un humor que permea el texto a base de breves y sutiles pinceladas:
    • «el estanciero encontró a la esposa en el dormitorio, vestida apenas -como contaba Ari y constó en los autos con "depravadas medias negras". En cuanto al doctor Osmundo Pimentel, estaba completamente desvestido, sin medias de color alguno ni traje para cubrirle la arrogante juventud conquistadora […] El dentista era soltero, joven, tenía desocupado el corazón, si la mujer lo encontraba parecido a San Sebastián, qué culpa tenía él, que ni siquiera era católico, formando con Diógenes el único par de protestantes de la ciudad…»
    • «Ese tal Club Progreso, que mejor merecería llamarse Club del Restregamiento…»
    • «No pudiendo reconocerlos, el padre Basilio era padrino de todos ellos -tres niñas y dos niños- y ejerciendo la caridad cristiana, les prestaba el uso de su propio nombre de famiia, Cerqueira, un bonito y honesto nombre» (referido a los »cinco robustos retoños» que la gobernanta Otália «había llevado a la pila bautismal envueltos en linón y encaje»)
Dentro de esta renovación, de este vanguardismo, Jorge Amado tiñe Gabriela, clavo y canela de sensualidad, de optimismo, de libertad y fe en el progreso. Son las mujeres, incluso las más conservadoras (las hermanas Dos Reis, Arminda, las solteronas...) las impulsoras del cambio. El ejemplo mayor de esta mujer renovadora, modernizadora de una sociedad anclada en el pasado y en el machismo es naturalmente Gabriela. Con ella el autor pone el acento y su esperanza en que la renovación del país venga del propio núcleo del mismo, de sus habitantes nativos, de su indigenismo. Quizás por su militancia comunista también admite el cambio propiciado por los venidos de afuera como Mundinho Falcáo si bien, según discurre el relato, se observa que los comportamientos de estos personajes urbanos no difieren mucho del de los estancieros tradicionales, sólo les separa de estos un grado de civilización superior: admiten que no debe de castigarse con la muerte a los adúlteros tanto hombres como mujeres. Nada más.

Otro dato más en este universo de personajes que es Gabriela, clavo y canela y en el mensaje identitario que quiere transmitir el autor viene dado por las amables referencias que hace a los cultos y prácticas afrobrasileños. El personaje de Arminda, que acoge en su casa a la recién llegada Gabriela y que le da consejos, es una mujer que habla con el finado de su marido, el cual le avisa de lo que va a pasar; además gusta esta mujer de realizar sesiones de espiritismo y cultos de macumba y candomblé. Es en esta cultura popular en la que Gabriela se encuentra a sus anchas y no en la ciudadana y burguesa de la sociedad blanca de Ilheus: 
«Cada noche Nilo soltaba su alegría en medio de la habitación. En la pobre cocina, Gabriela fabricaba riqueza: "acarajés" de cobre, "abarás" de plata, el misterio de oro del "vatapá". La fiesta comenzaba.
Dora de Nilo, Nilo de Dora, pero en ¿cuál de las pastoras no cabalgara Nilo, pequeño dios del "terreiro"? Eran yeguas en la noche, cabalgaduras de los santos. Nilo se transformaba, todos eran santos, era Ogun y Xangó, Oxossi y Omolu, era Oxalá (dioses del candomblé) para Dora. Llamaba Yemanjá a Gabriela, diciendo que de ella nacían las aguas, el río Cachoeira y el mar de Ilhéus, fuentes entre las piedras. En los rayos de luna, la casa navegaba en el aire, subía por el morro, partía en fiesta. Las canciones eran el viento, las danzas eran los remos, Dora la figura de proa. Nilo, comandante, daba órdenes a los marineros.
»
literatura regionalista brasileña. macumba, candomblé, orishas
Como se puede ver en la cita anterior, Jorge Amado se eleva poéticamente cuando en su novela toca aspectos propios de los cultos populares. Él que se presentaba como ateo, sin embargo alaba esta religiosidad de los orishas, quizás porque son cultos cuyas prácticas enlazan con la propia naturaleza de la que nacen. Gabriela, en el fondo, no es más ni menos que eso, una mujer que ha nacido de la propia naturaleza de Brasil, una mujer que no tiene apellidos, una mujer que se entrega con alegría y que evita atarse obligadamente a nadie.

Jorge Amado pertenece -dicen los estudiosos de la literatura brasileña- a la segunda generación del modernismo brasileño caracterizado por el regionalismo, el realismo crítico y social. Gabriela, clavo y canela apareció en 1958. En este momento el autor está evolucionando a un realismo atravesado por elementos fantásticos, es decir, está entrando en el denominado realismo mágico. Sin ser, pues, un precursor de esta tendencia como sí lo fueron Miguel Angel Asturias o Juan Rulfo, se anticipó al boom latinoamericano que vino de la mano de García Márquez, Carpentier o Vargas Llosa. Uno de los elementos formales de esta tendencia es sin duda alguna la poeticidad de la prosa. Jorge Amado es poeta además de prosista y sabe dotar, en determinados momentos, de musicalidad poética la novela. Este tratamiento es propio además del denominado estilo modernista al que está adscrito el autor.
«Negras rocas emergen del mar; contra los flancos de piedra las ondas revientan en blanca espuma. Cangrejos de asustadoras garras surgen de recónditas cavidades. De mañana y de tarde, los chiquilines escalan ágilmente las rocas, jugando a bandidos y "coroneles". Por la noche se oye el ruido del agua mordiendo la piedra infatigable. A veces una luz extraña nace en la playa, sube por la roca, se pierde en los escondrijos, reaparece arriba. Los negros dicen que son brujerías de las sirenas, de la afligidas "máe d'agua", doña Janaína transformada en verde fuego. Suspiros ruedan, ayes de amor resuenan en la oscuridad de las noches. Las más pobres parejas, mendigos, malandrines, putas sin casa, hacen su cama de amor en la playa escondida entré las rocas, enrédanse en abrazos en la playa. Ruge, al frente, el mar bravío; duerme atrás la ciudad bravía.»
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Nota: Existe adaptación cinematográfica de la novela. La realizó en 1983 Bruno Barreto que, además de director fue guionista de la misma junto al propio Jorge Amado. Los papeles protagonistas de Gabriela y de Nacib los realizaron respectivamente Sonia Braga y Marcello Mastroiani. Ya sólo saber que en el film participan estos dos grandes actores me empuja a buscar en alguna plataforma la película para verla. Lo haré.

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