«En febrero de 2008 intenté terminar con mi vida. [...] Yo ya había nacido dos veces, ¿o no?; mi madre perdida y mi nueva madre, la señora Winterson. Esa doble identidad, en sí misma es una especie de esquizofrenia; la sensación de ser una chica que es un chico que es un chico que es una chica. Un desdoblamiento en el corazón de las cosas.»
¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? se trata de una autobiografía personal en la que
Jeanette Winterson (Manchester, 1959), como es habitual y rasgo de estilo en ella, mezcla lo real con algo de ficción. Estamos ante una autobiografía novelada. La autora muestra especialmente la búsqueda de su identidad, tanto de sus orígenes biológicos al haber sido una niña adoptada cuanto de la personal en lo que respecta a su sexualidad.
Jeanette Winterson achaca sus problemas de identidad a su madre adoptiva muy mediatizada ésta por su pertenencia a la iglesia pentecostal. Para la señora Winterson todo es pecado, todo ha de ser renuncia, sacrificio, expiación. La señora Winterson considera que su hija es una cruz que ella arrastra por haber nacido la niña en «la cuna equivocada». Esta insistencia de la madre adoptiva crea serios problemas a Jeanette quien en su cabeza, sin conocerla siquiera, no deja de achacar a su madre biológica un sinfín de defectos, vicios y cuantas culpas pueda alguien atribuir a quien sin más ni más la abandonó a las seis semanas de haber nacido.
La otra parte de esta autobiografía, perfectamente entrelazada con la de la adopción se refiere al lesbianismo de Jeanette. Su madre adoptiva no lo admite y por ello ella abandonará la casa familiar con tan solo 16 años. Este rasgo identitario la acompañará siempre, con mayor o menor fortuna respecto a las parejas tenidas a lo largo de su vida.
El libro me ha parecido tener en muchos momentos el formato de libro de autoayuda, algo que en mi opinión le resta atractivo. Sin embargo, junto a esto hay que destacar en lo positivo el poder salvador de la literatura cuya lectura y escritura hizo que Jeanette pudiese sobrellevar situaciones vitales muy complicadas. La autora utiliza la literatura como patrón de medida para cuanto hace o vive. Dato fundamental en su biografía, que explica su dedicación absoluta a la escritura, es el tremendo éxito que en su país, Inglaterra, tuvo su primera novela, "Las naranjas no son la única fruta" (en España se tituló "Fruta prohibida"), que publicó con solo 24 años. Esta novela fue adaptada por la BBC en 1990 creando una serie televisiva de enorme popularidad.
La novela que he leído, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, se inscribe en la tendencia narrativa posmoderna: mezcla de géneros, de personas narrativas, de asuntos, de citaciones literarias, de humor por momentos... La propia escritora confiesa en muchas ocasiones que ella no sabe escribir de otra manera
«Nunca podría escribir una historia con un principio, una mitad y un final al modo habitual porque me resultaría falsa. Eso explica por qué escribo como escribo y cómo escribo como escribo. No es un método; soy yo»
Estamos, como ya he dicho, ante una autobiografía que incide en la búsqueda de la identidad personal en dos sentidos muy claros: el sentimiento de abandono de la autora por haber sido una niña adoptada y la reivindicación de su opción sexual que rompe o choca con la normalmente admitida para las mujeres. La autora sola o con ayuda de alguna de sus parejas realiza la búsqueda de su madre biológica. Es claro que ella se siente incompleta, a falta de algo y piensa que quizás si conociera a quien le dio la vida se entendería mejor a sí misma. Pero no será así. Lo que sí logrará cuando la encuentre será dar sentido a lo que es la adopción («Sea lo que sea la adopción, no es una familia inmediata, no con los padres adoptivos, ni con los padres redescubiertos»). Es evidente que para Jeanette Winterson haber sido niña adoptada equivale a haber sido abandonada, a no ser aceptada. Y esto ha marcado su existencia.
¿Influiría este sentimiento de orfandad en su orientación sexual? Pienso que no, si bien es algo que no se explicita en el libro ni en un sentido ni en otro. Sí aparecen ciertos datos que ¿podrían ser pistas? El principal es el peso que en ella pudo tener la religiosidad excesiva y mal entendida de su madre, la señora Winterson. La iglesia pentecostal a la que pertenecían ambas no hacía más que hablar de amor. La tía Nellie, dice en el libro la autora, pobre de solemnidad, daba amor a los niños pobres los martes y jueves con la sopa que hacía para ellos; ella misma, Jeanette, conoció el amor en Helen, de su misma edad y misma iglesia. Serían descubiertas por sus respectivas madres. Helen renunció al amor y ella no, razón por la que sufrió un exorcismo y a partir de ese momento decidió dormir en el jardín fuera de casa de sus padres. Enamorada más tarde de una compañera de curso y descubierta de nuevo por su madre ambas hablarán sobre el tema, sobre cómo para ella ser feliz equivalía a amar a personas como Janey o Helen. Es en ese momento cuando la señora Winterson le lanzó la pregunta que da título al libro: «¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?»
También su amor temprano por la literatura y la sororidad despertada en ella hacia las autoras que la historia de la literatura siempre tuvo en un segundo plano respecto a los hombres la inclinará decisivamente hacia las personas de su mismo sexo, o quizás el proceso haya sido a la inversa: que su orientación sexual la llevará a fijarse en la literatura escrita por mujeres. Sobre ellas y la literatura dice Jeanette Winterson:
«Henry James nos hizo un flaco favor cuando dijo que Jane Austen escribía sobre cuatro pulgadas de Marfil, en otras palabras, minucias sin importancia. Algo parecido se decía de Emily Dickinson y de Virginia Woolf»
Son precisamente las escritoras quienes le marcan el camino literario a seguir. Autoras como Woolf ('Orlando'), Stein ('Autobiografia de Alice B. Toklas'), Charlotte Bronté ('Jane Eyre') o Jane Austen ('Mansfield Park') le gustan porque construyen sus obras derribando el espacio entre realidad y ficción:
«Para alguien como yo, fascinada con la identidad y con cómo te defines, esos libros resultaron cruciales. Leerse a uno mismo como ficción y realidad al mismo tiempo es el único modo de mantener la narración abierta, el único modo de evitar que la historia se escape por su propia inercia, con frecuencia hacia un final que nadie quiere»
Una chica como ella, de una localidad pequeña, Accrington, al norte de la industrial Manchester, que vive su adolescencia durante los primeros años setenta del siglo pasado me ha recordado mucho a la irlandesa
Edna O'Brien y sus "chicas de campo" reseñada por mí en este blog hace ya años: puro costumbrismo, puro tipismo de una época pasada que como se dice en el libro está muy lejos del hoy. Quizás por ello en ocasiones esa parte del contenido del libro me haya resultado algo anacrónica, vieja, pesada por sabida.
La pequeña ciudad de Accrington creció gracias al algodón y la industria de los telares. La cultura familiar de la autora es obrera, la que se vivía en su casa, en su barrio, en su ciudad. Esto unido a su acendrado feminismo hizo que el ascenso de Margaret Thacher, hija de un panadero, hasta el puesto de Primer Ministro la sedujera. Confiesa que votó por ella, aunque posteriormente abominase de ella por la excesiva privatización. Sobre la historia de su ciudad y sobre la idea de progreso que impuso la Primera Ministra durante los años que dirigió el país leemos:
«El dinero que salía de los telares y la industria del algodón sirvió para construir el mercado y el Ayuntamiento, el hospital Victoria, el instituto de mecánica y más tarde, en parte, la biblioteca pública. Hoy en día parece muy sencillo destruir las bibliotecas —sobre todo llevándose todos los libros— y decir que los libros y las biblioteca no son relevantes en la vida de las personas. Se habla mucho de la desestructuración y la alienación de la sociedad, pero ¿qué otra cosa podemos esperar cuando nuestra idea de progreso elimina los centros que tanto hicieron por mantener unida a la gente?»
Evidentemente Jeanette Winterson tiene claras ideas políticas. Pero que arremeta contra el exceso de liberalismo no equivale a aprobar cuanto proceda de la izquierda. A ésta le echa en cara su discurso ramplón sobre la mujer y el no haber considerado hasta ya muy avanzado el siglo XX que el feminismo no es una broma, no es humor de mujer con el rodillo esperando al marido tras la puerta de casa cuando éste llega borracho, sino política. Así lo siente ella y por eso, confiesa, quiso hacerse escritora porque la literatura está llena de nombres de hombres y pocos de mujeres.
La escritora vive inmersa en la literatura. Ella se salvó gracias a ella y, creo ya haberlo destacado, la vida real la ve siempre a su través:
«Si la poesía era una cuerda, los libros fueron botes salvavidas. En mis momentos más inestables buscaba el equilibrio en un libro, y los libros me llevaban sobre las mareas de sentimientos que me dejaban empapada y hecha añicos.»
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