«Cayó una gota y después dos hasta convertirse en una tormenta que parecía un diluvio, una mezcla de tiempos evangélicos que amenazaba recomponer ese apocalipsis con las vendas de un antiguo testamento. Hay ciclos también en lo profético y lo misterioso. El orden que guía al universo y a sus formas descansa en cada venida de la muerte, cada langosta y cada vidrio explotado. Adentro de ellos, la explicación que nadie alcanza.»
La novela de Salomé Esper (Jujuy, 1984), La segunda venida de Hilda Bustamante (2023) presenta el caso imposible de la resurrección de una mujer, Hilda Bustamante, al año de haber fallecido. Hilda era al fallecer una mujer de 79 años de edad, uno más de los que en ese momento tenía Álvaro, su marido. Este suceso, que alguien pueda regresar después de muerto, es la mar de extraño y chocante.
Cuando Hilda, tras salir de la tumba y vagar por las calles del pueblo, llega a su casa es recibida con muchísimo cariño y también mucha naturalidad por su nietita Amelia que la había echado mucho de menos durante el tiempo que ella faltó. Aunque el matrimonio formado por Hilda y Álvaro, pese a sus inmensos deseos, no tuvo hijos, sin embargo de hecho tuvieron uno; se trata de Gabriela, mujer joven que con una hija de pocos meses a su cargo fue recibida, acogida y ayudada con mucho cariño por la pareja. De ahí que Amelia, la hija de Gabriela, se considere nieta e incluso casi hija de Hilda que la colmó de cariño en vida.
La reaparición de Hilda causa extrañeza, pero también aceptación, en el pueblo. Su resurrección levantará no pocos secretos de los miembros de la localidad: En el grupo de las Devotas, mujeres que asistían a la iglesia con mucha frecuencia, se verá que el curita joven se timaba con Nora; que Susana, que tanto leía en la iglesia, siempre lo hacia de novelas de suspense; que Clara se apuntó al grupo más como cosa social que religiosa; que Carmen es muy amiga de Hilda pero sospecha que algo raro se trae Nora con el curita Roberto, la relación a tres bandas Hilda - Genaro -Álvaro...
Y así sigue esta historia contada linealmente en capítulos-secuencias de muy desigual extensión unos de otros. La estructuración dada a la trama pretende resaltar lo sorpresivo, imposible, increíble, mágico... del suceso acaecido. Una historia que dura ocho días: cuatro que estuvo Hilda de resucitada y otros cuatro que hubo de velorio hasta que Álvaro decide, sin levantar ruido, llevarla de nuevo al cementerio a re-enterrarla. Cuando tal cosa ocurre ambos tienen la misma edad:
«Cuando Hilda murió, Álvaro tenía 78 años. No hubo palabras para describir su dolor.Hay mucho de inexplicable, de irracional pero sin embargo aceptado, de realidad mágica, en esta resurrección imposible de la protagonista. Si resucita como el Cristo, ¿también ella será divina como él? Difícil cuestión la que se le plantea al padre Néstor que debe de dar homilía en la iglesia. La sorpresa surge cuando Néstor llega a decir que a veces Dios se equivoca. ¿Cómo? Hasta este punto llega lo surreal del suceso. El inexplicable hecho de la resurrección y todos los acontecimientos que le acompañaron o sucedieron (las imparables campanadas, la explosión de los vidrios de todas las casas, la plaga de langostas, el segundo velorio que hubo que darle a Hilda...) provocan que el cura suplente Néstor venga a replantearse todo:
Cuando se volvieron a ver, y el reloj reinició, tenían ya la misma edad.
Después, el tiempo no importó.»
«La huida del padre Roberto era algo inédito para él, las langostas cubriendo las paredes de la iglesia eran algo inédito para él, consolar al viudo de una resucitada era algo inédito para él. Y descubrió, en esa inauguración de las cosas, un alivio que no había sentido en mucho tiempo. Donde antes había tensión, ahora había algo real que palpitaba, la experiencia de la que hablaba en misa, esas palabras repetidas eran ahora agua sucia. Esto, esto ante sus ojos era un manantial, y dios estaba ahí, solo que deforme y espantoso, hiriente y burlón [...] preparado para saltar con sus patas traseras de langosta, para usar su poder sin lógica en otros infelices.»
Un suceso inexplicable que al meterse en él exige una distinta manera de comunicarlo. Y para ello la novelista no puede servirse del lenguaje habitual. De ahí que la argentina Salomé Esper eche mano de un lenguaje distinto, superrreal, que rompa con lo por todos admitido. Si Hilda Bustamante ha venido de nuevo a su casa tras un año de estar enterrada, si nos posicionamos en esta irrealidad, la manera de presentarla también ha de aproximarse a ella. Aparecen utilizados recursos como la presentación coincidente de acciones sucedidas en un mismo tiempo pero en espacios distantes, la utilización de elementos reales cargados de simbolismo: campanadas, plaga de langostas, tierra removida en el cementerio, la bicicleta de Álvaro transportando a Hilda...
«La tercera ronda de siete campanadas comenzaba justo cuando Amelia se subía al asiento de atrás de la bici. Ya se había agarrado fuerte de la camisa de Álvaro, como un gato, dejando como siempre en la tela esas dos marcas estrelladas de miedo a caerse. Ya se había puesto el vestido el cura. Álvaro comenzaba a pedalear. El cura se retocaba los labios y el rímel. Amelia pedía ir a la librería a comprar una goma porque la había perdido de nuevo. La séptima campanada los encontró pasando la plaza relucientemente verde»
Algo importante es comprobar cómo este acontecimiento que muchos califican de paranormal desata en el pueblo una controversia entre quienes lo consideran cierto y quienes, apoyados en la ciencia, lo desechan por completo. Así se comprueba en el diálogo mantenido por dos personajes innominados acerca de los fenómenos y la concatenación de causas:
«el cura suplente dijo algo en contra de Dios y cuando salieron ahí estaban las langostas, no fue tan así, no fue contra Dios del todo solo dijo que no era tan perfecto, si Dios fuera perfecto no se le hubiera escapado un muerto, qué hacés llamando a la radio, cortá, la Biblia anunció las plagas hace un montón.la plaga es porque están fumigando en los campos del norte y los bichos se escapan, es tremendo cómo la gente no se acuerda de esto y siempre pasa lo mismo, todos los años lo mismo, de la señora esa que hablan yo no sé nada, solo digo que no es algo de los demonios ni de los santos, es algo del campo, lo de las langostas, no lo de los muertos, pero están en la ciudad las langostas y eso es un mensaje»
Como se ve en el texto anterior las intervenciones de los interlocutores se presentan de manera no convencional.
Para mí la belleza del texto reside también en muchos de los términos y expresiones utilizadas por la novelista. Son vocablos propios de su tierra, la Argentina, que aquí —al menos para mí— resultan llamativos y que cargan a La segunda venida de Hilda Bustamante de una realidad mágica. Algunos ejemplos serían: «andar como bola sin manija» (andar perdido o desorientado); «petiso» (persona baja, de poca estatura); «compró facturas» (bollería dulce); «tacho» (tarro); «Álvaro comía cada vez menos, se iba apagando de a poco» (se iba apagando poco a poco); «viernes de truco» (fin de semana para jugar al truco, juego de naipes muy famoso en la Argentina); «pava de agua» (recipiente de metal con asa y tapa usado para calentar agua); y algunos otros más
Sobre Salomé Esper dice la propia editorial Sigilo que publica esta interesante novela lo siguiente: «Salomé Esper nació en Jujuy (Argentina) en 1984. Es poeta, narradora y editora. Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba. Publicó dos libros de poemas, Sobre todo (2010, Intravenosa) y Paisaje (2014, Tres tercios), y una novela, La segunda venida de Hilda Bustamante (2023, Sigilo), que ha sido traducida al italiano y al portugués.»


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