9 may. 2017

"ESA PUTA TAN DISTINGUIDA": Lo último de Juan Marsé

Hacía tiempo que no caía en mis manos algo reciente de Juan Marsé. Diríase que los clásicos -Marsé lo es ya, sin duda alguna- se quedan unidos a sus obras señeras ("Si te dicen que caí", "La oscura historia de la prima Montse", "Últimas tardes con Teresa" [reseñada en este blog. Ver aquí], "La muchacha de las bragas de oro"...) que se citan y se releen como si el universo creativo del escritor estuviese ya definitivamente cerrado.

Juan Marsé, Generación del 50, novela social realista española
(tomada de Diario16.com)
Sí que he visto últimamente adaptaciones cinematográficas de algunas de sus novelas -muchas se pasan por television con cierta frecuencia-. Ahora mismo recuerdo estos títulos: "La muchacha de las bragas de oro" (Vicente Aranda, 1980), "Últimas tardes con Teresa" (Gonzalo Herralde, 1984), "Si te dicen que caí" (Vicente Aranda, 1989), "El embrujo de Shanghái" (Fernando Trueba, 2002)... Marsé escribe de una manera que se presta mucho a que sus creaciones sean transformadas en guiones de cine. No en balde sus inicios profesionales en el campo de la escritura fueron en una revista de cine, la barcelonesa 'Arcinema'; y en esta última novela, "Esa puta tan distinguida", el narrador-autor-protagonista se encuentra en el trance de escribir un guión de cine. Quizás Marsé escriba todavía alguna narración más, -ya tiene 84 años de edad-,  pero yo diría que la que acabo de leer supone en cierto modo una conclusión, el cierre de un periplo, un regreso a sus orígenes: el Cine.

La reseña
El narrador-autor recibe el encargo de pergeñar un guión cinematográfico sobre un asesinato cometido en la Barcelona de1949 en la sala de proyección de un cine, el Cine Delicias. Estamos en julio de 1982, en plena efervescencia de la Transición política, a pocos meses de que Felipe González gane las elecciones en España, y el director del film, Héctor Roldán, quiere evitar introspecciones, justificaciones emocionales en los personajes...; quiere los hechos objetivos, puros y duros, de modo que de su mera presentación puedan derivarse críticas políticas adecuadas y pertinentes a las fuerzas represivas de la dictadura franquista. Pero el guionista gusta de indagar, de ahondar en los personajes por lo que se empapa de lo que dijeron sobre el asunto los periódicos de la época, revisa lo que guardan sobre el  crimen los archivos policiales y, aprovechando que el asesino convicto y confeso, Fermín Sicart, ya hace tiempo que cumplió su condena, decide llamarlo para hablar con él sobre este suceso. 

El Raval y Marsé, el Guinardó, BarcelonaFermín le da pelos y señales sobre sus relaciones con Carolina Bruil Latorre, la prostituta asesinada. Dice que la amaba, pero no puede explicar debidamente el porqué de su asesinato. Diríase que Fermín padece un síndrome de amnesia inducida. En su diálogo con el narrador aparecen otros personajes importantes en la trama: Braulio Laso, anarquista de la CNT, marido de Carolina; Ramón Mira, falangista y chulo de Carolina; Liberto Augé, jefe de cabina que enseñó a Fermín todo sobre proyección y que siempre le advirtió del peligro que corría por su afición a las mujeres; los doctores Tejero-Cámara y Suárez y Gil que experimentaron sobre Fermín sus estúpidas y terribles teorías sobre la necesidad de extirpar el gen rojo que acompañaba a no pocos españoles... Con los nombres y comportamientos de estos doctores y del izquierdista Fermín se parodia lo acontecido en España durante los años de la inmediata transición política.

Al director Roldán no le interesa para nada la verdad auténtica, lo único que busca es dar forma a un alegato político con funcionalidad en el momento álgido de la transición que en ese momento están viviendo. Interesa la memoria, pero dirigida, y así lo considera el narrador tras las sesiones pagadas de diálogo con Sicart
"Además del firme convencimiento de que al poder no le gusta nada que recordemos, tenía yo muy presente que recordar es interpretar, es ver las cosas pasadas de una determinada manera. Así que habría que estar atento" (pág. 118). 
Por eso si cambia la circunstancia presente, el pasado se visualizará de otra manera. Así lo comprende el guionista-protagonista cuando el productor Moisés Vicente Vilches, que promovía la película política que quería filmar Héctor Roldán, es sustituído por Edgardo Mardanos, especializado en el destape cinematográfico que tanto éxito estaba teniendo en esos primeros años ochenta. El narrador-autor-protagonista se queda de una pieza cuando constata que en este nuevo contexto lo importante ya no es tanto el absurdo e incomprensible asesinato cuanto el personaje de Encarnita, la prostituta ciega amiga de la Carol asesinada, que interpretaría Elsa Loris, actriz próxima al cine porno: "Lo importante, lo que cuenta, no es tanto la desmemoria del asesino, sino la ceguera de esa entrañable putilla" (pág. 228).

Sí, evidentemente, la memoria es caprichosa, mixtificadora, engañosa, falsa, mentirosa y muy a menudo, cada vez más -piensan los dos personajes principales: el narrador y el asesino confeso-, se niega a dar la cara, convirtiéndose en la puta memoria, en esa puta tan distinguida ("Mi próxima novela tratara de las añagazas y las trampas que nos tiende la memoria, esa puta tan distinguida", pág. 10). 

➥ Metaliteratura
Es una narración en la que Marsé reflexiona mucho sobre el proceso de creación. Constantemente el narrador está dándole vueltas al guión que está construyendo. El hecho histórico que la mente devastada de Sicart está exponiéndole hace aguas por varios sitios. Por ejemplo, al guionista le parece dudoso que el asesino sostenga que en las dos visitas que Carol le hizo, en ambos momentos en el Cine Delicias se proyectase la misma película, "Gilda". No le parece verosimil: 
"En ambas visitas de Carol, la primera y la última, con dos años de por medio, el Delicias exhibía la misma película. Estuve a punto de probar a implantarle un recuerdo falso -un injerto, un mero artificio de la memoria destinado a fortalecer la trama con ecos y resonancias-, una escena confeccionada con los mimbres de lo verosímil y ver si la asumía" (pág. 210).
Rita Hayworth, Charles Vidor, Billy Wilder, Buñuel, Frank CapraLas alusiones a títulos de películas ("Roma, città aperta" de Roberto Rossellini, "Nazarín" de Buñuel, "La hija de Ryan" de David Lean...) y a nombres de directores (Raoul Walsh, Rossellini, Frank Capra...) sirven al relato de elementos referenciales en los que apoyar argumentos e informaciones. Así "Gilda" de Charles Vidor llena todo el relato pues la relación entre los personajes del film se asemeja a la de Carol y Fermín, además de afectar también al mundo real del propio escritor quien se ve reflejado en esos chicos que en el cine fantasean sobre la continuación de la escena de Rita Hayworth cuando tras quitarse el largo guante negro la película siempre se cortaba.  Y si "Gilda" es el referente para la historia de 1945, "Testigo de cargo" de Billy Wilder cumple la misma función pero referida ya al cambio de orientación del proyecto cinematográfico que la productora Vilma Films tiene entre manos al haber cambiado las circunstancias politicas.

En el campo estricto de la literatura, el autor-narrador reflexiona y sin previo aviso cambia al espectador por el lector: 
"Estás preparando al lector para algo que no le vas a dar, me dije, cuando te gustaría prepararle para darle algo que no espera... aunque tú mismo ignoras qué podría ser" (pág. 140). 
La unión, la mezcla, entre cine y literatura también se marca en la identificación entre el narrador-autor-protagonista y el personaje real y ficticio de Sicart: 
"Se levantó contrariado, refunfuñando en voz baja y para sí mismo:  "A ver si mañana me acuerdo mejor, coño, a ver...", pero antes de irse permaneció un rato junto a la baranda mirando cómo la noche caía sobre la ciudad. [...] Una ciudad fantasmal, invernal y remota, inexpugnable, tan obsoleta y a la vez tan persistente en su ánimo como en el mío. Y sería quizá por eso que [...] algo indefinible me empujaba a ponerme en su lugar ya mirar el perfil de la ciudad con sus mismos ojos descreídos y desde su misma perspectiva: haber sido él, haber vivido aquel horror, haber estado allí aquel nefasto día, haberme sentido impelido a matar... Aunque el sentimiento de pérdida o de desarraigo con la ciudad no podía ser el mismo, pues el destino había sido mucho más severo con el que conmigo, sentía que el túnel de la desmemoria donde él parecía perdido no podía, no debería serme totalmente ajeno" (pág.138).
Hay, claramente, una mezcla entreverada de realidad en esta ficción, y a la inversa. Las figuras del pasado 1945, buscadas -y perdidas- en el recuerdo desvencijado de Sicart y en los documentos policiales y judiciales resucitan en los folios del guión cinematográfico que el narrador -Marsé sin duda alguna- está realizando. Verdad, realidad, recuerdo, ficción, mixtificación, memoria..., ambigüedad, desmemoria... están ahí:
 "No sabría decir cuáles son los límites de la ficción al recrear una verdad histórica; probablemente no es aplicar más luz sobre el hecho real, sino realzar los claroscuros, las ambigüedades y las dudas, aquello que constituye la expresión más viva de la verdad." (pág. 208)
➥ Humor
La novela plantea el asunto de la memoria, de la poca fiabilidad de la misma, de la desmemoria en definitiva, con un punto de humor que a mí me ha convencido y entretenido. Felisa, la asistenta del narrador, es el personaje sobre el que se sustenta el humor en esta novela. Ella es una enamorada del Cine y constantemente está proponiéndo a su jefe acertijos cinematográficos que, por insistentes y reiterativos, le tienen ya un poquito harto. Además no hace distingos e igual que los lanza a su patrón lo hace a las personas que éste recibe en casa, consiguiendo con ello algunos logrados momentos en el relato.

Mención aparte dentro de este apartado del humor son las divertidas alusiones a algunos políticos. Antes me he referido a los de la época de los primeros años ochenta (Tejero-Cámara, Suárez...), pero el escritor rompe el corsé temporal y lanza humoradas sobre algunos políticos actuales, muy mediáticos, del nacionalismo catalán. Los convierte en personajes comparsa del espectáculo de variedades del salón Guinardó [La "Ronda del Guinardó" es el título de una de sus novelas publicada en 1984 y, además, en ese distrito barcelonés es donde sitúa la  mayoría de sus relatos]. En ese Salón, pues, actúan "RUFIÁN y TARDÁ, afamada pareja de payasos volatineros y saltimbanquis", y también "PILAR RAJOLA, contorsionista verbal y cómica radiofónica".

Final
Novelas de Juan Marsé, los estragos de la edadEn verdad, esta novela, cuya historia  ha distribuido el autor en 16 capítulos, se encuentra prácticamente comprendida en su integridad en el primero de ellos, donde aparecen 48 respuestas que el autor-narrador está dando a una periodista que, supuestamente, le entrevista por vía telefónica. En estas respuestas hay alusiones a su real peripecia vital (soy "hijo adoptivo y de incierto origen biológico", "Perdí este dedo a los quince años. Se lo tragó una laminadora"); a su gran amor al Cine ("Le cambio la película entera por un plano de John Ford", "Lo que yo envidiaba a los quince años era el juego de cejas de Clark Gable"); a su pensamiento político ("La identidad nacional me la trae floja. Se trata de una estafa sentimental", "La patria que proponen los nacionalistas es una patraña sentimental", "No. La verdadera patria del escritor no es la lengua, es el lenguaje"); a su poética creativa ("En mis ficciones, la vivencia real se somete a la imaginación, que es más racional y creíble. En la parte inventada está mi autobiografía más veraz", "Menos adjetivos y más sustantivos, eso es lo que necesita hoy la novela"); y, por último, hace
una valoración de la novela que el lector está a punto de comenzar a leer:
"Al terminar de escribir ese libro me sentí muy mal. Satisfecho con las partes, pero desconcertado con el todo. Me sentía como si me hubiesen trabado el argumento, el corazón de la trama". Y aunque en la siguiente respuesta viene a corregir lo aquí afirmado ("Olvide eso y recuerde lo que dijo Nabokov: 'De nada sirve leer una novela si no se le con la médula')".
Es muy relevante esta consideración pues, desde luego, "Esa puta tan distinguida", aunque es una novela entretenida y que se lee con gusto no es la narración que va a hacer pasar a Marsé a la posteridad. Más que otra cosa es la faena de apaño de un maestro de 84 años.

8 comentarios:

  1. ¡Hola Juan Carlos!

    Estoy contigo en que no es la novela maestra de Marsé, pero es innegable que es una buena novela que cumple el cometido de entretener y atraer, cosas esenciales hoy en día en este mercado tan competitivo. A mi me gustó, la verdad.

    Un besito.
    yolanda.

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    1. Hola Yolanda:
      Ya le digo también a Rosa un poco más abajo que me he pasado con esa frase de "Faena de apaño" porque es muy descalificadora. Creo que a lo largo de la reseña queda claro que me ha entretenido y me ha divertido, que, como bien tú dices, es hoy día lo que la convierte en una buena novela. Y sí, lo es. No la suya mejor, pero es una buena novela. De acuerdo.
      Un beso

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  2. Estoy de acuerdo en que no es la obra maestra de Marsé, pero creo que es algo más que "la faena de apaño de un maestro de 84 años". Cuántos escritores de fama y mucho más jóvenes, que no más lúcidos, se darían por muy satisfechos si escribieran una novela como esta.
    A mí me gustó mucho, aunque también pienso que las tiene mejores, mucho mejores, ciertamente, pero esta sigue estando a la altura de lo que se espera de él. Tengo reseña por si te apetece pasarte.
    Por lo demás, tu reseña es impecable y muy ilustrativa sde lo que es la novela.
    Un beso.

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    1. Efectivamente la expresión "faena de apaño" no es muy afortunada. Es más, diría, que es un poco exageración. Te confieso que la escribí imbuído por una acerva crítica que acababa de leer según buscaba imágenes de Rita Hayworth convertida en Gilda (leerla AQUÍ) . La firmaba un tal José Luis Muñoz y en líneas generales me pareció injusta, pero quizás con algo de razón si comparamos esta novela con esas otras fantásticas del mismísimo Marsé. Desde luego -y en eso si que estoy contigo- "Esa puta tan distinguida" supera con mucho a novelas de autores jóvenes, y no tan jóvenes, que son elogiadísimas por todos.
      A mí me ha entretenido mucho y me ha divertido también mucho. Me paso ahora mismito por tu reseña, Rosa.
      Un beso

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  3. Te comento lo mismo que le puse a Rosa cuando reseñó esta novela. Marsé es un autor que no sé muy bien cómo catalogar, ni siquiera sé si decir si me gusta o no. Me parece un escritor difícil de leer porque me pierdo en el argumento (verdad, ficción, etc.)
    Tengo esta novela esperando pero, de momento, en puestos muy alejados de la parrilla de salida.
    Un beso grande.

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    1. Pues cuando la pongas en tus manos te entretendrá y divertirá, pues se lee muy bien. Te lo aseguro.

      Un beso

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  4. De momento me quedó con Si te dicen que caí y tengo interés en ver la película de Trueba pero el mundo de Marsé es un mundo que me agobia un poco.

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    1. Para mí la mejor de las suyas es "Últimas tardes con Teresa".
      En cuanto a Trueba, yo tampoco he visto la película a la que te refieres, "El embrujo de Shanghai", y tampoco he leído esta novela. Si vi en su día la que hizo Vicente Aranda sobre "Si te dicen que caí", y me quedo más con el original en papel (je, je...)
      Un abrazo

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