2 ene. 2014

Las “Comedias bárbaras” de Valle–Inclán: MONTENEGRO


Fue una buena decisión inaugurar el año 2014 acudiendo con los amigos a ver la versión que Ernesto Caballero ha hecho de las “Comedias bárbaras(‘Romance de Lobos’, ‘Águila de blasón’ y ‘Cara de plata’) y que ha titulado “Montenegro” por ser D. Juan Manuel Montenegro y sus vástagos los personajes crueles y despóticos de un mundo galaico que, aunque situado en la segunda mitad el XIX, es el resultado de más de 300 años de inmovilismo,  por lo que Valle los presenta como un residuo del pasado que se resiste a desaparecer.

Comedias BárbarasSi bien Valle es conocido sobre todo por su creación estética del “esperpento”, las Comedias bárbaras pertenecen a otra etapa anterior, la mítica, de estética simbolista por lo que las habituales alusiones del autor a los personajes públicos de la segunda mitad del XIX, tan frecuentes en su fase del esperpento, prácticamente desaparecen en estas tres obras. Tan sólo en “Cara de plata”, título de la tercera de sus Comedias y nombre del único hijo presentado con humanidad, don Miguel de Montenegro, aparece brevemente una partida de requetés carlistas en la que este personaje se integra. Es la única alusión a la contemporaneidad pretérita y primera de su autor dado que Valle nace en 1866 y la última guerra carlista se desarrolló entre 1872 y 1876. A Valle el carlismo siempre le atrajo y se vinculó con personajes próximos a él aunque según pasaron los años su adhesión fue más estética que ideológica. Al decir de algunos de sus estudiosos “el carlismo como fuerza minoritaria y radical era para Valle, al igual que para otros el anarquismo, la fórmula que le permitía manifestar nítidamente su desacuerdo con la política vigente y con su propia sociedad.” 

En mi opinión, al desaparecer del texto la broza del presente o del pasado inmediato, las Comedias ganan en profundidad y universalidad. Las acciones de esos personajes altivos que cosifican a sus servidores utilizando sus cuerpos para su satisfacción y cuyo único auténtico quehacer en la vida es la de saciar sus instintos con la comida, el vino o el sexo hace que los veamos en una dimensión bestial y animalizadora que trasciende cualquier límite geográfico. Quedaría la esperanza de que la religión cumpliera la función para la que nació (ligar al hombre con unos más altos destinos), pero  –como diría algún contemporáneo de don Ramón o él mismo quizás- ¡quiá!, sus monjes y sacerdotes viven, más aún si cabe que el rebaño, enfangados en la inmundicia que debían limpiar.  Tampoco hay que olvidar la rapiña, la inhumanidad, el latrocinio, incluso el parricidio, en que caen estos Montenegro. Hasta tal punto es esto que el cacique D. Juan Manuel llega a convertirse casi en un rey Lear que se ve zaherido, golpeado, vejado e insultado por los lobeznos que ha amamantado: una auténtica jauría.

La dureza que se muestra en los comportamientos anteriores sólo se ve suavizada, –¡un poco tan sólo!-, por el amor que Cara de Plata siente por Sabelita y que no llega a disfrutar al decidir el bárbaro de su padre que la joven merece más y ese más, naturalmente, no es otro sino él. Frente a este amor de sexo y pasión estaría el que el mismo D. Juan Manuel profesa a su venerable esposa Dª María. Como se ve Valle Inclán hace gala de su atracción por una sociedad machista y tradicionalista que a la mujer sólo la quiere para procrear o para que el hombre la goce.

Ernesto CaballeroEn cuanto a la puesta en escena y la representación propiamente dicha, ver “Montenegro” es una auténtica gozada. La calidad estética que consiguen los actores mediante sus movimientos simulando ser perros, caballos o mascarones de proa es asombrosa; la trabajada iluminación sirve para transformar la escena en mar tempestuoso, campo o interior de choza o palacio según convenga; la música en directo subraya los momentos precisos y acompaña con dulzura las melodiosas cantigas galaicas con las que los humildes se deleitan; y así todo.

Destacar negativamente a algún actor es cometido imposible. Por lo contrario sobresalen todos, aunque Ramón Barea en su papel de D. Juan Manuel está soberbio y se eleva unos metros sobre los demás. Este actor junto a Yolanda Ulloa en el papel de Dª María, Janfri Topera en el del criado bufón Don Galán y Juan Carlos Talavera en el del Capellán son los de mayor edad del elenco; los demás disfrutan todos de una envidiable juventud, tanto ellas como ellos, y todos sacan sus papeles (pues son varios los que han de desempeñar) airosamente adelante.

Dada mi profesión, si hubiera de calificar el espectáculo, le pondría un 10. Si la habéis visto, ¿qué nota le pondríais vosotros?

2 comentarios:

  1. Excelente y extraordinaria crítica, Juan Carlos, que comparto plenamente: muy bien documentada, con muchos conocimientos literarios y honda sabiduría del autor y sus personajes. A esta crítica teatral realizada con gran esmero y rapidez yo también le pongo un 10. Y para aquellos que no hayan visto la obra de teatro decirles que aún quedan unos días y que están aún a tiempo.

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  2. Valle nunca defrauda. Su teatro está muy vivo.

    Un abrazo

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