27 feb 2025

De bestias y aves. Pilar Adón

«En la misma postura, junto al árbol, oyó un zumbido y se pasó una mano por el pelo. De nuevo estaban ahí los reclamos de los gorriones y los cantos agudos de las golondrinas. Esos chi-r-r-r, chi-r-r-r, chi-r-r-r. También el trino de un cuco, aunque quizás se tratase de una tórtola. Y un sonido similar al que emitiría un pato. "Somos los pájaros que se quedan", recordó. Y "La esperanza es esa cosa con plumas". No había silencio en la naturaleza.»

Pilar Adón, De bestias y aves
De bestias y aves es una novela de Pilar Adón (Madrid, 1971) publicada en 2022, distinguida con una gran pluralidad de premios: el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Crítica, el Premio Francisco Umbral al Libro del Año y el Premio Cálamo Otra Mirada. Sin conocer previamente todas estas distinciones he de confesar que varias razones me han empujado a leer De bestias y aves: la primera, como en otras muchas ocasiones, corre de cuenta de blogs literarios que admiro y frecuento, concretamente los de mis amigas Lorena (El pájaro verde) y Marian (MarianLEEmásLIBROS); pero el impulso definitivo me vino dado por la lectura de la entrevista que Nuria Azancot hace a la escritora en la revista El Cultural de la semana 10-16 de enero de este mismo año con motivo de la aparición de su último libro de relatos titulado "Las iras". Los elogios que a la novela que he leído le hacían mis dos compañeras blogueras más la interesantísima entrevista de Nuria Azancot en la que se hablaba mucho de De bestias y aves me decidieron a leer ya la novela. Tantas distinciones, elogios y referencias de unos y otras no podían ser mera casualidad, me dije. Y así es.

Sinopsis (de la contraportada del libro)
Termina el verano, cambia la estación, y una mujer conduce durante horas en plena noche sin saber que se aproxima a Betania, una casa aislada, casi un territorio fuera del mundo. Un lugar desconocido y habitado exclusivamente por unas mujeres que, sin embargo, sí parecen conocerla a ella. Lleva a sus espaldas a una hermana ahogada, y no le ha dicho a nadie que se marcha ni adónde porque ni siquiera ella sabe que su viaje va a ser tan largo. Que está a punto de entrar en una casa en la que las mujeres se visten de la misma manera, como adeptas de un culto ancestral, y llevan a cabo extraños ritos y celebraciones. Un espacio en el que las cabras dominan todo lo que no esté vigilado por los innumerables perros que viven allí, y en el que una roca inmensa oculta la luz del sol y domina el paisaje. En el que, al fondo, un lago delimita las fronteras del terreno, sobrevolado de manera perpetua por las aves. Y en el que también viven una mujer ciega a la que todas adoran y una niña que corretea de un lado a otro sin haber salido jamás de ese sitio. Un rincón de tierra, agua y árboles donde la recién llegada no quiere estar a pesar de que tal vez sea, como le dicen sin que llegue a creérselo, el lugar en el que descubra por fin lo que significa formar parte de algo

Hay sinopsis cuyos realizadores no deben de conocer con exactitud el significado del término. Tras leer la sinopsis anterior creo que la información y el dirigismo que se da al posible lector son excesivos. Si hay algo que gusta cuando se lee es sorprenderse, perderse, buscar el sentido, equivocarse y volver a buscar el dato que nos conduzca en la dirección correcta... Pero tras resúmenes tan extensos y pretendidamente tan explícitos la capacidad de sorpresa queda seriamente dañada. Estoy a punto de velar algunas frases para dejar al futurible lector la libertad de perderse, sorprenderse, equivocarse... Confieso que yo no leí ese resumen del contenido y lo celebro pues mi percepción hubiera sido diferente de haberlo hecho previamente.


Comentario
Se trata de mi primer acercamiento a la literatura de Pilar Adón. De bestias y de aves me ha parecido una novela diferente, una obra literaria distinta que me ha sorprendido y hasta despistado -especialmente al principio-, pero que sobre todo -esto ya al haberla finalizado- me ha hecho reflexionar sobre lo leído. Pese a las resistencias iniciales he de decir que, vencidas las mismas, la lectura del libro se realiza con mucho gusto y hasta con rapidez

Se trata de una historia en la que participan sólo mujeres, unas mujeres que se arropan, que se ayudan, que viven en comunidad, que participan de algo en común; son unas mujeres libres de estar o no en el lugar donde se encuentran congregadas, pero no siempre es o ha sido así. Sólo hay un hombre que se dice el dueño del lugar que habitan, algo que ellas no le reconocen. Lo que le sucede a este tal Tobías de Mos no queda muy claro. La verdad es que en esta novela nada está muy claro, no todo queda debidamente explicitado. El lugar, la casa, la finca con el lago y la poza a la que llega la protagonista por azar no se ubica con claridad, igual que la manera de arribar de ella... Según leía tenía la impresión de que la protagonista al inicio sale de esa misma casa, toma su automóvil y tras una serie de kilómetros, se pierde, ve que no tiene combustible y buscándolo llega hasta la verja que delimita la casa a la que entra y en la que permanecerá. ¿Por siempre? Tampoco el final es claro, aunque sí que parece que ella busca a la hermana que se ahogó en un canal víctima de un accidente del coche que Coro, la protagonista, conducía. La busca en las aguas del lago y, quizás, puede que la encuentre y permanezca con ella para siempre. Pero no está claro, nada lo está, ¡claro!

La religión, mejor sería decir la religiosidad, es importante en esta novela. Hay algo de religioso en esa comunidad de mujeres que visten todas igual, que trabajan la tierra y cuidan de las mayores que vigilan las aguas de un lago. El agua es un elemento básico en esta narración. También en las religiones -en la cristiana especialmente- el agua ocupa un lugar preeminente. Los nombres de muchos de los personajes son simbólicos y nos hacen pensar en personajes evangélicos: Magdalena, Rebeca, Tobías... Incluso el lugar donde está la casa o el nombre dado a la misma, Betania, remite a los evangelios: Betania es donde Cristo resucitó a Lázaro. ¿Es ahí, en esa casa dónde Coro, la protagonista, resucitará, encontrará su nueva y definitiva vida? 

Elemento esencial en De bestias y aves es la Naturaleza. Los seres humanos que habitan en el relato lo hacen en pleno medio natural. Los árboles, los animales (en especial los perros), las aves, están por doquier. El conocimiento que tiene la autora de la misma es increíble. Es importante señalar que Pilar Adón, además de escritora, traductora y crítica literaria, es licenciada especializada en Derecho Medioambiental y ha trabajado en diversas agrupaciones ecologistas. La Naturaleza es algo que le interesa sobremanera. En la citada revista El Cultural a Nuria Azancot le decía al respecto: 
«No soporto que hagan daño a los seres indefensos, incluiría a los animales o las hectáreas de árboles que se incendian cada año. Es doloroso y absurdo. He formado parte de diversos grupos ecologistas y creo que todas las acciones son necesarias para llamar la atención sobre algo tan primordial como el cuidado del planeta, que, sin embargo, no parece importar demasiado. […] Del ejercicio medioambiental me interesó lo que hacían mis compañeras científicas: salir a la naturaleza y estar en contacto con ella, en vez de metida en un despacho rodeada de directivas europeas, que era lo que me tocaba a mí. El afán de naturaleza, por tanto, ha estado ahí siempre.»
Las mujeres que protagonizan De bestias y aves no dejan de ser parte de estos seres indefensos dado que siempre han estado sometidas. Como otros seres amenazados su única posibilidad de supervivencia, de resistencia, es comportarse como esas hormigas que para vadear las aguas del lago se agrupan y se integran junto a otras afines formando una balsa que las permita sobrevivir. En cierto modo es lo mismo que Coro Mae, la pintora de trípticos y miniaturas que protagoniza esta novela, hacía antes de ingresar en la comunidad de Betania: buscar refugio en la burbuja de seres afines siguiendo una serie de reglas no escritas, pero respetadas por todos. De esa comunidad a esta otra sólo había una diferencia: en Betania sólo hay mujeres, mientras que en el mundo convivía con otros muchos individuos.
 [Un] «grupo robusto que la había protegido y en el que se había mantenido a flote. Compuesto por la familia, los compañeros, los otros creadores con los que había compartido rutinas, métodos, propósitos y vivencias en un espacio trazado y montado para ella y para los que eran como ella. Una manera de actuar y congregarse. Igual que las hormigas. En torno a un trozo de pan. Los restos de un escarabajo. A lo largo de muchos años de servidumbre voluntaria, cuando se encontraba tan afianzada en su burbuja de esclavitud diaria que ni siquiera se percataba de la existencia real de la burbuja real. También ella había sido una hormiga marrón integrando junto a otras hormigas marrones su propia balsa.»
Pilar Adón insiste en su preocupación por las mujeres, personas a las que ve abrumadas por una serie de normas y conductas que sus iguales masculinos -dice la novelista- no han tenido que soportar jamás.
«Las mujeres llevamos una carga que los hombres no han sufrido jamás: esas normas de conducta que primero nos dieron ellos y que ahora, en una especie de giro perverso, nos imponemos nosotras mismas. Los hombres han escrito sobre nosotras desde su atalaya y han establecido sus patrones ideales de cómo debía ser nuestro comportamiento: pulcras, castas, buenas esposas, buenas madres, y, por supuesto, nada rebeldes ni imaginativas. De alguna manera, en una trampa increíble, ahora somos nosotras las que nos decimos cómo ser estupendas en la cama, con las parejas, las mejores hijas, las mejores amigas… Cayendo una y otra vez en unos tópicos que, aunque parezca que sí, no han cambiado mucho» (entrevista en El Cultural, enero de 2025)
 Quizás por ello la autora las saca del medio urbano que las constriñe y las lleva a la naturaleza donde  estas mujeres están mejor, son más felices, especialmente en el medio acuático. El agua es importantísima en la historia. El lago, la poza donde se hunde y se pierde una de las mujeres, donde otras van a buscarla, donde Coro Mae encuentra el sosiego y la paz... ¡El agua, siempre el agua! Los miembros de esta Comunidad femenina son como náyades que habitan las aguas del lago, de la poza donde la sabia Gloria o la ciega Missa Tita constantemente están atentas y vigilantes. Al igual que las náyades mitológicas estas mujeres parecen depender de un ser superior que, aunque pretendan ignorarlo, es el propietario del espacio que ellas ocupan, la casa de Betania. Este ser es Tobías de Mos con quien la niña Adel parece comunicarse mejor que ninguna otra. 

Es una novela no fácil, que exige dedicación y que hace un canto a la naturaleza en la que, sin ser muy conscientes de ello, los humanos estamos inmersos y a la que pertenecemos. La imaginación, el aprendizaje, el diálogo, aunque a veces sea un diálogo de sordos porque no se responde a lo que se inquiere, la importancia del agua, la mezcla de lo irreal con lo real...  Todo esto hace distinta y diferente esta novela. Respecto a esa simbiosis entre realidad e irrealidad me parece importante, fantástica e interesantísima en su realización, la escena de un ahogamiento ocurrido en la poza, a la que se accedía por el sótano de la casa, ingresando así en un mundo húmedo de irrealidad, de náyades, de criaturas mágicas, fantásticas... Al contemplar este suceso, en la cabeza de Coro se mezclan el ahogamiento de su hermana en el pasado y la quiebra de su vida a partir de ese momento. Hay un claro paralelismo entre la aventura que corren las hermanas Beca (Rebeca) y Lena (Magdalena) y la vivida por Coro y su hermana en el pasado.

Al ser Coro Mae una artista, una creadora, en la narración hay múltiples referencias al mundo del arte:  pintura y escultura en unas ocasiones...
Mujeres, Naturaleza, Pilar Adón
(del Museo Albertina de Viena)
«Coro ya no se resistía. Se había creado un nuevo refugio mental. Un espacio al que acudir para mantenerse en la realidad y, a la vez, al margen. Próxima a Louise Bourgeois. A Seraphine Louis, a Cornelia Parker o a la santa Casilda de Zurbarán. Reuniendo y reorganizando las piezas que habían quedado dispersas durante aquellos días. La herencia que le había dejado su hermana. Reconquistando la luz y el fervor de la Gran mata de hierba de Durero. Las flores de Adolphe Millot. Las metamorfosis de los insectos de María Sibylla Merian. Preguntándose dónde estaba la vida. ¿En su trabajo? ¿En el mundo al que tanto había querido regresar? ¿En sus cuadros? ¿O en el espacio real pero balsámico de la poza, donde residía y no residía su hermana?»
...literatura en muchas otras...
«Dio unos pasos hacia la puerta, pero no volvió a oír nada. Miró en el cabecero de la cama. Luego se dirigió a la estantería. Había un Manual de la buena esposa encuadernado en piel de color granate. Un Manual de plantas de interior. Un Anna Karenina, un Rebecca y varios tomos de Poesía completa con los lomos agrietados. Cavafis. Viaje a los confines de la tierra. En los mares del Sur. Y libros en francés.»
...y ambas juntas también:
«Nunca había sabido disfrutar del riesgo. Y ahí estaba, asumiendo el riesgo máximo, sumida en un fluido que parecía respirar para ella. Como La joven mártir. Como Antinoo. Como los hermanos al final de El molino del Floss o la Chica ahogándose de Lichtenstein. "Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes". La piel azulada alrededor de los labios. Como Ofelia. Como Shelley. Como la madre de Magritte en el río Sambre cuando él tenía 13 años y la descubrió ahogada con la cara cubierta por su propia ropa empapada que se transformaría en los velos de sus cuadros. Como el capitán Ahab. Como Mungo Park en el río Níger. El estado de apnea e hipotermia. Abogados azules con agua en los pulmones o ahogados blancos sin absorción de agua.»
Por último me gustaría destacar la incomunicación en que viven los seres humanos que transitan por este relato. Las conversaciones que mantienen estas mujeres son, en ocasiones, auténticos diálogos de besugos. A las preguntas que unas hacen o no responden las otras o salen por peteneras. Esta actitud es especialmente visible en el trato que al principio dan a Coro las mujeres que dirigen la casa. Son diálogos muy ágiles, vivos, directos, apenas con intervenciones del narrador
«La mujer fue hacia la cama y extendió sobre la colcha un vestido idéntico al que ella llevaba puesto. Idéntico también al de Catina. [...]
Sí. Les agradezco que me hayan alojado en su casa. Pero tengo que irme.
De momento le traigo uno. Ya habrá más para que pueda cambiarse. Pruébeselo Le quedará bien. Si necesita cualquier otra cosa, dígamelo.
Gasolina. Necesito gasolina para el coche. Ya se lo he dicho unas cuantas veces. Me he quedado sin gasolina y tengo que irme.
Los coso yo, ¿sabe? No imagina la cantidad de horas que empleo en llevar esta casa. El mantenimiento. La limpieza. [...]
¿Por qué no me escucha?
Claro que la escucho. Pero tiene que relajarse. Nada más que eso. Sólo relajarse
Me iré andando. Saldré de aquí aunque tenga que escalar la verja.
Tresa la oyó, pero no la oyó.
Debemos desprendernos de lo que no nos es útil. Renunciar a ello. De lo contrario, terminaríamos todas a empujones y codazos. Nos odiaríamos. [...]
¿Por qué no me lo dice de una vez? No pensarán que voy a quedarme aquí… En esta casa.»
De bestias y aves, Mujeres españolas que escriben
(Foto aparecida en El Cultural
del 10-16/1/2025)
 
Es De bestias y aves una novela densa, profunda. Pilar Adón presenta un mundo, el terrenal, sobrevolado por aves, animales que no están limitados por muros. El resto de seres vivos son bestias que apenas si tienen la libertad de poder ir a donde quieran; siempre topan con limitaciones físicas o mentales, siendo más fáciles de traspasar las primeras que las segundas. Echo mano de las palabras que Lorena pone en la estupenda reseña que dedica a esta novela. Dice Lorena que según un tal José Miguel Muñoz Santana, exégeta religioso, «los animales, al no ser esclavos de su mente, están en total conexión con su ser y por tanto en estado de reposo. Los humanos, en cambio, tenemos capacidad de razonar, lo cual nos lleva a desvincularnos de nuestra condición animal y de nuestra pertenencia a la naturaleza. Nuestra mente, además, crea sus propias formas de entender la realidad, estando estas muy influenciadas por el ambiente y la sociedad». Cada persona, pues, acarrea con una mochila en la que viaja su impedimenta mental. Este bagaje es el que lo fija a un lugar, a un paisaje, a un pensamiento.  El ser humano es un ser vivo que desde su condición animal de bestia debe procurar elevarse a la de ave porque son las aves (bestias diminutas) los seres más libres que habitan la naturaleza; estas aves son en cierta manera y paradójicamente peces que se deslizan por el medio que se refleja en las aguas. Y estas aguas en la novela son las del lago donde Coro, su hermana, las mujeres que vigilan, Rebeca, el resto de mujeres de Betania... se sumergen y encuentran reposo y paz.
«También ella era fruto de la tierra. Un elemento más del universo. Guiándose por una norma que consistía básicamente en no tratar a los demás como no querría que la trataran a ella. O al revés: tratar a los demás como querría que la trataran a ella. ¿Qué buscaban todas las criaturas del mundo, al fin y al cabo? Alimento. Espacio. Compañía.»

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