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12 sept 2022

"Noches azules" de Joan Didion

13 comentarios:

«Cuando empecé a escribir estas páginas, yo creía que iban a tratar de los hijos, de los que tenemos y de los que desearíamos tener, de las formas en que dependemos del hecho de que nuestros hijos dependan de nosotros, de las formas en que los animamos a que sigan siendo niños, de las formas en que ellos siempre nos resultan más desconocidos para nosotros que para sus conocidos más casuales.»

No Ficción, Ensayo, literatura norteamericana
En varios de los comentarios que me dejaron en la reseña que hace nada hiciera de El año del pensamiento mágico amablemente algunos visitantes a mi blog me recomendaban vivamente la lectura de este otro libro de la Didion. Dado que la lectura del ensayo que la autora norteamericana escribiera a raíz de la muerte de su marido John Gregory Dunne fue para mí una experiencia literaria gozosa, decidí seguir los consejos de mis lectores y sin demora me hice con las Noches azules, el libro en el que Joan Didion rememoró la vida de su hija Quintana fallecida unos años antes. 

El título
El libro que distribuye su contenido en 35 capítulos o apartados dedica el primero de ellos a justificar el título, a explicar qué son, y por qué ella lo titula así, las "noches azules". En mi opinión ya el mero sintagma destila belleza. Pero, ¿qué son las noches azules? Resulta que en ciertas latitudes y en ciertos momentos del año, concretamente al aproximarse el verano, es cuando los crepúsculos se vuelven largos y azules. «Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición».
«Este libro se titula "Noches azules" porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez  más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz.»
Como se ve, pues, ya desde el inicio, la obra que tenemos en nuestras manos avisa de lo que va a hablar: de final, de acabamiento, de la inevitabilidad de la muerte; pero también de esperanza, de negación de lo evidente, de promesa de sanar. En esta dicotomía, absurda e infranqueable, nos debatimos todos cuando la noche definitiva se acerca, se intuye, o siquiera se percibe en su lejanía. Las noches azules son luz que declina, oscuridad que se quiere retardar, esperanza de lo imposible, fe irracional en las posibilidades humanas.


Mi impresión
En el apunte realizado a vuela pluma en Facebook nada más finalizar la lectura de la obra, como tenía en mi cabeza tan vívida la favorable impresión que me había producido El año del pensamiento mágico, escribí textualmente lo siguiente: «Si comparo ambas obras, a pesar de la semejanza en el asunto, gana por goleada en mi consideración "El año del pensamiento mágico". No sé si haré comentario más extenso que éste, pero si lo hago ahí explicaré los motivos de mi favoritismo.». A ver si logro hacerlo.

Lo primero es que el asunto y tono de la obra que dedica a su hija Quintana ya no sorprende dado que cinco años antes de que las Noches azules apareciesen, es decir, en 2005 Joan Didion sorprendió a la lomunidad literaria universal con El año del pensamiento mágico del que hace apenas diez días di mi opinión aquí, en este mismo blog. Ambos libros parten de un hecho luctuoso, una muerte. El año..., de la del marido y la necesidad de la viuda de retornar a la senda de la vida, de proseguir en el camino; la segunda, de la de la hija, si bien es mucho más el lapso de tiempo que Didion dejó pasar entre el fallecimiento y la escritura. Si en el que dedicó a John Dunne sólo habían pasado unos meses (diez cuando comenzó a escribirlo, doce cuando lo finalizó), en el dedicado a rememorar a Quintana Roo son seis los años transcurridos desde la desaparición de ésta en agosto de 2005. Por otra parte, en El año... tocaba vivamente la enfermedad, entonces activa, de la hija al tiempo que intentaba superar el dolor y la pena por la muerte de su marido; en Noches azules ya no hay tanto dolor por la pérdida concreta sino más bien por lo que simboliza de pérdida universal. 

Los dos libros pertenecen al género de la no-ficción. Si el primero lo hizo motu propio casi como terapia para poder salir del abatimiento personal en que la había confinado la pena y el dolor causados por la inesperada muerte del marido, las Noches azules fueron más una apuesta, un reto al que la sometió su editor y que ella rehuyó largo tiempo. Pero en un momento, cuando ya no se esperaba, se presentó con el manuscrito ante él y se lo entregó. Así al menos es como ella misma lo cuenta en la película documental que sobre su figura dirigió su sobrino Griffin Dunne en 2017. Este documental es muy interesante pues en él es la misma escritora quien responde a las preguntas del sobrino. Los dos libros de no ficción que aquí comentamos son el vórtice sobre el que gira el film. En el mismo se ve a una Joan Didion algo ajada por la esclerosis múltiple que desde 1970 arrastraba, pero sobre todo por la enfermedad de Parkinson que al fin y a la postre será la que causará su muerte en noviembre del pasado año 2021. Este interesante documental se puede ver actualmente en la plataforma Netflix y no sé si también en otras.

Muchos aspectos de la enfermedad de Quintana, como he dicho, ya los trató la escritora en El año del pensamiento mágico. En él nos cuenta sus airadas reacciones ante las explicaciones que los médicos le daban sobre el desarrollo de la enfermedad de Quintana, enfermedad que la había llevado a la UCI de varios hospitales. En el fondo la escritora contraponía la muerte sorpresiva de John que ella no pudo predecir y por lo tanto evitar con la enfermedad de Quintana en la que ella quería involucrarse activamente a fin de evitar la fatalidad. No pudo ser y quizás por ello dejó pasar Joan Didion varios años hasta que decidió volver a Quintana, a hablar de ella, a rememorarla, a reivindicarla, a festejarla.

El libro sobre su hija no es un libro centrado en su muerte, en la pena y dolor que esto le causó. No, no sólo es esto; el libro, como acabo de decir, es un recordatorio de lo hermoso que fue pasar esos 39 años junto a Quintana, los momentos de felicidad que desde su adopción la niña y luego la mujer proporcionó a ambos, a John y a ella, Joan. Naturalmente este viaje por los años de convivencia vividos juntos lleva inevitablemente a Didion a consideraciones genéricas sobre el envejecimiento, las enfermedades y la muerte
«Pero a medida que las páginas avanzaban se me ocurrió que su tema real no era para nada los hijos, o por lo menos no los hijos en sí, por lo menos no los hijos en tanto que hijos: su tema real era esta negativa a abordar dicha consideración, la negativa a afrontar las certidumbres del envejecimiento, la enfermedad y la muerte.»
Esa adversativa con la que se abre la cita anterior enlaza con otra proposición -precisamente la que encabeza esta reseña- en la que expone su intención inicial. Está claro que, como tantas veces dicen muchos escritores, los libros tienen vida propia y es durante el mismo proceso de escritura que van diseñando su propio camino.

Noches azules es, en mi opinión, una obra menos profunda que El año... Esto no debe de entenderse necesariamente como peor. No, para nada. Simplemente es un libro distinto, diferente. Si algo me atrae de Joan Didion y en mi consideración la convierte en escritora imprescindible es su saber abordar asuntos diversos y cuando, como en este caso, son similares hacerlo con perspectivas diferentes. A eso llamo yo tener cintura, ser una cualificada artista, una escritora merecedora de todos los reconocimientos. 

El libro me ha parecido menos oscuro que el dedicado al marido. Quiero decir que no se ceba, si bien tampoco los elude, en los aspectos terribles de la enfermedad y fallecimiento de Quintana, sino que dedica buen número de páginas a la rememoración más o menos gozosa de su vida. Así ocupa un lugar destacado en la novela la adopción de la niña, sin duda alguna un episodio de vital importancia para el matrimonio. También son importantes las relaciones de la familia Dunne Didion con actores, directores, guionistas, productores y demás componentes del mundo cinematográfico en el que ellos dos participaron como guionistas de no pocos filmes. Nombres como Martin Scorsesse, Warren Betty, Steven Spielberg... aparecen en su vida cotidiana, en fiestas celebradas en su casa californiana, en viajes promocionales de películas por todo el país y también por Europa, etc.

Nuevo periodismo, Noches azules
Al ser ambos cónyuges periodistas, los asuntos de actualidad más importantes entraban a formar parte de la cotidianidad familiar. El mundo hippy, la música y los músicos, las drogas, el alcohol... Todo esto aparece en Noches azules a veces con pesar por parte de la madre escritora al culpabilizarse en cierta manera de la caída en las drogas y el alcohol de Quintana Visto desde la distancia, todos bebíamos más de la cuenta, pero en 1966 esto no se nos ocurría a ninguno. Solo cuando leí mis primeras novelas, en las que siempre había alguien abajo preparando una copa y cantando «Big Noise blew in from Winnetka», me di cuenta»). Analizando el decurso de la vida de su hija, la madre contrapone el miedo y la enorme preocupación que tuvo por ella desde el mismo momento que la tomó en sus brazos con la 'sana' despreocupación de sus propios padres. Este hecho paradójicamente, reflexiona la autora, introduce miedos y/o irresponsabilidad en los hijos. El miedo paterno los niños lo ven y lo absorben como propio, y cuando no sucede así, la irresponsabilidad más absoluta los envuelve sabedores de la superprotección paterna en la que viven. Por otra parte, Quintana siempre tuvo un miedo propio, distinto al de otros niños: el miedo al abandono que es frecuente en aquellos que saben que son niños adoptados.
«Tengo entendido que todos los hijos adoptados temen que sus padres adoptivos los vayan a abandonar igual que los abandonaron sus padres naturales. Por culpa de las circunstancias extraordinarias en que fueron introducidos en la estructura familiar, están programados para ver el abandono como su rol, su destino, el futuro que les aguarda a menos que ellos lo puedan dejar atrás.»
Todas estas reflexiones sobre su hija desaparecida y sobre la existencia en general se le suscitan a Joan Didion en Noches azules revisando pertenencias de Quintana, en especial fotografías de la niña sola o en compañía de amigas o de ellos mismos, sus padres Joan y John. Al observarlas desde el presente es consciente la autora de la fugacidad de la vida, del paso del tiempo. En definitiva, del envejecimiento que se ha adueñado de ella sin haber sido consciente del mismo a pesar de que «El envejecimiento y sus evidencias constituyen los acontecimientos más previsibles de la vida, y sin embargo siguen siendo asuntos que preferimos dejar sin mencionar, sin explorar». Joan Didion se da cuenta de que ha perdido «empuje» que es lo que mantiene a uno vivo; ella es consciente de su deterioro físico y cognitivo;  además la ausencia de Quintana («Ayer mismo Quintana estaba viva») le hace recalar en otras ausencias presentes en su propia persona
«Fue ayer mismo cuando todavía sabía hacer cuentas, me acordaba de los números de teléfono, alquilaba un coche en el aeropuerto y lo sacaba del aparcamiento sin quedarme paralizada en el momento crucial, con los pies ya en los pedales pero inmovilizada por la pregunta de cuál era el acelerador y cuál el freno.»
Por último y a modo de colofón de esta especie de análisis comparado realizado entre estos dos libros de No-ficción tan íntimos y personales, sólo añadiré que he detectado más presencia de la música y de referencias literarias en Noches azules que en El año del pensamiento mágico. Quizás, ya lo he señalado antes, la razón se deba a que El año... nace estando ella muy tocada por el duelo, el dolor y la pena de la muerte de John Dunne; algo que en Noches azules, al existir mayor distanciamiento y asimilación de lo inevitable dada la duración de la enfermedad durante meses, no se da. Esto hace que se pueda explayar en detalles aparentemente más nimios e insignificantes como aquellos temas musicales que escuchaba Quintana y que le sirven a ella para evocarla. Esencialmente son cuatro: 


En una familia de escritores es normal que cuando uno de ellos crea una obra la literatura de otros ocupe lugar preferente. Así ocurría en vida de ellos y así Quintana fue despedida por su madre y por su marido Gerry, con la lectura de poemas de autores que a ella en vida le gustaban 
«Gerry leyó un poema de Galway Kinnell que a ella le gustaba, Patti Smith le cantó una nana que había escrito para su propio hijo. Yo leí los poemas de Wallace Stevens y de T.S. Eñiot "Dominio del negro" y "New Hampsfire", con los cuales la solía poner a dormir cuando era un bebé
Hay alusiones a autores como Pablo Neruda, Karl Shapiro y otros que gustaban a la hija fallecida. Pero de cara a la personalidad de Quintana la principal referencia es a un verso del poema Endimion de Keats que dice «Adentrarse en la nada». Para la madre ese verso y la importancia que en su diario le daba Quintana tenía un gran significado.


Frases relevantes en el texto
Además de las citas que incluyo en la reseña me parecen relevantes frases como las siguientes:
  • «El padre de la novia muerto mientras cenaba. La novia en un coma inducido, viva únicamente gracias a la respiración asistida y con los médicos de la unidad de cuidados intensivos convencidos de que no sobreviviría a la noche. La primera de una cascada de crisis médicas que terminaría con su muerte veinte meses más tarde.»
  • «Seguíamos pensando que la felicidad y la salud y el amor y la suerte y los hijos hermosos son "bendiciones comunes y corrientes"
  • «Un día estamos mirando la fotografía de Magnum en que aparece Sophia Loren en el desfile de Christian Dior en París en 1968 y pensando que sí, que podría ser yo, yo podría llevar ese vestido, yo estaba en París aquel año; y un instante minúsculo más tarde estamos en la consulta de algún médico que nos está contando lo que ya ha fallado y por qué nunca volveremos a llevar las sandalias de ante rojo con tacones de diez centímetros»

31 ago 2022

Joan Didion. El año del pensamiento mágico

22 comentarios:

«Esto es un intento por encontrar sentido al tiempo que siguió, a las semanas y meses que desbarataron cualquier idea previa que yo tuviera sobre la muerte, la enfermedad, la probabilidad y la suerte, la buena o la mala fortuna, sobre el matrimonio y los hijos y el recuerdo; sobre el dolor y los modos en que la gente se plantea o no el hecho de que la vida acaba; sobre la precariedad de la cordura y sobre la vida misma.»

No Ficción, Ensayo, literatura norteamericana
Es el tercer libro que leo de la escritora estadounidense Joan Didion (Sacramento, 5 de diciembre de 1934-Manhattan, 23 de diciembre de 2021). Los dos anteriores fueron dos novelas suyas: Río revuelto, que leí en 2020 durante el encierro pandémico, y Según venga el juego, que leí durante las navidades del año pasado a raíz de la muerte de la autora. Las dos novelas me gustaron y no sé por qué -me lo sigo preguntando ahora mismo- no las reseñé en el blog. Quizás el cúmulo de lecturas realizadas durante la pandemia y durante las fechas navideñas hiciera que se quedarán allá, relegados en el pozo de los libros buenos pero complicados y exigentes a la hora de escribir una reseña satisfactoria. Bueno, sea lo que fuere y como reza el dicho popular «a la tercera va la vencida».

Con la reseña de El año del pensamiento mágico quiero rendir un sentido homenaje a esta excelente periodista, autora de guiones cinematográficos en solitario o en tándem con su marido, el también periodista y novelista John Gregory Dunne, y potentísima escritora de obras de ficción y de no ficción fallecida el 23 de diciembre de 2021 por problemas derivados de la enfermedad de Parkinson que padecía desde hacía unos años.




El año del pensamiento mágico

Poco antes de la Navidad de 2003, concretamente el 25 de noviembre de 2003, Quintana, hija adoptiva de Joan Didion y de su marido, repentinamente cae enferma; lo que al principio se creyó era una simple gripe evolucionó rápidamente a neumonía finalizando en un choque séptico. Al borde de la muerte, la chica de poco más de treinta años será mantenida en coma inducido y con respiración asistida durante varias semanas. Joan Didion  y John Gregory Dunne, sus padres, van a visitarla al hospital de manera habitual; la víspera de Nochebuena, de vuelta a la casa tras haberla visitado y poco antes de la cena, John Dunne sufre un infarto cerebral y muere. En un instante la vida cambió: 
«Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba».
Joan Didion, a los ocho meses de la muerte de su marido con quien había vivido durante  cuarenta años, decide escribir este libro para -así lo manifiesta en la cita que encabeza esta reseña-intentar poner orden en su cabeza tras lo que vivió y encauzar en algún sentido el dolor y el duelo que siguieron
«Hasta entonces sólo había podido experimentar dolor, no duelo. El dolor era pasivo. El dolor ocurría. El duelo, el acto de manejar ese dolor, requería atención.»

 Leyendo el ensayo que es El año del pensamiento mágico conocemos cómo la viuda que es ella se enfrentó al inopinado acontecimiento de la muerte del esposo: primero tuvo sentimiento de culpa por no haber advertido ciertas señales o mensajes («Dijo estas cosas en el taxi que nos llevaba del Berth Israel North a nuestro apartamento tres horas antes de morir o veintisiete horas antes de morir: intento recordarlo y no puedo») luego, como hiciera durante la larga enfermedad de su hija Quintana, acudió a los libros en busca de soluciones pues siempre lo había hecho así («En épocas difíciles, me habían enseñado desde niña, lee, aprende, prepárate, recurre a la literatura.»). Si en referencia a Quintana, Didion se empapó de literatura médica hasta el punto de ser reconvenida en más de una ocasión por los facultativos que trataban a su hija. ahora serán los libros que tocaban el asunto de la pena, del dolor y del duelo los que estarán en su mesilla y a los que se asirá por ver de entender y manejar en lo posible su situación anímica.

De las lecturas que realiza sobre el tema es «el diario que C. S.Lewis escribió tras la muerte de su esposa, A Grief Observed» donde más analogías o similitudes con su estado encontró. Este ensayo escrito por el autor de Las Crónicas de Narnia es impresionante y desde aquí lo recomiendo a quien quiera acercarse a una experiencia fidedigna de la vivencia del dolor y del duelo provocados por la pérdida de un ser amado. En España la obra está publicada por Anagrama con el título de Una pena en observación. Para aquellos que sean algo remisos a lecturas de este tipo pueden ver la versión fílmica, ¡magnífica también!, que con el título de Tierras de penumbra dirigió en 1993 Richard Attenborough y que está protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger.

La muerte de su pareja fue tan repentina que, durante los ocho meses siguientes, no pocas veces en sus reflexiones y pensamientos aparecía la idea de qué era la muerte para los occidentales de hoy, o sea, para ella misma. La conclusión a la que llega con aporte bibliográfico suficiente es la de que desde hace ya casi un siglo o incluso más vivimos de espaldas a la misma. Me llamó mucho la atención leyendo este magnífico ensayo la siguiente cavilación que no puedo por menos que corroborar:

«alrededor de 1930, en la mayoría de países occidentales y sobre todo en Estados Unidos, se inicia una revolución de las actitudes aceptadas frente a la muerte. "La muerte —escribió— tan omnipresente en el pasado que resultaba familiar, se borraría, desaparecería. Se convertiría en algo vergonzoso o prohibido."» (el entrecomillado lo toma de un libro que Philippe Aries había escrito en 1973 titulado Historia de la muerte en Occidente: desde la Edad Media hasta nuestros días)
Pero sin lugar a dudas a mí lo que más me ha gustado de este libro es comprobar una vez más lo bien que escribe esta mujer que sin duda alguna habría merecido recibir en vida más premios que los que se le dieron. Quizás, el primero de todos fuera precisamente el que en 2005 recibió por El año del pensamiento mágico, distinguido con el Premio Nacional de Estados Unidos a la Mejor Obra de No-ficción de ese año (The National Book Award). 

Dentro de las múltiples reflexiones que la escritora realiza en la obra y que la llevan a recordar momentos de su vida junto a John Dunne hay una frase que veinticinco noches ante de morir le dijo él a propósito de su manera de escribir, precisamente la manera que en esta obra ella utiliza, con acierto y frecuencia, pese a su dificultad. La situación es la siguiente: está John Gregory Dunne releyendo una secuencia de la novela de A Book of Common Prayer de Joan Didion
«La secuencia es complicada (en realidad, esa era la que John había querido releer para ver cómo funcionaba técnicamente) y está interrumpida por otra acción que obliga al lector a retomar el contexto al que Leonard Douglas y Grace Strasser-Mendana se refieren.
—Maldita sea —me dijo John cuando cerró el libro—. No se te ocurra volver a decirme que no sabes escribir. Ese es mi regalo de cumpleaños

Ejemplo clarividente de su excelencia literaria, precisamente la que le elogia su marido John Dunne en la cita anterior, creo que se patentiza en lo que sigue: El 30 de agosto de 2004, por vez primera en ocho meses, Joan Didion aceptará cubrir para su periódico la convención demócrata igual que hiciera en el pasado. Según accede a la Torre C del Madison Square Garden donde se desarrolla el evento una serie de pensamientos, de recuerdos del pasado, la asaltan sacándola mentalmente del momento presente

«Mientras subía la escalera mecánica de la torre C, reflexionaba en todo aquello y de repente se me ocurrió: llevaba uno o dos minutos en aquella escalera pensando en la noche de noviembre de 2003 antes de volar a París, en las calurosas noches de julio de 1992 en las que cenábamos en Coco Pazzo y en aquella tarde que habíamos dado vueltas por la Calle 125 esperando el acto de Louis Farrakhan que finalmente no se celebró.»

En definitiva, Joan Didion, ocho meses después del inesperado suceso, llega a la conclusión de que lo único que ha hecho durante ese tiempo ha sido escapar, huir del presente, refugiarse en el pasado para así no asumir la realidad, en un mágico e infantil intento de «que el tiempo retrocediera, de rebobinar la película». Ciertamente hay que asumir lo que en la teoría y cuando la muerte no nos ronda hemos afirmado una y mil veces, que somos mortales y que algún día habremos de morir. Y si esto es así, ¿por qué cuando la muerte nos toca de cerca la negamos y no la aceptamos? De nuevo la escritora se da -y nos da- una explicación, dura sin duda, pero bien lógica y plausible:

«Somos imperfectos mortales, conscientes de nuestra mortalidad aun cuando tratemos de eludirla, vencidos ante nuestra propia complejidad, tan acorralados que cuando nos dolemos por los que hemos perdido, también nos dolemos, para bien o para mal, por nosotros mismos. Por lo que fuimos. Por lo que ya no somos. Por la nada absoluta que un día seremos.»

El título

Nuevo periodismo, El año del pensamiento mágico
(foto tomada de Babelia, El País de 1 del IX de 2006) 
Aunque pienso que en gran medida la razón del título ha quedado suficientemente clara en alguno de los párrafos anteriores, es natural que nos hagamos la pregunta de por qué la escritora tituló así este ensayo. La verdad es que muy pronto, desde sus primeras páginas Joan Didion nos va dejando piedrecitas explicativas en el camino. La primera es cuando cuenta que la noche que John Dunne falleció ella sintió el irreprimible deseo de estar sola para así dejar abierta la posibilidad de que él volviera («necesitaba aquella primera noche para estar sola. Necesitaba estar sola para que él pudiera volver. Este fue el comienzo de mi año del pensamiento mágico.»). Y no es que de manera absurda ella pensase que en realidad él no había fallecido sino que «Pensaba como los niños pequeños, como si mis pensamientos y deseos tuvieran el poder de alterar la narración, cambiar el desenlace.» Este, en cierto sentido, infantilismo pensante también lo practicará en innumerables ocasiones durante la larga enfermedad, con las recaídas y mejorías correspondientes, de su hija Quintana. Así, al contarnos cómo vivió esos meses, tras la muerte de Dunne, atendiendo a la hija enferma son frecuentes los "Y si..." («Qué pasaría si...», «Si no le hacían la tráqueo», etc.) en un absurdo deseo de controlar lo imposible: el azaroso constituyente de la vida. Este absurdo se lo declarará a ella directamente alguno de los médicos encargados de la supervivencia de Quintana, aunque a Joan Didion -tal era su estado emocional- le fuera completamente indiferente: «("Si quiere llevar usted el caso, yo dimito", dijo uno finalmente), pero me hacían sentirme menos impotente. Recuerdo que en el UCLA aprendí el nombre de muchos tests y escalas.»).

Como ella bien a las claras declara había llegado a creerse portadora del poder mágico que a su hija, cuando ésta era pequeña, le decía poseer:
«No dejes que Camuñas me coja, decía Quintana cuando se despertaba de una pesadilla,
Estás a salvo. Estoy aquí. Me había llegado a creer que nosotros teníamos ese poder»
Para finalizar
Hacia el final, la autora, ya viuda de ocho meses, es consciente, tras el repaso que ha dado en las páginas del libro a ese lapso de tiempo, de que la vida continúa, de que 
«si hemos de continuar viviendo llega un momento en que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos muertos.»

Muchas frases contenidas en este libro son dignas de ser citadas y/o recordadas. Me conformo, para no aburrir más con estas tres:

  • «me doy cuenta de lo receptivos que somos al persistente mensaje de que podemos evitar la muerte.»
  • «Todo iba como siempre y, de repente, va y cae toda esa mierda»
  • «Un día normal. "Y de repente... se acabó."»
En definitiva, un libro que me ha gustado mucho, sin duda alguna una de mis mejores lecturas de este 2022. Creo que Joan Didion es una escritora magnífica pero, aviso, El año del pensamiento mágico es un libro durillo, no es una lectura para pasar el tiempo sin más. 

22 may 2022

Emanuele Trevi: "Dos vidas". Premio Strega 2021

12 comentarios:

«Escribir sobre una persona real y escribir sobre un personaje imaginario es, a fin de cuentas, lo mismo: hay que sugerir lo máximo posible en la imaginación del lector con lo poco que el lenguaje ofrece. Es encender un gran fuego psicológico con algunas ramitas húmedas recogidas aquí y allá.» (p. 83)

Juan Manuel Salmerón Arjona (traductor)
Según se aproximan las fechas durante las que se desarrolla la Feria del Libro de Madrid (este año comienza el próximo 27 de mayo y su clausura será el 12 de junio) surgen como setas Ferias del Libro en el resto de ciudades españolas. Hace nada fue la de Salamanca, ahora está desarrollándose la de Badajoz, la de Teruel cerró no hará más de siete días, la de Mérida abre en la primera quincena de junio, y todo así. Fue precisamente en una de ellas, la de Salamanca, donde vi en un expositor este librito de Emanuele Trevi. Su sinopsis me captó y lo adquirí.

Emanuele Trevi
No conocía al autor, así que ya en casa busqué información sobre él. Es un escritor y crítico literario italiano nacido en Roma en 1964. Su labor está referida a la escritura de ensayos sobre figuras literarias italianas. El que hizo sobre el poeta Pietro Tripodo, leo en una nota biográfica encontrada al azar, fue distinguido en su país con el Premio Sandro Onofri. El libro que acabo de leer, Dos vidas -Due vite-, se centra en las vidas de otros dos autores italianos, Rocco Carbone y Pia Pera, quienes a su condición de escritores añadían la de íntimos amigos del autor. Con este libro Emanuele Trevi ha ganado el prestigioso Premio Strega en 2021, precisamente un año después de que lo ganara Sandro Veronesi, escritor italiano autor de "El colibrí", la novela que con gusto leí y reseñé en este blog no hace mucho.



Dos vidas
La obra es un libro de no ficción en el que el autor rememora su amistad con dos amigos escritores, un hombre y una mujer. Los dos se marcharon antes de tiempo: Rocco Carbone por accidente de moto a los 46 y Pía Pera por culpa de la ELA que se le manifestó a los 37 años y que finalmente se la llevaría con poco más de cincuenta. Estos dos autores, fatal y prematuramente fallecidos, eran en sí mismos muy distintos el uno de la otra, si bien la muerte vino a juntarlos de manera inmisericorde.

Emanuele Trevi abre y cierra la obra con el recuerdo de la visita que los tres amigos realizaron en 1995 al Museo de Orsay en París para contemplar el cuadro de Courbet, El origen del mundo, que el estado francés acababa de adquirir. El naturalismo exento de cualquier adorno presente en la imagen le sirve para abrir sus recuerdos sobre el infeliz Carbone; la sensualidad que emana de la desnudez voluptuosa del cuerpo femenino es la puerta que utiliza para caracterizar a Pía Pera, exquisita y excelente traductora, sobre todo del idioma ruso, aunque también del inglés y otras lenguas. Son, pues, estos dos amigos de Trevi muy opuestos en sí mismos: afligido y pesaroso, Rocco; vital y disfrutadora de la vida, Pera.

El escritor lleva sus evocaciones a la par, fijando alternativamente la atención en el uno y en la otra. Señala la dificultad de mantener la amistad con Rocco Carbone, en un momento dado diagnosticado de trastorno bipolar y a quién por sus altibajos era difícil tener contento. En cuanto a Pía Pera, su procedencia de clase rural acomodada, aunque sus padres eran Elvira Genzone, una catedrática de historia y de filosofía, y Giuseppe Pera, un "inescrutable" -según lo describe ella misma- y eminente abogado laboralista, hará que se sintiera muy atraída por el campo; es precisamente a una propiedad en Lucca, recibida en herencia, a donde se trasladará poco después de manifestársele la enfermedad del ELA y donde pasará los últimos años de su vida. Trevi al principio no entendió esta decisión, pero luego, precisamente al leer el diario personal de Pera y su alusión a un verso de Emily Dickinson, poeta y cuidadora de jardín como ella, -«I haven't told my garden yet», Aún no se lo he dicho a mi jardín- lo entenderá por completo. 

Es un precioso libro que rebosa literatura por todas sus páginas. Magnífica literatura tanto en la escritura de Trevi como en las imágenes, símiles y analogías que realiza con obras y autores, para mejor trasladar al lector la personalidad de los dos amigos suyos. Estamos ante un libro que habla de libros. Muchos de los autores citados son conocidos por mi (Nabokov, Homero, Chejov, Pushkin, Bulgakov, Lermontov, Carroll, etc.); con otros, especialmente italianos no tan universales, me he sentido algo perdido, aunque he de decir que algunos nombres sí que los controlaba. Así hablando de Rocco leemos: 
«Agosto, su primera novela, la publicó Theoria en 1993 [...] Aunque pequeña, la editorial dirigida por Paolo Repetti y Beniamino  Vignola, había reconocido y lanzado a alguno de los autores noveles más significativos del momento, como Marco Lodoli, Sandro Veronesi, Giulio Mozzi,Sandro Onofri, Sandra Petrignani y muchos otros.»
Due vite, Pia Pera, Rocco Carbone, Dos vidas
Pía Pera (Lucca, 1956-2016) y Rocco Carbone (Reggio
Calabria, 1962- Roma, 2008)
Como obra ensayística que es, son numerosísimas las reflexiones que el autor vierte al hilo del recorrido que realiza por la peripecia vital de estos dos escritores italianos amigos suyos. Una muy interesante es ver cómo señala la distancia que existe entre el mundo que vio nacer la amistad entre los tres a finales de los años 80 del siglo pasado, una época en la que la vida transcurría con ritmo más pausado, más lento, más humano, en nada parecido al de hoy día
«nos emborrachamos con Campari [...] una tarde de la primavera de 1987, cuando todavía las noticias son lentas y pasan de boca en boca, y un amigo al que nos encontramos por casualidad nos dice que Primo Levi se ha matado.» (p. 34)
Para describir debidamente la personalidad difícil y oscura de Rocco Carbone, Trevi echa mano de la similitud que, según él, el infeliz y desafortunado autor guardaba con autores y personajes literarios. Así ante la poca venta de sus libros «Rocco se puso a analizar la cuestión del éxito. Tenía a su favor ejemplos nobilísimos: Henry James y Joseph Conrad lamentaban que sus novelas se vendieran poco e incluso se sentían culpables». Pero es especialmente en la analogía con ciertos personajes literarios como Trevi resalta más la naturaleza de su amigo, casado con Samantha Traxler, mujer de clase alta:
«Pero es verdad que en la parábola del personaje de Fitzgerald veía Rocco significados que no podían dejarlo indiferente. En Gatsby, como en su gran modelo, el Martin Eden de Jack London, otro libro que leía y releía como si fuera una Biblia, el tema del ascenso social partiendo de la nada es clave y guarda relación con el hecho no sólo de hacer carrera (gracias a las actividades ilícitas en el caso de Gatsby, a la literatura en el caso de Martin Eden), sino de mantener una relación (imposible) con una mujer de clase social muy superior.»
La enfermedad mental de Rocco Carbone que el propio Carbone presenta en una de sus novelas titulada L'apparizione le sirve a Trevi para reflexionar sobre la diferencia entre psiquiatría y literatura
«La psiquiatría, una disciplina cuyo fin es hacer diagnosis y prescribir terapias, debe, para ser eficaz, reducir la multiplicidad de los casos y los síntomas a constantes, crear definiciones: histeria, paranoia, depresión, episodio maníaco... La literatura, en cambio, halla su razón de ser en la negativa a generalizar: siempre cuenta la historia de esta persona, encerrada en su unicidad, artífice y prisionera de sus singularidad.»
Y si estas analogías y similitudes establece respecto a Rocco, otro tanto realiza con Pia Pera, persona en casi todo distinta al amigo Carbone. Con ella echa mano de su labor de traductora para perfilar y manifestar mejor su carácter y personalidad. Así muestra su espontaneidad y su vivencia vital del erotismo y del sexo fijándose en sus relatos contenidos en la recopilación La belleza del asno (La bellezza dell'asino) y también en su obra Diario de Lo en la que Pera presenta la relación Humbert-Lolita (Lolita de Nabokov) desde la perspectiva de ella, o sea, de la pubescente Lolita. «Añadamos, en honor de Pia, que su intención al contar la historia desde el punto de vista de Lolita no era hacer ninguna absurda reivindicación "feminista" como las que hoy están de moda». Esta novela no fue muy exitosa pues exigía en el lector un más que suficiente nivel literario para la perfecta comprensión de la obra. sin haber leído con anterioridad el original del que ésta partía era imposible captar la calidad de la narración de Pia Pera
 
Preciosa e interesantísima en mi opinión es la justificación que realiza Emanuele Trevi de la escritura de este libro. La efectúa hablando de Pia Pera y de la traducción que hizo del Eugenio Oneguin de Pushkin. Igual que Tatiana vive en el lector que tiene en sus manos la novela de Pushkin, la amiga de Trevi, fallecida por culpa de la inmisericorde ELA, vivirá otra vez a través de la escritura que él está realizando. Se pregunta el autor: «¿Qué diferencia hay entre la Pia Pera que inscribieron en el registro civil de Lucca el 12 de marzo de 1956 y la Tatiana de Pushkin?». Y poco después viene a concluir que no hay diferencia alguna y lo explica:
«Porque vivimos dos vidas, ambas destinadas a acabar: la primera es la vida física, la de la sangre y el aliento; la segunda es la que se desarrolla en la mente de quienes nos amaron. Y cuando la última persona que nos conoció muera, nos disolveremos, nos evaporaremos para siempre, y comenzará la grande e interminable fiesta de la Nada, en la que el aguijón del recuerdo no podrá ya herir a nadie.»
Dos vidas, Premio Strega 2021
He aquí, pues, la justificación del título de este ensayo. Es un título de significación múltiple, variada, polisémica. De un lado tenemos las dos vidas que está repasando: las de sus amigos Pia y Rocco; de otro tenemos la doble o múltiple vivencia que cada uno de ellos tuvo en vida a través de sus particulares creaciones literarias; pero sobre todo es la última significación, contenida en la cita anterior, la que da sentido máximo a la obra que estamos o acabamos de leer. Emanuele Trevi en Dos vidas ha conquistado para cada uno de sus dos buenos amigos nada menos que la inmortalidad, ha logrado revivirlos, volverlos a la vida. Cada vez que un lector lea este librito, Pera y Carbone renacerán, tendrán una vida nueva. No existe prueba de amistad mayor, ¿no os parece?

28 dic 2021

"Nacer mujer en China (Las voces silenciadas)". Xinran Xue

18 comentarios:

[en la Colina de los gritos] «las mujeres sólo son valoradas por su utilidad: como meras herramientas de reproducción que son, constituyen el artículo de comercio más preciado en las vidas de los aldeanos. Los hombres no vacilan en cambiar a dos o tres niñas por una esposa de otra aldea. Casar a una mujer de la familia con un hombre de otra aldea y recibir a cambio una esposa para algún hombre de la familia es una práctica muy común; de ahí que la mayoría de las mujeres de la Colina de los Gritos provenga de otras aldeas. Tras haber sido madres, son obligadas a ceder a sus propias hijas. Las mujeres de la colina en los gritos no tienen derechos de propiedad ni de herencia»

Varias veces a lo largo de este 2021 he señalado en algunas reseñas que el libro que en ese momento me disponía a comentar lo había elegido motivado por la letra inicial de su apellido. Sí, ya sé que suena poco erudito, poco literario, poco de... todo. ¿Elegir una lectura por la letra inicial del apellido? Muchos de quienes me visitan sabrán el porqué, incluso me atrevo a aventurar que muchos de ellos en algún momento habrán actuado igual. A varios ya os imagino asintiendo con la cabeza: el divertido Reto de 'Autores  de la A a la Z' propuesto por Marisa en su blog Lecturapolis es el causante de este comportamiento, ¿verdad? 

Si consultáis las bases de dicho Reto veréis que hay unas letras (la Ñ, la Ll, la Y y la X) que por su dificultad para encontrar apellidos que comiencen por ellas no son exigibles para completar el Reto, pero que de utilizarlas puntúan doble. Yo normalmente las omito, pero este año decidí completar el Reto en todas sus letras; es por ello que hube de buscar nombres o apellidos iniciados por estas poco habituales grafías, lo que entraña serias dificultades. Pedí ayuda a blogs amigos para la tarea de encontrar escritores cuyos nombres o apellidos tuviesen de iniciales estas infrecuentes letras. Como tantas veces el blog Cuéntame una historia de mi amiga Rosa vino a sacarme del estado de inopia en que me hallaba. Fue ella quien me propuso a Xinran Xue y este libro para despejar la X que tanto trabajo me estaba costando. Gracias de nuevo, Rosa.


"Nacer mujer en China (Las voces silenciadas)"

Xinran Xue, Mujeres chinas, Nuevo Periodismo
Nacer mujer en China
lleva por subtítulo la expresión 'Las voces silenciadas'. Efectivamente la escritora va a dar voz en esta obra a seres humanos que en su país son tenidos por de segunda fila, personas que por haber nacido niñas deben de soportar, especialmente en la China interior, una vida más penosa que la de los varones. Esta situación conocida por todos es asimismo también obviada por todos pues como en un momento dado le dice a la escritora un agente de policía de una provincia campesina por muchas leyes que se dicten para solucionar esto «los aldeanos no tienen miedo de nada ni de nadie, incluso si nos presentáramos allí, serían capaces de incendiar nuestros coches y dar una paliza a nuestros agentes». Vamos, que el peso de la tradición es inmenso en este también inmenso país.

Xinran Xue quiso en los diez años que van de 1986 a 1996, cuando abandonó definitivamente su país, dar a conocer la verdad de la condición femenina en China. En su programa radiofónico nocturno en Nanjing  titulado "Palabras en la brisa nocturna" comentaba situaciones vividas por mujeres que a ella le habían impactado. Xinran conoce estos casos a través de las cartas que oyentes de su programa o las propias mujeres que las sufrían mandaban a la redacción de la emisora. 

En los quince capítulos que componen la obra sabremos de dolorosas vivencias femeninas. Algunas son claramente estados de privación de libertad física como la de la mujer joven entregada en matrimonio a un anciano quien para evitar que ella escape y garantizarse así un heredero la tiene en casa encadenada por la cintura. Si esto ya de por sí es terrible, sin duda alguna en el terreno del sufrimiento físico son las violaciones, denunciadas por Xinran Xue en el libro, los crímenes más frecuentes cometidos por los hombres sobre las mujeres. Si bien la privación de libertad a que el esposo anciano somete a la esposa joven podría interpretarse como penoso vestigio de la China tradicional, el delito de violación parece, por el testimonio de diversas mujeres, que es práctica común en el país: lo fue durante la Revolución Cultural que en teoría venía a sacar del ostracismo a millones de mujeres y lo es todavía hoy en el seno de la familia, de las instituciones educativas, del núcleo de amigos...

En la obra se denuncia el fomentado estado de ignorancia en que el Sistema mantiene a la población. Es el Partido el encargado de dirigir la educación que no sólo se circunscribe a conocimientos necesarios para la vida en comunidad sino que también interviene en la vida íntima de las personas. Así el Partido «había prohibido toda discusión acerca de cuestiones sexuales, y cualquier contacto físico entre un hombre y una mujer que no estuviesen casados conducía a la condena pública o incluso al encarcelamiento. Aun entre marido y mujer , la "charla de enamorados en la cama" podía llegar a considerarse un comportamiento delictivo». Con estos mimbres nada de extraño tiene que tras la leve y progresiva apertura que en 1983 realiza Deng Xiaoping un programa radiofónico como el de Xinran Xue que daba voz a los oyentes tuviera un inusitado éxito. Estos, sobre todo mujeres, consultan a Xinran cuestiones que tienen que ver con su propia sexualidad; vistas hoy muchas de sus preguntas son auténticas ingenuidades: ¿me puedo quedar embarazada por haber dado la mano a un chico?, se preguntó en un momento de su vida hasta la propia escritora.

Xinran Xue salió de China en 1996 hacia Londres donde vive desde entonces. Dice que lo hizo para poder escapar de las incomodidades personales y profesionales que empezaba a sufrir debido a lo incisiva que llegaba a ser en su programa radiofónico, pero también y sobre todo para poder educar en libertad a su hijo PanPan a quien dedica el libro. Concretamente ella denuncia a través de los testimonios de oyentes que algunas mujeres veían cómo les eran arrebatados los hijos y que durante la Revolución Cultural, sobre todo las niñas, eran llevadas a «grupos de estudio» para ser  educadas en los valores revolucionarios; sin embargo verdaderamente estos grupos de estudio eran la tapadera para abusar de estas niñas que sufrían violaciones por parte de sus 'instructores'. Xinran no deseaba que su hijo creciera educado en estos valores y tampoco deseaba ver constreñida su libertad como periodista.

Además de las denuncias de los desafueros cometidos sobre la mujer en el país, del libro de no-ficción  "Nacer mujer en China" ha llamado mucho mi atención la mostración en varios momentos de la profunda identidad femenina. Hay testimonios en la obra de mujeres que enamoradísimas de sus partenaires masculinos aguantan carros y carretas procedentes de ellos. Se trata de mujeres que actúan guiadas por sus sentimientos amorosos más auténticos; incluso mujeres  plenamente incorporadas al mundo moderno de los negocios pueden incurrir en esta manera de obrar. Es el caso de Zhou Ting, empresaria exitosa, casada y divorciada luego de su esposo por las reiteradas infidelidades de éste, que se enamora de un joven nueve años menor que ella; éste evitará el compromiso que ella le requiere abandonándola cuando llega el momento de dar el paso. Pasados los años, y ya ella casada con otro hombre, cuando el joven reaparece ella vuelve con él. A la pregunta de Xinran de por qué volvió, ella responde: «emocionalmente, un hombre nunca podrá ser como una mujer, nunca será capaz de comprender a las mujeres. Los hombres son como las montañas: tan solo conocen el suelo que pisan. Sin embargo, las mujeres somos como el agua» .

La frase que cierra el párrafo anterior me parece importante porque revela el fuero interno de no pocas mujeres. En el libro aparece en varios momentos. Así también se la dice a la escritora Jingyi, la mujer que esperó a su amado durante 42 años. La historia de Jingyi y de Gu Da, enamoradísima pareja de estudiantes a quienes la revolución separó y que al cabo de 40 años, él ya casado y ella soltera, volvieron a encontrarse.  Xinran buscó a Jingyi  para conocer la historia de primera mano por boca de ella: La guerra de Corea, la guerra fría con la URSS, la Revolución Cultural… hicieron que quedasen separados. Con la apertura de los años 80 Jingyi buscó a Gu Da preguntando a todos por él pero «la pasión que ella ponía en su búsqueda no fue apreciada por los demás: Gu Da era el amante de Jingyi, no el suyo. La Revolución Cultural había adormecido los sentimientos de muchos a los que las amargas experiencias habían enseñado a anteponer las necesidades básicas y la seguridad política a la empatía o la emoción». 

En el libro, la periodista no arremete contra su país en la actualidad, pero sí critica abiertamente los estragos que la Revolución cultural maoísta de los años 1966 a 1976 causó en China en general y en la manera de comportarse de la población en particular. El revisionismo que conllevaba esta revolución atacó directamente a la familia de la escritora que fue acusada de ser un vestigio del capitalismo anterior a Mao Ze Dong por lo que sufrieron un proceso de reeducación que llevó a su padre a sufrir diez años de prisión y a ella a experimentar humillaciones en su persona como ver cortadas sus trenzas por considerarlas los guardias rojos signo del imperialismo.
  • «Durante la Revolución Cultural, cualquiera que proviniera de una familia rica, cualquiera que tuviera tú y yo superiores, fuera especialista o experto en algo, tuviera contactos en el extranjero o hubiera trabajado para el gobierno anterior a 1949 era catalogado como contrarrevolucionario.»
  • «Criarse durante la Revolución Cultural siendo niña significaba estar rodeada de ignorancia, locura y perversión. [...] Cuando sus cuerpos maduraban, las muchachas eran víctimas de agresiones indecentes y violaciones; muchachas como Hongxue, cuya única experiencia sensorial provenía de una mosca; Hua'er, que fue violada por la revolución; la mujer del contestador automático que fue descasada por el Partido; o Shilin, que nunca sabría que ya era una mujer adulta. Los perpetradores de estos crímenes fueron sus profesores, amigos, incluso padres y hermanos [...]»
Mujeres chinas fuera de China

La autora escribió y publicó Nacer mujer en China en Londres a donde marchó, como he dicho, en 1996 en busca de libertad y una educación mejor para su hijo Pan Pan. El libro se lee muy bien aunque quizás pesen sobre él los ya casi 20 años transcurridos desde su publicación en 2003. Hoy la visibilidad de los problemas de la mujer en una sociedad que evolucionaba de la tradición patriarcal a una sociedad más moderna y avanzada está más que sabida y conocida por la ciudadanía. Hay historias de mujeres en esos quince capítulos que datan  nada más y nada menos que del año 1975. De entonces a hoy toda la sociedad occidental -y creo que la China también en gran medida- ha evolucionado y al menos en Occidente se defiende la dignidad de cualquier mujer. Es en este sentido que pienso que la oportunidad de lectura de este libro más periodístico que literario, aunque también contenga un lenguaje cuidado en muchas ocasiones, haya quedado un tanto alejada en el tiempo. En 2003, estoy seguro, su contenido asombraría mucho más que hoy; pero pese a ello no está de más saber las barbaridades que sobre la mujer se cometieron en la China desde tiempo inmemorial y especialmente en los terribles años de la Revolución Cultural. 

Fragmentos del libro especialmente significativos:
  • «una buena mujer china está condicionada para comportarse de una manera dulce y sumisa, y se llevan este comportamiento a la cama. El resultado es que sus maridos acaban diciendo que no tienen atractivo sexual y las mujeres se someten a la opresión, convencidas de que es culpa suya.» (capítulo 3, "La estudiante universitaria")
  • «Los hombres quieren a una mujer que sea una esposa virtuosa, una buena madre capaz de hacerse cargo de todas las tareas domésticas, como una criada. Fuera del hogar debe ser atractiva y cultivada, y debe honrarlo. Y en la cama debe mostrarse como una ninfómana.» (capítulo 3, "La estudiante universitaria")
  • [Se refiere al terremoto que en 1976 destruyó la ciudad de Tangshan y provocó 300000 muertos. La autora comenta que como en la obra de Kafka no se supo de él porque fue ocultado por las autoridades]  «Con la grandeza propia de las madres crearon nuevas familias para niños que habían perdido sus padres. Para mí, estas mujeres son la prueba de la fuerza inimaginable de las mujeres chinas. Como madre puedo imaginarme la perdida que debieron sufrir, pero no sé si yo hubiera sido capaz de mostrarme tan generosa en medio de su dolor.» (capítulo 5, "Las madres que soportaron un terremoto").
  • «Los periodistas de la emisora de radio debían asistir dos o tres veces a la semana a clases de estudio político punto las sesiones de estudio comprendían las opiniones de Deng Xiaoping acerca de la política de reformas y apertura y la teoría económica de Jiang Zemin. Nos bombardeaban una y otra vez con los principios y la trascendencia política de las noticias, y no había sesión en la que no se condenará a varios colegas por alguna falta.» (capítulo 7, "La mujer que amaba a las mujeres")
  • «La moda en China siempre ha sido politica. En la década de los 50, la gente convirtió en moda a seguir el estilo de vida del comunismo soviético. [...] Durante la Revolución Cultural estuvo de moda trasladarse al campo para ser 'reeducados'. [...] En la década de los 80, tras la política de reforma y apertura, la gente empezó a poner de moda entrar en el mundo de los negocios.» (capítulo 14, "Una mujer a la moda")

Título
: Nacer mujer en China

Autora: Xinran Xue

Editorial: RBA

Año de edición: 2003

Páginas: 304

ISBN: 9 788495 908476

27 jun 2021

Lorenzo Silva. "Castellano". Buscando una identidad

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«Un relato de hechos que no excluye la conjetura, ni siquiera la elaboración literaria de los personajes, pero trata de ceñirse a lo que la historiografía ha averiguado de sus acciones y su carácter, a lo que de ellos está documentado —a menudo, en sus propias palabras—, sin renunciar a trasladar al lector la complejidad, en algún caso prolija, de lo que se ventiló en Castilla —y sobre Castilla, y contra ella— en los dos años que transcurrieron entre la primavera de 1520 y la de 1522.» (pág. 240)


Lorenzo Silva, Historia novelada, No ficción, Castilla, España de las Autonomías
“Castellano” de Lorenzo Silva es una búsqueda de la propia identidad, de lo castellano, de aquello que a los aquí nacidos nos hace distintivos y enraizados en ese lugar. El autor, partiendo del hoy, busca en el ayer de la revuelta comunera sofocada por las tropas del emperador Carlos I el 23 de abril de 1521 la propia idiosincrasia castellana. ¿Existe tal identidad? ¿Ha sido una operación decididamente calculada cuartear Castilla en un sinnúmero de comunidades menores: Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid, La Rioja, Cantabria… a fin de cercenar ese posible impulso identitario? ¿En qué reside lo propiamente castellano?... Un sinfín de preguntas a las que quiere dar respuesta le sobrevienen al escritor. Lo hace de una manera narrativa a partir de documentos conservados de la época y de autorizadas interpretaciones históricas. No estamos ante una novela histórica, ni ante una mera recopilación de documentos históricos. El mismo Lorenzo Silva no sabe situar el libro dentro de un género determinado («Quizá se la pueda llamar novela. O quizá no. Decídalo quien la lea»); en algún momento arriesga que la obra pueda ser, dice, un ensayo histórico, pero se inclina –y yo con él- por el de la novelización de un momento histórico.

 Me ha gustado el libro, aunque a veces me haya resultado un poquitín -muy poquito, la verdad- tedioso [o prolijo, como gusta decir el escritor], dado el deseo de fidelidad del autor a lo auténticamente acaecido. No quiere el creador de Chamorro y Bevilacqua ser tildado de urdidor de patrañas, de presentar actores de la Historia sin base suficiente, y para ello ha de ser fiel y abandonar en algunos momentos la narratividad en pro de la Verdad que está presentando. Pero Lorenzo Silva sabe solventar esos momentos de pura historicidad documental con referencias a la propia actualidad del viaje que en contrapunto con lo investigado está realizando por tierras de Castilla donde sabe encontrar vestigios del pasado y auténticas muestras de castellanismo. Es un viaje en un doble sentido, externo e interno («esto es el relato de un viaje: de cómo, contra todo pronóstico, alguien que nunca tuvo noción de ser nada, en términos de adscripción colectiva, y que podría no ser quien lo narra, acaba siendo y sintiéndose algo.»). El autor se pasea por Covarrubias, por Villalar, por Alcalá de Henares, por Toledo…, por tantos y tantos espacios que en sus palacios, murallas, e iglesias guardan memoria, restos, recuerdos del pasado vibrante de este pueblo brioso. En el análisis y búsqueda de la identidad castellana Silva tiene en cuenta muchos razonamientos de autores importantes. Muy significativas son las opiniones de los intelectuales del 98 quienes en su pesimismo por la decadencia de España vuelven su mirada hacia Castilla a la que proponen como el rescoldo que hay que atizar dado que, en su opinión, contiene la esencia de lo español. Mucho mal ha hecho esta consideración a Castilla al identificarla con España cuando España está formada por la suma de muchas otras zonas e identidades. Al tiempo, los Machado, Unamuno, Valle y otros reniegan de esa Castilla que desprecia cuanto ignora. Y así Lorenzo Silva pasa revista a otra serie de autores (Ganivet, Azaña, José Mª Maravall, Miguel Delibes, Fernando Martínez Gil…) que le sirven para ir construyendo –más bien buscando- la posible identidad castellana.

El viaje físico, real, que por tierras castellanas realiza el escritor se fecha entre abril de 2020 y febrero de 2021. En 2020 el escritor pasea por el campo próximo a su domicilio en Illescas donde reside desde hace unos años. Illescas, Toledo, abril y el 23 de ese mes en que se conmemora la derrota en Villalar de los Comuneros de Castilla le lleva a evocar los sucesos y las personas que en esos dos años de hace 500 -de 1520 a 1522- se levantaron contra el poderosísimo emperador, el César de Roma, en defensa de su libertad. En este viaje el novelista recorrerá los lugares principales de la gesta que encabezaron Padilla, Bravo y Maldonado hasta llegar a Villalar donde sus cabezas serían separadas de sus cuerpos y mostradas en picas como advertencia para aquellos que pudieran sentirse tentados a seguir sus pasos
«Antes de venir hasta aquí he estado haciendo la ruta de sus correrías y las de sus enemigos. He ido desde Medina de Rioseco hasta Tordesillas, por Castromonte y Torrelobatón, y desde Torrelobatón hasta Villalar, pasando por Vega de Valdetronco, donde Padilla quiso dar al adversario la batalla que sus soldados, por indisciplina o porque no le oyeron, prefirieron eludir para caer más adelante como moscas bajo las lanzas imperiales
Busca luego los enterramientos de los líderes del movimiento. Los de Bravo en Segovia y Maldonado en Salamanca está documentado que se realizaron en sus respectivas ciudades; el de Padilla sin embargo no se encuentra en Toledo al haber quedado la ciudad imperial, rebelde, en manos de su esposa María Pacheco quien se negó durante unos breves meses a entregarla a los imperiales. Buscando, pues, el posible emplazamiento de los restos del comunero toledano el escritor llega un «mediodía de febrero de 2021  ante los restos del monasterio jerónimo de la Mejorada, cerca de Olmedo, en Valladolid. Aquí, bajo jurisdicción y custodia real y a cargo de los monjes jerónimos, María Pacheco y el prior de San Juan, en nombre de los virreyes, acordaron en octubre de 1521 que descansarían los restos de Juan de Padilla en espera de ir a Toledo.». Hoy, lo que fuera el Monasterio de Santa María de la Mejorada, próximo a Olmedo en la provincia de Valladolid, es una Bodega de excelentes caldos extraídos de los viñedos de la zona. El edificio fue realizado por Rafael Moneo quien lo restauró e integró con la fábrica moderna que exige una bodega en la actualidad los restos arquitectónicos del derruido monasterio. 

Lo anterior viene un poco a resaltar una de las características del carácter castellano: el descuido por lo propio, nuestra secular incuria. Lorenzo Silva vuelve este defecto -grave defecto en mi opinión- del revés y lo convierte en hecho diferencial:
«Este proverbial descuido, esta indiferencia hacia sí mismos y sus símbolos tan característica de los castellanos, que ninguna otra nación se permitiría y que a muchas llegaría a escandalizar, tiene un reverso saludable y liberador. Vive el castellano exonerado de la pesadez y la prosopopeya del homenaje a los emblemas y los figurones patrios. Se puede ser castellano sin necesidad de andarlo proclamando con aire solemne ni de ponerse en pie con la mano en el pecho cuando suena un himno, sin sentir siquiera la necesidad de rendirle pleitesía a una heroína nacional antes que a un ficticio niño hechicero.»

Cantar de Mío Cid, Comunidades de Castilla, Villalar, Derrota de los comuneros, 23 de abril
Antes de concluir con esta afirmación, Silva relaciona el movimiento de libertad de las Comunidades con la creación de la propia Castilla. Esta,  según se desprende del Poema de Fernán González, se desgajó del Reino de León que la tenía asfixiada. También el Poema de Mio Cid, -buen caballero si oviera buen señor-, muestra una acción heroica de alguien que en ejercicio de su propia libertad engrandecerá al rey a pesar de lo mal que éste lo ha tratado. Abundan estas dos obras en la idea de que es la Libertad -así con mayúscula- y la lucha contra la injusticia lo que alberga el alma de los castellanos. Un alma que encuentra su más alta plasmación en el idioma que usaban quienes conquistaron un Nuevo Mundo y que hoy hablan más de 500 millones de personas. Es este idioma en el que escribió Cervantes El Quijote, obra donde el ilustre alcalaíno señaló en negro sobre blanco el inmenso valor que tiene la libertad, «ese don con el que "no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre" y por el que "se puede y debe aventurar la vida", mientras que el cautiverio es "el mayor mal que puede venir a los hombres"».

Una lengua que, paradójicamente, es hoy la de aquellos países que en ejercicio del carácter que hasta esas nuevas tierras llevaron los castellanos decidieron continuar la aventura por su cuenta sin abandonar el idioma en el que hicieron sus proclamas y siguieron creando sus escritos. Habla especialmente con cariño el autor del tagalo José Rizal, amante de la cultura legada por España, en especial su lengua, en la que escribió no pocas cosas y con la que luchó para que la metrópoli fuese receptiva a las peticiones de las Islas Filipinas: «El país no piensa separarse de la madre patria, no pide más que un poco de libertad, de justicia y de amor; aún espera, cree y sólo se levantará cuando haya perdido la paciencia», decía quien a su pesar fue convertido en mártir de la independencia filipina al ser fusilado de espaldas por traidor a la patria por las tropas que comandaba el General español Camilo García de Polavieja.

Como cierre de la reseña quisiera poner en valor lo bien que Lorenzo Silva narra los acontecimientos históricos y presenta a los diversos protagonistas de los mismos. Aparecen éstos muy bien retratados acercándonoslos a nuestra actualidad. Los Laso de la Vega y su choque con los Girón es vívido, la genealogía de los Maldonado salmantinos y de los Bravo segovianos me ha parecido interesante por demás, los distintos nobles de uno y otro lado (el Almirante de Castilla, don Fadrique Enríquez; el condestable de Castilla, don Íñigo Fernández de Velasco; el padre de Maria Pacheco, don Iñigo López de Mendoza; el regente holandés, Cardenal Adriano, que luego se vería elevado al papado como Adriano VI; la reina Juana; etc.) aparecen bien caracterizados y se hacen reconocibles para nuestra sensibilidad actual.


Final
Como tantas veces ocurre en la vida, la chispa que dio origen a esta novelización de la Historia surgió estando escuchando el autor, en uno de sus viajes en coche camino de uno de los centros de secundaria adonde es invitado a hablar a los adolescentes de su obra literaria, el poema épico de Luis López Álvarez Los comuneros, en su correspondiente versión musical de Nuevo Mester de Juglaría


Este canto esperanzador sobre Castilla lanzado con entusiasmo por el poeta Luis López Álvarez, musicado y cantado de manera magistral por los integrantes del grupo artístico provocó que un 23 de abril del año 2017 durante la fiesta anual que se realiza ese día en Villalar de los Comuneros en memoria de esa derrota Lorenzo Silva se preguntase qué constituye o dónde reside la esencia de lo Castellano, precisamente el título que da al libro. Creo que la lectura de "Castellano" da varias claves muy interesantes sobre este asunto.

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19 nov 2020

"Juan Belmonte, matador de toros". Manuel Chaves Nogales

23 comentarios:

La figura de Manuel Chaves Nogales siempre me ha atraído. Su independencia y más en los tiempos convulsos que le tocó vivir me parece digna de elogio. Hace siete u ocho años reseñé en este blog su colección de relatos cortos "A sangre y fuego" que, prueba de la inquina que le tenían las dos Españas de Machado, no se publicó en nuestro país hasta ¡¡el año 2011!! cuando había aparecido publicado por vez primera el año 1937 en Chile.


Desde que leí esos relatos me interesé por su Obra. El libro que reseño aquí es una biografía cuyo título completo es: "Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas". Se publicó en 1935 y es considerada por muchos como su obra literaria más representativa. Apareció por entregas semanales en la revista "Estampa" desde el mes de junio de 1935, para ya a finales de ese año salir en formato de libro.


La forma narrativa que le da Chaves Nogales al cúmulo de anécdotas que el torero trianero le debió de contar en las entrevistas que el periodista le hizo para la confección de la obra es la de una serie de escritos al estilo de los artículos periodísticos que agrupó en 25 capítulos. Cada artículo va precedido de una frase que es la sustancia de lo que en él se dice. Este procedimiento me parece muy propio del periodismo. La maestría del autor se percibe en la manera como logra dar continuidad cronológica al conjunto de anécdotas creando así lo que ha venido a definirse como una "biografía novelada", "novela vivida" o "novela de la realidad". Como se ve, pues, el periodista sevillano está en la base de la aparición en España del Nuevo Periodismo, de la no-novela o novela de no ficción

Cuando el periodista, de criterio siempre independiente, elige para este su mayor proyecto literario la figura de Juan Belmonte no lo hace sin intención. Juan Belmonte había nacido en el seno de una familia muy humilde -su padre tenía un puesto de quincallería en los mercadillos- y en el momento de la redacción del libro el torero ya era un propietario rural con reses en su cortijo y con servidumbre en casa. Todo lo había ganado a fuerza de trabajo y, por su profesión, muchas cornadas. Por esos años (1934 y 1935) en España están sucediéndose expropiaciones de fincas por parte de Sindicatos Obreros que muchas veces eran claramente abusivas pues no a todos la riqueza les había caído del cielo, y tampoco todos los dueños de cortijos y de reses eran explotadores de sus trabajadores. Como siempre, Manuel Chaves Nogales se posiciona en ese lugar intermedio que no contenta a nadie y que por definición ocupa quien al final se lleva todas las tortas de uno y otro lado.

Literariamente los artículos que componen la novelita me han recordado mucho a los de Larra por el pintoresquismo que hay en muchos de ellos y a la tradición de la novela picaresca española, presente sobre todo en aquellos capítulos iniciales en los que Juan Belmonte junto a otros siete chaveas se las ingenia para de noche ir a tentar a los toros que pastan en las dehesas, sobre todo en la de la Tablada. Se muestra la  innegable afición al toreo del futuro matador y cómo, respetando las normas y el orden establecido en función de la categoría torera adquirida dentro del grupo de maletillas, Juan, que comenzó siendo el último en dar un capotazo al toro, vaquilla o churrato, poco a poco va ascendiendo en el escalafón hasta ocupar el segundo puesto por detrás sólo de Riverito, el líder del grupo de maletas que se reunía junto a la fuente en la sevillana plazuela de San Jacinto.

Frente a los toreros triunfantes, Bombita y Machaquito, la pandilla de la plazuela de San Jacinto, anarquistas del toreo, admiraban a Antonio Montes. También eran anarquistas de los tentaderos donde los señoritos solían reírse de los torerillos; por eso ellos prefieren en las noches de luna llena hacerlo a campo abierto toreando por estricto orden de méritos: primero Rivero, el mejor, a quien ninguno cuestionaba, y luego el resto.

Hay mucho costumbrismo taurino andaluz, que me ha recordado muchísimo también la poesía de García Lorca: los toros, los guardas, los zagales torerillos apartando la res de la manada, la guardia civil caminera, incluso la muerte del torerillo por disparos de la benemérita o la herida por la cogida del animal son motivos muy lorquianos. La afición que tienen los chicos es tal que llegan a torear sin luz de luna para evitar a los guardas. En una noche así auxiliados sólo por candilejas de acetileno Belmonte sufre un empellón del  becerro que le estropea el traje que estrenaba por Pascua: “Me palpé. Apenas podía incorporarme. Tenía la cara desollada, el cuerpo magullado y el traje hecho trizas. ¡Mi traje italiano de Semana Santa! ¡Qué iba a ser de mi!” ¡Que costumbre tan arraigada era hasta no hace tanto estrenar algo nuevo el Domingo de Ramos!

Juan trabaja para ayudar a la familia que las está pasando canutas, pero el toro le tira por demás. Hasta el punto de que en un momento se da cuenta de que él podría ayudar a su familia si de verdad consigue que le den alguna oportunidad. Comienza así a relacionarse con señores de Sevilla que acuden a las capeas y ya se han fijado en él. Al comienzo las condiciones son onerosas, sólo le falta tener que pagar por torear, pero poco a poco logrará llamar la atención y que algún empresario lo contrate. Su valor y sobre todo su innovadora manera de torear le ganará adeptos y comenzará a participar en novilladas sin picadores para ya en 1913 dar el campanazo en Barcelona con un éxito tan grande que llegó hasta ser criticado por el seny catalán: 
 "Empecé a torear al año siguiente en el mes de febrero. Fui a Barcelona, donde tomé parte en dos novilladas, en las que me ayudó la suerte. Me pasearon en hombros por las Ramblas, y algún periódico protesto contra el hecho de que un pueblo culto como el catalán hubiese dado aquel espectáculo, a su juicio bochornoso." (en el cap. 11, "Halago y tormento de la popularidad")

Estos capítulos, que cuentan el difícil acceso de Belmonte a la torería, están plagados de gracia andaluza, de la belleza del lenguaje popular, visible sobre todo en un vocabulario chispeante y penosamente hoy olvidado o en vías de extinción. He aquí algunos ejemplos: 
  • garbear' (robar al descuido, pillar dinero), 
  • catrecillo' (silla de tijera), 
  • despejados (con los pies maltratados de tanto andar), ‘
  • vestido de distintos (con traje nuevo o o de domingo), 
  • aguaducho' (pequeño puesto o establecimiento en el que se vende agua, refrescos y otras bebidas)
  • consumeros (funcionarios que controlaban la aplicación cotidiana de una tasa que gravaba directamente los artículos de primera necesidad, las cosas 'de comer, beber y quemar', como se decía en aquel entonces.) 
  • regatón' (Casquillo , cuento o virola que se pone en el extremo inferior de las lanzas , bastones , etc., para mayor firmeza)
  • manijero' (Hombre encargado de contratar obreros para ciertas faenas del campo )
  • arregostado (Según la última edición del DRAE, significa ‘engolosinarse, aficionarse a algo’ y es un verbo pronominal. ‘malacostumbrarse')
  • chicolear' (decir chicoleos:Dicho o donaire dirigido por un hombre a una mujer por galantería)
  • espurrear' (Rociar algo con agua u otro líquido expelido por la boca)
  • rehilete' (dardo)
  • echarse al surco" en el sentido de ‘abandonarse (‘mi padre se echó al surco')
  • hule" [“partidarios del hule"] en tauromaquia mesa de operaciones por tener una pieza de hule sobre ella
  • ratimago' (Artería, engaño, artimaña.)
El anecdotario es muy grande y se lee muy bien aunque hoy, quizás, este mundo está en franco retroceso. Aunque el momento en que vivió podría decirse que son los años de oro del toreo, sin embargo otras diversiones populares como el fútbol e incluso el Cine se estaban abriendo camino hurtándole público a las plazas de toros. Pero con todo y con ello Juan Belmonte triunfa rodeado de  compañeros de lidia tajgién muy populares. ¿Por qué en medio de este extraordinario plantel Belmonte se hizo hueco? Pues simple y llanamente porque hizo su gran aportación al toreo que fue "saber conducir al toro y no al revés. Según los mejores revisteros taurinos de la época como yo toreaba no habían toreado jamás Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Espartero, Fuentes, Bombita, Machaco, los Gallo... ."

Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz; los escritores Pérez de Ayala, Gómez de la Serna, José María de Cossío, Salvador de Madariaga y Juan Ramón Jiménez,
Belmonte formó tándem en muchas plazas con Joselito. Era una sana competencia que les servía a ambos para crecerse en los momentos de bajón que también sufrían. También toreó varias veces con Sánchez Mejías. Al igual que Ignacio, Juan Belmonte era amigo de frecuentar tertulias de intelectuales del momento. Desde muy pronto por su manera de torear captó el interés de artistas y escritores quienes,  siendo aún novillero, le realizarán en Madrid un homenaje en el que participan Valle-Inclán, Romero de Torres, Julio Antonio, Sebastián Miranda y Pérez de Ayala. Incluso retirado de las plazas mantendría relación con el doctor Marañón y hasta con un joven José Luis Pinillos.

Fue un torero que leía mucho, que se interesaba por lo que sucedía a su alrededor. Tuvo a lo largo de su vida algunas crisis depresivas y sufrió tendencias suicidas. Cuando Manuel Chaves Nogales publica el libro en 1935 al torero aún le restaban muchos años de vida. Murió, -nos dice Felipe Benítez Reyes en el estupendo prólogo que escribió para la edición que he manejado, la de Libros del Asteroide del año 2009-, el año 1962 de un tiro que se pegó en una de las múltiples cicatrices que en su cara daban fe de su arrojo y valor. Las tendencias suicidas de las que le habló a Chaves Nogales en las charlas que precedieron a la confección del libro quizás se intensificaran con la enfermedad que padeció su mujer, la peruana Julia Cossío, que le hizo ir a Suiza a tratarla y con las muertes de compañeros de profesión en especial la de Joselito el año 1920 en la Plaza de Talavera de la Reina; también la propia Guerra Civil, así como el miedo que decía sentir previamente a salir a torear; pero sobre todo su pundonor y torería eran incompatibles con la vejez que a punto de cumplir 70 años se le echaba encima. Fue gran amigo del humorista Julio Camba a quien conoció vivir sus últimos años entre terribles padecimientos. Él no quería eso para sí mismo. Arregló todos sus asuntos (testamento, dinero en mano a su última relación amorosa, escrituras en orden...) y se descerrajó un tiro por encima de la oreja derecha. Como se ve todo muy torero.

Final
Para finalizar quiero destacar algunos momentos del libro que me parecen especialmente significativos. Juan Belmonte no eludía asunto alguno. Muy interesante y literariamente magníficamente resuelto por el escritor es el tema de la pervivencia futura o no de la fiesta de los toros. En el capítulo 15, "Supersticiones taurinas" se lee un diálogo alegórico entre el Miedo y Belmonte en el que el primero le dice al torero: "Dentro de unos años, a lo mejor, no hay ni aficionados a los toros, ni siquiera toros. ¿Estás seguro de que las generaciones venideras tendrán en alguna estima el valor de los toreros? ¿Quién te dice que algún día no han de ser abolidas las corridas de toros y desdeñada la memoria de sus héroes? Precisamente, los gobiernos socialistas…" Estábamos en 1935 y ya la Fiesta comenzaba a ser muy cuestionada por algunos sectores sociales.

Más rotundo y mucho más profundo es lo que en el epílogo del libro dice Belmonte sobre "la decadencia del toreo":
"La lidia se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo al modo moderno, es decir, desustanciado. Subsiste la belleza de la fiesta; pero el elemento de la dramático, la emoción, la angustia sublime de la lucha salvaje se ha perdido. Y la fiesta está en decadencia."
De política poco se habla en esta biografía. En el fondo porque Juan Belmonte nacido en 1892 en la calle de Feria en el barrio de la Alameda, y enseguida vecino del barrio de Triana a donde las familia se trasladó, vive la vida tal como viene. Por eso cuando llega la República él que jamás se había significado políticamente y que era un ídolo de multitudes no tiene miedo de correr peligro alguno pese a ser rico y vivir en Andalucía donde el anarquismo del campo estaba creciendo mucho. Es en el último capítulo donde aparece alguna consideración sobre el asunto:
"El 14 de abril no marcaba la hora del soñado reparto, y cuando desde Madrid intentaron convencer a los braceros andaluces de que era sí, los ánimos se ensombrecieron, y la lucha entre los pobres y los ricos se hizo más dura y enconada. Creció el odio al propietario, bueno o malo, sólo por ser propietario, y al socaire de las teorías anticapitalistas invadieron el campo cuadrillas de expropiadores, que no eran otros que los tradicionales algarines, los raterillos rurales, que siempre habían andado a salto de mata, y ahora tornaban un aire altivo de ejecutores de la justicia social. Ladrones de campo y cuatreros siempre ha habido en Andalucía; pero nunca, ni en la época del bandolerismo legendario, se ha considerado el robar como un timbre de orgullo."
Un periodista independiente

En cuanto al escritor es prueba de su inquebrantable independencia y soberanía intelectual que por las famosas dos Españas de las que hablaba Machado fuese cuestionado y expulsado. Decir la verdad siempre es lo que tiene y ser partidario de un movimiento no equivale a ser feligrés cual si de una religión o de una iglesia se tratase. Así el sevillano Manuel Chaves Nogales que saludó con entusiasmo la llegada de la República en 1931 no por eso cerraría los ojos a los excesos y abusos que observaba se estaban produciendo. De igual manera procedió cuando estallada la Guerra Civil denunció con fuerza las masacres franquistas realizadas en las localidades en las que los golpistas entraban a sangre y fuego, precisamente tal cual reza el título de su colección de relatos cortos sobre la guerra civil española, cuya lectura recomiendo a cualquiera.