«Compró un ejemplar del Diario del pueblo. En sus días de instituto, había creído todo lo que publicaba en sus páginas, incluido un término en particular: a saber, «dictadura del proletariado». Significaba una dictadura de transición lógicamente necesaria para alcanzar la fase final del comunismo, con lo cual se justificaban todos los medios en aras de ese fin último. No obstante, la expresión «dictadura del proletariado» ya no se usaba, pues ahora, en su lugar, se hablaba de “los intereses del Partido”.»
Sinopsis(proporcionada por Tusquets, editora en España de sus novelas)
Un viernes de mayo de 1990, Gao Ziling, capitán de la patrullera Vanguardia, sale a pescar con un amigo al que no veía desde la época del instituto. De regreso, en el canal Baili, a unos treinta kilómetros al oeste de Shanghai, algo impide el avance de la patrullera. Cuando Gao se lanza al agua para ver qué le ocurre a la hélice, descubre una gran bolsa de plástico negra y, en su interior, el cadáver de una joven desnuda. El capitán Gao avisa de inmediato a la policía y, casualmente, atiende su llamada el subinspector Yu, quien trabaja a las órdenes del inspector jefe Chen. Éste, recién ascendido y tras estrenar piso, no tardará en descubrir que la joven, empleada de los grandes almacenes Número Uno de Shanghai, era una trabajadora modélica cuya entrega a la causa del Partido la convirtió en una celebridad. Ahora debe investigar qué se oculta detrás de la muerte de esa «heroína roja»
Con esta novela se dio a conocer el poeta Qiu Xiaolong en el ámbito de la narrativa. Muerte de una heroína roja es la primera de la serie de novela negra protagonizada por el inspector jefe de policía en la ciudad de Shangai Cao Chen. Ya desde la primera página nos encontramos con un joven policía que dentro de la política de renovación de cargos promovida por Deng Xiaoping ha llegado a inspector jefe de la comisaría de casos especiales de Shangai. Su rápido ascenso ha despertado recelos en no pocos de los policías a su cargo; destaca entre ellos el subinspector Yu Guangming quien con su esposa Peiqin y Qinqin, el hijo de ambos, vive en una pequeña habitación dentro de un edificio comunitario. La envidia proviene no sólo por el cargo que ocupa cada uno sino también por otras cuestiones, no siendo la menor la concesión a Chen por el Partido de una vivienda mientras que Yu y el resto de agentes viven en condiciones más que precarias
«El resentimiento que expresaban Yu y otros compañeros de la oficina se debía no sólo a su rápido ascenso, producto de la política de cuadros de Deng, sino también a sus actividades literarias que, en opinión, además de en conveniencia, de todos, constituían una desviación de sus obligaciones profesionales.»
Efectivamente, el inspector Jefe Chen es un policía peculiar que tiene más de una coincidencia con el propio escritor. Los padres de ambos, -el del héroe novelesco es profesor de Literatura en la Universidad-, fueron represaliados durante la revolución cultural acusados de pecados burgueses capitalistas. El novelista, para poder salvar a su padre del castigo diario que recibía en la fábrica a la que había sido condenado a trabajar como simple obrero por haber sido pequeño empresario de perfumes, le escribió una autoconfesión de culpabilidad que mereció la aprobación de la Guardia Roja. Ambos, pues, Cao Chen y Qiu Xiaolong, saben escribir, es más ambos son poetas, y saben moverse por el proceloso mar social de la China continental sin manifestarse explícitamente contrarios al Régimen político. Leyendo la novela se es consciente de que ese proceder es el único posible si es que se quiere sobrevivir en China.
La acción novelesca sucede durante el mes de mayo de 1990 tras la conmoción que supuso en el mundo entero y en el propio país los sucesos de la plaza de Tiannamen del verano de 1989 («Tras lo que sucedió en la plaza Tiananmen el pasado verano, muchas personas siguen dudando de la solidez de nuestro sistema socialista.»). Es fundamental tener siempre presente esta ubicación temporal para entender el comportamiento de Chen y de las autoridades del país. Se trató de un momento muy complicado políticamente en el que los elementos reaccionarios pugnaron por revertir el proyecto que Deng Xiaoping había bautizado como el de "Un país, dos sistemas".
Esta situación en un período de la historia de China tan frágil hace de esta novela algo muy interesante de leer. Muchas cosas se aprenden con esta lectura: Cómo fue imponiéndose el sistema capitalista en la China socialista; cómo los políticos utilizan una hipócrita retórica socio-comunista para eliminar o salvar a quien o quienes les interesa; cómo la vida real y privada de las personas (en especial las relaciones íntimas) fueron abriéndose paso pese a la retórica oficialista de oposición a la libertad en las relaciones amorosas; cómo las empresas extranjeras iban instalándose en el país; cómo está surgiendo una clase social de jóvenes adinerados que por conseguirlo hacen cualquier cosa; cómo especialmente las chicas jóvenes del campo o de ciudades de provincia alejadas de las opulentas zonas especiales se desplazan hasta éstas y se emplean en salones de masajes, hoteles, modelos fotográficas..., para conseguir al dios del dinero; cómo convive la China tradicional, presente en las numerosas referencias a leyendas ancestrales y citas de versos de poetas de diversas dinastías imperiales, con la pujanza del vicio y el puro materialismo acaparador de objetos; etc.
Todo lo anterior está en el texto de esta novela expresado con un lenguaje sugerente, hermoso, poético, embriagador. Se diría que pese al contexto de thriller del relato (la persecución y búsqueda del asesino de la joven Guan) estamos ante una novela que se demora en las cosas sencillas, en la naturaleza que envuelve la vida de los seres humanos y que éstos en su vorágine están olvidando. Es una manera de narrar poco convencional para una novela detectivesca, policial. Contribuye decisivamente a esta sensación la acumulación de citas poéticas que el autor introduce en el texto de mano del personaje Chen Cao, que como su país ('un país, dos sistemas') encierra en él dos sensibilidades: la de policía y la de poeta.
el viejo proverbio tenía razón: «Un Buda, aunque sea de arcilla, debe estar cubierto de oro».
¿Era posible que Ouyang también tuviera problemas? Quizá no. Al menos él todavía andaba por ahí, con bastante dinero para hacer una llamada de larga distancia y el ánimo suficiente como para citar poemas de las dinastías Tang y Song.
recordó unos versos de Wan Changling: «Si mis parientes y amigos preguntan por mí, / diles: un corazón de hielo puro, un florero de cristal». Con eso bastaría, y luego se sentó a trabajar.
A las citas poéticas y alusiones legendarias propias de la China tradicional se unen, dentro del culturalismo que exhibe Qiu Xiaolong en Muerte de una heroína roja, las referencias a títulos literarios y cinematográficos. De los libros que se citan es Sueño en el pabellón rojo del novelista chino del siglo XVII Cao Xueqin el más nombrado. Le sirve al autor para mostrar la dualidad y complementariedad existente en la pareja formada por Yu y Peiqin. Peiqin, que trabaja en un restaurante, está leyendo en el relato esta novela clásica y enfoca el caso de Guan, que investiga su marido, a través del comportamiento de la heroína de Sueño en el pabellón rojo. Así, cuando éste le dice que la asesinada trabajadora modelo Guan no tenía relación con ningún hombre, Peiqin no puede creerlo:
«—Te reirás de mí, Guangming, pero como mujer no puedo creerlo. Quiero decir..., lo que pasa entre un hombre y una mujer. Estamos en los años noventa.
[...]
—Pero eso va contra la naturaleza humana, como Miaoyu en Sueño en el pabellón rojo. —¿Quién es Miaoyu? —preguntó él. —Miaoyu, una bella y joven novicia que lleva una vida dedicada al ideal abstracto del budismo.
[...]
—Pero Miaoyu no es más que un personaje de una novela.
—Pero es muy auténtica. La novela desvela con gran perspicacia el fondo de la naturaleza humana»
Esta manifestación respecto a la verdad que se encierra en muchas novelas no deja de ser un guiño a la verdad que encierra esta novela de Qiu Xiaolong respecto a la vida política, socio-laboral y privada de la sociedad china durante esos años de transición.
Interesantísima, en mi opinión, es la presencia de mujeres libres en el relato. Todas, salvo la asesinada Guan, curiosamente presentada a la sociedad como ejemplo a seguir de mujer trabajadora, son seres que se comportan haciendo uso de su propia voluntad, no están sujetas a nadie (o a casi nadie). Así la periodista Wang con la que Chen sueña, la HCS (Hija de un Cargo Superior) Ling con la que años atrás el inspector jefe mantuvo relaciones, la masajista Xie que voluntariamente se dedica a este trabajo para procurarse una buena cantidad de dinero... Cuando ellas aparecen en el relato, éste aumenta en tensión erótica
«Xie se levantó y entró en el baño, pero no cerró la puerta. Dejó caer la bata al suelo, que quedó hecha un bulto a sus pies. Sus pechos desnudos y su cadera se reflejaban en el espejo. Chen se giró hacia la ventana. Cuando volvió, se había puesto un vestido blanco de verano y tenía un pequeño bolso que le colgaba de un hombro. No llevaba sujetador y los pezones parecían casi impresos en el vestido.»
Respecto al erotismo contenido en algunas páginas de la novela, hay que decir que cuando la novela, aparecida primero en Estados Unidos en 2000, fue publicada en China se suprimieron las páginas en que aparecía. Tal es el funcionamiento allí de lo políticamente correcto.
Para finalizar
Para cerrar la reseña de esta para mí sorprendente y magnífica novela sólo diré que la comida ocupa lugar relevante en la misma. Lu, uno de los amigos íntimos del inspector Cao Chen tiene un restaurante, muchos de los encuentros amorosos y otros propios de la investigación policial se desarrollan en torno a una mesa.Qiu Xiaolongse demora en la presentación de los platos o la disposición de la mesa. Muchas veces, según leía Muerte de una heroína roja, venía a mi cabeza la novelística de Manuel Vázquez Montalbán y su detective Carvalho que amaba la comida y su elaboración por encima de muchas otras cosas.
«En la mesa, un mantel blanco, servilletas rosadas plegadas, palillos de caoba y cucharas plateadas de mango largo. El escenario era el idóneo para una cena sencilla: una pequeña olla de agua hervía en un infiernillo, y a su alrededor, el cordero cortado en lonchas finas como el papel, un plato de espinacas y una docena de ostras con rodajas de limón distribuidas en una bandeja, junto a pepinos marinados en vinagre y ajo al escabeche en unos platillos a ambos lados. Cada comensal tenía un plato con salsa.»
No sé si les sucederá a otros, pero a mí la morosidad con que el novelista presenta la trama y cómo se detiene en aspectos que se podrían ver como colaterales a la misma me ha encantado y me ha hecho disfrutar mucho de este relato, primero de su serie de novelas protagonizadas por este atípico policía poeta. Muerte de una heroína roja ha supuesto para mí descubrir a un escritor del que había leído varias reseñas de sus novelas, todas ellas elogiosas, en blogs muy fiables como son Las inquilinas de Netherfield, Cuéntame una historia, Leyendo con Mar, y alguno más que en estos momentos no recuerdo. Sin duda alguna, ya en 2025, volveré a disfrutar con el personaje creado por Qiu Xiaolong.
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Nota: Con este título del escritor Qiu Xiaoping relleno la letra X del reto "Autores de la A a la Z" completando así el mismo dentro del año, como debe ser.
«Chen Qingyang me confesó que cada vez que hacíamos el amor era una tortura para ella. Deseaba gritar, abrazarme y besarme desenfrenadamente, pero se negaba a dejarse arrastrar por aquel sentimiento. Había decidido que nunca amaría a nadie.»
Escapo de los calores -me escondo, más bien- recluido en casa con lecturas variadas a mi alcance. Una de ellas ha sido ésta que recomendaba a principios de año mi amigo Francisco en su blog "Un lector indiscreto". Así que desde aquí agradezco a Francisco su recomendación.
He disfrutado mucho leyendo las confesiones que el protagonista de la novela debe de hacer a sus reeducadores culturales durante el tiempo que pasó en una brigada de trabajo en una provincia fronteriza china. Sucedió en la llamada Revolución Cultural que asoló China durante los diez últimos años que estuvo bajo la implacable férula del caudillo Mao Zedong. Son confesiones referidas a las actividades sexuales desarrolladas por él, Wang Er , con Chen Quingyang, médico de la Granja de Reeducación en la que como tantos otros universitarios ambos habían sido confinados dentro de las campañas de reeducación establecidas en el país a lo largo de los años 1966 a 1976.
Si nos atenemos a lo que el narrador protagonista cuenta, tanto él como la médico con la que intimó coincidieron un tiempo en la Granja de trabajo a la que fueron conducidos a fin de convertirlos en "juventud educada" en los valores marxistas; valores que en opinión de los dirigentes del momento los jóvenes chinos estaban perdiendo. El propio autor, Wang Xiaobo, sufrió en carne propia esta política durante los años 1968 a 1970 siendo enviado a Yunnan Farm, el mismo centro donde suceden los hechos de la historia que se relata. Tenía en ese momento Xiaobo 16 años y estaba a punto de ingresar en la Universidad. Es precisamente la experiencia vivida durante estos dos años de estancia en el centro de reeducación la que le sirve de inspiración para "La edad de oro". Pero, insiste el autor, la historia que cuenta en La edad de oro no es la de su experiencia autobiográfica.
El reencuentro casual del narrador con Chen Quingyang «en la feria de Año Nuevo del parque Longtanhu de Pekín», veinte años después de los meses durante los que estuvieron relacionados, es el detonante para que Wang Er, relate en primera persona la experiencia vivida. Wang Er sufría de fuertes dolores lumbares debido a que había sido enviado por su jefe de brigada a plantar arroz, actividad que le exigía estar constantemente con el espinazo doblado en una posición muy forzada para su estatura de 1'90 metros. Por este motivo visitó a la médico de la Brigada 15, o sea a Chen Quingyang. Más tarde ella lo visitaría a él en su brigada, la número 14. Lo que comenzó siendo sólo una relación profesional y de mera amistad derivó casi sin darse ellos cuenta en una relación sexual. Aunque hubo momentos en que los dos jóvenes escapaban de la Granja llegando a pasar varios meses fuera de ella, siempre decidían regresar para evitar represalias mayores que les imposibilitaran salir de la misma y retomar su vida de estudiantes.
Para lograr salir de estas Brigadas de trabajo, dice en un momento de la novela el narrador, «el Grupo de Seguridad Popular nos obligó a seguir escribiendo la confesión. Tuvimos mala suerte, pues justo en aquel momento se había iniciado en todo el país un nuevo movimiento político y alguien había decidido denunciarnos.» Se les acusará de haber salido del país y ser espías extranjeros. Como tal cosa se demostró enseguida ser falsa, los del Grupo de Seguridad les exigen que escriban una autoconfesión acusándose de algo, por ejemplo de haber mantenido relaciones sexuales, lo que por contra sí era verdad pese a que ellos en principio lo negasen.
El sexo en La edad de oro, dice en el epilogo a la misma Miguel Sala Montero, traductor de la novela «juega un papel protagonista. En palabras del autor: "No lo hice (incluir escenas de sexo) por polemizar o resultar intencionadamente vulgar, sino como una forma de recuperar la memoria de aquellos años. Todos saben que las décadas de los sesenta y los setenta en China fueron una época 'asexual'"».
Es, pues, la mostración desinhibida del sexo una manera de criticar políticamente el sistema que durante cerca de 30 años dirigió China con puño de hierro. A la muerte de Mao Zedong en 1976 el país comenzaría un proceso de apertura socioeconómica que lo llevaría con el paso de los años a convertirse en una potencia mundial. Al tiempo que los ciudadanos prosperaban económicamente el Estado abrió algo la mano en el terreno cultural lo que literariamente hablando dio lugar a una serie de autores como Mo Yan [en este blog he reseñado sus novelas La vida y la muerte me están desgastando y Las baladas del ajo], Xinran Xue [en el blog reseñé hace poco Nacer mujer en China (Las voces silenciadas)] o Wang Xiaobo, quienes sin hacer mucho hierro cuestionan la política ejecutada y representada por la Banda de los Cuatro y critican muchos de los excesos a los que un equivocado celo ideológico condujo el inmenso país. Sólo he citado autores que he leído pero es evidente que en China fueron -lo son actualmente- muchas las voces que se levantaron contra los abusos del pasado. Pero no hay que engañarse: es mucha la represión y el control cultural que sufren actualmente los intelectuales en China.
Muy importante me ha parecido la libertad con la que la mujer se muestra en esta breve novela. Chen Quingyang al principio aparece muy preocupada por la opinión de golfa que sobre ella se tenía en la Granja:
«Para ser una golfa hay que acostarse con los hombres de otras y yo no me he acostado con nadie desde que mi marido entró en la cárcel hace ya más de un año; y antes tampoco. Por eso, no entiendo por qué todos me llaman golfa.»
Ella tras mantener durante meses relaciones íntimas con Wang Er jamás sintió que estuviese cometiendo ninguna falta, ningún delito, pues el sexo para ella no tenía nada de malo. Se lo reconocerá al narrador en ese encuentro póstumo en Pekín veinte años después de los hechos acaecidos en la Granja de reeducación:
«Aquella también fue su edad de oro. Aunque todos decían que era una golfa, Chen Qingyang nunca se sintió realmente culpable. Me reí. Según ella nos unía una gran amistad y lo que hacíamos no podía ser considerado pecado»
Sí, también para ella aquella fue su edad de oro, igual que lo fue para el narrador como él mismo lo declara en un momento de la novela. Y es que ser un joven de 21 años y poder tener sexo libremente consentido con una mujer joven de 23 es vivir un momento magnífico, quizás el mejor momento de la existencia. Y, claro, también así lo sintió ella aunque quizás por su educación, su condición femenina o lo que fuera reprimiese más su entrega que él . Sin embargo y contra todo pronóstico sería la confesión que ella escribió la que al fin y a la postre sirvió para que el comandante del campo decidiese ponerlos en libertad. ¿Qué confesó Chen Quingyang? ¿Por qué las múltiples confesiones escritas por Wang Er pese a ser escritor no sirvieron para lograr su libertad? Leyendo, leyendo, se alcanza a conocer el motivo; sólo os puedo decir que es un motivo muy hermoso, muy bello. Ya os enteraréis.
[en la Colina de los gritos] «las mujeres sólo son valoradas por su utilidad: como meras herramientas de reproducción que son, constituyen el artículo de comercio más preciado en las vidas de los aldeanos. Los hombres no vacilan en cambiar a dos o tres niñas por una esposa de otra aldea. Casar a una mujer de la familia con un hombre de otra aldea y recibir a cambio una esposa para algún hombre de la familia es una práctica muy común; de ahí que la mayoría de las mujeres de la Colina de los Gritos provenga de otras aldeas. Tras haber sido madres, son obligadas a ceder a sus propias hijas. Las mujeres de la colina en los gritos no tienen derechos de propiedad ni de herencia»
Varias veces a lo largo de este 2021 he señalado en algunas reseñas que el libro que en ese momento me disponía a comentar lo había elegido motivado por la letra inicial de su apellido. Sí, ya sé que suena poco erudito, poco literario, poco de... todo. ¿Elegir una lectura por la letra inicial del apellido? Muchos de quienes me visitan sabrán el porqué, incluso me atrevo a aventurar que muchos de ellos en algún momento habrán actuado igual. A varios ya os imagino asintiendo con la cabeza: el divertido Reto de 'Autores de la A a la Z' propuesto por Marisa en su blog Lecturapolis es el causante de este comportamiento, ¿verdad?
Si consultáis las bases de dicho Reto veréis que hay unas letras (la Ñ, la Ll, la Y y la X) que por su dificultad para encontrar apellidos que comiencen por ellas no son exigibles para completar el Reto, pero que de utilizarlas puntúan doble. Yo normalmente las omito, pero este año decidí completar el Reto en todas sus letras; es por ello que hube de buscar nombres o apellidos iniciados por estas poco habituales grafías, lo que entraña serias dificultades. Pedí ayuda a blogs amigos para la tarea de encontrar escritores cuyos nombres o apellidos tuviesen de iniciales estas infrecuentes letras. Como tantas veces el blog Cuéntame una historia de mi amiga Rosa vino a sacarme del estado de inopia en que me hallaba. Fue ella quien me propuso a Xinran Xue y este libro para despejar la X que tanto trabajo me estaba costando. Gracias de nuevo, Rosa.
"Nacer mujer en China (Las voces silenciadas)"
Nacer mujer en China lleva por subtítulo la expresión 'Las voces silenciadas'. Efectivamente la escritora va a dar voz en esta obra a seres humanos que en su país son tenidos por de segunda fila, personas que por haber nacido niñas deben de soportar, especialmente en la China interior, una vida más penosa que la de los varones. Esta situación conocida por todos es asimismo también obviada por todos pues como en un momento dado le dice a la escritora un agente de policía de una provincia campesina por muchas leyes que se dicten para solucionar esto «los aldeanos no tienen miedo de nada ni de nadie, incluso si nos presentáramos allí, serían capaces de incendiar nuestros coches y dar una paliza a nuestros agentes». Vamos, que el peso de la tradición es inmenso en este también inmenso país.
Xinran Xue quiso en los diez años que van de 1986 a 1996, cuando abandonó definitivamente su país, dar a conocer la verdad de la condición femenina en China. En su programa radiofónico nocturno en Nanjing titulado "Palabras en la brisa nocturna" comentaba situaciones vividas por mujeres que a ella le habían impactado. Xinran conoce estos casos a través de las cartas que oyentes de su programa o las propias mujeres que las sufrían mandaban a la redacción de la emisora.
En los quince capítulos que componen la obra sabremos de dolorosas vivencias femeninas. Algunas son claramente estados de privación de libertad física como la de la mujer joven entregada en matrimonio a un anciano quien para evitar que ella escape y garantizarse así un heredero la tiene en casa encadenada por la cintura. Si esto ya de por sí es terrible, sin duda alguna en el terreno del sufrimiento físico son las violaciones, denunciadas por Xinran Xue en el libro, los crímenes más frecuentes cometidos por los hombres sobre las mujeres. Si bien la privación de libertad a que el esposo anciano somete a la esposa joven podría interpretarse como penoso vestigio de la China tradicional, el delito de violación parece, por el testimonio de diversas mujeres, que es práctica común en el país: lo fue durante la Revolución Cultural que en teoría venía a sacar del ostracismo a millones de mujeres y lo es todavía hoy en el seno de la familia, de las instituciones educativas, del núcleo de amigos...
En la obra se denuncia el fomentado estado de ignorancia en que el Sistema mantiene a la población. Es el Partido el encargado de dirigir la educación que no sólo se circunscribe a conocimientos necesarios para la vida en comunidad sino que también interviene en la vida íntima de las personas. Así el Partido «había prohibido toda discusión acerca de cuestiones sexuales, y cualquier contacto físico entre un hombre y una mujer que no estuviesen casados conducía a la condena pública o incluso al encarcelamiento. Aun entre marido y mujer , la "charla de enamorados en la cama" podía llegar a considerarse un comportamiento delictivo». Con estos mimbres nada de extraño tiene que tras la leve y progresiva apertura que en 1983 realiza Deng Xiaoping un programa radiofónico como el de Xinran Xue que daba voz a los oyentes tuviera un inusitado éxito. Estos, sobre todo mujeres, consultan a Xinran cuestiones que tienen que ver con su propia sexualidad; vistas hoy muchas de sus preguntas son auténticas ingenuidades: ¿me puedo quedar embarazada por haber dado la mano a un chico?, se preguntó en un momento de su vida hasta la propia escritora.
Xinran Xue salió de China en 1996 hacia Londres donde vive desde entonces. Dice que lo hizo para poder escapar de las incomodidades personales y profesionales que empezaba a sufrir debido a lo incisiva que llegaba a ser en su programa radiofónico, pero también y sobre todo para poder educar en libertad a su hijo PanPan a quien dedica el libro. Concretamente ella denuncia a través de los testimonios de oyentes que algunas mujeres veían cómo les eran arrebatados los hijos y que durante la Revolución Cultural, sobre todo las niñas, eran llevadas a «grupos de estudio» para ser educadas en los valores revolucionarios; sin embargo verdaderamente estos grupos de estudio eran la tapadera para abusar de estas niñas que sufrían violaciones por parte de sus 'instructores'. Xinran no deseaba que su hijo creciera educado en estos valores y tampoco deseaba ver constreñida su libertad como periodista.
Además de las denuncias de los desafueros cometidos sobre la mujer en el país, del libro de no-ficción "Nacer mujer en China" ha llamado mucho mi atención la mostración en varios momentos de la profunda identidad femenina. Hay testimonios en la obra de mujeres que enamoradísimas de sus partenaires masculinos aguantan carros y carretas procedentes de ellos. Se trata de mujeres que actúan guiadas por sus sentimientos amorosos más auténticos; incluso mujeres plenamente incorporadas al mundo moderno de los negocios pueden incurrir en esta manera de obrar. Es el caso de Zhou Ting, empresaria exitosa, casada y divorciada luego de su esposo por las reiteradas infidelidades de éste, que se enamora de un joven nueve años menor que ella; éste evitará el compromiso que ella le requiere abandonándola cuando llega el momento de dar el paso. Pasados los años, y ya ella casada con otro hombre, cuando el joven reaparece ella vuelve con él. A la pregunta de Xinran de por qué volvió, ella responde: «emocionalmente, un hombre nunca podrá ser como una mujer, nunca será capaz de comprender a las mujeres. Los hombres son como las montañas: tan solo conocen el suelo que pisan. Sin embargo, las mujeres somos como el agua» .
La frase que cierra el párrafo anterior me parece importante porque revela el fuero interno de no pocas mujeres. En el libro aparece en varios momentos. Así también se la dice a la escritora Jingyi, la mujer que esperó a su amado durante 42 años. La historia de Jingyi y de Gu Da, enamoradísima pareja de estudiantes a quienes la revolución separó y que al cabo de 40 años, él ya casado y ella soltera, volvieron a encontrarse. Xinran buscó a Jingyi para conocer la historia de primera mano por boca de ella: La guerra de Corea, la guerra fría con la URSS, la Revolución Cultural… hicieron que quedasen separados. Con la apertura de los años 80 Jingyi buscó a Gu Da preguntando a todos por él pero «la pasión que ella ponía en su búsqueda no fue apreciada por los demás: Gu Da era el amante de Jingyi, no el suyo. La Revolución Cultural había adormecido los sentimientos de muchos a los que las amargas experiencias habían enseñado a anteponer las necesidades básicas y la seguridad política a la empatía o la emoción».
En el libro, la periodista no arremete contra su país en la actualidad, pero sí critica abiertamente los estragos que la Revolución cultural maoísta de los años 1966 a 1976 causó en China en general y en la manera de comportarse de la población en particular. El revisionismo que conllevaba esta revolución atacó directamente a la familia de la escritora que fue acusada de ser un vestigio del capitalismo anterior a Mao Ze Dong por lo que sufrieron un proceso de reeducación que llevó a su padre a sufrir diez años de prisión y a ella a experimentar humillaciones en su persona como ver cortadas sus trenzas por considerarlas los guardias rojos signo del imperialismo.
«Durante la Revolución Cultural, cualquiera que proviniera de una familia rica, cualquiera que tuviera tú y yo superiores, fuera especialista o experto en algo, tuviera contactos en el extranjero o hubiera trabajado para el gobierno anterior a 1949 era catalogado como contrarrevolucionario.»
«Criarse durante la Revolución Cultural siendo niña significaba estar rodeada de ignorancia, locura y perversión. [...] Cuando sus cuerpos maduraban, las muchachas eran víctimas de agresiones indecentes y violaciones; muchachas como Hongxue, cuya única experiencia sensorial provenía de una mosca; Hua'er, que fue violada por la revolución; la mujer del contestador automático que fue descasada por el Partido; o Shilin, que nunca sabría que ya era una mujer adulta. Los perpetradores de estos crímenes fueron sus profesores, amigos, incluso padres y hermanos [...]»
La autora escribió y publicó Nacer mujer en China en Londres a donde marchó, como he dicho, en 1996 en busca de libertad y una educación mejor para su hijo Pan Pan.
El libro se lee muy bien aunque quizás pesen sobre él los ya casi 20 años transcurridos desde su publicación en 2003. Hoy la visibilidad de los problemas de la mujer en una sociedad que evolucionaba de la tradición patriarcal a una sociedad más moderna y avanzada está más que sabida y conocida por la ciudadanía. Hay historias de mujeres en esos quince capítulos que datan nada más y nada menos que del año 1975. De entonces a hoy toda la sociedad occidental -y creo que la China también en gran medida- ha evolucionado y al menos en Occidente se defiende la dignidad de cualquier mujer. Es en este sentido que pienso que la oportunidad de lectura de este libro más periodístico que literario, aunque también contenga un lenguaje cuidado en muchas ocasiones, haya quedado un tanto alejada en el tiempo. En 2003, estoy seguro, su contenido asombraría mucho más que hoy; pero pese a ello no está de más saber las barbaridades que sobre la mujer se cometieron en la China desde tiempo inmemorial y especialmente en los terribles años de la Revolución Cultural.
Fragmentos del libro especialmente significativos:
«una buena mujer china está condicionada para comportarse de una manera dulce y sumisa, y se llevan este comportamiento a la cama. El resultado es que sus maridos acaban diciendo que no tienen atractivo sexual y las mujeres se someten a la opresión, convencidas de que es culpa suya.» (capítulo 3, "La estudiante universitaria")
«Los hombres quieren a una mujer que sea una esposa virtuosa, una buena madre capaz de hacerse cargo de todas las tareas domésticas, como una criada. Fuera del hogar debe ser atractiva y cultivada, y debe honrarlo. Y en la cama debe mostrarse como una ninfómana.» (capítulo 3, "La estudiante universitaria")
[Se refiere al terremoto que en 1976 destruyó la ciudad de Tangshan y provocó 300000 muertos. La autora comenta que como en la obra de Kafka no se supo de él porque fue ocultado por las autoridades] «Con la grandeza propia de las madres crearon nuevas familias para niños que habían perdido sus padres. Para mí, estas mujeres son la prueba de la fuerza inimaginable de las mujeres chinas. Como madre puedo imaginarme la perdida que debieron sufrir, pero no sé si yo hubiera sido capaz de mostrarme tan generosa en medio de su dolor.» (capítulo 5, "Las madres que soportaron un terremoto").
«Los periodistas de la emisora de radio debían asistir dos o tres veces a la semana a clases de estudio político punto las sesiones de estudio comprendían las opiniones de Deng Xiaoping acerca de la política de reformas y apertura y la teoría económica de Jiang Zemin. Nos bombardeaban una y otra vez con los principios y la trascendencia política de las noticias, y no había sesión en la que no se condenará a varios colegas por alguna falta.» (capítulo 7, "La mujer que amaba a las mujeres")
«La moda en China siempre ha sido politica. En la década de los 50, la gente convirtió en moda a seguir el estilo de vida del comunismo soviético. [...] Durante la Revolución Cultural estuvo de moda trasladarse al campo para ser 'reeducados'. [...] En la década de los 80, tras la política de reforma y apertura, la gente empezó a poner de moda entrar en el mundo de los negocios.» (capítulo 14, "Una mujer a la moda")