24 ene 2026

"Hamnet": del libro a la película

Leí con muchísimo placer, hará cosa de cuatro o cinco años, la novela Hamnet de Maggie O'Farrell. Me encantó. Así lo reflejé por escrito en la reseña que de la misma hice en este mismo blog. Es por esto que al conocer que se estrenaba la versión fílmica de la misma no dudé ni un momento en ir a verla. Estrenada el 23 de enero sólo en Cines no demoré mi asistencia, aunque lo hacía con sentimientos encontrados dado que previamente había leído dos críticas bien distintas: una es la que el crítico Luis Martínez hizo en el diario El Mundo, elogiosa de todo punto («Pocos finales ha dado el cine reciente tan tremendos, tan plenos, tan dolorosos, tan brutales y tan exquisitos a la vez, tan delicados y, si se quiere, tan poco pudorosos, tan bellos sin duda, tan irresistiblemente catárticos y desmedidos, tan prodigiosos en el mismo sentido que Dreyer se atrevió a filmar el milagro de la resurrección en Ordet.»); la otra fue la del también crítico Carlos Boyero aparecida en el diario El País, en la que, tras calificar como estupidez Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson o de inane Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa, manifestaba su indiferencia ante la versión cinematográfica de Hamnet realizada por la directora china residente en Norteamérica Chloé Zhao («No tengo nada que contar de ella. Ni bueno ni malo. Es que me cuesta recordar algo de ella después de haberla visto hace ocho días. […] La película me parece una nadería pretenciosa.»).

Por todo lo dicho es por lo que me ha parecido oportuno recuperar la reseña de la novela para confrontarla con la adaptación cinematográfica que vi este fin de semana. Va aquí mi opinión sobre la novela:


"Hamnet" de Maggie O'Farrell

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

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Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.



"Hamnet" de Chloé Zhoe

Chloé Zhoe, Novelas adaptadas al Cine
Mi opinión sobre la versión de Chloé Zhoe, cuyo guion firman la propia directora del film junto a la autora de la novela, vendría a situarse en una zona intermedia de las manifestadas por Martínez y Boyero.

Prácticamente hasta el final de la película reconozco que me aburrí bastante. Para mí hay un exceso de imágenes con un tono excesivamente bajo de luminosidad en los interiores que se llevan buena parte del minutado en un buscado contraste con las de la naturaleza exterior llenas de luz y color. Es evidente que la realizadora ha querido transmitir la idea de que en los años finales del XVI el mundo íntimo y familiar, el doméstico de las casas, era así, rígido y oscuro. Por contra el exterior, de donde la protagonista Agnes Hathaway recoge plantas para confeccionar remedios que su madre tenida por bruja le transmitió, está pleno de luz. Bien, es una interpretación en imágenes de lo que en palabras expone en su narración Maggie O'Farrell; sin embargo las imágenes de la directora china no alcanzan en mi opinión la altura de belleza poética a la que llega la escritora irlandesa a base de un magnífico léxico y unas metáforas e imágenes retóricas de nivel supremo.

Como se ve por lo señalado en el párrafo anterior vengo a coincidir en algo con Carlos Boyero. Pero también estoy con Luis Martínez en la calidad cinematográfica que tiene la última parte del film, Esa parte está dedicada a la representación teatral en The Globe de la obra que el comediógrafo inglés compuso a raíz de la muerte de su hijo. Con esta puesta en escena el marido viene a reconciliarse con la esposa y a curarse él mismo -y también su mujer Agnes- catárticamente del tremendo duelo que la desaparición mortal del pequeño le ha ocasionado. Cuando leí la novela resalté que Shakespeare le transmite a su compañera la mejor prueba de amor que podía darle: hacer que su hijo desaparecido alcance la inmortalidad gracias al poder de la creación artística. En el film se percibe, quizás hasta mejor que en la novela, esta cuestión. 

En definitiva, sin pretender hacer categoría de lo anecdótico, de nuevo viene a mí el dicho más o menos extendido de que buenas novelas hacen malas películas, mientras que malas novelas hacen buenas películas. Hamnet de Chloé Zhoe no es mala película, qué va, para nada, es más según reflexiono sobre ella escribiendo estas impresiones veo en ella más y más aspectos valiosos, pero en la comparación con la obra literaria queda bastante por detrás de la misma, eso sí. 

Nota final.- He echado mucho en falta la autorizada opinión de Miguel Pina, administrador del blog Cine y críticas marcianas, que este mismo mes de enero decidió cerrarlo tras diez años de exitosa existencia. Las críticas que semana tras semana Miguel realizaba en su blog eran para mí un faro seguro. Esta vez acudí a una sala huérfano de su consejo y sabe Dios cuánto lo he echado de menos. Estoy convencido de que Miguel se habría dado cuenta de que el film a diferencia de la novela carece de muchas de esas inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia  que Maggie O'Farrell en su relato trata con ternura al tiempo que, tal y como dice la propia editorial en la sinopsis promocional de la novela, ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. Estas pequeñas grandes cosas se perciben en la película, pero no al nivel con que aparecen en la novela. 

17 comentarios:

  1. ¡Hola juan Carlos!
    Vengo de leer la reseña de Laura en su blog sobre la peli y difiere un poco de la tuya, creo que a ella le ha gustado (entusiasmado) bastante mas que a ti. Te diré que he visto las críticas que pones y que Boyero es un tipo que me cae fatal, por lo que no me fío nada de sus críticas, las ignoro bastante y no porque me caiga mal, sino porque como norma me suelen gustar mucho las pelis que el pone a caer de un burro, ósea que poco coincidimos él y yo.
    Bueno, al final, a pesar de tus contras, la peli no te parece mala, aunque la novela te gustó mucho más, eso lo entiendo, suele pasar ya que es complicado llevar a imágenes lo que las letras transmiten (Laura sí dice que según su opinión, la directora ha sabido transmitir toda su poesía y la magnifica ambientación de la novela).
    Por cierto, que yo también echo mucho de menos las críticas marciana de nuestro Miguel Pina, me dio mucha pena saber que dejaba el blog. En fin, creo que yo veré la peli, a ver que me parece
    Besos!

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    1. Hola, Marian:
      Ahora mismo pasaré por el blog de Laura para leer su opinión sobre la película. Bueno ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito. A mí -lo digo en la reseña- la peli me aburrió por momentos y me despertó para bien al final. Creo que es difícil transmitir la belleza y poeticidad de la novela sólo a base de silencios y penumbras; aunque es verdad que la directora lo intenta y a veces hasta se acerca bastante. Sin embargo creo que le va mejor con las partes luminosas en las que la poesía de Shakespeare se impone. Ahí sí que me ganó por completo. En fin, ya te digo, me gustó bastante, pero a medias (ja, ja...)
      Me gustaría conocer la opinión de Miguel Pina. Indagaré por la red a ver si ha recalado en algún sitio y sigue con su mirada clarividente opinando sobre las películas que ve.
      Un beso fuerte

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    2. Claro, para gustos..., te diré que voy a verla esta tarde. Creo que sí el libro te ha gustado mucho, es mas complicado que la peli te convenza. Por cierto, sí encuentras a Miguel por ahí comparte, please!!!

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    3. ¡Hola de nuevo! el domingo pude ver la peli y te cuento que me gustó muchísimo, calor que yo no he leído la novela y por ahí pues no puedo comparar. Pero me pareció de una belleza y delicadeza excepcional y las actuaciones sobre todo de los protagonistas me fascinaron, sobre todo la de Jessie Buckley en su papel de Agnes. Y ese homenaje al hijo a través de su obra de teatro..., me emocionó.
      Te diré que en ningún momento la peli me aburrió, me mantuvo interesada todo el tiempo
      Más besos!!!

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    4. Es una buena película, sin duda, querida Marian. Hay quien dice que compara siempre es feo, y es que tras disfrutar tantísimo con la belleza literaria que hay en la novela es inevitable buscarla en la película y no, no la encontré. No sé cómo ser camino inverso que estoy seguro tú vas a hacer. Vaticino que saldrá ganando la novela, pero no lo puedo afirmar. Ya me dirás.
      Un beso

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  2. El cine no me interesa mucho, realmente; pero la literatura sí. Y si la obra me había rondado durante meses por la cabeza (todos los comentarios que sobre ella leí eran elogiosos), ahora ya no tengo ni la menor duda de que debo leerla. Espero coincidir contigo en la valoración. Shakespeare es uno de los autores a los que más he leído durante mi vida. ¡Gracias!

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    1. Desde luego Shakespeare es delicatessen literaria. La película, en mi opinión, gana muchos enteros cuando las palabras de la tragedia de Hamlet aparecen sobre las tablas de The Globe londinense. Luego el entreverado Hamnet hijo con Hamlet, príncipe de Dinamarca, que realiza la O'Farrell no se sabe si e vero, ma e ben trovato. Te gustará la novela, sin duda, Rubén. La película es digna de verse, pero tampoco creo yo que merezca tantísimos elogios; los que tiene más se deben al tirón de la novela que a la propia realización cinematográfica (siempre en mi humilde opinión, claro).
      Un fuerte abrazo, amigo

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  3. No he visto la película y también echo mucho de menos la crítica de Miguel que era, como dices, un faro que nos guiaba a través de los muchos estrenos cinematográficos.
    La novela me encantó. Fue la primera de la autora a la que no tuve ninguna objeción que ponerle. Suelo coincidir con Carlos Boyero en las críticas, aunque también es cierto que antes coincidía más que ahora. O él o yo hemos cambiado en nuestras percepciones cinematográficas. El último desencuentro ha sido con Sirāt. La verdad es que tampoco le sigo tanto como antes. A ver qué me depara la película. Ya veo que a ti te ha despertado sentimientos encontrados.
    Un beso.

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    1. Me ha despertado sentimientos encontrados, pero me seduce más la opinión de Boyero que las otras, todas ellas elogiosísimas, que he leído. La última de éstas la pude ver ayer en el telediario de la 1. No sé cuando las leo o las oigo pienso que o bien aún no han visto la película o, como en el caso de Boyero, aún no han leído la novela. Por eso yo me sitúo, habiendo realizado las dos tareas, en un punto intermedio que evidentemente se decanta por la novela antes que por el film, siendo este de calidad, que conste.
      ¡Ay, Miguel Pina, qué desamparados nos has dejado! ¡Muéstrate, por favor! ¡Dinos dónde encontrarte! Ojalá que mis súplicas lleguen a sus oídos y nos dé alguna pista.
      Un beso, Rosa

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  4. Salvo honrosas escepciones, entre las que yo citaría El nombre de la rosa, normalmnete las novelas superan con creces la versión cinematográfica, probablemete porque resulta difícil trasladar a la gran pantalla la historia completa y muchos detalles valiosos que sí se hallan en la versión novelada.
    Yo también he leído la obra de O'Farrel y me gustó mucho, y tengo intencion de ver la película, aunque tenía mis reparos pensando que me decepcionaría. Visto lo visto, o mejor leído lo leído, y dejando aparte la opinión del crítico Carlos Boyero, pues intuyo que su crítica es desmedida, ya que me extraña que una película tan alabada y premiada como Los domingos sea tan denostada por él. No conozco a este crítico, pero se me antoja que suele ser excesivo en sus criticas. Claro que no siempre hay que hacer caso de las opiniones de los jurados que otorgan los premios cinematográficos pues hay películas muy alabadas y premiadas que me han decepcionado (un ejemplo sería la afamada Alcarrás, que me aburrió soberanamente). Así pues, en este caso me fio más de tu opinión que la de los supestos "expertos". Y yo también echo de menos la opinión certera de MIguel Pina, con el que solía coincidir en gustos.
    En definitiva, iré a ver Hamnet y veré qué tal, je, je.
    Un abrazo.

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    1. Coincido contigo en Alcarrás y quiero ver Los domingos aunque no la ponga bien Boyero. Y es que Boyero es así,un opinador desmedido, aunque la verdad es, te digo, que yo coincido con él en muchas ocasiones. En ésta no del todo, pues crítica que se hable no mucho de Shakespeare, y es que en la novela ocupa un segundo plano porque las protagonistas son las mujeres en especial Agnes. Se nota que Boyero no ha leído la novela y en eso pues yerra por completo.
      Un abrazo, Josep

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  5. Leí la novela hace unos años y estoy segura de que en algún momento la releeré. Me gustó mucho, sobre todo por esa capacidad de transmitir tan bien cada sentimiento, cada muestra de dolor... Y creo que eso es muy difícil plasmarlo en la película. No la he visto todavía. Estoy viendo variedad de opiniones, pero en casi todas hablan muy bien del tramo final de la peli, como es tu caso. A ver si me animo y voy a verla.
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari:
      Como digo en otras respuestas la película es buena, está bien hecha y tal, pero emocionar como emociona la novela a mí no me lo parece. El final es espléndido en mi opinión, quizás porque quien está detrás de todo es ni más ni menos que el enorme William Shakespeare.
      Si, mujer, vete a verla. Me gustará conocer tu opinión.
      Un beso

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  6. Leí el libro hace un par de años. Me emocionó. Dicen que todo lo que escribe esta mujer es así de maravilloso, pero yo solo he leído "Hamnet", que me arrancó lágrimas, lo que no es fácil en un libro. Creo que solo me ha pasado con este y con "El olvido que seremos". Sentimental y sentimentaloide no son sinónimos. Iré pronto a ver la película, iba a hacerlo hoy, pero creo que mejor preparo la barca y el traje de buzo. Tomo nota de todo lo que dices.

    Ah, soy de los que coincide a veces con Boyero y otras no. Realmente dice lo que le apetece y su criterio suele ser que le emociona o no. Creo que a un crítico hay que exigirle algo más. A mí, desde luego, "Los domingos" me emocionó.

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    1. A mí con Boyero me sucede algo parecido a lo que comentas tú. No obstante alabo en él la sinceridad, aunque a veces sea demasiado subjetivo.
      De Maggie O'Farrell he leído "Hamnet" y "El retrato de casada". Las dos me han gustado, quizás más la primera, aunque lo achaco a que fue mi primer contacto con la novelista.
      Ya me dirás qué te ha parecido la película cuando te acerques a verla.
      Un abrazo

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  7. Querido Juan Carlos, ya estoy por aquí que a esta entrada no podía faltar je, je,je. Qué bonito que hayas dedicado esta entrada tan sentida y tan bien hilada a Hamnet. Me ha gustado muchísimo verte recuperar tu reseña de la novela —esa que escribiste con tanto cariño hace años— y ponerla en diálogo con la película de Chloé Zhao. Se nota el amor que le tienes al libro de Maggie O'Farrell: cómo destacas la precisión de la traducción de Concha Cardeñoso, la galería de personajes (sobre todo esas mujeres que sostienen el relato), el lenguaje lleno de imágenes y, por encima de todo, esa exploración tan delicada y brutal del duelo por la pérdida de un hijo. Lo cuentas con una ternura y una honestidad que se agradecen de corazón.

    Sobre la película… entiendo perfectamente esa sensación agridulce que describes. Yo también la vi con el listón altísimo por la novela, y reconozco que durante buena parte del metraje me pasó algo parecido: los interiores oscuros, esa luz baja y casi opresiva en las escenas domésticas, el ritmo pausado… a ratos se siente como si Zhao quisiera que respiráramos el aire denso de la casa de Stratford-upon-Avon, pero a veces el contraste con la luminosidad del exterior y la naturaleza resulta un poco insistente. Sin embargo, como bien dices, el final lo cambia todo. Ese cierre en el Globe, con la representación de la obra y la catarsis que se produce entre Agnes y su marido… uf, es devastador en el mejor sentido. Ahí la película alcanza una altura emocional que roza lo sublime. La forma en que Zhao (y el guion que firma con la propia O'Farrell) traduce al lenguaje cinematográfico esa idea de que el arte puede inmortalizar lo perdido, de que el dolor se transforma en creación y en reconciliación… es conmovedor. Coincido en que quizás se percibe incluso con más claridad que en la novela, porque el medio visual permite que veamos y sintamos esa catarsis en directo: las lágrimas, el silencio roto por las palabras de Shakespeare, la mirada entre los dos. Es un final que, como decía Luis Martínez (y tú lo recoges tan bien), es brutal, delicado, catártico y prodigioso a la vez. Me parece muy justa tu posición intermedia: ni la indiferencia absoluta de Boyero ni la exaltación total de Martínez. En lo personal soy más de Boyero. La película no alcanza la misma densidad poética ni la misma riqueza de matices que la novela (es difícil competir con ese léxico tan preciso y esas metáforas que mencionas), pero tiene sus propios aciertos enormes, sobre todo en las interpretaciones (Jessie Buckley y Paul Mescal están impresionantes) y en esa capacidad de hacer que el duelo se sienta físico, casi palpable. Y respecto a lo que dices al final… gracias de corazón por esas palabras tan afectuosas. Saber que mis críticas te han servido de faro durante estos años me llena de orgullo y de gratitud. Aunque el blog haya cerrado, sigo aquí, leyendo, viendo y queriendo el cine con la misma pasión de siempre. Y Hamnet (tanto el libro como la película) es de esas obras que nos recuerdan por qué seguimos haciendo y viendo cine: para nombrar lo indecible, para acompañar el dolor ajeno y el propio, para encontrar belleza en lo roto. Un abrazo enorme, Juan Carlos. Gracias por esta entrada tan bonita y por seguir compartiendo tu mirada tan sensible y honesta.

    P.D. Tengo las puertas abiertas para escribir críticas en Cinemagavia y Noroeste Madrid (y quien sabe si algún día en Cine y críticas marcianas) pero salvo alguna excepción al menos este año será sabático. Si vuelvo en algún momento a escribir por aquí te lo diré, pero vamos mi opinión es una más entre tanta gente que escribe de cine o le gusta el cine. Boyero es buen faro :)

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