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21 sept 2023

Francisco Umbral: "Las ninfas", premio Nadal.

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«El río y la acequia tenían un agua terrosa, sucia, marrón, embarrada, y esto contribuía a la sensación de Ganges purificador…Porque la otra purificación, la de la iglesia y la confesión, ya había descubierto yo que era también más física que espiritual... En las aguas oscuras de la iglesia había que bañarse con unas cuantas viejas que habían ido a confesarse, mientras en las aguas de la acequia se bañaba uno solo, rodeado de mujeres tersas e imaginarias, esas mujeres únicas que entrevé uno ya sin deseo, y que son las más frescas y puras»

Premio Nadal 1975, Las ninfas, Francisco Umbral
Entre los varios Retos literarios a los que me he apuntado a lo largo de la existencia de El blog de Juan Carlos había -o hay, no lo sé con certeza- uno que consiste en leer unos cuantos libros de esos que llevan aparcados en nuestra biblioteca un largo número de años. Las ninfas de Francisco Umbral era, sin duda alguna en mi caso, uno de ellos. No lo tenía en mi residencia habitual, sino en otra a la que acudo con frecuencia. Siempre parecía que, debidamente alineado junto a otros de igual suerte, me miraba desde su posición vertical, e igualmente yo, sin oírme ni el cuello de  mi camisa, me decía eso tan frecuente en los lectores de "a ver si un día de estos lo leo". Y por fin ese día llegó. El acicate para sacarlo de su encierro no ha sido otro que el Reto de Serendipia recomienda, un reto que me encanta realizar y que consiste en elegir unas lecturas de entre las que otros lectores por alguna razón han destacado. De las tres que hay que hacer para superarlo una de las elegidas por mí este año ha sido la de esta novela de Francisco Umbral señalada por Mar, del blog Leyendo con Mar.
 
No sé qué adjetivo ponderativo elegir para transmitir la satisfacción que su lectura me ha producido. Quizás el mejor, aunque suene algo cursi o relamido, sea el de 'preciosa'. Sí, me quedo con él. Su lectura ha sido más que satisfactoria para mí, me ha producido inmenso placer entrar en la prosa cargada de lirismo de este enorme escritor que por culpa de la estúpida simplificación que adorna nuestra época se le tiene ubicado dentro de una localidad titulada 'es que yo he venido a hablar de mi libro y veo, Mercedes, que aquí no se habla de mi libro', frase que comunicadores que poco o nada han leído de Umbral, repiten hasta el aburrimiento. Y la gente ríe, pero la gente, quizás por esto, no acude a su rica literatura, a los buenos libros de este magnífico escritor castellano que yo he disfrutado mucho. El lirismo contenido en Las ninfas me ha retrotraído al existente en otra de sus novelas memorialistas, quizás la mejor y más sentida de todas ellas, el diario escrito durante la mortal  enfermedad padecida por su hijo PinchoMortal y rosa, aparecida en 1975, un año antes de la que acabo de leer [en la reseña que hace unos años hice de La hora violeta de Sergio del Molino hablé del mágico lirismo contenido en Mortal y rosa].

Las ninfas es, como digo, una novela lírica, una novela memorialista en la que el autor relata su adolescencia en una ciudad de provincias que no es otra que el Valladolid de donde era su madre, si bien ella se desplazó a Madrid -según algunos biógrafos- para dar a luz y así evitar habladurías, ya que era madre soltera. Pero se puede decir sin temor a decir mentira que Francisco Umbral es vallisoletano, pues su nacimiento madrileño fue algo meramente accidental. En biografías escritas sobre el escritor se desvela el nombre del padre, Alejandro Urrutia, un abogado cordobés padre del poeta Leopoldo de Luis; también el de la madre, Ana María Pérez Martínez, secretaria de éste. De lo sucedido a su madre, de la reacción de la familia ante la preñez sobrevenida, de qué hacer para evitar murmuraciones, en Las ninfas nada se dice; es otra novela anterior (Los males sagrados, 1973) la que se centra en ese momento y primerísima niñez del escritor.

Es Las ninfas una novela perteneciente a la serie Francesillo (alter ego de Umbral), grupo de ocho novelas en las que el autor ficcionaliza su propia biografía. De las ocho yo había leído antes de Las ninfas y ya hace tiempo dos: Los helechos arborescentes (1980) y Leyenda del César visionario (1991); guardo más recuerdos de la segunda, en la que el autor pone su mirada en las contradicciones de los intelectuales falangistas respecto al general Franco, que de la primera, más centrada en las vivencias duplicadas y algo irracionales de un niño durante la guerra civil; pero la sensación que me devuelve mi memoria es la de también plena satisfacción y disfrute con la prosa desplegada en ellas. 

En la novela que nos ocupa el adolescente narrador siente la llegada del ardor y la llamada y/o necesidad de mujer para aplacarlo. El chico, antes de descubrirlas a ellas, inalcanzables, misteriosas, mágicas y sensuales ninfas, se apaña consigo mismo anticipando en él los futuros placeres que encontrará en ellas
  • «La insinuación, el deseo, la progresión erótica, el hastío, la depresión, todo eso lo vive el adolescente en su cuerpo, como reflejo que le viene del futuro, de lo que luego va a sentir con las mujeres»
  • «Los poetas hablan de crisálida, cuando se refieren a la adolescencia. Yo prefiero hablar de retrete.»
El descubrimiento de las ninfas lo realizará Francesillo en la plaza de San Miguel, donde corren chicos y chicas, cuando, jugando a las prendas, María Antonieta, la hija de la pescadera, cumple el mandado  de besar al chico que le guste acercándose a él para besarlo en la frente. Desde ese momento el futuro entrevisto en su solitario erotismo se hace patente. Junto a su amigo Miguel San Julián, que va para obrero manual y que es pareja de Jesusita la vinatera, explorarán el amor, se divertirán con ellas, se enamorarán de ellas. La otra ninfa es Tati, tenida por la chica más fácil de la plazuela; el otro amigo es Cristo-Teodorito, niño muy religioso con el que Francisco conoce la Congregación, donde los frailes tenían un espacio para que los adolescentes jugasen a los juegos que había en la ciudad pero sin los peligros que los acompañaban (apuestas y otros riesgos). En esta congregación está el padre Tagoro que dirige unos Ejercicios Espirituales a los que Cristo-Teodorito intenta atraer a su amigo al verlo perdido en las redes de la sensual pescaderita. Pero Cristo-Teodorito también es humano y se siente muy atraído por Tati, la ninfa más sensual de las tres. Francisco se da cuenta de que no hay seguridades ni valores seguros en este mundo, que todo es mudable, que la religión no aísla de nada ni protege de nada.
«Tati era otra devoradora de hombres -como mi María Antonieta, como Jesusita, las tres ninfas malas del barrio-, y Cristo-Teodorito lo sabía. Tati se había enamorado o se había encaprichado de Cristo-Teodorito como María Antonieta de mí, como Jesuita de Miguel San Julián.»
Su adolescencia, como se ve, gira en torno a la búsqueda de la mujer, al deseo de estar con ellas, de hacerles el amor. Pero en Paco hay otra muy fuerte atracción, que es la que siente hacia la literatura. Desde siempre, en especial desde que la tisis lo alejara por un tiempo de su amigo Miguel San Julián, la literatura (su lectura y escritura) lo tienen cautivo. A esta captación ha contribuido muy mucho uno de los primos con los que vive en esa «habitación azul» que es la España de sus años adolescentes
«Nuestras almas nadaban como barbos líricos en las aguas azules y mediocres de la habitación, porque al otro extremo de la misma, junto a la ventana enrejada, estaba mi primo, alguno de mis primos, con su laúd, sus versos, su bigote temprano y sus amores, haciendo música, haciendo poesía, haciendo romanticismo, sentimentalismo, erotismo blanco y sonetos malos»
Y fuera de la casa, en el barrio, en la ciudad, su introductor al mundo literario es el poeta de su misma edad, Darío Álvarez Alonso, a quien él tiene en un pedestal cuando le escucha recitar versos en el Círculo Académico a donde lo lleva. Como espíritu en formación, en esos recitales Francisco no sabe si lo que oye, los versos que los rapsodas declaman son buenos o son malos («"Tanta soledad me inclina a abandonarme en el viento"... ¿Era aquello bueno o malo? Todavía hoy no lo sé»). Qué enorme sinceridad hay en esta frase.

Valladolid,poesía
Entre estas dos aguas, María Antonieta y la Literatura, navega el alma y el cuerpo del adolescente. Ella le atrae mucho, pero ve que quedarse con ella equivale a convertirse en mero contable del negocio de la pescadería, actividad que lo alejará de su verdadero amor que no es otro que la Literatura. Una literatura que a nivel provinciano representa Darío Álvarez Alonso a quien él tiene en muy alta consideración y estima. Pero no existen tales alturas inaccesibles, todos somos humanos, incluso el amigo hacedor de versos a quien un día se encuentra en la carbonería a donde sus padres lo han enviado, igual que le sucede a él, a buscar «cisco picón de encina para alimentar el brasero». El divino, el ejemplo literario al que él quiere emular, se viene abajo igual que la ninfa María Antonieta se cae de su hornacina cuando le propone una relación más estable, con una proyección de futuro nada sublime.

Francisco conoce los entresijos literarios de la mano de Álvarez Alonso quien lo acerca al periódico donde Darío escribe alguna vez, aunque nunca le paguen. Los talleres, la maquinaria, el olor de la tinta, todo lo enamora y despierta en él una vertiente de su insobornable vocación literaria, el periodismo. También con Darío acude al café cantante donde actúa Carmencita María, y donde toca el violín Empédocles, un viejo bujarrón que hace sus intentos con Francesillo. Empédocles toca al violín piezas de Mozart o Beethoven y al ser preguntado por si con el stradivarius que dice tener en casa toca a Chopin responde que «Chopin es una máquina de coser», frase que al narrador le maravilla aunque no llega a comprender del todo su alcance.

En este limbo provinciano de amor a las mujeres y a la literatura vive Francisco, el narrador y autor de este libro. Podría haberse eternizado en esa situación común a muchos seres humanos. Pero hay factores, sucesos que propiciarán su evolución. En el terreno de los misterios femeninos descubrir un día a dos devoradoras de hombres (Tati y María Antonieta) devorándose mutuamente; en el de la literatura la pérdida de la sublimidad que creía haber encontrado en su faro literario, el poeta Darío Álvarez Alonso, y no sólo por el caso de la carbonería sino por otras cuestiones que no es el caso desvelar aquí. También en su toma de decisión los consejos desinteresados de unos y de otros (de Carmencita María, de Empédocles, de la misma María Antonieta) tendrán peso definitivo.

Para finalizar
Auténtica novela de iniciación que marca el final de la adolescencia, con sus anclajes familiares, y la entrada en la edad adulta, con la ruptura de estos amarres y la toma de decisiones personales. La principal de ellas es la de triunfar en la literatura. Cuando finaliza la narración el narrador aún no ha triunfado pero ya se deja ver que gracias a las experiencias vividas y a los consejos recibidos por parte de unos y de otros los cimientos del éxito ya están echados. La novela, que se abre bajo el epígrafe de Baudelaire «Hay que ser sublime sin interrupción», cierra con la confirmación de dicho lema al verlo plasmado, en su carencia, en las carnes de su amigo Álvarez Alonso
«Tampoco la cultura era verdad. La cultura podía ser el trámite hacia una pescadería. El propio Darío me había descubierto recientemente, por fin, las palabras de Baudelaire: Hay que ser sublime sin interrupción.»
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Nota
Esta novela de Francisco Umbral, ganadora del Premio Nadal 1975 fue publicada el año siguiente. Al haber aparecido, pues, antes de 1980 la incluyo dentro de los clásicos que he leído dentro del Reto Nos gustan los clásicos.
Asimismo Las ninfas viene a engrosar el cupo de los libros escritos en español (Reto 25 españoles).

29 dic 2020

Amélie Nothomb: "Los nombres epicenos" y "Golpéate el corazón" (A pares XVI)

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No es una autora que me vuelva loco, aunque reconozco que escribe bien, sus libros se despachan en dos horitas y son muy legibles, aunque en mi opinión casi siempre incidan en lo mismo: relaciones dentro de la familia vistas especialmente desde la perspectiva de una mujer. Y cuando se sale del núcleo familiar la relación sigue circunscrita al ámbito femenino; los hombres en su novelística son normalmente antagonistas o, si no, simples comparsas que habitan junto al universo femenino.

Novela francesa, Novela intimista, Novela lírica, Novela autobiográfica

"Los nombres epicenos"

La novelista belga Amélie Nothomb prosigue en su tema favorito, el de la relación paterno-filial; y más concretamente en la difícil relación padre - hija. Leí de ella hace ya unos años "Soledad y temblores" aparecida en 1999 y en España en 2004 en traducción de Sergi Pàmies, traductor de prácticamente toda su obra del francés al castellano, al menos de la publicada en España por la editorial Anagrama. Frente a los encendidos elogios de unos y de otros (mejor debiera decir de unas y de otras, pues sobre todo son lectoras las que forman el grueso de su público) la novela me dejó algo frío al parecerme algo forzado todo lo que la Nothomb contaba de ese hombre, padre en la ficción, respecto de la protagonista.

Editorial Anagrama, Amélie Nothomb, "Los nombres epicenos"
En esta novela de "Los nombres epicenos" estamos ante una venganza doble realizada por dos personajes de distinto sexo pero casi idénticos en carácter y cualidades. Además son padre e hija. Aparentemente Claude, el padre, y Épicene, la hija, son muy diferentes, pero en el desarrollo de la trama veremos que son de aquellos que siguen el proverbio de que la venganza se sirve fría. Sí, son seres vengativos, aunque la raza parece que mejora según se suceden las generaciones y la acción de desquitarse de la afrenta recibida por uno y otra se resuelve de manera dispar, así como también serán distintos los resultados de las mismas.

El título viene a cuento de la existencia en francés de nombres propios aplicados indistintamente a hombres y mujeres. Son patronímicos como Dominique o Claude, precisamente los nombres que tienen los miembros de la pareja protagonista del relato: la bondadosa, enamoradiza y muy ingenua Dominique, y el rencoroso, sibilino y vengativo Claude. Claude es un joven brillante que deslumbra con su palabrería y detalles a una ingenua muchacha de Brest con poco mundo. Enseguida él la enamora y ella convencida de que él la ama accede a casarse. Desea Claude ser padre cuanto antes y el sexo lo practican de modo extenuante guiados exclusivamente por esta finalidad. Tras ciertos momentos de duda sobre si podrían o no tener hijos ella se queda embarazada y da a luz una niña a la que el padre decide llamar Épicene en honor al título de una obra del escritor isabelino Ben Jonson (‘Epicoene, or the silent woman’ de 1609). Al poco deberán mudarse a París donde Claude ha levantado una filial exitosa de una empresa de Brest en la que "casualmente" Dominique, antes de casarse, trabajaba.

Claude es frío con su hija a la que mira con cara de odio. Épicene pronto, sobre todo según entra en la adolescencia paga a su padre con la misma moneda. Dominique está en medio y disculpa constantemente al padre ante su hija con el argumento de que las ocupaciones laborales le hacen comportarse así. La pobre chica se refugiará en una amiga del colegio y sobre todo en su soledad, sus libros, su amor por el estudio, su gran inteligencia... Un día Claude decide ir a vivir a la 'rive gauche' simplemente porque esa zona es más chic, de más nivel social, más burguesa. Épicene sufre una conmoción interior pues perderá a su amiga Samia. Su padre lo que desea es introducirse en el círculo social de los Cléry y para ello incita a su esposa a hacerse amiga de Reine Cléry y no parará hasta lograr que los inviten a una de sus recepciones.

Dominique es una mujer con cualidades que ella misma desconoce que salen a relucir cuando para conocer y procurar hacerse amiga de Reine cuyas hijas van al mismo Liceo que Épicene se las ingenia para coincidir con ella en las visitas a los profesores de sus hijas. Es allí en la espera a ser recibidas por el profesor de Historia donde se conocen. Pero será en otra reunión posterior, concretamente al año siguiente convocadas por la profesora de latín, Caracala (buen sentido del humor el de la Nothomb al denominar así, como al emperador romano de la dinastía de los Severo, a la exigente, rígida, sincera y aparentemente insensible profe de latín). Caracala critica el abandono en que Dominique tiene a su hija y que ella deduce del lujo que detecta en las ropas que viste y el perfume Chanel nº 5 que percibe. Y es que Dominiquea fin de que congeniase con Reine le está comprando muchísimos vestidos y caros perfumes.

Como es lógico no se puede desvelar más de la trama. Sólo me gustaría añadir a lo hasta aquí dicho que Épicene y Dominique, su madre, son pese a las apariencias más fuertes que su padre porque pese a los desprecios de éste y su maldad intrínseca, lo aman ("La persona que ama siempre es la más fuerte"). El nombre Épicene es claramente simbólico y hace que el lector quede inmerso en el sentido del teatro isabelino. Para Claude simboliza la mujer perfecta; para comprenderlo debidamente hay que fijarse en el subtítulo que Jonson da a su comedia, “The Silent Woman” (la mujer silenciosa, callada, silente).

En Amelie Nothomb los referentes literarios siempre son muy importantes. En "Los nombres epicenos" importa mucho, como ya se ha visto, el teatro isabelino. Pero no sólo por el nombre del personaje principal sino también por las preferencias literarias de ésta. Mientras que al autoritario y machista Claude le gusta la comedia de Ben Jonson “Épicene” a su hija Épicene le atrae más la shakespeariana tragedia “Ricardo III”. En ambos casos impera el simbolismo: Épicene es para Claude ejemplo de mujer perfecta, y Ricardo III es para Épicene el prototipo de su padre: un ser odioso y ambicioso que se vale de todo para lograr sus materialistas fines. Shakespeare, pues, como se ve, está muy presente en esta novela. La protagonista Épicene dedica su tesis al verbo 'to crave' tan importante en la obra poética y dramática de Shakespeare. Su materialista padre Claude no entiende esta dedicación y al preguntarle por el sentido del término ella se lo traduce como "tener la imperiosa necesidad de"; precisamente lo que ella lleva sintiendo toda su vida: la necesidad del padre, la orfandad sentida.



"Golpéate el corazón" 

En "Golpéate el corazón" la relación entre mujeres se sitúa en el terreno laboral universitario (estudios, investigación, profesorado...), en una parte de la historia; y en otra parte de la narración seguimos instalados dentro de un ámbito familiar. Hay un personaje que centraliza y es protagonista principal de ambas tramas. Este personaje es Diane, joven inteligentísima cuya madre Marie, belleza provinciana, la tuvo sin desearla, razón por la que la ignoró desde el principio odiándola al verla hermosa, inteligente y admirada por el entorno.

Editorial Anagrama, Amélie Nothomb, "Golpéate el corazón"
Es "Golpéate el corazón" una especie de cuento actualizado de “La Cenicienta”. Diane se ve relegada en los afectos maternales respecto a a su hermano Nicolas y a su hermana Celia. Esta manera de ser tratada y la falta de reciprocidad de Diane respecto a su madre a la que ve como una diosa confiere al relato el aspecto de un cuento tradicional

Diane se salvará gracias a su inteligencia y a la relación que en sus años universitarios entablará con Olivia, profesora que se siente ninguneada en el departamento universitario de cardiología por sus colegas masculinos. Marie cree encontrar en ella a la madre que no tuvo pues Olivia la apoya en sus trabajos y le da recomendaciones muy pertinentes. Diane, por su parte, la anima a presentarse a la cátedra compitiendo con el elenco masculino; a cambio ella, que ya la ayuda en los estudios de su hija Mariel también colaborará en la preparación de la prueba pasándole a máquina sus trabajos

Como en la anterior novela nada más cabe decir para no torpedear el placer de la lectura y las sorpresas que la Nothomb como es habitual en ella reserva en la misma. 

Es una novela que  discurre toda ella entre mujeres: relaciones madre-hija, discípula-maestra, y también entre amigas: Elizabeth-Diane. Precisamente es ésta quien despierta a Diane sacándola del atontamiento afectivo en que se encuentra. El verso de Alfred de Musset, "Golpéate el corazón, ahí es donde reside el genio", que leyeron juntas a la tierna edad de 11 años decantará la vocación de Diane hacia la cardiología y le servirá en el futuro para tomar decisiones afectivas importantes. Los cuentos tradicionales, como ya he dicho, se vislumbran en el fondo de esta novela corta. A mí particularmente muchas veces los diálogos de las niñas entre sí y de la protagonista con su madre o con su hermano me han hecho recordar a las novelas de la Serie "Celia" de Elena Fortún. [en este blog hablé  en su día de dos novelas suyas: "Celia en la revolución" y "Oculto sendero". Pinchando en los títulos se accede a las reseñas]

Además de indagar en las relaciones afectivas entre seres humanos, en este caso materno-filiales, y también en las emocionales entre maestro-alumno, Amélie Nothomb toca como al paso otros temas que parecen menores pero no lo son. Tal es el de la prepotencia o supremacismo de unos profesionales frente a otros: : "al elegir la cardiología y la investigación, optamos por la nobleza; ejerciendo como simples médicos, solo curamos a cerdos." También, aunque en esta novela tratado menos directamente, se percibe el choque hombres-mujeres en la decisión de Diane de no acudir a la boda de su hermano Nicolas, algo que a mí me pareció según lo leía algo egoísta e insolidario por su parte.

Y como en toda la novelística de Amélie Nothomb, la literatura aparece por doquier. Aquí directamente en el título del libro tomado de Alfred de Musset. Y si esta frase marca el inicio de la narración, ésta se cierra con una soberbia frase de Rene de Chateaubriand: "no se debe usar el desprecio sino con gran economía, debido al gran número de necesitados.". Dos muy pertinentes recomendaciones las que sacadas de estos dos autores románticos sirven para abrir y cerrar esta novelita.

Aunque Amélie Nothomb cuestione y ponga en evidencia las relaciones afectivas en el ámbito familiar sin embargo siempre deja abierto un pequeño resquicio, una espita, para salvar la relación parental por muy deteriorada o tóxica que la misma sea. Así ella ve claras diferencias entre el desprecio y el odio: 
"¿Qué es mejor, el desprecio o el odio?, se pregunta Diane: "ahora le parecía a Diane que el desprecio era peor que el odio. Este está próximo al amor, mientras que el desprecio le es extraño. 'Por lo menos mi madre nunca me desprecio', pensó."


Conclusión.
Estas dos novelas de Amélie Nothomb, "Los nombres epicenos" y "Golpéate el corazón", son estupenda muestra de la tendencia novelística que la escritora belga cultiva: la Novela intimista. En efecto, en ambas conviven la memoria y la identidad como temas principales. Según la autora estas dos narraciones no son autobiográficas si bien en mi  opinión hay mucho de la propia escritora y no poco de introspección en ellas. Además el tratamiento lingüístico de las mismas es muy lírico, muy poético en ocasiones como no puede ser de otro modo al tocar la intimidad de seres humanos. En general, la escritora belga en sus cerca de 30 relatos novelescos realiza un intento de llegar a las raíces de la personalidad frustrada. En estas dos novelas entiendo que supera ya esa frustración y las mujeres que protagonizan esas narraciones ya viven en plenitud su vida al haber logrado desasirse de las anclas familiares, emocionales, sociales, profesionales... que las atenazaban.  

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Nota:
Participo con estas dos novelas en el Reto 'Autores de la A a la Z' del blog Lecturápolis. Me sirve el apellido de la autora para cumplimentar debidamente la letra 'N'.

2 abr 2019

Una autora de la Generación del 27: Carmen Conde y su novela "Creció espesa la yerba..."

4 comentarios:
Laura conoce demasiados espectáculos de vidas ardientes y palpitantes para que la maraville o sugestione el trastorno de María. Secreto designio -vuelve a salir el nombre- que ella tendrá que llamar parte de su propio destino. (pág. 108)

feminismo durante el franquismo, "las sin sombrero", intelectuales españolas
Participo este año con muchísimo gusto en el Reto que Ana Bolox en su blog personal lanzó por primera vez el mes de enero pasado. Se trata de dar por fin lectura a esos libros siempre pendientes y que no sabes por qué nunca acabas de comenzar a leer. Decidido a cortar, al menos en este asunto, con mi pertinaz procrastinación (jo, jo, jo... ¡qué oportunidad para utilizar el palabro!) estoy siendo aplicado en su ejecución de manera que con éste de Carmen Conde que llevaba en mi biblioteca muchos, muchos, años doy por realizada la tercera lectura de mis pendientes, concretamente la correspondiente al mes de marzo. Que la reseña salga en abril es un pequeño desajuste de fechas al haberse metido un fin de semana de por medio.

Recordé a esta escritora de la Generación del 27 (¡sí, el 27 no sólo estuvo formado por hombres!) tras la lectura que a finales del año pasado hice de "Oculto sendero" [leer reseña aquí], la autobiografía ficcionalizada en forma de novela que Elena Fortún dejó sin publicar en vida y en la que descubría muchas de las relaciones afectivas entre mujeres que hubo en su época en las capas ilustradas de la sociedad que ella frecuentaba. Quedé muy sorprendido al leer nombres de escritoras de las que ignoraba este aspecto. Entre estos nombres aparecía el de Carmen Conde. Fue entonces cuando recordé el volumen que amarilleaba en un anaquel de mi biblioteca. La sospecha de que Carmen Conde hubiese tenido relación íntima con alguna mujer se instaló en mi mente habida cuenta de que su nombre figuraba en el listado de mujeres con las que se carteaba la Fortún, todas ellas tenidas por 'chicas raras' (así se las denominaba en esa época). ¿Este efufemismo sería también aplicable a la primera académica de la española? En ese momento, desde luego, yo lo ignoraba. Un acicate más, pues, para lanzarme sobre la lectura que me aguardaba en el estante; una lectura que además era una narración y la Conde había sido sobre todo poeta. Como se ve todo me llamaba a leerla.

La escritora
Antes de redactar esta reseña busqué en internet información sobre Carmen Conde. Así me enteré de que nació en Cartagena en 1907 y que a los 17 años ya empezó a escribir sus primeras colaboraciones en la prensa local. A los 20 años conoció al que luego sería su marido, el poeta Antonio Oliver. Se casaron en 1931 una vez que ella el año anterior había finalizado sus estudios de magisterio y los dos pusieron en marcha, al socaire de los nuevos tiempos republicanos, la Universidad Popular de Cartagena. Por esta universidad pasaron a dar lecciones y conferencias mentes preclaras del momento como Ramón Sijé, Miguel Hernández o María de Maeztu. Colaboró Conde activamente con la República por lo que el matrimonio se trasladó un tiempo a Madrid donde ella fue inspectora-celadora del orfanato de niños de El Pardo. Fue aquí en Madrid donde tuvo a su única hija, que nació muerta, en 1933.

Al estallar la Guerra y alistarse su marido ella se traslada a Valencia y allí mientras estudiaba en su Universidad conoce a Amanda Junquera, esposa del catedrático de Historia española Cayetano Alcázar Molina, con quien según biógrafos que han estudiado su vida y obra mantuvo una intensa y duradera relación sentimental. Al acabar la contienda Antonio Oliver se escondió en Murcia en casa de una hermana suya mientras que Carmen Conde se refugió en Madrid en el domicilio de los Junquera, instalándose en 1940 en El Escorial junto a Amanda. En 1941 se traslada con Amanda y el marido de ésta a la calle Welingtonia a una casa que les alquila el poeta Vicente Aleixandre quien vivía en la planta baja del inmueble. En 1945 pudo por fin reunirse con su marido yéndose el matrimonio a vivir a la calle Goya y luego en 1949 a la calle Ferraz que sería su domicilio familiar hasta 1992 en que ingresa en una residencia de ancianos donde vivirá hasta el fin de sus días en 1996  a la edad de 88 años. 

Mujeres de la Generación del 27, Vicente Aleixandre
Carmen Conde y su marido subsistieron hasta que sus expedientes judiciales fueron sobreseidos definitvamente en 1945 realizando bajo seudónimos diversos colaboraciones en periódicos de Madrid, ella, y de Murcia, él. Muchas de estas publicaciones eran de tono religioso o dirigidas a los niños: tal y como soplaban los vientos que imponía el franquismo en sus años más duros no había otra opción. Cuando ya viven juntos, Alberto Oliver será profesor de Lengua y Literatura en el Instituto Cervantes de Madrid al tiempo que va escribiendo su obra poética y de crítica literaria. Ella durante toda su vida escribió fundamentalmente poesía que recogió, tras ir apareciendo en libros sueltos, en una antología personal titulada "Memoria puesta en olvido (antología personal)" en 1987.
Además de su producción lírica también escribió obras de teatro para adultos y para niños, así como bastantes cuentos.

Con toda esta Obra a sus espaldas no puede sorprender que en 1978 fuese elegida académica de la lengua española. En 1979 pronunció el discurso de ingreso en la Academia titulado "Poesía ante el tiempo y la inmortalidad". Fue este año cuando vio la luz  "Creció espesa la yerba...", una narración escrita en prosa enchida de lirismo. En 1982 se le manifestaron los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer aunque siguió activa intelectualmente escribiendo, publicando y dando conferencias. En 1987 murió Amanda Junqueras y los cinco últimos años de su vida los pasó Carmen Conde en una residencia de mayores en Majadahonda (Madrid) donde falleció en 1996.

"Creció espesa la yerba..."
A mí esta novela, lírica sobre todas las cosas, me ha emocionado. Es la expresión con que resumiría mi impresión tras su lectura. Me ha emocionado porque la autora sabe penetrar en el alma de los dos personajes femeninos que aparecen en el relato. Dos personajes que en el fondo no son más que uno pues la obra es un ejercicio de introspección y reflexión que una mujer madura experimenta al emprender el camino para visitar la casa de una localidad donde de joven vivió una experiencia que la marcó para el resto de ssus días. 

Admirablemente Carmen Conde idea una situación en la que, al menos en apariencia, la protagonista Laura que viaja en coche hacia Cartagena recoge a María una joven autoestopista de 17 años que ha escapado de la casa donde vivía con su hermana Isabel y el esposo de ésta, Santiago. Según transcurre el viaje Laura se va enterando de lo sucedido y entiende que debe devolver a esta chica a su casa dada su minoría de edad. La historia de María es una historia de amor y al tiempo una historia de puro deseo. María por su edad está confusa por lo sucedido entre ella y Santiago; además en el otro vértice de su triángulo familiar está Isabel, su hermana, quien de la noche a la mañana para ella ha pasado de ser sólo su hermana a verla ahora sólo como mujer que compite por el mismo objeto de deseo. 
Laura da consejos a María para que consiga que Isabel y Fernando la autoricen a marcharse de casa legalmente y no huyendo. Cuando eso suceda y si no encuentra lugar donde guarecerse ella le ofrece su casa para vivir. Al tiempo que estos hechos exteriores a Laura se desarrollan, en su interior despiertan fantasmas olvidados por el paso de los años muy, muy, semejantes a la historia de María

En el fondo y así nos lo aclara la propia autora en dos epílogos al acabar la historia que nos ha relatado, lo ocurrido no es más que metáfora de lo acaecido a la propia Laura cuando ese viaje revelador que emprendió concluye en la casa donde en su juventud sucedieron cosas que estaban dentro de ella dormidas y que el contacto con las cosas y objetos del pasado las han reavivado. Todo ha sucedido realmente en un día. Y sin embargo ella ha experimentado un viaje interior que ha durado lo que va de esa juventud tan lejana hasta el momento de madurez en que se halla ahora.

Carmen Conde, Elena Fortún, "chicas raras"
La obra es breve, tiene sólo 181 páginas. Está fechada en 1974, aunque  la novela no viera la luz hasta 1979 en plena democracia y quizás aprovechando el tirón que la editorial vería en la elección de la autora como primera mujer académica de la lengua. Está estructurada en secuencias narrativas de poca extensión, alguna de ellas de sólo una página. Es, pues, una prosa concentrada, contenida, que dice mucho con pocas palabras. Es un lenguaje en su mayoría poético que en muchas ocasiones bebe directamente en maestros literarios reconocidos por la autora. A veces aclara la autoría de alguna de sus expresiones. Así hace con el propio título, "Creció espesa la yerba..." que en la cita inicial bajo la que enmarca todo el relato aparece completada por una segunda parte que dice "...sobre la tumba de mi juventud" y firmada por su autor, Alexandre Solzhenitsin, y el título de la obra de la que ha sido entresacada, "Archipiélago Gulag". Se da la circunstancia de que la aparición en occidente de este libro en 1973 fue toda una revelación de la tremenda represión que se vivía en la URSS, una represión que Solzhenitsin vivió en su juventud y que aunque llevaba ya años con el libro escrito no quería publicar para evitar consecuencias a quienes en él aparecían y seguían viviendo en los campos de concentración soviéticos. Es, pues, el título, en el fondo, una metáfora que anticipa lo que en la historia que Carmen Conde ha escrito se encontrará el lector. Por si no nos hubiéramos enterado, la autora dispone una secuencia cerca del final, muy breve, pero muy intensa, en la que realiza la unión y desenmascaramiento de las tres equivalencias: la historia de María, la de Laura, y la del sentido del título.

Como digo la literatura está por toda la historia. Salen a colación los nombres de varios escritores, todos ellos muy del gusto de Carmen Conde. A veces expresamente como cuando viene a unir a seres tan distantes en el tiempo pero coincidentes en la opinión como son Santa Teresa de Jesús ("De nada vale predicar. La única manera de cambiar el comportamiento de alguien es amando, no predicando", pág. 149) y el científico del momento Allan Wats (“La cosa no está en saber mucho, sino en amar mucho”, ibidem). Se ve, viene a decirnos la autora que hay cuestiones que están por encima de cualquier contingencia temporal, cosas que son eternas. 

Otras veces la novelista coloca las palabras pero omite el nombre de su autor. Es lo que ocurre cuando leemos "un platillo en el cielo, un platillo en el cieno… Prefería estar muerto” tomados del poemario “Arenal de eternidades” de Juan Ramón Jiménez; igual que cuando en la misma secuencia narrativa Carmen Conde cita “el dormir es como un puente -que va del hoy al mañana. -Por debajo, como un sueño, -pasa el agua.” versos pertenecientes al poema “La noche” del mismo poeta onubense que ella tanto estimaba. Estos versos de Juan Ramón marcan todo el relato: el amor en los primeros, el tiempo en los segundos. Se piensa que el paso del tiempo todo lo cura, pero -parece decirnos la autora- las dolencias de amor, no.

No quiero dejar este apartado sin destacar la cita tomada de un escritor esencial dentro de la denominada novela poética española, Gabriel Miró, levantino como la escritora (bueno, Carmen Conde es cartagenera y Miró alicantino, pero ambos crecieron con las brisas mediterráneas de Levante) y los dos cultivadores de la novela lírica: "'Desnutricion sensitiva del mediterráneo’, dijo Gabriel Miró de su estado psíquico cuando no estaba en su tierra alicantina y sí en la socarradura del verano castellano", pág. 37.

La escritora cartagenera cuida mucho la expresión. Es muy interesante observar cómo para la evocación y la poeticidad utiliza el tiempo futuro que le sirve para imaginar. El uso de este tiempo crea una sensación de incertidumbre en el lector sobre si lo que está leyendo sucede en la realidad o sólo en la mente de quien está narrando. Aparece constantemente pero es muy destacable cuando se presenta la historia del triángulo Isabel - Santiago - María. ¿No ha sucedido la acción porque María está huida junto a Laura y aún no ha regresado junto a su hermana? ¿Laura está recibiendo, desdoblándose, su propia historia pasada a raíz de haber recogido a esta chica en autostop? 
"Luego, separándose, se asomará al balcón a mirar los árboles y a oírlos resonar llenos de pájaros, y ella volverá a sus quehaceres intentando que absorban una atención de la cual carece, como no sea para pensar en su desdicha. [...] [ellos] han sido un solo ser delirante durante unos siglos -minutos, ¡pero siglos!-, y eso la roe como un agua fuertecomiéndose el oro que no es oro aunque lo aparente.
[...]
Pasará el tiempo. Pesará el aire.
Todo será denso y gravitante sobre los dos.
"  (PP. 74-75)
Vemos a la Académica de la Lengua en reflexiones lingüísticas como la que aparece en la página 96 sobre el verbo 'ir’: “Ir es una pausa, es un puente. No estar ni llegar aún. Yendo. ‘Ir yendo’ es una expresión adecuada, indica algo que se hace para hacer pero que no es definitivo todavía. Yo voy a…, estamos yendo a…

Exilio interior, Novela lírica, Cartageneros ilustres
Una vez que conocemos la biografía de la escritora y sabemos de su vida sentimental entendemos mucho mejor las opiniones que en la novela se vierten sobre los hombres y las mujeres:
  •  Sobre los hombres no son muy positivas al verlos siempre como ansiosos depredadores sexuales:
-Es tu marido, recuérdalo. El es como casi todos los otros: egoísta, sin moral por lo que se refiere al sexo. A ti te eligió porque te quiere bien; a mí me quiere mal y eso se pasa.
- El deseo insatisfecho no se pasa…
- Procura agotarle tú todos los deseos.
" (pág.88)
[María] “experimentará un asco profundo hacia el hombre, todo él un miembro rabiosamente hambriento de María.” (112)
  • A las mujeres siempre las presenta como seres con más poso, sinceridad, profundidad y racionalidad:
 “Laura sonríe. Le es grata María por fuera y se la imagina por dentro. Pero lo que está intentando es ayudarla a descargarse de ella misma. A neutralizarse. Para enfrentar mejor el futuro.” (pág. 78)
Ella es una loca y él un irresponsable que corre tras ella mientras no surja algo que le haga olvidarla en cualquier parte. Porque María, en un rapto de lucidez acaba de enterarse de que todo cuanto ocurre es disparatado.” (p. 157)
Para finalizar
Lo que se percibe en este relato es que lo ha escrito una poeta. Por todos lados aparece el toque de poeticidad, la belleza, el ritmo, la hondura significativa... Tiempo y Amor son los dos ejes sobre los que se articula el relato.
⇒ Las frases referidas al Tiempo impresionan:
  • Por su hondura filosófica: “Acercándose, acercándose... ¿A qué? ¿Por qué?. Nunca se contesta a estas preguntas que son, como dijo Henry Miller, las más importantes del hombre.” (pág. 114)  
  • Por la subjetividad inherente a la percepción del mismo: “Tiempo. Nuevo tiempo. Ayer denso, arrastrándose para no llegar nunca a ninguna parte; y hoy tan ágil, tan escurridizo, tan inaccesible por rápido que antes de que llegue del todo ya da la sensación de haberse ido.” (Pág. 138) 
 ⇒ Y para marcar la fuerza imparable de la pasión, lo irrefrenable del Amor, la autora emplea infinidad de recursos retóricos entre los que destaca, con preferencia, el oxímoron, la antítesis:
 “Laura se advierte dueña de muchas vidas; desde la honda cima ascienden vahos opacos que, poco a poco, se clasificarán en imágenes... En este pedazo del tiempo arrebatado al que era despacioso, golpetean voces que ya no suenan y corren brisas de mareas fundidas, fósiles hasta hace unos días. “ (141)
Mujeres en la Academia, "Creció espesa la yerba...", prosa poética

Lo mejor
El modo como Carmen Conde construye un interesante desdoblamiento en la evocación que realiza. Es una mujer madura, mayor, que al retornar a un espacio familiar en el que vivió en su juventud recuerda desde fuera lo que ocurrió hace tantos años ya. Todo está ido, fuera, acabado. El tiempo no se detiene por mucho que queramos pararlo. Los versos de Juan Ramón Jiménez que esparce por el relato son elocuentes en este sentido.

Lo no tan bueno
Lo único que no me ha gustado de esta obra es que al final de la misma la escritora haya añadido dos epilogos que aclaran completamente la construcción del relato: la evocación, la visión de la narradora desde fuera, la anulación del ayer y del hoy a través de la técnica del contrapunto como si el tiempo hubiese dejado de existir. Está exégesis no me ha gustado porque, en mi opinión, mata la magia que un relato debe imbuir en la mente del lector. Pero, como se ve, es un 'pero' menor, muy menor, un 'pero', me atrevería a decir, de puro cascarrabias.
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Esta novela, además de ser, como he dicho al inicio de este post, uno de mis 12 pendientes en el Reto "12 lecturas pendientes" de Ana Bolox, es también uno de los clásicos que incluyo dentro del III Reto "Nos gustan los clásicos" propuesto por Francisco en su blog 'Un lector indiscreto'.