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13 ene 2026

Irene Escolar, protagonista de "Personas, Lugares y Cosas" de Duncan MacMillan

8 comentarios:

Desde que el pasado 19 de diciembre leyera en el diario El País la elogiosa crítica de Raquel Vidales a Personas, Lugares y Cosas, la obra que acababa de estrenar en el Teatro Español de Madrid la actriz Irene Escolar, tenía muchas ganas de acudir a verla. La verdad es que no encontré buenas localidades hasta el domingo 11 de enero de 2026, último día de la representación que se había estrenado el 25 de noviembre de 2025. 

Mis expectativas eran muy altas tras leer la crítica de El País en la que se decía que Irene Escolar  compró los derechos de la obra de Duncan MacMillan que  había visto representada en Londres, donde se estrenó en 2015. Decía Raquel Vidales,  crítica del suplemento cultural:
«Irene Escolar compró los derechos de la obra para producirla y representarla en España, sin esperar a que el papel le cayera del cielo. Visto el resultado en el teatro Español de Madrid, Escolar no se equivocó en su apuesta: exprime hasta la última palabra de ese texto que Macmillan concibió para actrices como ella.
Todo el peso de la obra recae sobre ella.
»
He visto a la actriz en al menos dos obras que ahora mismo recuerde: en Agosto (Condado de Osage) de Tracy Letts  y en El cojo de Inishmaan de Martin McDonagh, ambas obras bajo dirección de Gerardo Vera. Me encantaron las dos y me gustó mucho la actuación de la actriz, cosa que en la que vi el pasado domingo no me ha ocurrido. Quizás la figura del director sea la causante de esta enorme diferencia. Desde luego Gerardo Vera, que en paz descanse, está a una distancia estratosférica —todo en mi humilde opinión personal, que conste— de Pablo Messiez.

El asunto que se toca en la obra no es menor desde luego: el problema de adicción a las drogas de una actriz y su inconstante deseo de desengancharse para poder continuar con su profesión de la que su drogadicción la está expulsando. La obra se inicia con un quedarse en blanco de Sara quien, representando La gaviota de Chejov, cae en un completo desvarío quedando desmayada en escena. Precisa Sara de un certificado de salud para poder seguir en la profesión. Es por ello que acude a una clínica de desintoxicación. Allí los internos (alcohólicos, drogadictos, politoxicómanos y demás) tienen sus idas y venidas de la institución, o sea, sus salidas aparentemente curados y sus reingresos por haber vuelto a caer en la adicción.

El planteamiento es la mar de sugestivo, si bien durante las dos horas de duración no hay muchos avances en el mismo. El grueso de la función se queda en la evolución del personaje de Sara (como Mamen se presentó ella en la institución) que quiere y no quiere dar el paso para salir de la esclavitud que las drogas le suponen. La terapia grupal es el centro del tratamiento y a esa terapia ella se niega en principio. Los demás internos quedan un tanto desvaídos ante la enorme centralidad que la obra da al personaje interpretado por Irene Escolar

Raquel Vidales en su elogio a la actriz por el personaje que compone de Sara dice del mismo:
«Es egoísta, desquiciada y cruel como todo toxicómano, pero también sensible, insegura y frágil como solo puede serlo una diva tan adicta a las drogas como al aplauso. Los mejores momentos son cuando Escolar logra que todas esas capas confluyan en un gesto, una frase, un silencio. El personaje emerge entonces en toda su dimensión.».
En mi opinión es cierto todo lo que la crítica dice, aunque también según mi criterio, esos silencios —¡excesivos!— y esos gestos suelen ir acompañados de frases dichas de modo muchas veces ininteligible por la rapidez con que la actriz las pronuncia o por el bajo volumen de voz con que las emite, lo que hace difícil su intelección. Es aquí donde mi decepción encontró su causa. Y no sólo ocurre en las escenas del tratamiento, sino que ya desde las escenas del inicio el atropellamiento en la dicción unido a la negligente vocalización por parte de Irene Escolar hace que la obra comenzase a no llegarme como debiera. 

Hago responsable de estos defectos en la actuación por partes iguales a actriz y director de la función. Creo que Pablo Messiez, que acierta con la puesta en escena de los 'monos' por síndrome de abstinencia de Sara, claramente fantásticos, oníricos y aterradores, se equivoca al no haber corregido debidamente la dicción de la actriz.  Una dicción que queda claramente expuesta en su desnudez al confrontar con la claridad de los otros actores, en especial de Javier Ballesteros en el papel de Marc y de la pareja que hacen el papel de padres de la diva toxicómana, los dos estupendos en mi opinión: Sonia Almarcha que además de madre hace los papeles de doctora y terapeuta, y Tomás del Estal que junto al de padre borda el papel del toxicómano Pol.

Para finalizar esta crónica de mi desilusión echo mano de nuevo de unas palabras de la crítica teatral de Babelia. Dice Raquel Vidales hablando de la actriz británica que representó a la Mamen/Sara de la obra: 
«Denise Dough logró uno de los mayores éxitos de su trayectoria encarnando a la protagonista, uno de esos personajes extremos que pueden encumbrar o arruinar una carrera». 
Sin llegar al extremo final diré que con esta actuación Irene Escolar desde luego no se ha encumbrado. E insisto en mi opinión a pesar de que los aplausos al final de la larga función de 140 minutos con un descanso de 15, a todas luces excesivo, durante el que la música electrónica, propia de sesiones en las que proliferan las drogas, 'ameniza' el interludio, fueron muy abundantes y duraderos. Curiosamente el teatro, lleno hasta la bandera ese día, tenía un público formado en muy gran número por profesionales del mundo teatral y cinematográfico: actores, actrices, directores de cine, directores teatrales, guionistas de series televisivas, productores, etc. En fin, que los compañeros de Irene Escolar y del resto del elenco que concluían el período de actuaciones en el Teatro Español de Madrid vinieron a aplaudir a sus camaradas. No sé si esta manera de proceder es habitual en el mundo de la farándula, pero sí que llamó mucho mi atención reconocer caras que me eran familiares por su participación en seriales televisivos, en películas y obras de teatro de mayor o menor éxito. 


Espero, más bien lo deseo, volver a ver a la actriz en otra producción teatral. Ansío volver a degustar a la actriz que hace ya más de diez años me entusiasmó. Espero que así sea y que la saga de los Gutiérrez Caba a la que pertenece la actriz con ella se perpetúe. Y su calidad también.


21 dic 2022

Enrique Llamas. Segunda novela: "Todos estábamos vivos"

6 comentarios:

«Aquella historia laberíntica, que era la de Diana pero que era la de todos, que era la nuestra, porque nosotros también estuvimos ahí en algún punto. Fuimos algún eslabón de la cadena, probablemente el último, que es quien más sufre, el más sucio, el que más se oxida y el que primero cae. Somos nosotros y son nuestros años, los meses que dieron comienzo a una década de la que no todos saldríamos.»

Todos estábamos vivos, Drogas, Música de los 80
Enrique llamas
(Zamora, 1989) es un periodista que a los 17 años se trasladó a Madrid para estudiar Ciencias de la Información. Desde ese momento reside en la capital de España donde actualmente colabora en diversos medios realizando entrevistas y escribiendo sobre literatura y teatro. La novela "Todos estábamos vivos" aparecida en 2020 es su segunda incursión en la literatura narrativa: la anterior fue "Los Caín" con la que debutó el año 2018. Fue precisamente a raíz de la lectura que hice de la reseña de esta novela publicada por Rosa Berros en su blog que conocí al escritor y me animé a leer algo suyo.

La novela ficcionaliza la entrada de España en la década de los 80, la "década prodigiosa". Concretamente la narración abre con la muerte en accidente el día primero de enero de 1980 de Canito (José Enrique Cano Leal), quien junto a los hermanos Urquijo formó a finales de los 70 el grupo de música TOS. El concierto de homenaje que se hizo en la Escuela de Caminos de Madrid en febrero de ese mismo año es considerado como el punto de partida de la Movida madrileña. 

Y de esto va la novela, de la movida madrileña y de cómo su vorágine se llevó por delante a muchos jóvenes («Alternábamos los funerales de nuestros abuelos con los de nuestros amigos. Cuando nuestro país parecía empezar a arder en el fuego de una pasión nueva, recién estrenada, nosotros nos congelábamos»). La libertad había venido para quedarse y los jóvenes del momento desconocían -lo irían sabiendo a base de golpes y de caídas- el poder adictivo de los estupefacientes. La cultura punk caló en la juventud de todas las clases sociales. La novela centra el foco en dos chicas de clase alta, cuyas madres pertenecieron en su juventud al mundo de la farándula, mucho más abierto a los nuevos aires que soplaban con fuerza. Estas dos chicas (Adela Argol y Diana Belflor) reproducen en su comportamiento el de sus respectivas madres cuando por los años 50, ambas (Adela del Oro y Diana Pavón) competían y se zancadilleaban mutuamente por hacerse con la primacía del estrellato teatral. 

La libertad no sólo trajo inconvenientes como el de la adicción a las drogas duras y el reguero de muertes que se cobró. También trajo una vivencia del sexo más abierta, más libre, menos encorsetada en los parámetros tradicionales del matrimonio burgués heterosexual. Junto a las dos chicas de clase alta ya citadas hay en la novela una pareja de homosexuales que viven su amor con sinceridad y en clave abierta, o sea, sin una fidelidad a prueba de bombas. Es la pareja formada por Ric y Aldo Sampedro. Estos dos chicos son de clase popular y se ganan la vida sobre todo de chaperos o «destaponando tuberías», en el caso de Aldo, a señoras o señores de clase acomodada que así podían satisfacer sus deseos ciertamente muy reprimidos. 

A finales de los 70 e inicios de los 80 se generalizó en España la práctica del sexo entre las parejas jóvenes. El movimiento hippie estadounidense y la popularización de los anticonceptivos contribuyeron decisivamente a ello. Pero en España, muchas de estas parejas jóvenes desconocían los métodos contraceptivos y el amor libre que llevaban a cabo, muchas veces entre vapores alcohólicos u obnubilaciones psicotrópicas, provocaba con frecuencia embarazos no deseados. El aborto, prohibido en España por esas fechas, así como el consumo cada vez más habitual de la píldora anticonceptiva, también son asuntos que se abordan en esta novela. El distinto enfoque dado al sexo por las dos generaciones que aparecen en la novela -la de Adela y Diana, madres, versus la de Adela y Diana, hijas- tienen en el relato un elemento conector: el personaje de la madrina de Adela, la hermana de su padre. Dentro de su generación la madrina es ciertamente una adelantada a su tiempo; es ella la que más se acerca a Adela Algor, la joven burguesa perdida en sus afectos que necesita alguien de quien asirse, Sólo su madrina sabe acercarse a ella e interesarse por sus problemas.
«La madrina reía. Desde siempre, para Adela, era difícil pensar que aquella mujer fuese hermana de su padre. Quince años menor, y tan moderna siempre, con pantalones anchos y camisas blancas.»
De la galería de personajes, además de los nombrados, hay que citar a Teo, el noviete de Adela. Teo es el típico joven de esos años que juega con las drogas, el sexo y la música a pesar de no tener dotes para esto último. Afortunadamente para él saldrá indemne de todos los juegos en los que participa; consciente o inconscientemente deja a su paso un reguero de seres caídos, es un seductor que no sabe el daño que causa a su alrededor.

Los seres de ficción se mueven por un Madrid  real, el Madrid que va de la Nochevieja de 1979 al 9 de febrero de 1980, fecha del concierto homenaje a Canito. Es una ciudad que revienta de música por todos sus poros. Si algo hubo en la Movida fue música. Los grupos musicales surgían como setas, muchos  jóvenes se reunían para formar uno, no importaba mucho saber de música o saber cantar, incluso en la cultura punk del momento desafinar era una buena seña de identidad. Las agrupaciones de jóvenes músicos que se citan en Todos estábamos vivos son reales (Los Elegantes, TOS, Los Secretos, Parálisis Permanente, Enrique Urquijo, Los Pegamoides...). También los locales (La Bobia, El Penta, La Vía Lactea...) donde estos conjuntos de música daban sus conciertos primeros y a los que los jóvenes acudían a beber, escuchar los temas de moda, relacionarse entre ellos y saltar a otra dimensión haciendo interminable la noche con ayuda de sustancias de las que se ignoraban o se negaban sus peligros, son reales. 

La historia inventada discurre, pues, en un contexto y marco reales. Lo que se nos cuenta no ocurrió, pero infinidad de historias semejantes sí sucedieron. La realidad se sobrepone a la invención. Son reales, además de la música, de los garitos, de los grupos de música y el nombre de algunos de sus integrantes, la referencia a la llegada a la capital de jóvenes procedentes del medio rural o ciudades pequeñas próximas a Madrid que para salir adelante se metieron de lleno en el camelleo de las drogas
«El piso era el del Pedro, un amigo de su pueblo que había llegado a Madrid algunos meses antes que él. Eran muchos hermanos y el doble de manos para trabajar una tierra a la que le sobraban bocas y faltaba lluvia. [...] Ric sabía que probablemente el Pedro le ofrecería aquel caballo tan bueno que le habían pasado la noche anterior y que no había probado todavía.»
La vulgarización del uso de las drogas y la falsa percepción de control que el adicto cree tener sobre ellas era/es una evidencia real
«en el bolsillo interior de su chupa guardaba la farlopa para el ensayo. Llevaba otra también, de aquellos polvos tan buenos que le había pasado el fotógrafo de Cascorro. No, no era como ellos. Él no era como aquella gente. Él controlaba.»
También es real la manifestación en libertad de la diversidad sexual que la Movida propició. Al amor libre entre los heterosexuales se une en la novela, el amor homosexual, el travestismo, la prostitución masculina...
«Adela volvió a mirarla de arriba abajo. Se fijó en la nuez de su cuello: un fruto maduro incapaz de ocultar su bulto.»
Y reales son las nuevas manifestaciones culturales como los cómics que proliferaron por aquellos años:
«—Esta es La Piraña Divina. Es de puta madre.
—¿De quién es?
—De Nazario, lo conozco por un amigo mío fotógrafo que vive aquí al lado.
»

Por todo lo dicho hasta aquí, a mí la novela de Enrique Llamas me ha gustado. Pero lo que creo que  hace dar un salto cualitativo a Todos estábamos vivos es la manera elegida por el escritor para presentar una historia, por desgracia, demasiado conocida por lo abundante que fue durante esos años. La estructura dada al relato es una estructura circular, envolvente, laberíntica, que avanza y retrocede, que anticipa y esconde, que aclara y oscurece..., pero que según que pasamos las páginas vamos comprobando cómo todo va encajando, cómo los elementos de un mundo roto, descolocado en las piezas que lo constituyen, conforman un universo reconocible y completamente comprensible. Y esta manera de construir la novela es para mí el mérito principal de esta narración
«Le quedaban a la señorita Adela varias semanas para despertar por última vez cuando tuvo lugar aquella conversación que fue interrumpida por un filón de muerte que casi atropella al Hortelano»

Marcó la Movida un cambio de época que no sólo atañó a la música, al amor, al sexo o al consumo de drogas. El cambio fue total. Las revistas del corazón, representadas aquí en el personaje de la periodista Encarna Arce, iniciaron su época dorada; comenzaron a realizarse los velatorios en las salas anónimas y frías de los llamados tanatorios; el choque generacional padres-hijos también se evidencia con mucha fuerza en este relato; etc.


El título
El novelista Enrique Llamas
La razón del título se desprende sin mucha dificultad de la lectura de la novela. No obstante, Enrique Llamas en «Bonus Track (Una nota del autor)» aclara la procedencia del sintagma. Concretamente, dice 
«entre las muchas inspiraciones de este libro están los poemas de El Ángel (Ángel Álvarez Caballero, 1961-1995). Un poema suyo sugirió la idea del título:
 ¿Recuerdas cuando estábamos todos vivos y vacilábamos de mesa en mesa con los ojos como bolas de billar, desafiando a quien tuviera lo que había que tener para cruzarse en nuestro camino?»
Y prosigue el autor diciendo que los títulos dados a los capítulos los toma asimismo deliberadamente de los homónimos de poemas y canciones de El Ángel. También aclara que el título de la novela debe no poco al poemario de la poeta Olvido García Valdés Y todos estábamos vivos. Concluye el novelista este Bonus Track con una serie de aclaraciones al lector, en mi opinión innecesarias, sobre las inspiraciones de los nombres de algunos personajes o de las denominaciones dadas a las partes en que estructura la novela. 


En conclusión
Una novela que me ha gustado por su contenido y bastante más por su continente. Me parece que Enrique Llamas se maneja con acierto en la presentación de una época. Tomando como punto de partida el fallecimiento de una chica nos va dando, a base de círculos informativos cada vez más alejados o más próximos al hecho con que abre el relato, información puntual y muy fidedigna de lo que fueron esos años, que él comprime en unos escasos meses, para aquellos que se zambulleron en ellos sin ningún miedo, llenos de fe y de ansias de libertad. Cómo estas mismas ansias a muchos los devoraron y otros, que jugaron con fuego, salieron indemnes en propia carne aunque hicieron bien de daño a algunos que con ellos toparon.

La música y los ambientes musicales del momento (los garitos, los baretos, las discotecas...) donde no sólo se escuchaba música y donde se acudía con excesiva frecuencia al servicio es el marco que contiene a todos los protagonistas de ese momento tan peculiar e importante: la Movida madrileña.



Nota
Todos estábamos vivos me ha servido para conocer más sobre los años de la Movida, que por estas fechas o poco antes ha celebrado su 40º aniversario. Además al tocar aspectos de la música española durante esos años, prolíficos en la aparición de grupos, he podido completar la información que también sobre la música de ese momento leí no hace mucho en Medicina & Rock'n Roll, memorias musicales de Francico Coronel, amigo, médico y vocalista en un grupo de la época [leer reseña aquí].

Con la novela de Enrique Llamas  completo la letra Ll del Reto "Autores de la A a la Z" del blog Lecturápolis de mi amiga Serendipia.

27 may 2020

Fernando Benzo: "Nunca fuimos héroes"

28 comentarios:
Gabo recuerda aquello que solía decir el Dandy. No son monstruos con cuernos y rabo. Son personas. También se acatarran y les hace reír una película tonta. El Dandy no lo decía para defenderlos. Todo lo contrario. No permitáis que eso os lleve a confusión, les advertía. Matan, secuestran, destruyen. Pero son personas.” (en cap. 14)

Fernando Benzo, Nunca fuimos héroes, editorial Planeta
A Fernando Benzo lo descubrí por casualidad hará poco más de un año en un programa radiofónico en el que hablaba de su novela "Las cenizas de la inocencia", novela que, a raíz de esto, leí y me agradó en extremo [hice reseña de la misma en mi blog]. Al finalizar tan grata lectura me puse a indagar sobre él y apunté algunos de sus títulos que busqué por Internet. Encontré y adquirí en Amazon uno de ellos, "Los náufragos de la Plaza Mayor", una distopía que presentaba un Madrid cuyos habitantes se habían volatilizado, y que también reseñé en este blog. Desde luego, en marzo del año pasado cuando la leí para nada pensaba que un Madrid desierto, sin nadie que discurriese por sus avenidas y calles se haría realidad justamente un año después. Tras leerla me desinflé un poquito pues en calidad "Los náufragos..." está muy por debajo de "Las cenizas..." y busqué lecturas de otros escritores.

Hace cosa de dos o tres meses empecé a ver reseñas positivas por los blogs literarios que frecuento de "Nunca fuimos héroes". Tomé nota del título y me propuse leerlo. Por fin llegó el momento y he de decir, así, sin más, nada más empezar, que me ha gustado, me ha entretenido, me ha ilustrado, me ha enseñado..., en definitiva, he disfrutado mucho con esta última novela de Fernando Benzo.

Gabo, comisario de policía retirado, recibe un día una llamada de su antiguo compañero Sixto Almada, ahora Comisario Jefe de la Comisaría a la que el expolicía es conducido tras haberle partido la cara a un ruso sobón que molestaba a su amiga Dolores. Sixto le avisa de que su fijación desde hace ya 30 años, un terrorista de ETA llamado Harri, ha sido detectado en Madrid. Dada la animadversión que desde siempre Gabo ha tenido a este individuo, Almada le insta a ocuparse de él vigilándole a fin de conocer las intenciones que alberga. Gabo es renuente a la petición arguyendo que él ya está retirado, pero Sixto, buen conocedor del comportamiento humano, deja a su alcance el dossier del antiguo etarra, sabedor de que Gabo no podrá resistir la tentación de cobrarse la deuda, viva desde hace décadas, que mantiene con él.

Gabo se hace el encontradizo con Harri en una sala de billares donde éste mata las horas muertas algunas tardes. Aunque al principio se ignoran mutuamente pronto estos dos solitarios comienzan a jugar partidas y a contarse sus vidas, inventadas o no. Dado que quienes habían detectado la presencia de Harri en Madrid habían sido los de estupefacientes una inspectora de esta Unidad de nombre Estela contacta con Gabo y le propone trabajar  juntos, a lo que el poco empático de Gabo en principio se negará aunque poco a poco y por necesidad, si es que quiere vigilar de verdad al exetarra, accederá.

En esencia esta es la línea argumental de la narración en la que se van intercalando los recuerdos de las épocas profesionales vividas por el comisario retirado desde el lejano tiempo en que un joven Gabo tras salir de la Academia de Policía de la calle Miguel Ángel de Madrid es destinado junto a su compañero Sixto Aldama al País Vasco donde la banda ETA se está haciendo notar con atentados, secuestros y extorsiones. Allí, en San Sebastián vive en un piso franco con otros compañeros que le marcarán profundamente y que siempre tendrá en su memoria: Cata, Javi y el Dandy. Cada uno de ellos con su personalidad, sus manías, sus orígenes a cuestas; particularidades que se manifiestan en sus gustos musicales, sus vicios, sus maneras, y que le sirven al autor para individualizar a cada uno de ellos.

El relato es contado por una tercera persona externa al mismo que lo hace de manera objetiva. En ocasiones este narrador da paso a una segunda persona generalizadora o impersonal que en su amplio campo significativo incluye también al propio personaje del que se está contando algo, en el ejemplo que pongo, Estela: "Era una mujer guapa que parecía empeñada en compensar cualquier posible atractivo con una férrea seriedad y una mirada fría con la que parecía estar advirtiendo de que estaba dispuesta a sacar la pistola y castrarte a la menor estupidez.” (en cap. 4). En general el estilo de escritura destaca por ser limpio, franco, claro, coloquial, fluido, directo… Un estilo caracterizado por la frase corta, a veces de una sola palabra. Una manera de comunicar que resulta muy agradable de leer y que alcanza altura 
Aquella noche hicieron el amor después de más de una semana compartiendo cama sin tocarse. Marina le pidió que lo hicieran sin pena. Y así lo hicieron. Como siempre. Con ansia, con dulzura, con hambre, con sabor a final, y con olor a para siempre. Y sin pena.” (en cap. 8)
Las vicisitudes del tiempo presente, que no se concreta con exactitud pero que sin lugar a dudas discurre en la segunda década de este siglo XXI, le hacen evocar al protagonista sucesos semejantes acaecidos en el pasado: los años de la Guerra Sucia contra ETA en el sur de Francia, las Conversaciones de Argel de 1989, la operación de Bidart en 1992, el secuestro y asesinato del concejal Miguel Angel Blanco en 1997... Estos avances y retrocesos rompiendo la línea temporal dotan al relato de una agilidad y una fluidez que atrapa al lector. 

ETA y la guerrilla colombiana, Drogas y ETA, Terrorismo y Narcotráfico
La relación guerrilla colombiana-ETA es evidente (Ag. EFE, 31/5/2019)
Es en cada una de estas evocaciones que sin caer nunca en lo prolijo Benzo hace entrar al relato en el terreno de lo histórico, de lo sucedido en verdad. Son evocaciones que para nada distraen del asunto ficticio principal, la investigación sobre Harri y sus extrañas conexiones en España con gerifaltes de la droga como Johnny 'el Argentino'Mario Claudio 'el Emperador', e islamistas como Youssef Dabdelkeir 'el Egipcio'. Esta ficción, la de la extraña ligazón entre un exetarra, unos traficantes de droga y el terrorismo yihadista es el núcleo fundamental de la novela. 

Ciertamente arriesgada operación en mi opinión es escribir sobre estos asuntos en España donde un brutal atentado islamista dio al traste con un más que cantado resultado electoral debido a la adscripción, equivocada o intencionada, a unos u otros autores. Este pensamiento constantemente me sobrevolaba durante la lectura pensando que el autor mostraría una definida inclinación por alguna de las tesis enfrentadas en ese momento y que incluso hoy reaparece en algunas ocasiones en el ambiente político. Pero no. Fernando Benzo conduce con mano diestra la narración y sabe evitar tan vidrioso asunto. ¿Cómo? Pues no lo voy a decir porque para eso está esta entretenida novela y el disfrute de descubrir lo que sucede según que se avanza en su lectura.

Salvado ese asunto tan próximo a nuestro momento sociopolítico actual, es en las opiniones que en la novela se vierten sobre los dos principales actores en liza durante esos terribles años de plomo -los terroristas de ETA y los funcionarios de la Policía del Estado-, donde se trasluce el pensamiento del escritor
  • Sobre la Guerra Sucia: “La sospecha perseguiría siempre a aquellos que se dedicaron a la lucha antiterrorista durante aquellos años. Costaba creer que aquello fuese un asunto encapsulado, al que se guiaban y se comían un grupo reducido de políticos y polis al margen de la organización policial.” (en cap. 10, al ser Gabo cuestionado por su participación o no en esas acciones)
  • Sobre la neutral visión del problema: “Nada podía justificar la furia colectiva de aquellas jaurías de jóvenes que dedicaban su tiempo libre a recorrer las calles destruyendo cuanto encontraban en su camino mientras reclamaban la vuelta a un mundo imaginario que consideraban que alguien en algún momento de la historia les había arrebatado.” (en cap. 2, al encontrarse el personaje en Donosti con una escena de kale borroka)
  • Sobre la distorsionada mente terrorista: “Estos tíos viven en una realidad paralela. Cuando mi nuevo amigo terrorista te habla de los problemas que ve en el País Vasco, te pinta un mundo imaginario en el que poco menos que tanques invasores patrullan las calles vigilando a una población cuya calidad de vida no es mucho mejor que en los antiguos guetos judíos, sometidos todos a unas fuerzas represoras del Estado que actúan con un ciego afán exterminador, sin miramientos jurídicos ni humanitarios.” (en cap. 11, comenta Santiso, uno de los interlocutores por parte del Estado en las conversaciones Argel)
Varios asuntos, además del general de la lucha contra ETA, se tocan en esta más que interesante novela. Quizás el principal sea el de la culpa, un sentimiento que acompaña a Gabo desde que vio morir en esa guerra a más de un compañero y sacrificarse a más de una compañera: Cata y Marina son el contrapunto a Estela en los modos de actuación y entrega a la causa, siendo las tres buenas profesionales policiales aunque en tiempos diferentes y con valores de entrega también muy distintos; justamente lo que va de la España de los primeros años 80 a la de hoy día. Muy unido al sentimiento de culpa esta el asunto de la lealtad: 
¿La lealtad? Una minucia como sentimiento, comparada con la culpa. Ese sí que es de los que marcan toda una vida. Uno puede llegar a librarse de la lealtad. Puede ignorarla, traicionarla, reemplazar una por otra, cambiar su objeto y su motivación. Pero la culpa no, la culpa es inamovible.” (en cap. 6)
El tema de los tiempos distintos, de lo que va del ayer al hoy, hace que tenga también mucho interés el asunto de los límites morales, éticos, políticos, en la lucha contraterrorista, más garantista hoy día que lo fuera en el pasado.

Mitos y leyendas vascas, Euskalerria, Olontzero
Julie Vicario-Weber (Cc)
Fuera de lo estrictamente político me ha interesado mucho en este relato las alusiones a la cultura vasca en un sentido claramente valorativo de la misma. Están referidas fundamentalmente al mundo rural como las leyendas sobre la bruja Tontorgorri, el toro rojo Zezengorri, la diosa Mari, el cura y cazador errante Mateo Txistu, el señor de la noche Gaueko, las ‘lamias' (sirenas),  los ‘jentilak' (primeros pobladores de la tierra vasca), el Olentzero:  el único gentil (jentilak) que quedó del exterminio que de ellos hicieron los cristianos. Otras veces lo que aparece son términos euskeras referidos al ámbito familiar y doméstico como 'aita' (padre), 'ama' (madre), 'amona' (abuela), ‘jatorra' (simpático), ‘ximelgorris' (diablos)... Y también, si bien en esta ocasión con un sentido muy crítico, aparecen términos que pretenden crear falsos ideales revolucionarios, un pensamiento mítico-político construido siempre en la constante idea del "ellos" y "nosotros" propia de los nacionalismos irredentos: son vocablos como ‘zutabes' (boletines que la banda distribuía entre los seguidores justificando la acción realizada); ‘talde' (grupo reducido de apoyo a un comando terrorista), ‘muga' (frontera), ‘mugalari' (colaborador de ETA que ayudaba a pasar clandestinamente la frontera), ‘gudari' (soldado vasco), ‘txacurra' (perro. Aplicado a los policías)...

Junto a las referencias a la cultura vasca en "Nunca fuimos héroes" Fernando Benzo deja muestras de su extensa cultura fundamentalmente referida al mundo de la Música y del Cine. Referido a la música he confeccionado una playlist con algunos de los temas que se citan. El mismo Fernando Benzo realizó en "Las cenizas de la inocencia" la playlist de canciones que en ella aparecen; no la he visto en esta ocasión y por ello me he permitido realizarla. Es ésta que coloco a continuación:



Respecto al Cine, otra de las aficiones confesadas del novelista madrileño, muchas imágenes o símiles utilizan a este arte o a alguno de sus personajes o intérpretes como elemento real de comparación. Así por ejemplo la conversación mantenida entre Gabo y el coronel de la Guardia Civil Varela sobre la droga y ETA además de muy interesante contiene en su decurso alusiones y referencias a películas muy conocidas (“El silencio de los corderos" al utilizar metafóricamente el nombre de Hanibal Lecter; “Psicosis” al nombrar a Norman Bates; “El exorcista" al evocar ese giro de cuello inolvidable; etc.). Otra muestra de este culturalismo cinematográfico puede observarse en los símiles que realiza entre la pareja de interrogadores policiales formada por el Dandy y el jefe Toni Pazos y parejas célebres del cinematógrafo (el Gordo y el Flaco,; Spencer Tracy y Katherine Hepburn; o Fred Astaire y Ginger Rogers)

Para finalizar
Pensaba, mientras leía con avidez esta novela, en lo mucho que, en cierto sentido, me recordaba a "Patria" de Fernando Aramburu [leer reseña aquí] por eso de haber convertido en materia de ficción a la banda ETA. Efectivamente ésta puede ser una clara semejanza entre ambas, si bien las diferencias son muchas, entre otras que mientras en Aramburu estamos dentro del propio pueblo vasco que vive la escisión entre etarras y no etarras, la novela de Benzo enfoca el conflicto desde la perspectiva de los policías destinados en el Norte. Se percibe aquí que la interrelación con los locales es pequeña, tan sólo algún ligue ocasional del Dandy o la visita del grupo de policías a algún bar a tomar copas y poco más. Por otra parte también podría considerarse la vida de Harri exiliado en Argelia, en Santo Domingo o en Colombia como la novelización de la vida de algunos etarras cuando acabó para ellos la acción directa, algo que en "Patria" no se aborda.

Evidentemente las diferencias referidas a estilo, intencionalidad, asuntos tocados, etc. son evidentes como corresponde a dos novelistas distintos en formación, en origen, en profesión..., o sea, prácticamente, diferentes en todo. A este respecto cabe señalar que al final de la propia ficción en una Nota del Autor, Fernando Benzo alude a haber estado destinado profesionalmente, durante algún tiempo ya lejano, en el Ministerio del Interior donde conoció de primera mano este tema así como a muchas personas que se enfrentaban directamente a él. Nombra a Pedro Gómez de la Serna con quien coincidió en dicho Ministerio y con quien años después, en 2001 concretamente, decidió "escribir un libro que recorrería las vicisitudes de la lucha policial contra el terrorismo desde los comienzos de la banda hasta aquel momento". Dicho libro no vio la luz por acuerdo de ambos dada la petición de confidencialidad de algunas personas. Con honestidad más que sobrada Fernando confiesa haber tomado algunos episodios policiales recogidos en ese libro nonato con el debido permiso del coautor.