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19 mar 2026

Ana Campoy: El paracaidista

7 comentarios:

«Porque, cuando la Cascas Vieja había vuelto a mirar, cuando abrió las cortinas y salió de la alcoba, solo tuvo ojos para su primer hijo, el Cascas Grande. Y la hija se conformó porque ella no era varón y una mujer siempre tiene que aguantarse. Pero si en todo ese tiempo no hubo nada para ella, tampoco habría atención para otra, y menos para la hija de la tintorera.»

El paracaidista, Ana Campoy
Hasta la aparición de esta novela, la madrileña Ana Campoy era conocida fundamentalmente por sus obras dirigidas a un público infantil. El paracaidista lo publica el año 2024. La historia que se relata está situada en el mundo rural andaluz, seguramente jienense. Según avanzaba en su lectura por momentos venían a mí resonancias lorquianas. Un lenguaje poético con una alta carga metafórica es el que la autora utiliza para presentar un mundo escindido por la mitad entre opresores y oprimidos. Situado en la primera etapa de la posguerra están aún muy presentes las violencias de la Guerra Civil, las venganzas, las denuncias, los tiros dados en las tapias del cementerio, los suicidios por no poder resistir vivir entre tanta pobreza e injusticia, los ajusticiamientos realizados por algunos particulares sabedores de que la justicia no existiría para ellos, las violaciones... Un mundo, en definitiva, en el que la muerte (la 'sombra' en la novela) ronda constantemente.

Es una historia en la que hay cabida para la magia, la creencia en la superchería (los sanadores), el deseo, la huida entre vapores alcohólicos... Un mundo en el que las mujeres se erigen como base firme para hacer viable la vida y hacer que los propios prosigan en ella aunque sea a costa de su propia vida.

Pese a su brevedad (133 páginas) la novela es densa. La lectura no me ha resultado muy fluida al principio, si bien a partir de la mitad parece que cobra ritmo y todo comienza a desarrollarse de manera más ágil. Quizás la sensación de farragosidad deba bastante a los nombres dados a los personajes. Son todos ellos motes o apodos (la Tuerta, los Cascas [el Cascas Viejo, la Cascas Mediana, el Cascas Canijo...], la Berzas, el Chico, la Muda, el Tintorero...) que dificultan la ubicación exacta de los mismos en el universo familiar correspondiente. Este hecho, unido a la frecuente anticipación de sucesos presentados como si ya fuesen por todos sabidos, provoca que el texto en su primera parte dé la sensación de congestión.

Muy importante e interesante en El paracaidista es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje cargado de poeticidad. Ana Campoy hace uso de un buen número de metáforas e imágenes que no sólo embellecen el texto sino que hacen que éste penetre de mejor manera en el lector:

  • [las mujeres] Iban de un puesto a otro con sus capazos, cargados de alimentos y de relatos
  • el pavor curvándole la espalda
  • La frase se le fue a Molienda como se le escapa al viejo la orina
  • Desde la alcoba, bajó hasta la cocina con el daño goteando
En ocasiones es la alegoría el recurso que conquista el relato

«Las criadas de los Cascas se buscan en las esquinas. La planta baja con tanta tarea, y ellas venga a darle a la rueca de la lengua. A hilar la retahíla. No atienden a los quehaceres con tal de despistarse. Y es que hay mucha hebra aquella tarde.»

El duende lorquiano invade el texto con fortuna las más de las veces:

  • «la pared encalada. La del patio, que ahora es de luna pero que casi no tiene reflejo.»
  • «El viento baja por la ladera. Congela el monte el rumor del agua que dice, que cuenta, que a la Barda la han apresado y la han llevado al penal.»

La historia la distribuye la autora en cinco apartados que conforman una trama que va de dentro hacia afuera: Desde lo interior doméstico (La Casa y El Pueblo) a lo exterior y último que tiene lugar al salir fuera de la Casa y del Pueblo de manera provisional o definitiva (La Luna y La Sombra). El fiel de la balanza lo constituye el tercer apartado titulado Los Caracoles. Estos moluscos son los auténticos agentes pasivos de la tragedia que en la novela se relata. Porque eso es la novela, una tragedia, más pequeña en tamaño de la que supuso la Guerra Civil pero idéntica en las causas y los efectos. Con razón en un momento del relato se lee:

«los Cascas habían ganado la guerra y todavía seguían ganándola aun sin luchar, que es la mejor manera. Hacerse con las ovejas, las olivas y las tierras. Con el sudor y las manos de los otros. El mejor modo de ganar. Quedarse con todo. Ganar para escribir las reglas.»

Para finalizar quisiera resaltar de nuevo la fuerte raigambre lorquiana de la historia. Además de lo ya dicho respecto al lenguaje, la localización rural andaluza entre olivares y la relación de poder entre personajes remite -al menos a mí así me lo ha sugerido- a Federico. Lo que más me lo parece es esa manera de relacionarse entre la Alcuza y la Cascas Mediana, o sea entre la criada principal de la Casa y la señora de la misma. Algunos diálogos como el mantenido entre ellas sobre una sobrina el día que entierran al Cascas Grande parecen propios de Bernarda Alba y la Poncia:

«—¿A ti te parece bien? ¿Pintada como una cualquiera?
—Yo solo digo que, por muy fuerte que aprietes, la lazada al final se suelta.
—Por eso mejor cuerda de esparto. Nada de hilos de seda.
—No exageres.
—En esta casa somos gente de bien.
—Pero tú por eso no has de temer. Tu hija es de buen linaje. No va a seguir los malos senderos.
»
Me parece interesantísimo la manera que tiene Ana Campoy de presentar la narración. Es un narrador externo en tercera persona que maneja con fruición el estilo indirecto libre logrando que los lectores nos sintamos dentro de los hechos narrados. 
«Los odios antiguos todavía perduran, aunque bastante haya llovido sobre las banderas. Qué sentido tiene mirar hacia lo que ya está pasado, si la guerra quedó lejos y los uniformes se quedaron doblados en los arcones. Que ya nadie lucha ni mata. Ahora el pueblo es otro y la gente solo quiere paz. Y trabajo. Porque lo más decente es ganarse el jornal.» (escribe el narrador diluyéndose en la boca o el pensamiento del Cascas Canijo)
Ana Campoy autora de "El paracaidista"
Efectivamente, Ana Campoy gusta de difuminar la figura del narrador y es por ello que también utiliza con mucha frecuencia el estilo directo libre, o sea, sin verbos introductores; ejemplo de esto último es el diálogo citado poco más arriba entre la Alcuza y la Cascas Mediana. También está presente en el muy vivo diálogo mantenido por la servidumbre de la casa de los Cascas a propósito de la exhibición que la Tuerta elegantemente ataviada realiza por el pueblo. 

Muchos recursos literarios hay en esta novela corta. La suma de todos ellos más la historia narrada dan al relato un tono cercano al realismo mágico. Podrá ser mera casualidad o simple deseo mío, pero leyendo esta historia situada en tierras jienenses su tonalidad, el asunto, ciertos comportamientos de algunos personajes...  por momentos todo ello junto me ha hecho recordar a David Uclés y su renombrada obra La península de las casas vacías a la que dediqué una elogiosa reseña en este blog. Desde luego esta cuestión e incluso la presencia o no de realismo mágico sería tema para un interesante debate.
«Sólo el fuego sabe lo de la niña muda y sus poderes. Eso que la niña entiende y que ve en los demás. Porque la niña muda no solo escucha a las llamas, también tiene visión de todo lo que a los del pueblo les queda por decir. Lo que querrían hablar porque les rebosa de las tripas, y cómo después nunca se atreven y el ardor les quema la frente, y más tarde los sesos. Uno por uno los oye frenar las ideas. Dejarlas al filo de la  boca y dudar si empujarlas o no al vacío.»

El paracaidista es la primera incursión de la novelista madrileña en la narrativa no dirigida para un público infantil. En el campo de la literatura infantil Ana Campoy tiene más de una decena de títulos en las librerías. 

Nota final
Tuve oportunidad ayer mismo de participar en la tertulia que sobre El paracaidista tuvo lugar en en Club de Lectura de La Casa del Libro de la c/ Fuencarral  de Madrid. Sandra, coordinadora de la Tertulia, presentó a Ana Campoy, la autora de la novela, quien con una enorme vitalidad y entusiasmo explicó el proceso de gestación de esta su primera novela dirigida a un público adulto. Todo lo que contó me gustó, pero quizás lo que más me interesó fue la referencia que hizo a la mítica que desde la Grecia antigua hasta hoy permea nuestra cultura y tiene fuerte presencia en su libro. El mito de Aracne y la tragedia de Antígona son a este respecto los elementos más relevantes: el primero en cuanto a la forma dada a la novela y la manera que tienen actores y lectores de conocer los hechos que en ella suceden; el segundo, más en el plano del contenido, referido a la injusticia que representa negar al vencido el descanso eterno en el lugar que le corresponde. También me pareció revelador, referido a la mítica, la importancia que para la escritora tuvo la lectura en El Español de un artículo titulado El triángulo de los suicidas: en los pueblos donde quitarse la vida es una costumbre. Este artículo fue el aldabonazo final que la decidió  ponerse de lleno con El paracaidista.

Ana Campoy
Pero, quizás, lo más llamativo para mí fue contemplar el "making of" que Ana Campoy desplegó ante quienes, encantados, estábamos escuchándola. Contemplamos los elementos del proceso creativo: el cuaderno en el que a lo largo de varios años fue escribiendo relatos que le inspiraban las confesiones de sus abuelos jienenses y donde apuntaba cuantas posibilidades o ideas se le iban ocurriendo para ir conformando una posible novela que aún no tenía decidido escribir; una especie de "evidence board" en el que a base de post-its de colores había ido diseñando la estructura de la historia; y por último la "escaleta" en la que ya aparecía debidamente organizada la trama. 

Tras las palabras de la novelista, los asistentes a la tertulia le transmitimos dudas, le hicimos preguntas, le destacamos aciertos, le pedimos aclaraciones... Y Ana Campoy dio respuesta a todo y a todos. Fue una muy interesante tertulia. Muchas gracias, Ana


5 nov 2025

Arturo Barea e Hiromi Kawakami (A pares XLVII)

10 comentarios:
Como ya me ha ocurrido otras veces el "A pares" que presento está formado por dos libros muy distintos entre sí, que leí hace ya dos o tres meses y que por causas diversas se quedaron sin ser reseñados. No siempre es fácil acompasar el ritmo lector con el escritural de las reseñas. Con frecuencia hay lecturas que habiéndome resultado gratas ni siquiera aparecen mencionadas en el blog. Para evitar tal cosa nació hace ya muchos años esta sección. En esta ocasión simplemente señalo dos o tres notas de cada una de las dos novelas: Del autor pacense Arturo Barea, la primera entrega de La forja de un rebelde titulada La forja; y de la japonesa Hiromi Kawakami la primera novela con la que en España fue conocida en 2003 titulada El cielo es azul, la tierra blanca.




Arturo Barea: La forja

La forja de un rebelde, La Forja, Arturo Barea
En primer lugar confieso, respecto a Arturo Barea que aunque por mi dedicación profesional de años sabía de su gran importancia y valor literario de su obra, sin embargo completamente no había leído ninguna de las novelas que componen su trilogía La forja de un rebelde
En 2020 leí con mucho gusto Telefónica, novela que escribiera la que fuera su esposa, la austriaca Ilsa Kulcsar que había llegado como voluntaria a España en 1936. Cuando Ilsa llegó a Madrid en plena guerra civil ella estaba casada con Leopold Kulcsar. El apellido de su primer marido lo combinaría con el de Arturo Barea manteniéndolo en la forma Barea-Kulcsar hasta su fallecimiento en 1970. Al llegar a España Ilsa fue destinada al edificio de la Telefónica donde en el Servicio de censura de prensa extranjera conoció a Arturo Barea. Ambos se enamoraron y en 1938 se casaron. Pues bien, como digo en la reseña que escribí en este blog sobre la novela, Telefónica me agradó mucho y ha sido este recuerdo el que me ha llevado a tomar en mis manos la primera novela de las tres (La forja, La ruta y La llama) que componen la trilogía La forja de un rebelde que el escritor español, nacido en Badajoz en 1897 y fallecido en Farington (Inglaterra) en 1957, escribió, ya en el exilio inglés, durante los años que van de 1941 a 1944.

Arturo Barea en La forja presenta de manera realista cómo se fue formando en él el espíritu combativo de clase. La novela es totalmente autobiográfica. El protagonista no es otro que él mismo, Arturo Barea, un niño hijo de una lavandera del Manzanares que al quedarse viuda se ve en la necesidad de repartir a sus hijos por las casas de familiares más pudientes que ella. A Arturo le tocará en suerte la casa de sus tíos José y Baldomera, gente de posibles que, al no haber tenido hijos y estar ansiosos por tener uno, acogerán a Arturo como propio y le darán todo lo necesario para subsistir adecuadamente y tener una educación satisfactoria, que de otra manera jamás habría podido alcanzar.
 
La forja de un rebelde, Guerra Civil española
La novela tiene un tono costumbrista muy valioso. El inteligente niño corre por las calles próximas a su casa en el barrio madrileño de Palacio: la plaza de Ramales, Plaza de Oriente, Plaza de la Armería, calle de Vergara, calle de Requena y muchas otras donde habitaban tipos y se desarrollaban oficios típicos del Madrid de inicios del siglo XX. La forja finaliza con el estallido en Europa de la primera guerra mundial.

La novela actualmente se lee muy bien y con gusto. Me ha recordado mucho a Galdós y a Mesonero Romanos. Es evidente que continuaré con las otras dos entregas que configuran esta trilogía considerada por muchos críticos como uno de los diez mejores libros escritos en España después de la Guerra Civil


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Hiromi Kawakami: "El cielo es azul, la tierra blanca"

El segundo libro de este A pares es El cielo es azul, la tierra blanca, novela que la escritora japonesa Hiromi Kawakami publicó el año 2001.

Yo de Kawakami había leído con enorme satisfacción El señor Nakano y las mujeres escrita en 2005 (leer reseña aquí). Al leer ahora El cielo es azul, la tierra blanca he percibido la distancia que existe entre ambas narraciones. Quiero decir que me ha dado la impresión de que la prosa en este libro no fluía de esa manera dulce y suave que me había seducido en El señor Nakano y las mujeres. Esto no quiere decir que no me haya gustado la novela, Sí que me ha gustado y mucho, pero a la hora de calificarla se me hace difícil no compararla con la de 2005 a la que pondría un 5 sobre 6, mientras que a ésta no le daría más de un 4 sobre 5.

Es, como suele ser normal en la novelista, una historia de amor. Pero una historia de amor peculiar que surge en un medio cotidiano entre dos personas que por lógica no se verían envueltas en una situación semejante. Estamos ante una mujer de unos treinta y pocos años y el profesor de literatura que tuvo durante sus años de estudiante en el instituto. Al principio la relación es puramente casual y viene dada por sus encuentros en una taberna a la que ambos acuden a beber. Los dos son grandes bebedores de sake. Poco a poco y de manera imperceptible la relación casual pasa a ser buscada por uno y otra. Si bien no lo confiesan, es evidente que de manera imperceptible ambos se están enamorando mutuamente. Pero hay inconvenientes para ello y uno, no menor, es la diferencia de edad y la inexorable realidad de que la vida será por lógica muy corta para uno, el viejo profesor, frente a la de la antigua alumna.

Novelistas japoneses actuales
En el mundo cotidiano en el que esta historia de amor nace y se desarrolla la comida, la cocina y la confección de ciertos platos japoneses es importante. 

Novela muy poética. Novela que hace un recorrido por algunos poetas japoneses. Novela que a veces se expresa en forma de haikus. Es un libro en el que la literatura citada y evocada ocupa un lugar de privilegio.

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Nota final: Ambas novelas merecen ser leídas y sirven para pasar un buen rato al tiempo que con cada una de ellas se aprenden no pocas cosas la mar de interesantes. Vamos, que con ellas, como con tantos buenos libros se logra hacer realidad la máxima horaciana del 'enseñar deleitando' debidamente mutada  en 'aprender deleitando(se)'. Enseñanza y aprendizaje siempre unidos, naturalmente.






24 ago 2025

David Uclés en "La península de las casas vacías"

6 comentarios:

«Pensó en cómo aquella guerra había cambiado al pueblo, y en qué poca cosa quedaban los ideales cuando los hombres y las mujeres eran heridos; qué poco importaba la política y la lucha cuando las costuras del cuerpo se soltaban, cuando la nación resultaba diezmada.»

David Uclés, posmodernismo literario
Esta novela en la que su autor, según confesión propia, ha empleado más de quince años en escribirla, abandonándola en ocasiones para retomarla de nuevo más tarde, me ha gustado, a pesar de que del tema de la Guerra Civil estoy ya un poco ahíto. Y me ha gustado porque me ha parecido una manera muy original de presentar la guerra civil española que comenzó en 1936 y acabó en 1939. Dice David Uclés (Úbeda, Jaén, 21 de enero de 1990) que ha escrito esta historia para que las generaciones jóvenes como la suya no olviden lo que aquella lucha fratricida fue, la mucha gente que murió: 
«He escrito esta novela con total libertad, sin ningún reparo ni prejuicio, sólo he intentado honrar a toda la gente que murió.»
Sinopsis (tomada de la página de la editorial Siruela)

UNA NOVELA TOTAL SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN CLAVE DE REALISMO MÁGICO


Premio Cálamo Libro del Año 2024
Premio Andalucía de la Crítica
Candidato español al Premio Literario de la Unión Europea
Premio Kelvin 505 del Festival Celcius 232 a la mejor novela original en castellano publicada por primera vez en España en 2024
Premio Espartaco en la Semana Negra de Gijón a la mejor novela histórica escrita en español


He aquí la historia de la descomposición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías.

Mi comentario
El autor-narrador se sitúa en la posición de narrador omnisciente, de dios creador, desde la que observa, dispone y enjuicia los acontecimientos. Describe los paisajes, en especial ese territorio cuasi mítico, Jándula (el pueblo jienense de Quesada en la realidad), en el que nace y muere esta novela, donde ocurren muchos episodios, algunos de ellos surreales o por encima de la realidad, siendo aquí donde el concepto de Realismo Mágico aplicado a La península de las casa vacías (editorial Siruela, 2024) encuentra toda su justificación. Parodiando algo al propio Uclés diré que sobre el realismo mágico en esta novela hablaré más tarde. Ahora sigo con ese narrador-dios que todo lo sabe y todo lo domina; naturalmente conoce todo de los personajes que intervienen en el relato, unos históricos y otros intrahistóricos (en definición de Miguel de Unamuno, creador del concepto: la gente común que hace la historia, pero no pasa a la Historia), o sea, reales en tanto en cuanto que él, según confiesa en varias ocasiones, es nieto del último de ellos, Luis, nacido al final de la GC, y que es quien, nos confiesa, le ha relatado la mayor parte de los sucesos narrados. 

El propio autor-narrador David Uclés no escatima el humor en su novela. 
«—Dicen que van a derribar su casa para construir una más moderna.
—¿Quiénes?
—Los herederos, los hijos que tiene repartíos entre Alicante y Mágina. Les trae sin cuidado la costumbre que tenemos de dejar que las casas se caigan solas.
»
Como el maestro Gonzalo Torrente Ballester el autor de La península de las casas vacías concibe la narrativa como un juego y en este sentido juega absolutamente con todo: entrando y saliendo del relato a voluntad; también juega con los lectores, con los personajes, con las creencias, con los contendientes..., en suma con la propia literatura. Construye un relato en el que las reflexiones metaliterarias abundan, especialmente dirigidas a los propios lectores quienes, el mismísimo Uclés reconoce, deben/mos estar perplejos ante esta lectura
  • «No sé si os habréis percatado, en las reacciones de varios personajes, de cierta dicotomía existencialista: los íberos no sabían si creer en Dios o en el narrador. Desconocían si eran lo mismo o no, y si alguno de los dos existía. Por regla general, la idea de ser un producto narrativo les angustiaba más que la de ser criaturas de un ente celestial.»
  • [sobre dos personajes que va a eliminar del relato] «En cuanto a si me arrepentiré y los traeré de vuelta, no puedo saberlo. Quizás más adelante los reviva narrativamente o los retome al final para cerrar la historia; o quizás mueran y cuando quiera echar mano de ellos, ya no estén, y serán ellos los que me habrán abandonado. No puedo saberlo. Vosotros sí, si hojeáis el final del libro. Es curioso. Podéis adelantaros a lo que yo mismo desconozco todavía que ocurrirá. En ese sentido, os envidio. Adiós, Manolo. Adiós, Pura.»
Son numerosas las confesiones del propio autor sobre decisiones escriturales tomadas en una novela que tiene mucho de histórica y en la que por eso mismo conviene ser cuidadoso. Así, por ejemplo, al hablar del personaje de Fuensanta y atribuírsela como hija al pintor Rafael Zabaleta, el autor de la portada, el novelista se ve en la necesidad de aclarar en el característico tono distendido predominante en la mayor parte del relato lo siguiente:
«Fuensanta. Esta era hija del pintor del pueblo, el cubista Zabaleta. En realidad, el artista nunca tuvo descendencia; pero, en el reino maleable de la literatura, he querido darle una hija.»
Y en cuanto a la interesante y llamativa portada, en un momento de la narración David Uclés informa de que es precisamente el padre de Fuensanta el autor de la misma, y que fue a él a quien acudió Ángela Ardolento para que le predijese más o menos la fecha de nacimiento del hijo que llevaba en sus entrañas:
«Una vez terminó de pintarla, Zabaleta se retiró a continuar con otro trabajo que llevaba a medias —un encargo realizado por el narrador de esta historia, quien quería que la portada llevara los rostros de los personajes principales del libro, acompañados por dos militares—»
Cualquiera que lea la cita anterior se dará cuenta de cómo el novelista hace uso de la maleabilidad que dice es consustancial a la literatura. Es a en efecto, mucho más en una novela que se siente más que a gusto dentro de la tendencia del posmodernismo literario como se observa en el texto anterior: metaliteratura, parodia de la propia escritura e introducción del libro real dentro de la propia ficción.
Si bien en la novela el narrador afirma que los personajes pintados son las personas de su familia y otras del pueblo, la portada en realidad no es más que un fragmento del cuadro 'La romería' que el pintor Zabaleta pintó en 1959. El autor disfruta jugando con los elementos reales e inventados más que un chiquillo.

El realismo mágico es sin duda alguna el estilo narrativo elegido por David Uclés para presentar a esa familia Ardolento transitando por la España de la Guerra Civil. Es la modalidad literaria que, en su opinión, mejor muestra la realidad, brutal en muchas ocasiones, inserta en la cotidianidad y el costumbrismo propios de los pueblos y personas que la tuvieron que vivir y sufrir pese a ellos. Al igual que el colombiano García Márquez con Macondo o el mexicano Juan Rulfo con Comala, Uclés crea un territorio mágico que emana de la propia realidad. Este territorio mítico al que Odisto y todos los Ardolento quieren retornar es Jándula (el pueblo real de Quesada en Jaén) que forma parte de Iberia (España junto a Portugal -Lusitania en la novela-). 
La magia e irrealidad impregnan la existencia de las personas en esta Iberia ficticia:
  • «Al final de las misas de difuntos el miembro más pequeño de la familia del fallecido tocaba un almirez de cobre; debía golpearlo una sola vez y con fuerza. Pensaban que la nota se desplazaría horizontalmente, daría la vuelta a la tierra y volvería meses después al mismo punto del planeta, ascendiendo finalmente hasta el cielo»
  • «Aquel pintor de lutos conocía las tonalidades oscuras mejor que nadie y la duración del pigmento que usaba coincidía con la de la tristeza de los familiares por el fallecido.»
  • [Manola, la sobrina de Odisto que ha salido en busca de su hermana Antonia llega a] «Écija, donde se entretuvo en contar las torres barrocas. Allí, debido a las temperaturas extremas, todos los habitantes sin excepción usaban sombrero para que no se les escapara el alma por la cabeza.»
Pero, advierte el narrador saliéndose del texto que esta técnica del realismo mágico no se aviene siempre bien con lo realmente sucedido, por lo que a veces debe de abandonarla o avisar al lector de que la realidad supera cualquier cosa imaginada, ironizando metaliterariamente con el propio estilo:
  • [las tropas de Yagüe] «llegaron a Badajoz. Lo que ocurrió allí, así como la respuesta republicana en la Cárcel Modelo, bien merece otro capítulo, uno más cercano a la novela histórica que al realismo mágico. No habrá muchos más relatos como el de Badajoz en este libro, pues la sangre no sale bien de este teclado.»
  • «El Caudillo, para destrozar cuantos más mejor, tenía un método: abría las compuertas de los embalses de Tremp y Camarasa para que el nivel del agua en el río ascendiera y lanzaba troncos que flotaban y que cargaban con dinamita, la cual estallaba contra las pasarelas. Parece realismo mágico, pero fue tal que así.»

Antes de entrar, para cerrar ya esta reseña, en la presentación del propio contenido histórico quisiera destacar el gusto por el vocabulario que demuestra el novelista en La península de las casas vacías. Son innumerables las palabras poco empleadas o al menos poco conocidas por los lectores actuales, habitantes la mayoría de núcleos urbanos que han olvidado por completo las actividades y los objetos empleados para ellas en el medio rural tan habitado en los ya lejanos años de la guerra civil española. Algunos de estos vocablos son por ejemplo: Abuzado: Echado de bruces especialmente para beber; Oblata: Dicho de un niño confiado por sus padres a un monasterio para que allí se eduque y si se aficionase entre en religión;  Barjas: Cestas de madera o esparto utilizadas en el campo para llevar alimentos; Entortar: Hacer tuerto metiéndole algo en el ojo; Orza: Vasija vidriada de barro alta y sin asas que sirve normalmente para conservar alimentos;  Estezonazos: golpes; Tomiza: Cuerda o soguilla de esparto; Jifero: Matarife; Albéitares: Veterinarios; Olíbano: Incienso aromático; Bleda: acelga; etc, etc.

La historia
que nos cuenta David Uclés la distribuye en cuatro apartados. El primero son los antecedentes de la contienda: luego los tres siguientes corresponden, cada uno de ellos, a los años en liza (1936, 1937 y 1938-1939). Finaliza la obra con un Epílogo en el que venimos a comprobar y a reafirmarnos en que es el propio autor quien ha narrado la historia a través del tamiz de su imaginación y la de su abuelo Luis que vino a este mundo en 1940, último vástago de la mítica estirpe de Odisto Ardolento, auténtico protagonista de toda esta historia.

En cuanto a lo estrictamente histórico el autor es ecléctico, imparcial, a pesar de que para evitar susceptibilidades confiesa su simpatía por el bando republicano, lo que no quita para que exponga de modo neutro las brutalidades cometidas por unos y por otros. Durante la lectura constantemente venía a mi mente la figura del periodista Manuel Chaves Nogales que en su obra "A sangre y fuego", reseñada en este blog hace ya doce años, presenta crónicas periodísticas escritas por él mismo durante la contienda; en ellas asistimos asombrados a bestialidades perpetradas por los 'hunos' y por los 'hotros'. Esta terminología cacográfica la toma deliberadamente el autor de La península de las casas vacías del propio Miguel de Unamuno quien la usó en más de un ensayo para describir lo equivalentes que en brutalidad eran las derechas y las izquierdas, o sea, los unos y los otros.
«—Estamos apañaos con ser de derechas o de izquierdas… ¡Siempre con lo mismo!
—Los políticos no tienen campo. Si no, no tendrían tiempo de inventar tantas cosas.
»
Sobre la GC dice Uclés en entrevistas: 
«Fue tan grotesco, tan irracional, que creo que nadie sabe explicarlo bien del todo. Hay quienes lo explican culpando sólo a una parte de la población, u olvidándose de la otra. Lo que tengo claro es que abrió un pozo de tristeza que no se ha secado. Todo el mundo en este país tiene una historia sobre la Guerra Civil; unas familias las sufrieron más que otras, pero todas la sufrieron.»

Y al inicio del relato de La península de las casas vacías reflexiona el autor-narrador:
«— Lo más peligroso de una guerra muchas veces no es la lucha armada contra el enemigo político, sino el ajuste de cuentas con los que te rodean. ¡Todo está permitido! Y si alguien te descerraja un tiro en mitad de una calle, nadie va a ser juzgado. Ese es el mayor miedo que da una guerra, la sensación total de indefensión. Y con la que se nos viene encima… Pero bueno, no creo que nadie toree a nadie en esta historia; y mucho menos a animales. ¿No ves que el narrador está contra la fiesta?»

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Nota final
No quiero extenderme más en esta reseña. Pero he de advertir que esta buena novela contiene muchas más cosas dignas de ser señaladas. Entre ellas las innumerables, si bien bastante sabidas, alusiones a personajes de la esfera literaria de la época (Alberti, María Moliner, Machado, García Lorca, André Malraux, Saint d'Exupery, Max Aub, Alejandro Casona...) y a otros del futuro que se ocuparían más o menos directamente de la Guerra Civil o de sus consecuencias (Paul Preston, Almudena Grandes,  Pío Moa, Hugh Thomas, Carmen Laforet...). Rompe David Uclés la línea temporal hacia adelante o hacia atrás muchas veces; también, como se ve, con estos protagonistas de la cultura española.








13 nov 2020

"Los milagros prohibidos". Novela de Alexis Ravelo

17 comentarios:

✔ "Cuando se estrecharon las manos , Agustín notó los relieves de piel de lagarto esculpidos en ellas por el trabajo. Notó también que miraba de frente, pero interponiendo una media sonrisa que ocultaba la acción y media de ironía." (p. 224)

"Legañosa, pachorrienta y muerta de frío, la ciudad sesteante lo vio doblar en la esquina del Teatro Chico y cruzar hacia la consulta, para salir poco después con Fernando el Polaco, con quién se marchó hacia el sur en el camión de este." (p. 232)

Fue tal lo mucho que me agradó leer la primera novela de Alexis Ravelo, "Tres funerales para Eladio Monroy", que de seguido busqué otra del autor. Quería ver cómo sería su literatura hoy en una novela más actual; resultó que yendo a la biblioteca pública cayó en mis manos por puro azar ésta que reseño y que ya desde ahora mismo he de decir que me ha gustado muchísimo. Me ha demostrado que Alexis Ravelo no es sólo un escritor de novela negra, que también y excelente, sino un grandísimo autor que sabe abordar la narrativa desde cualquiera de sus tendencias.

editorial Siruela, Alexis Ravelo, Los milagros prohibidos
"Los milagros prohibidos"
 (Siruela, 2017) se centra en lo acontecido en la isla de La Palma durante los cinco primeros meses del mal llamado Alzamiento Nacional -'glorioso' nos dijeron, mientras duró el franquismo, que había sido- cuando no fue otra cosa que un golpe militar decimonónico protagonizado por unos militarotes africanistas que por el mal planteamiento para enfrentarlo del Gobierno legítimo democráticamente elegido vino a triunfar y a traer a los españoles de entonces y a los que nacimos en las décadas siguientes una vida en dictadura que para nada deseo que se repita.

Como hacen los buenos novelistas -Alexis Ravelo lo es, sin ninguna duda- el autor pone el foco en una historia particular: Agustín Santos, maestro de la localidad de Puntallana en la isla canaria de La Palma, felizmente casado con Emilia Mederos, guapa mujer a quien de niño y adolescente había pretendido el ahora falangista Floro el Hurón, se echa al monte tras el golpe militar para evitar ser apresado por haberse significado durante la etapa republicana y especialmente durante la semana en que la isla se resistió a la asonada. El triángulo amoroso (Floro - Emilia - Agustín) es el que sostiene y motiva toda la acción haciéndonos ver que en no pocos de los desafueros y de las bestialidades perpetradas durante la Guerra Civil mucho tuvieron que ver las venganzas personales, las malquerencias familiares, el aprovechar la ocasión para llevarse por delante a alguien por celos, por odio, por envidias, etc.

La novela está organizada en cinco partes. Cada una de ellas, titulada "Memoria" ,va precedida de un capítulo relatado en 1ª persona en la que un testigo, partícipe directo en ocasiones en los sucesos, cuenta a un interlocutor -un periodista o incluso y casi con seguridad el propio escritor- lo que recuerda de esos sucesos. No quiere esto decir que estemos ante unos hechos ciertos, pero sí que lo que Ravelo presenta está inspirado en acontecimientos acaecidos durante esos meses iniciales de la Guerra Civil, aunque como bien nos advierte al final de la novela no sean reproducción fiel de los mismos. Tras este capítulo en 1ª persona se pasa en los siguientes capítulos de cada uno de los cinco apartados a un narrador objetivo en tercera persona que va presentando los hechos de una manera reiterativa poniendo el foco en éste o en aquel otro personaje citado en el relato, personajes todos ellos importantes dentro de la aventura protagonizada por Agustín. Así conoceremos información relevante referida a don Sito Mederos, padre de Emilia; o a Floro el Hurón, el hijo de doña Rosita, que se afilió a la Falange y formó parte en La Palma de las eufemísticamente denominadas "fuerzas auxiliares"; o a Vidal, sargento de la Guardia Civil, que mantuvo a la isla bonita fiel siempre a la autoridad competente de cada momento; o a Juan Padilla el Malhablao que dentro de la República era partidario de la Revolución criticando a burgueses republicanos como Agustín por considerarlos tibios y vendidos; etc.

Además de estas individualidades ya citadas también en el relato aparecen personajes que podríamos denominar de grupo. Así por un lado están los falangistas (Miguelín, Floro, Feluco, Eusebio Padrón Manoabierta...); los poderosos reaccionarios (Álvaro Luján y sus compañeros de viaje: el cura Santiago, el gobernador militar franquista de la isla...); los "alzados" [así llamaban en la isla a quienes subieron a los altos para escapar de una muerte segura]: Agustín, Juan el Malhablao, ...; los guardias civiles (el cabo Doreste, el guardia Ramírez...); los burgueses republicanos (el médico don Pío, el propio don Sito Mederos, el mismísimo Agustín, el boticario Nicanor Trezado, el subdelegado del gobierno republicano Yanes...); los humildes que con su humanitario comportamiento demuestran ser auténticos defensores de la legalidad republicana cuando pueden hacerlo y cuando no, favorecedores de los que sufren los atropellos de los golpistas. Incluyo en este amplio grupo de los humildes a personajes como Fernando el Polaco y su mujer Solita; el pastor de cabras Pedro Pulido y su mujer QuiteritaAnselmo el Cambao, novio de Adela, la hermana de Emilia; etc., etc. 

Aunque centrada la trama en los echados al monte, injustamente perseguidos por ser fieles a la legalidad y consecuentes con sus ideas, en la novela se deja constancia de que en esta lucha de españoles contra españoles no todos pudieron elegir bando; muchos hubo que estuvieron en uno y el contrario por puro azar. Así Anselmo el Cambao es soldado del ejército nacional franquista simplemente porque el 18 de julio lo encontró haciendo el servicio militar y sus mandos se unieron al golpe:
"Anselmo el Cambao no era mal muchacho ni era fascista, solo que el golpe lo cogió haciendo el servicio militar, con el uniforme puesto y a las órdenes de unos traidores hijos de puta. Esos eran los peores, los de carrera." (p. 154)
Uno de los méritos de esta novela es precisamente observar cómo el autor muestra, partiendo de la particular historia de la huida por el monte del maestro de Puntallana, un muy creíble abanico de seres y de comportamientos habidos durante la contienda fratricida.

De nuevo en una novela de Alexis Ravelo me ha vuelto a encantar el marco geográfico en que discurre la historia: las islas Canarias. Si en la novela que leí anteriormente todo ocurría en Las Palmas de Gran Canaria, en ésta la acción principal sucede en la isla de La Palma con fugaces apariciones de la de Tenerife donde los franquistas han ubicado dos o tres barcos que les sirven de prisión para los resistentes al Alzamiento, y también de la de Gran Canaria cuando el contexto histórico exige hablar de Franco y el famoso vuelo del Dragon Rapide que lo llevaría de aquí al Marruecos español para encabezar el golpe militar. 

Isla de La Palma, Islas Canarias, Semana Roja, Guerra Civil española
Pero lo esencial es la geografía de La Palma, la isla más occidental del archipiélago y la más verde. El clima cambiante de la misma, muy húmedo en la Cumbre, su origen geológico visible en la caldera de Taburiente y en los volcanes activos y extintos que los fugitivos habrán de ascender o evitar, la toponimia insular (las Breñas, Tazacorte, La Galga, Puntagorda, Puntallana, Malpaíses, Tigalate...), las calles de la ciudad de Santa Cruz de la Palma... Todo este color local, tan auténtico, es un marco magnífico por el que el escritor echa a correr a sus personajes de ficción. El resultado es excelente y de una verosimilitud total, de manera que haciendo abstracción de la ficción que la novela es conocemos a su través lo que aquello debió de ser: el miedo a ser detenidos, el terror a ser torturados, las torturas en sí, las muertes sin más sólo por pensar distinto... Se constata una vez más que como reza el título del famoso ensayo de Mario Vargas Llosa, "La verdad de las mentiras", la invención ficcional es en muchas ocasiones el camino mejor para acercarse a la Realidad.

Respecto a la anterior novela reseñada en este blog, "Tres funerales para Eladio Monroy", [leer la reseña aquí] en ésta he percibido mayor presencia de canarismos lingüísticos, tanto a nivel léxico ('postritos', 'entullar', 'jincar', 'gofio', 'fayal'...) como sintáctico ("ándese rapidito, que si tardo más en llegar ca'mi tía me voy a llevar una tollina", le dice el niño Arvelo a su maestro don Agustín). A este respecto también he visto en la novela cierta pequeña veta indigenista muy acorde con la que en todo el mundo, a modo de revisión histórica imposible de revertir pero de afán exculpatorio, parece estar entronizada hoy:
"Si iba a morir por propia mano, lo haría como los grandes, en un lugar mítico, como los resistentes de Masada o, por pensar en un ejemplo más cercano, como los aborígenes que, durante la conquista de las Islas, se suicidaron antes de rendirse a los castellanos, arrojándose desde Tigaiga en Tenerife o desde Ansite en Gran Canaria" (p. 101)

Pese a que el asunto parece no ser compatible con él, hay en este relato de huida y persecución implacable espacio para, si no abierto, el humor, sí ,para la sonrisa liberadora, muy necesario en situaciones extremas como las relatadas. Así doña Rosita en un momento dado reconviniendo a su hijo por los desmanes que comete "Le señaló la silla y le dijo: 'Siéntese ahí'. Cuando una madre canaria te trata de usted es mejor no contradecirla y prepararse para lo que venga." (p. 128). Indudablemente es el autor quien, dirigiéndose al lector, habla en este momento por boca de este narrador externo; esa segunda persona de sentido impersonal inclusivo lo delata.

También considero una muestra de humor e incluso señal de que quizás sea él uno de esos narradores en 1ª que abren cada una de las cinco partes o, hasta quizás el narrador único en primera de todas ellas, el juego que el novelista realiza con su apellido transmutándolo por movimiento fónico en la primera sílaba del apellido del autor que de Ravelo muta en Arvelo. Es Arvelo un niño que aparece al inicio del relato ayudando al fugitivo y que no vuelve a aparecer hasta el final cuando... No, claro, no voy a decir qué pasa con este personaje porque el novelista es amigo de dar sorpresas y si la cuento aquí pues simplemente me cargaría la novela, algo que no deseo sino más bien todo lo contrario, provocar el deseo de leerla. 

Por último quisiera señalar que en Alexis Ravelo la literatura todo lo impregna. Si en "Tres funerales para Eladio Monroy" el protagonista siempre tenía a mano libros que le proporcionaba su enamorada librera, en "Los milagros imposibles" el protagonista Agustín Santos también porta siempre con él algún libro. Concretamente lee en algún momento "Crimen" de Agustín Espinosa, escritor canario de la época en que transcurre la acción -concretamente la novela apareció publicada en 1934- que en 1936 con el estallido de la Guerra fue fulminado por los levantados en armas a lo que él respondió con humillantes muestras de adhesión a la causa. 

Agustín Espinosa fue en las Islas propulsor del surrealismo realizando en 1935 en Santa Cruz de Tenerife una Exposición Surrealista, la primera celebrada en España, en la que de la mano del pintor tinerfeño Óscar Domínguez logró reunir obras de los principales pintores surrealistas. André Breton pronunció una conferencia sobre el arte y la política, y como colofón de la exposición se proyectó "La Edad de Oro" de Luis Buñuel. Sobre esta película surrealista dijo Espinosa en la reseña que de la misma hizo «Se han pronunciado, con excesiva frecuencia las palabras "pornográfico", "libre", "procaz", "indecoroso", "insolente", con relación a La Edad de Oro, ni con más ni con menos razón -puedo decirlo ahora de paso- que a propósito de mi libro Crimen, olvidándose que análogos adjetivos habría que esgrimir desde ese bizco punto de vista, para calificar a Quevedo, a Boccaccio, a Cervantes, a Rabelais, a Lautréamont, a Goethe.». Precisamente esas mismas calificaciones ('pornográfica', 'indecorosa', procaz') son las que en la narración hace Floro de la novela "Crimen" que Agustín dejó olvidada en una de las cuevas donde se ocultó.

Para finalizar
La novela dentro de la aventura de persecución de que trata presenta otros asuntos de mucho interés tocados como al descuido al no ser ese el centro de la narración:
  • La guerra, las mujeres y los hombres: "Los hombres hacen la historia. Las mujeres la sufren. La sufren."
  • La vergüenza histórica: "no haber tendido una emboscada a Franco cuando estuvo en Gran Canaria quedó como "una vergüenza más para un archipiélago que cometió a lo largo de los siglos cientos de errores entre los que, según dictum popular, destacan especialmente dos: no dejar entrar a Nelson y dejar salir a Franco."
  • Las denominadas 'fuerzas auxiliares' (Falange y Acción Ciudadana): "En el local de Falange, los hombres bebían ron y coñac, fumaban, hacían corrillos, revisaban sus armas y sus linternas: todo, incluido el alcohol, formaba parte de los preparativos para una larga noche de registros, detenciones e interrogatorios. Eusebio había avisado a todos los falangistas disponibles, incluidos Miguelín, Perico y Feluco, tan cansados como el Hurón."
  • El plátano, monocultivo de la isla, y su explotación en manos extranjeras: "Las oficinas de la Williams Fruit Company &Schipping Agency estaban situadas, cómo no, en la calle Real, justo donde O'Daly iba a fenecer en el barrio de El Puente. Allí, los despachos de Reginald Thomson y de Sito Mederos ocupaban la mitad del primer piso. "

10 oct 2020

"Telefónica", novela de Ilsa Barea-Kulcsar

18 comentarios:

"Había que ganar tiempo, tiempo para las demás columnas internacionales. ¿Los españoles? Bueno, para transformar unas milicias en un ejército se necesitaba mucho tiempo, la desconfianza frente a los oficiales de carrera, comprensible en vista de la conjura de los generales y oficiales, resultaba destructiva. Y los españoles eran francamente difíciles de organizar…" (MADRID, OTOÑO DE 1936)

La novela a la que pertenece la cita anterior la descubrí casualmente paseando por la última Feria del Libro presencial celebrada en Madrid en junio de 2019. Llamó mi atención su título y el hecho de haber sido escrita, según rezaba el marcapáginas que la publicitaba, por la que fuera esposa del escritor Arturo Barea. Fue por esto que decidí adquirirla.

La autora
Arturo Barea, Ilsa Barea-Kulcsar
De 
Ilsa Barea-Kulcsar nada sabía antes de ver su nombre sobreimpresionado en la portada de esta novela que adquirí como novedad en la última Feria del Libro de Madrid presencial, o sea, la de 2019. Sí, no hace tanto aunque así lo parezca; hablo de la época aquella anterior al Coronavirus en la que los humanos nos juntábamos en ferias y exposiciones donde no importaba la distancia social ni tampoco íbamos enmascarados: Sé que suena como algo muy lejano, pero no lo es tanto. Bueno, sea como fuere, el caso es que tras leer la novela sentí curiosidad por la persona y así llegué navegando por Internet hasta la presentación de la novela en septiembre de ese mismo año con motivo de cumplirse 117 años de su nacimiento.

Algunas notas tomadas de la presentación de "Telefónica" en el edificio Telefónica realizada el 18 de septiembre de 2019. 
Como digo no asistí a esta presentación que he visto en streaming en la web de "Espacio Fundación Telefónica". En dicha presentación participaron; Daniel Álvarez, editor de Hoja de Lata que publicó la novela; Elvira Lindo, novelista y entusiasta de la obra de Arturo Barea; William Chislet, comisario de la exposición sobre Arturo Barea organizada en 2018 por el Instituto Cervantes en Madrid, Badajoz, Manchester y Dublín; y Georg Pilcher, profesor de lengua y literatura alemanas en la Universidad de Alcalá de Henares y descubridor de la novela "Telefónica" de Ilsa Barea-Kulcsar.

Ilsa Barea-Kulcsar nació el 20 de septiembre de 1902, o sea, que hoy tendría 118 años. Nació en el seno de una familia con posibles: su padre fue profesor de instituto, pedagogo progresista y un socialdemócrata convencido; su madre procedía de la baja nobleza austriaca y como era habitual en la época se dedicó a la crianza y educación de sus tres hijos. Ilsa estudió en un instituto muy progresista que admitía alumnas y en 1920 comenzó a estudiar en la Universidad de Viena Ciencias Políticas y Derecho. Pronto militó en el Partido socialdemócrata aunque por discrepancias con la línea política en 1922 se dio de baja en el mismo afiliándose al Partido Comunista donde conocería al que sería su primer esposo, Leopold Kulcsar. Ambos trabajaron dos años para el Partido del que también se alejarían por no coincidir con su línea práctica. En 1925 el matrimonio fue detenido  en Hungría acusado de espiar para la Unión Soviética. Tras cuatro meses de prisión en Budapest salieron libres gracias a los buenos abogados contratados por el padre de ella. De vuelta en Viena abandonan el PC por haberse sentido abandonados durante su confinamiento e Ilsa volvió a ingresar en el Partido Social Demócrata.

Tras la llegada al poder en Austria de un partido ultracatólico conservador que cerró el Parlamento, Ilsa y Leopold trabajan en contra de este. Tras la breve Guerra civil austriaca (12-16 febrero de 1932) será detenido Leopold y ella pasa a la clandestinidad. Ya libres ambos, viven en Viena y trabajan contra el Régimen hasta que a finales de 1934 son descubiertos y tienen que huir de Austria yendo primero a Praga (Checoeslovaquia). Durante sus años en Praga sufre el matrimonio una primera crisis consecuencia de la cual en 1936 Leopold, que ha conseguido trabajo en la embajada española, se quedará allí mientras que ella viaja a España como periodista. 

Ilsa era una mujer muy culta que hablaba cuatro lenguas (inglés, alemán, francés e italiano) y que aprendió rápido español, idioma que hablaba muy bien a pesar de que sólo estuvo en España quince meses. Murió bastante joven, a los 70 años, el 1 de enero de 1973.

La novela "Telefónica" la comenzó en París en marzo de 1938 al poco de salir de España y la acabó en su residencia de Hertfordshire, en Inglaterra, el 31 de marzo de 1939. Se publicó por entregas de marzo a junio de 1949 en el Arbeiten Zeitung austriaco, un periódico socialdemócrata.
Arturo Barea, al que conoció en el servicio de censura de prensa de la Telefónica durante la Guerra Civil, no habría sido el escritor que conocemos sin el impulso de Ilsa que tradujo sus obras al inglés comenzando por "La forja de un rebelde" en 1943. Esta trilogía novelística salió antes en inglés que en español, siendo la primera edición en nuestra lengua la aparecida en Argentina en 1951; en España no se publicó hasta 1977.


Mi comentario sobre "Telefónica"
Es la primera y única novela escrita por la autora austriaca. Parte de su propia experiencia vivida durante la guerra de España, si bien no es una novela del todo autobiográfica según advierte ella misma en el  epílogo autobiográfico que con el título Madrid, otoño de 1936 figura al final de la ficción propiamente dicha. Pese a esto es inevitable no ver a la propia 'Ilsa la de la Telefónica' tras esa Anita Adam de la quinta planta, la planta del edificio de Telefónica donde estaba situada la censura  de prensa extranjera y donde Anita trabajaba. Más difuminada está en el relato la figura de Arturo Barea que trabajó durante el conflicto como jefe de la censura en el mismo lugar. En la novela Anita se enamora del comandante militar del edificio, Agustín Sánchez, y no del censor jefe. Ya se sabe, la ficción aunque se inspire en la realidad no debe por ello reproducirla con exactitud. 

Edificio Telefónica en 1936
"Telefónica"
es la historia del Madrid asediado durante los primeros meses de la Guerra Civil, cuando se preveía por unos y otros que caería de inmediato. Hasta tal punto estaba instalada esta creencia entre los republicanos que el Gobierno de la Nación había decidido en noviembre de 1936 trasladar su sede a Valencia. Quedó Madrid guarnecida exclusivamente por las fuerzas del General Miaja y por milicias formadas con muy buena voluntad pero escasa preparación por españoles deseosos de luchar por su libertad contra el fascismo. Afortunadamente a principios de noviembre del 36 llegaron a España las Brigadas Internacionales que se habían creado en Europa y Estados Unidos como respuesta a la hipócrita política de los países europeos de no intervención cuando Italia y Alemania apoyaban sin embozo a las fuerzas de los golpistas. 

Estas brigadas participaron en la defensa de Madrid y contribuyeron a evitar su pronta caída. Con ellas viajaron a España no pocos periodistas dispuestos a contar para sus lectores las vicisitudes de estos soldados. Entre estos periodistas está la protagonista de la novela, Ana Adam, que por su conocimiento de idiomas, es destinada desde Valencia al servicio de censura de los textos que estos periodistas vayan a mandar a sus medios. Ser mujer y venir propuesta directamente por Valencia para un puesto importante en Telefónica levantó no pocas suspicacias entre los habitantes y defensores del edificio. La defensa del edificio corría a cargo de militares republicanos que comandaba Agustín Sánchez; pero además de los militares, por Telefónica, como por todo Madrid, pululaba toda una serie de personas de ideologías diversas -comunistas, anarquistas, socialistas, troskistas...- enfrentadas entre sí por su intransigencia ideológica contribuyendo sin quererlo al avance de los franquistas. 

En vez de estar todos a una en la defensa del edificio, el más alto de Madrid desde cuya planta trece el mando militar vigilaba el frente situado a poco más de kilómetro y medio en la Casa de Campo, el Parque del Oeste y la Ciudad Universitaria, y centro esencial de comunicaciones de toda España y de esta con el resto del mundo, en Telefónica los anarquistas sospechan de todos los demás, sobre todo de los comunistas y socialistas. Anita  es socialista, mujer e inteligente y esto no se perdona. Moreno, vigilante anarquista, y Lucrecia, también anarquista, junto a otros como el sanguinario chequista Valentín, creen que Ana es una quintacolumnista que debe ser eliminada. Así andan las cosas por el interior de Telefónica. Afortunadamente parece que se impone la razón cuando el equidistante de mente fría e ideas claras comandante Sánchez decide hablar y reconducir la situación que parece estar yéndose de las manos: Así no podemos seguir trabajando, camaradas. No podemos trabajar unos contra otros, no importa cuáles sean los motivos, políticos o sociales. Madrid es el frente. El mando militar tiene que tener el mando y el ejército tiene que ser un ejército, y nosotros, los de la Telefónica, una parte al servicio militar.

Este ambiente envenenado es el que se respira entre los defensores de Telefónica. En los muchos pisos de ella están los militares, el puesto de mando, el servicio de censura, el Consejo Obrero, la sección sindical de los empleados de Telefónica, la planta de los corresponsales de prensa, la planta donde las telefonistas mantienen abiertas las comunicaciones, la zona de máquinas que hay que mantener funcionando... y abajo en los sótanos es donde se refugia la población civil de los inmisericordes bombardeos de los junkers alemanes y donde viven los refugiados huidos de barrios madrileños ya caídos en poder de Franco o de ciudades y localidades próximas que han corrido igual suerte.

La nómina de personajes es amplísima y más que personajes individuales la novela muestra un personaje coral que es Telefónica, que es Madrid, que en definitiva es la España republicana. En este personaje colectivo, Telefónica, tenemos además de a la pareja principal formada por Agustín y Anita que vive su particular historia de amor y a los anarquistas intrigantes ya citados, a muchos otros de distintas ideologías como Manuel García, sindicalista de UGT ingeniero-mecánico encargado del mantenimiento de las máquinas; el viejo Pepe, portero ayudante del control de la puerta del edificio; telefonistas y ascensoristas como Rosita; Pepita, esposa de Agustín y sus hijos Lolita y Juanito; Paquita, amante de Agustín; Dª Concha Martínez, viuda, mujer popular de Carabanchel, refugiada en la Telefónica junto a su hermana Pilar y los hijos de ésta, encargada de organizar y abastecer a los refugiados así como de organizar su salida hacia Levante ante la inminente caída de Madrid; etc. Mención especial merecen los periodistas, otro personaje colectivo esencial en el relato pues no hay que olvidar que Anita Adam y la misma escritora pertenecen al gremio. Su número es grande: Adlington de la agencia NS, Stephen Johnson (periodista inglés muy de fiar para Anita), Bevan (corresponsal conservador americano), White (periodista del 'Times'), Simms, André (periodista francés)., Morton (corresponsal del derechista americano 'New York Telegraph'), Miranda, Warner (joven y nuevo periodista inglés)... 

Del grupo de los periodistas destaca sin duda alguna el francés André que desde el principio, incluso antes de haber leído el texto autobiográfico "Madrid, otoño de 1936" que sirve de epílogo a la novela, me recordó al francés André Malraux que vino a combatir dentro de las Brigadas internacionales. En ese epílogo Ilsa aclara que la noche anterior a su llegada a Madrid, esperando al avión que la trasladaría desde Valencia, la pasó hablando con André Malraux, quien tras la Segunda Guerra Mundial sería ministro de Cultura de Francia con el General De Gaulle y novelista importante [su novela "L'espoir" es todo un referente para conocer su visión sobre la Guerra de España].

Junto a la lucha y defensa del edificio se ve en el relato la muerte de personas anónimas víctimas de los obuses y bombas arrojadas sobre la Gran Vía y el propio edificio de la Telefónica, principal objetivo a batir por los franquistas. También es importante observar en la novela cómo muchos de los personajes van a evolucionar hacia posturas distintas a las que tenían en principio. Estos cambios se dan sobre todo en el grupo de los periodistas. Simms escribe para una publicación conservadora y aunque él pretende ser neutral la barbarie que contempla no le permitirá serlo:
Simms estaba escribiendo en su cabeza su versión de la muerte de Durruti. [...] ¿Merecía la pena escribir un artículo para una revista y sacarlo a escondidas? Toda la cuestión de los anarquistas, los fusilamientos de presos... pero ¿cómo podía explicarse si no se quería describir la historia y la psicología de los españoles? [...] ¿Cuántos ataques aéreos durante ese día, tres o cuatro? En los grandes almacenes una granada de mortero o una bomba aérea ligera habían hecho un agujero enorme. Pensó que en el frente las explosiones y la destrucción eran más naturales que en la ciudad y se sorprendió al pensar que algo así podía ser natural, No, aquí era donde se daba uno cuenta de hasta qué punto eso era contra natura.
Simms no había dormido esa noche, el frente lo había conmocionado más de lo que quería confesarse, y el olor a fuego en la calle, y todavía más el olor amargo, penetrante, así como el sabor que deja una explosión en el aire lo irritaban. [...] Cuando Simms llegó al chaflán que estaba casi frente a Telefónica, le llamaron la atención una mancha húmeda y un agujero blanquecino en el pavimento. Un obús; luego habían venido los limpiadores  con su manguera para lavar la sangre.
[...]
- ¿Qué le pasa ,Simms?
- ¿A mí? No mucho. Sólo que he dejado de ser neutral -dijo el corresponsal de guerra.
Y así les sucede a muchos otros. Me parece interesante destacar la evolución que sufre el anarquista Moreno quien se desengaña de la persecución ideológica que su grupo realiza y decide abandonar el cómodo puesto de comisario político para ir al frente y luchar de verdad contra el enemigo de verdad. Parecida es la actitud del mecánico ingeniero Manuel García que en un momento dado decide ser él mismo quien arriesgue la vida en una reparación telefónica. Y como ellos prácticamente todos los personajes en los pocos días del mes de diciembre en que transcurre la novela evolucionan, sufren cambios producto del propio conflicto en sí o de la peripecia íntima que viven. Porque en "Telefónica" dentro del marco terrible de la guerra se desarrollan otras historias más personales, más sentimentales, más íntimas, protagonizadas en primera fila por Agustín y Anita, con las figuras adláteres de Paquita, Pepita, Dª Concha, la niña Lolita y algún otro. Esta historia de amor es trasunto de la real que en el mismo edificio vivieron Arturo Barea e Ilsa Kulcsar.

Desde el punto de vista formal la narración es tradicional, con un narrador externo en tercera persona salvo en momentos de introspección que cambia a la primera y linealidad temporal. Utiliza la técnica de la Nueva Objetividad que tuvo surgió en el período de entreguerras en Alemania caracterizado por un constante cambios de perspectivas y combinación de distintas voces narrativas. Como ya he dicho se trata de una novela coral organizada en cuatro apartados que siguen en esencia la peripecia amorosa de la pareja protagonista, de manera que en la Primera parte conocemos a los personajes y sabemos de la lucha que mantienen Pepita y Paquita por los favores amatorios de Agustín; en la Segunda, Agustín interviene activamente para evitar problemas a Anita que está siendo hostigada por la facción anarquista de la casa; en la parte Tercera, la pareja Ana - Agustín se consolida, si bien la actividad amatoria debe posponerse en beneficio de la acción bélica; y en el último apartado los amantes, al despertar tras haber pasado la noche juntos, escuchan lo que pasa en la calle, en dirección al frente, por si vuelve a resonar el estruendo sordo de una explosión. Ya empiezan a temer el uno por el otro y por su nueva vida.

Estilísticamente la novelista hace uso de un hermoso lenguaje que he percibido en muchos momentos especialmente cuando la protagonista Ana reflexiona y la escritora nos lo presenta utilizando el monólogo interior:
Soy una estúpida. Hay que ver cómo tengo la formación literaria pegada en el cogote. Citas. Y, ¿por qué no? Hay otra cita parecida de Storm: 'Aguanta, al final de la vida sólo te tienes a ti mismo'. Es cierto, pero no quiero que sea cierto. Que sea cierto...qué raro es que ahora piense en frases gramaticalmente perfectas. Cuando uno se escucha a sí mismo, siempre se piensa en frases. O en signos de estenografía. Es cierto que ahora quiero aferrarme a algo que tenga una forma clara. Tengo miedo de estar sola. Por eso trabajo así. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué tengo que estar aquí?  [...] p. 63)

Para finalizar
En "Telefónica", además de hablar de la heroica resistencia de Madrid, centrada en las acciones -buenas y malas- vividas dentro del edificio, y de la historia de amor mantenida entre Ana y Agustín, aparece una defensa inapelable de la dignidad de la mujer frente al machismo imperante en ese tiempo en España. El choque entre hombres y mujeres se percibe en varios momentos: por ejemplo cuando Manuel García conversando con Lucrecia a propósito de las vituallas y prendas que necesitan los niños y mujeres refugiados le dice a ésta que de cómo se debe tratar a los refugiados seguramente sabes más que yo, y de cualquier manera es tarea de mujeres; también cuando Agustín comenta a sus compañeros tras haber hablado con Anita que es raro poder debatir con una mujer, dice Agustín. Ese es el atractivo de las extranjeras, que se las puedes tratar como a compañeras pero siguen siendo mujeres. Como se ve son frases reveladoras del fortísimo machismo que en la época existía en nuestro país; un machismo que marchaba acorde con el inmenso atraso que se sufría aquí. 

La novela cuando fue publicada en 1949 por entregas salió con el título "In der Telefonica" ('En la Telefónica'); sin embargo en esta primera edición en España en forma de novela los editores de Hoja de Lata han preferido reducir el título a una sola palabra: "Telefónica", un término muy reconocible en nuestro país por ser la Compañía de teléfonos referente empresarial en España: desde la Guerra Civil y hasta poco antes de acabar el siglo pasado fue monopolio estatal y tras ser privatizada en 1999 es hoy una empresa privada de telecomunicaciones que compite en el mercado con otras empresas semejantes. 

Arturo Barea, Ilsa Barea-Kulcsar

El edificio de la Telefónica había acabado de construirse por la empresa estadounidense ITT propietaria de la Compañía en 1929 tras tres años de trabajos. Fue el segundo rascacielos de España en su momento, era alto, señero, sorprendente para todos. Si sorprendía por fuera, su disposición interna con sus cinco grandes ascensores y sus estrechas escaleras le conferían un aire de modernidad increíble. En la novela 
Ilsa Barea-Kulcsar, que se enamoró de su segundo y definitivo marido en él, parece conferirle un aura mágica, especial, como corresponde al entusiasmo por la vida pública y personal que conoció ella en su interior. La disposición de elementos y la distribución por plantas del personal en la novela es muy fiel al recuerdo que la escritora se llevó de su estancia en él. Así en el epílogo "Madrid, otoño de 1936" ella escribe:
"La Telefónica -y ahora no cito de memoria, sino según un texto que escribí al poco de abandonar España, todavía bajo la reciente impresión de lo vivido- tenía trece plantas y dos sótanos. En lo más profundo bajo la tierra estaban los refugiados de los suburbios y de los pueblos de los alrededores de Madrid. En la planta trece se ubicaba el puesto de observación de la artillería. En medio, apretujados en las habitaciones de doce plantas, la maquinaria de la red telefónica para toda España, y, al mismo tiempo, una muestra representativa del Madrid sitiado: otros refugiados; obreros; policías; milicianos; Primeros Auxilios; empleados; oficiales del Estado Mayor del puesto de observación, apartados por miedo a cualquier otro contacto; como cuerpos extraños, aislados, los funcionarios de los capitalistas americanos dueños de la Telefónica y del monopolio de teléfonos de España, en ese momento desposeídos de su poder por el control estatal; la oficina militar, control administrativo superior en que solo estaba el coronel o su representante; un comedor espacioso; catres de campaña en todo tipo de habitaciones para la gente del turno de noche; un ejército de telefonistas que en parte dormían en el edificio para no tener que ir de o al trabajo bajo una lluvia de obuses; en la cuarta planta los periodistas de prensa extranjera; en la quinta, la censura de prensa, una sección del Ministerio de Estado, y la censura teléfonos, un comité de los empleados de Telefónica. Y en medio" [...]