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22 sept 2025

"Memorias de Adriano" (A pares XLVI)

17 comentarios:
Novela y Teatro. Adaptaciones teatrales de novelas


El pasado domingo día 21 de este mes de septiembre tuve la enorme satisfacción de asistir en el teatro Marquina de Madrid a la adaptación escénica de Memorias de Adriano, la novela histórica de Marguerite Yourcenar que tanto éxito tuvo desde que se publicó en París el año 1951. 

En el Cuaderno de notas, que la autora añadió a la edición de 1974, ella misma explica el proceso de creación de la novela: cómo muy pronto, entre los 20 y 25 años de edad (1924 a 1929), concibió el libro, si bien en 1929 decidió quemar todo lo escrito. Durante años tuvo el proyecto en el olvido, aunque lo recuperó y abandonó varias veces entre 1934 y 1937 («En todo caso, yo era demasiado joven. Hay libros a los que no hay que atreverse hasta no haber cumplido los cuarenta años»), y se puso definitivamente con él en 1948. Durante estos años 'en blancoMarguerite Yourcenar  se documentó exhaustivamente. Fue en 1948, como digo, que decidió abordarlo con pasión, publicando el libro tres años más tarde.  

Novela histórica,
Yo leí la novela, ejemplo de la renovación de la novela histórica en el siglo XX, hará cosa de cuarenta años, en 1984 o así. Su recuerdo me ha acompañado siempre y mi afición a la novela histórica durante bastantes años debe no poco a la escritora francesa, nacida en Bélgica y luego nacionalizada estadounidense. Por eso, cuando el pasado mes de julio vi anunciada la puesta en escena de una adaptación de la novela, supe que la tendría que ver. Me llevaba al teatro el recuerdo de la novela, pero también la personalidad y buen hacer del actor que da cuerpo a Adriano, el barcelonés Lluis Homar. Desconocía cuando compré las entradas que la directora de la obra era Beatriz Jaén, persona que había también llevado a las tablas la novela "Nada" de Carmen Laforet, adaptación y puesta en escena que me había gustado muy poquito [leer reseña aquí] cuando la vi en diciembre de 2024. 

Qué bien que no siempre tengamos todos los datos en nuestro poder. Afortunadamente, estuve ayer en el Marquina y fui testigo de un grandísimo espectáculo. El texto es de una enorme calidad, eso lo sabía desde que leí la novela de la Yourcenar . Pero oír hablar al emperador Adriano por boca de Lluis Homar me llenó por completo. Lluis Homar no sólo dice el texto, Lluis Homar siente el texto, se emociona y transmite dicha emoción al patio de butacas. Un patio de butacas que finalizada la representación prorrumpió en aplausos sonoros y muy duraderos, que hicieron salir a saludar varias veces al actor y a los otros cinco que, admirablemente y como auténticos mimos, siempre en silencio, grácilmente evolucionan por la escena secundando sus acciones.  Los cinco (Cris Martinez, Álvar Nahuel, Marc Domingo, Xavi Casan y Ricard Boyle) estuvieron magníficos. De ellos quisiera destacar a Álvar Nahuel que representó al personaje de Antinoo con una estética, ritmo, belleza y agilidad tales que en mi opinión rompe la distancia que hay con el público al que magníficamente transmite la emotividad y sentimientos que requiere el momento de la definitiva separación de los amantes.

Imagen tomada del blog literario Lluvia en el mar

Quienes fuimos testigos del excelente espectáculo teatral aplaudimos, además de la labor actoral, la estupenda puesta en escena de Beatriz Jaén. Ideó la directora una escenografía en la que  la música, los efectos sonoros, un decorado minimalista en el que las imágenes videográficas replican, duplican e incluso triplican, lo que en persona y sobre el escenario realizan los actores. Una cámara de video en manos de unos u otros actores es testigo mudo de las confesiones de Adriano, hombre poderoso donde los hubiera, pero en definitiva, y de ahí la intemporalidad del mismo, un hombre. Juega la puesta en escena con la trasposición del emperador romano desde su mundo antiguo al nuestro actual en forma de presidente de una nación. Durante los 90 minutos de la representación se presenta en escena la idea de la comunicación a la Nación por parte de su Presidente de algo trascendental: su renuncia al cargo y el designio de su sucesor. Los focos, los micrófonos, los maquilladores, los asesores políticos, la cámara de video o televisión... constantemente están evolucionando alrededor de este hombre que en medio de esta vorágine recuerda su vida ahora que se siente al final de la misma.

Naturalmente la excelencia de la representación habría quedado reducida a mero trampantojo sin la solidez del texto de Marguerite Yourcenar. Lo que en el teatro es una próxima declaración televisiva es en la novela la escritura de una carta a quien pronto será su sucesor en el cargo: Marco Aurelio. Y mientras la escribe Adriano recuerda su vida y hazañas. Las partes del texto de la novela elegidas por la dramaturga Brenda Escobedo y la directora Beatriz Jaén sirven a las mil maravillas para sin traicionar en nada a la novela, entender la tragedia humana del personaje, su conflicto emocional, la profundidad filosófica de su pensamiento y su quehacer como emperador romano en busca de la paz. Si como he dicho antes sus conflictos íntimos, sus debilidades físicas, sus problemas familiares y sus ansías de poder trascienden al personaje y lo acercan hasta nosotros de manera increíble, la alusión que en un momento se hace (¡y también en la novela, no se vea en esto oportunismo alguno!) del papel que Adriano tuvo en su tiempo en la creación de una entidad política nueva a la que llamó Palestina sobre otra anterior y milenaria de nombre Judea, hace que la obra teatral penetre con fuerza inusitada en la rabiosa y terrible actualidad que todos los días contemplamos en las noticias. 

Imagen tomada del blog literario Lluvia en el mar

Tras ver a Lluis Homar en la figura de Adriano, nada más volver a casa, busqué la novela de Marguerite Yourcenar. La he hojeado y he repasado algunos fragmentos, algunas frases que subrayé en los lejanos días en que la leí. Esto daría pie para otra entrada en el blog. Me refiero al cambio que nuestro ser experimenta de un tiempo a otro. Me explico: al leer alguno de mis subrayados recordé la falta de información que entonces tenía sobre tantas cosas; si no ¿por qué habría yo resaltado ciertas frases? El tiempo, como decía el gran Quevedo, todo lo cambia y lo bazuca (siempre me gustó esta palabra contenida en su escatológico y metafísico poema La vida comienza en lágrimas y caca...). Lo que ha quedado como entonces es la enorme satisfacción que he experimentado al escuchar en el teatro y leer en la novela las reflexiones filosóficas, epicúreas unas y estoicas otras, de un hombre de 62 años que se ve ya al borde de la muerte («Empiezo a percibir el perfil de mi muerte»), que la sabe próxima aunque no inminente. Estoicamente va a afrontarla y ante la idea del suicidio para evitarse dolores decide no adelantarse a su destino: «Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos...»

He aquí algunas frases que se me quedaron clavadas tras oírselas en la representación al emperador Adriano, redivivo en la figura de Lluis Homar. Mi mala memoria me ha obligado a buscarlas en su literalidad en la novela de la Yourcenar :
  • «Te ahorro detalles que serían tan desagradables para ti como para mí, la
    Memorias de Adriano
    descripción del cuerpo de un hombre que está envejeciendo y está a punto de morir de un corazón hidrópico
    » 
  • «He formado un proyecto para contarte sobre mi vida. Por supuesto, el año pasado compuse un resumen oficial de mi carrera, al que mi secretario Flegón le dio su nombre. Conté tan pocas mentiras como fue posible; el respeto por el interés público y la decencia, sin embargo, me obligaron a modificar ciertos hechos.»
  • «Lo esencial es que el hombre investido de poder debe haber demostrado posteriormente que merece ejercerlo.»
  • «Humanitas, Libertas, Felicitas: esas nobles palabras que adornan las monedas de mi reinado no fueron de mi invención.»
  • «He sido dueño absoluto solo una vez en mi vida, y sobre un solo ser.»
  • «Aquiles a veces me parece el más grande de los hombres en su valentía, su fortaleza, su aprendizaje e inteligencia acompañados de habilidad corporal, y su ardiente amor por su joven compañero.»
  • «Me he dado cuenta de que el suicidio podría aparecer como un signo de indiferencia, o quizás de ingratitud, hacia el pequeño grupo de amigos devotos que me rodean; no deseo legarles la horrible imagen de un hombre atormentado por el dolor que no puede soportar una tortura más.»
Finalizo señalando la enorme trascendencia que en el mundo literario tiene la novela histórica de Marguerite Yourcenar, verdadera constructora de la misma en el sentido moderno. En el Cuaderno de Notas, al que me he referido al inicio, además de contar las vicisitudes que corrieron estas Memorias hasta que vieron la luz, reflexiona sobre lo que para ella es el género de la novela histórica:
  • «Reconstruir desde dentro lo que los arqueólogos del siglo XIX han hecho desde fuera»
  • «Retrato de una voz. Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en primera persona, fue para evitar en lo posible cualquier intermediario, inclusive yo misma. Adriano podía hablar de su vida con más firmeza y más sutileza que yo.»
  • «En nuestra época, la novela histórica, o la que, por comodidad puede denominarse así debe desarrollarse en un tiempo recobrado, animado por la presencia de un mundo interior.» 
 _________________
Nota histórica:
Adriano fue emperador romano del 117 al 138 d.C. y es conocido como el tercero de los cinco buenos emperadores (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio) que gobernaron con justicia.

Nota práctica:
Memorias de Adriano se representa en el Teatro Marquina de Madrid desde el día 19 de este mes de septiembre y estará en cartel hasta el próximo día 10 de octubre. Si podéis, no os la perdáis.
Antes de llegar a Madrid se estrenó en el Festival de Teatro Clásico de Mérida de este año. Y tras Madrid, creo que giran por varias ciudades españolas.


1 nov 2024

Juan Manuel de Prada. "Mil ojos esconde la noche (I. La ciudad sin luz)"

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Entrada al parisino Cabaret del Infierno
El libro que acabo de leer es la primera entrega de la novela Mil ojos esconde la noche de Juan Manuel de Prada. Según confiesa el propio autor al final de este volumen la novela tiene una extensión de 1600 páginas; esta primera parte de casi 800 páginas lleva por título 'La ciudad sin luz'.

El libro me ha gustado en un 90% y me ha resultado, quizás, algo tedioso en el 10% restante. A pesar de que me agradan las historias que tienen por actuantes a escritores y a pintores -en esta novela lo son la mayoría de sus personajes-, seres que escaparon de la España de Franco y se refugiaron en París, sin embargo a veces me ha parecido un tanto repetitivo y como que la historia no avanzaba al ritmo que yo creía que debía de avanzar. También es cierto que hoy día la inmediatez de las RRSS nos (me) han acostumbrado a cierta velocidad lectora y un libro de este tamaño no es bien digerido por muchas personas. Yo, lo confieso, sí lo he digerido, y con gusto en muchos momentos, pero puede ser que tanta abundancia de datos y de nombres me haya producido una cierta acidez como si en ocasiones padeciera hernia de hiato y regurgitara parte de lo leído aun en contra de mi voluntad.

Creo que cuando aparezca en las librerías la segunda entrega acudiré a leerla porque deseo saber qué es de Fernando Navales el protagonista de la novela. Advierte Juan Manuel de Prada que Navales ya apareció en el primer libro que hace ya cosa de treinta años él dio a la imprenta, "Las máscaras del héroe", y que si tiene tiempo (ganas dice que no le faltan) tras esta larguísima novela, cuya primera parte acabo de leer, abordará la historia del personaje durante los años que van de 1936 a 1940. Habrá que ver qué ocurre porque el tiempo es mendaz y a veces (muchas veces) echa por tierra los mejores propósitos.


Fernando Navales es un falangista de la primera hora que en 1940, tras el final de la Guerra Civil española en 1939, lo encontramos en la calle Marceau de París donde Falange española tenía su sede para Francia. En este preciso momento Paris aguarda la entrada en la ciudad de los boches (los alemanes), sólo falta que el mariscal Petain firme el armisticio -mejor sería decir la rendición-. Así lo hará y fijará la sede del gobierno francés en Vichy; Paris quedará para los alemanes que poco a poco irán dictando leyes contra los judíos.

La embajada española que dirige Félix Lequerica, un vasco excesivamente equidistante a ojos de Navales, se ha trasladado a Vichy al igual que el resto de legaciones internacionales. Por este motivo es la calle Marceau donde trabaja Navales la que deberá encargarse de controlar como sea la diáspora de artistas e intelectuales republicanos que salieron de España en los primeros meses de 1939 y que han fijado su residencia en París. Perico Urraca, otro falangista que tiene comunicación directa con el cuñado del Caudillo y ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, le encarga a Navales la misión de lograr que la mayoría de estos emigrados políticos expresen de la manera que sea su adhesión a la Nueva España, o sea, a la España de Franco. 

La sede de Falange española de la calle Marceau está dirigida por Federico Velilla quien junto a su segundo, Luis Felipe Solms, tienen hecho el vacío a Fernando Navales. La verdad es que no lo soportan por lo que le encargan trabajos menores como abrir la correspondencia y poco más. Por eso cuando Urraca, conocedor de estas interioridades, encargó esa misión a Navales sabía que éste la tomaría con gusto y pondría todo de su parte para llevarla a cabo. Y así es.

Juan Manuel de Prada, como ya he dicho, había sacado a pasear al personaje de Fernando Navales en "Las máscaras del héroe", donde narraba las existencias atormentadas y noctámbulas de sus múltiples personajes, entre los que destacaba Navales, la mayoría de ellos fracasados de la literatura. En esta novela junto a Navales, periodista y escritor nihilista, aparece su 'alter ego' Pedro Luis Gálvez,  bohemio que «prefirió enmascarar su heroísmo con los disfraces del desgarro y la truhanería, antes de habitar el cielo de las mitologías» (dice la editora en la sinopsis de la obra).  Ahora encontramos a Fernando Navales obsesionado con Gálvez por haber estado a punto de morir a sus manos. Es una escena pareja a la que Javier Cercas relató en Soldados se Salamina con la diferencia de que aquí sí hay ejecución, aunque milagrosamente el ajusticiado, se nos dice ya en las primeras páginas, salvó su vida. Tanto Sánchez Mazas, en Cercas, como Navales, en De Prada, eran falangistas y tuvieron su vida en manos de republicanos.  

Erotismo en las novelas de Juan Manuel de Prada
Por la novela desfila la flor y nata de la intelectualidad española de la primera mitad del siglo XX. Escritores como Gregorio Marañón, César González Ruano, Sebastián Gash, y otros muchos tienen papel muy relevante en la narración, especialmente el primero. Pero es en el campo de la pintura donde la nómina de artistas es más amplia yendo desde Picasso (curiosa y sospechosamente respetado por los alemanes a pesar de practicar lo que aquellos denominaban arte degenerado), a Federico Beltrán Masses, Óscar Domínguez, Emilio Grau Sala, Fabián de Castro, Manuel Viola, Carles Fontseré... Lugar relevante en la historia ocupa el arquitecto bejarano Mateo Hernández al ser éste el autor de la escultura La Bañista para la que posó la escritora catalana Ana María Martínez Sagi, mujer de la que Juan Manuel de Prada venía de escribir en 2022 una extensa biografía de 1700 páginas titulada El derecho a soñar que precedió a la salida de Mil ojos esconde la noche

Es alrededor de esta mujer, Ana María Martínez Sagi,  al igual que de Fernando Navales, que gravita la novela. Otras mujeres importantes e interesantes que ocupan lugar relevante en la historia que se narra son la bailarina Ana de Pombo, la peruana también bailarina, o mejor 'bailaora', Nana de Herrera, la actriz María Casares... Las mujeres tienen papel  importante en esta historia protagonizada especialmente por hombres con comportamientos muy machistas tal y como corresponde al momento histórico.

La novela me ha recordado la de Rafael Cansinos Assens, Memorias de un literato, la cual reconstruye la vida intelectual y bohemia de Madrid entre el final del siglo xix y el estallido de la Guerra Civil, si bien la de De Prada muestra a los personajes en el París de 1940 y 1941. Vemos en la ciudad de la luz -ahora sin ella, y de ahí el título de esta primera parte- a personajes sobresalientes del mundillo del arte y de la intelectualidad durante la República, intentando sobrevivir en condiciones muy difíciles. Algunos como César González Ruano se nos presentan como viciosillos en su vida personal así como proclives al fraude, al engaño y al aprovecharse de los demás. Observamos también cómo estos hombres y mujeres antifranquistas deberán de realizar textos, discursos, pinturas, que ensalzan la Nueva España, a fin de poder recuperar la condición funcionarial que tenían antes de la guerra (Marañón, por ejemplo); así mismo muchos de los pintores exiliados colaborarán en exposiciones promovidas por la embajada franquista para así poder recibir un dinero que les permita cubrir míseramente sus necesidades vitales básicas. En otros casos hay artistas como el escultor Mateo Hernández que se verá extorsionado por los fascistas de Falange por eso de haber vendido obras suyas a judíos como los Rothchild; a otros como Óscar Domínguez no les queda más opción para sobrevivir que realizar falsificaciones de obras de otros pintores, en su caso de Giorgio de Chirico e incluso del propio Picasso, en este caso con la aquiescencia del mismo.
 
Estamos ante una novela histórica con predominio de personajes reales a los que vemos actuar de manera esperpéntica, grotesca. Sigue Juan Manuel de Prada el dictado del personaje valleinclanesco Max Estrella de Luces de bohemia cuando éste decía que «el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada». Y eso es lo que hace el novelista baracaldés de ascendencia zamorana: deformar, exagerar, caricaturizar... sirviéndose de esa estética para presentar de manera crítica la realidad española durante los años iniciales del franquismo. La manera de tratar literariamente a estos nombres encumbrados de la cultura española de la primera mitad del siglo XX me ha recordado mucho a Antonio Orejudo, especialmente en su novela Fabulosas narraciones por historias [tengo reseña hecha en este blog] en la que parodia y caricaturiza comportamientos de estas personas tan prestigiosas. Al hacerlo las baja de su pedestal y las reduce a su condición básica de seres humanos. Es lo mismo que hace con intencionalidad perversa el tal Navales, narrador de la novela. 

1940 y 1941 son unos años en los que las fuerzas de la Falange están echando un silencioso pulso con el dictador, quien a la postre se los llevará al huerto y los anulará dejando todo sometido a sus dictados. Es en ese contexto político (unido, claro, a la IIª guerra mundial en Europa) que se desarrolla la actividad del tal Fernando Navales, un escritor fracasado antes de la guerra civil española que se servirá de la ideología, como tantos otros en tantas épocas diversas, para justificar el odio y el resentimiento que siente hacia todos aquellos que en el pasado él considera que lo ningunearon. Precisamente, el asunto del resentimiento es central en la novela; Navales conoce al dedillo el ensayo Tiberio. Historia de un resentimiento de Gregorio Marañón y lo utiliza en multitud de ocasiones para justificar su perversa personalidad. 
«Afirma Marañón en su Tiberio que el resentimiento es una pasión impersonal, a diferencia del odio y de la envidia, que suponen siempre un duelo entre quien odia o envidia y quien es odiado o envidiado. La envidia y el odio tienen un sitio concreto dentro del alma y, si se extirpan, el alma puede quedar intacta. En cambio, el resentimiento anega el alma entera, gangrenándola por completo. Además el odio y la envidia casi siempre tienen una respuesta rápida ante la ofensa; el resentimiento, por el contrario, es pasión de larga incubación y reacciones tardías, que se puede disfrazar de resignación, hasta que llegue el momento oportuno de descargar el golpe. Así hacia yo con Velilla.» (y podría decirse -añado yo- que prácticamente éste es el comportamiento habitual de este ser frío y sin alma)

Desde el punto de vista literario la novela me ha agradado mucho. Está llena de intertextos, unos explícitos y otros no tanto. Esta gran cantidad de referencias literarias muestran el enorme conocimiento que el autor tiene de la misma. Da gusto estar leyendo las andanzas del cínico Navales y toparse con frases entresacadas o evocadas con acierto de Quevedo («Yo untaré con tocino todos los momios que nos caigan para que no me los muerda ese rabino de vía estrecha.», dice Mariano Daranas, corresponsal de ABC en París, hablando de Luis Felipe Solms al que Navales tilda de judío), de Garcilaso de la Vega («no hallaba cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la judía», dice el narrador al ver cómo Sebastián Gash se lamenta por los devaneos y coqueteos con otros de su pareja, la joven y hermosa pintora Lotty -Charlotte Calmis-), de Cervantes («el gabacho es por naturaleza pinturero e inoperante como el valentón de Cervantes, muy amigo de calarse el chapeo, requerir la espada y mirar al soslayo, antes de bañarse en un agua de borrajas», comenta el narrador Navales sobre los franceses), de San Juan de la Cruz, de Shakespeare («Como el judío Shylock», comenta el narrador a propósito de la contestación que Nana de Herrera le da -Todos se lo cobran en carne- en justa correspondencia al favor que éste le pide que le haga. El personaje Shylock pertenece a 'El mercader de Venecia'), del Romancero... Y también de Machado («Le revocaron el permiso injustamente. Algún judas debió de maniobrar por detrás. Mala gente que camina y va apestando la tierra...», le dice Martínez Sagi a Navales a propósito del cura nacionalista catalán Tarregó), de Lorca, de Ortega y Gasset, de Rubén Darío («Ah, padre y maestro mágico!», ¡Qué solo te han dejado los hombres», exclama González Ruano en el Cementerio de Montparnasse ante la tumba de Baudelaire)... En ocasiones la intertextualidad invade todo el texto en una amalgama literaria en mi opinión hermosa por demás:
«—¿Siempre dices lo que sientes? —le pregunté, en un aparte.
Me miró con sus ojos de cierva vulnerada:
—Casi siempre. Pero yo sólo digo mi canción a quien conmigo va.
»
(Martínez Sagi en conversación con Navales)

Hay en esta narración esperpéntica mucha verdad emanada de la enorme documentación que Juan Manuel de Prada ha manejado, según confiesa el propio escritor en la NOTA DEL AUTOR que coloca al final del volumen: «Aunque Mil ojos esconde la noche sea una novela alucinada y esperpéntica (o precisamente por serlo), guarda en sus entretelas muchas más verdades recónditas y nunca antes alumbradas de las que parece, gracias sobre todo a la documentación (en algunos casos muy íntima o secreta) hallada entre legajos polvorientos». Quizá por ello y con cierta razón el narrador-novelista juega con la palabra 'historia' o la palabra 'humanidad' colocándola en minúscula o mayúscula según que se refiera a la propia trama novelesca (en minúscula) o a la realidad del pasado de la que toma personajes y hechos (en mayúscula). Pide, cuando tal cosa hace, «perdón por la mayúscula» sabedor como es de que debiera de usarla en minúscula, pero él quiere de este modo enfatizar el término:
  • «no sé si para guiar los rumbos de la Humanidad (perdón por la mayúscula)»
  • «divagaciones sobre filosofía de la Historia (perdón por la mayúscula)»
Hay incluso un momento, muy importante en el desarrollo de la trama, en el que el personaje de Daranitas en un instante de exaltación franquista ante lo que sobre los rusos han manifestado Navales y Lequerica exclama:
«¡Muchísimo más! ¡Son asiáticos subhumanos! ¡Son el oprobio de la Humanidad, el estigma de la Civilización!
Empezaba a espumear, como si se hubiera atragantado, así que le di unas palmaditas en la espalda para que se relajara y dejara de hablar en mayúsculas.»
El comentario del narrador en forma de atrevida imagen sinestésica es un claro anacronismo tomado seguramente del mundo actual de Internet donde escribir en mayúsculas es equivalente a gritar en el lenguaje oral. 

La trama se desarrolla de manera lineal con un narrador testigo en primera persona que conoce todos los extremos de lo que cuenta y que en algún momento anticipa algo que sabe que sucederá pero que aún es pronto para exponerlo en el relato. Hay que tener en cuenta que restan otras 800 páginas más que los lectores aún no conocemos por haberlo así dispuesto el propio novelista. El segundo volumen de esta larga historia aparecerá, dice el propio novelista, "antes de un año con el título Cárcel de tinieblas".

La galería de personajes está tomada prácticamente en su totalidad de la realidad histórica. Sin serlo, naturalmente, a veces el escritor utiliza una especie de formulas épicas o sambenitos para definir a ciertos personajes. Así Hitler es un "ángel con gabardina y bigote", Picasso siempre aparece acompañado del adjetivo "garajista", a Óscar Domínguez suele seguirle la frase "el surrealista de recuelo canario", Franco es definido habitualmente como triponcete, y así con varios otros nombres del inmenso universo actoral que es Mil ojos esconde la noche.

Erotismo en la escultura. Escultores salmantinos
Para finalizar quisiera destacar dos aspectos que me parecen dignos de señalar. El primero es el gusto y la facilidad que demuestra para ello Juan Manuel de Prada a la hora de escribir escenas eróticas. No he podido por menos durante la lectura que recordar su libro Coños,[tengo reseña hecha de este libro aquí] primero de los que escribió, en el que en 54 relatos se dice que «Coños constituye un homenaje a la mujer y a la literatura, que aspira a la celebración episódica del cuerpo femenino, a la divinización obsesiva de las mujeres a través de las palabras».  Preguntado sobre la cantidad de referencias eróticas que hay a los muslos femeninos en su última novela De Prada viene, en cierto modo, a reafirmarse en lo que decía para Coños: 
«Yo creo que no tanto. Quizá lo que te impresiona es que mis descripciones son muy vívidas. Cuando describo algo carnal, resulta muy llamativo. Pero no negaré que es una parte del cuerpo femenino que me resulta bonita»

Y la otra cuestión que positivamente ha llamado mucho mi atención en esta novela es el inmenso dominio del vocabulario que tiene su autor. Infinidad de términos precisos, unos hoy desusados, otros poco utilizados, emplea Juan Manuel de Prada. Son palabras como lumias (prostitutas), corzas (muy del tipo de las cabras), adunaban ([se] unir, juntar, congregar), balandrán (Abrigo largo y ancho), mazorral (grosero, rudo, basto), pediluvios (Baño de pies tomado por medicina), balduque (Cinta estrecha, por lo común encarnada, usada en las oficinas para atar legajos), borono ([en Bilbao] Bruto, chapao a la antigua, sin modales. Paleto), eutrapélicamente (desligada de la acción y sin consecuencias reales en el desarrollo de la peripecia), sinsorgada (Insustancial y de poca formalidad), alifafes (Achaque generalmente leve), somormujo (persona sin gracia y con empatía negativa), pitañoso (legañoso), conticinio (Hora de la noche en que todo está en silencio), borborigmos (Ruido abdominal, a veces sordo y prolongado, que se produce en el intestino como consecuencia de la mezcla de gases y líquidos en su interior), gaoneras (Lance que el torero realiza citando al toro de frente mientras se coloca el capote por detrás del cuerpo), ablandabrevas (Persona inútil o de poca valía)... Algunos dirán que esto puede entorpecer la lectura; a mí me ha supuesto un enorme disfrute y aprendizaje.

Se le ha preguntado a De Prada sobre si las opiniones de Fernando Navales, que es asimismo escritor y periodista, coinciden con las suyas. A esta cuestión el autor formado en Zamora y Salamanca ha respondido que diametralmente muchas no son las suyas, aunque hay otras, de naturaleza estética especialmente, que sí. Por ejemplo la valoración que da de Picasso como pintor excesivamente considerado o sobre las vanguardias que vinieron a llevarse por delante todo el arte anterior a su aparición. De hecho afirma que el 90% de  lo que cuenta es veraz, si bien está novelado y pasado en ocasiones por el tamiz de la ficción. 
Sobre su identificación o no con el protagonista preguntado por un entrevistador responde: 
«A un lector rudimentario le puede ocurrir, a un lector inteligente no. Eso nos llevaría a identificar a Camilo José Cela con Pascual Duarte o a Nabokov con Humbert Humbert. Esto es una novela. Este tema me lo planteó la profesora Anna Caballé, y me dijo que hoy en día la gente está tan ofuscada por las ideologías y los esquematismos que ya no tiene la capacidad de discernimiento entre lo que es el autor y lo que es el personaje que narra la historia. Si alguien no tiene esa capacidad de discernimiento, apaga y vámonos. Esto es la clave de la literatura.»

31 ago 2024

El primer caso de Unamuno. Novela de Luis García Jambrina.

4 comentarios:

«sepa usted que, para mí, los personajes de ficción pueden ser tan reales como sus propios creadores, o más; lo que quiero decir es que están más vivos, son más eternos. Don Quijote, por ejemplo, es más real que Cervantes; Hamlet, que Shakespeare; Sherlock Holmes, que Conan Doyle, y, por supuesto, don Avito Carrascal, que yo mismo —explicó don Miguel—.»

Luis García Jambrina, Novela histórica
Cierro el mes de agosto con este último libro del escritor, zamorano de nacimiento y salmantino por residir en esa ciudad desde hace ya muchos años, Luis García Jambrina (Zamora, 1960). Se ve que su dedicación profesional -profesor titular de Literatura española en la Universidad de Salamanca y director de la revista 'Cuadernos de la cátedra Miguel de Unamuno', así como otros varios cargos y realizaciones literarias y cinematográficas que tienen que ver con el ilustre vasco que fue Rector de la Universidad salmantina- le han proporcionado material más que suficiente para esta nueva aventura narrativa que es convertir al pacífico estudioso escritor y profesor de Griego en arriesgado detective. Confiesa Jambrina al final de esta novela, El primer caso de Unamuno,  aparecida este mismo año que se propone escribir más semejantes. De esta primera incursión creo que autor y personaje han salido indemnes si bien tampoco hablaría yo de sorprendente literatura ni nada parecido. Pero bien, sí, se lee bien.

Personalmente llegué a este autor de 63 años atraído por su vinculación con Salamanca, mi ciudad natal, desde que publicara "El manuscrito de piedra", una novela histórica detectivesca en la que el por entonces estudiante de leyes en la universidad salmantina, Fernando de Rojas, se encarga de desentrañar y encontrar al culpable de los extraños crímenes que estaban sucediendo en la ciudad, concretamente en el espacio que hay entre el convento de los frailes dominicos de San Esteban y la catedral salmantina. Esta novela, que leí al poco de ser publicada en 2008, fue muy de mi agrado. Me gustó ver deambular por las calles de mi ciudad en pleno final del siglo XV a frailes como el protector de Cristóbal Colón Diego de Deza, a prostitutas como las discípulas de la Celestina y a la Celestina misma, a personajes históricos como el escritor Juan de Valdés y su seguramente obra suya El Lazarillo de Tormes, al fallecido Príncipe de Asturias heredero del trono de España Juan de Trastámara, al creador Juan del Enzina, etc. Se mezclan en esta novela histórica seres reales y de ficción siendo la primera de las seis de la serie 'Pesquisidor Fernando de Rojas'  tituladas de manera semejante con la única variación del complemento preposicional del sustantivo 'manuscrito': nieve, fuego, aire, barro y niebla. En todas ellas el protagonista detective es el atribuido autor de La Celestina, Fernando de Rojas.

Abandoné a Jambrina y a sus manuscritos tras la lectura del primero. Había conocido ya su manera de escribir y la ubicación de las otras novelas de la serie (todas ellas en los primeros años del siglo XVI) no me atraía lo suficiente. Sin embargo la figura del novelista afincado en Salamanca volvió a cobrar interés para mí a raíz de la publicación de su libro La doble muerte de Unamuno aparecido en 2021. Se trata de un ensayo en el que el autor indaga en las circunstancias que rodearon la muerte del escritor el día 31 de diciembre de 1936 y la utilización política que de su figura intentaron hacer los sublevados de julio de 1936. Partió Jambrina para este ensayo del documental que en 2020 había realizado el director y guionista cinematográfico Manuel Menchón sobre el escritor bilbaíno, que tituló Palabras para un fin del mundo

Tras ver el documental de Menchón y hojear la ampliación y profundización de Jambrina sobre esos días aciagos para don Miguel era de rigor que leyese esta nueva propuesta literaria, en esta ocasión también detectivesca, que de la interesante figura de don Miguel de Unamuno hacía el profesor salmantino. Así lo he hecho y al finalizar la amena lectura saco conclusiones semejantes a las obtenidas tras la lectura del primero de sus 'manuscritos'. En definitiva diré que me ha gustado deambular por calles, plazas y establecimientos salmantinos archiconocidos y archiapreciados por mí como la plaza Mayor, la calle de la Rúa antigua, la calle Meléndez, el parque de San Francisco, la calle de Miñagustín...; así mismo he disfrutado al entrar en su compañía en el café Novelty, en el hoy desaparecido Figón del Armuñés, en la afamada joyería Cordón, o en la mismísima Universidad de la ciudad y en su rectorado que en la fecha en que transcurre la historia, año de 1905, ostentaba el catedrático de Griego don Miguel de Unamuno.

Salmantino como soy he disfrutado reconociendo apellidos abundantes en mi ciudad que me han acompañado a lo largo de mis años escolares y/o universitarios: Maldonado, Llorente, Zamarreño, Yeltes, Villar... Naturalmente también han sido muy bien recibidas por mí las localizaciones donde se desarrolla la trama que además de en la capital salmantina sucede en Ciudad Rodrigo y sobre todo en la pequeña localidad de Boada. Es precisamente aquí, en Boada, pueblo perteneciente a la comarca del Campo de Yeltes y de la jurisdicción de Ciudad Rodrigo, donde tienen lugar los crímenes que dan pie a que Unamuno comience a investigar. Ver a los protagonistas del relato, el propio Unamuno junto al abogado Manuel Rivera y la anarquista catalana Teresa Maragall López, estos dos últimos seres de ficción, deambular por la comarca salmantina en tren y llegar a pueblos como La Fuente de San Esteban ha sido un placer difícil de describir. 

Privatización de la tierra
El primer caso de Unamuno
, como casi todas las novelas que han salido de la pluma de Luis García Jambrina, es una novela histórica, es decir, que mezcla de manera atinada seres reales con otros de ficción en un marco espacio temporal de naturaleza histórica. En este caso el marco y el motivo histórico es el de la polémica desatada en 1905 a raíz de la carta enviada por los boadenses al presidente de Argentina, Manuel Quintana, solicitándole permiso para emigrar todos los habitantes del pueblo al país sudamericano. El motivo de dicha petición era el de haber sido desposeídos de las tierras comunales que desde tiempo inmemorial venían trabajando y cultivando. Esta privatización de la tierra para entregársela a grandes propietarios ganaderos fue un hecho muy controvertido que dio lugar a un cruce real de artículos entre Ramiro de Maeztu, defensor de la medida, y Miguel de Unamuno, detractor de la misma. Los boadenses fueron acusados de antipatriotas por el vitoriano y defendidos y apoyados en su decisión de emigrar por el bilbaíno.

En medio de esta discusión periodística e intelectual sucede el asesinato de Enrique Maldonado, ganadero beneficiado por la privatización. El pueblo de Boada es acusado de ser el autor colectivo de esta muerte. Estamos ante una nueva Fuenteovejuna. La cosa se ve complicada con otras muertes de personas relacionadas con el tal Maldonado: la de Amalia Yeltes, amante de Enrique, y el de otros cuyo nombre no desvelaré para no destrozar la lectura. Junto a los fallecidos tienen papel relevante en la trama personajes como Daniel Llorente, amigo de Enrique Maldonado; Pedro Villar, capataz de Daniel Llorente; Ana Juanes, esposa de Enrique Maldonado y madre del hijo de ambos, Juan Maldonado; y otros más. 

Los tres investigadores, en especial Unamuno, se conjuran para resolver los crímenes lo antes posible dado que el gobernador salmantino, Pablo Aparicio (otro apellido muy de mi ciudad)- tiene prisa por cerrar el asunto. La resolución, como no podía ser de otro modo, tiene mucho que ver con la actividad profesional de don Miguel. Quiero decir que sus conocimientos filológicos así como su quehacer literario (autor de novelas, ensayos y poemas) son de la mayor relevancia a la hora de resolver el caso. Quizás la resolución ya la viene anticipando el lector desde algunas páginas atrás, pero la justificación del hallazgo de la misma sí que es algo sorpresiva y, en mi opinión, quizás venga algo traída por los pelos. Pero como digo en el cierre del primer párrafo de esta reseña, El primer caso de Unamuno de Luis García Jambrina es una novela entretenida que se lee bien y con agrado.

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Nota: Con este título cumplimento la letra J del reto Autores  de la A a la Z.



15 jun 2024

Bibiana Candia. "Azucre"

15 comentarios:

«José no contestó, nunca hay que contestar a las mujeres cuando piden cosas, ni cuando lloran. Carmen se recompuso. Mañana en cuanto amanezca me levantaré y te prepararé unos huevos, puede ser lo último que haga para ti. José volvió a callarse, no vale de nada discutir con las mujeres, bastante tienen con lo suyo de no entender, de no valer para ser hombres y de tener que parir hijos que mueren cualquier día o a los que se los come un cerdo. Bastante tienen ellas.»"

Bibiana Candia Becerra, Novela premiada
Acabo de leer Azucre de Bibiana Candia. Es una novela dura, pero cargada de notas líricas. La historia es real: en el XIX el dueño de un ingenio en Cuba, aprovechando la situación de necesidad de la población gallega sumida en la hambruna y diezmada por una epidemia de cólera, llevó jóvenes gallegos a la isla para el cultivo y la zafra de la caña de azúcar. Hasta aquí todo normal, bien: se les prometía un jornal a estos rapaces que veían así cómo escapar del hambre que los diezmaba en su Galicia natal. Pero todo era una mentira. Nada más llegar eran obligados a trabajar en jornadas agotadoras, dormir sólo cuatro horas, y estar siempre al dictado del  amo que con el látigo los tenía a raya. No eran trabajadores, eran auténticos esclavos.

Orestes, el Rañeta, José el Comido, Amador el Tísico, Manuel Trasdelrío... junto a otros trescientos y pico rapaces más de apenas 17 años formaron parte en 1853 de esos «mil setecientos jóvenes que viajaron a Cuba para trabajar y terminaron vendidos como esclavos por obra de Urbano Feijóo de Sotomayor, un gallego afincado en la isla»
La historia es real, auténtica, y fue descubierta por Bibiana Candia en los archivos del Congreso de los Diputados. Le sorprendió que una aventura tan siniestra no hubiera alcanzado más resonancia popular en Galicia y el resto de España. Es por esto que esta escritora decidió escribirla, darla a conocer. El propio editor dice en la contraportada del libro 
«Estas páginas estremecedoramente hermosas, hipnóticas y evocadoras, alejadas de informes oficiales y fríos análisis, dan voz a los silenciados de este terrible suceso que en su momento constituyó un auténtico escándalo y que la memoria no puede ignorar.»
La novela histórica aventaja a la Historia con mayúscula en esto: en dar voz y vida propia a los auténtico hacedores de la misma, al pueblo anónimo que construye la Historia de un país, de una nación, sin pasar a las páginas impresas de la misma. La literatura tiene la virtualidad de que los adolescentes Orestes, el Tísico, el Rañeta y Trasdelrío, el Comido, Tomás el de Coruña y muchos otros rapaces se adueñen de estas páginas y nos cuenten en primera persona la terrible historia que padecieron. También las mujeres aparecen en la novela, si bien en un segundo plano, siempre sometidas al varón y bastante despreciadas por estos.

Bibiana Candia es escritora primeramente de poesía  (La rueda del hámster -Torremozas, 2013- y Las trapecistas no tenemos novio -Torremozas, 2016-), también de relatos (El pie de Kafka -Torremozas, 2015-), y de lo que ella misma denomina 'artefacto literario' (Fe de erratas -Franz ediciones, 2018-). Azucre (editorial Pepitas de Calabaza, 2021) es su primera novela. Desde su aparición se ha alzado con multitud de reconocimientos: Premio Nollegiu al mejor libro de narrativa en castellano 2021, el V Premio de las Librerías de Navarra al mejor libro en castellano de 2021, el Premio a la mejor obra escrita en castellano en el 35 Festival du Premier Roman du Chambèry, el Premio Espartaco 2022 a la mejor novela histórica en la Semana Negra de Gijón y el I Premio Novel Almudena Grandes que otorga el Gremio de Librerías de Madrid.

Ser poeta y adentrarse en la narrativa tiene consecuencias evidentes, la verdad es que todas ellas en mi opinión gratas. El lirismo invade el relato en forma de hermosos términos muchos de ellos referidos al mar y la marinería: beque (retrete de la marinería), bao (viga), marmitón (ayudante de cocina de un buque mercante); abanearse (moverse), batey  (lugar ocupado por las viviendas en un ingenio antillano)...; otros son propios de la 'terra galega' que vio nacer y crecer a la novelista (La Coruña, 1977) : brona (pan de maíz). cruceiro (característica cruz de piedra que se coloca en Galicia en la intersección de caminos), abarrotes (tienda que vende diversos productos alimenticios), ferrados (medida agraria usada en Galicia)...

Muchos recursos líricos aparecen y enriquecen este breve relato de apenas 80 páginas. Son los principales las repeticiones fónicas y los  paralelismos que contribuyen a dotar de ritmo y musicalidad a la narración. Estos procedimientos rítmicos aparecen tanto en períodos oracionales sucesivos [1] cuanto al inicio de una serie de párrafos que encabezan distintas secuencias o incluso en el interior de las mismas repitiéndose cual salmodia recordatoria [2]
  • «Ahí van, coitados, ahí van ellos, déjalos ir en paz, Señor, cuídalos, Señor, que nada malo les pase, Señor, no los dejes enfermar, Señor, que curen el hambre de su madre, Señor, que lleguen sanos y salvos, Señor, nuestro Señor.»  [1]
  • «con aperos nuevos de labranza, sachos, hoces y machetes» [2]
  • « Arrea, corta, dale.» [2]
El carácter lírico de Azucre se ve realzado con la recurrente utilización de la prosopopeya o personificación. Con la misma aplicada fundamentalmente a la naturaleza propia de Galicia y también a la de Cuba, la novela crece en magia y logra encantar al lector al introducirle en un medio natural de características animadas: 
  • «Los árboles pasan a su lado casi sin verlo»
  • «A la piedra nadie le pidió responsabilidades, no es fácil reponerse de ser utilizada como arma.»
La imaginería poética abunda en la novela de Bibiana Candia:
  • «Cierra los ojos y el estómago se le convulsiona otra vez en una náusea seca como el grito de un sordomudo.»
  • «la muerte del hijo mayor de sus padres lo ascendió de categoría y tomó heredada también la memoria.»

A todo lo señalado hasta aquí viene a unirse una estructura narrativa construida a base de breves secuencias, cual si se tratara de relatos cortísimos e incluso en algunas, que apenas si alcanzan las diez líneas de extensión, de auténticos microrrelatos. Diríase que más que una novela completamente desarrollada estuviéramos ante un esbozo de la misma.

Por último, volviendo al asunto que presenta y denuncia la autora, los personajes protagonistas de la novela, son víctimas de un engaño, de un terrible fraude humano, que produce en ellos un extrañamiento completo, total. El mismo llega incluso a la propia denominación de los objetos, de las cosas. La frase «COMO A ESTE LADO todo cambia, las palabras para llamar a las mismas cosas son otras» se repite con mucha frecuencia en Azucre. No hay mayor sensación de destierro, de deportación, de sentirse perdido en un mundo ajeno que la de estar ante una lengua extraña, distinta, diferente. Esto es lo que les sucede a Orestes, al Rañeta,  a José el Comido, a Amador el Tísico, a Manuel Trasdelrío... al llegar a Cuba. Es por esto que las riñas, los desencuentros y las peleas protagonizadas anteriormente en Galicia por estos jóvenes pierden en este contexto todo el sentido; ya no más se sentirán enfrentados, ahora todos ellos son compañeros solidarios ante la adversidad a la que se ven abocados. 

Galicia en el XIX, Cuba y los ingenios de azúcar
El látigo que el negro Jeremías hace restallar sobre sus espaldas si paran de trabajar o se rebrincan, la sangre que mana de sus manos destrozadas por el trabajo de cortar caña, el cepo al que son castigados por su conducta levantisca, incluso la muerte por extenuación.  Todos estos horrores me han hecho recordar la brutal novela El corazón de las tinieblas de Josep Conrad que un lejano día leyera y que el año pasado en este mismo blog revisité y reseñé. Naturalmente he de decir que Azucre no alcanza ni de lejos el nivel de terror, de tremenda inhumanidad, de la novela conradiana. 

Como conclusión diría que Bibiana Candia ha escrito una novela corta trabajada lo justo, necesitada quizás de más estudio y documentación, con una estructura muy equilibrada: 50% de vida de los chicos y sus familias en Galicia y durante el trayecto en el barco Villa de Neda hasta Cuba (los muchachos mantienen la ilusión, pese a las dificultades por las que pasan), un cuarto más -del 50 al 75%- en el que vemos a estos rapaces sometidos a la condición terrible de esclavitud, y por último el cuarto final del relato en el que se esboza la resolución de la trama. En mi opinión la novela daba para mucho más, el asunto que desarrolla en ella tiene un enorme potencial. Es por eso que en cierta manera la novela se me ha quedado un poquito corta. 

8 jun 2024

Un caballero en Moscú de Amor Towles

10 comentarios:
Novela histórica,Revolución soviética
Mi excelente amiga y bloguera, Rosa Berros Canuria, me dejó en el comentario que escribió a mi reseña de "El mago del Kremlin" de Giuliano da Empoli un mensaje que textualmente decía: «acabo de leer Un caballero en Moscú que no tiene nada que ver con este, más que el hecho de estar ambientado en Moscú, si bien lo está entre los años 1922 y 1954. El autor, Amor Towles, es estadounidense. Eso también puede ser una coincidencia, alguien extranjero que se sumerge en las costumbres y la forma de vida rusas. Te lo recomiendo si no lo has leído.»
Como veis su recomendación no cayó en saco roto. He leído la novela y me ha gustado, quizás algo menos de lo que presuponía, pero sí que es una obra que se lee bien y que muestra la evolución de un ser humano en un contexto muy complicado, lo buena persona que él es, su sabiduría en todos los aspectos de la vida (literatura, saber estar, música, relaciones humanas y adaptación a las circunstancias cambiantes de la vida)...

El autor realiza una crítica tranquila y sosegada del sistema soviético, en especial de la época estalinista. Muestra con ironía y humor las colas, la escasez, el fracaso de los planes quinquenales, la estupidez derivada de un igualitarismo excedido y excesivo, la destrucción de obras de arte del pasado por el mero hecho de haber sido realizadas por una clase dominante, etc., etc. Por contra, el aire fresco Amor Towles parece referirlo, dejando a un lado, claro, los afectos humanos, al sistema americano, a los EEUU: los periodistas norteamericanos son agradables, simpáticos y con ellos el protagonista puede hablar de cualquier cosa, los empresarios estadounidenses que quieren introducir sus negocios en la URSS sufrirán por la dejadez y falta de estímulos de los funcionarios soviéticos que deben aprobárselos, los agregados de la embajada americana es personal amigable, etc.

Como no podía ser de otra manera toda la novela gira en torno al caballero del título, el conde Aleksandr Ilich Rostov, protagonista del relato que, residente en el hotel Metropol de Moscú desde su regreso de París en 1918, un día de 1922 recibe la visita de funcionarios policiales que lo conducen a un juicio sumarísimo por ser miembro de la aristocracia del zarismo derrocado en la Revolución de Octubre de 1917. Su destino probable es el paredón por contrarrevolucionario. Afortunadamente esquiva el fusilamiento por un poema prerrevolucionario atribuido a él titulado "¿Qué ha sido de él?". Es este poema, muy jaleado durante los años que precedieron a la revolución de octubre, lo que librará a Rostov del ajusticiamiento. A cambio, por el mero hecho de pertenecer a la casta de la aristocracia será condenado a permanecer indefinidamente en su domicilio sin poder pisar jamás la calle. Dado que el conde Rostov llevaba cuatro años viviendo en el Hotel Metropol será este el lugar de su confinamiento. 

Diríase que Aleksandr Ilich ha sido afortunado. Sí y no tanto. Sí, porque su encierro no admite parangón con la perspectiva de la muerte, claro; no, porque será desalojado de la lujosa suite que ocupaba para ubicarlo en las dependencias que durante el zarismo destinaba el hotel para la servidumbre que acompañaba a nobles y funcionarios zaristas que se alojaban en él. Allí, en  una habitación abuhardillada de no más de siete metros cuadrados, Rostov deberá colocar las pocas posesiones que le permiten conservar en su poder: el retrato de su fallecida hermana Helena, el escritorio del Gran Duque Demidov, el reloj de dos repiques de su padre, dos botellas de coñac, los gemelos de teatro de su abuela, algunos libros como los Ensayos de Montaigne de la biblioteca de su abuelo... Poco más. Afortunadamente, un caballero, como el protagonista de la novela de Amor Towles, sabe conformarse
«Comprendiendo que un hombre debe dominar sus circunstancias para que éstas no lo dominen a él, el conde pensó que valía la pena plantearse cuál era la mejor manera de conseguir su objetivo, tras haber sido condenado a un confinamiento de por vida.»
El conde Rostov vive bastante feliz en el Metropol. Es un hombre muy bien considerado por los empleados del hotel desde el botones Petia hasta el director Josef Halecki («uno de esos raros ejecutivos que habían llegado a dominar el secreto arte de delegar [...] que curiosamente, encima de su mesa no había ni un solo papel; que su teléfono casi nunca sonaba; que junto a una de las paredes había una tumbona de color burdeos con cojines aplastados»). Y entre ambos toda una serie de personajes importantes como Andréi, el maître del restaurante «con su porte impecable y sus manos largas y juiciosas»; Vasili, el inimitable conserje del hotel;  Marina, «recientemente ascendida de camarera a costurera»; Arkadi, el recepcionista del hotel; Tania, la encargada del guardarropa; Emile Zhukovski, el chef de la cocina; Audrius, «el barman del Chaliapin, un lituano de perilla rubia y sonrisa fácil», Abram, el anciano empleado de mantenimiento con el que el conde mantiene profundas conversaciones en la azotea del edificio...

Al staff del hotel, central en este relato, hay que añadir otros personajes, femeninos y masculinos, muy importantes en la trama. El primero es naturalmente Nina Kulikova, una niña de nueve años muy despierta, inteligente y avispada, que se hace amiga del conde al que enseñará todos los secretos del hotel; otro personaje femenino de la mayor importancia es la actriz Anna Urbanová, exitosa estrella de la época muda del séptimo arte que verá declinar su prestigio según que el cine hablado se vaya imponiendo.  Ambas mujeres serán muy importantes para Aleksandr Ilich Rostov: la primera, pasado el tiempo y convertida en una bolchevique idealista de libro, le dejará un regalito en forma de personita de cinco años llamada Sofía que con los años el propio Sasha (así llamaban familiarmente al conde Rostov) tendrá por su propia hija; la otra, la Urbanová es una mujer libre e independiente con la que el conde mantiene relaciones periódicas. 

De los masculinos habría que citar a los norteamericanos agregados de la embajada estadounidense que visitan el bar del Metropol con asiduidad. Destaca el capitán Richard Vanderwhile con el que Rostov hará muy buena amistad; también está un comerciante que se las ve y se las desea para introducir productos en la URSS. De entre los rusos no podemos olvida a Víktor Stepánovich, profesor de piano de Sofía y amigo de Rostov;  en la resolución de la trama la música y este profesor intervendrán activamente. Y si la música marca en parte el desenlace de Un caballero en Moscú, es la poesía, la que, como ya se ha visto, provocó el encierro de Aleksandr Ilich en el Metropol evitándole la muerte. Próximo, muy próximo a la creación poética y literaria en general, está Mishka, amigo de Rostov desde su época universitaria. Mishka es un idealista que se resiste a eliminar de una publicación realizada por él una velada referencia a que en Occidente había algunos panes mejores que los rusos. Esta nimiedad le ocasionará serios problemas.

En la novela hay, como se adivina por lo dicho, muchas referencias a la música y a la literatura. Las musicales tienen por protagonista al príncipe Nikolai, al profesor Stepánovich y a Sofía, quien triunfará internacionalmente gracias a las dotes que demuestra tener al piano: los Nocturnos de Chopin, los Conciertos de Brandeburgo de Bach, la Sonata para piano n.º 1 en do mayor de Mozart, o el Concierto para piano n.º 2 de Rachmáninov son, entre otras muchas creaciones e intérpretes, mencionados por Amor Towles en la novela. 
De la misma manera, pero referidas en este caso a la literatura, Mishka y el propio Rostov mantienen no pocas conversaciones cuyo centro es la misma. Algunas están referidas a la esperanza, truncada posteriormente, que la revolución supuso en no pocos artistas como Maiakovski
«Mishka se dirigió a la Casa Central de Escritores, pasó por delante de la estatua de Gorki donde antaño se había erigido la pensativa estatua de Gogol
 [...]
en 1934 Stalin convenció a Gógol, que se había instalado en Italia, para que regresara a Rusia, y le ofreció la mansión de Riabushinski, desde donde podría presidir la consagración del Realismo Socialista como único estilo artístico de todo el pueblo ruso. «¿Y cuál ha sido la consecuencia?», le preguntó Mishka a la estatua. Todo se había echado a perder. Bulgákov llevaba años sin escribir ni una sola palabra. Ajmátova había abandonado la pluma. A Mandelstam, que ya había cumplido su condena, habían vuelto a detenerlo. ¿Y Maiakovski? ¡Ah, Maiakovski»
Tiene la literatura, y no sólo la rusa, significación especial en Un caballero en Moscú. Desde el principio notamos ya su importancia en esos Ensayos de Montaigne que Rostov salva de su suite y que luego Nina y la misma Sofía leerán con mucha atención. Pero en general a lo largo de toda la narración el autor hace uso frecuente de imágenes y analogías entre la realidad y la ficción literaria:
«En la isla de Creta, Teseo tuvo a su Ariadna con su mágico carrete de hilo para salir sano y salvo de la guarida del minotauro. Por las cavernas donde habitan sombras espectrales, Ulises tuvo a su Tiresias, del mismo modo que Dante tuvo a su Virgilio. Y en el Hotel Metropol, el conde Aleksandr Ilich Rostov tenía a una niña de nueve años llamada Nina Kulikova»
Por último no quiero dejar sin destacar la peculiar manera que tiene el narrador de ir explicando el quehacer literario que la realización del relato que cuenta le está suponiendo. La metaliteratura hace acto de presencia no pocas veces en la  novela a través de las llamadas que el narrador hace a los lectores a quienes se dirige. Es este dirigirse a los narratarios procedimiento característico y frecuente entre los novelistas del XIX e incluso antes en los creadores de cuentos maravillosos dirigidos a niños:
  • «una vez aclarado que no es necesario que os molestéis en recordar el nombre del príncipe Petrov, debería comentar que, pese a la breve aparición del individuo de cara redonda y con entradas del próximo capítulo, a él sí deberíais conservarlo en la memoria, ya que años más tarde tendrá un papel muy importante en el desenlace de esta historia.»
  • «Pero. . . Un momento. Nos estamos adelantando a los acontecimientos.»
  • «Al leer esto, quizá estéis tentados de preguntar, con cierta ironía, si el conde Rostov, que se jactaba de ser una persona con dignidad, se permitía escuchar las conversaciones privadas de los comensales. Pero vuestra pregunta, como vuestra ironía, estarían fuera de lugar. Porque, como sucede con los mejores sirvientes, los camareros competentes tienen que oír lo que se dice a su alrededor.»

También el humor aparece en no pocas ocasiones. Unas veces Amor Towles lo hace flirteando con el propio quehacer literario:
«Es que hay otro suceso que todavía no he relatado: mañana hará diez años que, mientras yo estaba en París dejando pasar el tiempo, mi hermana falleció. 
—¿Murió... de pena? 
—Las jóvenes sólo mueren de pena en las novelas, Charles. Murió de escarlatina.»
Pero el humor, a veces convertido en sarcasmo y casi siempre en formato irónico, se centra sobre todo en la crítica del sistema soviético. Que el pobre Mishka padeciera persecución por su opinión sobre la inferioridad del pan ruso frente a alguno realizado en occidente ya es de por sí muestra de humor trágico. Pero estás abundan por doquier:
«Así que, a la manera de aquel que en el Génesis ordenaba «Hágase esto» o «Hágase lo otro» y se hacía, cuando Soso [Stalin] declaró: «La vida ha mejorado, camaradas», la vida. . . ¡mejoró!» 
«Los bolcheviques no sólo trataban la misma clase de temas un día tras otro, sino que además manejaban unas opiniones tan reducidas con un vocabulario tan limitado que, inevitablemente, tenías la sensación de haberlo leído todo antes. Hasta que llegó al quinto artículo, el conde no se dio cuenta de que, de hecho, ya lo había leído todo antes.»

También existe humor blanco, quiero decir, sin referencias políticas o de escasa entidad de haberlas. Este tipo de humor a mí me encanta:

«He visto a taxistas relacionándose con comisarios y a obispos con estraperlistas; y, como mínimo en una ocasión, he visto cómo una joven conseguía hacer cambiar de opinión a un anciano.»

URSS,Rusia,Stalin
Finalizo señalando un recurso en esta narración que ha llamado mucho mi atención. Me refiero a una serie de notas a pie de página que aparecen en algunos momentos de la narración; en ellas el propio narrador se explaya sobre algún aspecto del propio relato de ficción que está escribiendo. Con este recurso parece querer dar aspecto de realidad comprobable a la pura ficción que la novela es. En estas notas, a veces se introducen verdaderos datos históricos que refuerzan la crítica al sistema soviético que en el fondo realiza el autor de este libro. Un ejemplo de esto es la referencia que en nota aparte hace el narrador cuando Nina, voluntaria e idealistamente, contribuye a la colectivización de las producciones agrícolas. Tras arrebatárselas a los kulaks (propietarios que eran quienes sabían trabajarlas) las tierras bajaban continuamente su producción y la hambruna se extendió de modo imparable. Para evitar que se conociera este estado de cosas «los campesinos tenían prohibido entrar en las ciudades y los periodistas de las ciudades tenían prohibido ir al campo; se suspendió el reparto de correo privado y se taparon las ventanas de los trenes de pasajeros.»

Ya lo he dicho al principio, la novela me ha agradado mucho. Es una novela distinta, crítica, histórica, con toques de humor, con variadas referencias culturalistas, que muestra la producción de un relato haciéndose, con variadas referencias metaliterarias... Una novela en la que la literatura sale reforzada por encima de todo.

Tras finalizarla, me he enterado de que existe versión televisiva de la novela. He visto dos entregas de las seis o siete que forman la serie y diré que me parece muy fiel al relato novelesco. Sin embargo creo que la novela es muy superior a la versión fílmica o al menos así me lo ha parecido a mí hasta el momento.

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Nota.- Con Un caballero en Moscú de Amor Towles cumplimento la letra T del Reto 'Autores de la A a la Z'

16 may 2024

La niña del sombrero azul. Novela de Ana Lena Rivera

12 comentarios:

 « —Valen, querida, mira que dicen que las mujeres encintas se vuelven más torpes y atolondradas, pero tú estás en todo. Mis padres estarían muy orgullosos de verme casado contigo —dijo a modo de piropo. Valentina sonrió, aunque en su fuero interno se sintió molesta por la condescendencia con la que acababa de tratarla su marido. "Lástima no haber nacido varón, les habría dado sopas con hondas a Goyo, a mis hermanos y a todos los que se me hubieran puesto por delante", se dijo.»

Ana Lena Rivera, La niña del sombrero azul, Feminismo

La niña del sombrero azul
es la última novela publicada por Ana Lena Rivera, concretamente apareció en febrero de este 2024. Es una novela que pese a su extensión, 660 páginas, se lee fácil, con agrado y resulta muy entretenida.

Sinopsis (tomada de la contraportada de la propia novela)
Gijón, verano de 1929. Con apenas diecisiete años, Manuela entra a trabajar como criada en la mansión de los marqueses de Armayor. Rodeada de un lujo que contrasta con la pobreza de su aldea natal, la joven conocerá la arrogancia y el desamor, pero también el arte de la costura, al tiempo que entablará una amistad inquebrantable con la única heredera de la familia, Alexandra.
Años despues, y pese a pertenecer a mundos muy distintos, su amiga será su mayor apoyo cuando la Guerra Civil obligue a Manuela a separarse de su hija Telva, enviada a Rusia junto con otros niños de la zona republicana, y tambien cuando intente recuperarla decadas más tarde, aunque para ello deba arriesgarlo todo.
La añoranza de Telva, un destino en ocasiones desalmado y una gran historia de amor marcarán la vida de Manuela. Una vida que se extenderá a lo largo de un siglo convulso y lleno de contrastes

Tras haber leído y reseñado en este blog Las herederas de la Singer, novela que me gustó mucho y que representó para Ana Lena Rivera un cambio de género novelístico respecto de la serie de la inspectora Gracia San Sebastián (del primer título de la serie, Lo que callan los muertostengo hecha reseña), el estilo presente en La niña del sombrero azul me ha resultado más que reconocible tanto por los asuntos que toca cuanto por la forma de presentarlos. Como en el libro que le precede, en éste las protagonistas son las mujeres. Unas mujeres luchadoras, que no se arredran ante las dificultades que, en forma de prohibiciones legales, sociales o maritales, se les imponen. 

Quizás debería decir que me sorprendió más la obra anterior y que ésta me ha parecido, un poco, un tirar del hilo reivindicativo feminista tan presente en Las herederas... y del que en La niña...  se podría decir que Ana Lena no deja palo sin tocar: machismo, maltrato, necesidad de realizarse la mujer como persona, represión por parte del padre o marido, lesbianismo, sororidad y gracias a ella eliminación de la barrera de clases [Alexandra con Manuela],... Pero el tema feminista no lo reduce la autora al meramente reivindicativo o de denuncia, sino que también muestra a la mujer como procuradora de afectos, como madre entregada y sufriente por no haber podido decidir el destino de su hija. A este respecto he de decir que en muchos momentos el contenido del texto logra emocionar vivamente; creo que Ana Lena Rivera sabe manejar este registro emocional como nadie y también pienso que ello contribuye vivamente al éxito de sus novelas. 

Me ha gustado que la escritora centre claramente esta novela en una protagonista -Manuela, la madre de esa niña de sombrero azul, que da título a toda la novela- y no vaya pasando el testigo protagónico de generación en generación como hizo en Las herederas de la Singer. Es evidente que Ana Lena Rivera no puede ocultar su enorme satisfacción con esa novela de corte feminista e histórico a la que en esta última  homenajea en varios momentos: primero, con esa máquina de coser Singer que llega a Manuela procedente de su madre; y luego, en ese personaje, Águeda, que ya aparecía en Las herederas... Aquí aunque su participación ocurre al final del relato, Águeda tiene un relevante papel.

El contenido de la novela se distribuye en 32 capítulos que a su vez se reparten en apartados relativos a la actividad del personaje y a los años en que ésta se produce: Primera parte: La criada (1912-1930), capítulos 1 - 5; Segunda parte: La sombrerera (1930-1937), capítulos 6 - 9; Tercera parte: La madre (1937-1945), capítulos 10 - 14; Cuarta parte: La esposa (1947-1960), capítulos 15 - 19; Quinta parte: La amiga (1953-1964, Cuba; 1961-1967 (España), capítulos 20 - 24; Sexta parte: La madrina (1978-1985), capítulos 25 - 27;  Séptima parte: La abuela (1985-1998), capítulos 28 - 32.  Es, como se ve, un recorrido por la historia, de España fundamentalmente, aunque también colateralmente de Europa, a lo largo del siglo XX con aparición de sucedidos y de personajes reales que sirven de fondo a las vicisitudes de los personajes de ficción. En definitiva, estamos ante una novela histórica-

Los personajes principales son los siguientes: 
  • Manuela Baizán. Es hija de una familia pobre asturiana cuyos padres al ver que no sirve para labores del campo y haber despuntado en la escuela la ponen a servir para tener así una boca menos que alimentar. El azar hace que caiga en la casa de los marqueses de Almayor, de origen asturiano que viven en Madrid y veranean en Gijón. Saldrá de la casa para casarse con Elías, trabajador de una sombrerería y sindicalista que tomará decisiones que ella no comparte como la de enviar a Telva, hija de ambos, a Rusia cuando estalla la Guerra Civil. Esta pérdida siempre acompañará a Manuela y le hará sufrir lo que no está escrito. Con el tiempo Manuela, ilocalizable Elías, tras la guerra casará con un hombre chapado a la antigua, Juan Gregorio Covián, que sin embargo sí que está enamorado de ella y no como Elías que sólo sentía por ella pulsión sexual. 
  • Alexandra Catarina Solís de Almayor. Hija de los señores de la casa donde sirve. Tiene la misma edad que Manuela y hacen muy buenas migas. Alexandra tiene ideas progresistas respecto a la mujer y está en la línea del pensamiento de Clara Campoamor. Cree que la educación sirve para eliminar las fronteras de clase y con Manuela quiere experimentarlo. Por ello la trata como a una igual, la educa en los gustos de la alta sociedad, la lleva a reuniones con sus amigas Valentina y Amelia. y sus amigos Alonso, Juan Gregorio.
  • Juan Gregorio Covián. Sobrino pobre de un canónigo de la catedral de Oviedo que le ayuda económicamente en sus estudios pretende subir de estatus merced a un buen casamiento. En el círculo de Alexandra y sus amigas junto con su amigo Alonso descubre a Manuela de la que se enamora perdidamente. Sin embargo al saber que es la doncella de Alexandra se comporta mal con ella y viene a despreciarla. A lo largo del relato evoluciona y tras varias vicisitudes se unirán ambos y él poco a poco irá abandonando sus casposas ideas respecto a la  mujer y su adhesión al Régimen franquista.
  • Telva Sofia Fernández. Es la hija de Manuela y de Elías. A los cinco años su padre la coloca en un barco con destino a la URSS para que niños como ella escaparan de los estragos y horrores de la Guerra Civil. Es la que da título al libro pues su madre cuando se despidió de ella le confeccionó un sombrero azul. En el barco conoce a otro niño, Manolo, algo mayor que ella con el que establecerá una relación de casi hermanos. Será ingeniera en la URSS donde trabajará y se realizará profesionalmente; sin embargo, vuelta a España encontrará muchas dificultades de desarrollo personal. 
  • Gorio Covián Baizán. Es el hijo que tuvieron Manuela y Juan Gregorio. A pesar de tener muchos años menos que Telva se llevará muy bien con su hermana. Es muy inteligente y seguirá los pasos en el mundo del Derecho marcados por su padre. Llegará a ser magistrado de la Audiencia Nacional. Esconde un secreto personal que a punto está de echar por tierra toda su carrera profesional.
  • Otro buen número de personajes femeninos además de los citados hasta aquí, conforman el espacio de afectos y relaciones donde se mueve Manuela. Son muchas las mujeres que pululan a su alrededor: Claudina (introductora de Manuela en casa de los Armayor),  las amigas de Alexandra: Valentina Cifuentes (primera mujer de Juan Gregorio) y Amelia Noval (casará con Alonso, amigo de Juan Gregorio), Octavia (la hija que tuvo Telva con un muchacho cubano), doña Enriqueta (esposa de Juan Ramiro Cifuentes y madre de Valentina), etc. 
Ana Lena Rivera escribe bien, con gusto, su prosa discurre con tal fluidez que quien la lee enseguida queda enganchado en sus redes. A este quedar prendido y prendado de sus palabras contribuye vivamente su asturianiedad patente en el amor que destila la descripción de no pocos lugares de la ciudad de Oviedo y de Gijón (playa de San Lorenzo, La Escalerona, la calle Corrida, el barrio de La Arena...: «El grupo de mujeres tomó el tranvía hacia el centro, hasta la iglesia de San Pedro, al inicio de la playa de San Lorenzo. […] Después de la ceremonia religiosa se encaminaron a la confitería La Playa, enfrente de la Escalerona, la gran escalera de acceso al mar […]»). También me ha hecho sonreír la lectura de los apellidos plenamente asturianos que da a dos importantes personajes masculinos: Alonso Bousoño y Juan Gregorio Covián

Por otra parte el no poder abandonar la lectura de la novela se debe a lo bien que la novelista sabe concluir los capítulos, siempre dejando un punto de suspense sobre el qué pasará, y los giros con que remata alguno de los siete apartados que forman esta novela. Al respecto, quizás sea la segunda parte uno de los apartados cuyo final deja más sorprendido al lector. En él la sorpresa radica en una carta que llega a manos de Manuela cuyo contenido no pienso desvelar, aunque sí me sirve para destacar la importancia que en algunas partes de la novela tiene el género epistolar. No es de extrañar tratándose como se trata de una historia que transcurre en ocasiones en puntos geográficos muy distantes entre sí: España, URSS, Cuba, Portugal, Francia... La relación por carta adquiere una gran importancia.

En una historia de recorrido temporal tan extenso muchos son los personajes y acontecimientos históricos que en ella aparecen y que sirven de hitos o puntos de referencia fundamentales para contextualizar debidamente la ficción puramente dicha. Así la época del rey Alfonso XIII, la Primera Guerra Mundial, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República española, la Revolución de Asturias, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, el Franquismo, la Transición, la Democracia, la época actual. Y protagonizando estos acontecimientos o épocas personajes como Francisco Franco, Clara Campoamor, Dolores Ibárruri, Hitler, Roosevelt, Stalin, Adolfo Suárez, Elena Francis, etc

Para concluir
Asturianas escritoras, Feminismo literario, best seller
La novela es muy entretenida, la autora busca sobre todo entretener y lo logra con suficiencia. En mi opinión lo que Ana Lena Rivera pretende es mostrar la fuerza de las mujeres que sobreviven, resisten, se alzan, y salen adelante a pesar de los muchos inconvenientes y trabas que encuentran y se les ponen en su camino. Pero todo esto lo quiere hacer -¡y lo logra!- entreteniendo al lector. He aquí la razón de que sus libros engrosen por méritos propios la lista de buenos best sellers escritos en España. A todo lo dicho hasta aquí para conseguir que La niña del sombrero azul sea, como lo está siendo, éxito de ventas hay que añadir la búsqueda, a veces de manera indisimulada, de la emotividad, algo que la autora realiza en varios momentos.  

Por poner algún 'pero' a la novela diría, como creo recordar que ya manifesté en la reseña que hice de Las herederas de la Singer, que muchos son los asuntos a los que la novelista presta atención en la obra: Amor, Moda y Confección, Guerra Civil y sus consecuencias, Transición política, feminismo, machismo, homosexualidad, liberación de la mujer... En una nómina tan extensa de temas tratados es normal que se deslice algún error. Uno claro para mí es el anacronismo que Ana Lena comete al hablar en el año 1945 de Ministerio de Defensa cuando esta denominación fue transitoria, con el añadido del adjetivo Nacional, en plena guerra civil y vino a recuperarse ya en Democracia suprimiendo el calificativo. También, en su afán por mostrar la fortísima evolución de la sociedad en cuestiones referidas a la mujer y el retraso que a finales del XX existía aún entre nosotros, pone en boca de Manuela y Alexandra, que viajan a París en 1992, lo siguiente:
«En Montmartre se sentaron en una terraza a descansar, aprovechando que llevaba toda la mañana sin llover, y les llamó la atención una joven que le daba el pecho a su bebé sentada en una de las mesas del café.
—¡Vaya!¿Has visto eso? A tu izquierda, dos mesas más allá, no mires —le dijo Manuela a Alexandra apretándole el brazo.
—¿La chica con la teta fuera? Sí, ¡qué desagradable!
—A mí no me desagrada, es algo natural, pero sí es verdad que es muy atrevido. ¿Te imaginas algo así en Oviedo o en Gijón?
»
Es evidente que la autora está enjuiciando una época, la de hace 30 años, con la mentalidad actual. Y no sólo referido a cuestiones propias de la mujer. En el atropello sufrido por Manuela tras sufrir un atraco en Oviedo a manos de un yonqui (estamos en los años 80 en los que la droga dura campaba a sus anchas) leemos: 
«El conductor que la atropelló venía de tomar unos vinos con sus compañeros de trabajo, como tenían por costumbre hacer dos o tres veces por semana antes de volver a casa; así daban tiempo a sus mujeres para prepararles la cena después de bañar y acostar a los niños. Dio una tasa de alcohol en sangre de 0,75, por debajo del límite legal de 0,8 que dictaba la DGT. Aunque lo hubiera superado, no era delito tipificado en el Código Penal.»
Es evidente que la vida en España hace 40 años se regía con otras leyes y otros principios. Se enjuicia desde nuestro hoy el ayer, algo que es muy natural, pero que también es anacronismo.

Muy interesante es la cuestión, algo colateral al resto del relato, que se toca referida a la verdad literaria. Un personaje, Elías Goulet, que aparece en la última parte de la novela, escribe un libro sobre Elías Fernández, su padre, muy maniqueísta, de buenos y malos. Las reflexiones que al leer este libro vierte la novelista por boca de varios de sus personajes son muy interesantes desde el punto de vista de la verdad literaria. Casi casi cabría hablar de metaliteratura por cómo el autor ha vertido la historia de Manuela sobre el papel, de manera muy diferente a como ella se la contó. ¿Qué es, pues, la verdad? 


Algunos fragmentos de la novela especialmente interesantes:
  • «Nos acostumbramos a vivir de una manera y seguimos haciendo lo mismo día tras día, aunque el mundo que nos rodea sea totalmente diferente. Nos resistimos a cambiar, por eso los viejos nos quedamos obsoletos. Si no muriéramos, el mundo no avanzaría.» 
  • «La gente de mi círculo es capaz de pagar lo que sea con tal de sentirse superiores al resto ya que muchas lo único que tienen es dinero. Conozco bien a esa clase de personas, cuanto más inseguras se sienten de sí mismas, más necesitan esas muestras de poder. Los hombres utilizan los negocios y la política, pero las mujeres, como tienen vedado el acceso a esas disciplinas, demuestran al mundo su estatus con su apariencia.» 
  • «Lamento muchas cosas en la vida, querido Alonso, pero una de las más grandes es haber permitido que la política rompiera nuestra amistad. Hice mía una guerra que era de otros y tardé muchos años en darme cuenta de que a esos otros no les importaba yo, sólo ellos mismos. Fui un imbécil. Espero que puedas perdonarme.»  
  • «-Yo soy viuda, pero usted está casado.
-Eso es diferente. La ley es acorde a la naturaleza humana. Yo soy hombre y, como tal, el adulterio no tiene gravedad alguna.»