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6 oct 2022

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022.

21 comentarios:
Premio Nobel de Literatura 2022

Hoy he sido gratamente sorprendido con la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2022 a la francesa Annie Ernaux. El jurado sueco ha justificado su decisión en 

«la valentía y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los distanciamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal»

Mi homenaje particular consiste hoy en reproducir la reseña que en marzo de 2020 hice de "Pura pasión". Gracias a esa lectura conocí a esta escritora y comencé a saber más de ella. Leí El acontecimiento en el que narra su propio aborto y luego vi la adaptación cinematográfica que de la misma hizo la francesa de origen libanés Audrey Diwan en 2021 que se alzó con el León de Oro n el Festival de Venecia de ese mismo año. 


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 "Pura pasión" de Annie Ernaux

“Naturalmente, no siento ninguna vergüenza por anotar este tipo de cosas, debido al lapso que media entre el momento en que se escriben, cuando soy la única que las ve, y el momento en que la gente las leerá y que, me da la impresión, no llegará jamás” (Annie Ernaux: Pura pasión)

Annie Ernaux, "Pura pasión", erotismo, novelas cortas
El adulterio de Irene Wagner de Stefan Zweig en la Viena de 1913 [me refiero a la novela Miedo del escritor austriaco que reseñé en marzo de 2020] me ha llevado a recordar una lectura anterior sobre una relación amorosa bien distinta situada en un momento mucho más cercano a nuestro hoy. Se trata de una más que interesante confesión íntima de una mujer madura y con hijos víctima de una pasión irresistible por un hombre de un país del este también casado y al que lo que le une esencialmente es la relación erótica y sexual. El mundo interior de esta mujer cuando espera la llegada de A (así lo llama) a la habitación de hotel donde se han citado es de una sinceridad como pocas veces he visto por escrito. La mujer, posiblemente -mejor debiera decir, seguramente- la propia Annie Ernaux, madre de dos hijos que estudian ya en la Universidad y han dejado la casa familiar, escritora y profesora de literatura en la Universidad, se desnuda metafóricamente ante nosotros los lectores. Pocas veces he leído una confesión autobiográfica de tal calibre.

Annie Ernaux -leo en la nota biográfica que sigue a esta pequeña obrita de sólo 88 páginas- dejó la ficción para abordar la confesión autobiográfica tras dos o tres éxitos en el campo de la novela. El autobiografismo, el memorialismo, la autoconfesión, es un género de no ficción que comenzó a cultivarse por muchos autores a partir de los años 80 del siglo pasado. La novela que acabo de leer es del año 1992 y se une a otros títulos autobiográficos de la escritora: “El lugar” (1983) y “La vergüenza” (1997) en los que cuenta el ascenso social de sus padres; “Ce qu’íls disent ou rien” (1977) sobre su adolescencia; “La mujer helada” (1981) sobre su matrimonio; “El acontecimiento” (2000) en el que relata su aborto; “No he salido de mi noche” (1997) sobre la enfermedad de Alzheimer padecida por su madre; “Una mujer” (1987) en el que cuenta la muerte de su madre por cáncer de mama; y otros títulos [los años de publicación se refieren al momento de su aparición en Francia. En España se publicaron mucho más tarde]

En "Pura pasión" nos encontramos en 1989, momento en que ella se siente fuertemente atraída por un hombre. La atracción les llevará de inmediato a mantener relaciones sexuales. Para ella, una mujer sola pero madre de dos hijos ya con vida independiente, este hombre se convierte en una permanente obsesión. Comienza así ella a entender a cuantas mujeres del pasado o personajes literarios vivieron ávidamente inmersos en una pasión semejante. La obsesión por A (como lo designa en el escrito que finalmente ha decidido hacer sobre su experiencia) la ha tenido ausente del mundo real. Durante unos meses vivía pendiente del teléfono, de sus llamadas, se compraba vestidos y lencería para que él la viera guapa, cuando ella contemplaba en TV una película romántica pensaba si él estaría viendo la misma, durante sus encuentros clandestinos el tiempo para ella desaparecía y sólo existía el presente del placer que ambos se proporcionaban...

Van pasando los días, las semanas y aunque en la cabeza de ella la obsesión permanece intacta, A no ha vuelto a llamarla, ha desaparecido. Ella no quiere acudir en París a ciertos actos no vaya a ser que A junto a su esposa esté allí; aunque racionalmente no le preocupa, sin embargo emocionalmente no soporta imaginarlo haciéndole el amor a otra mujer, ni siquiera a su esposa; al tiempo que se va habituando a su desaparición, sin embargo desea irracionalmente rebobinar el tiempo vivido y para ello acude a lugares -Florencia o Venecia- donde estuvo justo antes de conocerlo o a donde ambos acudieron juntos... A veces el viaje sólo se lo justifica ante sí misma por el mero hecho de retornar y mostrarse engañosamente a sí misma que él no le importa tanto.

Es de gran interés ver cómo esta mujer culta, preparada, profesora universitaria, escritora, que disfruta de lecturas y películas como algunas que cita en el relato (“La mujer de al lado” de François Truffaut, “Loulou” de Pialat, “Demasiado bella para ti” de Blier, “El imperio de los sentidos” de Oshima, o “Lo que el viento se llevó” del director Víctor Fleming) ha podido quedar atrapada en una relación con un hombre hermoso pero que poco o nada lee y que más que ver películas eróticas o románticas como ella gusta de practicar sexo y poco más. Ella misma es consciente de ello y lo viene a justificar no por una diferencia de clase social sino de procedencia geográfica.

Cuando él se ausenta sin previo aviso durante casi un año ella se pone a escribir sobre esta vivencia sin romanticismos ñoños ni engaños personales: 
    • "Yo estaba segura de que jamás había habido en mi vida nada más importante ni tener hijos, ni aprobar oposiciones, ni viajar lejos que eso, estar en la cama con este hombre a media tarde."
    • "Yo tenía el privilegio de vivir desde el inicio, constantemente, con plena conciencia, lo que siempre acaba por descubrirse con asombro y perplejidad: el hombre al que se ama es un extraño."
Novela autobiográfica
Por otra parte en esta novelita Annie Ernaux, profesora de literatura, no lo olvidemos, realiza no pocas reflexiones metaliterarias sobre lo que está escribiendo y como lo está escribiendo. Así mientras A está ausente sin dar noticia alguna pero ella está en plena fase enfermiza de dependencia amatoria el tiempo verbal que utiliza es el pretérito imperfecto para marcar así lo inacabado de aquello que relata: "El pretérito imperfecto que he utilizado de manera espontánea desde las primeras líneas corresponde a un tiempo que yo no deseaba que acabara, el de 'en aquel entonces la vida era más hermosa', el de una repetición eterna.". Sin embargo cuando ya comienza a tomar conciencia del final cercano de esa relación, ciertamente tóxica para ella, el tiempo verbal se muda en presente de indicativo: "Paso del pretérito imperfecto, el era -¿pero desde cuándo?-, al presente -¿pero desde cuándo?- por falta de una solución mejor"

Por último también Annie Ernaux viene a confesar en un momento de esta novela de no ficción el motivo que la lleva a tomar la pluma. Me pregunto si no escribo para saber si los demás no han hecho o experimentado cosas idénticas, o al contrario, para que les parezca normal experimentarlas. O sea, escribir es para ella una manera de conocimiento tanto personal como para aquellos que la lean. Sería algo así como una mezcla de la literatura del conocimiento y de la literatura de la experiencia válido para los dos extremos de la comunicación literaria: el autor y el lector.

En definitiva, como también viene a decirnos en un momento dado, ella no está escribiendo un libro sobre A ni tampoco sobre sí misma, sino sobre lo que las vivencias tenidas con él le han supuesto.
El me había dicho: «No escribas un libro sobre mí». Pero no he escrito un libro sobre él, ni siquiera sobre mí. Me he limitado a expresar con palabras —que sin duda él no leerá, ni le están dirigidas— lo que su existencia, por sí sola, me ha dado.

27 abr 2021

Un amor. Sara Mesa

22 comentarios:

«Ahora, salvo por ese perro —el guardián de cadáveres—, está sola, completamente sola. Alrededor solo hay silencio: el ficticio silencio de siempre. El motor de un quad taladra el aire, a lo lejos ladran un par de perros y hacia ella se encaminan, nítidas, unas nuevas palabras: el tiempo es el castigo.»

"Un amor" me ha gustado mucho. Sara Mesa sabe mostrar los recovecos inexplicables de la mente del ser humano como nadie. En esta ocasión el deseo, el placer, la compostura femenina y su contrario ante los planteamientos directos, sin ambages ni sentimentalismos por parte del hombre. Y al tiempo la vida en la localidad pequeña, donde todo se sabe y nada o casi nada se puede esconder; esos lugares donde todo se guarda para utilizarlo cuando sea necesario; esos lugares mitificados pero de los que muchas veces conviene escapar para no caer, exánimes, en su toxicidad. 

"Un amor", editorial Anagrama, Sara Mesa
Natalia
es una joven treinteañera, cerca ya de los cuarenta, que por un problema en la empresa de la ciudad donde trabajaba ha decidido despedirse e irse a vivir a un pueblo pequeño, La Escapa, donde nadie la conoce. Allí alquila una casa terrera y se dedicará a traducir del francés una obra literaria. La situación no puede ser más idílica: mundo rural, tranquilidad, apacible dedicación a la traducción literaria. Sin embargo pronto verá que en ese lugar tan bucólico las pasiones humanas, los comportamientos mendaces, las envidias y zancadillas de las que creía haber logrado escapar también están presentes.

La novela, como la anterior de la escritora madrileña, indaga en la psicología profunda y tantas veces contradictoria de los personajes. En especial es en la protagonista, en Natalia, Nat para los amigos, en quien la autora pone el foco de su análisis. Natalia no desea ser acosada por ningún hombre y cuando alguno se acerca a ella se pone tensa y en situación de prevención pues sabe -al menos así lo piensa- que en la relación hombre-mujer siempre el sexo está presente; una experiencia durante su adolescencia así se lo enseñó. Pero contra lo esperado por parte del lector cuando quien sea no lanza sus cebos, indirectas, mensajes o miradas cargadas de deseo hacia ella la desilusión de Nat es tremenda y empieza a pensar que el declive vital ya está próximo («Sin embargo, el desinterés de Píter ha hecho saltar una alarma en Nat: la señal de que empieza a perder un poder que había poseído inconscientemente hasta entonces.»). La conciencia de pérdida de su carnalidad entra en contradicción con la incomodidad que dice sentir cuando el huraño y desagradable de su casero le lanza miradas libidinosas e incluso llega a hacerle proposiciones. Y en medio de estos dos extremos la relación con Andreas el alemán, que nació de manera extraña, fría, contractual y que poco a poco fue haciéndose dueña de ella.

Fuera de estos tres hombres en el mundo rural libremente elegido por Natalia hay otros personajes como la pareja de ancianos formada por Joaquín y Roberta a los que Nat ayuda, cuida y a cambio recibe un pequeño sueldo; la chica de la tienda que la atiende con amabilidad pero hacia la que Natalia hace converger sus infundados celos y sospechas; y también esa familia tan típica en la España vaciada que viviendo en la ciudad acude en vacaciones o en los puentes festivos a la pequeña pedanía donde conserva una casa familiar en la que dicen disfrutar lo indecible y oxigenarse de la vorágine citadina.

No puedo ni debo decir más sobre la trama de la novela pues no quisiera destrozar el placer de la sorpresa que innegablemente contiene el relato. Sólo diré que en la historia de Nat el amor, los celos, la pasión, el enamoramiento, el placer..., pero también la amistad, la ayuda desinteresada, el dar sin pedir nada a cambio... están presentes en abigarrada mezcla y confusión. Es la cabeza de la protagonista la que debe poner orden en este turbulento mar  que la está ahogando. 

En una novela corta como "Un amor" hay mucha literatura, muchas lecturas ocultas, que en algunos momentos me ha parecido ver emerger. La principal sin duda alguna es la de la escritora francesa Annie Ernaux, concretamente la de su novela "Pura pasión" que no hará ni un año que leí con inmenso placer [leer mi reseña aquí]. La misma relación de dependencia tóxica que padece la protagonista de la novela francesa es la que se enseñorea de Nat. Vista desde fuera esta relación libremente aceptada parece contradecir las manifestaciones verbales de empoderamiento femenino por parte del personaje, pero desde el interior de su ser ella, Nat, es, como la protagonista de la novela de Ernaux, una mujer que «Piensa que un solo instante —por ejemplo, ese instante— basta para justificar una vida completa: hay quien no tuvo ni siquiera eso.» Y junto a este innegable parecido con la obra de Ernaux también me ha parecido ver revolotear por momentos la figura clásica de Ana Ozores en este relato; me refiero sobre todo a los acercamientos burdos, bastos, procaces, que el desagradabilísimo casero -me ha recordado a Celedonio, el lascivo sacristán de la Catedral de Vetusta- realiza hacia Natalia considerando que por su comportamiento privado está al alcance de cualquiera: «Trata de escabullirse, de ir más allá, pero él la sujeta por un brazo. —Ven aquí —susurra—. ¿No quieres que yo también te dé mandanga?». 

También la literatura sirve de sostén caracterizador de algún personaje: Natalia y su búsqueda siempre del verdadero y mejor sentido de las palabras en esa traducción literaria que tiene entre manos revela el carácter introspectivo y analítico que exhibe en el relato: «Cuál es entonces el sentido correcto? ¿Verde claro, verdeazulado, enfermizo, difuso, errante? En función del que escoja, deberá orientar el resto del párrafo. Optar por una traducción literal, sin entender el auténtico sentido de la frase, sería como hacer trampas.», piensa ella a propósito del término francés 'glauque' que aparece en el texto que está vertiendo al castellano. Y otro tanto realiza Sara Mesa con Píter el hippy al que nos presenta como hombre sensible; manifestación de esa sensibilidad son las vidrieras que fabrica e ilustra:  «Son para una biblioteca, le explica Píter, por eso ha inscrito versos en ellas: de Pablo Neruda, de Mario Benedetti, de Wisława Szymborska.»

Muy agradable en la narrativa de Sara Mesa, algo que ya observé con sumo gusto en "Cara de pan", es el papel de la música en el relato. La prosa de la escritora tiene un ritmo y una sonoridad que capta al lector; es un ritmo suave que al igual que ocurre con el jazz por momentos introduce rupturas, antirritmos que sorprenden y sirven para agitar y mantener viva nuestra atención en esto que estamos leyendo. Si en su anterior novela eran Nina Simone, Aretha Franklin o Dizzy Gillespie quienes resonaban en las cabezas de alguno de sus personajes, en "Un amor" es Chet Baker, Sam Cooke o Miles Davis los músicos que sostienen musicalmente el tono de la novela. Quizás son los personajes que se mueven más en la ambigüedad, en la indefinición, los que portan estos gustos musicales: en "Cara de pan" era el Viejo, y en "Un amor" es Píter.


Y luego, evidentemente, esa manera suya de escribir utilizando sin estridencias los mil y uno recursos estilísticos que ella maneja como nadie, en especial el adelgazamiento de la figura del narrador mediante el empleo tanto del 
  • estilo directo libre:  «Exacto, dice, es eso lo que busca en su trabajo, la adecuación al contexto» (pos. 188)
como del
  • estilo indirecto libre: «Nat arranca a hablar. ¿Ha traído el coche? ¿Sí? Puede llevárselo a escondidas, de él no sospecharán. Que lo deje en una perrera. O en cualquier otro sitio, en otro pueblo.» (pos. 1738)

Final
Un amor, novela corta española actual
Una muy buena novela, sí señor. Esta chica, Sara Mesa, escribe divinamente. Como ya he dicho, había leído de ella "Cara de pan" que me encantó [se puede leer la reseña que hice de ella aquí]; "Un amor" parecía comenzar en un nivel más bajito, pero qué va qué va, según se avanza en la lectura se observa cómo remonta y remonta hasta alcanzar un nivel que enamora. Y alcanza ese elevado nivel por todo lo dicho hasta aquí y también porque como de pasada toca infinidad de temas y asuntos que hacen reflexionar por el alcance que  los mismos tienen: el machismo, la importancia de lo mínimo («lo grande y lo pequeño, todo junto, en el mismo plano mental»), los celos, el sexo, el imaginario construido por uno mismo («Le atrajo la imagen que ella se había construido de él»), la prostitución, el drama kurdo, la dificultad de mantener la privacidad adecuada en una localidad pequeña, etc. Sí, muchas son las cosas que atraen en Un amor de Sara Mesa.
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Nota.- Esta novela fue objeto de debate en la tertulia literaria "más que palabras..." [si quieres leer la crónica de la misma pincha aquí].

16 mar 2020

"Miedo", Stefan Zweig. "Pura pasión", Annie Ernaux (A pares VII)

23 comentarios:
"Miedo", es sin duda el término más repetido actualmente por culpa de la crisis sanitaria mundial en que estamos inmersos. Hay miedo, existe el miedo, miedo a la enfermedad en general, miedo a contraerla, miedo a morir por su culpa, miedo al 'otro' por desconfianza, miedo a ser infectado, miedo a infectar, ... El Miedo es el nuevo dueño de nuestras vidas. Siempre ha existido el miedo, aunque este sentimiento habitualmente se viva en silencio y soledad y no como ahora que es comunitario.

Stefan Zweig, "Miedo", "nouvelles", novelas cortas de Zweig
La reflexión anterior ha surgido en mí al recordar, en la situación actual, el título de una de las novelas cortas de Stefan Zweig, "Miedo", que, dado su título, he vuelto a leer. Se trata de una novelita de apenas 70 páginas -una de las 'nouvelles' del escritor austriaco- publicada en 1913, un año también en Europa muy tenso pues el continente se hallaba en puertas de una guerra como nunca hasta entonces había imaginado. Salvando las distancias y las causas algo parecido a ahora -el miedo irracional- estaba colándose en las vidas de las personas.

Zweig individualiza el miedo situándolo metafóricamente en forma de aventura emocional vivida por una mujer. Ella es Irene Wagner, joven vienesa satisfecha y aburrida de la vida cómoda que desde hace ocho años comparte con su esposo Fritz, un hombre joven y acaudalado que la ama y con el que tiene dos criaturas muy hermosas. Irracional e inconscientemente el tedio de su vida muelle la lleva a desear vivir una fuerte emoción, una novelesca aventura amorosa, con un joven pianista.

Durante una semana Irene Wagner verá tambalearse su existencia como si fuera un castillo de naipes. Su secreta relación con el artista libre y bohemio es conocida al menos por una mujer zafia y grosera que desde la primera página de la novela la acusa de haberle robado el novio. Esta sorprendente e inopinada revelación ella no sabe manejarla. Piensa que podrá aplacar a esa mujerzuela con dinero y que así la dejará en paz, pero ¿y si no sucede como imagina? En el interior de Irene se desata un torbellino de razonamientos confusos, de imposibles deseos de volver atrás para que nada de esto haya sucedido y se quede en un mal sueño... Pero no, no es así. La abominable mujer durante esos siete días se atreverá más y más persiguiéndola por la calle, esperándola a la puerta de su casa o de la de su amante, y hasta  acosándola en su propio domicilio conyugal a donde le envía mensajeros exigiéndole sumas de dinero cada vez más elevadas. El miedo de Irene es cerval. Es imposible no ser descubierta. Tendrá que sincerarse con Fritz. Pero el temor a perder el confort y la vida satisfactoria de la que al inicio pretendía escapar le impide dar el paso y sincerarse con él.

Poco más se puede contar, para no romper el encantamiento, de esta muy interesante novelita en la que la tensión psicológica es manejada a la perfección por este artista de la palabra que es Stefan Zweig. "Miedo" me ha recordado en muchos momentos a otra de sus novelitas cortas, "Ardiente secreto" [leer reseña aquí] pues en ambos relatos hay una aventura extramatrimonial de la madre y un fuerte desasosiego por la necesidad de mantener en secreto lo que se ha hecho o lo que se sabe que otro ha hecho. Es una tensión psicológica que el novelista sabe manejar y dosificar con maestría.

Para finalizar
He dicho antes que Zweig metaforiza el Miedo. En efecto pienso que el novelista a través de esta mujer, que irreflexivamente y por capricho pone en entredicho la felicidad y tranquilidad de su matrimonio -esposa dichosa y orgullosa madre de dos criaturas bien hermosas-, está refiriéndose a Europa que en esas fechas está a punto de tomar una senda que va a llevarla al caos, dolor y sufrimiento, dejando de lado la vida que hasta el momento se hacía en el continente y que en opinión del escritor austriaco no era para nada mala. 

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"Pura pasión" de Annie Ernaux
“Naturalmente, no siento ninguna vergüenza por anotar este tipo de cosas, debido al lapso que media entre el momento en que se escriben, cuando soy la única que las ve, y el momento en que la gente las leerá y que, me da la impresión, no llegará jamás” (Annie Ernaux: Pura pasión)

Annie Ernaux, "Pura pasión", erotismo, novelas cortas
El adulterio de Irene Wagner de Stefan Zweig en la Viena de 1913 me ha llevado a recordar una lectura anterior sobre una relación amorosa bien distinta situada en un momento mucho más cercano a nuestro hoy. Se trata de una más que interesante confesión íntima de una mujer madura y con hijos víctima de una pasión irresistible por un hombre de un país del este también casado y al que lo que le une esencialmente es la relación erótica y sexual. El mundo interior de esta mujer cuando espera la llegada de A (así lo llama) a la habitación de hotel donde se han citado es de una sinceridad como pocas veces he visto por escrito. La mujer, posiblemente -mejor debiera decir, seguramente- la propia Annie Ernaux, madre de dos hijos que estudian ya en la Universidad y han dejado la casa familiar, escritora y profesora de literatura en la Universidad, se desnuda metafóricamente ante nosotros los lectores. Pocas veces he leído una confesión autobiográfica de tal calibre.

Annie Ernaux -leo en la nota biográfica que sigue a esta pequeña obrita de sólo 88 páginas- dejó la ficción para abordar la confesión autobiográfica tras dos o tres éxitos en el campo de la novela. El autobiografismo, el memorialismo, la autoconfesión, es un género de no ficción que comenzó a cultivarse por muchos autores a partir de los años 80 del siglo pasado. La novela que acabo de leer es del año 1992 y se une a otros títulos autobiográficos de la escritora: “El lugar” (1983) y “La vergüenza” (1997) en los que cuenta el ascenso social de sus padres; “Ce qu’íls disent ou rien” (1977) sobre su adolescencia; “La mujer helada” (1981) sobre su matrimonio; “El acontecimiento” (2000) en el que relata su aborto; “No he salido de mi noche” (1997) sobre la enfermedad de Alzheimer padecida por su madre; “Una mujer” (1987) en el que cuenta la muerte de su madre por cáncer de mama; y otros títulos [los años de publicación se refieren al momento de su aparición en Francia. En España se publicaron mucho más tarde]

En "Pura pasión" nos encontramos en 1989, momento en que ella se siente fuertemente atraída por un hombre. La atracción les llevará de inmediato a mantener relaciones sexuales. Para ella, una mujer sola pero madre de dos hijos ya con vida independiente, este hombre se convierte en una permanente obsesión. Comienza así ella a entender a cuantas mujeres del pasado o personajes literarios vivieron ávidamente inmersos en una pasión semejante. La obsesión por A (como lo designa en el escrito que finalmente ha decidido hacer sobre su experiencia) la ha tenido ausente del mundo real. Durante unos meses vivía pendiente del teléfono, de sus llamadas, se compraba vestidos y lencería para que él la viera guapa, cuando ella contemplaba en TV una película romántica pensaba si él estaría viendo la misma, durante sus encuentros clandestinos el tiempo para ella desaparecía y sólo existía el presente del placer que ambos se proporcionaban...

Van pasando los días, las semanas y aunque en la cabeza de ella la obsesión permanece intacta, A no ha vuelto a llamarla, ha desaparecido. Ella no quiere acudir en París a ciertos actos no vaya a ser que A junto a su esposa esté allí; aunque racionalmente no le preocupa, sin embargo emocionalmente no soporta imaginarlo haciéndole el amor a otra mujer, ni siquiera a su esposa; al tiempo que se va habituando a su desaparición, sin embargo desea irracionalmente rebobinar el tiempo vivido y para ello acude a lugares -Florencia o Venecia- donde estuvo justo antes de conocerlo o a donde ambos acudieron juntos... A veces el viaje sólo se lo justifica ante sí misma por el mero hecho de retornar y mostrarse engañosamente a sí misma que él no le importa tanto.

Es de gran interés ver cómo esta mujer culta, preparada, profesora universitaria, escritora, que disfruta de lecturas y películas como algunas que cita en el relato (“La mujer de al lado” de François Truffaut, “Loulou” de Pialat, “Demasiado bella para ti” de Blier, “El imperio de los sentidos” de Oshima, o “Lo que el viento se llevó” del director Víctor Fleming) ha podido quedar atrapada en una relación con un hombre hermoso pero que poco o nada lee y que más que ver películas eróticas o románticas como ella gusta de practicar sexo y poco más. Ella misma es consciente de ello y lo viene a justificar no por una diferencia de clase social sino de procedencia geográfica.

Cuando él se ausenta sin previo aviso durante casi un año ella se pone a escribir sobre esta vivencia sin romanticismos ñoños ni engaños personales: 
    • "Yo estaba segura de que jamás había habido en mi vida nada más importante ni tener hijos, ni aprobar oposiciones, ni viajar lejos que eso, estar en la cama con este hombre a media tarde."
    • "Yo tenía el privilegio de vivir desde el inicio, constantemente, con plena conciencia, lo que siempre acaba por descubrirse con asombro y perplejidad: el hombre al que se ama es un extraño."
Novela autobiográfica
Por otra parte en esta novelita Annie Ernaux, profesora de literatura, no lo olvidemos, realiza no pocas reflexiones metaliterarias sobre lo que está escribiendo y como lo está escribiendo. Así mientras A está ausente sin dar noticia alguna pero ella está en plena fase enfermiza de dependencia amatoria el tiempo verbal que utiliza es el pretérito imperfecto para marcar así lo inacabado de aquello que relata: "El pretérito imperfecto que he utilizado de manera espontánea desde las primeras líneas corresponde a un tiempo que yo no deseaba que acabara, el de 'en aquel entonces la vida era más hermosa', el de una repetición eterna.". Sin embargo cuando ya comienza a tomar conciencia del final cercano de esa relación, ciertamente tóxica para ella, el tiempo verbal se muda en presente de indicativo: "Paso del pretérito imperfecto, el era -¿pero desde cuándo?-, al presente -¿pero desde cuándo?- por falta de una solución mejor"

Por último también Annie Ernaux viene a confesar en un momento de esta novela de no ficción el motivo que la lleva a tomar la pluma. Me pregunto si no escribo para saber si los demás no han hecho o experimentado cosas idénticas, o al contrario, para que les parezca normal experimentarlas. O sea, escribir es para ella una manera de conocimiento tanto personal como para aquellos que la lean. Sería algo así como una mezcla de la literatura del conocimiento y de la literatura de la experiencia válido para los dos extremos de la comunicación literaria: el autor y el lector.

En definitiva, como también viene a decirnos en un momento dado, ella no está escribiendo un libro sobre A ni tampoco sobre sí misma, sino sobre lo que las vivencias tenidas con él le han supuesto.
El me había dicho: «No escribas un libro sobre mí». Pero no he escrito un libro sobre él, ni siquiera sobre mí. Me he limitado a expresar con palabras —que sin duda él no leerá, ni le están dirigidas— lo que su existencia, por sí sola, me ha dado.