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17 oct 2021

Panza de burro, de Andrea Abreu

31 comentarios:

«La libretita se llamaba La LiBrEeeTa De LasSsS KaNcIoOoNeS porque cuando la robamos de debajo del mostrador de la venta, tenía escrito en la portada, dura, marrón y forrada de tela, la palabra CUENTAS y a Isora se le ocurrió que le pegásemos encima un trozo de papel blanco con cintasiva y le pusiésemos un nombre bonito con letras parriba y pabajo como cuando escribíamos en mésinye.» (cap. “Voy a aserte caricias ke no san inventao”)

literatura canaria, escritores millenials

Una primera novela que tiene una solidez que sorprende. La autora, Andrea Abreu (1995, Icod de los Vinos, Tenerife, Canarias), es una joven que, partícipe en una escuela de escritura, la madrileña de Fuentetaja, como parte de los ejercicios allí propuestos fue construyendo, al tiempo que trabajaba como dependienta en una tienda de ropa interior y completaba estudios de posgrado en diversos medios periodísticos, una novela que debe mucho a sus orígenes canarios.


Sabina Urraca
La novela es también la primera experiencia como editora de Sabina Urraca quien además se encarga de la presentación del libro. Cuenta en ella que conoció a Andrea Abreu en esos talleres de la Librería Fuentetaja donde ella era profesora. Allí -prosigue- fue donde nació el personaje de Isora que llena con su figura, voluminosa en todos los sentidos, la novela. Sabina, vasco-canaria ella, se enamoró de la manera de escribir que tenía esa joven alumna que vivía atosigada por unas prácticas de máster en un periódico que la exprimía y por su trabajo en una tienda  de lencería en la que conseguía lo imprescindible para sobrevivir en Madrid. Ella, la profesora, la animó a proseguir esa historia de las dos niñas tinerfeñas y se comprometió a editarla debidamente. Y así,  capítulo a capítulo, golpe a golpe que diría el poeta, Abreu fue enviando a la editora en ciernes los capítulos que poco a poco pero sin pausa iban saliendo de su mano durante el verano de 2019. La novela en una bella edición de la editorial Barrett vio la luz por vez primera en junio de 2020. El ejemplar que tengo entre mis manos, adquirido en la reciente Feria del Libro de Madrid, pertenece a la décimocuarta edición (abril de 2021), lo que demuestra el enorme éxito que esta obra primera de una escritora novel está teniendo.

editora de la novela "Panza de burro"
La iniciática experiencia editora de Sabina Urraca se debe a la propuesta que la editorial Barrett realiza anualmente de que un escritor que admiran les recomiende una obra aún no publicada. Antes de que Sabina Urraca les propusiese la novela de Andrea Abreu la editorial Barrett había atendido ya las sugerencias de Patricio Pron y de Sara Mesa. 

Sabina Urraca es una periodista gonzo o inmersiva, esto es, especializada en contar experiencias en las que se sumerge de manera personal. De hecho su labor como editora de Panza de burro cabe incluirla dentro de este tipo de experiencias. Además de otras colaboraciones habituales en medios periodísticos diversos (Vice, Tentaciones, Tribus Ocultas, El Comidista, Eldiario.es, El Estado Mental, Bostezo o Ajoblanco), Urraca es autora de Las niñas prodigio, novela aparecida en 2017.


Andrea Abreu
Sobre la autora dice la propia editorial lo siguiente:
Andrea Abreu nació en 1995 en lo alto de un pueblo, siempre nublado, del norte de Tenerife. Creció entre gatos y flores de bruja y, al cumplir los dieciocho, comenzó sus estudios de periodismo en la Universidad de La Laguna (ULL). Después de incontables cambios de residencia, se mudó a Madrid en el verano de 2017, para cursar el Máster en Periodismo Cultural y Nuevas Tendencias de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Desde entonces, ha sido becaria, camarera y dependienta de una famosa marca de lencería.
mujeres jóvenes escritoras, Canarias y Literatura
Como periodista, ha escrito para la sección de Cultura del diario 20 Minutos y para diferentes medios, como Tentaciones (El País), Oculta Lit, LOLA (BuzzFeed), Quimera o Vice. Sus textos literarios han sido incluidos en varias revistas digitales y en papel. También en antologías como Macaronesia, de La Galla Ciencia; Los muchachos ebrios, antología de poesía jovencísima transoceánica, de La Tribu, o Piel fina. Poesía joven española (Maremágnum, 2019). Es autora del poemario Mujer sin párpados (Versátiles Editorial, 2017) y del fanzine Primavera que sangra (2017), un breve análisis poético sobre su relación con el dolor menstrual, que aparecerá este mismo año en la editorial Demipage. Ha participado en varios eventos literarios, como el festival cordobés de poesía Cosmopoética 2018 y es codirectora del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares. El pasado 2019 fue ganadora del accésit del XXXI Premio Ana María Matute de narrativa de mujeres. Panza de burro es su primera novela.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Es verano, principios de los 2000. Con la protagonista, una niña a la que su amiga Isora se dirige como Shit, caminaremos por un pequeño pueblo rural tinerfeño. Recorremos sus calles empinadas y siempre oscurecidas por el cielo nublado mientras Shit, poco a poco, va dejando atrás la adolescencia. La protagonista irá descubriéndose a sí misma a través de su mejor amiga, Isora.


Mi comentario
 Muchísimas cosas me han gustado de esta Panza de burro. Lo primero que llamó mi atención, habiendo vivido cuatro felices años de mi vida en las Islas Canarias, fue el título del libro. La panza de burro es el nombre que los canarios dan a ese entoldado de nubes que los vientos alisios colocan sobre las localidades del norte de las islas principalmente durante el verano. Un cielo encapotado y sin lluvia que sirve a los canarios para mejor soportar la canícula. 
Luego, ya entrando en el propio texto, la Presentación de Sabina Urraca no hizo más que abismarme sin remisión en el texto que anunciaba. A este abismamiento contribuyó sin duda alguna la alusión a un autor grancanario, José Luis Morales, cuya novela Sima Jinámar conocí y leí con pasión durante los años en que residí por la zona. Que Sabina Urraca comparase el estilo del novelista y periodista canario con el de la joven autora me animó todavía más a adentrarme en la espesura del relato.

En "Panza de burro" se presentan las historias infantiles, ingenuas y no tanto, de una pareja de niñas: Isora y la narradora, que menor que la otra la admira profundamente y está, podría decirse en palabras propias del mundo adulto que no infantil, enamorada de ella a su manera.

Llama muchísimo la atención de esta novela el registro empleado. Es un registro coloquial, claramente de nivel vulgar, lleno de incorrecciones lingüísticas, modismos, canarismos, localismos, errores ortográficos en ocasiones, etc., con los que la autora pretende transmitir de la mejor manera la realidad del habla popular en Canarias. Pero hay que avisar que Andrea Abreu no pretende dar testimonio del habla real de Canarias. No, para nada. He visto en algunas reseñas cómo sus autores criticaban con cierta saña a la Abreu argumentando que así no se habla en Canarias, que jamás han escuchado ni utilizado tal cantidad de canarismos en su día a día. Naturalmente que no, claro. Es que lo que estamos leyendo es una novela, una obra de ficción y su autora se permite la licencia de construirla de esta manera hiperbólica, exagerada, desmesurada. En el fondo lo que ella hace es una escritura novedosa, experimental y esta profusión léxica es parte esencial del experimento.

A mí personalmente me ha interesado y gustado mucho este carácter experimental de la novela. Y digo experimental porque además de lo ya señalado respecto al léxico, la novelista introduce dos capítulos escritos haciendo caso omiso de cualquier normativa ortográfica (signos de puntuación, sistema de mayúsculas y minúsculas, división en unidades oracionales y paragráficas...). Es el propio lector quien con su experiencia de hablante y de lector quien ha de ir añadiendo en su cabeza los elementos omitidos a fin de dar al texto el debido sentido. Vamos, que Andrea Abreu hace realidad en su obra lo de la lectura activa.

En cuanto al vocabulario que estas dos niñas utilizan al comunicarse entre sí y con los demás es probable que quizás el exceso de localismos lleguen en algún momento a ahogar el interés del lector. Esta cuestión, según confiesa la editora en la Presentación de la novela, fue asunto debatido entre ella y la autora. Pensaron -dice Sabina Urraca- añadir un glosario al final pero desecharon la idea. Tras leer la novela no es de extrañar esta duda dado que toda ella deambula dentro del idiolecto típico canario. Un ejemplo de ello sería esta cita: 
«estaba doña Carmen con una sombrera sentada en una piedra por fuera de la casa, viendo como el perro le meaba y le cagaba las matas de por fuera de la entrada y las magarzas que crecían salvajes en los poyos descuidados y los chupos de las esquinas de las paredes, que por eso mi madre me decía que no comiera chupos de la carretera que estaban meados de los perros.»
Al léxico propio de las islas [anularse, aquellas, matalahúva, upar / uparse, estampurrarse, gofu, piche, burgados (moluscos que se dan en la zona de Fuerteventura), quícaras y quíquere (gallinas y gallos camperos canarios), fisquito de…, sus, tegasastes, camarotes (cohetes de mayor envergadura que los voladores), perro sato (raza de perro de pequeño tamaño, pelo corto y muy ladrador.) y muchos otros más] vendría a añadirse la reproducción fonética de vulgarismos, anglicismos, barbarismos y agramaticalidades propias del lenguaje infantil que aparecen en el texto: embrasada, güennboi, dientes pafuera, advans, voy a aserte caricias ke no san inventao, mésinye, citansiva, sisá (zig zag), por fa, güevo, produtos, costrusión, nadien, etc., etc.
Talleres de escritura, Taller de escritura Fuentetaja
Ha llamado mucho mi atención la abundancia de contenido escatológico contenido en la novela. Ya el propio inicio de la misma, con una Isora volcada sobre la taza del váter provocándose el vómito por eso de ver si así su gordura se detenía, es escatológico por demás. Pero hay mucho más esparcido a lo largo y ancho de la narración:
«al acabarme el plato potaje me entraron unas ganas de cagar horribles, el potaje coles me pesaba como 5 bolsas de cemento dentro del intestino, pero a mí siempre me encantaba aguantarme las ganas de cagar, sobre todo cuando estábamos jugando a las barbies.»
Lindante con lo escatológico e incluso formando parte intrínseca del mismo estaría el componente sexual que llena las cabezas y actividades de estas dos niñas que exploran el mundo que habitan en el que, naturalmente, está contenido su propio cuerpo. Son unas niñas que se acercan a la edad núbil, en especial Isora. El sexo, estregarse sobre todo, es algo que ocupa su cabeza en especial según que pasa el tiempo y ellas van evolucionando, haciéndose mayores. Este comportamiento quizás sea, al tratarse de dos niñas de apenas diez años, lo que me haya parecido más inverosímil dado que es una conducta, en mi opinión, más propia de adolescentes. Y no me refiero sólo a la sexualidad sino también a la astucia, en  especial la de Isora, que en algún momento más parece una muchacha, e incluso de mayor edad, que no una inocente niña.

Para finalizar
Concluyo mi comentario reafirmándome en la enorme satisfacción que me ha producido la lectura de la novela. Aunque se trata de la primera novela publicada por Andrea Abreu parece ya la de una autora consumada. Sí que es verdad que los capítulos que conforman la narración en mi opinión siguen aún muy atados al formato propio del relato, es decir, que cabe leer cada unidad cual si de relatos independientes se tratara. Pero con todo y con eso es tal la potencia que desprenden y la enorme soltura que la novelista demuestra en ellos que es imposible desasirse de la mucha literatura y poesía que el libro segrega. Un descubrimiento, sin duda alguna.

Título: Panza de burro

Autora: Andrea Abreu

Editorial: Barrett

Fecha de publicación: junio de 2020

Páginas: 176

ISBN: 978-84-121353-3-6



 

3 may 2021

Ana Iris Simón y su primera novela: "Feria"

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«Igual me da envidia la vida que tenían mis padres con mi edad porque a veces, sin casa y sin hijos en nombre de no sé muy bien qué pero también como consecuencia de no tener en el horizonte mucho más que incertidumbre, daría mi minúsculo reino, mi estantería de Ikea y mi móvil por una definición concisa, concreta y realista de eso que llamaban, de eso que llaman progreso.» (pág. 26)

He llegado hasta Ana Iris Simón y su primer libro, "Feria", por un comentario que sobre esta obra  realizó Andrés Trapiello hace poco más de dos semanas en prensa. Decía textualmente Trapiello entre otras muchas cosas en ese artículo periodístico que llamó mi atención:

«Los pijos de izquierda han dejado estos días las zonas residenciales de Madrid (el norte) para visitar los arrabales (el sur), demandando el voto que también allí les disputan los pijos de derechas. Pero a diferencia de estos, los de izquierda, dicen 'nosotros, los currantes' y 'lo reconozco, yo tengo un buen salario' [...] Los pijos han entrado en campaña justo cuando acabo de leer Feria, de Ana Iris Simón.
[...] Ana Iris Simón describe a los farsantes, esta vez de izquierdas: "han pasado los veranos en Irlanda", tienen "dos másteres y un doctorado antes de los treinta", "no han visto un gitano por primera vez antes de los veintisiete cuando fueron a Casa Patas" y le dicen "a los que viven en un bloque de VPO", que "no tienen ni puta idea por no ver en Sálvame el katejon antifascista. Nada nuevo bajo el sol: señoritos diciéndole al pueblo lo que el pueblo es (…), los que parece que sienten nostalgia de un barro que no han pisado en su vida". En su puta vida.»
Tras tan sabrosas y desusadas frases no tenía más opción que hacerme con la obra de esta joven del Campo de Criptana (Ciudad Real) que con inmenso desparpajo y sin sentirse constreñida por el dogma de lo políticamente correcto ha publicado en octubre de 2020 este su primer libro que ya va por su quinta edición, prueba de la buena recepción que está teniendo.

Dice la autora en esta obra memorialista, en la que ella aparece como testigo esencial de los sucedidos que relata, que «si lo que más me gustaba era escribir sobre la familia y la costumbre quizá es que lo que más me gustaba no era escribir, sino la costumbre y la familia» Y lo dice en unos tiempos en los que parece que hay que escapar, huir, de todo aquello que tenga resonancias a conformidad con lo recibido.  Y no, no es así para nada. Ana Iris, nombre hermoso donde los haya, cuya razón explica la autora en la obra relacionándola de manera hermosa y coloquial con la profesión de sus padres en la Oficina de Correos de Aranjuez por una parte y con la diosa del arcoíris que anuncia el pacto de unión entre el Olimpo y la tierra al final de la tormenta, por otra. La diosa Iris, al igual que Hermes, es la encargada de hacer llegar los mensajes de los dioses a los seres humanos. Desde luego más relación con el oficio que simboliza la cornamusa coronada no podría haber. 

En Ana Iris confluyen dos líneas genealógicas: la de los bisuteros por parte de su madre Ana Mari, -así eran llamados sus abuelos María Sola y Gregorio por ser feriantes-, y la de Mari Cruz y Vicente, sus abuelos por parte de Javier, el padre, que eran, digamos, más urbanitas, más asentados, más unidos a la tierra criptanera a cuyo cultivo se dedicaban. Es a estos dos mundos a los que la joven autora dedica la obra. Quizás más al de los feriantes por ser un mundo más evanescente mientras que el de su abuelo campesino es más estable y duradero como demuestra el árbol plantado por él, un almendro, que algunas tardes de verano iban a regar, abuelo y nieta, sin mayor finalidad que la de «cuando él falte, me dice, y yo pase por allí con alguien, podré señalarlo y decirle "mira, ese árbol lo plantó mi abuelo, así que pa mí es la sombra".»

El libro se organiza en nueve apartados más un décimo titulado La historia del Gigante. Este relato que cierra el volumen es, además de un encargo del padre que Ana Iris y su hermano Javi realizaron debidamente, un canto homenaje a la tierra manchega de la que la escritora está más que orgullosa, y, naturalmente, nada hay más manchego que la historia de don Quijote y de los gigantes convertidos en molinos. Se debe de leer el libro para entender debidamente el porqué de este décimo relato; sólo diré aquí que nace del deseo de Javier padre por conocer el antes de un hombre muy alto y algo herido con el que toparon él y sus dos hijos en la estación de Alcázar de San Juan un día que pasaron los tres juntos. 

 Si la Ana Mari puso a Ana Iris en contacto con la verdad de la tierra pateada y de los paisanos que pasaban por la caseta de feria, la figura de Javier, el padre, supone para ella el estímulo necesario de su afición por contar historias. Declara Ana Iris: «mi padre vivía en los relatos, en las historias que me contaba, pero sobre todo en las que se contaba a sí mismo». Fue él quien despertó y azuzó, seguramente sin saberlo, su afición por la escritura, él quien le había contado historias desde que era muy niña; ahora, cuando le pidió que le escribiera la historia de ese gigante manchego, venía a decirle que era llegado el momento de pasarle los trastos de la vida: hasta ese momento él «se había ocupado de ordenar la realidad, nuestra realidad, de inventársela o, más bien, de explicárnosla.»  

Desde la dedicatoria Ana Iris declara la devoción que siente por su familia. Una devoción que no excluye la disensión, el choque dialéctico, la critica. Pero siempre por encima de todo eso está el amor sentido por ella hacia sus padres, abuelos, primos, amigos..., y el que en justa correspondencia siente sobre sí. Eso debe de ser la felicidad; sí, así debe de ser y desde luego esta colección de relatos costumbristas cuyo epicentro es la persona de la autora rezuman afecto, cariño; en definitiva, amor. Hay amor incluso hasta cuando vemos a la pareja formada por sus padres, la Ana Mari y Javier, rota; incluso entonces la felicidad, el buen ambiente, la falta de improperios entre los progenitores, existe. Es evidente que llevarse bien no equivale a asentir en todo cual bestias irracionales, no. Por eso en este libro se comentan disensiones entre la narradora y otros partícipes en él: entre el padre y las abuelas a propósito de la religión, entre el padre y la madre por la educación que cada uno entiende hay que dar a los hijos, dentro del núcleo de amigos de Ana Iris también se disiente... Pero son siempre discrepancias que no van más allá del puro diálogo, y que sirven a quienes las protagonizan de estímulo en su crecimiento personal.

Los Bisuteros, Mercadillos populares
Lo que a mí más me ha interesado desde el punto de vista anecdótico es la mostración que Ana Iris realiza de un mundo en vías de desaparición si no ya totalmente fenecido: la Feria y los feriantes. Es "Feria" un homenaje claro a esa manera nómada de vivir que acababa en la Feria de Gerona a mediados de otoño tras haber pasado desde el mes de mayo por las de un sinfín de localidades españolas: Madrid, Alicante, Alcázar de San Juan, Salamanca, Valladolid, Zaragoza, Gandía, etc. Llegado el frío y la poca luz los bisuteros que eran la familia materna se acomodaban en los mercadillos semanales de las localidades próximas a Campo de Criptana. Era una vida nómada que a Ana Iris le encantaba pero de la que también se avergonzaba y de la que no se atrevía a hablar delante de sus compañeros del Vicente Aleixandre de Aranjuez:
«Cuando la profesora, que se llamaba Rosa, nos preguntó qué habíamos hecho en verano [...] no hablé de que me había pasado varias semanas durmiendo con mi abuela María Sola y mi abuelo Gregorio en una caseta, ayudándole a descargar la Mercedes, lavándome en una palangana y andando descalza hasta la fuente en la que cogíamos el agua mientras mi abuela me gritaba que no fuera descalza, que me iba a pichar e iba a coger el tétanos. No hablé de nada de eso porque me daba vergüenza, no fueran a pensar que éramos gitanos y que por eso no sabía leer, porque eso era lo que, fuera de la feria, había oído que éramos los feriantes.» (pág. 80)
Pero lo más meritorio de la primera obra de esta escritora novel es sin duda alguna la manera como está escrita. Es un estilo memorialista caprichoso que sigue los vaivenes dispares del pensamiento con paradas en el recuerdo desde un presente actualísimo. Se alternan sin orden preciso en la novela la más chirriante actualidad (alusiones a partidos políticos muy nuevos como Vox, o a Podemos formando parte del Gobierno de España…) y el pasado recordado vivamente pese a la corta edad de Ana Iris dada la conmoción ocasionada por el suceso (el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, por ejemplo) o ese otro pasado que a los mayores conmocionó y que verbalmente le transmitieron desde su niñez como por ejemplo cuando su padre Javier y el abuelo Vicente, simpatizantes comunistas, le cuentan a la joven narradora la lucha por la amnistía general finalmente conseguida en 1978 tras tantos años de dictadura.

Este traqueteo hacia adelante y hacia atrás provoca el choque emocional entre el mundo de hoy y el perdido del todo o quasi desaparecido. La España de las pesetas y la del €. La de las pesetas es la de los padres y abuelos de Ana Iris; la que se la estaba cargando era la de los Leclerc, los McDonald's, el Aquópolis, etc., etc. Esta era la modernidad que se avecinaba y que los feriantes sabían que acabaría con ellos. En medio de esta barahúnda, los niños como Ana Iris que aunque en verano viajaba en la Mercedes de feria en feria sin embargo ya se divertía con sus amigas y primos viendo series televisivas como 'Peaky Blinders' o jugando a videojuegos como 'Fortnites'. Era una pérdida sin retorno posible.

La Mancha mítica, literatura pop actual
El libro es una preciosidad por esa manera tan fresca y natural con la que está escrito. El ritmo es fluido y el tono que del escrito emana revela llaneza y ausencia total de impostura. Naturalidad narrativa en la expresión y por ende también en lo comunicado. La chica que cuenta sin dobleces su visión del mundo que le ha tocado vivir es tan auténtica como reveladoras son la serie de fotografías referidas a la vida real de la protagonista. Son fotos en blanco y negro de ella niña, de ella con sus padres, de su madre  Ana Mari, de La Mancha con sus molinos o esas casas-cueva de Ontígola (Toledo) donde vivieron unos años, etc. 

Algunas frases especialmente destacables
  • «Cuando era pequeña pensaba en mis abuelos, pensaba en los Bisuteros [...] como un vestigio de una España que fue y ya no es. Una España en la que había zoos chicos y enanos recortadores y en la que sonaba Camela, pero donde también había recitadores como Waldo, el amigo de mi abuelo Gregorio, que declamaba romances y coplas de pie quebrado en el teatro chino de Manolita Chen.» (pág. 129)
  • «Nos pasamos la adolescencia y la primera juventud deseando no parecernos a nuestros padres y cuando crecemos, o igual es que crecemos por eso, nos damos cuenta de que casi todo lo que tenemos de bueno no es nuestro, sino suyo.» (pág. 193)
  • «Quería decir, además de que si todo es fascismo -y parece que así es- nada lo es, y que a mí me llevan los demonios porque fascistas fueron los que se llevaron a mi bisabuelo primero a la cárcel y luego al exilio y no cuatro neocones en Twitter y en el Congreso y ellos no serían capaces de hacer algo tan grande, y esto no lo digo yo, lo dijo Pablo Iglesias.» (pág. 162)
  • «Sentía que [yo] era de la feria, que la feria me pertenecía y yo pertenecía a la feria porque sabía cómo se ponía en marcha, cómo era cuando nadie la veía. Siempre es así, supongo: para sentir que uno pertenece a algo o a alguien, o que algo o alguien le pertenece a uno, es necesario entender sus tramoyas.» (pág. 118) 
  • [Ana Iris es hija de] «un ateo monoteísta, porque mi padre no era ateo, sino que creía profundamente en el ateísmo»
La autora
Treinteañeras que quieren ser madres, España hoy
(biografía contenida en la solapa de la edición de la obra realizada por la editorial Círculo de Tiza)
[Campo de Criptana, 1991] Estudió en escuelas públicas de Aranjuez. Cursó Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos en Fuenlabrada mientras doblaba y alarmaba camisetas en Desigual y hacía de guía en el edificio de Telefónica en Gran Vía. Su primera casa fue Telva y después fue redactora en Vice y guionista en Playz de RTVE. Con 28 años ha sido testigo de tres ERE. Actualmente colabora con distintos medios. Se acaba de ir de Madrid, donde vivió desde 2014, a una ciudad de provincias, en parte porque le da envidia la vida que tenían sus padres a su edad, aunque la Thermomix no se la ha comprado ni se ha metido en la hipoteca. Feria es su primer libro.

La novela ha sido distinguida con el Premio ‘Javier Morote’ 2021, consagrado a reconocer una obra especialmente sobresaliente publicada por un autor muy joven. Ha sido la cuarta edición de estos premios, creados en 2018 por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal).

10 feb 2020

"Relatos sin rumbo fijo". Fco. Javier Morales Orozco publica en libro relatos de su blog "Abrazo de libro"

25 comentarios:
Mi buen amigo Francisco Javier Morales Orozco acaba de publicar su primer libro. Se trata de un conjunto de relatos seleccionados por él mismo entre los relatos breves que desde hace ya varios años habitualmente publica en su magnífico blog, "Abrazo de libro". Quienes lo seguimos, sabedores de la calidad de los mismos, muchas veces le habíamos pedido su publicación. Afortunadamente nos ha hecho caso. El libro, editado por Círculo Rojo, es una auténtica delicia.

Círculo Rojo, Abrazo de libro, Relatos sin rumbo fijo
El volumen toca un amplio abanico de asuntos, algunos muy actuales como la pederastia, la memoria histórica o el terrorismo islámico. Sin embargo para mí su temática esencial se mueve en torno a uno muy concreto al que el autor con regularidad retorna. Me refiero al Amor: un amor con mayúscula, un sentimiento que Javier muestra como eje de la mayoría de sus escritos contenidos en "Relatos sin rumbo fijo". A veces es el amor maternal, otras el amor mantenido a lo largo de los años hasta la vejez, también en ocasiones es la persistencia del sentimiento pese a la desaparición de uno de los miembros de la pareja, otras veces es el amor filial el que nos presenta...

El sentimiento del Amor le lleva, como sin quererlo, a tocar otros contenidos como el de su extinción por culpa del inexorable paso del tiempo; otras veces el amor aparece en situaciones aparentemente poco proclives al mismo cuales son los escenarios de enfermedad (el cáncer, el alzhéimer, la acondroplastia, el síndrome de Down…). Al introducir circunstancias de este tipo en algunos relatos, Javier pasa a hablar de manera muy natural de los temas nucleares de un ser humano: la vida, la muerte, el dolor, el abandono por parte de los hijos, la vejez, el deterioro cognitivo… Encontramos en esos momentos a un escritor profundo, filosófico, serio…

Francisco Javier -y es aquí donde reside esencialmente en mi opinión, la delicia mayor que supone leer sus relatos-, es un escritor alegre, divertido, desinhibido, que envuelve la mayoría de sus composiciones en un humor elegante y sorpresivo, sin duda uno de los rasgos más señalados de su estilo literario. Este humor está presente en muchas de sus narraciones, la mayoría de las veces con un giro final sorpresivo muy característico en él; un giro que nos rompe la cintura al tiempo que nos pone una sonrisa en los labios cuando no una rotunda carcajada que viene propiciada por la calculada ambigüedad con la que el autor sabe moverse durante todo el discurso jugando con los significados.

Los personajes de estos relatos suelen ser personas y Javier parece que siente predilección por las mujeres quizás por la mayor carga de sentimientos que ellas suelen portar: Hay también, claro que sí, historias protagonizadas por hombres, muchas veces en situaciones de acabamiento físico propias de la ancianidad (Vamos a por todas, Noche de Reyes, Vida plena, etc.), situaciones de marginación social propias de delincuentes o alcohólicos (Hombre al vacío), aunque también a veces son hombres que se dan a los demás movidos por puro altruismo como ese hombre que llora de manera enfermiza y que se dedica a disfrazarse de payaso para hacer reír -quizás con sus lloros como hiciera Charlie Rivel- a los niños enfermos de un hospital (El hombre que lloraba); y también las hay protagonizadas por seres vivos no racionales en situaciones que hacen pensar en seres humanos como se puede observar en Pasión por los libros.
Francisco Javier Morales Orozco, Relatos breves, Microrrelatos

El autor de estos relatos es un enamorado de la escritura, lo que se percibe en algunas de sus breves historias que indagan -cuando no explican- en su propio quehacer escritural. ¿Qué hace en Finales sorprendentes sino la exégesis de su manera habitual de escribir cuando defiende los finales sorprendentes en los escritos rematándolo además en éste con un simpático y, sin duda alguna, sorpresivo final? Este amor a la escritura de relatos se percibe en cuentos como Camino sin retorno o Érase una vez en los que al tiempo que homenajea los grandes cuentos infantiles los rehace y modifica volviéndolos prácticamente del revés con su característico humor. Y no puedo dejar de citar su amor a la lengua en que escribe, a ese vocabulario hoy un poco en retirada del que, sin para nada abusar, nos deja alguna señal en términos totalmente correctos como ‘peculio’, ‘abotagado’, ‘tamborero’, ‘vitela’, ‘blatodeos’, [cucarachas…], ‘mojigatez’, y tantos otros

Contrariamente a lo que parece sugerir su título, “Relatos sin rumbo”, Francisco Javier muestra en ellos una trayectoria clara y contundente que se nutre de la propia vida del autor: sus experiencias vitales, sus conocimientos, sus aficiones…. Él es un hombre de la Mancha que gusta de sus orígenes, que ama la literatura que tomó a esta tierra por escenario (En un lugar de La Mancha) y que conoce muy bien la literatura del Siglo de Oro. Leyendo estas historias, muchas veces he percibido la poderosa figura de Quevedo, madrileño de origen y manchego en sus postrimerías, autor de rotundo humor y profundo nihilismo existencial. En especial esta sensación se hace más y más presente en los relatos en que el Amor es más poderoso que la Muerte. Es entonces cuando no se puede por menos que recordar al autor del soneto inmortal que con rotundidad en dos de sus versos profiere aquello de ‘nadar sabe mi llama el agua fría / y perder el respeto a ley severa’.
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[Nota.- La parte del león de esta entrada está extraída del Prólogo que para el libro de Francisco Javier Morales Orozco he escrito. Desde aquí agradezco al autor su solicitud. Ha sido un inmenso placer.]

4 dic 2019

Ildefonso García-Serena. "El hijo del doctor"

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"Y es que cada vez que Mariano se encontraba con personas como Picotas, los hermanos Sanz, el capitán Darneau o el señor Cristaldi sentía que existía en el mundo un orden universal en el que creía, donde aún era posible la solidaridad y un sentido elemental de la justicia." (pág. 196)

emigración, Argentina, Guerra Civil
Acabo de leer la segunda novela de Ildefonso García Serena -la primera, "Elogio de la Chireta", la publicó en 2016- e intuyo que en ella el autor vierte mucha experiencia personal. Creo que en el fondo esta novela es el producto de una necesidad personal: la de explicarse a sí mismo. En fin, primero intentaré yo explicar lo que quiero decir, que es algo tan sencillo como lo siguiente: Leo, el protagonista, el hijo del doctor Mariano Garcés Muñiz, es -así lo creo- el alter ego de Ildefonso. Estamos, pues, en el fondo, ante una narración que contiene muchos elementos autobiográficos. Él mismo es, como Leo, hijo de profesionales sanitarios nacido en 1949 en Bs As al poco de haber llegado allá sus padres, republicanos españoles que desde Francia, donde penaron y combatieron durante la segunda guerra mundial, partieron a la Argentina en busca de mejor fortuna. Y es que en verdad ésta les había sido bastante esquiva pues a las penalidades sufridas en España durante la Guerra Civil vinieron a unirse las vividas en Francia a donde salieron tras la derrota de 1939.

Argentina siempre estuvo en el imaginario de este doctor aragonés, Mariano en el relato, dada la extrañeza que a todos produjo la marcha sin aviso previo -luego se sabría que fue allí- de su abuelo Román que dejó a su mujer Edelvira con cuatro hijos en el pueblo de Ariño (Teruel). También lo estará en la mente de Leo, el bisnieto de Román. En su caso el motivo es doble: en primer lugar conocer por qué su padre cuando le iban bien las cosas en Bs As decidió volver en 1955 a España con el peligro que tal acción podría tener para un español que como él había combatido en el ejército republicano aunque hubiera sido como médico y no como soldado. La segunda cuestión a dilucidar, la misma que movió a su padre: ¿por qué Román marchó sin decir nada y por qué no volvió jamás?

Este es el asunto que se cuenta en esta novela estructurada en tres partes y que centra, más o menos, cada una de ellas en uno de los tres personajes masculinos: Román en la primera, Mariano en la segunda y Leo en la tercera. Si bien en todas ellas hay cierto movimiento temporal es en la primera, iniciada en 1888, en la que los saltos hacia adelante y hacia atrás son más patentes utilizando en ella una visión caleidoscópica; la segunda adopta y mantiene la linealidad temporal comenzando en 1946 año en que finalizó la primera y llegando hasta 1981; por último, en la tercera parte el escritor juega con dos relatos en contrapunto -el contemporáneo de Leo y el que acaba de conocer de Román- existiendo entre ambos nada más y nada menos que un siglo de distancia.

Vegueta Narrativa, autores aragoneses, autores noveles
Es una historia muy creíble, muy humana, muy verosímil, muy... real. Este asunto de la emigración a América en los años finales del siglo XIX y primeros del XX, así como en la década de los años 45-55, especialmente a la Argentina de Perón, fue fenómeno vívido en muchas familias de nuestro país. Yo mismo, cuando la editorial Vegueta me ofreció la lectura de esta novela, decidí hacerla entre otras cosas porque en mi familia había habido emigración a América de ida y vuelta y también la hubo -la hay de hecho- de no retorno. Entre ambos tipos de emigración, la que retorna y la que no, media la constitución de nuevas familias en el lugar de acogida, de manera que si los hijos nacen en el país receptor difícil es que se produzca el retorno; no digo nada si uno de los miembros de la pareja es de la nación a la que se ha ido. Por esto el retorno del doctor Mariano es también elemento que sirve de motor en la lectura de este relato: ¿por qué si le iba tan bien en la Argentina Mariano Garcés Muñiz decide volver a la España de Franco a la que desde 1936 había combatido?

Esto es esta novela, la resolución de una serie de interrogantes, por otra parte comunes a muchos grupos familiares que han vivido en su seno episodios de emigración semejantes.

Algunas frases destacables
  • Vemos la vida de Mariano en la Barcelona en guerra. "Barcelona estaba habituada a convivir con las heridas y, hecha a la derrota, saldría fortalecida después de cada caída. La villa de los iberos layetanos se comportaría como siempre, como una ciudad rebelde." (pág. 55, I parte, cap. 'Una tarde en el Liceo. 1937')
  • España. "No sé que les ha pasado a ustedes pero me parece que su país es una tierra hermosa llena de odio." (Pág 137, II parte, cap. '1946-1949. Rumbo a América')
  • Homenaje a Gabo y a toda la narrativa surgida con él. "Muchos años después el día de la muerte del Dr su hijo recordaría la misma escena con la sensación de haberla borrado de su mente hasta ese momento." (pág. 221, II parte, '1955. Un cierto aroma a jabón'). En esta frase no puedo por menos que encontrar ecos del famoso "Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía habría de recordar […]" de la novela "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez. Es evidente que la construcción circular de la misma y el período que abarca poco más de un siglo son coincidentes con la novela del colombiano ilustre. 
  • Guiños a nuestro momento lector:
    • Humor: [estamos en 1999 y ante la incredulidad por una exageración en el discurso de Leo, su primo Jorge comenta: "Cómo exageran estos gallegos... ¡no puede ser que las cabras españolas se nieguen a dar leche! Eso es tan improbable como que algún día tengamos un Papa argentino." (pág. 315,III parte, cap. '1999 Chacarera') 
    • Reconocimientos: "Ese Boletín tendría después una utilidad magnífica: permitir a Aurelia reivindicar la pensión de viuda de militar que un joven diputado socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, propugnaba en las Cortes" (pág 261, III parte, cap. '1982. La cartera')
  • Reflexiones. "De todos los vicios, la mentira es el que más nos esclaviza, porque condena al mentiroso a seguir mintiendo y perder todo el valor. Un hombre vale lo que su palabra, o al menos eso es lo que pienso." (pág 386, III parte, cap. '1890. La Martona'). 

8 sept 2019

"Punto de partida", poemario de Eldan Gardy

8 comentarios:
Es evidente que Getafe (Madrid) es una localidad literaria por demás. A su conocidísimo "Getafe negro" se une el festival "Cultura Inquieta" y también el ser la localidad donde la Poesía es celebradísima: allí durante treinta años se publicó la revista de Poesía "Cuadernos del Matemático" dirigida siempre con acierto por Ezequías Blanco, poeta y narrador; y allí tiene su sede la muy activa "Fundación Centro de Poesía 'José Hierro'".  Pues bien, resulta que Eldan Gardy, amigo a quien he conocido a través de las Redes Sociales, es también getafense.


"Punto de partida"

Eldan Gardy
De sí mismo dice el autor en su blog lo siguiente:

Eldan Gardy es el pseudónimo con el que escribe y publica Elías García, director de Lector Cero, empresa de servicios para escritores y de la web de difusión de la literatura Escaparate Literario.
Comencé a escribir hace no tanto. En primer lugar con los relatos cortos donde me encontraba cómodo contando lo que veía alrededor y lo que no, historias que quizás pudieron ocurrir, ocurren u ocurrirán. Historias, en cualquier caso.
De un tiempo a esta parte descubrí el poema como soporte lingüístico para plasmar situaciones y sentimientos que, aunque creo que nos son comunes a todos, al menos yo no les había prestado la suficiente atención. Lugares personales y universales, lugares comunes e individuales. Quizás me veo en la necesidad de abrir una ventana y mostrar todo esto para que los lectores se puedan reconocer.
EL tiempo dirá si lo logré. Por si acaso, no albergo ninguna pretensión en este sentido. Por el camino voy descubriéndome poco a poco.

Yo desde que me topé con él leo con agrado los poemas que en las RR SS Elías va publicando. Me enganché a su poesía sobre todo por la sinceridad con que declara -se lo he leído en más de una ocasión- la importancia de la 'formación en' e 'información sobre' la poesía clásica. Los sonetos escritos por él, y que ha ido dejándonos ver en esas redes (Twitter, Facebook e Instagram), son fruto de ese afán por dominar ese formato poético y a mí me han ido mostrando post tras post a un poeta cada vez más hecho. Por eso cuando amablemente -quizás irresponsablemente por su parte- me ofreció la posibilidad de leer "Punto de partida", su primer poemario publicado, acepté encantado pues en mi fuero interno deseaba conocer más en profundidad su quehacer poético.

Poetas jóvenes españoles
Hará cosa de un mes que llegó a mis manos su libro. 100 poemas aparecen en él; la mayoría de una extensión ajustada a la de una página, y algunos otros como "La vida" (pp.38-39), "Naufragio" (pp. 33-34) o el  titulado "Siete horas" saltan levemente el límite autoimpuesto por el autor. También "Siete horas" es el único poema en el que aparece una aclaración, la de haber sido publicado en una Revista literaria, concretamente en el número 16 de la publicación palentina "El silencio es miedo" aparecida en noviembre de 2018 en su versión digital. Otro poema más de entre los 100 que componen la obra aparece datado; es el que cierra el poemario titulado 'Una amenaza a modo de diffhanger' en el que al final del mismo podemos leer "Aquí, 7 de agosto de 2018". Seguramente esta fecha viene a indicarnos el momento en que Elias dio por culminada la selección de poemas que compondrían esta primera publicación suya en formato libro. O sea el momento de entregar la obra a su editor quien la sacó de las prensas ofreciéndola al público el 11 de enero de 2019.

He leído con muchísimo gusto estos 100 poemas, los he disfrutado, los he degustado con lentitud, he vuelto sobre ellos con cierta morosidad, me han producido placer, me han parecido muy auténticos, llenos de sinceridad y de una serie de motivos que se ve son los que a Eldan Gardy le mueven en el mundo:

➤ La Naturaleza: nieve, lluvia, niebla, viento, árboles mar... Sobre todo es la lluvia un motivo sobre el que el poeta vuelve una y otra vez.  
La Naturaleza con sus fenómenos y su discurrir cíclico le lleva al Tiempo que es la dimensión en la que la Vida se produce. Este discurrir temporal lo marca a través de otros motivos o asuntos que toca en sus poesías: el amanecer, la noche, el insomnio ("pasan las horas y no pasa el tiempo"), los veranos, el otoño...
La Vida es otro de sus motivos, si no, me atrevería a decir, el Motivo. Porque de eso trata este poemario de Eldan Gardy, de mostrarse vivo, de reivindicarse a sí mismo como persona, como poeta y sobre todo como hombre, como ser vivo. En esta reivindicación vital hay subtemas:
  • Negativos:
    • el pesimismo
    • la nostalgia ("Ya no", 37) y la engañosa memoria ("Miradas de mentira", 43)
    • la muerte ("Tánatos", 36; "Sin hacer ruido", 85, "Tierra", 68)
    • la impotencia ("Mañanas irresolubles", 96)
    • los temores ("Miedo", 98)
… pero también los hay aunque muchísimos menos algunos
  • Positivos:
    • Alegría, el calor, la risa ("La vida", 38)
    • Humanización de las cosas ("Amanecer", 74)
Quizás presentan sus poemas un choque campo-ciudad del que la naturaleza sale más airosa ("Los campos desconocidos", 67). Es la ciudad otro motivo importante en su obra. Pero siempre avistando el campo ("Surcos", 55), la naturaleza...; de aquí que la "ventana" ('ventanilla del coche' en alguna ocasión) sea un término recurrente para enlazar ambos mundos o más bien para lograr escapar de la cárcel urbana a través de ella, para salir de uno mismo y mezclarse con los demás ("Noche en la calle", 40) o para asimilar interiormente lo vivido.

Poetas autopublicados, Elías García, Eldan Gardy, Getafe literario
Si algo ha llamado vivamente mi atención en este poemario de Eldan Gardy es cómo resuenan en sus poemas la tradición poética española: el Quevedo de "Soy un fue, un es y será cansado" lo he querido ver en ese "Soy lo que queda de lo que fui, soy lo que no seré" ("Sus ojos", 30); el Ángel Gonzalez de "Para que yo me llame Ángel González" aunque con mucha menos carga existencial y mayor carga de irónica y paradójica autoestima y autoafirmación me parece que sobrevuela en los poemas que abren y cierran el poemario: "Justifico yo estos versos" (pág. 19) y el último "Una amenaza a modo de diffhanger" (pág. 118). A Antonio Machado me ha parecido escuchar tras esas reflexiones metafísicas que abundan en varios de los poemas de Eldan; al Miguel Hernández de 'Elegía a Ramón Sijé' en "Como si fuera una elegía"; e incluso me parece ver al magnífico Juan de Yepes y Álvarez cuando leemos en el poema "Sueños" "La música, ahora callada, espera / mientras sueña". Todas estas resonancias, algunas, ¡seguro!, sólo imaginadas por mí, muestran a un poeta que está empapado de lecturas, que ama nuestra tradición, la cual se desborda como sin querer por su poesía inundándola y ennobleciéndola. En verdad que no puede haber mejor "Punto de partida" como reza el título de la obra. 


De la forma no diré mucho pues lo que cumple ahora es ir directo a la obra y degustarla por uno mismo. Sólo señalaré la sorpresa que a través del oxímoron muestran algunos de los poemas, que nos fuerza a recomponer nuestro pensamiento. También me ha agradado el uso frecuente de la sinestesia ("me gusta la luz que quema y da vida"), el encabalgamiento abrupto para destacar algún elemento crucial, la constancia en el empleo de la paradoja ("estamos donde no queremos / porque hicimos lo que había / que hacer"), la simbología alegórica presente en algunos términos ('lluvia', 'ventana', 'farolas', 'cristal'...), la hermosa y abundante metaforización en cuya intelección radica uno de los placeres al leer estos poemas: "Se cae el verano de los árboles" (p. 90), "la mañana / colocando todo / con su fresca sorna" (p. 102), etc.

En cuanto a la composición estrófica y versal el poeta hace uso de la libertad métrica, del verso libre y de la brevedad estrófica. A veces forma un poema por la agregación de varios más breves ("Condenados", pág. 59). Y otras juega, disfruta haciéndolo, con el lenguaje, la tipografía o la disposición de los versos en la página: doble interlineado ("Hojas secas", 60), juego con las letras ("Resignación", 63), la disposición escalonada de algunos versos ("Confianza", 95), etc.

Su poética, su consideración de qué sea la Poesía la expresa con claridad en el poema del mismo nombre que cerca del cierre de esta reseña coloco a continuación:
El poeta
lucha por salir de los silencios;
retuerce la belleza serena y tierna.

La poesía
crece lenta, late suave,
mira lejos y habla poco.

Descansa y escucha porque sabe que
el hecho de buscar un oasis no calma la sed.
Eldan Gardy, Elías García, Getafe poético


Por último me gustaría destacar el tono. Aunque la mayoría de sus poemas rezuman cierto nihilismo y pesimismo existencial también apunta en ocasiones el desenfado e incluso el humor en esos giros inesperados que a veces da el poema (ejemplo la bisemia de "surcos" en el poema del mismo nombre); es en el poema final donde me ha parecido detectar mayor hilaridad, gracia, frescura, al ver cómo Elías nos amenaza con volver. Eso esperamos, que Eldan Gardy vuelva a "jugar una partida de ajedrez en la nieve", que no abandone porque como afirmas, amigo Elías, participamos de tu opinión cuando dices 
"no quiero olvidar jugar al ajedrez mientras olvido el / resto de las cosas"

5 jun 2016

"All in" de Javier Gimeno

12 comentarios:
No soy muy dado a leer varios libros a un tiempo. Con todo, rara es la ocasión que no se me solapan algunos. Cuando tal cosa me ocurre observo que hay lecturas que se me imponen sobre otras; y las que así se comportan lo hacen -entiendo- gracias a las bondades que tienen y que no encuentro o no logro hallar en las restantes. Con "All in" me ha ocurrido esto que digo.


“All in“ llegó a mis manos como con frecuencia sucede en este mundo de los blogs: un autor novel, en este caso Javier Gimeno, presenta su obra a una serie de blogs para que, si lo desean, la lean, la reseñen en sus blogs y emitan una opinión sobre la misma. La verdad es que dada la lista de lecturas pendiente que siempre tengo no suelo atender tales solicitudes, pero de vez en cuando, por la temática de la obra, por el momento personal, por encontrarme momentaneamente sin lecturas a mano, o por lo que sea tomo alguna de estas primeras obras -así suelen serlo con cierta frecuencia- y la leo.

De "All in" llamó mi atención la sinopsis que leí de ella en Amazon que textualmente dice lo siguiente:
Daniel es un joven de origen humilde y gran inteligencia que ha sido golpeado en su niñez por la dureza de la vida en las cuencas mineras del norte de España. Inesperadamente, se embarca en un involuntario viaje de descubrimiento y crecimiento personal que le llevará a conocer de primera mano lo mejor y lo peor de la esencia del ser humano a través de su interacción con una pléyade de personajes secundarios que moldearán su carácter, paso a paso, hasta convertirle en un hombre nuevo que toma las riendas de su vida y la encamina a un inesperado y moralmente cuestionable clímax. 
"All in" es una fabulosa historia coral con ricos personajes que hacen su particular descenso a los infiernos en un mundo de extremos en el que nada es lo que parece. Amor, odio, pasión, ira, miedo; todos los sentimientos humanos tienen cabida en esta historia de venganza en la que el lector es obligado a replantearse continuamente su posición ante los dilemas morales que se plantean a cada paso. 
También me incliné a leerla por las reseñas que de ella vi en la Red. Casi todas alababan el estilo directo del escritor, el ritmo, la tensión narrativa... Bueno, bueno -me dije- no suena mal esta música.

Mi comentario
Estamos ante una novela breve de 194 páginas cuya historia se reparte en 30 capítulos y un Epílogo. Al principio su lectura se me hizo algo cuesta arriba pues en cada capítulo me encontraba con nuevos y muy numerosos personajes que no sabía ubicar bien dentro de la historia general. Esto unido a una estructura con continuos avances y retrocesos dentro de la linea temporal y un ritmo frenético en la aparición de sucesos y personajes provocó que hasta el capítulo 7º ú 8º no me hiciese con los mandos de la narración que estaba leyendo. Sin embargo, a partir de ese momento entré en una lectura más y más adictiva de modo que sólo me interesaba al acabar un capítulo, y dada la no inmediata contigüidad de la trama capítulo tras capítulo, engolfarme en la novela a fin de que los capítulos discurriesen veloces para llegar al punto donde, cual si estuviéramos en "EL Quijote", habíamos dejado al vizcaíno y a nuestro héroe con las espadas en alto.

Cuando tal cosa me sucedió, entendí que la novela me había ganado por completo. La historia de Daniel; de la hermosísima Nora, su mujer; de su amigo Miguel; del mafioso JR; de la sensual Mamen; del rifeño Abdes y su mundo de deseos incumplidos; del extraño y maestro del póker Alfredo; de Víctor, su mujer y Alex, el hijo de ambos; de León, compañero de estudios secundarios de Miguel; y de tantos otros persoanjes que tienen su momento en el relato, me había atrapado. El suspense, la tensión del thriller que discurría ante mis ojos hacía que algunos pequeños defectos y errores gramaticales u ortográficos que me molestaron bastante en un primer momento quedasen totalmente disculpados pues el discurrir de la trama, el deseo de entrever o adivinar en donde desembocaría ese cúmulo de acciones rayanas en el el terror y en una crueldad a veces algo excesiva me llenaba por completo.

De esta primera novela de Javier Gimeno me ha gustado mucho la desubicación de la historia narrada. ¿Dónde está teniendo lugar la acción? No se sabe con certeza y esto me parece un acierto. Sabemos que el momento es la actualidad pues hay ordenadores portátiles, video conferencias, coches deportivos impresionantes... pero desconocemos en qué ciudad estamos, si bien se entiende por los nombres de los personajes que estamos en una gran ciudad española, probablemente Madrid.

"All in", Javier Gimeno, Novelas autopublicadas
Pero lo que más me ha agradado de "All in" es que he creído -o querido- ver algunas obras señeras de la gran literatura sosteniéndola. ¿Qué si no es ese trágico amor existente entre Nora y Daniel, enamorados los dos hasta las trancas, sino la historia de Tristán e Iseo e incluso de Romeo y Julieta trasladadas a nuestro momento actual? ¿Y no está "El jugador" de Dostoievsky agazapado tras esa adrenalina que el juego de cartas proporciona? ¿Y Nora, la hermosísima y encantadora mujer de Daniel, cuando toma esa dolorosa decisión no recuerda en cierto sentido a la Nora de "Casa de muñecas" de Ibsen? Quizás me esté pasando, piense alguno. Sí, quizás sea así; pero también es cierto que muchas veces las lecturas realizadas afloran de manera inconsciente porque forman ya parte de nosotros mismos y más cuando esas obras tocan sentimientos, acciones o motivos de naturaleza universal humana. Seguramente, pienso, es lo que le ha sucedido a Javier Gimeno.

En otros momentos la literatura penetra bien por derecho en la novela. Esa cita de la Divina Comedia de Dante puesta en boca de la madre de Daniel es fantástica y resume en dos líneas todo el maremagnum sentimental que un ser humano arrastra con él:
"Daniel se fue a la gran ciudad recordando las palabras de Dante que le dijo aquella tarde su madre: 'No hay mayor pesar que recordar con tristeza alguna época en la que fuimos felices'."
La novela en mi opinión pierde algo de pegada cuando toca, simplemente citándolos y sin profundizar en ellos, aspectos socio-políticos muy cotidianos cual es el drama del tráfico de personas del continente africano al nuestro; también me ha parecido algo tópica esa personificación de la crueldad en un personaje de origen serbo-bosnio; e igualmente me ha parecido un poco traído por los pelos la alusión a la crisis económica con moralina incluída en la misma:
[...]"resultado de la gran depresión del inicio del siglo XXI. Ante la falta de dinero mucha gente había optado por delinquir para, al menos, comer; como resultado, el hacinamiento de presos había llegado a ser común en todo el viejo continente. Pese a ello, injustamente, seguían quedando en la calle personas corruptas mientras cabezas de familia ingresaban en prisiones por pretender simplemente alimentar a sus hijos"

 Conclusión
Una novela interesante, entretenida, con suspense, un thriller que no conocemos en todos sus extremos hasta que leemos la última línea. Un relato con ritmo, que no elude la dureza excesiva, de una crueldad inusitada en algún momento aunque siempre motivada por el propio discurrir de la historia. Unos personajes algo estereotipados pero bien construidos que por sí solos podría cada uno de ellos dar pie a futuros relatos pues, creo, que Gimeno no les saca toda la potencialidad en ellos escondida. Una novela bien escrita en líneas generales aunque al profesor del que no me puedo sustraer le hayan chirríado esas confusiones de la construcción nexo condicional SI más adverbio de negación con la preposición adversativa SINO; o  también la frecuente supresión del nexo QUE en la introducción de la subordinada sustantiva de OD (p.e. pág. 169) y alguna incorrección en la 'consecutio temporum' (p. e. pág. 56). Pero son nimiedades que quedan absorbidas, subsumidas, en la vorágine del desarrollo de una trama absorbente que provoca que la novela se despache con gsuto y gran rapidez.

Datos prácticos

Título original: All in  

Autor:Javier Gimeno

Fecha publicación: Octubre 2015

Género: Thriller, Suspense,

Nº de páginas: 210 (papel), 194 (pdf)

Formatos: ebook (0'99€) y papel (12'84€)

20 may 2016

"La pertenencia" de Gema Nieto

14 comentarios:

He llegado hasta esta obra de Gema Nieto empujado por un comentario que Paula dejó en la entrada que dediqué hará cosa de dos meses a la novela "El comensal" de Gabriela Ybarra [leer reseña aquí]. En ese comentario, Paula me recomendaba vivamente "La pertenencia", novela que, decía, trataba el mismo asunto -la pérdida, el duelo, la pena- pero infinitamente mejor tratado. Y aquí estoy, Paula, contento de haber seguido tu recomendación.

En "La pertenencia", Gema Nieto repasa, hace 'recuento' -dice ella- de lo acaecido durante los últimos 20 años de su vida. En el momento de escritura la autora tiene casi 34 años y su relato lo inicia con la ruptura -mejor habría que decir 'primera quiebra'-  de la crisálida adolescente en la que vivía confortablemente acomodada.

Autores noveles, Novela de no-ficción, el duelo, Gema Nieto

 La muerte temprana de su madre es la causante del derrumbamiento de una senda vital hasta ese momento jamás puesta en cuestión. El suceso anterior deja al descubierto los soportes en los que se apoya esta chica tras el shock sufrido por la inesperada orfandad sobrevenida: En primer lugar, los  familiares: la Casa donde vive con su padre, peligrosamente atraído por la ludopatía y el alcohol; su tío, visto siempre como un ser solitario y "raro"; la abuela, tradicional, distante y autoritaria. Luego estaría el Colegio en el que la adolescente centra su vida y la soporta entre otras cosas merced a la atracción que siente por ciertas materias y por una profesora a la que nunca alcanzará pero que le sirve como primer oráculo revelador de su identidad. Por ultimo, la escritura, que le ha acompañado desde su primera niñez como resultado de una portentosa imaginación que en su adolescencia va 'in crescendo' gracias a las muchas lecturas que compondrán su solitaria existencia.

De los soportes citados anteriormente el primero, el de la Casa familiar, como es ley de vida,  se agostará con cierta rapidez. Afortunadamente su entrada en la Universidad, le confirmará lo anticipado por ese primer oráculo de su adolescencia, aunque, la zozobra propia de quien aún no pisa la seguridad de la tierra firme y navega por ese mar con temor, unida al apoyo que recibe de un segundo núcleo familiar, el de sus tios y primos, más abierto y consentidor que el primero, hará que su periplo vital prosiga con cierta normalidad. Una normalidad propia de la juventud que se nutre de encuentros personales muy intensos, de fines de semana en locales de ambiente entre alcohol y sustancias buscando encuentros ocasionales que den salida a la carga hormonal de la edad, pasando por viajes (París, sobre todo París) a ciudades del extranjero donde irá creciendo esta joven que no consigue dejar -yo creo que en el fondo tampoco lo desea- totalmente atrás el duelo, la pena, esa sensación de pérdida inconsolable que la acompaña desde sus trece años y que no cede a pesar del haber pasado ya 8, 10, 12...

Luego ya vendrá un aparente periodo de estabilidad simbolizado en la entrada en el mundo laboral de las editoriales, un trabajo bueno e interesante en el que progresa rapidamentre pero que sin embargo a ella íntimamente no le satisface del todo porque percibe que todo él está anegado de hipocresía, de falta de preparación intelectual, de una estúpida y estéril satisfacción de los compañeros, etc.

Poco a poco tras muchos vaivenes personales, -aunque guiada por la fuerte y clara luz que es la literatura, en sus vertientes de lectora y escritora, sólo dejada a un lado en los momentos personales más convulsos por los que pase-, llegará hasta ella la tranquilidad, la aceptación de sí misma, el reconocimiento y asentamiento en su Itaca personal, la superación del período de sombras merced a sus nuevos sólidos amarres emocionales... En definitiva, el sentimiento de la pertenencia a algo seguro, solido, que es de lo que trata esta novela.

Una novela escrita con clara voluntad de estilo, que bebe mucho mucho en William Faulkner a quien rinde prueba de reconocimiento en una de las citas marco de la obra con esa frase  tomada de "Mientras agonizo" [leer reseña aquí] en la que Benjy, el hijo autista y retrasado mental de los Compson -la familia que protagoniza la novela-, habla de su madre como de un pez ("mi madre no es un pez") que se le escapa a pesar de querer tenerlo bien asido. La manera faulkneriana de presentar los sucesos a través de monólogos interiores de los distintos personajes familiares en alternancia desordenada la utiliza Gema Nieto durante la primera parte del relato, reduciendo luego los interlocutores a uno solo -ella- a partir de la desaparición del núcleo familiar y la entrada del personaje en la edad adulta. También Góngora es citado al final del relato al entender quizás la novelista que su estilo puede que en algunos momentos caiga en un excesivo oscurantismo:
"Contra las incautas treguas se abrirá pasó irremediable tu derecho a guardar silencio y el gongorino: 'honra me causa hacerme oscuro a los ignorantes'". 
En mi opinión Gema peca de prevención al ponerse la venda antes de la herida. Es verdad que a veces la introspección, el fluir de conciencia, el abundantísimo monólogo interior, las metáforas con términos imaginarios tomados del mundo literario, algunas enumeraciones, etc. pueden requerir de cierta atención interpretativa, pero la poesía presente y subyacente en muchas de ellas, por no decir en casi todas, hacen -hablo de mí, naturalmente- al lector disfrutar en grado sumo con esta hermosa autoconfesión.

Conclusión
¿Mejor o peor que "El comensal" o que otras obras que tratan del duelo, de la pena, del sentimiento de pérdida? No creo, Paula, que haya que establecer comparaciones entre unas y otras pues en definitiva estamos ante obras distintas en las que cada autor enfoca el relato a partir del hecho luctuoso en una u otra dirección. En el caso de Ybarra la muerte de la madre la lleva a evocar la de su abuelo y a resituarse ella misma dentro de la sociedad vasca de Neguri a la que pertenece por origen familiar; en este de Nieto, la muerte de la madre y más tarde de otros miembros del núcleo familiar, la lleva a reencontrarse personalmente, y percibir que sólo el Amor es capaz de superar el dolor de las pérdidas. En la página de las dedicatorias lo explicita claramente cuando dice textualmente: "A la que fue mi familia hace más de veinte años. A quien es mi familia hoy: Sofía".