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2 nov 2021

Manuel Vilas. Los besos. Novela

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«Y me di cuenta de que da igual, de que el envejecimiento es la edad de las igualaciones. Si te mienten, es hermoso. Si te dicen la verdad, también es hermoso. Porque los besos sí fueron reales, y eso es la certeza, la única certeza del mundo.»

Supe de Manuel Vilas, como tanta otra gente, a raíz del Premio Nacional de Novela que en 2018 se le concedió por su magnífica "Ordesa". Fue leer esa novela y quedar atrapado en las redes de su peculiar prosa. De "Ordesa" salté a la poesía contenida en su poemario "Amor" y luego ya en 2019 leí su breve pero sustancioso "Nueva teoría de la urbanidad", librito que pese a nacer como regalo por parte del autor a una editorial esconde en su interior la filosofía existencial y nihilista propia del escritor envuelta en la ironía, la guasa, la broma, la agudeza...; en definitiva en ese estilo burlón, chocarrero muchas veces, tan característico en él [de los tres títulos citados tengo reseñas hechas en este blog que se pueden leer haciendo clic en cada uno de los títulos]. De manera que cuando en la muy reciente Feria del Libro de Madrid vi "Los besos" en la mayoría de las casetas y luego leí no pocas reseñas positivas sobre el mismo en los muy fiables blogs literarios que frecuento supe que habría de leerlo. Y eso es lo que acabo de hacer.

Los besos, novela de Manuel Vilas. Literatura de la COVID-19
Sinopsis
. De la novela dice la propia editorial en la contraportada del libro lo siguiente:
Marzo, 2020. Un profesor abandona Madrid por prescripción médica, va hasta una cabaña en la sierra y conoce a una mujer apasionada quince años menor. Él se llama Salvador; ella, Montserrat, y entre los dos crece una confianza plena e inesperada, llena de revelaciones.
Sus encuentros son un gran baño de luz. Salvador se ilusiona y le cambia el nombre, la llama Altisidora, como un personaje del Quijote. Ambos se enamoran y construyen una relación madura, con las prevenciones propias de sus cuerpos y recuerdos: el pasado reaparece constantemente.
Los besos es una novela de amor romántico e idealizado, pero también de piel y amor carnal, de cómo en mitad de una crisis universal dos seres humanos intentan regresar a la patria biológica y atávica del erotismo, ese lugar misterioso donde hombres y mujeres encuentran el sentido más profundo de la vida.

Mi comentario
Los besos es una novela que va in crescendo. Comienza un poco en un tono menor, lento o moderato, para con el paso de sus páginas ir ascendiendo ascendiendo hasta llegar a un tutta orchestra magnífico, espléndido, sonoro, tremendo, humano, necesario, comprensivo, total. Un a tutta orchestra que queda suspendido en el aire, en la nada, tras la experiencia vivida por Montserrat/Altisidora y Salvador, los protagonistas de estos besos a través de los cuales se elevan hasta otra dimensión vital logrando así escapar de la vulgaridad del momento.

Salvador es un profesor de instituto a quien han prejubilado anticipadamente dados los problemas de memoria que últimamente está sufriendo. El sindicato de la enseñanza al que pertenece le ha concedido la estancia durante un tiempo en una cabaña de la sierra de Madrid a donde se desplaza para así huir de la ciudad cuando el confinamiento decretado por el gobierno por culpa de la COVID-19 está a punto de hacerse realidad. Allí, en Sotopeña, nombre ficticio de esta población serrana, Salvador queda prendado nada más verla de Montserrat, una mujer quince años menor que él que trabaja en un supermercado de la localidad a donde él se acerca a por provisiones. Es un flechazo, un amor a primera vista, que lo dejará tocado y que, afortunadamente para él, será recíproco pues Montse se ocupará de llevarle viandas dado que en la cabaña que habita apenas si Salvador tiene algo. 

Salvador es un hombre que necesita pocas cosas. A Sotopeña acude con poco equipaje, dos ediciones de El Quijote y una Biblia. Allí, en Sotopeña, a sus 58 años Salvador encontrará el amor en Montserrat a la que con cervantino ingenio llamará Altisidora. Esta analogía Quijote / Salvador y Montserrat-Altisidora / Aldonza-Dulcinea le servirá para desarrollar la trama. Al tiempo, la línea cronológica de 2020 en que sucede el enamoramiento narrado se cruza en un claro desplazamiento al pasado con la de 1981 cuando el narrador era estudiante en Madrid y vivía en una residencia de nombre Academia donde hizo fuerte amistad con Rafael Puig, amigo con quien hablaba de todo lo humano y lo divino en un ámbito de confianza y sana amistad como nunca jamás volvería a tener. El personaje de Rafael le pone en contacto, comunicación o revelación, con el lado misterioso de la existencia. Rafael es un chico que anticipa el futuro, que sabe con antelación lo que va a suceder e incluso que logra comunicarse con los ya fallecidos. Esta dimensión mágica, inexplicable racionalmente, se denomina en el relato por parte del narrador, que no es otro que el mismísimo Salvador, como Oscuridad

El amor que surge de manera inopinada en esta pareja de seres ya maduros es una auténtica revelación para ambos, en especial para Salvador, un hombre soltero que se veía ya abocado a no vivir una pasión semejante. Salvador a lo largo del relato no quiere caer en el estereotipo masculino, no quiere tener la obligación de dar él el primer paso, no desea hacerlo porque tiene miedo al rechazo, al fracaso, quizás porque se sabe mayor. Montserrat es una mujer con arrestos, decidida; además de cajera en el supermercado donde trabaja es madre de Marc, un niño de ocho o nueve años que vive en Alemania con su padre del que ella está separada. Para Montserrat Marc es lo primero y eso Salvador lo sabe.

En la vorágine existencial y el aislamiento provocados por la decisión gubernamental del confinamiento obligatorio ambos, Salvador y Montserrat, hallan en su relación un salvavidas, una isla donde refugiarse de la sinrazón de la misteriosa pandemia surgida de la propia Oscuridad y de las decisiones de los políticos que bombardean las mentes de los ciudadanos con verborrea incesante y hueca: 
  • «Pongo la televisión y sale el presidente del Gobierno de España, o sea, Narciso, y en su cara brilla el virus de la entropía, pues tarde o temprano perderá unas elecciones y vendrá otro que abominará de él
  • «Narciso está en la tele de nuevo. Yo creo que le gusta. Mueve las manos en señal de una nueva liturgia en donde se comprometen la solidaridad, la eficacia gubernamental, la invocación igualitaria a todos y todas»[...]
  • «A nuestro Narciso le da igual el virus porque también está enamorado, pero de sí mismo. Los enamorados no vemos el virus. Yo estoy enamorado de Altisidora. Narciso lo está de sí mismo
  • «El Narciso de España se acerca a la psicopatía, al cinismo y al sadismo, el de Estados Unidos también.»
Frente a la vulgaridad de la vida cotidiana presente en esas comparecencias televisivas Salvador busca la belleza como único asidero vital. Lo encuentra en el amor a Montserrat a quien convierte en Altisidora, personaje cervantino de "El Quijote" obra que está releyendo y que frente a la Biblia, el otro libro que se ha llevado a la cabaña de la sierra es su auténtica guía vital. Antes que el Dios revelador bíblico, él prefiere el dios revelador humano, Cervantes, con sus contradicciones, sus errores sintácticos a veces y de contenido otras cuantas más. Salvador es un romántico, un idealista, que encuentra el amor en su madurez, que quiere que perdure pero no exclusivamente en un nivel genital o meramente sexual; por eso espiritualiza a Montserrat, la cajera del supermercado y como hiciera don Quijote con Aldonza Lorenzo transformándola en Dulcinea del Toboso, él transmuta a Montse, con el permiso de ella por supuesto, en Altisidora. Y Montserrat se entusiasma ante esta prueba de amor por encima de la mera cópula. Sentirse amado/a y deseado/a es casi más importante que el propio ejercicio de la sexualidad. 

Reflexión, humor, sexo, vejez, amor en Manuel Vilas

"La literatura es la habilidad de un escritor para ponerse en el punto
 de vista de alguien a quien a lo mejor no le cae bien
" // Foto:Clara Rodríguez

Hay en Los besos un claro homenaje al amor romántico; a Cervantes, que puso a recorrer el mundo a don Quijote, un idealista enamorado de un imposible; al amor en la madurez e incluso en la vejez; al ejercicio de la sexualidad en esa edad... En definitiva hay en esta novela una evidente reivindicación de la vida, aunque sin olvidar que es finita y que la entropía -concepto que como el de Oscuridad llena la novela- o sea la incertidumbre, el desorden consustancial a ella, está ahí elevándose por encima de los dioses actuales -en especial de la Ciencia- tal y como la COVID-19 ha venido a demostrar. En un mundo y una sociedad que vive de espaldas a la muerte como si la misma no existiese o ya estuviese vencida dice Manuel Vilas en una magnífica entrevista concedida al diario Voz Pópuli lo siguiente: «Nosotros, los escritores, lo que hacemos muchas veces a través de las novelas o de los ensayos es recordar que la muerte está ahí y tratar de contarla, describirla, precisarla… para que el lector lo recuerde. Hacemos como de recordatorio de los grandes temas de la vida que a veces la sociedad elimina de las pantallas porque son incómodos

Es curioso, pero nada extraño, que en esta respuesta al periodista Carlos H. Vázquez, Vilas convierta casi en términos equivalentes novela y ensayo; y es que mucho de reflexión, de especulación, de introspección, de pensamiento, hay en Los besos. Son pensamientos exclusivos unas veces de Salvador y otras, nacidos a través del diálogo con Montserrat. Salvador está constantemente sometiendo todo a análisis, incluso los elementos más insignificantes o que así pudieran parecerlo. En su proceso introspectivo salta de unos asuntos a otros de manera que a veces da la sensación de perderse en futilidades («Es una bombilla de 75 vatios. Fue una revolución esa bombilla, porque las de 60 vatios eran un tanto débiles y las de 100 eran excesivas. De modo que la de 75 fue un éxito que sí supuso un paso adelante de la humanidad.») aunque siempre hay algo importante en ello, en este caso el paso del tiempo. Esta manera de pensar, de considerar el mundo en derredor, de ver a Montserrat como Altisidora, de no comportarse como quizás se entendería debería actuar un hombre, lleva a Montse a tildarlo de loco, pero de loco maravilloso («Montserrat/Altisidora se ríe, se emociona también, y me dice: Claro que sí, es un nombre hermoso. Bien, ya soy Altisidora. Estás completamente loco, pero mientras no seas el Anthony Perkins de Psicosis me conformo. Porque no estás loco, ¿no?»). 

Lo anterior es muestra de la radical diferencia que existe en esta pareja de solitarios que han encontrado en los besos, manifestación y preludio del amor, un refugio a su soledad. Montserrat sólo es Altisidora en los brazos de Salvador, pues en el resto es una mujer que tiene bien asentados los pies en el suelo. Eso lo intuye o mejor lo sabe Salvador, casi desde el inicio de la relación. Sabe que por encima de todo para Montse está Marc, su hijo; y lo sabe aunque ella jamás lo diga de manera directa:
«cosa que no haré jamás [formularle a Montserrat la pregunta de si sería capaz de dar como prueba de amor su vida por él], porque sé la respuesta, la sé porque su hijo Marc es más importante que yo, y eso también es una obra maestra de la vida, el hecho de que ella esté más enamorada de su hijo que de cualquier hombre que haya existido, exista o existirá. Los misterios son todos profundamente hermosos.»
En la novela la dualidad hombre-mujer es evidente y se muestra sin tapujos porque no es lo mismo ser hombre que ser mujer. Quizás aquí, en el fondo anide el tono burlón e irónico de Vilas que disiente del pensamiento dictado por la superioridad respecto a cuestiones de género. En la invocación televisiva de Narciso a «todos y a todas» ya se percibe el sarcasmo; aunque no hay sarcasmo alguno en la distancia que separa la consideración suya y la de ella sobre lo que están viviendo durante los meses de 2020 que van de marzo a agosto:
«Ahora comprendo que ella en realidad, en el fondo, no pensaba como yo. Ella buscaba un amor en el tiempo, y yo una belleza atemporal. Ella buscaba un ser humano y yo un arquetipo. Ella buscaba el sol y yo una estrella más pequeña.».
En definitiva, Salvador es un romántico y ella una mujer realista que vive el día a día. Quizás de ahí derive la distinta actitud ante el sexo de uno y otra, la erotización y la destrucción del ideal amoroso por cualquier futilidad. 

El estilo es el propio de Manuel Vilas, un estilo reflexivo, introspectivo a veces, dialogado en otras aunque siempre de esa manera indirecta que los narradores fronteros con el ensayo suelen utilizar. El escritor de Barbastro construye una novela interesante que no deja indiferente, que habla de muchas cosas, en especial del Amor, del Tiempo, de la Muerte, del Olvido, del misterio de la vida (la Oscuridad en el relato), del Hombre y la Mujer, del Erotismo, de la Vejez, de la maternidad, etc., etc. Todo muy bien engarzado, sin forzar nada, con una naturalidad que enamora al lector de la literatura del de Barbastro.

Y enamora además porque la novela rezuma poesía, musicalidad, filosofía, trascendencia..., cultura de todo tipo. Como es habitual en el autor la música ocupa un lugar importante en la narración desde la clásica («Lascia Ch’io Pianga» de Haendel) pasando por los clásicos del jazz (John Coltrane, Nina Simone o Amy Winehouse) hasta compositores actuales de música romántica como Franco Battiato.  Vilas y el narrador en primera persona de la novela aman el Cine y eso se percibe en la utilización que hacen de él (con Psicosis de Hitchcock o con Deseando amar de Wong Kar-Wai, por ejemplo) como referente explicativo de su situación:
[Altisidora] «Es el agua frente a la piedra. El agua, como en aquella película que vi una vez, aquella que se titulaba 'Deseando amar', en donde al final de la historia nacía una pequeña planta en medio de las piedras.»  
Para finalizar sólo me quedaría aludir a lo que ya he manifestado al inicio de esta reseña y que es seña de identidad de su manera de hacer literatura. Manuel Vilas posee un estilo nihilista sí, pero que no cae en el desaliento; es consciente de que el capitalismo nos rodea por todos lados y que la ancianidad en la que a sus 58 años -casual o irónicamente la misma edad de Salvador en la novela- está a punto de ingresar no se desarrolla al margen del mismo.
  • «Somos sociedades llenas de ancianos, en España los ancianos son millones. Lo llaman envejecimiento de la población, que es un eufemismo.
  • «La invención de la ancianidad es la esencia de Europa. La tercera edad es un invento del capitalismo social. A veces pienso que el capitalismo tiene sentido del humor.»
Sólo una mirada irónica sobre la vida permite sobrellevar la inmensa contradicción que es la misma. A esto añade Vilas a través de Salvador la incesante búsqueda de la belleza. A la edad en que éste se encuentra sólo la belleza puede ser acicate para perseverar en la vida. En eso Salvador, a las puertas de la ancianidad, difiere de Montserrat quien con 43 años y un hijo aún es joven y vive con avidez el presente temporal y no la belleza atemporal que busca Salvador.
  • «Nos hacen vivir sin belleza, y lloramos en los callejones. Sin belleza, y bien alimentados, con buenos surtidos de antibióticos, con muchos médicos, con muchas escuelas públicas, pero sin belleza, sin un gramo de belleza en ninguna parte.»
  • «Ya sé por qué los ancianos perseveran en la vida. Es por la belleza. Porque el mundo es bello en sí mismo. En la ancianidad se descubre eso. Ya no hay ruido. Ya no está pasando nada. Solo pasan las horas, una detrás de otra.»
  • «"Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío, alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina", escribió el poeta español Luis Cernuda, y esa es la única libertad que cuenta
  • «una cosa maravillosa te regala la madurez es la desactivación de toda vanidad y la activación de la belleza del adiós, sea de la naturaleza que sea ese adiós y tenga la causa que tenga.»
Sólo una sola cosa más para definitivamente finalizar. La novela que ha comenzado con una sorpresa aunque suficientemente intuida por todos, el decreto del Confinamiento obligatorio durante tres meses de toda la población española, se cierra con otra sorpresa igualmente intuida o sospechada por todos, el autoexilio voluntario del Rey Juan Carlos I. Desde luego no ganamos para sorpresas, aunque como digo sean sorpresas de baja intensidad dado que estaban ya en la cabeza de todos. 


Si hay algo que me interesa especialmente en esta ocasión es conocer la opinión de aquellos que hayáis leído Los besos de Manuel Vilas. ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de ella? ¿Os parece una obra distinta a otras del novelista o quizás os parece más de lo mismo? No sé, creo que es una novela que despierta preguntas en quien la lee; una novela, desde luego, apropiada para una tertulia literaria; una novela que, aunque trata de la intimidad de la pareja, estimula la discusión social sobre la misma. Una novela, en definitiva y de cualquier manera, interesante sin duda alguna.

7 jun 2015

Lope de Vega, Ibsen, Fernando Arrabal: 1, 2 y 3

4 comentarios:
Podría decir sin riesgo de parecer exagerado que durante las últimas semanas he tenido oportunidad de hacer un paseo por la historia teatral que me ha dejado francamente satisfecho.

Comencé por un descubrimiento en el Teatro Español de Madrid donde hasta el 24 de mayo pasado (¡seguro que esta obra la pasarán por el resto de España!) se representó en riguroso estreno una comedia de Lope de Vega. Sí, digo bien, 'en riguroso estreno', pues jamás, durante los últimos 400 años al menos, se había representado -si es que lo fue alguna vez- "Mujeres y Criados". El texto de la obra en cuestión fue encontrado entre las muchas resmas de papeles que se apilan en los sótanos de la Biblioteca Nacional de España en las que los investigadores (¡magníficas ratas de Biblioteca!) pasan sus días. El descubrimiento fue obra de Alejandro García Reidy, un investigador español de la Universidad de Syracuse (EEUU).

Lope de Vega tenía tal capacidad creativa (Fénix de los Ingenios, Monstruo de la Naturaleza y otros apelativos semejantes mereció por ello) que es muy difícil precisar el número exacto de sus obras. Hay quien habla de 700, otros de 1000 e incluso algunos elevan la cifra hasta las 1400 o las 1800. La cifra correcta nos da lo mismo, pero ser tan alta explica que aún hoy puedan seguir haciéndose descubrimientos como el que comentamos aquí. Lope ideó un sistema, una estructura, que le funcionaba a las mil maravillas, y sobre la que haciendo pequeños cambios o mutaciones (los nombres y grado de parentesco entre los personajes, la ubicación de la acción, el tiempo en que ésta sucedía...) pero manteniendo unos ejes inmutables (Dios, Patria, Rey, Honor y Honra), le servía para crear un sinfin de títulos de lo que se dio en llamar la Comedia Nacional que el propio Lope creó. El público acudía por cientos a los Corrales de Comedias si el autor era él y sobre todo si la obra era de las llamadas 'Comedias de Capa y Espada', también denominadas de 'Enredo', en especial si, como ocurre en ésta, el componente cómico era importante

Biblioteca Nacional, Comedia Nacional
Volumen donde se encuentra el texto de esta comedia 
La obra "Mujeres y Criados", un título menor dentro de la Obra lopesca no sorprende ciertamente por nada. Estamos ante el arquetipo de un padre, Florencio, que debe cuidar, o sea bien casar, a sus dos hijas. Sucede que si bien al padre le parece ventajoso un tipo de casamiento (el del Conde Próspero y un rico señor, D. Pedro, un auténtico petimetre, con Violante y Luciana respectivamente) a ellas, las hijas, no les hace ninguna gracia el mismo pues aman a otros hombres de inferior linaje (Teodoro, secretario del mismo Conde, y Claridán). El Conde intenta alejar a Teodoro de la cercanía se su pretendida, pero Luciana lo esconderá en la casa bajo el nombre de Pedro con lo que la confusión entre personajes al referirse a dos con el mismo nombre está servida. Esta situación de enredo continuo concluirá cuando la situación llegue a su límite y la inmediatez de una boda lleve a los personajes implicados a desvelar la realidad de todo.

Como es habitual en Lope de Vega, hay una acción paralela desarrollada por los criados, Lope e Inés, entre los que también existe el amor y que en la obra son los colaboradores necesarios del enredo urdido por sus amas. De ahí que en la obra en un momento dado se diga que  «mujeres y criados pueden revolver a España», algo que en la obra desde luego consiguen.

Lo mejor: Una obra divertida, bien representada por un plantel de conocidos actores (ver el reparto aquí).
Lo peor: El personaje de Riselo, representado por el actor Emilio Buale, pone una nota de color en el programa de mano que bien puede  conducir a confusión al ver a dos hermosas mujeres poco arropadas abrazadas por un musculoso y joven hombre de color que aparece desnudo. ¡Uff! y ¿por qué tal foto? He visto la obra y sigo comprenderlo.
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Henrik Ibsen, Hedda Gabler
La segunda obra que he visto ha sido "Hedda Gabler" de Henrik Ibsen. Me quedé con muchas ganas de verla la temporada pasada y, afortunadamente, el Centro Dramático Nacional (¡algo bueno tiene que tener estar en crisis!) la ha repuesto este curso. Igual que la de Arrabal aún está en cartel pudiéndose ver hasta el próximo 14 de junio.

"Hedda Gabler" es una obra difícil que el autor noruego escribió en 1890, estrenada en Alemania (München) en 1891. A España llegó en 1901 y es de suponer la estupefacción que debió dejar en los espectadores, pues Hedda es una mujer rica, caprichosa, que acaba de casarse con un intelectual afamado al que han prometido una cátedra en la Universidad. La pareja acaba de volver de su viaje de luna de miel y están en la costosa casa que Jorge Tesman ha adquirido para satisfacer los gustos extravagantes de su bella esposa. Ésta intuye ya el hastío de vida que le espera al recibir la visita de la tía de su marido, una vida a la que ella parece no quiere pertenecer.
Tras la visita de la tía Julia, aparece por la casa el juez Brack quien se insinúa a Hedda en un momento que quedan solos y pone en antecedentes a ambos de todo, en especial del éxito cosechado por el colega de Tesman, Eilert Lovborg, que ha publicado un libro exitoso pero que -dice- tiene otro aún manuscrito al que se augura un mayor éxito. Tanto que es probable que la universidad lo contrate para la plaza que Tesman creía suya si es que Lovborg se postulase para la misma. Antes de esta visita del juez a casa de los Tesman pasó por ella Thea, compañera de instituto de Hedda que acaba de abandonar a su marido por el ex-alcohólico Lovborg con quien ha trabajado de secretaria en el libro que aún no se ha publicado.
Finalmente aparece por casa Lovborg que estuvo enamorado de Hedda en su juventud. El juez le dice que les acompañe a él y a Jorge Tesman a celebrar el regreso de éste. Lovborg dada su condición de ex-alcohólico se disculpa amablemente, pero Hedda le impulsa a acompañarles.

Bueno, la historia lógicamente continúa pero no quisiera desvelarla del todo pues el teatro de Ibsen es un teatro de texto, un teatro narrativo en el que se desarrolla una historia y no quisiera destrozársela a quien quisiera verla o leerla.

"Hedda Gabler" es una pieza teatral que pertenece de lleno a la etapa simbolista de su autor. La mujer, que representa con mucha credibilidad la actriz Cayetana Guillén Cuervo, está a disgusto con su vida, cae en el aburrimiento más atroz ("A veces creo que sólo sirvo para una cosa en este mundo [...] para aburrirme mortalmente"); pertenece a una clase social a la que nada le motiva, a la que todo le aburre: su matrimonio, la ilusión por progresar del marido, los problemas económicos y el amor sin barreras que le profesa la tía Julia a su sobrino Jorge, el amor de Thea por Eliert, ..., todo, todo  le aburre mortalmente. Lo malo es que sus salidas del aburrimiento desatan una cadena de horrores en los demás que para qué contar.

Final
 Un texto fantástico de Henrik Ibsen, renovador del teatro universal cuyas obras, en especial "Un enemigo del pueblo" (1882) y "Casa de muñecas" (1879) son hitos fundamentales de la cultura a la que pertenecemos. Tanto en "Casa de muñecas" como en "Hedda Gabler" aparece una nueva manera de estar la mujer en el mundo y eso que aún no había finalizado el siglo XIX.

Lo mejor: Sin lugar a dudas la puesta en escena que ha ideado el director Eduardo Vasco, con esa música al piano interpretada en directo por el músico Jorge Bedoya, esa iluminación tenue y ese decorado minimalista que, juntos, dan a la obra la atmósfera existencialista que, en mi opinión, la obra requiere. Un acierto pleno.

Lo peor: He dicho antes que Cayetana Guillén Cuervo, al igual que el resto del elenco de actores (ver reparto completo aqui), está estupenda. Sí, lo está. Pero a mí me sucede con ella lo que ya me pasara con la gran Nuria Espert, que me da la impresión de que casi siempre utiliza el mismo registro, cualquiera que sea la obra que represente, y esto pues no me agrada mucho. Pero por lo demás -y como se ve esto es una tontería- no hay nada malo en esta representación.
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Pingüinas, Fernando Arrabal
Las tres 'pingüinas' conductoras del espectáculo
Y por último llegamos a "Pingüinas" de Fernando Arrabal que se representa en las Naves del Matadero de Madrid hasta el próximo 14 de junio. Antes de proseguir creo que hay que recordar, y poner en valor, la edad del autor: 83 años en agosto. ¡¡83 años!!

El autor
Dicho lo anterior, podemos hacer un brevísimo repaso de su biografía artística: autor vanguardista ya en España en donde estuvo hasta el año 1954 y en donde antes de marchar a París había escrito obras próximas al surrealismo como "Pic Nic" y "El triciclo"; también aquí en estos años anteriores a su voluntario exilio parisino frecuentaría a los poetas postistas.
Como ya he dicho, en 1954 marcha  a París, en auto stop, para asistir a la representación de la obra "Madre Coraje y sus hijos" de Bertolt Brecht. Volverá a España donde conocerá a su mujer también francesa; pero en 1955 abandonarán nuestro país al haber conseguido una beca de estudios de tres meses en Francia donde cayó enfermo de tuberculosis. A partir de este momento su vida será la de una francés, país donde ha recibido reconocimientos de todo tipo. Allí intimará con comunistas españoles, surrealistas franceses y especialmente con el pintor y actor de origen polaco Roland Topor y el director de cine chileno Alejandro Jodorowsky con quienes creará en 1962 el movimiento "Pánico". Este movimiento, en palabras del propio Arrabal, se define así, definición que no debemos olvidar en ningún momento durante el transcurso del espectáculo:
«El pánico es la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando, es la explosión de 'pan' (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la 'seriedad', es el canto a la falta de ambigüedad... Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio... Y todo lo contrario»
La obra
Un homenaje al creador de "El Quijote"
Imagino que puede sorprender el epígrafe anterior, porque a primera vista ¿qué tiene que ver un homenaje a Cervantes con una obra como "Pingüinas"? Pues, todo.
Arrabal escribe esta obra respondiendo a una invitación que le hace el director artístico del teatro Español de Madrid, Juan Carlos Pérez de la Fuente, sobre hacer algo a propósito del 400 aniversario de la publicación de la Segunda parte de "El Quijote" que antecedió sólo un año a la muerte del novelista.

Arrabal toma nota de los aniversarios e intenta dar una visión lo más completa del clásico de 1615 y su autor vistos desde hoy mismo, año 2015. El autor echa mano de los siguientes mimbres cervantinos:
  • locos (el mismo Quijote, Cipión y Berganza, el licenciado Vidriera...); 
  • caballos (Clavileño,  Rocinante, el rucio...); 
  • caballeros (Álvaro Tarfe, el de la Blanca Luna, el del Verde Gabán...); 
  • autores (Alonso Fernández de Avellaneda vs Miguel de Cervantes)
  • el terruño (La Mancha de Cervantes y el pueblo de Tordesillas de Avellaneda); 
  • encantadores (Merlín, sabio Micomicón...); 
  • mujeres cervantinas de ficción (Maritornes, Marcela, La ilustre fregona, La gitanilla, la sobrina...); 
  • mujeres de la biografía cervantina (su mujer, su hermana monja, la madre...); 
  • el manco de Lepanto
  • el encierro en Argel cuando Cervantes contaba 33 años
  • el rescate de la cautividad gracias a los trinitarios; 
  • el hablar elegante vs el habla popular (los refranes de Sancho); 
  • el gobierno prometido a Sancho (Ínsula Barataria); 
  • etc., etc.
Y a estos mimbres cervantinos les busca paralelismo analógico en nuestros días. Búsqueda que se sustancia en algo así como lo siguiente:
  • locos (todos)
  • caballos (motos)
  • caballeros (las "pingüinas" que cabalgan estas motos: 
La abuela Torreblanca, la hermana monja Luisa, la sobrina carnal Constanza, la madre Leonor, la tía paterna María, la hermana mayor Andrea, la hermana menor Magdalena, la prima paterna Martina, la esposa Catalina y “la hija natural” Isabel
  • autores (Avellanada [sic] y Miho)
  • el terruño (Castilla - La Mancha, España)
  • encantadores (Tontonelo)
  • mujeres de ficción (las cervantas o quijotas, o sea, las "pingüinas")
  • mujeres de la biografía cervantina (las cervantas quijotas, o sea, las "pingüinas")
  • el manco de Lepanto (Miho)
  • el encierro en Argel cuando Cervantes contaba 33 años y su posterior 'resurrección' 
  • el rescate de la cautividad gracias a los trinitarios y el paso a la inmortalidad  
  • el hablar elegante vs el habla popular (el habla de Luisa la monja vs el de “la hija natural” Isabel ); 
  • el gobierno prometido a Sancho (Tontonelia); 
  • etc., etc.
Y estos pares pasado-actualidad Arrabal los sazona con lo habitual en él desde sus tiempos de rompedora vanguardia parisina: directa arremetida contra la religión y exaltación de la libertad manifestada en la sexualidad libre, confusa y caótica de estas "pingüinas". 

Canto a la libertad
La obra creada por Arrabal para festejar a Cervantes es ante todo una fiesta teatral con todos los ingredientes del 'happening'. Comienza a los sones de un potente rock-and-roll que el público puesto en pie baila y acompaña con palmas siguiendo las indicaciones de las 10 moteras que van a iniciar el espectáculo. Tras este rompedor inicio de función, ésta transcurre con constantes alusiones a la libertad. Se parte de la libertad creadora de Cervantes, -Miho en la representación que todas las mujeres se atribuyen pues por activa o por pasiva todas ellas son 'madres' del manchego universal-, pero se trasciende la misma quedando impresa ésta en el propio espectáculo que Arrabal nos muestra, en el que todo es libertad absoluta que lleva a veces a la confusión, si bien una confusión regida por un matemático azar. Y, como no podía ser de otro modo, el autor mirobrigense (Fernando Arrabal nació en Ciudad Rodrigo el año 1932) concretiza esta libertad en la sexualidad desatada que como impulso ciego e incontrolable recorre los cuerpos de estas mujeres que cual derviches giróvagas danzan y danzan en busca del éxtasis que alcanzan dentro de la confusión y la ambigüedad.

Cervantes, redentor
Fernando Arrabal compone una obra de lo más innovador que hoy puede verse en España. En ella el homenaje a Cervantes se sustancia en la equiparación con Jesucristo que de él se hace. Como Cristo sufrirá persecución a los 33 años y también como él, aunque con edad distinta -pues el tema de la edad cuando entramos en la inmortalidad es asunto menor-, pervive más allá de su tiempo concreto redimiéndonos de las penurias de la vida a través de la lectura de sus textos.

El papel de Cervantes (Miho) es mudo como el del mismo Dios-Cristo a quien nos encomendamos pero del que nunca recibimos respuesta hablada pues siempre se nos remite a los textos inspirados directamente por él. Y como el mismo Dios sobrevuela nuestras vidas mostrándose poco y desapareciendo las más de las veces de nuestra vista.

La puesta en escena de Juan Carlos Pérez de la Fuente
A la salida del teatro, tras la inmensa confusión azarosa a la que habíamos asistido algunos espectadores comentaban con buen criterio que la obra arrabalesca habría sido 'infumable' sin la maravillosa puesta en escena que realiza Juan Carlos Pérez de la Fuente.
Consiste ésta en una especie de hongo central -los restos de una aeronave espacial destrozada tras su caída en nuestra tierra- sobre el que se proyectan textos textos, juegos de luces y en torno al que las "pingüinas" giran y giran cual derviches en busca de algo que nunca alcanzan. Una estructura circular metálica actúa a modo de copete o sombrero de este gran hongo como protegiendo todo lo que bajo él acontece. Su auténtico sentido no se alcanza hasta el final del espectáculo; entonces muchos cabos sueltos de la obra se nos anudan a la perección en nuestra mente.

derviches, cervantas, pingüinas
pinguinas©AntonioCastro_2015_060
A la puesta en escena corresponde la manera un tanto gritona como las actrices se dirigen unas a otras durante casi toda la obra. Este griterío desaparece cuando la hermana monja Luisa de Belén se encuentra con Miho redivivo que está entre cadenas cautivo y que tras este breve encuentro ascenderá a los cielos de la inmortalidad. Un momento de los más bellos del espectáculo.

Otro momento logradísimo de la puesta en escena es el de las moteras convertidas en mujeres que, cual dervichas giróvagas, giran y giran dentro de sus preciosos vestidos buscando a buen seguro el éxtasis que las saque de su penosa condición.

Los actores
Once personas, diez mujeres y un hombre, cubren la nómina del espectáculo: las diez moteras que como los moteros invernales se concentran en la ciudad de Tordesillas, de aquí el título de la obra, "Pingüinas"; y el hombre que representa el personaje de Miho ("¿quién como dios o incluso quién como pan?").
A este elenco, cuyos nombres se pueden ver aquí, habría que añadir el de unas cinco o seis gallinas de siete meses y un gallo de 1 año que encerrados en un carro-jaula como el que devolvió a don Quijote a su aldea, asisten impávidos al espectáculo que se desarrola ante sus ojos. Las gallinas son claramente una concesión surrealista del propio Arrabal cuyo sentido no alcanzamos a ver hasta que llega la escena final que cierra el espectáculo.

Final
Lo mejor.- Lo que más me ha gustado de este Arrabal-Pérez de la Fuente es el espectáculo que han creado. Un espectáculo total en el que el teatro trasciende con mucho el texto arrabaliano a través de una increíble puesta en escena. Es un teatro moderno puesto en pie nada más y nada menos que por un hombre irreverente, libre e inteligentísimo de 83 años.

Lo peor.- Quizás el abuso de gestos obscenos que en algunos momentos me parecieron fuera de lugar por reiterativos y como si se tratase de una 'obligación' de transgresión vanguardista que actores, director artístico y seguramente el mismo autor no se creerán del todo.