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2 feb 2025

La invención del amor. Novela de José Ovejero

18 comentarios:

«Nunca utilizo la palabra amor. Nunca leo novelas de amor. Durante un tiempo, cuando coqueteé con la idea de ser escritor, sin concretarla nunca por falta de fuerza de voluntad, imaginaba un libro de relatos que se titularía El amor es un cuento. Luego descubrí que ese título ya existía, que todo lo que uno pueda pensar sobre el amor ya está dicho, que es imposible contar una historia de amor, porque están todas contadas.»

Novela, La invención del amor, Premio de nOvela Alfaguara
Hasta hoy, salvo los poemas que hizo a 22 cuadros expuestos en el Museo del Prado contenidos en un libro titulado "Nueva guía del Museo del Prado" (tengo reseña hecha en este blog), nada había leído de José Ovejero (Madrid, 1958). Es, pues, La invención del amor, la primera novela que leo de este madrileño que ha cultivado todos los géneros y que ha trabajado como traductor del alemán, francés e inglés en conferencias; también ha traducido libros como las obras de teatro de Agota Kristof.

Con La invención del amor Ovejero ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013. Es una novela muy interesante que muestra el poder infinito que tiene la imaginación. Al concurso literario presentó esta narración con el título de 'Triángulo imperfecto' que, quizás, concretiza más la trama que se desarrolla en la obra. La novela tiene una importante parte de thriller, retazos de relato empresarial, muestra el nacimiento del amor a partir de una descomunal impostura y presenta a un personaje, la fallecida Clara, desde la perspectiva de una serie de seres con los que compartió su existencia: su hermana Carina, su amante Samuel Queipo, sus propios padres, y especialmente el protagonista cuyo nombre Samuel marca el origen de la invención en la que él se involucra un poco por diversión y un mucho por indolencia y apático juego. 

Samuel es un hombre de unos cuarenta años que está ya un poco de vuelta de todo. Tiene amigos a los que frecuenta. Precisamente, la novela se inicia con el final de un encuentro tenido con ellos hasta la madrugada en su casa. Es en esa hora incierta de la mañana del día siguiente, cuando el cerebro de Samuel se mueve en la incertidumbre del sueño pesado y el despertar provocado por el sonido del teléfono, que conoce a través de él que Clara ha muerto. Samuel es un hombre que tiene y ha tenido relación con muchas mujeres y piensa que quizás, aunque no la recuerda de nada, Clara haya sido una de ellas. Es por eso que decide asistir al funeral y posterior entierro donde será golpeado por Alejandro, el marido al que Clara engañaba; más tarde entrará en conversación con Carina, hermana de Clara, deseosa de conocer más de la fallecida tan diferente a ella.

Estos son los palos que comienzan a edificar la impostura que Samuel va haciendo crecer ante Carina. Hábilmente él le pide que le cuente cómo era Clara en la casa familiar, la relación entre las hermanas y con los padres. Carina accede. Así Samuel va sabiendo cosas de esta Clara que todos le atribuyen a él y de la que hasta esa temprana llamada nada sabía. A las preguntas de Carina él responde con generalidades que nada le comprometen. Será cuando conozca al verdadero amante de la fallecida en accidente de coche, de nombre Samuel Queipo, y converse con él cuando podrá ir introduciendo otros datos en las conversaciones con Carina a la que frecuenta con asiduidad. Surge entre ellos, con la disculpa de la fallecida Clara, una cierta atracción.

La impostura no sólo atañe a Samuel, también el comportamiento falso lo practican muchos -si no todos- de los otros personajes: En primer lugar está la propia Clara, casada con Alejandro y amante de Samuel Queipo a quien cuenta una vida que nada tiene que ver con la real; luego la propia Carina ante sus propios padres, pero también ante Samuel al que el lector no se sabe si sigue el juego o es totalmente desconocedora del mismo; e incluso hasta la madre de Samuel quien cuando su hijo le comunica la muerte de Clara se lamenta y lo consuela diciéndole que está segura de que Clara volverá. De los tres sólo la madre está disculpada pues parece que la senilidad ha colonizado ya su cabeza.

La novela de José Ovejero me ha recordado a algunas novelas de Juan José Millás y de Javier Marías. A Millás por ese pasar sin aviso de la considerada auténtica realidad a otra realidad más evanescente, más lábil y huidiza, pero realidad también. A Javier Marías por ese cúmulo de reflexiones y argumentaciones que el narrador en primera persona del relato, el propio Samuel, se hace a sí mismo construyéndose así de esta manera una justificación de la farsa en la que voluntariamente se ha metido y que está disfrutando sobre manera.

Es tal la inmersión de Samuel en esta patraña, impostura, falsedad o como quiera que queramos denominarla, que hasta las relaciones profesionales con  su socio José Manuel en la empresa de materiales de construcción que ambos tienen se deterioran o transforman precisamente por esto. Y es que Samuel parece vivir en otro mundo, dentro de una burbuja de mentiras que él mismo parece disfrutar según la misma va creciendo; la vida real, los problemas económicos de la empresa le resbalan, que haya unos clientes kosovares interesados en la misma no le quita el sueño, todo lo contrario que a José Manuel que no entiende el comportamiento de su socio. 

José Ovejero en La invención del amor al tiempo que presenta la llegada al amor por unos derroteros insospechados por poco frecuentados, está escribiendo una narración amorosa también muy poco frecuente. Estamos ante una investigación (técnica propia de los thrillers)  por parte de Samuel de quien fuera esta tal Clara; el conocimiento de ella lo va a tener a través de las comunicaciones que le hacen los demás (Alejandro, el marido; Carina, la hermana; Samuel Queipo, el amante) a las que finalmente añadirá la suya propia («Clara, según Samuel») quizás la más certera de todas ellas.  

De manera magistral según avanza la narración se va produciendo un tránsito sin barreras, o con poquitas trabas, entre la realidad y la invención, entre lo verdadero y lo impostado; ambas dimensiones comienzan a fusionarse. 
«Una mentira y todo cambia, se precipita, se disuelve. Una mentira y ya no puedes defenderte, decir: "No es posible, te juro que no es así". Porque ya te has creado un personaje y has convencido a los demás de que ese personaje eres tú; y ahora no puedes salir tú mismo a escena para mostrar quién eres. Ahí está, tu doble, el otro inventado que querías que diese la cara por ti.»
Esta duplicación y confusión entre la verdad y la mentira se marca en el propio texto, además de con la narración en estilo indirecto, con el acercamiento a una imaginada, pero posible, en estilo directo, que introduce colocándola entre paréntesis. Igualmente, en ocasiones, la narración cambia de la primera a la 2° persona para marcar el extrañamiento de uno mismo, el verse Samuel como desde fuera de su propia persona:
«Me toco el labio, que ahora empieza a dolerme, y la sangre que mancha mis dedos me parece irreal, perteneciente a otra persona, una imagen que has visto mil veces en el cine, siempre con otro protagonista, y de pronto estás tú allí, mirándote el índice y el corazón manchados de sangre.»

En la construcción del relato el perspectivismo, como se ve, es elemento fundamental. El narrador que es el propio Samuel cuenta lo que otros (Carina, Alejandro, Samuel Queipo...) le van contando. Estamos, pues, ante un texto de textos, una historia en la que diversos personajes cuentan la de otro personaje. A esto se le llama técnica de las cajas chinas o narrativa enmarcada. En La invención del amor es evidente la misma. El mismísimo narrador lo expone bien a las claras en una intervención metaliteraria que hace a propósito de lo que Carina le ha contado sobre su hermana Clara:
«Ahora, al transcribir todo esto, probablemente estoy prestando a sus frases una cadencia, un tono y una sintaxis que son los míos. La recuerdo y la recuerdo con mis palabras, porque cuando contamos lo que nos rodea lo hacemos siempre en nuestra lengua, después de filtrarlo con ojos, con entendimiento y emociones que queremos neutrales o los únicos posibles pero que no dejan nunca de ser los nuestros, distintos, limitados. Ella habla en frases más cortas que las mías, duda menos también; adopta a veces un tono sarcástico tan ajeno al mío que soy incapaz de reproducirlo.»
Lo anterior es revelador del proceso de escritura, algo sobre lo que el narrador -en cuanto figura, alter-ego de José Ovejero- con no poca dosis de humor reflexiona cuando dice: «Vuelvo a dormirme y no me despierto hasta bien entrada la mañana siguiente, creo que ya sin fiebre. Si no fuese un tópico tan horroroso, diría que la visita de Carina me ha parecido un sueño. Ya está: lo he dicho.»"

Autores multigénero, Madrid, Humor
 https://www.lamarea.com/author/jose-ovjero/

El autor es, lo he señalado al inicio de esta reseña, muy buen conocedor de los cuadros contenidos en la pinacoteca madrileña del Prado. Su saber lo muestra citando algunos títulos de pinturas y autores de las mismas («Perro semihundiudo, la sala de los bufones, el David de Caravaggio, los cuadros de Baldung Grien, el Cristo Yacente de Vallmitjana, Venus y Adonis.»)

Junto a las pinturas, Ovejero introduce en La invención del amor no pocas referencias a escritores y títulos de libros: Julio Cortázar, Philip Roth... Pero especialmente ha llamado mi atención la que hace a una novela totalmente desconocida por mí titulada "Brujas la muerta" (Bruges-la-Morte [en francés : La ciudad muerta de Brujas]), novela corta del belga Georges Rodenbach, publicada por primera vez en 1892. Es una novela simbolista de la que el mentiroso o fabulador Samuel ha extraído información para hablar a su hermana sobre el amor y su pérdida. Como se ve el texto de textos que es la novela de Ovejero se muestra aquí de otra manera: usando como verdades lo que son mentiras, ficciones literarias

La acción se sitúa en una zona concreta de Madrid, el entorno de la Glorieta de Embajadores y el tiempo es el actual. Hay referencias costumbristas madrileñistas que el escritor introduce con cierta reiteración humorística como la que alude al extendido hábito entre la población de origen chino de fumar mucho y escupir en el suelo. 

Novela entretenida, equilibrada, muy bien estructurada, que aborda una situación cotidiana -el enamoramiento- desde una novedosa posición: la simulación, la suplantación, la impostura. Y dado que la novela va de amor he indagado en la Red cómo le va al autor en este terreno. He encontrado que -y creo que sigue en esa situación- es pareja de la también escritora Edurne Portela, autora de la que en este mismo blog reseñé hace ya más de cinco años su novela titulada Formas de estar lejos, novela que en su momento leí con atención, si bien nada más he vuelto a leer de la autora. 

23 jun 2019

Patricio Pron y Edurne Portela. Dos novelistas en plena producción. "Mañana tendremos otros nombres" y "Formas de estar lejos"

22 comentarios:
Muchas de ellas iban a tener niños en los próximos años -pensó-, pero parecían creer que la maternidad era una forma de la pérdida: estaban diciéndole adiós a la que Ella había sido y a lo que habían sido desde que habían empezado a ser amigas, comprendió.” (“Mañana tendremos otros nombres”, pág. 225).
"No había una sombra de duda en su decisión, pero sí una gran tristeza, la conciencia de que todo eso que estaba viviendo era absurdo e injusto. Mientras ella estaba a punto de acabar con esa vida potencial -es una puta alubia, se recordaba-, Isa lleva varios años intentando quedarse embarazada sin resultados, Natalia, tras un embarazo muy complicado, dio a luz a un bebé sietemesino muerto. Y ahí estaba ella, delante de esa pastilla, sola, absolutamente sola, lejos de su madre, qué pensaría si lo supiera, de Garbiñe, de Natalia, de Isa." (“Formas de estar lejos”, pág. 207)

Acabo de dar fin a "Formas de estar lejos" de Edurne Portela, novela que me ha sorprendido muy favorablemente. La tenía desde hacía unas semanas algo olvidada sobre mi mesa. Digo sólo algo olvidada porque la verdad es que no ha pasado tanto tiempo desde el pasado 23 de abril, Día del Libro, en que la adquirí junto a "Mañana tendremos otros nombres" de Patricio Pron. Conocí ambos títulos a través de los suplementos culturales de los periódicos nacionales que leo asiduamente. Me llegó noticia de la novela de Pron por un artículo aparecido en "La esfera de papel" (suplemento de  'El Mundo') del 14 de abril de 2019 titulado "En la distopía del sexo". En él aparecía citado este título, junto a "Sudor" del chileno Alberto Fuguet, como ejemplos de distopías actuales en las que se viene a plantear si es posible la disolución de la trinidad placer sexual, anhelo romántico y función reproductiva. Por su parte fijó mi atención sobre el libro de Edurne Portela la reseña que de la misma apareciera el 1 de abril en "Babelia" (suplemento cultural de 'El País?).

Fue el artículo firmado por Luis Alemany en "La Esfera de papel" el que me llevó primero a la novela de Pron y luego como por ósmosis recordé la reseña de Carlos Pardo en "Babelia" y me puse con la de Edurne Portela. Son novelas muy distintas en el estilo pero cercanas en el asunto que ambas plantean: el amor, el sexo, la pareja y su disolución. Cada historia tiene su contexto: una transcurre en Madrid con nombres impersonales -Él, Ella- para sus personajes protagonistas recién ingresados ambos en los 40 años,  sin hijos aunque con el deseo de tenerlos por parte de Ella que ve cómo se escapa esa posibilidad; la otra, sucede en dos pequeñas localidades USA, Northville y Southville. Alicia, la protagonista llegó becada a la universidad de la primera ciudad desde su Euskadi natal, recién titulada en Literatura por la Universidad de Salamanca. Allí en Estados Unidos mantendrá una profunda relación durante 14 años con Matty, de ascendencia polaca, que trabaja como analista financiero en entidades bancarias.

Premio Alfaguara de Novela 2019, Mañana tendremos otros nombres, Formas de estar lejos

En los dos relatos las parejas se ven abocadas a la disolución a pesar de que la relación en apariencia era confortable y placentera. Confortable porque incluso había amor en ellos, aunque ya no pasional sino más bien rutinario; placentera porque el sexo era bien acogido y recibido por todos ellos. Sin embargo la tranquilidad de pareja en que están instalados se quiebra. Muchas cosas intervienen en esta fractura y no es menor la de tener o no tener hijos. En Pron la rutina en la pareja y la idea de que hay que salir de ella aprovechando las oportunidades para relaciones sexuales que ofrecen aplicaciones como  Gindr o Tinder, la perturbadora fantasía de que la gestación es como ver colonizado el cuerpo por un invasor que crece y se nutre en su interior, asi como la presión laboral que no entiende de maternidad son factores importantes ... Mientras que en "Mañana tendremos otros nombres" es Él el más renuente a la paternidad, en Portela, sin embargo, es ella, Alicia, la que se niega a ser madre mientras que él, Matty, sí que desearía tener hijos.

En ambos relatos la escritura es utilizada como terapia y forma de conocimiento. Alicia de "Formas de estar lejos" escribe un diario y cuando la pareja entra en crisis definitivamente las cuartillas y folios que rellena aunque luego los destruya le sirven para reencontrase consigo misma; en "Mañana tendremos otros nombres" Él está pensando escribir sobre la problemática identitaria que están viviendo El y Ella ("Él siempre había pensado en la identidad como un punto de llegada, nunca como uno de partida, y pensó que tal vez tendría que escribir sobre ello en alguna ocasión, como hacía siempre que trataba de entender algo.”, pág. 263)

tecnología y sexo, nuevas formas de relación, tinder, grindr, badoo
En ambos relatos los dos autores dan entrada a un sinfín de asuntos muy actuales, en mi opinión quizás demasiados. Los inserta mejor en la trama principal Edurne Portela que Patricio Pron. Éste convierte parte de su novela en un repaso de todo lo que sucede en nuestra sociedad: los becarios, los empleos precarios, la inmigración, la homosexualidad, la gentrificación, los niños y el absurdo impuesto por sus padres con celebraciones de todo tipo, la anulación del uno por el otro en la pareja, las relaciones de poder -incluso erótico- dentro de la empresa, las drogas, el absurdo del urbanita deseoso de una vida rural que no conoce y cuando la conoce le repele, los ninis algecireños, los embarazos en adolescentes, los micromachismos ("a pesar de que era M. la que había pedido la cuenta, el empleado del restaurante se la entregó a Él, cuya solvencia era escasa pero a ojos de quien los había atendido debía de estar garantizada por su condición de hombre.", pág. 208), la crisis de librerías en contraste con el aumento de los índices de lectura, el fin de la modernidad ("Antes del mediodía ya se habían llevado todo y en la fachada de la antigua librería sólo había un cartel informando que el local estaba disponible: si no estaba equivocado, pondrían allí, en breve, una tienda de ropa o -más probablemente- un retaurante de cadena, el tipo de negocio que encarnaba como ningún otro en qué se había convertido el consumo cultural de la mayor parte de personas.", pág. 237). Y por si esto fuera poco Pron hace gala de su conocimiento de anécdotas, chistes, ocurrencias populares y cosas así. Tal acumulación me parece más demérito que otra cosa pues pienso que quizás el escritor lo haga para engordar la obra, para dotarla de cierta densidad compartida con sus lectores… (ej. Los nombres de los niños y el efectivo Qwerty, los antidepresivos que toman los humanos y el efecto que tiene sobre la desaparición de percas y salmonetes, etc.)

En "Formas de estar lejos" también hay abundancia de asuntos importantes hoy pero, como ya he dicho, mucho mejor incardinados en el relato: la vida de una joven en el País Vasco y la inevitable presencia de ETA en ese ámbito que le requiere posicionarse; la homosexualidad presente en Adam, el hermano de Matty, en Mike, la pareja de éste, y en algún compañero de Alicia; la maternidad no deseada; el aborto; la violencia en el seno de la pareja; la compleja relación con las familias; el machismo; el alzheimer; la necesidad de respirar por parte de Alicia; el amor; ... En Portela hay un peso mayor de la violencia machista desde su gestación ('Primeras señales') hasta su materialización e incluso después en el angustioso temor -terror, más bien, habría que denominarlo- a que ésta vuelva a producirse y sea mayor de lo que en realidad, por fortuna, fue.

 La historia que narra Portela es más dura pues en ella la violencia, la intransigencia, el machismo congénito están presentes, mientras que en Pron la historia se queda más que nada en una temporal falta de sintonía en la pareja que, seguro, volverá a la placidez abandonada tras una leve -¡no tan leve!, pero no voy aquí a desvelar más cosas- rectificación vital. "Formas de estar lejos" presenta la imperceptible gestación de la anulación del uno por el otro. Una anulación patente en pequeñas cosas -se suele decir que cuestiones sin importancia, pero no hay tal cosa-: tú no tienes ningún sentido de la orientación, le suele decir Matty a Alicia y ella, lenta e imperceptiblemente, va asumiendo su inferioridad en esto y en muchos otros aspectos de la cotidianeidad. Es la asunción de la insignificancia personal, manifestación clara de maltrato psicológico. En la novela de Portela el maltrato camina más por esta vía que por la física, aunque también.

Violencia de género, machismo, feminismo
La vida de Alicia y Matty en Estados Unidos le sirve a la escritora para mostrar opiniones sobre el american way of life: el fuerte conservadurismo presente en algunas de las fraternidades y sororidades (residencias de estudiantes para chicos las primeras y para chicas las segundas) puesto de manifiesto con motiuvo de la campaña presidencial de Obama (Obama llega a la presidencia de USA en agosto de 2008); el respeto escaso en algunos por la orientación sexual (la identidad sexual de Adam, el hermano de Matty, es mal aceptada por éste y por Pete, el otro hermano); la descripción del comportamiento externo de la clase pudiente con quiénes consideran inferiores ("El resto la saludó con esa amabilidad distante que Alicia relacionaba con ciertas actitudes de las clases pudientes, cuando mantienen la compostura ante alguien de clase inferior que invade su espacio porque señalarlo les haría quedar mal, pero que ponen cara de estar oliendo mierda.", pág. 137); los abusos sexuales que en las fiestas universitarias americanas en las que se producen excesos de todo tipo sufren ciertas jóvenes que luego no los denuncian por vergüenza, así como los abusos sexuales en el ámbito docente como el realizado por el profesor Gareth Dolan, compañero de departamento de Alicia, sobre la joven estudiante Carla que se pierde en el silencio asumido por todos ("En la universidad los escándalos estallan en silencio", pág 173)... Y junto a estas muestras de la vida americana tambien me ha parecido ver alguno que otro tópico muy asentado entre nosotros como el de considerar estúpidos a los norteamericanos y calificar a USA de "país de borregos"

La estructura adoptada en cada una de estas novelas es diferente. Patricio Pron organiza el contenido de su novela en 7 extensos capítulos formados por diversas secuencias. Los siete capítulos vienen titulados con referencias temporales que aluden a la duración de lo que se narra en su interior: una semana, seis minutos, cinco sños, siete meses... Edurne Portela, por su parte, dispone la narración en dos apartados titulado cada uno de ellos con el nombre de la ciudad donde ejerce su profesión de docente universitaria, Southville y Northville. Cada una de estas dos partes está constituída a su vez por 15 y 20 capítulos respectivamente, intitulado cada uno de ellos de manera distinta. Además la novela se completa con un Prólogo y un Epílogo de tres capítulos cada uno. La duración de la acción en esta segunda novela es de quince años frente a los cinco y siete meses de la de Pron. En cuanto a la figura del narrador, en "Mañana tendremos otros nombres" quien cuenta es externo a lo narrado aunque se implica muchas veces en lo presentado a través del estilo indirecto libre, mientras que en "Formas de estar lejos" el narrador es partícipe de la historia narrada, -unas veces Alicia, otras Matty- en algunos capítulos, aunque también, mayoritariamente, hay un narrador objetivo externo.

Característica común a ambas narraciones es la sensación de relatos cortos autoconclusivos que en muchísimas ocasiones transmiten algunas de las secuencias de la novela de Pron y/o de los capítulos en la de Portela. Quizás la sensación sea aún mayor en el caso de la segunda que ya en en el título de cada uno de los capítulos avanza el asunto que en su interior se presenta: tema del aborto (cap. 'Provida'), la violación dentro de la pareja (cap. '¿Qué habrías hecho tú en mi lugar?'), la violencia machista en el entorno doméstico (cap. 'Un agujero en la pared'), el deterioro de la relación ('Calzoncillos sucios'), etc.

En Pron también es perceptible esta sensación de relato completo en algunas de sus secuencias. Así por ejemplo el asunto del amor (la vida en pareja, la atracción entre mujeres en Ella; la relación a tres cuando F. le dice a Ella que su novio, que practicaba sexo con una mujer algo mayor que ellos, se había enamorado de ella [pág 170]); el del sexo (las citas a través de apps de citas); el de la sociedad (el trabajo y su proyección en él); el de la maternidad (ocupación interior de un parásito como en ciertas especies animales, pág. 160); el cuestionamiento de la verdad cuando se evoca el recuerdo de algo y se comprueba el mismo con alguna prueba documental que destroza lo recordado (vid. pag,. 166); el de la amistad y el sexo, su relación: ¿Acaba el sexo con la amistad?  El se acuesta por vez primera con su amiga y editora M., luego lo harán más veces pero M tras ello ya no será la de antes.

Los títulos
El de "Mañana tendremos otros nombres" aparece claramente expresado al finalizar el relato. Durante el mismo los protagonistas son personajes sin rostro, sin identidad, seres que están en el mundo como tantos otros pero sin un proyecto vital concreto. De ahí su anonimia, su falta de definida personalidad, que el escritor simboliza en las denominaciones con que los identifica: El, Ella, M., D., F., etc.

"Formas de estar lejos" tiene un sentido doble e incluso triple. Por un lado alude a la distancia geográfica existente entre España (Pais Vasco, Salamanca...) y los Estados Unidos, pero sobre todo a la distancia entre individuos a pesar de que éstos convivan juntos e incluso duerman en el mismo lecho. Al final del relato Alicia se siente aislada por la inmensa nevada que ha caído y dice que también "La nieve es una forma de estar lejos" (pág 231: )

Los autores
Patricio Pron es un escritor y crítico literario argentino nacido en Rosario en 1975. Escribe colaboraciones para "Babelia" en España y también para la revista hispano-mexicana en "Letras Libres". Es licenciado en Comunicación Social por la universidad de Rosario (Argentina) y doctor en Filología Románica por la universidad de Georgia Augusta de Göttingen (Alemania). Desde 2008 reside en Madrid.
violencia machista, micromachismos, distopías sexuales

Literariamente ha escrito fundamentalmente relatos cortos con los que ha obtenido varios premios y han sido traducidos a muchos idiomas. En novela antes de la aquí reseñada ha escrito tres: una novela filosófica, "El comienzo de la primavera" (2008), otra dedicada a la generación de sus padres y las vicisitudes políticas por las que hubieron de pasar, "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (2011), y una tercera que trata sobre los escritores fascistas del medio siglo, "No derrames tus lágrimas por nadie que no viva en estas calles" (2016).

Edurne Portela  nace en Santurze (Vizcaya) en 1974. Se licencia en Historia en la Universidad de Navarra. Su vida profesional y académica la ha desarrollado en Estados Unidos donde realizó un Máster (Maestría los llaman por allí) en Literaturas Hispánicas y se doctoró en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Carolina del Norte); luego se trasladó al College of Arts and Sciences de la Universidad de Lehigh (Pensilvania) donde durante trece años (2003 a 2016) fue docente y gestora académica. En 2016 vuelve a España y se dedica por completo a la escritura. Estas actividades y vicisitudes profesionales se reflejan debidamente en la novela leída.

Como escritora tiene obras de investigación académica en forma de artículos y ensayos entre los que destacan "Displaced Memories: 'The Poetics of Trauma in Argentine Women Writers'" (2009) y "El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia" (2016) en el que reivindica el papel de la cultura para dirimir el pasado de violencia en Euskadi.
Como novelista su primera obra se publicó en 2017, "Mejor la ausencia", galardonada con el Premio 2018 al mejor libro del año de ficción del Gremio de librerías de Madrid. La aquí reseñada es su segunda entrada en el género de la narrativa.