«En este mural, Pepe Dueñas, Dante sin Virgilio, vengador solitario de las injusticias sociales salvadoreñas, se repetía en un paisaje boscoso; sus distintas apariciones se desplegaban en un arco irregular, o más bien en una espiral alargada, de izquierda a derecha, en el extremo izquierdo huyendo de su aldea natal atacada por el Ejército, dejando atrás los cadáveres de sus padres […], un poco más allá emboscando en un paso montañoso a las fuerzas del gobierno y aniquilándolas, luego haciendo estallar una planta eléctrica, más allá arengando a una población de campesinos; derribando un helicóptero; resistiendo a un cerco de las fuerzas oficiales; […] » ("El error")
Lo anterior explica esta entrada 'A pares' en la que reseño El error, publicada en 2010, y vuelvo a publicar (revisito) Las noches de Flores que el escritor argentino (Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1949) dio a luz en 2004. En ambas novelas hay elementos que permiten unirlas en una misma entrada. De ellas la principal, quizás sea la consideración del arte en sentido literario y pictórico que ambas nouvelles exponen. Pero vale ya de prolegómenos. Comenzaré por la novela recién leída.
El error
Estamos ante un auténtico experimento literario. César Aira me ha sorprendido con esta novela que en el fondo me ha parecido estar construida a base de relatos que como el discurrir de la vida se suceden unos a otros sin solución de continuidad. En el fondo esta manera de obrar es mostración de la propia realidad, de la propia vida en la que vamos topando con otras personas cada una de las cuales encierra una materialidad tanto o más interesante que la de aquel o aquello que propició el encuentro. Y así ad infinitum...Es El error ejemplo de lo que el propio autor suele decir de sus ahora mismo ya más de cien títulos, que son «cuentos de hadas dadaístas» o «juguetes literarios para adultos». Y sí, efectivamente esta novela corta es clara muestra de esto y de su estilo literario. Un estilo que busca romper los moldes estrechos de los géneros impuestos por el propio devenir de la historia. Es amigo César Aira de hacer guiños a otras manifestaciones artísticas, principalmente en la novela que nos ocupa a la pintura, una manera diferente de narrar, sí, pero hermana de la literaria desde la noche de los tiempos.
Dentro de las varias historias, truncadas por el cruce con otras historias, que constituyen El error aparece una, sin duda alguna la principal, que es en sí misma un canto a la narratividad. Es la historia folklórica del bandolero Pepe Dueñas, cuyas incursiones delictivas, sus apariciones y desapariciones fulgurantes constituyen en el imaginario de El Salvador, país donde transcurre la novela, una auténtica leyenda. Las sucesivas y diversas acciones de este delincuente se producen siempre sobre el mismo fondo, el país centroamericano. Es como esos frescos surgidos en la edad media y muy caros a los pueblos hispanoamericanos tras su independencia para explicar su nacimiento e identidad. Quizás el autor más representativo de esto sea el mexicano Diego Rivera y su mural pintado en las paredes de la escalera principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México titulado 'Epopeya del pueblo mexicano'. En este mural, al igual que en algunos frescos medievales o renacentistas como los pintados por Masaccio en Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia, vemos al personaje o personajes repetidos de manera sucesiva sobre el mismo fondo de manera que la lectura de izquierda a derecha es para el observador una clara narración continuada.
Efectivamente, esa es la técnica, trasladada al campo de la escritura literaria, que utiliza César Aira en esta 'nouvelle', en este 'juguete literario'. Se abre la novela ya en su misma portada con un simbólico ataúd que anuncia lo que se encontrará el lector adentrándose a través de esa puerta situada bajo el epígrafe de la palabra ERROR. ¿Qué es ello? Evidentemente el sentido del título es simbólico. Y en mi opinión es un juego, un guiño humorístico que Aira hace a los preceptores literarios: quien se adentre en esta novela verá que la misma no se atiene a ningún principio de los establecidos y consagrados por el canon.
Y así lo comprobaremos los lectores: Dos parejas que pasean por un jardín en el que hay una construcción que alberga la obra de un afamado escultor; luego se salta a narrar la relación epistolar entre este escultor famoso y apartado de la vorágine del mundo y una presa encerrada a perpetuidad por asesinato; conoceremos la historia a grandes rasgos de esta mujer que machacó el cráneo de su marido con un lingote irregular de oro y que para evitar ser capturada huye al bosque; en el bosque conoce a un pequeño hombre, una especie de enano que la acoge, cuida y le anticipa que volverá al lugar del crimen; así lo hace y es apresada y condenada a cadena perpetua, condena que cumplirá en a cárcel "La Peña" adonde llega y ella, junto al resto de las presas, leerá la colección de novelas editadas por editorial La Providencia bajo el lema 'Historias que matan'; relata esta serie de novelas la historia legendaria de Pepe Dueñas inmerso en la Selva Cinco en donde se refugia escapando del incendio que él mismo provocó y contribuyó a apagar del Palacio donde estaba Neblinosa, la que sería su esposa; en esta selva correrá la aventura del gel de piedra; posteriormente Neblinosa se empeñará en arreglar la escultura del busto paterno que estaba a la entrada del Palacio de la Ciencia y Pepe Dueñas habrá de ingeniárselas para que tal deseo se haga realidad; y...
Como se ve por lo escrito arriba estamos ante una sucesión narrativa que parece no tener fin ni siquiera cuando llegamos a la última página de la novela. No es que estemos ante un final abierto, estamos más bien ante un final truncado, roto, suspendido... En fin ante algo nuevo, no habitual desde el punto de vista estructural.
Como ya percibí y dejé dicho por escrito en la reseña que en su día hice de Las noches de Flores, también El error, vista la novela desde la propia expresión lingüística utilizada, se acerca -si es que no lo es- al realismo mágico: exuberancia lingüística, referencias a pueblos indígenas (pipiles, mecas...), vocabulario de fauna y flora autóctonas (tero, bagre, porotos...), pero fundamentalmente ruptura de la lógica así como utilización en ocasiones de un lenguaje hiperbólico por demás
- «De una fuente cercana al arroyo, pero independiente de este, brotaba un agua que no apagaba el fuego. Era difícil de creer, tratándose de agua que parecía perfectamente normal y potable, pero Eugenio le hizo una demostración convincente. Recogida de la fuente en un balde y volcada sobre una fogata, se deslizaba sobre las llamas sin oponerse a ellas»
- «cuando quería remendarle una media, encontraba que la aguja era más grande que la media, lo que hacía muy incómoda la costura»
Las noches de Flores
(reseña de 14 de septiembre de 2016)
Que el mercado del arte se utiliza de tapadera de la corrupción es “muy difícil probarlo dadas las características del arte en la actualidad. Y lo es. Dificilísimo. ¿Qué existe y qué no existe en el arte? Pero al mismo tiempo es facilísimo, basta con hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»…?”
La frase anterior sirve de cierre de este relato de César Aira aparecido por vez primera en 2004 y vuelto a reeditar ahora por Random House. Si, como en mi caso, es la primera vez que se lee algo de este prolífico escritor y traductor argentino, sorprende su manera de hacer literatura. Leer "Las noches de Flores" ha sido para mí toda una experiencia literaria. Desde el principio esta novela corta de tan sólo 144 páginas destila argentinidad por todos los poros: Jorge Luis Borges, sin duda, parece entreverse en más de un momento; a mí, especialmente, me ha parecido presente en el personaje de Aldo quien dice que "aun siendo un gran olvidadizo, él podría recuperar, si se pusiera, todo lo que le había pasado en su vida", para a continuación, como hace el personaje de "Funes, el memorioso" en el cuento borgiano, desgranar el sistema utilizado para hacer tal cosa. También la atmósfera mágico-fantástica en que se mueven los personajes de este relato, y, especialmente, el personaje de Malvón-Nardo, tiene mucho de los Cronopios de Julio Cortázar. Véase si no la descripción que se hace de Nardo la primera vez que se manifiesta:
"Esto lo dijo un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de los Peyró, y siguió caminando con ellos, con un garbo precario, sobre piernas demasiado cortas y zapatitos de goma roja"
La misma ambientación nocturna con ribetes delictivo-policiales en que se desarrolla la acción me ha llevado a pensar en otro de los grandes autores argentinos, Ernesto Sábato, y en aquellos escritos que presentan historias henchidas de 'pavura'. Los túneles que discurren bajo el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires me han hecho recordar la novela "El túnel" del magnífico escritor de Rojas en la provincia de Buenos Aires. Y es que -pienso yo- César Aira envuelve esta narración en claros elementos argentinos que van desde la tradición literaria que he señalado antes hasta el propio meollo del asunto que plantea: la búsqueda por parte de una pareja de jubilados -Aldo y Rosa- de fuentes alternativas de ingresos a fin de sobrellevar mejor la crisis en que la Argentina se encontró desde 1998 hasta el 2003, el año en que se sitúa la historia que se relata. Concomitante con esta terrible penuria económica que echó a miles de personas a buscar en los cubos de la basura estuvo el ascenso de la delincuencia, especialmente en forma de secuestros como el del joven Jonathan que está en el centro de esta novela corta.
Y como "piolín" [modismo argentino que significa 'cordel delgado de algodón, cáñamo o de otra fibra'] que soporta todo el planteamiento literario anterior estaría el vocabulario popular de la Argentina, de la ciudad de Buenos Aires y de Flores, el barrio donde nació y vive el escritor, y en donde ocurren los acontecimientos de esta historia. Son términos como 'bailantero', 'rubro', 'estada', 'chanchada', 'perspectivístico', 'vereda', 'chacra'..; pero también cambios en la modalidad verbal cual es la utilización del modo condicional en vez del subjuntivo: “Claro está que ese policía no estaría cumpliendo con su función, con el trabajo por el que le pagan, lo que no impide que tendría razón.”.
Las características señaladas hasta aquí son las que me han hecho más agradable esta novela. Luego hay otra importantísima, que no se puede dejar pasar, pero que a mi modesto entender César Aira no logra plasmar apropiadamente o si lo hace a propósito, como estoy comenzando a creer, aún yo no alcanzo a disfrutarla como debiera. Me refiero a materializar en el escrito que estamos leyendo la profunda reflexión que sobre el arte contemporáneo expone al final del mismo y que encabeza este post:
"hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»"
Llevada esta idea al extremo, como sucede en esta narración, todo es un cúmulo de coincidencias cuya disparidad nos hace pensar en errores inexplicables, descuidos, falta de planificación, engaños poco aceptables por parte del narrador... Pero no, yo pienso que el escritor es plenamente consciente de lo que hace y que lo que pretende es, con el producto que está construyendo, hacer realidad aquello que nos quiere exponer, que en definitiva -y a falta de conocer en profundidad sus ideas sobre arte moderno expuestas en su ensayo Sobre el arte contemporáneo que acaba de publicar en Literatura Random House- es que el arte es necesario para comprender la realidad, y no al revés como tantas veces se dice ante una obra de naturaleza conceptual. Para la realización de esta reseña he buscado información en internet y ahí he encontrado un artículo de Javier Rodríguez Marcos publicado el pasado 28 de febrero en el diario EL PAIS que me parece muy clarificador al respecto. En lo esencial, sobre el autor César Aira, Javier Rodríguez escribe:
"A veces, sin embargo, un artista consigue engañar a todo el mundo y se hace pasar por novelista. Es el caso de César Aira. Los que sospechaban que sus libros eran solo una parte de trabajos más propios del arte conceptual que de la ficción al uso verán confirmadas sus sospechas en el ensayo Sobre el arte contemporáneo. Allí cuenta cómo abandonó su primitiva intención de ser Rimbaud y ser Premio Nobel cuando se topó con Marcel Duchamp. Ese día se dio cuenta de la 'inutilidad de escribir libros' y de la necesidad de hacer 'otra cosa'."
Final
Con esta novela corta de César Aira me ha sucedido algo no muy frecuente en mí pero que cuando me acaece me gratifica y llena de satisfacción. Ello ha sido que tras una lectura fácil y ágil, me pareció percibir en la historia contada una ración de incongruencias superior a mi nível de permisividad (ciegos que ven, mujeres que son hombres, monjas que no lo son, hombres de orden que son delincuentes peligrosos, escritores que no lo son en absoluto, etc., etc.). No, me dije, esto no puede ser, por Dios. Pero como todo aquello que esconde más que lo aparente, al dejar reposar la lectura, ésta se me ha ido haciendo algo más inteligible, más motivadora..., y me han surgido deseos de leer más de este escritor para entenderle mejor, para ver si como él mismo dice es un escritor que no quiere serlo o si lo que desea es hacer algo distinto en línea con lo que otro personaje escritor del relato, Ricardo Mamaní, dice del arte en un momento de esta narración de manera "pedante y seguro de sí mismo":
"El arte está buscando siempre lo nuevo, y lo nuevo ha terminado identificándose con lo distinto. Se ha producido una reversión de causas y efectos, y ahora basta con que sea distinto. Y la realidad se define por lo distinto. Pero el crecimiento vegetativo de la población, y el aumento relativo de artistas en la sociedad contemporánea, ha multiplicado lo distinto artístico a tal extremo que hoy casi puede asegurarse que cualquier configuración de la realidad ha sido anticipada en el arte."
Algo lioso, sí. Pero como a mí ¿no os atrae saber por qué piensa así César Aira?
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Nota:
Han pasado diez años desde que escribiera la reseña sobre Las noches de Flores y aún no he leído el ensayo del autor "Sobre arte contemporáneo". Hay que ver cuántas cosas afirmamos que haremos para luego olvidarlas durante años y años. A ver si esta vez no me sucede así.



Ah, Aira. Todo un mundo por descubrir. Yo he comenzado tibiamente con él (cualquier acercamiento a su obra es "tibio", teniendo en cuenta su fecundidad), porque leí al escritor Pedro Pujante elogiándolo. Me convences con tus reseñas y me animas con tu ejemplo. También a mí me ocurre que advierto en sus obras "una ración de incongruencias superior a mi nível de permisividad", pero luego las dejo reposar y me parecen estimulantes. Debe de ser marca de la casa. Mil gracias, como siempre.
ResponderEliminarSí es verdad que Aira es un escritor diferente; por eso yo me lo dosifico no vaya a ser que su fecundidad excesiva me haga colapsar. Ahora he leído, más bien hojeado, en fin lo que se dice echar una ojeada por encima, al ensayo que hace diez años ya que dije que tendría que echarle una miradita. Lo he hecho (está 'libre' en internet en formato pdf) y está bien para entender su opinión sobre el arte conceptual actual.
EliminarTe agradezco mucho la mención que haces de Pedro Pujante, un escritor del que no tenía noticia. Buscaré en tu blog alguna obra que te haya resultado interesante y procuraré leerla (¡espero que no se me pasen otros 10 años! Ja, ja, ja...)
Un abrazo, Rubén
Tengo algún libro del autor apuntado, pero te confieso que no me acabo de animar y tras leerte... menos aún. Me parece demasiado experimental, poco convencional. Me tienta la curiosidad, pero algo me disuade. Veremos .
ResponderEliminarUn beso.
No sabes cómo te entiendo, Rosa. Es una decisión que hay que tomar. Yo te recomendaría "Las noches de Flores": esa pareja de mayores en crisi económica vendiendo comida a domicilio no deja de tener su puntito enternecedor y terrible, claro.
EliminarBesos
No termina de llamarme en esta ocasión el autor. En esta ocasión no lo veo para mí. Últimamente mi cerebro demanda cosas más sencillas. lo admito.
ResponderEliminarBesotes!!!
Yo tras Aira retorno a algo más tradicional, más disfrutón, pero escrito de manera genial: vuelvo a Pierre Lemaitre. Desde que leí su primera entrega de "Los años gloriosos" la familia de los Pelletier no se me va de la cabeza, así que me lanzo a leer la segunda de la serie; después de leer a César Aira merezco disfrutar, ¿no te parece? (ja, ja, ja...)
EliminarBeso grande