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17 oct 2025

"La piel del invierno". La última novela publicada por Luisa Ferro

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Luisa Ferro, novelistas españolas actuales
He leído de Luisa Ferro las tres novelas anteriores a ésta, su bilogía Donde mueren los ladrones de Jade (2022) [reseñada en este blog] formada por "El pozo de las luciérnagas" y "La sanadora del emperador", y El Círculo del Alba (2016) [reseñada en este blog]. Sólo me faltaría por leer la primera que publicó, Alcander (2014).
En cada una de ellas aborda temas distintos, diferentes. Así, leo que Alcander es una novela fantástica que trata de luchas entre razas inmortales por el dominio de las escalas de las especies y la supremacía de unos clanes sobre otros. Ya digo que no la he leído y la verdad es que a mí las novelas de fantasía tipo El señor de los anillos y demás no me atraen demasiado. Lo que sí sé es que las otras dos publicaciones de Luisa Ferro anteriores a La piel del invierno (2025), El Círculo del Alba y la bilogía Donde mueren los ladrones de Jade presentan asuntos muy distintos: Una investigación policial y detectivesca desarrollada en los primeros años del siglo XX, en la primera; y la vida de las mujeres en la China de los mongoles de Kublai Kan (siglo XIII) durante la dinastía Song, en la segunda. Las dos son novelas históricas, pero situadas en períodos bien diferentes. A mí los novelistas que saben variar de época, de asuntos y de tramas como hace Luisa Ferro en sus distintos libros me merecen mucho más respeto que aquellos que constantemente hablan de lo mismo sin salirse nunca de su zona de confort, que se dice habitualmente. 

La piel del invierno sigue la pauta de las anteriores y también aborda un asunto distinto, novedoso en la narrativa de la escritora: el mundo de los bajos fondos, de la picaresca en el Madrid de la década de los años 40 del siglo pasado. La historia es trepidante. Leyéndola conoceremos los orígenes oscuros de varios personajes, descubriremos varias identidades confusas, muchas amistades complicadas, abundantes mujeres liberadas en lo intimo y presas socialmente por su estigmatizado oficio, algún policía corrupto así como algún sacerdote comprensivo con las debilidades humanas en un momento histórico tan complicado, variados trúhanes y embaucadores al modo Robin Hood...; y también, claro que sí, veremos corretear por las casi seiscientas páginas de esta novela a malos malísimos. Una novela que pese a su extensión atrapa desde las primeras páginas, se lee con mucho gusto y enorme facilidad sin hacerse nunca pesada.

La narración está puesta en boca de un niño sacado de la inclusa en 1939 si bien el centro de la trama se sitúa en 1947 cuando tal niño ronda los 14 o 15 años. La edad del narrador cuando relata los sucedidos es ya de 21 años. En el fondo, pues, estamos ante una novela de iniciación, un bildungsroman en el que Anguila, el niño sacado a los ocho años de la inclusa por Julio, crece y se entera de lo que es el mundo estando al servicio de varios "amos", que diría Lázaro de Tormes. Y es que, en definitiva eso es lo que es este Anguila, un muchacho que va entendiendo el mundo a base de coscorrones, sorpresas y experiencias diversas: desengaño en el amor, valoración de la amistad, descubrimiento de lo que verdaderamente es un padre y lo que no lo es, etc., etc. 

Que Anguila, el narrador en primera persona, es émulo de Lázaro de Tormes y de la novela que narra sus andanzas, se percibe en el personaje que siente hambre y que escapa y no quiere escapar de Julio a quien considera su amo 
«—Te he oído, gurriato. ¿Por qué escapas? Si no bajas te quedarás sin queso. ¡Baja, desconfiado, que no voy a hacerte nada!
Me aferré con más fuerza a la rama. Me vi tentado por el queso, pues el ruido de mis tripas era más grande que mi miedo.»
El personaje protagonista es claramente un pícaro, un pillo, que sabe buscarse la vida con estos seres que lo han tomado a su cargo y cuyas vidas y problemillas iremos descubriendo según vaya discurriendo la historia. 
En cuanto al espacio donde este discurrir sucede, éste es Madrid.  Luisa Ferro ya había situado El Círculo del Alba, su segunda novela, en Madrid. Y ahora lo vuelve a hacer aunque una treintena de años después. El ambiente y los lugares matritenses los pinta la autora con maestría. Y digo matritense con toda la intención, por eso de querer significar la fuerte y noble emulación del costumbrismo literario del XIX que he percibido en muchos momentos.
«La Puerta del Sol era bulliciosa donde las hubiera. Por todas partes surgían tiendas como hongos y el aroma de los kioscos callejeros lo inundaba todo haciéndome cosquillas en la nariz. Olía a gallinejas, a chicharros, a churros, a mil y un aromas. Los vendedores ambulantes se triplicaban. No era raro encontrarlos en cualquier barrio, pero allí aumentaban a ojos vista. Los repartidores de periódicos anunciaban El Heraldo o La Tribuna. Sus voces se mezclaban con las de las aguadoras que, con sus botijos apostados a la cadera, ofrecían el trago a cinco céntimos. Altramuces, pipas, miel de la Alcarria. También había traperos, cacharreros reparando cacerolas a golpe de martillo y colchoneros pregonando su saber hacer. El sonido de la ocarina de los afiladores se alzaba por encima de aquel gentío dando voces.»
Y si así realiza las descripciones de los espacios públicos, cuando se detiene en el rostro o en la figura de alguno de los personajes, las cualidades y conocimientos literarios de la novelista aparecen y en alguna ocasión, como en la descripción que hace de la cara de Manuel, compañero hospiciano de Julio y en el relato acompañante de Anguila en el burdel que regenta madame Crusoe, es evidente la legítima emulación del estilo quevedesco. 
«En verdad era poco agraciado. Flaco, de ojos saltones, nariz enorme hasta el punto de parecer "un hombre a una nariz pegado", que hubiese dicho el padre Tomás parafraseando a Quevedo en sus pullas contra Góngora. No tardaría mucho en darme cuenta de que aquel apéndice tenía vida propia. "Las doce tribus de narices era".»
De la historia que se relata todo me ha gustado. De nuevo me ha sorprendido lo bien que Luisa Ferro realiza las escenas de acción. También me ha encantado la manera que tiene de ir introduciendo los personajes, que son muchos, según va avanzando la historia. Diríase que la anécdota va ampliándose, haciéndose más y más compleja según que pasan las páginas; pero no hay tal cosa, se trata de una mera sensación de aparente confusión que al poco viene  a serenarse y a integrarse en la placidez de la historia que estamos leyendo. Esta manera de proceder me ha interesado mucho.

Todos los personajes tienen vida y personalidad propias. Destacan, además de los que tienen papel central en el desarrollo de la historia de investigación y suspense (Inspector Ramírez, el médico Aniceto Cárdenas, Julio, el irlandés, Hahn, el cura Tomás, Paulino Albiol...), todas y cada de las mujeres y chicas que viven o tienen mucha relación con el lupanar (Lorenza, Josefina, Epifanía, Elisa, Violeta, Rosario, madame Crusoe...). Cada una de ellas lleva a sus espaldas una mochila, una vida, que las condiciona en el presente y les anuncia su futuro.  Anguila, que es el eje central de la novela va construyendo su propia vida y personalidad, a raíz del contacto con cada uno de ellos y de ellas. Todos le aportan elementos que le servirán, por acción u omisión, en su paso de la niñez, cuando lo vemos salir del hospicio con sólo ocho años, a su etapa de muchacho adolescente de catorce o quince, cuando tienen lugar los hechos principales que se narran, hasta llegar a la plena edad adulta de los veintiuno que dice tener al final de la novela, en un epílogo en el que además de atar alguno que otro cabo suelto nos enteramos del porqué del título de la novela. 

La trama de la novela se desarrolla de manera lineal sin saltos hacia atrás ni hacia adelante. Es de lectura sencilla. La única complicación viene dada, como ya he dejado dicho antes al referirme a los personajes, por la aparición o desaparición de alguno o algunos que tuvieron papel relevante en el pasado; pero dicha confusión se irá aclarando según vayan sucediendo los acontecimientos.  

Me ha gustado mucho el vocabulario puesto por la autora en boca de algunos personajes en momentos puntuales. Es un conjunto de términos extraídos la mayoría del caló, también del argot delincuencial, pero siempre vocablos muy, muy populares. Son palabras y expresiones como 'cheira' (navaja), 'salir de naja' (marcharse), 'lumias' (prostitutas), 'mangelo a ochí' (estar matando a alguien), 'baladro' (grito o alarido espantoso), 'gumia' (agonías), 'avizor' (centinela, vigía), 'roro' (hombre atractivo), 'bilbaína de hierro' (cocina económica de chapa), 'pillar una del quince' (pillar algo en cantidad excesiva), 'estar rilado' (estar agotado), 'chirona' (cárcel)etc. 

También es habitual en la novela que la autora eche mano de referencias culturales populares. Tal se ve, por ejemplo, en la conversación que mantienen Manuel y Anguila cuando el muchacho pregunta a éste, que acaba de salir de cárcel, a qué se dedicaba antes de entrar en prisión. 
«—Dilo sin miedo, Anguila: antes de que me enchironaran. Pues vendía libros por entregas. Eran fascículos semanales o mensuales, dependiendo del cliente y sus posibles. Los títulos más populares eran La cieguecita, Genoveva de Bramante y Ángeles del Arroyo. También vendía novelas de a duro, del oeste y, sobre todo, de amor. A las chicas las vuelven locas las historias de amor. Los mozalbetes se decantaban por El conde de Montecristo. Las andanzas de Edmundo Dantés para llevar a cabo su venganza, les gustaban sobremanera. 
—Sí, a mí también me gustó mucho ese libro. Aunque prefiero a Julio Verne. 
—No me extraña, De la tierra a la luna, 20.000 leguas de viaje submarino… Son verdaderas joyas literarias.»
Cine y Literatura, Ciene en la Literatura
 Y de igual manera se utilizan referentes culturalistas para metaforizar acciones o personas. Un ejemplo sería la manera que tiene de describir la mirada torva del Chepa, pandillero enemigo de Anguila («Al llegar a la altura del Chepa me miró con la hondura de Don Ameche en El diablo dijo no») haciendo uso del actor de la película de Ernst Lubitsch del año 1943 que sería muy popular en el tiempo en que se sitúa la narración.

No quiero extenderme más. Sólo quisiera señalar, ya para finalizar, dos puntos anecdóticos que han llamado mi atención según leía con sumo agrado La piel del invierno. El primero es el peculiar y personal empleo que en ocasiones hace la escritora de los signos de puntuación, en especial del punto y coma. El segundo es uno o dos anacronismos, muy habituales en estas novelas tan inmersas en un momento histórico, que he creído detectar en el relato. Pero por lo demás, queridos amigos, todo bien. Una novela muy recomendable para aquellos que quieran pasar un buen rato al tiempo que aprender e informarse  sobre las difíciles condiciones de vida en España durante la década de los años 40 del siglo XX.



24 ago 2022

El Círculo del Alba. Luisa Ferro

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«Ninguna de las víctimas fue reclamada por sus familias. Jamás se encontró una conexión entre ellas, salvo la de ser hijas de la miseria. Bastardas de una sociedad que no veía más allá de su propio bienestar; la misma que luego exigía justicia y pan para los más necesitados mientras, noche tras noche, cenaban faisán y acudían a la opera o al teatro sin girar la cabeza hacia el mendigo que estaba a las puertas implorando las sobras de sus mesas.»

El Círculo del Alba, Luisa Ferro,Novela negra histórica,Madrid
Leí hace poco con muchísimo gusto la bilogía de Luisa Ferro titulada "Donde mueren los dragones de Jade" [leer reseña de la misma aquí]. La acción de los dos libros que la componen transcurre durante el siglo XIII en la China de la dinastía Song. Tras la inmensa satisfacción que me  produjeron las dos novelas de que consta la bilogía, El pozo de las luciérnagas y La sanadora del emperador, amablemente Luisa, viendo que había disfrutado mucho con ellas, especialmente con las partes más dinámicas de la segunda entrega, me hizo llegar a través de Planeta, la editorial que publica sus obras, «El Círculo del Alba», la novela que a la madrileña residente en Fuenlabrada ha dado hasta ahora más satisfacciones.


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Madrid, 1903. Bruno Moreto se enfrenta a una gran encrucijada. Su tutor, Ernesto Olmedo, médico forense, asesor de la policía y propietario de una funeraria, ha muerto en extrañas circunstancias. Todo apunta a un suicidio. Su muerte deja un negocio hipotecado, con deudas que comprometen gravemente el futuro de Bruno.El hermano del difunto, Hugo Bonaventura, un conde italiano con fama de vividor, llega a Madrid para hacerse cargo de la situación, pero los acontecimientos darán un giro inesperado. Bruno y Bonaventura se verán inmersos en la investigación de varios asesinatos rituales de niñas, cuyas raíces se sumergen en el pasado más oscuro de Olmedo. Ambos, pese a sus diferencias iniciales, tendrán que aliarse para destapar un misterio que ha dormido agazapado tras décadas de silencio


La lectura de esta novela que Luisa Ferro publicó en 2016 me ha hecho recordar la serie televisiva Vienna Blood que desde hace unos meses veo ocasionalmente. Naturalmente, quiero dejar bien claro que la novela de la Ferro nada debe a la serie televisiva dadas las fechas en que una y otra ven la luz, la serie en 2019 y la novela en 2016. Ignoro si las novelas de Liebermann, escritas por el inglés Frank Tallis entre los años 2005 y 2018 eran conocidas por nuestra novelista, pero sea como fuere la unión de detective aficionado en la forma que sea e investigador profesional hace tiempo que la novela negra la viene utilizando. También lo hace en la suya la autora de El Circulo del Alba y como en las novelas de Frank Tallis el protagonismo principal viene a recaer en el ayudante más que en el detective profesional.

Me ha parecido interesante y novedoso en esta novela la duplicación de la estructura argumental con una distancia temporal entre una y otra de nada menos que 25 años. En efecto, al inicio del relato nos topamos con un joven estudiante de medicina, Ernesto Olmedo, que colabora con el jefe de policía Arturo del Romo en la resolución de crímenes que están sucediendo en Madrid en los años que van de enero de 1878 a 1903, fecha en que de manera sorprendente el médico forense Ernesto Olmedo, dueño de la funeraria La Luz de Helios, se suicida. Bruno Moreto, su joven discípulo, al que Olmedo acogió con sólo seis años de edad y con quien se portó como si de un padre se tratara, no cree que haya sido suicidio sino más bien homicidio. A esclarecer esta duda se dedicará en compañía de un personaje sorprendente, el hermano gemelo de Olmedo desaparecido de España hace nada menos que casi treinta años y que regresa a Madrid al ser el beneficiario de casi la totalidad de la herencia del fallecido Olmedo. Hugo Bonaventura, conde del Drago, que así se llama, se irá ganando la confianza de Bruno y en compañía del comisario Antonio del Romo, hijo del jefe de policía con el que colaboró su hermano Olmedo, irán intentando aclarar este caso, así como otros sospechosos suicidios de médicos de la promoción de Olmedo y también una serie de asesinatos de niñas secuestradas previamente. Son, como se ve, líneas de investigación aparentemente independientes que irán convergiendo en el curso de la novela.

Junto a la propia trama detectivesca se desarrolla en paralelo otra más cotidiana o familiar que como todo lo que forma parte de un relato al fin y a la postre también confluirá con la principal. Se trata de la vida en el seno de la casa que mantenía el doctor Olmedo mientras vivió: un núcleo familiar constituido en torno a la funeraria La Luz de Helios conformado por lady Amber Doyle, cuñada de Olmedo, por el aya hindú Uma Vunda, y por los empleados de la casa como el matrimonio formado por el cochero y mozo de cuadras Pedro y su mujer Mercedes que se encarga de la cocina. Al ser lady Amber aficionada al espiritismo y hacer reuniones en la casa sobre el tema, muchos otros personajes se asomarán así a la historia central. Entre estos personajes abundan los femeninos quienes en mayor o menor grado se sienten atraídos por la buena presencia y educadas maneras de Bruno Moreto; en este sentido la atracción entre Sofía Mendoza, una de las jóvenes, y Moreto es mutua. También hay que destacar otra relación que en este contexto de estudio y práctica del espiritismo, de la hipnosis e incluso del sonambulismo desarrollado en la casa de lady Amber Doyle, surge: me refiero a la que se establece entre Cora Steiner, joven muy atractiva, y Bruno. Estas dos mujeres, Sofía y Cora, son objeto de deseo por parte de Bruno, si bien ellas prefieren, a lo que parece, ser dependientes de hombres que no les profesan verdadero amor.

Estas relaciones amorosas del joven Moreto, especialmente la mantenida con Anna Cohen, la joven sobrina del anticuario Samuel Cohen, sirven para poner en contacto directo la trama de los asesinatos con la de las desapariciones y asesinatos de niñas; el vínculo entre ambas tramas surge al haber visitado Olmedo a Cohen el mismo día de su muerte. El vínculo Anna - Bruno sirve de nexo de unión entre la investigación policial y la trama más sentimental de este entretenido relato.

Sistema turnante de gobierno
Es El Círculo del Alba una novela histórica de trama detectivesca situada la misma en 1903, año en que cae el gobierno de Silvela. En cuanto a hechos acaecidos en los 25 años que van de los esponsales reales de 1878 con que abre la novela a esa fecha del siglo XX, hay alusiones a sucesos que durante ese cuarto de siglo tuvieron relevancia como el famoso crimen de la calle de Fuencarral, la estafa del Cantinero y otros timos de este jaez protagonizados por mujeres que se hicieron populares por su maestría en estos engaños. 

En mi opinión es, sin lugar a dudas, en la pintura que Luisa Ferro hace del Madrid costumbrista de principios de siglo XX, que la novela gana en matices historicistas al recrear una ciudad que existió, y que hoy, ya para bien, está bastante desaparecida,
«El barrio de Ventas del Espíritu Santo estaba muy cerca de La Luz de Helios y también era un arrabal, aunque fuese punto de encuentro de señoritos de provincias en busca de diversión y donde medio Madrid se daba cita los fines de semana. A lo largo de la carretera de Aragón surgían ventorros donde servían lustrosas raciones  aderezadas con el "chapurreao", a base de vino con limón, pero no era menos cierto que en ambas veredas del arroyo Abroñigal se asentaban nidos de chabolas y se palpaba la misma miseria que en las Injurias
Dentro de este Madrid existente o que existió me han interesado vivamente, por vivir yo en esa zona, todas las secuencias narrativas que la novelista ubica en la Dehesa de la Villa. De manera magistral la escritora mezcla realidad y ficción en la conformación del lugar: el cerro de las balas, que sí existió y actualmente ahí está aunque con el nombre de cerro de los locos; y las cavernas a las que se accede a su través, pura creación imaginativa nacida a partir de la pequeña oquedad que allí existe, pero que crece y crece gracias a la inventiva magnífica de nuestra autora. 

Al no ser la primera novela que leo de Luisa Ferro para nada me ha sorprendido el gusto y conocimiento que muestra respecto a la medicina. Ya en la bilogía citada al inicio de esta reseña hacía gala de su enorme saber sobre el tema. En esta obra su conocimiento se hace explícito en las descripciones al detalle de los cuerpos de los asesinados, de las niñas halladas muertas y abandonadas, así como en las pruebas que, tomadas del escenario del crimen, Bruno realizaba en La Luz de Helios:
«Echó mano de las tijerillas más pequeñas del instrumental y se dispuso a cortar la laña. La sacó de una sola pieza y la depositó en una tablilla de hueso y lámina de mica para estudiar el hilo en profundidad bajo el microscopio. Era catgut, un filamento de origen animal de uso frecuente en cirugía.» 
Como me ocurriera durante la lectura de La sanadora del emperador y El pozo de las luciérnagas me ha gustado mucho la manera como la novelista, en El Círculo del Alba, dosifica la información y da entrada a la misma en la novela. Lo hace de manera natural, al hilo de las conversaciones mantenidas por los propios personajes; incluso la introduce sin previo aviso para luego ir clarificándola con aportes sencillos y diáfanos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la larga nómina de personajes que, lejos de causar confusión en el lector, al hacerlo de la manera descrita es asumida por éste con naturalidad. La profusión de nombres es grande en general y muy notoria en el ámbito del anticuario Samuel Cohen. Estos últimos nombres y las relaciones existentes entre ellos son muy relevantes en el curso de la trama novelesca y esenciales para la resolución de la misma.

Para finalizar
En El Círculo del Alba hay una decidida crítica a las clases altas sólo pendientes de su propia satisfacción importándoles un comino, aunque en voz alta digan lo contrario, cómo vivan las clases pobres. La cita inicial con que abro la reseña es buena muestra de esta hipocresía.

No quiero dejar sin señalar el acierto y la maestría con que la novelista sabe presentar y resolver los momentos de acción: persecuciones nocturnas y sobre carruajes de caballos por las calles de Madrid, enfrentamientos violentos entre personas, luchas, peleas, tiroteos... El cine de héroes  y aventuras venía a mi mente mientras con sumo gusto los leía. 

Asimismo es impresionante, y en mi opinión digno de ser destacado por la dificultad que entraña, ese saber moverse, que Luisa Ferro demuestra, por los distintos espacios y momentos requeridos por la historia. Una novela de 600 páginas como El Círculo del Alba da para contener escenas y secuencias  de todo tipo; lo único que se debe evitar es caer en el aburrimiento y desde aquí os puedo asegurar que si de algo carece este libro es de aburrido. Se lee con mucho agrado y desde sus primeras páginas resulta adictivo quedando el lector atrapado en su lectura. Por todo lo dicho hasta aquí, y muchas razones más que quedan en el tintero, os lo recomiendo vivamente.

5 jul 2022

Luisa Ferro: "El pozo de las luciérnagas" y "La sanadora del emperador". Libros I y II de «Donde mueren los dragones de Jade» (A pares XXVIII)

15 comentarios:

«Miré a mi hija y pensé en los cientos de mujeres de mi linaje que me precedieron. Generaciones de damas valientes que afrontaron su destino, se casaron, parieron, amaron y lucharon. Pensé en mi madre, la dama Mailin, que no tuvo la oportunidad de criarme; la madre de ella, cuyo nombre y circunstancias desconocía. Mi bisabuela y otras tantas honorables antepasadas que lo dieron todo por sus hijas. Madres duras que tuvieron que ocultar su amor hacia ellas para hacerlas más fuertes frente a la adversidad, el dolor y la pérdida.»

Mi apartado particular de reseñas dobles alcanza con esta bilogía de Luisa Ferro nada menos que el número 28. Es un 'A pares' especial pues tratándose de dos novelas aparecidas en el intervalo de un mes (La sanadora del emperador tiene previsto salir al mercado -lo más seguro es que ya lo esté cuando leas esta reseña- el próximo día seis de julio) el lector no podrá resistirse a, cuando finalice la primera entrega, echar a correr para leer la segunda pues se hace poco menos que insoportable no saber qué les pasará a los personajes, en especial a Akame, narradora protagonista de «Donde mueren los dragones de Jade» el título que Luisa Ferro da al conjunto que conforman estos dos títulos.

El pozo de las luciérnagas, La sanadora del emperador, Donde mueren los dragones de Jade

La autora Luisa Ferro
He llegado hasta estas dos obras de Luisa Ferro gracias a mi muy buena amiga Paloma, administradora del blog Leer, el remedio del alma en el que da cuenta de sus lecturas y publica algunos de los relatos que escribe. Y es que Paloma, además de  excelente lectora, maneja la pluma con soltura, destreza y gracia; os aconsejo que os deis una vueltecita por su blog para comprobarlo por vosotros mismos. Pues bien, fue ella quien me puso en contacto con la editorial Click Ediciones que publica la obra de Luisa Ferro, autora de la que yo, aunque había oído hablar, aún no había leído nada. 'Escribe fenomenal', me dijo Paloma cuando me invitó a la lectura de la bilogía de esta escritora conocida suya.  Sabedor del buen criterio de mi amiga acepté de inmediato su ofrecimiento; y no me arrepiento, pues he despachado los dos libros que forman «Donde mueren los dragones de Jade» en poco más de ocho días. Sirva este detalle de indicador sobre lo a gusto que he estado leyéndolos.

Durante la lectura de ambos volúmenes me interesé por conocer algo sobre la biografía literaria de Luisa Ferro. Consultando por aquí y por allá he sabido que nació en Madrid un 29 de agosto de 1967. También me he enterado de que su nombre de pila no es el que figura en algunos de sus libros, que es un seudónimo, sino el de Luisa Fernández, y que además de dedicarse a la escritura es monitora de taller literario y correctora de estilo.  Actualmente tiene su residencia en la localidad de Fuenlabrada (Madrid). 

Sus relatos han conseguido diferentes premios y menciones en certámenes como «El tren y el Viaje», Renfe 2008; «Ciudad Getafe» 2009 (Semana Negra); «Ser Madrid Sur» 2009, Cadena Ser; «María Moliner» 2010; «Domingo Santos» 2011, entre otros. Relatos suyos pueden leerse en antologías como las siguientes: Crónicas de la Marca del Este. Vol. II (Holocubierta Ediciones, 2011); Antología Z. Vol.6 (Dolmen Editorial, 2012); Legendarium III (Ediciones Tombooktu, 2012); Fantasmagoria (Ediciones Tombooktu, 2013). 

Como novelista ha participado en novelas corales: España. La novela (Dolmen Editorial, 2018),  España. La novela II, La caída de un imperio, (Dolmen Editorial, 2021). 

En cuanto a novelas publicadas independientemente hasta ahora mismo son las siguientes: Alcander (Click Ediciones, 2014. Grupo Planeta) enclavada dentro del género fantástico; pero enseguida se decantó por la narrativa histórica, género al que se adscriben sus tres últimos títulos: El Círculo del Alba (Editorial Paneta, 2016), y las dos que componen la bilogía que acabo de leer: El pozo de las luciérnagas y La sanadora del emperador.

 
Donde mueren los dragones de Jade
Aunque la autora haya decidido presentar la obra escindida en dos volúmenes, la historia que se presenta en ellos es una sola y debe leerse en el orden debido, o sea, primero El pozo de las luciérnagas y a continuación La sanadora del emperador. Es por eso que esta reseña será unitaria y no doble a pesar de que por eso de los dos títulos yo la haya ubicado dentro de la sección 'A pares' de mi blog.

La novela es una ficción histórica centrada en el momento en que el Imperio del Centro (que se llamará China a partir del siglo XVI) cae bajo el poder de los mongoles de Kublai Kan, nieto del temible Gengis Kan. La parte ficcional se centra en la vida de una mujer, Akame, que aprende el oficio de curar de su padre, médico farmacéutico. Esta joven luchará por desempeñar su profesión en un mundo que a la mujer reservaba exclusivamente el papel de madre, esposa, concubina o cosas así. El éxito como persona de estas mujeres era dar un hijo varón al marido; si no, el repudio se cernía sobre ellas. El amor verdadero, la realización personal..., todo ello les estaba vedado. Sin embargo, Akame, que conocerá los sinsabores de una existencia programada por los hombres y por las madres de éstos, logrará hacer realidad sus expectativas como mujer y como profesional. Y esto pese a que, una vez casada en un matrimonio pactado con un hombre no elegido por ella, había de obedecer a la suegra y si ésta ya no existía como es el caso en el casamiento de Akame con el anciano Cao a la primera mujer de su marido. 

Lo anterior puede sorprender a quien lea esta reseña, pero no hay que olvidar que la historia se desarrolla en el siglo XIII, en una China aún no conformada del todo políticamente pero muy cohesionada culturalmente en costumbres y tradiciones. Esas tradiciones, muchas de ellas basadas en supersticiones, mitos y leyendas, marcan la vida de los personajes de la novela, en especial de las mujeres. Y es que la bilogía es, podríamos decir de manera concluyente,  una novela sobre la vida de las mujeres en la China medieval de la dinastía Song. Normalmente los libros de Historia hablan de la misma desde la perspectiva de los hombres; los nombres masculinos llenan sus páginas cuando se citan las denominaciones de las dinastías, de los vencedores en las batallas, de los hacedores del bienestar o la desgracia de los habitantes del país, etc. Pero en esas sociedades dirigidas por los hombres existían las mujeres que eran las que gestaban a esos hombres que luego perpetuarían su ostracismo. Esta novela sitúa el foco en la vida personal de esas mujeres que, aunque aceptan su lugar en el mundo del momento, tienen sus ilusiones, sufren, mueren dando a luz, o son ignoradas si paren ramas inútiles (niñas)
«Más te valdría rezar a la diosa Guanyin para que tu hijo sea un varón, porque si no lo es, tú y lo que traigas al mundo tendréis que marcharos de aquí. Tómatelo como un juramento que hago ante el ataúd de mi hijo. No creo que él se apiadara de ti si parieras una rama inútil.» [le dice a Akame, la primera mujer de su anciano marido Cao]
También, existían mujeres, aquí representadas por Akame, que desean trabajar fuera del hogar en aquello que les satisface y que lucharán por que así sea.

Desde el punto de vista de lo dicho antes podría decirse que Donde mueren los dragones de Jade es una novela de corte feminista. Así lo creo. Pero no es un feminismo ideologizado desde presupuestos actuales sino muy creíble desde la perspectiva de esas mujeres chinas pertenecientes a las clases altas -no quiero siquiera imaginar lo que ocurriría en las clases depauperadas- que ansían conocer el amor verdadero y ocupar un puesto lo más alto posible dentro del organigrama sociofamiliar en el que para medrar era imprescindible ser madre de varón. Y si el padre era nada menos que el emperador la necesidad de parir niños que pudieran ocupar en el futuro la silla del Dragón era perentoria. Si Akame es la mujer que representa a la clase alta profesional, será Mariposa Blanca, concubina del emperador Duzong, quien dé voz a las mujeres que vivían en la Ciudad Imperial destinadas única y exclusivamente a la reproducción y a procurar placer al emperador. 

La mujer en la China Imperial
Luisa Ferro demuestra un vasto conocimiento sobre la manera de vivir en la China de ese momento (siglo XIII). Combina con acierto la parte histórica comprobada de la invasión de China por parte de los mongoles de Kublai Kan con la ficcionalización de la existencia de estas dos mujeres que vivían en la parte alta de la sociedad. De las dos, Mariposa Blanca y Akame, es la segunda el actor principal. Ella es quien tiene una existencia más azarosa y a quien le suceden más cosas sorprendentes. Las sorpresas de las que es protagonista la llevan a creer en unos orígenes personales cuestionados más adelante, a ser odiada por la mujer de su amoroso padre, a ser esposa de un viejo al que respeta por sus enseñanzas de maestro médico pero a quien no ama en absoluto, a contactar por azar con Mariposa Blanca quien hará que su vida dé un trascendental vuelco, y a conocer el amor verdadero con Cao Ren de cuya inesperada aparición en el relato nada voy a decir pues no quiero destripar la novela y estropear el enorme atractivo de esta lectura.

De la bilogía quisiera destacar sin duda alguna la belleza de la historia, mostrada a través de una literatura llena de exotismo, sensualidad y cierto erotismo en ocasiones. Muchos pasajes son de una gran hermosura y hacen evocar el refinamiento y voluptuosidad con que solemos asociar China cuando vemos jardines y salas chinescas en algunos de los palacios que reyes europeos se hicieron construir  inspirándose en Oriente.
  • «En una de las esquinas del lago, una escalera con balaustrada de mármol se hundía en sus aguas. Podían verse embarcaciones con cabezas de dragón en las quillas y grandes torreones techados en las cubiertas. Más que barcos, parecían lujosas viviendas flotantes.»
  • «Llegamos a la Ciudad Imperial cuando el atardecer declinaba. La luz del sol producía un aura ambarina en las tejas esmaltadas de las techumbres y dotaba de un tono cobrizo los frondosos árboles que se alineaban a ambos lados de las avenidas cubiertas de gravilla blanca. De las ramas colgaban largas hileras de farolillos rojos.»
En las dos novelas Luisa Ferro utiliza un narrador en primera persona, concretamente la dama Akame. Estamos ante un narrador testigo que cuando no lo ha sido echa mano de lo que otro (su eunuco Lyonyang, la concubina del emperador Mariposa Blanca, su amor Cao Ren...) le han dicho y lo vierte sobre el papel. La narración es lineal y se desarrolla a lo largo de los años que duró la tercera invasión de China por parte de los mongoles de Kublai Kan. La fecha histórica que marca el final es la batalla naval de Yamen en 1279 cuando el ejército chino sufrió una estrepitosa derrota pasando a ser dominados durante los años siguientes, hasta 1368, por los mongoles.

Las dos entregas de la historia me han satisfecho por igual si bien diré que me ha parecido encontrar en "La sanadora del emperador" más contenido histórico, más acción, más dinamismo, más tensión. La presentación de las batallas, de las sucesivas huidas de la corte china hacia el sur, las muestra y resuelve Luisa Ferro con acierto. Naturalmente es en esta segunda parte donde se conoce la solución de todos los conflictos e incógnitas planteadas a lo largo de la narración.

Si por encima del resto hubiera de destacar algo en esta bilogía, ello sería la ingente información que la autora tiene y sabe transmitir sobre la manera doméstica de vivir que tenían las mujeres chinas de la alta sociedad en el siglo XIII de nuestra era: el vendado de pies, la complicidad con sus eunucos, la vigilancia extrema tenida sobre los ciclos lunares de estas mujeres, los trajes tradicionales magníficos que lucían (hanfu, zhaoshan, zhongyi, moxiong...), los instrumentos musicales con que se distraían o las distraían (morin khuur, konghou, gongos, erhu...), las vajillas y muebles que tenían en palacio (ruzhou, qingci, hong mu...). También lo mucho que se cuenta sobre la medicina tradicional china practicada por Akame y su querido Cao Ren. Al respecto me ha encantado ver la infinidad de aplicaciones, usos y preparaciones que en China se hacía de diversas plantas como el jengibre, el gingko biloba, la melisa, el du zhong, el daji...

Coleridge, Kubla Khan, Mongolia, Xanadú
Y para acabar sólo añadir que cuando comencé a leer El pozo de las luciérnagas y apareció por vez primera el nombre de Kublai Kan inmediatamente me vino a la memoria el hermoso poema de Coleridge que le tiene por protagonista. Durante algunas páginas estuve deseoso de ver aparecer su lujoso palacio de Xanadú. Pero los tiros no iban por ahí. Como bien dice Luisa Ferro en esta novela ella se ha propuesto contar la Historia desde el punto de vista de los perdedores, algo que los libros de Historia jamás hacen. Aquí radica una de las grandes virtudes de la novela histórica, la de poder penetrar en el interior de la Historia fijándose en aspectos considerados menores como los vencidos, las mujeres, los eunucos, etc., aunque en realidad sean elementos tan importantes como los tenidos por principales.

No me resisto a colocar aquí el hermoso poema de Samuel T. Coleridge, poeta lakista inglés:

"Kubla Khan, o la visión de un sueño"

En Xanadú, Kubla Khan
se hizo construir un espléndido palacio de recreo:
allí donde el Alfa, el río sagrado, corría
por cavernas inmensurables para el hombre,
hacia un mar sin sol.
Dos veces cinco millas de suelo fértil
se cercaron de muros y torres:
había jardines que resplandecían con arroyos sinuosos,
y donde florecían muchos árboles del incienso,
había bosques, tan viejos como las colinas
que envolvían prados verdes y soleados.

Mas, oh ¡aquella sima romántica y profunda que sesgaba
la verde colina a través de un manto de cedro!
¡Un lugar salvaje! ¡Tan santo y encantado
como cualquiera donde, bajo la luna menguante, se apareció
una mujer, lamentándose por su amado demonio!
Y de esta sima, que hervía en incesante estruendo,
igual que si respirase la tierra con resuellos hondos y agitados
brotó en un momento un poderoso manantial:
en mitad de cuya repentina e intermitente explosión
saltaron enormes fragmentos, como granizo que rebota
o como el grano al separarse de la paja bajo el mayal del trillador:
y en medio de las danzantes rocas, de súbito y para siempre,
surgió en un momento el río sagrado.
Formando meandros durante cinco millas, con laberíntico curso
discurría el río sagrado, a través de bosques y valles,
alcanzaba luego las cavernas inmensurables para el hombre,
y se hundía tumultuoso en un océano sin vida:
¡y en medio de ese tumulto, Kubla oyó a lo lejos,
voces ancestrales que profetizaban guerra!

La sombra del palacio de recreo
flotaba en mitad de las olas,
donde se oía la cadencia mezclada
del manantial y las cuevas.
¡Era un milagro de rara invención,
un soleado palacio de recreo con cuevas de hielo!

Una muchacha con un dulcémele,
vi, cierta vez, en una visión:
era una doncella abisinia
y, tocando su dulcémele,
cantaba acerca del monte Abora.
Si pudiera revivir dentro de mí
su armonía y su canción,
me llenaría de tan profundo deleite,
que, con música alta y prolongada,
construiría ese palacio en el aire,
¡aquel palacio soleado, aquellas cuevas de hielo!
Y cuantos escucharan los verían aparecer,
y todos exclamarían: ¡Cuidado, cuidado!
¡Sus ojos refulgen, su cabello flota!
Tejed un círculo a su alrededor tres veces,
y cerrad los ojos con temor santo,
pues él se ha alimentado de rocío de miel,
y ha bebido la leche del Paraíso…