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9 abr 2019

"Sabotaje" (Falcó 3). Arturo Pérez Reverte

13 comentarios:
“—Es una guerra de clases... Si la ganamos, se fortalecerá la causa del pueblo en el mundo entero. Encajó Falcó aquel plural con una ácida mueca interior. Picasso no había pisado España en muchos años, ni mostraba intención de hacerlo. Era fácil, se dijo, hablar de ganar guerras del pueblo desde un estudio a orillas del Sena” (‘Sabotaje’, pág. 178)

Serie Falcó, literatura de la guerra civil, "Sabotaje"
Varias semanas, si no meses, llevaba "Sabotaje" esperando que yo lo leyese. Pero unas veces por H y otras por B el caso es que no me ponía con esta tercera aventura de Lorenzo Falcó. Bueno, pues por fin le llegó el turno. Como me sucedió con "Falcó" y con "Eva" la lectura ha sido rápida, veloz, muy grata. Diríase que últimamente la literatura producida por cartageneros me tiene abducido -ja, ja...-. Digo tal cosa porque mi lectura anterior fue de otra cartagenera ilustre, Carmen Conde [leer reseña aquí], natural también de esa ciudad murciana y asimismo académica de la española como Arturo Pérez Reverte el autor de esta, por ahora, última entrega de la Serie Falcó.

En esta ocasión Lorenzo Falcó ha de viajar a París para una arriesgada operación: neutralizar a Leo Bayard, un rico aviador norteamericano que ayudó a la República con una escuadrilla de aviones comprados por él mismo meses atrás; las tripulaciones de los aparatos las conformó también él mismo con voluntarios internacionales. La expresión 'neutralizar' abarca un amplio campo significativo que va de la simple maledicencia a la desaparición física. ¿Qué sucederá en la novela? En segundo lugar deberá impedir que Picasso cree el cuadro que el gobierno republicano le ha encargado y para el que le ha pagado una buena cantidad de dinero. Ese cuadro tiene por objeto denunciar ante el resto de la naciones el salvaje bombardeo que los alemanes colaboradores con Franco han hecho de la población de Guernica con el resultado de 900 civiles muertos.

Al principio del relato encontramos al agente del bando nacional en plena acción en el casino de Biarritz donde, bajo la apariencia de un español amigo del juego, él y la agente Malena vigilan al matrimonio Sologastúa, vascos adinerados de Neguri que financian y arman a los gudaris vascos afectos a la República. La misión es secuestrar al industrial vasco y llevarlo a San Sebastián ciudad recién caída en poder de los nacionales. Para efectuar el secuestro Falcó utiliza su sangre fría y con método expeditivo elimina a los guardaespaldas que protegían -mal, es evidente, a la vista de lo sucedido- a Tasio Sologastúa y a su esposa, Edurne Lambarri de Sologastúa

Esta  manera de comenzar una nueva entrega es ya un clásico en la narrativa detectivesca o de agentes secretos tanto en su versión escrita como en las cinematográficas. Tras la aventura recién finalizada el agente ha de recalar en su base de operaciones donde dará el informe de la misión realizada y recibirá el encargo de la nueva que ocupará el resto de la novela que tenemos en nuestras manos: sabotear la obra pictórica de Picasso encargada por el gobierno de Valencia para la Exposición Internacional de París de 1937 y anular la actividad del activo norteamericano Leo Bayard.

No debo contar más para no perturbar el disfrute de la la lectura. Sólo diré que en esta ocasión Lorenzo Falcó sigue fiel a sí mismo: agente al servicio de quien mejor pague -ahora mismo los Nacionales; antes los Republicanos- y en asuntos de faldas siempre deseoso de satisfacer y satisfacerse.  En "Eva" vimos a Falcó literalmente colgado, quizás podríamos decir que hasta enamorado de Eva Neretva - Eva Rangel - Luisa Gómez ("Pensaba Falcó en Eva Neretva, alias Luisa Gómez, alias Eva Rengel, alias Dios o el diablo sabrían qué. En aquel tiempo, se dijo, a diferencia de otros aún recientes, sobrevivían las hembras más duras, inteligentes y tenaces", pág. 104). Eva es la única mujer con la que Falcó ha experimentado algo parecido a un enamoramiento. No la ha podido olvidar y el futuro de personaje al final de la segunda entrega no quedó muy claro. En esta tercera de la serie creía yo que por fin el asunto Eva quedaría completamente liquidado, pero acabada la lectura no puedo afirmarlo ni tampoco negarlo. Creo que Pérez Reverte disfruta con lo que en el relato se denomina "estilo soviético":
[habla el Almirante] "-Estilo soviético, ya sabes. Dejar la cosa ambigua, insinuando una fuga, un retiro dorado. Es marca de la casa. Acaban de hacerlo en Barcelona con un trotskista que dicen se ha pasado a nuestro bando, Andrés Nin, y que a estas horas estará más muerto que mi abuela..." (pág. 321)
 En su relación con las mujeres me ha parecido ver a un Falcó más libre, más divertido, menos comprometido. La nómina femenina en la narración es amplia: la rica norteamericana Nelly Mindelheim; la amiga de ésta, Maggie; Eddie Mayo, la fotógrafa inglesa amante de Leo Bayard; María Onitsha, la cantante de color que Falcó conocía desde sus tiempos en Berlín; Malena, la agente del principio... Si en "Eva" el erotismo ya era mayor que en "Falcó", tengo  la asensación de que "Sabotaje" crece también en este aspecto. Hay sexo más explícito que en las dos anteriores aunque el escritor sabe no traspasar las líneas rojas que separan con precisión el erotismo de lo que deja de serlo por caer en la procacidad y el mal gusto. Sigue Pérez Reverte en esta entrrega disfrutando con la estética pulp o hard boiled tan popular en la época en la que se sitúa el relato.
[puro hard boiled] "De pronto se sintió en plena forma: contento de estar vivo y de que nadie lo hubiera quitado de enmedio todavía. Con muchos kilómetros de tren por delante. Aún de rodillas sobre la alfombra junto a la litera, se despojó despacio de la ropa y luego, con toda calma, tenso y dispuesto al combate, se deslizó junto al cuerpo cálido de Nelly, rozándolo con una una prolongada caricia pero encaminándose hacia la amiga, que retrocedió un poco para recostarse en el mamparo, mecida por el traqueteo del tren y el sonido rítmico de los bogies mientras le ofrecía. oscuros, entreabiertos y desamparados entre las medias negras, sus secretos insondables." (pág. 68)
"Falcó", "Eva", "Sabotaje", Arturo Pérez Reverte, agentes secretos en la España de Franco
Prosiguen en este relato todas aquellas características del thriller y de la novela negra clásica que ya señalé en los análisis de "Eva" y "Falcó".[leer reseñas de una y otra novelas aquí y aquí] Por ello no voy a repetirlas ahora. Me parece más interesante señalar aquellos aspectos desconocidos por mí que la novela me ha mostrado. Señalaré algunos:
  • Detalles de la Guerra Civil sobre los que poco o nada se dice: Desconocía por completo que
"El SNIO estaba al corriente de que el 4 de enero, después de un bombardeo nacional sobre Bilbao, al gobierno autónomo vasco se le había escapado la situación de las manos. Milicias de la UGT y la CNT, enviadas a las cárceles para proteger a los prisioneros, se habían dedicado a fusilarlos en masa ante la pasividad de gudaris y ertzainas: doscientos presos asesinados a sólo diez minutos de la sede del gobierno." (pág. 23)
  • Tampoco había llegado a mis oídos noticia alguna de lo que fuera la Cagoule. Me he topado con esta organización fascista francesa cuando Falcó dialoga con el personaje de Verdier perteneciente a la misma. Y así con más cosas.
Siendo interesantes estos detalles bélico-políticos a mí personalmente me han  interesado mucho más las alusiones, referencias o citas literarias que por toda la novela esparce el autor. Las hay de autores bien conocidos por mí como cuando Leo Bayard dice tener al día siguiente una reunión con Gide y Mauriac, o cuando el mismo Bayard hablando con Falcó sobre la Guerra de España le dice: "«Es asombroso que los seres humanos, que viven tan poco tiempo, se esfuercen en causarse mutuamente tantos dolores»... Lo escribió Somerset Maugham" (pág. 96). Me ha llamado mucho la atención la opinión que sobre el poeta Rafael Alberti deja caer Sánchez, un agente radicado en París al servicio del gobierno de Franco que facilita la comunicación de Falcó con sus jefes. Es una opinión drástica que ya he leído en muchos otros lugares y que yo comparto con salvedades importantes (me refiero a dos o tres de sus primeros libros publicados: "Sobre los ángeles", "Marinero en tierra" y quizás "El alba del alhelí", poemarios todos ellos aparecidos en la década de los 20 antes de su radical posicionamiento y activismo político):
"—Por no hablar de ese Alberti —añadió, ácido—. Un mal poeta comunista que se pasea por Valencia pistolón al cinto, del brazo de su mujer, denunciando a gente honrada y pavoneándose en los cafés sin haber visto el frente más que de visita, para arengar a los camaradas proletarios... Si mi pluma valiera tu pistola, ha escrito el muy sinvergüenza." (pág. 277)
Foto tomada de http://elpais.com (4/5/2013)
Otro escritor muy conocido, valorado y apreciado por mí [leer reseña en mi blog sobre "A sangre y fuego"] es Manuel Chaves Nogales, hoy tan citado por un sector de nuestros políticos, de quien se toma una novela como base para codificar y descodificar las comunicaciones que se transmiten en clave Falcó y sus jefes en Salamanca:
"—¿Qué clave usaré?
—La Soria 8, que es nueva y aún no la manejan los rojos. El libro código es 'La bolchevique enamorada', de Chaves Nogales... Es una novelita corta del año treinta" (pág. 52)
Pero también ha habido autores desconocidos para mí cuyo nombre he aprendido. Concretamente dos han llamado mi atención: Joaquín Belda, novelista también de Cartagena, muy popular en ese momento ("más sobada que una novela de Joaquín Belda", dice el personaje de Sánchez hablando con sarcasmo de una agente secreta italiana capturada meses antes); y Guido de Verona, novelista italiano, al que alude el Jabalí, jefe de los Servicios Secretos de la zona nacional de quien orgánicamente depende Falcó, viendo la tranquilidad que se respiraba en la playa de la Concha en la que "había niños que jugaban en la playa, familias y ociosos paseando como si la guerra no existiera" (pág. 27)
"—Mecanógrafas que leen a Guido da Verona y dependientes de comercio que escriben cartas de amor a Claudette Colbert... -emitió una risita agria, entre dientes-. Creen que la vida es divertida, los muy estúpidos. Ignoran que sólo es divertida para desaprensivos como tú" (pág. 27)
Igual que con la literatura sucede con el cine al que el novelista alude con frecuencia citando nombres de artistas populares como se ve en la cita anterior cuando nombra a Claudette Colbert y también títulos de películas que por entonces arrasaban en taquilla como "Tres lanceros bengalíes". Hay que tener en cuenta que en el momento en que se sitúa la novela el Cine era sin duda alguna la diversión más popular.

Si hay algo que Pérez Reverte emplea magníficamente para situar la historia debidamente en el tiempo, ello es la música. Son varios los títulos de temas y los nombres de artistas que se citan creando de esta manera el pretendido canalla aspecto de los clubes de alterne parisinos de los años 30, concretamente de 1937, en que se desarrolla la acción:


Por último no quisiera cerrar este post sin incluir una muestra de las descripciones que hace el autor en "Sabotaje" y en general en todas las novelas de la Serie Falcó. Creo que es en las descripciones donde un escritor de narrativa se la juega. Cuando las descripciones fluyen, se leen con sumo gusto, y crean debidamente la atmósfera en que se produce la acción la novela conquista al lector, lo atrapa, lo hace suyo. Es lo que logra Arturo Pérez Reverte y hace que sea un novelista popular hacedor de libros best sellers de calidad contrastada. Sirvan estas dos descripciones de ambiente nocturno, -uno canallesco y el otro refinado y de alta sociedad-, de ejemplo de lo que digo:
  1. "Asintió Falcó, nostálgico, recordando el club de Acajou en la Jägerstrasse: las lesbianas que bailaban emparejadas, los travestis a los que había que separar para que no se arrancaran el pelo cuando discutían, los reservados con infiernillos para hervir jeringuillas y coquetas cajitas de preservativos. Y en torno a la pista y el escenario donde bailaban coristas semidesnudas, entre la música y los taponazos de champaña, trajes de etiqueta, seda, perlas, cigarrillos egipcios y abrigos de visón que al entreabrirse mostraban medias y ligas negras en cuerpos de mujeres que —al menos en el caso de Falcó, o de Juan Ortiz— nunca decían que no." (pág. 144)
  2. "Música, humo de tabaco, conversaciones. Mucho atuendo informal mezclado con corbatas y chaquetas oscuras con hombreras americanas. Traficantes de cocaína, blanqueadores de cheques, diputados gubernamentales que olían el vino antes de probarlo arrugando la nariz como si hubieran nacido en un château, compartían ambiente con individuos vestidos de etiqueta que hablaban de jazz, automóviles rápidos y fluctuaciones de moneda, y con mujeres que habían dejado su armiño en el guardarropa" (pág. 204)




29 ago 2018

Pérez-Reverte en plena forma: "Hombres buenos"

26 comentarios:
Hace dos semanas María Sáez colgó en su cuenta de instagram unas fotos con las que anunciaba la liberación de un libro por haber llegado a los 1500 seguidores en esa red social. Yo suelo ver las publicaciones de una enigmática noquedasinoleer de Salamanca, mi ciudad, que siempre fotografia la portada del libro que lee tumbada en la cama y con él sobre las piernas. Me atraen los títulos y también el enigma de no verle nunca la cara. La casualidad quiso que la liberación fuera acompañada de una fotografía de María con el libro y ella de espaldas en la zona donde la había realizado, y que yo ese finde estuviese en Salamanca. Reconocí de inmediato el lugar y al día siguiente allí me dirigí, inspeccioné el lugar y finalmente lo localicé. Era nada más y nada menos que “Hombres buenos” de Arturo Pérez Reverte en edición de tapa dura. Mi alegría fue infinita.

Novelas históricas, Verosimilitud narrativa, Enciclopedia francesa
(fotocomposición tomada de www.leeporgusto.com/hombres-buenos-de-arturo-perez-reverte/)
Con los escritores se tienen relaciones que pasan por momentos diversos, unos de entrega enttusiasta y otros de insospechado alejamiento. Con Arturo Pérez Reverte..., ¡uy, madre, creo que estoy comenzando a repetirme y que esto ya lo voy a haber dicho! Voy a revisar, antes de proseguir este discurso que he emprendido, mis últimas reseñas sobre la serie Falcó porque creo que esta reflexión ya la hice allí. Vosotros también, si así lo decidís, podéis hacerlo pinchando aquí y aquí: para Lorenzo Falcó, el primero, y para Eva Rengel, el segundo; por último en este tercer aquí podéis leer lo que me suscitó la última de las suyas, la que tiene a perros como personajes. Bueno, como os decía al inicio, con este autor  he pasado por épocas de amor incondicional y otras de cierto distanciamiento por..., como suele suceder en estos casos, todo y nada en concreto.

Ni que decir tiene que "Hombres buenos" me ha recordado muchísimo a ese primer magnífico escritor de novelas como "El Club Dumas" o "El maestro de esgrima". Ambos relatos constantemente acudían a mi cabeza si bien el que acabo de leer se sitúa en el siglo anterior al de los dos cuyos títulos acabo de nombrar. 

El siglo XVIII ha pasado a la historia como Siglo de las Luces en algunos lugares y siglo de la Ilustración en otros. Esta distinta denominación que a muchos siempre nos pareció pura sinonimia no es cosa banal como se demuestra leyendo esta magnífica novela que Arturo Pérez Reverte dio a la imprenta en 2015, inmediatamente antes de las tres que en el último año he leído de él y de las que en el primer párrafo de esta reseña he dejado los enlaces.

La acción sucede un poco antes de 1785. Dos académicos de la Real Academia de la Lengua española, dos 'hombres buenos', viajan hasta París con el encargo de hacerse con los 28 volúmenes que conforman la "Encyclopedie" que bajo la dirección de D'Alembert y Denis Diderot escribieran durante casi 25 años una pléyade de ilustrados franceses: filósofos, científicos, educadores..., algunos tan denostados, prohibidos y perseguidos por entonces en España como Rousseau o Voltaire.

En una España en la que la Inquisición estaba vigente y en la que la Iglesia y el tradicionalismo casticista marcaban la pauta en todo, que dos académicos, el bibliotecario Hermógenes Molina y el brigadier de marina Pedro Zárate y Quiralt sean comisionados para emprender un viaje de 230 leguas que duraba cuatro semanas tenía que tener alguna justificación. Esta no era otra que la filantropía, el amor al saber, el deseo de mejorar que estaba en todos pero sobre todo en las élites cultas, de manera que hasta el mismo rey Carlos III e incluso la propia Nunciatura apoyarán la adquisición al entender que los veinticuatro miembros que forman la Academia son gente preparada que sabe discernir perfectamente si aquello que leen es correcto o desviación que haya que evitar.

La idea de escribir este relato le vino al escritor, académico de la española desde el año 2003, al descubrir los 28 volúmenes de la primera edición de la Encyclopedie française en la biblioteca de la institución de la que forma parte. Este descubrimiento y las pesquisas que realizó entre sus propios colegas (Francisco Rico, Gregorio Salvador, Víctor García de la Concha, Darío Villanueva, José Manuel Sánchez Ron y otros) sobre el cuándo, el cómo y el porqué de que dicha publicación prohibida en ese siglo XVIII no sólo en España sino también en Francia estuviese en la Academia, entran también a formar parte de la propia novela. 

Planos e Madrid, Madrid en el siglo XVIII, RAE en el XVIII, "Hombres buenos"
Construye el escritor una estructura narrativa ciertamente llamativa que viaja del mundo de la realidad actual al de una ficción que se justifica y alcanza rango de veracidad suficientes merced a lo que en la trama del hoy el propio Pérez Reverte va dando a conocer al lector: documentos de la RAE (actas de sesiones de la Academia del XVIII con las fechas, los nombres, el resultado de las votaciones efectuadas, las asignaciones económicas para el viaje y compra de los libros...), textos en los que el autor se apoya para narrar con verosimilitud las diversas vicisitudes que pasarán sus dos protagonistas (caminos por los que transitarán, postas en las que cambiarán las caballerías de su berlina, posadas en las que pasarán la noche, locales, palacios, prostíbulos y tabernas pasisinas que vistarán, etc.), conversaciones con personajes reales de hoy mismo para que le aclaren ciertas dudas que le surgen a fin de presentar con credibilidad alguna de las situaciones en las que se van a ver envueltos los dos protagonistas, etc.

Junto a esta trama que transcurre en el hoy del escritor, y por proximidad temporal también en el del lector, está la que sucede en esos años prerrevolucionarios del siglo XVIII. Aquí nos encontramos a personajes históricos como nuestros dos hombres buenos, Hermógenes Molina y Pedro de Zàrate; el Conde de Aranda, embajador de España en París por aquel entonces; el abate Bringas, exiliado revolucionario español en París que colabora con la misión que realizan los comisionados españoles; ilustrados como Rousseau, Diderot o D'Alembert que andan por los salones de la nobleza parisina; algunos pisaverdes y damas de ascendencia española algunas como Margot Dancenis y otras no como Mme Du Barry que existieron realmente... Y también junto a éstos, toda una ralea de seres de ficción creados por el autor para dar fuste y forma a la historia; aquí estaría un tal Pascual Raposo que hará lo posible por que la misión descarrile, el gendarme Milot que colabora con el anterior, el afectado y pisaverde Coëtlegon amante de la Dancénis, las mujeres anónimas que asaltan a troche y moche a nuestros hombres ofreciéndoles sus favores sexuales, etc.

París antes de la Revolución, París en 1780, Planos antiguos de París
Esta segunda trama dieciochesca tiene además dos escenarios: Madrid y París. La edición en tapa dura de Alfaguara que es la que he manejado presenta en las guardas delantera y trasera los planos de Madrid y de París respectivamente. Con un gusto exquisito la editorial de acuerdo con el propio autor ofrece al lector la posibilidad de seguir así, grosso modo, el discurrir aventurero de estos dos hombres buenos más cerca cada uno de ellos de los 60 años que de los 50. La historia se distribuye en 12 capítulos y un epílogo, si bien antes del capítulo 1º el escritor coloca una especie de exordio para abrir la novela: un duelo entre dos hombres que está a punto de iniciarse en un bosque próximo a la ciudad de París, Es un comienzo clásico, in media res, que anima a quien lee a devorar lo que sigue porque será así como se entere del porqué de esta situación climática: "Sigamos escribiendo, ahora. Contemos la historia. Sepamos qué ha traído a estos personajes hasta aquí" (pág. 13)

El inicio, además, tiene mucho de cinematográfico. Se anuncia el clímax -o uno de los momentos climáticos- de la historia para de seguido efectuar una vuelta atrás (flash back) que aclare 'qué ha traído a estos personajes hasta aquí'. A partir de este momento los doce capítulos discurren de manera lineal sin más ruptura temporal que la que de manera natural surge en la mente de cualquier lector de una novela histórica como ésta: estamos en 1785 o así y todos sabemos que sólo restan cuatro años para la toma de la Bastilla. Este conocimiento hace plenamente inteligibles para nosotros frases de algunos personajes, en especial las temibles profecías que lanza el abate Bringas y que a los académicos no dejan de hacerles gracia por considerarlas meras exageraciones de imposible cumplimiento:
"¿De verdad no advierten lo que hay detrás de todo esto?... ¡Tan torpe soy, a fé mía, que fui incapaz de hacerles ver que bajo la apariencia de este París que a usted, señor, le gusta tanto hay una fuerza temible que poco a poco va aflorando y que un día arrasará esta engañosa placidez?... ¿No bastan mis comentarios y razones para hacerles comprender que esta ciudad, o el mundo que representa, está sentenciado a muerte?" (pág. 511)
Un libro de libros
Arturo Pérez Reverte es un bibliófilo, un coleccionista de primeras ediciones a ser posible. Él mismo al principio de la novela cuenta la pena que tuvo al no haberse podido hacer con una edición de la Enciclopedia Francesa a pesar de haberle sido ofrecida por un librero amigo. Cuando finalmente decidió adquirirla, alguien muy conocido suyo, Pedro J. Ramírez, se le había adelantado [Pedro J. Ramírez es autor de una novela histórica, "El primer naufragio" (2011), sobre la Revolución francesa y, claro, tener noticia de primera mano de las ideas ilustradas que la impulsaron era necesario].

Tras la anécdota anterior, Pérez Reverte siembra "Hombres buenos" de referencias bibliográficas especialmente en la parte de texto que transcurre en el momento actual. El escritor intenta siempre cuidar al máximo los detalles y para ello echa mano de una buena resma de libros, muchos de ellos ya existentes en su propia biblioteca: Cadalso, Martínez de la Rosa, Fernández de Moratín, Ramón de la Cruz....
"Para mover los personajes en ese escenario [el Madrid del último tercio del siglo XVIII] sabía dónde buscar […] En mi biblioteca disponía de dos piezas notables a las que ya había recurrido antes […] Una era el plano de Madrid publicado en 1785 por el cartógrafo Tomás López […] La otra era el libro titulado 'Plano de la Villa y Corte de Madrid' publicado por Martínez de la Torre y Asensio en 1800." (pág. 60)
El afán de precisión tanto en los escenarios como en los modos, tipos y costumbres de la época  llevan al novelista con mucha frecuencia a consultar obras sugeridas por personas que él conoce como sus compañeros académicos de la española o amigos extranjeros como Chantal Keraudren, la buquinista y profesora francesa experta en mujeres del XVIII y XIX. Es ella quien le informa sobre la vida en el París dieciochesco de las damas españolas Margarita Dancénis y Teresa Cabarrús. Con todo la obra esencial para la parte de la novela que transcurre en París, el “Tableau de París” de Louis-Sébastien Mercier, también es esta Chantal quien se la recomienda. 

Una novela haciéndose. El 'making off' de una escritura
Soy consciente de que al novelista cartagenero poco o nada le gustará el anglicismo con que encabezo este apartado, pero no encuentro nada mejor para expresar lo que quiero transmitir: En "Hombres buenos" Arturo Pérez Reverte nos permite entrar a observar su intimidad creadora, el proceso de creación del relato, los problemas narrativos y estilísticos con los que el autor se enfrenta y cómo los resuelve. Esto es para mí uno de los aspectos más relevantes de la obra. Ejemplo fehaciente de ello es cuando el narrador-autor justifica la elipsis narrativa que hará al pasar por alto el día a día del viaje por Francia situando a los viajeros ya en París, o sus proximidades: 
En consecuencia, comprendí, la narración exigía que llevase pronto a los dos viajeros a las cercanías de París, o a la ciudad misma, donde si habían ocurrido sucesos suficientes para mantener el interés del relato. Decidí, por tanto, recurrir a una elipsis -y en ella estoy ahora- que permitiese aligerar en el texto aquellas aproximadas 85 leguas, una semana larga de camino para la berlina de los académicos, que separaban Poitiers de la capital de Francia.” (pág. 180)
Revolucionarios parisinos, Revolución francesa, cafés míticos
(foto perteneciente al blog 'Un lunar en la punta de la nariz')
Antes he señalado la importante documentación que Pérez Reverte realiza para enfrentar la narración que se propone hacer. Es una investigación no sólo libresca sino siempre que puede 'in situ'. Así cuando decide realizar una conversación en Le Procope, un café que ya existía en el tiempo en que se sitúa el relato, el novelista se desplaza en París hasta él y allí en ese momento imagina cómo habría sido el encuentro
De ese modo, equipado con todo aquello en mis notas situándolo con la imaginación sobre el plano de París de 1780, fue como, olvidándome de los rótulos modernos, de los animados restaurantes y comercios, de los turistas que llenaban el pasaje del Commerce Saint André, entré, o hice entrar al almirante y al bibliotecario en el Café Procope tal como lo habían hecho -o podido hacer- aquella mañana de su viaje, acompañados por el abate Bringas” (pág. 361)
Otro tanto realiza cuando imagina una acción, en este caso ese duelo con que abría la novela y que ya bastante avanzada ésta volvemos a topar con él. Habida cuenta de que los documentos conservados en la Academia hacían una vaga referencia al asunto sin nombrarlo directamente el novelista hace uso de sus prerrogativas de creador (“Reconstruir el resto de la escena, de lo ocurrido aquel dramático día en París, me correspondía a mí.“, pág. 397) mostrando con esto la verdadera función de la novela histórica: mostrar al lector aquello que la Historia omite, falsea u oculta. Sólo le restaba al narrador hacer creíble la escena del duelo entre dos hombres de muy diferente edad y para ello, sin otra posible documentación, ensaya consigo mismo, un hombre de unos 62-63 años, la posibilidad de tirar a esgrima con alguien mucho más joven y salir con éxito del asunto. Para ello pidió a Joaquín, esgrimista amigo suyo en plena forma, cómo podría un hombre ya no joven afrontar un duelo de esta clase:
"-Está claro que si tu personaje quiere salir bien del lance, debe batirse a la defensiva -concluyó-. A partir de cierta edad, los esfuerzos de acometer sofocan  y acaban fatigando mucho.
Me mostré de acuerdo. Yo mismo acababa de experimentarlo de sobra." (pág. 400)

Enseñar deleitando
Una de las premisas que a lo largo de mi vida profesional de enseñante siempre he intentado mantener es la de hacer realidad el dicho horaciano de 'enseñar deleitando'. Creo que Arturo Pérez Reverte se mueve en términos semejantes en sus novelas en general y en ésta en particular, quizás ello sea una de las razones que me ha hecho especialmente grata la lectura de esta obra.

Es evidente que "Hombres buenos" no se queda en un ejercicio de virtuosismo literario sin más. No, el novelista sabe lanzar cabos hasta nosotros desde ese siglo XVIII de algunas luces como la aventura que nos cuenta aquí, pero de muchísimas más sombras que se empecinan en zancadillear la misisón de nuestros dos académicos. Tras esto -una España escindida en dos: la que quiere avanzar y la que siempre quiere ralentizar o impedir este progreso- es fácil realizar analogías con nuestro momento actual como país. Muchos son los momentos en que tales semejanzas son evidentes, así por ejemplo
    •  “Los españoles seguimos siendo los primeros enemigos de nosotros mismos. Empeñados en apagar las luces allí donde las vemos brillar. [...] Tal autor extremeño, aquél es andaluz, éste valenciano… Nos falta mucho para ser nación civilizada con espíritu de unidad, como las otras que con justo motivo nos hacen sombra... Creo que no es el mejor medio recordar siempre, como solemos, la patria de cada cual. Antes convendría sepultarla en el olvido, y que a ninguna persona de mérito se la considere otra cosa que española." (pág. 95)
    • Hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros y proyectar en ellos, enriqueciéndolos con esa memoria lectora, las historias reales o imaginadas, los personajes auténticos o de ficción que en otro tiempo los poblaron. Ciudades, hoteles, paisajes, adquieren un carácter singular cuando alguien se acerca ellos con lecturas previas en la cabeza.(pág. 150)
    • No hay mayor aliado de los tiranos -dice tras un silencio largo- que un pueblo sumiso porque cree tener alguna esperanza en lo que sea: el progreso material o la vida eterna... La misión de quienes manejamos la pluma, nuestro deber filosófico, es demostrar que no hay esperanza ninguna. Enfrentar al ser humano a su propia desolación. Sólo entonces se alzará pidiendo justicia o venganza...” [dice el abate Bringas a los dos académicos] (pág. 258) 
    • ¡Ay, España..! Allí sólo se pide un poco de pan y toros, Allí se odia la novedad, y se detesta cuanto pretenda removerla de la ociosidad, la pereza y la poca afición al trabajo.” (pág. 513)

El humor
Pese a esa imagen de hombre serio, adusto, casi siempre enfadado, que los medios de comunicación nos trasladan del escritor, hay en él una veta humorística innegable. Es un humor irónico, a veces sarcástico, cínico, como es propio de aquellos que como dice el poeta ya no creen en nada. Pero con todo, y sobre todo con los compañeros académicos y/o escritores y periodistas, practica siempre un humor sinceramente amigable y amable. A mí me ha hecho especialmente gracia las referencias a algunos de sus colegas académicos a los que tiene 'amenazados' con una supuesta y por ahora inexistente novela titulada "Limpia, mata y da esplendor" en la que el fantasma de Cervantes vive en la Academia donde van a producirse una serie de asesinatos de académicos. El primero en morir sería Francisco Rico. Todos los colegas con quienes habla se piden ser los asesinos del profesor Rico y hasta el mismo Rico, temeroso de que este germen narrativo cuaje en realidad, le pide a su amigo Arturo que no le haga la faena de convertirlo en personaje literario como ya hizo Javier Marías en "Así empieza lo malo"; es una petición amable que en el fondo esconde el deseo de traspasar así la línea que separa lo real de la ficción dado que en el mundo de la ficción todo es admisible. 

Pero no sólo con Rico hace humor, también con muchos otros colegas reparte rasgos innegables del mismo. Así del director emérito Víctor García de la Concha nos deja ver su magnífica disposición en todo y las graciosas confusiones en las que reiteradamente cae como decir "El bailarín murciano" donde debiera ser, como bien le corrige APR, "El bailarín mundano"; pero sin duda lo que más gracia me ha hecho de lo que dice de este antiguo profesor de la Universidad salmantina con quien me cruzo no pocas veces por la calle cuando visito mi ciudad es lo siguiente: García de la Concha "como de costumbre, sus ojos transmitían una exhortación entusiasta a la acción ajena, siempre que no le complicara a él la vida" (ja, ja, ¡qué malo es este Pérez Reverte!).

También, quizás, puede verse humor crítico en muchas de las afirmaciones, tópicas la mayoría de ellas, que hace el abate Bringas en conversación con Hermógenes Molina y Pedro de Zárate. Así al hacer un repaso de los pueblos europeos del momento suelta topicazos sobre los mismos: 
"El inglés, robusto y bien alimentado, recolecta el fruto de su esfuerzo y su osadía. El francés es triste […] El italiano despierta a veces de su letargo para atender el llamado del amor, la pasión o la música. El alemán trabaja, bebe, ronca y engorda. El ruso se deja esclavizar y ara el campo como una bestia..." (pág. 457)
Y al ser preguntado por el español prosigue soltando humoradas y lugares comunes no exentos de cierta verdad entonces y ahora:
"¿El español?... De ése no me hable. Envuelto en su capa y sus quimeras, despreciando cuanto ignora, que es casi todo, duerme la siesta bajo la sombra de cualquier árbol, esperando que la Providencia le procure sustento y le saque del apuro" (ibidem)
Como se ve y ya he dicho antes: enseñar deleitando.

@María Saez, @noquedasinoleer, blog 'No queda sino leer'

Final
Una novela de las mejores, si no la mejor, que he leído de este antiguo reportero de guerra, periodista siempre y magnífico escritor. Por ello no puedo por menos que volver a agradecer a @María Sáez del blog "No queda sino leer" la oportunidad de haberlo leído gracias a la liberación que como digo al principio hizo de este libro. La verdad es que obras como ésta merecen siempre la libertad porque en el fondo lo que en ella se cuenta es eso: el amor a la libertad y el deseo de alcanzarla a través de la fuerza de la Razón siempre en lucha contra la reacción y las diversas supersticiones de todo tipo que atenazan a los seres humanos.

5 jun 2018

Los perros duros no bailan. Pérez Reverte, Arturo

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«Nací mestizo, cruce de mastín español y fila brasileña. Cuando cachorro tuve uno de esos nombres tiernos y ridículos que se les ponen a los perrillos recién nacidos, pero de aquello pasó demasiado tiempo. Lo he olvidado. Desde hace mucho todos me llaman Negro.»


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Hace días que en el Abrevadero de Margot, donde se reúnen los chuchos del barrio, nada se sabe de Teo y de Boris el Guapo. Sus colegas presienten que detrás de su desaparición hay algo oscuro, siniestro, que los mantiene alerta. Lo ocurrido no puede ser nada bueno; lo sospechan todos y lo sabe su amigo el Negro, luchador retirado con cicatrices en el hocico y en la memoria. Para él es cuestión de instinto, de experiencia sobreviviendo en las situaciones más difíciles. Eso lo lleva a emprender un peligroso viaje al pasado, en busca de sus amigos.
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Arturo Pérez Reverte es un amante de los perros, confiesa haber tenido hasta cinco. Es la primera vez que los hace protagonistas de una obra de ficción aunque no hace mucho, en 2014, los utilizó para, jugando con los distintos sentidos dados a las palabras, dar título a una recopilación de artículos suyos publicados en prensa. "Perros e hijos de perra" es como se denomina el volumen, como se ve el doble sentido del sustantivo que designa a tan fiel animal está claro. Desde la mismísima introducción de este libro podemos leer cosas como que
«Ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio.»
Artículos de Pérez-Reverte,
Pero Pérez Reverte no es sólo un hombre que ama a los perros, es ante todo y sobre todo un magnífico escritor cuya abundante obra de contrastada calidad le ha procurado las mayores distinciones no siendo la menor desde luego la de académico de la Española desde el año 2003 donde ocupa el sillón T. Sus merecimientos literarios son evidentes y sus conocimientos en el amplio ámbito de la Literatura impresionantes. Se reconoce dentro de la gran tradición de la literatura española y universal rindiendo, en más de una ocasión, homenaje, en algunas de sus novelas, a distintos autores como Alejandro Dumas, Benito Pérez Galdós, Raymond Chandler o Patricia Highsmith. En ésta de la que hablamos es evidente que el escritor cartagenero vuelve sus ojos hacia Miguel de Cervantes a quien homenajea con esos perros que hablan y se comportan, no diré como, sino infinitamente mejor, que sus amos, los cuales sin embargo se tienen por seres superiores a ellos. Y es que, en efecto, son perros los protagonistas de esta última novela del novelista y académico: unos perros que hablan entre ellos, que interactúan mostrando compasión y amor hacia sus semejantes tal y como hicieran los cervantinos canes Cipión y Berganza que guardan el Hospital de la Resurrección de la ciudad de Valladolid hablando sobre sus distintos amos en la novela ejemplar "El coloquio de los perros".

Cervantes para no ser pillado en falta por la rigurosa Inquisición que andaba a vueltas con él sobre sus posibles antecedentes judaizantes echaba mano de niños, locos o animales para poner en su boca asuntos y opiniones que de otra manera le habrían acarreado a él no pocos sufrimientos. De igual manera cabe entender aquí que el novelista Pérez Reverte hace uso de esta imaginación: unos perros que hablan y discurren sobre variadas cosas según discurre la aventura de buscar y liberar a unos amigos secuestrados. En una de las muchas presentaciones de la novela el escritor hablaba de la tremenda censura a la que hoy día estamos todos sometidos por culpa de las redes sociales que machacan a todo aquel que lance o haya lanzado una frase políticamente incorrecta. "Los perros son machistas", dice el escritor, "si yo en lugar de estar describiendo situaciones o relaciones sexuales entre perros y perras lo hubiera hecho entre hombres y mujeres, al día siguiente me meten en la cárcel" Y proseguía diciendo "estoy a favor de que el machismo sea acorralado pero no todo el mundo es así, como en Occidente..., no todo el mundo acepta nuestras reglas. Nada está garantizado".

Al tiempo que homenajea a Cervantes también lanza una llamada de atención al buen trato hacia los animales, en especial hacia los perros que son abandonados por millares todos los años y que, pese a tratarse de seres vivos, se usan como meros objetos de regalo y diversión e incluso a veces se los educa en la violencia para que ataquen a los seres humanos o mueran en cruentos combates ilegales a dentelladas de otros congéneres suyos que en esa pelea hayan tenido mayor tino. A este respecto Pérez Reverte confiesa que durante la redacción de esta historia tenía también en mente a Rudyard Kipling y su "El libro de la selva" por la maravillosa manera que el escritor inglés nacido en la India tenía de entender el mundo animal.
Arturo Pérez-Reverte, escritor y periodista
Arturo Pérez Reverte (foto de la Agencia EFE)
Centrándonos en la anécdota de esta narración vemos a Negro, un perro mestizo cruce de mastín español y fila brasileña, que acude como muchos chuchos al Abrevadero de Margot donde se ponen ciegos a beber agua anisada al estar el mismo junto a una destilería de anís. Allí manda Margot, una boyera de Flandes, "una perra resentida, áspera, feminista —ninguno de nosotros podía alardear de haberla montado nunca— y con muy mala leche". Negro es ahora un perro guardián pero en sus años jóvenes fue usado en peleas de perros de las que pudo escapar. Al Abrevadero acude cada noche toda un abanico de razas de perros (xoloitzcuintle, mastín, fila brasileña, setter irlandés, dóberman, bóxer, galgo español, borzoi, sabueso rodesiano, beagle, husky siberiano, boyera de Flandes, teckel, caniche, dóberman, pastor belga, labrador, bodeguero, dogo alemán , gran danés, afgana, pitbull, pinscher alemán, rottweiler, etc.) y de tipos de caracteres (el aristócrata, el chulo, el policía, el podenco culto y filósofo, la feminista, la prostituta, el homosexual, etc.). Allí conversan, discrepan, discuten... Un día Teo y Boris el Guapo faltan a la cita y Negro se preocupa por ellos por lo que decide investigar. Todos sospechan de "Helmut, un dóberman de pelaje pardo" que suele estar tumbado junto a otros dos camaradas frente a la "librería de su dueño. La librería se llama Über Alles y está especializada en cosas de la Segunda Guerra Mundial, con biografías de un tal Hitler". Indagando, indagando Negro descubrirá que han sido secuestrados por humanos que lo hacen para utilizarlos como sparrings de otros perros utilizados en peleas ilegales. Negro que sufrió este destino durante su juventud decide intentar salvarlos.

Es una obrita en la que los personajes perros actúan con lealtad, sin doblez alguna, yendo a las cosas por derecho. Mortimer, un teckel que ayuda a Negro en su búsqueda, preguntado por qué lo hace responde: "Me gustan quienes son leales, y en estos tiempos ya ni los perros lo somos". Si esto está sucediendo ya entre los perros ¿qué será entre los humanos, viene a decirnos Pérez Reverte. Pues lo que todos vemos y conocemos a diario: deslealtad, violencia, engaño, estupro, violación... es el pan nuestro de cada día. Y es que cuando las acciones humanas tienen por destinatarios el mundo cánido, la minusvaloración de la vida animal, la consideración que se les da de objetos de usar y tirar se evidencia en los ahorcamientos de galgos realizados al final de la temporada de caza o los frecuentes abandonos de animales al inicio del periodo estival: "De cachorrillo de Navidad a estorbo para las vacaciones de verano", le dice a Negro Tomás, un labrador que también ha sido secuestrado, y que antes de esto vagaba solitario por el campo.


Italo Calvino, intertextualidad
Del amplio espectro de personajes perrunos que aparecen en la obra hay uno que tiene un importante papel. Es Agilulfo, "un podenco flaco, filósofo y culto". Agilulfo, dadas sus dotes intelectuales y filosóficas, está dotado en cierto sentido de poder adivinatorio y desde la página 2 de la novela le dice a Negro que nació para el combate, que es como "un guerrero antiguo con una estirpe gladiadora tan vieja como la historia de los humanos". Agilulfo, nombre que con buena dosis de humor pienso que Pérez Reverte toma del personaje de la novela "El caballero inexistente" de Italo Calvino es quien dentro de su imposibilidad de ser (los perros que hablan y discurren  no existen. No podemos olvidarlo) lanza mensajes importantísimos: "Canis canis lupus" ('el perro es un lobo para el perro'); "Amicitia lucet aequales" (frase de Cicerón que es una invitación a buscar las cosas comunes y la igualdad con el amigo si es que se quiere mantener la amistad); "un perro es esclavo de lo que ladra y dueño de lo que calla"; y otras muchas más a lo largo de toda la novela en las que da la vuelta como a un calcetín a los aforismos más usados por los hombres. Pero sin duda la más llamativa, junto a la inicial antes señalada, es la que dice para explicar el derrotero de Teo, uno de los perros protagonistas: "Ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión".

La frase anterior para quienes nos gusta la película "Blade Runner" de Ridley Scott sabemos que es la frase que cierra el monólogo final del replicante Roy Batty para explicar su comportamiento. Sobre el sentido de la misma se ha especulado mucho aunque el más común es el de dar una suerte de explicación a lo inexplicable. ¿Por qué alguien cambia radicalmente de manera de actuar? Pues porque ha visto cosas que nadie jamás imaginaría. El mismo Pérez Reverte utiliza esta frase n "Territorio Comanche" la novela que escribió en la que relata sus experiencias de reportero durante la guerra de la disolución de Yugoslavia. Él mismo ha confesado en reiteradas ocasiones que esas vivencias le cambiaron radicalmente. Pero aquí, en esta novela lo que me resulta significativo es cómo el escritor hace uso de referencias literarias ("El caballero inexistente" de Italo Calvino ya citado) y fílmicas ("Blade Runner") como apoyo a comportamientos de algunos de sus personajes.

A todo lo dicho hasta aquí habría que añadir el sentido del humor y la ironía crítica tan habitual en este autor. Por ejemplo me ha parecido de traca el diálogo entre un pastor francés y nuestro héroe, Negro, por el escaso vocabulario que sobre los órganos sexuales tiene el francés frente a los sinónimos que maneja el español:
"Date pog muegto, peggo español —gruñó el gabacho, bajito pero claro.
—Antes me vas a chupar el ciruelo —respondí—. Franchute de mierda.
Parpadeó, confuso.
—¿El cigüelo?
—La polla, subnormal
Otro momento de humor con un componente crítico evidente es el del diálogo que en el lugar de secuestro mantiene Boris el Guapo con tres perras que lo tienen totalmente agotado porque no hacen más que solicitarle prestaciones sexuales. Además, en la frase de simpatía que una de ellas le dirige llamándolo 'compi-yogui' viaja implícita una crítica a una alta personalidad del estado que usó la misma expresión para dirigirse en un mensaje de WhatsApp a un amigo que luego resultó encausado por corrupción. Desde luego Arturo Pérez Reverte no da puntada sin hilo.

En definitiva una novela que se lee con gusto. Una novela policial, detectivesca, en la que se dibuja un mundo distinto al de los hombres por los altos valores que alberga pero con constantes referencias críticas al nuestro pues los perros, animales nobles donde los haya, desgraciadamente dependen de sus amos de quienes no se puede decir que seamos nobles, leales y amigos hasta la muerte, desde luego.


Datos del libro
Autor: ARTURO PÉREZ REVERTE
Título: “Los perros duros no bailan”
Nº de páginas: 168 páginas.
Encuadernación: Tapa dura
Editorial: Alfaguara, 1ª Edición (5 de abril de 2018)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8420432694
Precio:
En papel: 16,05€
Ebook: 8,54€

28 may 2018

Arturo Pérez Reverte, narrador por los cuatro costados

21 comentarios:
Acabo de leer "Los perros duros no bailan", la última novela de Arturo Pérez Reverte. Como casi todo lo suyo, me ha gustado y en breve la reseñaré en este blog. Mirando mirando lo que del escritor cartagenero tenía comentado me he dado cuenta de que de la serie Falcó aquí, en "El blog de Juan Carlos" sólo tengo reseñada "Eva", la segunda entrega de la misma. ¡Andá!, me he dicho, ¿y la anterior? Tenía yo por seguro haber opinado sobre ella, pero ¿dónde? Al fin, he caído en la cuenta: Sí, en efecto, la reseñé hace poco más de un año, pero no aquí sino en la Revista MoonMagazine.

Aprovecho, pues, que el Pisuerga pasa por Valladolid, y para quienes no hayáis leído mi opinión sobre "Falcó" en  esa interesantísima revista -casualmente ayer mismo MoonMagazine publicó un artículo mío sobre una dramatización de "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad- aquí, a continuación, reproduzco la reseña que hice sobre la novela de Pérez Reverte tal y como salió publicada en la 'revista de los lunáticos' que le decimos quienes leemos y también colaboramos a ese magnífico proyecto de Txaro Cárdenas, su directora.
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Falcó, de Arturo Pérez Reverte. Narrativa en estado puro
(Rev. MoonMagazine 18, MARZO, 2017)
Con Falcó, Arturo Pérez Reverte vuelve a la narrativa pura en un thriller que te lleva en volandas a través de personajes y acción. Reseña de Juan Carlos Galán para Revista MoonMagazine.

Sobre Falcó

De Arturo Pérez Reverte, salvo la serie de Alatriste, curiosamente las novelas que le hicieron más popular, me gusta casi todo. Leí con sumo agrado sus primeras novelas (El húsar, El maestro de esgrima, La sombra del águila, La tabla de Flandes, El club Dumas…) así como su famoso Territorio comanche donde saldaba cuentas con sus 21 años de corresponsal de guerra de RTVE (1973-1994) que tanto le han marcado. Luego, como dice el poeta, lo fui odiando sin saberlo y en ello tuvo mucho que ver el espectacular éxito alcanzado con las aventuras del Capitán Alatriste y las versiones cinematográficas de algunas de sus novelas que, en mi opinión, no hacen justicia a sus originales. Por seguir con el símil poético, con Hombres buenos volví a creer en él. Y ahora, en mi opinión, ha regresado a su forma (“inocencia” dice el poeta, aunque tal sustantivo no le cuadra a Reverte) antigua o primera con esta novela, Falcó, que he leído de un tirón y que desde el inicio me atrapó completamente.
La acción de "Falcó" se sitúa en el otoño de 1936, unos seis meses después de haber estallado la Guerra Civil, un conflicto que se preveía corto y que por el contrario se alargaría durante tres años sirviendo de ensayo a las potencias europeas para lo que vendría inmediatamente después. Falcó es el nombre del protagonista de este relato: un ex-contrabandista de armas, fichado como espía por los servicios de inteligencia antes republicanos y ahora nacionales. Es un frío profesional en lo suyo, es decir, no participa emocionalmente en las acciones que prepara y ejecuta. «Para Falcó, palabras como patria, amor o futuro no tenían ningún sentido. Era un hombre del momento, entrenado para serlo. Un lobo en la sombra. Ávido y peligroso». En esta ocasión sus compañeros de acción son los hermanos Montero y Eva Rengel, quienes no logran entender su desapasionamiento en una acción que se enmarca en un conflicto en el que las pasiones tienen mucho que ver. Pero Lorenzo Falcó es un cínico que no participa para nada de la euforia que embarga a sus compañeros de misión:
«—¿De verdad crees que matar a alguien une a quienes lo matan?
—Hay ciertas cosas…
—No me jodas —Falcó encendió un cigarrillo—. Sé buen chico, anda. Haz tu guerra, salva a José Antonio y salva a España de la horda marxista, si puedes. Pero no me jodas»
Yo he creído adivinar en Lorenzo Falcó muchas características biográficas del hombre Arturo Pérez Reverte. En primer lugar la sangre fría y la comprensión profesional de cuantos seres  se mueven en una guerra, y más si ésta se dirime entre hermanos, o sea, una Guerra Civil. También el necesario cinismo, solidez y distanciamiento emocionales que unas circunstancias como las que se muestran en la novela exigen. Para Falcó lo que para muchos es cinismo no es otra cosa que instinto de supervivencia que a él, parece, le ha funcionado bien hasta el momento. Por último, es evidente que el novelista conoce de primera mano los entornos bélicos como demuestran las escenas de intercambio de disparos entre facciones enemigas que aparecen en algún momento en el relato. Estas secuencias guerreras en las que se producen muertes, aparecen soldados heridos que aúllan de dolor, otros que huyen o rematan a moribundos siempre me han parecido de especial dificultad al correr el riesgo de caer en la falsedad, el ridículo o la inverosimilitud. Sin embargo, en las escenas bélicas de esta novela aparece el excelente corresponsal de guerra que Reverte fue unido al magnífico escritor que desde hace tiempo y actualmente es.
La novela consta de 14 capítulos y un epílogo. El primero presenta una escena que bien podrían haber firmado Patricia Highsmith o Raymond Chandler y que también muy bien podría haber filmado Alfred Hitchkock: el señalamiento, en un tren que discurre por el sur de Francia, de la víctima que un sicario ha de ejecutar. El ritmo y el suspense contenidos en esta secuencia son tremendos y sirven para meternos sin demora alguna en el thriller que vamos a degustar. Sólo con leer esta breve escena entran ganas de no parar de leer. Tras este inicio trepidante, cuya funcionalidad es la de marcarnos el oficio del personaje, la acción se muda a la monumental y castaSalamanca, ciudad en cuyo Palacio Episcopal está instalado el Cuartel General de la España sublevada. El autor presenta la vida en esta pacata ciudad castellana mostrando un perfecto conocimiento de sus enclaves (el Casino que ocupa un Palacio del siglo XVI, la hermosísima Plaza Mayor, el Palacio Episcopal, la Torre del Clavero…) y de las calles (la calle Consuelo, la calle Toro, la calle Zamora…) que albergaban los organismos que más protagonismo estaban teniendo durante el inicio de la contienda. Para un salmantino como yo, recorrer con Falcó mi ciudad en los aciagos días del otoño del 36 ha sido un placer indescriptible.


Pero la acción no queda encerrada en la retaguardia por cuyos hoteles y cafeterías (el Gran Hotel, el Café Novelty…) deambulaba un ejército de espías y militares de la más variada procedencia: «La clientela habitual se veía salpicada por uniformes de oficial de toda clase: regulares, legionarios, requetés, falangistas. Le sorprendieron algunos uniformes alemanes e italianos. Debían de haber llegado a Salamanca en los últimos días, pues era la primera vez que los veía allí». No, también la acción se traslada a la zona republicana, en especial a Cartagena —localidad que el novelista conoce perfectamente por ser donde él nació en 1951— y a Alicante, ciudad esta última donde suceden los episodios más vibrantes de todo el relato.
La aparición de estas localidades costeras le sirve al escritor para mostrar el gran amor que siente por el mundo del mar y la navegación. Esta pasión por el mar y las embarcaciones se percibe en el manejo que Pérez Reverte hace de términos náuticos que los mesetarios como yo desconocemos: «Un disparo desde tierra golpeó la madera de la regala cuando Falcó se impulsaba sobre ella, ayudado por unas manos que tiraban de su ropa empapada. El balazo levantó astillas que saltaron cerca de su cara. Se oyó una orden en alemán y los remos resonaron en los escálamos». Es bien sabido que cuando no escribe, el autor cartagenero dedica su tiempo de ocio a la navegación.
La novela es un thriller con tintes de novela negra que nos lleva en volandas, en suspenso, deseando ver en qué para la misión que el grupo humano comandado por Falcó está realizando en zona republicana. Pero al tiempo el mero acto de lectura es un disfrute por la cantidad de literatura que el académico esparce como sin querer por las cerca de 300 páginas que conforman la obra. Una literatura que se muestra al desgaire a través de sutiles intertextos que nos llevan a Miguel Hernández, «La muchacha tenía cierto parecido con su hermano. Aire de chica bien, alterado por vientos del pueblo»; al mexicano Amado Nervo, «Sólo dispongo de una vida, dijo. Un breve momento entre dos noches. Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme»; o, forzando un poco la correspondencia, al mismísimo Miguel de Unamuno por aquel entonces recluido por orden del General Millán Astray en su propio domicilio, «El puente romano estaba desierto. Salamanca se alzaba al otro lado, monumental y casta»


El controvertido Arturo Pérez Reverte


El novelista disfruta en nuestro país, a partes iguales, de una legión de admiradores y otra de detractores. Ambos grupos, dejando a un lado su obra literaria, valoran o deploran las afirmaciones del escritor que unos califican de ensoberbecidas y otros de simplemente sinceras; no es bien vista o por el contrario es muy valorada su falta de adhesión a grupo alguno; e igualmente sorprende, negativamente a unos y positivamente a los otros, el menosprecio que muestra hacia lo políticamente correcto… Ejemplo de esto se puede ver en esta novela cuando el personaje de Eva Rengel explica a Falcó su elección de bando:

«Fueron intelectuales de café que me explicaban las leyes del materialismo histórico, la plusvalía y la dictadura del proletariado mientras intentaban acostarse conmigo antes de volver a mecerse, satisfechos, en brazos de su propia clase… Nada tenía en común con ellos, así que busqué a otros hombres y mujeres: los silenciosos. Los que actúan… Los que, entre otras cosas, dan caza a esos estúpidos teóricos que no renuncian, en el fondo, a ser pequeños burgueses con pretensiones»

Tras leer lo anterior seguro que algunos no habrán podido evitar que se dibuje en su rostro un mohín de disgustada sorpresa hacia este lenguaraz novelista. Y no digamos ya cuando otros saquen de contexto lo que Falcó piensa sobre lo que se les avecina a las mujeres que quedan en retaguardia esperando el incierto regreso de los hombres de su familia:

«Pensó éste en las recatadas señoras de la nueva y católica España de novena, misa y rosario. En las viudas de guerra y en las que tenían al novio o al marido en el frente; o en las que simplemente tenían hambre, hijos o familiares a los que alimentar, y la suerte de contar entre las piernas con algo que ofrecer: el recurso eterno de las mujeres en todas las miserias y todas las guerras, desde que el mundo tenía memoria»

También en este sentido la novela expone una idea muy presente en la mente del escritor que, precisamente, tuve oportunidad de escuchar directamente en la presentación que hizo de su novela anterior Hombres buenos, novela en la que aparece más tratada que en ésta. Me refiero a la de que entre los seres más odiosos y deleznables también existe una moral, un código de “honor”, una ética, el respeto a unas formas, a unas reglas. Lo vemos en este individuo, Falcó, un ser de poco fiar, capaz de venderte y venderse al mejor postor pero que tiene un código de conducta que comparte con sus iguales, o sea, con otros seres abominables como él:

«He servido a una monarquía y a una república, y no sé a quién serviré en el futuro. Este trabajo sería insoportable si no hubiera en él ciertas retorcidas reglas. Quizá no sean reglas convencionales, ni siquiera dignas, pero son las nuestras. Aunque la principal de todas sea, precisamente, la aparente ausencia de reglas […]»

Lo Mejor: El ritmo de la narración; el lenguaje asequible y creíble; la mezcla que realiza en el momento culmen del relato de los idealistas versos del “Cara al Sol” con la cruel realidad que una veintena de adeptos están sufriendo en sus propias carnes; la presentación del inframundo (sexo, drogas, tráfico de armas…) que se mueve bajo los grandes ideales que se movilizan en una guerra.

Lo peor: Poca cosa, quizás una cierta falta de verosimilitud cuando algunos personajes son liberados inexplicablemente. Pese a que luego se aclara el motivo de estas puestas en libertad, tal motivo en el contexto de una guerra muy cruenta resulta difícil de admitir.

Datos del libro
Autor: ARTURO PÉREZ REVERTE
Título: “FALCÓ”
Nº de páginas: 296 páginas.
Encuadernación: Tapa dura
Editorial: Alfaguara. (octubre de 2016)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-84-204-1968-8
Precio:
En papel: 18,90€
Ebook: 9,49€