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19 mar 2026

Ana Campoy: El paracaidista

7 comentarios:

«Porque, cuando la Cascas Vieja había vuelto a mirar, cuando abrió las cortinas y salió de la alcoba, solo tuvo ojos para su primer hijo, el Cascas Grande. Y la hija se conformó porque ella no era varón y una mujer siempre tiene que aguantarse. Pero si en todo ese tiempo no hubo nada para ella, tampoco habría atención para otra, y menos para la hija de la tintorera.»

El paracaidista, Ana Campoy
Hasta la aparición de esta novela, la madrileña Ana Campoy era conocida fundamentalmente por sus obras dirigidas a un público infantil. El paracaidista lo publica el año 2024. La historia que se relata está situada en el mundo rural andaluz, seguramente jienense. Según avanzaba en su lectura por momentos venían a mí resonancias lorquianas. Un lenguaje poético con una alta carga metafórica es el que la autora utiliza para presentar un mundo escindido por la mitad entre opresores y oprimidos. Situado en la primera etapa de la posguerra están aún muy presentes las violencias de la Guerra Civil, las venganzas, las denuncias, los tiros dados en las tapias del cementerio, los suicidios por no poder resistir vivir entre tanta pobreza e injusticia, los ajusticiamientos realizados por algunos particulares sabedores de que la justicia no existiría para ellos, las violaciones... Un mundo, en definitiva, en el que la muerte (la 'sombra' en la novela) ronda constantemente.

Es una historia en la que hay cabida para la magia, la creencia en la superchería (los sanadores), el deseo, la huida entre vapores alcohólicos... Un mundo en el que las mujeres se erigen como base firme para hacer viable la vida y hacer que los propios prosigan en ella aunque sea a costa de su propia vida.

Pese a su brevedad (133 páginas) la novela es densa. La lectura no me ha resultado muy fluida al principio, si bien a partir de la mitad parece que cobra ritmo y todo comienza a desarrollarse de manera más ágil. Quizás la sensación de farragosidad deba bastante a los nombres dados a los personajes. Son todos ellos motes o apodos (la Tuerta, los Cascas [el Cascas Viejo, la Cascas Mediana, el Cascas Canijo...], la Berzas, el Chico, la Muda, el Tintorero...) que dificultan la ubicación exacta de los mismos en el universo familiar correspondiente. Este hecho, unido a la frecuente anticipación de sucesos presentados como si ya fuesen por todos sabidos, provoca que el texto en su primera parte dé la sensación de congestión.

Muy importante e interesante en El paracaidista es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje cargado de poeticidad. Ana Campoy hace uso de un buen número de metáforas e imágenes que no sólo embellecen el texto sino que hacen que éste penetre de mejor manera en el lector:

  • [las mujeres] Iban de un puesto a otro con sus capazos, cargados de alimentos y de relatos
  • el pavor curvándole la espalda
  • La frase se le fue a Molienda como se le escapa al viejo la orina
  • Desde la alcoba, bajó hasta la cocina con el daño goteando
En ocasiones es la alegoría el recurso que conquista el relato

«Las criadas de los Cascas se buscan en las esquinas. La planta baja con tanta tarea, y ellas venga a darle a la rueca de la lengua. A hilar la retahíla. No atienden a los quehaceres con tal de despistarse. Y es que hay mucha hebra aquella tarde.»

El duende lorquiano invade el texto con fortuna las más de las veces:

  • «la pared encalada. La del patio, que ahora es de luna pero que casi no tiene reflejo.»
  • «El viento baja por la ladera. Congela el monte el rumor del agua que dice, que cuenta, que a la Barda la han apresado y la han llevado al penal.»

La historia la distribuye la autora en cinco apartados que conforman una trama que va de dentro hacia afuera: Desde lo interior doméstico (La Casa y El Pueblo) a lo exterior y último que tiene lugar al salir fuera de la Casa y del Pueblo de manera provisional o definitiva (La Luna y La Sombra). El fiel de la balanza lo constituye el tercer apartado titulado Los Caracoles. Estos moluscos son los auténticos agentes pasivos de la tragedia que en la novela se relata. Porque eso es la novela, una tragedia, más pequeña en tamaño de la que supuso la Guerra Civil pero idéntica en las causas y los efectos. Con razón en un momento del relato se lee:

«los Cascas habían ganado la guerra y todavía seguían ganándola aun sin luchar, que es la mejor manera. Hacerse con las ovejas, las olivas y las tierras. Con el sudor y las manos de los otros. El mejor modo de ganar. Quedarse con todo. Ganar para escribir las reglas.»

Para finalizar quisiera resaltar de nuevo la fuerte raigambre lorquiana de la historia. Además de lo ya dicho respecto al lenguaje, la localización rural andaluza entre olivares y la relación de poder entre personajes remite -al menos a mí así me lo ha sugerido- a Federico. Lo que más me lo parece es esa manera de relacionarse entre la Alcuza y la Cascas Mediana, o sea entre la criada principal de la Casa y la señora de la misma. Algunos diálogos como el mantenido entre ellas sobre una sobrina el día que entierran al Cascas Grande parecen propios de Bernarda Alba y la Poncia:

«—¿A ti te parece bien? ¿Pintada como una cualquiera?
—Yo solo digo que, por muy fuerte que aprietes, la lazada al final se suelta.
—Por eso mejor cuerda de esparto. Nada de hilos de seda.
—No exageres.
—En esta casa somos gente de bien.
—Pero tú por eso no has de temer. Tu hija es de buen linaje. No va a seguir los malos senderos.
»
Me parece interesantísimo la manera que tiene Ana Campoy de presentar la narración. Es un narrador externo en tercera persona que maneja con fruición el estilo indirecto libre logrando que los lectores nos sintamos dentro de los hechos narrados. 
«Los odios antiguos todavía perduran, aunque bastante haya llovido sobre las banderas. Qué sentido tiene mirar hacia lo que ya está pasado, si la guerra quedó lejos y los uniformes se quedaron doblados en los arcones. Que ya nadie lucha ni mata. Ahora el pueblo es otro y la gente solo quiere paz. Y trabajo. Porque lo más decente es ganarse el jornal.» (escribe el narrador diluyéndose en la boca o el pensamiento del Cascas Canijo)
Ana Campoy autora de "El paracaidista"
Efectivamente, Ana Campoy gusta de difuminar la figura del narrador y es por ello que también utiliza con mucha frecuencia el estilo directo libre, o sea, sin verbos introductores; ejemplo de esto último es el diálogo citado poco más arriba entre la Alcuza y la Cascas Mediana. También está presente en el muy vivo diálogo mantenido por la servidumbre de la casa de los Cascas a propósito de la exhibición que la Tuerta elegantemente ataviada realiza por el pueblo. 

Muchos recursos literarios hay en esta novela corta. La suma de todos ellos más la historia narrada dan al relato un tono cercano al realismo mágico. Podrá ser mera casualidad o simple deseo mío, pero leyendo esta historia situada en tierras jienenses su tonalidad, el asunto, ciertos comportamientos de algunos personajes...  por momentos todo ello junto me ha hecho recordar a David Uclés y su renombrada obra La península de las casas vacías a la que dediqué una elogiosa reseña en este blog. Desde luego esta cuestión e incluso la presencia o no de realismo mágico sería tema para un interesante debate.
«Sólo el fuego sabe lo de la niña muda y sus poderes. Eso que la niña entiende y que ve en los demás. Porque la niña muda no solo escucha a las llamas, también tiene visión de todo lo que a los del pueblo les queda por decir. Lo que querrían hablar porque les rebosa de las tripas, y cómo después nunca se atreven y el ardor les quema la frente, y más tarde los sesos. Uno por uno los oye frenar las ideas. Dejarlas al filo de la  boca y dudar si empujarlas o no al vacío.»

El paracaidista es la primera incursión de la novelista madrileña en la narrativa no dirigida para un público infantil. En el campo de la literatura infantil Ana Campoy tiene más de una decena de títulos en las librerías. 

Nota final
Tuve oportunidad ayer mismo de participar en la tertulia que sobre El paracaidista tuvo lugar en en Club de Lectura de La Casa del Libro de la c/ Fuencarral  de Madrid. Sandra, coordinadora de la Tertulia, presentó a Ana Campoy, la autora de la novela, quien con una enorme vitalidad y entusiasmo explicó el proceso de gestación de esta su primera novela dirigida a un público adulto. Todo lo que contó me gustó, pero quizás lo que más me interesó fue la referencia que hizo a la mítica que desde la Grecia antigua hasta hoy permea nuestra cultura y tiene fuerte presencia en su libro. El mito de Aracne y la tragedia de Antígona son a este respecto los elementos más relevantes: el primero en cuanto a la forma dada a la novela y la manera que tienen actores y lectores de conocer los hechos que en ella suceden; el segundo, más en el plano del contenido, referido a la injusticia que representa negar al vencido el descanso eterno en el lugar que le corresponde. También me pareció revelador, referido a la mítica, la importancia que para la escritora tuvo la lectura en El Español de un artículo titulado El triángulo de los suicidas: en los pueblos donde quitarse la vida es una costumbre. Este artículo fue el aldabonazo final que la decidió  ponerse de lleno con El paracaidista.

Ana Campoy
Pero, quizás, lo más llamativo para mí fue contemplar el "making of" que Ana Campoy desplegó ante quienes, encantados, estábamos escuchándola. Contemplamos los elementos del proceso creativo: el cuaderno en el que a lo largo de varios años fue escribiendo relatos que le inspiraban las confesiones de sus abuelos jienenses y donde apuntaba cuantas posibilidades o ideas se le iban ocurriendo para ir conformando una posible novela que aún no tenía decidido escribir; una especie de "evidence board" en el que a base de post-its de colores había ido diseñando la estructura de la historia; y por último la "escaleta" en la que ya aparecía debidamente organizada la trama. 

Tras las palabras de la novelista, los asistentes a la tertulia le transmitimos dudas, le hicimos preguntas, le destacamos aciertos, le pedimos aclaraciones... Y Ana Campoy dio respuesta a todo y a todos. Fue una muy interesante tertulia. Muchas gracias, Ana


13 jun 2021

Julián Ibáñez: "Sindy, la colegiala". Genuino representante del hard boiled español

14 comentarios:

«Baja la correa y apunta a la chica con el dedo.
—¡Eres mi mujer, tú! ¡Y hago contigo lo que me da la gana! ¡Te voy a moler a palos! ¡Porque quiero! ¡Porque yo quiero! ¡Vas a aprender, tú!»
(pág. 64)

La miel y el cuchillo, Serie Bellón, Julián Ibáñez García
Hay ocasiones en que se me acumulan lecturas de las que no he realizado reseña. Ese ha sido el caso en esta ocasión. El motivo creo que ha venido dado por mi deseo de avanzar con rapidez en el "Reto Autores de la A a la Z". Es un reto divertido que consiste en completar el abecedario con las iniciales por las que son conocidos los escritores. El problema aparece cuando hay una inicial difícil de cumplimentar porque autores con esa inicial o no están en mis planes de lectura o simplemente no conozco ninguno con ese nombre y me veo obligado a tirar de catálogo y escoger más o menos al azar alguno de ellos.  Es lo que en esta ocasión me ha ocurrido con Julián Ibáñez, autor que conocía sólo de nombre [en la lejana fecha de abril de 2014 citaba su nombre en una entrada que se puede leer aquí], pero del que nada suyo había leído. La I inicial de su apellido me venía al dedillo; así que cuando vi su nombre en una lista de españoles de noir me pareció una buena opción, como así ha sido en efecto.


Julián Ibáñez: "Sindy la colegiala" (#Bellón 2)

El escritor
Nació en Santander en 1940. Estudió interno en el Seminario de jesuitas de Carrión de los Condes. Que un niño estudiase en un Seminario religioso no era inhabitual en la España franquista. Los hijos de labradores y, como en el caso, de Julián, de perdedores como sus padres de la reciente guerra civil que se las veían canutas para poder dar de comer a sus hijos al haber sido apartados de los puestos que ocupaban durante la República. Los padres de Julián Ibáñez eran maestros republicanos y el franquismo laminó a ese gremio, y entregó la enseñanza a las congregaciones religiosas. Pese a esta formación en el seno de los jesuitas, el autor de "Sindy la colegiala" siempre se ha confesado ateo.

Su formación universitaria lo fue en el campo de las Ciencias en la Universidad de Valladolid. Ya en Madrid se formó en la Escuela de Cine en escritura de guiones cinematográficos.
Antes de asentarse en la capital de España trabajando profesionalmente en la industria del Cine como meritorio, ayudante de dirección, y escribiendo guiones, dice de sí mismo cuando es preguntado que se pasó 12 años viajando y viviendo por Europa, ocupado en los más diversos oficios: de vendimiador en Francia, trabajando con visones en Suecia, recolector de patatas en Inglaterra, friegaplatos, etc... 

Empezó a escribir novela negra a partir de 1980. Se engloba dentro de la generación de autores que renovaron el género en España a la muerte de Franco. Sería, pues, compañero de Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Juan Madrid o Andreu Martín


Sinopsis de la novela (proporcionada por la propia editorial)
Bellón está atrapado. Una misteriosa mujer de aspecto aniñado tiene una información que puede condenarle a dormir sobre jergón una larga temporada. Nadie pronuncia la palabra chantaje cuando la mujer niña se limita a hacerle un encargo aparentemente sencillo: que entregue un abultado sobre a una camarera de El Elefante Blanco... Bellón quiere conocer el contenido del sobre. Lo abre y se encuentra. con la Bomba Atómica.
Cuando Bellón está a punto de ser atrapado, la mujer niña le abre la puerta por donde puede escapar. Pero mejor la hubiera dejado cerrada...

Dos sensaciones he tenido según leía esta novela de Julián Ibáñez. La primera, que es deudora del policíaco español de los cincuenta y sesenta del siglo pasado que con tanto éxito de público se difundía en kioskos en esas ediciones características de bolsillo de la editorial Bruguera; la segunda, que en ella es patente el realismo sucio de un Raymond Carver y la denuncia social de por ejemplo Chester Himes, perfectamente combinados con las características de la genuina novela negra norteamericana tipo Raymond Chandler y/o Dashiell Hammett. La novela negra clásica norteamericana tuvo enorme difusión en España a partir de los años 40 con versiones cinematográficas de sus novelas a través de películas como "El sueño eterno" de Howard Hanks.
 
Es una novela cuyo protagonista es claramente un antihéroe. Se trata de un delincuente, de un marginado, de un matasiete, que igual actúa de sicario que chulea mujeres. Nada más comenzar el relato lo vemos acabando de realizar un encargo con resultado de muerte que le habían hecho; a continuación actúa de viajante trasladando mujeres angoleñas desde Portugal hasta Madrid donde las deposita en una pensión para después llevarlas al puticlub El elefante blanco en el que a partir de la noche trabajarán de camareras y de lo que se tercie. Estas mujeres a veces -casi siempre, la verdad sea dicha- son objeto de subasta entre los proxenetas de la zona. Él mismo se encapricha de una que le pide que la compre y ahí, al carecer de suficiente dinero con que pagar, comienzan buena parte de sus problemas. Sea como fuere el caso es que este ser marginal va saliendo con suerte de los aprietos en que se va encontrando.

Una novela de suspense como ésta no admite contar mucho de ella a no ser que se quiera destrozarla y estropear el placer de leerla por uno mismo. Yo no lo haré, por supuesto. Sólo diré que en el relato se hace realidad el dicho bíblico ''No hagas a otro lo que no quieras que te suceda a ti''. Bellón, trapacero y maestro de la doblez y el engaño, sufrirá en sus propias carnes aquello mismo que él, con arte, practica. El sexo que Irene, la bella mujer con aspecto aniñado, le ofrece más el dinero con que lo engatusa harán que su mente no muy clara de habitual dada su adicción a las cervezas de alta graduación y la necesidad que siempre tiene de dinero para quemarlo en las máquinas tragaperras o en el giley (juego antiguo de naipes) en el que de habitual se juega los cuartos este hombre, serán los elementos dinamizadores de la trama.

Erotismo en la novela negra, hard boiled, realismo sucio
"Sindy la colegiala"
de Julián Ibáñez es la primera novela que leo de la serie Bellón escrita por este escritor santanderino de 81 años. Es un genuino representante del hard boiled español. De éste mi primer contacto con él he salido reconciliado con el género, que emerge de su pluma con todas las características del mismo: corrupción policial, bajos fondos de la sociedad, garitos, bares de carretera, puticlubs, pensiones donde no se pregunta, prostitución de calle, chaperos, tráfico de mujeres, sexo, alcohol, juego, erotismo.... Quizás sea el erotismo característica importante en la novela; un erotismo callejero y de clubes de alterne, barriobajero, de menores, hetero y homosexual. Es este erotismo movilizador esencial de los comportamientos de los personajes, en especial del de Florín Bellón.

La novela se lee muy bien y rápido. A veces da la sensación de estar escrita también de manera muy rápida. Es seguro que leeré alguna más de la serie o al menos del autor para ratificarme o no en esta impresión inicial. Es una clara muestra de la evolución experimentada por esas novelas de kiosko de los años 40 y 50 escritas por españoles que firmaban Edward Goodman o Eddy Thorny (Eduardo de Guzmán), Mark Halloran (Jordi Gubern), Peter Debry (Pedro Debrigode), P. Duke (Fidel Prado Duque), Siver Kane (Francisco González Ledesma) o Lou Carrigan (Antonio Vera) por eso de que entre nosotros lo foráneo siempre ha gozado de más prestigio que lo nacional. Al menos así fue hasta los años 70 en que parece que los escritores se quitaron esa pesada carga, ese complejo de inferioridad, que les oprimía. Lo definitivo, al decir de Manuel Blanco Chivite, fue que estos escritores «prácticamente, no descubrieron a los grandes del género hasta después de la muerte de Franco, cuando las traducciones nos [los] volvieron a traer». Se refería Blanco Chivite, naturalmente, a Chandler y Hammett.

La novela se publicó en 2003 con el título de La miel y el cuchillo aunque la edición que yo he manejado -la edición de kindle- aparece con el de Sindy, la colegiala, quizás por, en opinión del editor, tener mayor tirón que el otro. Es la segunda o tercera que tiene por protagonista a Florín Bellón. La serie se compone por ahora de los siguientes títulos: Entre trago y trago (2001); La miel y el cuchillo (2003); El soplón (2000); El viejo muere, la niña vive (2014); Todas las mujeres son peligrosas (2015); Gatas Salvajes (2015); Canino (2016); El matón al que engañaban las mujeres (2017); La catequista (2018); Violentamente pelirroja (2018); Yo fui mercader de mujeres (2019); y La noche se llenó de sirenas (2020).
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