5 feb 2026

Carmen Martín Gaite: Nubosidad variable

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Nubosidad variable, Realismo social español
En Salamanca, mi ciudad natal, me cruzo cada vez que paseo por sus calles con la escultura que la artista Narcisa Vicente Rodríguez hizo de la escritora Carmen Martín Gaite el año 2000, con motivo de su fallecimiento. El año pasado se cumplía el centenario del nacimiento de la novelista en Salamanca. Desde el primer día de ese 2025 me propuse rendir alguna clase de personal homenaje, por humilde que el mismo fuera, a mi paisana. Lo hice en abril con una entrada sobre la adaptación teatral de su novela "El cuarto de atrás" en el Teatro de la Abadía [leer dicha entrada aquí]; y también, acabando el año, realicé la lectura de su obra, quizás, más emblemática, Nubosidad variable, lectura que protagoniza esta breve reseña. La autora dedicó nada menos que ocho años Martín Gaite a la escritura de esta novela publicada en 1992.  

Sinopsis (promoción editorial de la novela)
La novela narra el reencuentro de Sofía Montalvo y Mariana León, dos amigas de juventud que cruzan los relatos de sus vidas. Mientras Sofía se halla en el desencanto y la frustración por un matrimonio infeliz, Mariana sufre una pasión tóxica.

Nubosidad variable es una novela epistolar en la que dos mujeres, amigas durante su etapa escolar en el instituto, se reencuentran casualmente tras muchos años de no haberse visto. Durante su no premeditado encuentro en una exposición de pintura, ambas recuerdan su etapa de estudios y deciden recuperar el gusto por la escritura poniéndose «deberes» tal y como, recuerdan, les ponía en el instituto su profesor de Literatura, Pedro Larroque. Se imponen la "obligación", como les sucedía en su época escolar, de escribirse.

 Es así como ambas escriben y en este proceso, cada una por su lado, rememoran y/o evocan experiencias y sucedidos ocurridos en su entorno. Las alusiones que en sus escritos aparecen referidos a una y otra son importantes. Conoceremos dos versiones sobre el porqué de su distanciamiento y cómo ese motivo -la relación con un chico de nombre Guillermo- planea y planeó muchos años sobre ellas. 

Estas dos mujeres son: por un lado, Sofía Montalvo, madre de tres hijos (Encarna, Lorenzo y Santiago) y mujer de Eduardo; por el otro, Mariana León, psiquiatra de éxito en Madrid, a cuya consulta acuden sobre todo mujeres aquejadas de soledad. De la vida y milagros de todos estos personajes nos enteramos por esos deberes de escritura que, cumplidora, realiza Sofía y por las cartas que, salvo la primera, Mariana le escribe aunque nunca le envía. 

En el momento del reencuentro ambas mujeres viven en Madrid. Como seres adultos que son cada una ha vivido su vida y tenido experiencias amatorias diferentes, aunque con resultados muy parejos. Tras el encuentro y ya con las cartas y escritos realizados, ambas amigas decidirán ponerlos en común para así conformar cada una el cuadro de su vida y rellenar los huecos que hubiera en ellas. Eso es, en definitiva, la novela que tenemos en nuestras manos. La novela que hemos leído, la misma que estamos leyendo al tiempo que vemos cómo se hace, es la que les sirve a ellas para recobrar su amistad, para recuperar la alegría de vivir, la fe en el futuro, y tirar para adelante.

Los capítulos de Nubosidad variable van alternándose de manera que cada uno de ellos corresponde a una narradora: los impares a Sofía Montalvo y los pares a Mariana León. En estos capítulos vemos el proceso de escritura de estas dos amanuenses, sus dudas de escritora, las decisiones a la hora de primar o relegar a unos personajes frente a otros; en definitiva asistimos a una novela haciéndose, lo que ciertamente es algo muy interesante y en mi opinión uno de los grandes méritos de esta obra.
  • Tengo que atender a este flash back, lo tengo que pegar en el collage, aunque sea con saliva. (Sofía)
  • Se inicia la pesquisa. Ahora apártate a escuchar, ¿te importa?, porque estoy hablando de ti con otra persona. Veremos lo que sale. (Sofía)
  • Acabé hablándole no sólo de ti y de las cartas que te escribo y no te mando, sino dirigiéndome también a ti cuando venía a cuento, y a Raimundo y a Silvia, y a Manolo, con lo cual cada vez se llenaba de más presencias fantasmales la terraza y mi monólogo tomaba un sesgo delirante, quizá una buena idea para pedir una beca de teatro al Centro de Nuevas Tendencias Escénicas; aunque puede que ya esté inventado esto del interlocutor múltiple. (Mariana)
  • Bastaba oírlo hablar para descartarlo como protagonista real de una aventura romántica. De todas maneras es una escena que puede aprovecharse para la novela, aunque cambiando el diálogo. Y también, claro, el tono de la voz y la intención de la mirada. Porque, en la novela, D. R. ya ha recibido la carta de Marta Lucena. (Mariana)
También muy destacable en el relato es la enorme cantidad de referencias literarias explícitas e/o implícitas que en el mismo aparecen. Quizás la que enmarca toda la novela sea la referencia a Cumbres borrascosas de Emily Bronté. Sofía Montalvo la lee una y otra vez, como si estuviera en bucle. Ella se viene a identificar con la pasional protagonista de esta obra romántica, como bien le dice en un momento dado Mariana León: «Ni Catherine ni Heathcliff necesitaron nunca que los perdonara el mesurado Linton. La novela no puede acabar de otra manera, igual que tampoco pudo tener happy end la tuya con Guillermo»
Pero las referencias literarias no se quedan aquí, sino que son múltiples: tanto a autores clásicos (Manrique, Quevedo, San Juan de la Cruz, Machado...) cuanto a contemporáneos al momento de escritura de la novela («estuve leyendo una novela policiaca de Ruth Rendell, "Hablar con desconocidos"»). La propia actividad literaria de Martín Gaite se refleja en ese ensayo que Mariana está haciendo sobre el erotismo [la autora había escrito años atrás dos ensayos en los que estudiaba el erotismo en España: Usos amorosos del dieciocho en España (1973) y Usos amorosos de la Postguerra española (1981)]. Incluso la literatura popular asoma la cabecita en esta novela en esa referencia que se hace al Cuento de la Buena Pipa. Y es que, en definitiva, quizás esto que estamos leyendo no sea más que eso, un cuento de nunca acabar.

Es Nubosidad variable una novela en la que Carmen Martín Gaite se muestra de manera escondida. Lo hace escindiéndose a partes iguales entre  sus dos protagonistas. En el aspecto amoroso quizás se la vea más en Sofía Montalvo y en el literario en Mariana León. Ella, Martín Gaite, estuvo casada con Rafael Sánchez Ferlosio y tuvo hijos con él: un niño, Miguel, que murió en 1955 de meningitis con sólo ocho meses; y una niña, Marta, que falleció con 28 años en 1985, víctima del sida. Esta pérdida acompañará constantemente a la escritora y muchas vivencias y experiencias tenidas entre ella y Marta se colarán en sus novelas. En esta, concretamente, el hecho de que las dos protagonistas se escriban mutuamente puede que recoja el hábito que madre e hija tenían  en vida  de dialogar a través de los cuadernos en los que una y otra escribían. 
«Eduardo era práctico, seguro de sí mismo. Practicaba la política de los hechos consumados. No paró hasta arrancarme el apetecido «sí» pero antes ya me había dejado embarazada. «Ya me querrás —dijo—, siempre conviene que el hombre quiera más que la mujer. Yo te voy a querer por los dos». Y aquello me gustó oírlo. Yo estaba deseando irme de casa cuanto antes. Y tener hijos.»
Es en el propio acto de escritura, como he dicho, que van surgiendo evocaciones de tiempos pasados de una y otra. De todos los sucedidos destacan las rupturas amorosas. De hecho, el distanciamiento de las dos mujeres se debió -es algo conocido desde el principio- a un problema amoroso al estar ambas en relación, en los meses finales de instituto, con un tal Guillermo. Este personaje flota como un fantasma en el escrito, especialmente para Sofía, cuyo encuentro con él en Londres, ya casada ella y madre de tres hijos, le servirá para tomar conciencia de que su vida anodina con Eduardo no puede seguir así. Por su parte, a Mariana, soltera ella, le sucederá con Raimundo otro tanto de lo mismo. 

Nubosidad variable, Novelistas españolas de la generación del 50
Personalmente, de la novela me ha gustado el colorido del sur, de Cádiz y sus pueblos magníficos en los que se refugia Mariana para reflexionar sobre su propia vida. El encuentro allí, en el sur, con el personaje de Manolo Reina, que tanto le gustó en un momento dado, le servirá para salir del pozo. Por otra parte, los momentos en que la acción se centra en las vivencias de una y otra en Madrid se me han revelado como algo viejos, pasados, caducos. Fugazmente, durante la lectura de algunos pasajes de la novela no he podido por menos que pensar que esta generación de novelistas realistas de los años 50 del siglo pasado a la que Martín Gaite pertenece, siendo estilísticamente magníficos, sin embargo corren el peligro de verse sobrepasados por la vorágine del tiempo. Me ha pasado ya leyendo alguna novela del gran Miguel Delibes (¡no todas, que conste!) lo que achacaba yo a que el vallisoletano estaba más imbuido por el existencialismo arraigado o desarraigado de finales de los años 40. Pero me temo que los que comenzaron a publicar a mediados de los años 50 también están en riesgo.