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2 nov 2021

Manuel Vilas. Los besos. Novela

27 comentarios:

«Y me di cuenta de que da igual, de que el envejecimiento es la edad de las igualaciones. Si te mienten, es hermoso. Si te dicen la verdad, también es hermoso. Porque los besos sí fueron reales, y eso es la certeza, la única certeza del mundo.»

Supe de Manuel Vilas, como tanta otra gente, a raíz del Premio Nacional de Novela que en 2018 se le concedió por su magnífica "Ordesa". Fue leer esa novela y quedar atrapado en las redes de su peculiar prosa. De "Ordesa" salté a la poesía contenida en su poemario "Amor" y luego ya en 2019 leí su breve pero sustancioso "Nueva teoría de la urbanidad", librito que pese a nacer como regalo por parte del autor a una editorial esconde en su interior la filosofía existencial y nihilista propia del escritor envuelta en la ironía, la guasa, la broma, la agudeza...; en definitiva en ese estilo burlón, chocarrero muchas veces, tan característico en él [de los tres títulos citados tengo reseñas hechas en este blog que se pueden leer haciendo clic en cada uno de los títulos]. De manera que cuando en la muy reciente Feria del Libro de Madrid vi "Los besos" en la mayoría de las casetas y luego leí no pocas reseñas positivas sobre el mismo en los muy fiables blogs literarios que frecuento supe que habría de leerlo. Y eso es lo que acabo de hacer.

Los besos, novela de Manuel Vilas. Literatura de la COVID-19
Sinopsis
. De la novela dice la propia editorial en la contraportada del libro lo siguiente:
Marzo, 2020. Un profesor abandona Madrid por prescripción médica, va hasta una cabaña en la sierra y conoce a una mujer apasionada quince años menor. Él se llama Salvador; ella, Montserrat, y entre los dos crece una confianza plena e inesperada, llena de revelaciones.
Sus encuentros son un gran baño de luz. Salvador se ilusiona y le cambia el nombre, la llama Altisidora, como un personaje del Quijote. Ambos se enamoran y construyen una relación madura, con las prevenciones propias de sus cuerpos y recuerdos: el pasado reaparece constantemente.
Los besos es una novela de amor romántico e idealizado, pero también de piel y amor carnal, de cómo en mitad de una crisis universal dos seres humanos intentan regresar a la patria biológica y atávica del erotismo, ese lugar misterioso donde hombres y mujeres encuentran el sentido más profundo de la vida.

Mi comentario
Los besos es una novela que va in crescendo. Comienza un poco en un tono menor, lento o moderato, para con el paso de sus páginas ir ascendiendo ascendiendo hasta llegar a un tutta orchestra magnífico, espléndido, sonoro, tremendo, humano, necesario, comprensivo, total. Un a tutta orchestra que queda suspendido en el aire, en la nada, tras la experiencia vivida por Montserrat/Altisidora y Salvador, los protagonistas de estos besos a través de los cuales se elevan hasta otra dimensión vital logrando así escapar de la vulgaridad del momento.

Salvador es un profesor de instituto a quien han prejubilado anticipadamente dados los problemas de memoria que últimamente está sufriendo. El sindicato de la enseñanza al que pertenece le ha concedido la estancia durante un tiempo en una cabaña de la sierra de Madrid a donde se desplaza para así huir de la ciudad cuando el confinamiento decretado por el gobierno por culpa de la COVID-19 está a punto de hacerse realidad. Allí, en Sotopeña, nombre ficticio de esta población serrana, Salvador queda prendado nada más verla de Montserrat, una mujer quince años menor que él que trabaja en un supermercado de la localidad a donde él se acerca a por provisiones. Es un flechazo, un amor a primera vista, que lo dejará tocado y que, afortunadamente para él, será recíproco pues Montse se ocupará de llevarle viandas dado que en la cabaña que habita apenas si Salvador tiene algo. 

Salvador es un hombre que necesita pocas cosas. A Sotopeña acude con poco equipaje, dos ediciones de El Quijote y una Biblia. Allí, en Sotopeña, a sus 58 años Salvador encontrará el amor en Montserrat a la que con cervantino ingenio llamará Altisidora. Esta analogía Quijote / Salvador y Montserrat-Altisidora / Aldonza-Dulcinea le servirá para desarrollar la trama. Al tiempo, la línea cronológica de 2020 en que sucede el enamoramiento narrado se cruza en un claro desplazamiento al pasado con la de 1981 cuando el narrador era estudiante en Madrid y vivía en una residencia de nombre Academia donde hizo fuerte amistad con Rafael Puig, amigo con quien hablaba de todo lo humano y lo divino en un ámbito de confianza y sana amistad como nunca jamás volvería a tener. El personaje de Rafael le pone en contacto, comunicación o revelación, con el lado misterioso de la existencia. Rafael es un chico que anticipa el futuro, que sabe con antelación lo que va a suceder e incluso que logra comunicarse con los ya fallecidos. Esta dimensión mágica, inexplicable racionalmente, se denomina en el relato por parte del narrador, que no es otro que el mismísimo Salvador, como Oscuridad

El amor que surge de manera inopinada en esta pareja de seres ya maduros es una auténtica revelación para ambos, en especial para Salvador, un hombre soltero que se veía ya abocado a no vivir una pasión semejante. Salvador a lo largo del relato no quiere caer en el estereotipo masculino, no quiere tener la obligación de dar él el primer paso, no desea hacerlo porque tiene miedo al rechazo, al fracaso, quizás porque se sabe mayor. Montserrat es una mujer con arrestos, decidida; además de cajera en el supermercado donde trabaja es madre de Marc, un niño de ocho o nueve años que vive en Alemania con su padre del que ella está separada. Para Montserrat Marc es lo primero y eso Salvador lo sabe.

En la vorágine existencial y el aislamiento provocados por la decisión gubernamental del confinamiento obligatorio ambos, Salvador y Montserrat, hallan en su relación un salvavidas, una isla donde refugiarse de la sinrazón de la misteriosa pandemia surgida de la propia Oscuridad y de las decisiones de los políticos que bombardean las mentes de los ciudadanos con verborrea incesante y hueca: 
  • «Pongo la televisión y sale el presidente del Gobierno de España, o sea, Narciso, y en su cara brilla el virus de la entropía, pues tarde o temprano perderá unas elecciones y vendrá otro que abominará de él
  • «Narciso está en la tele de nuevo. Yo creo que le gusta. Mueve las manos en señal de una nueva liturgia en donde se comprometen la solidaridad, la eficacia gubernamental, la invocación igualitaria a todos y todas»[...]
  • «A nuestro Narciso le da igual el virus porque también está enamorado, pero de sí mismo. Los enamorados no vemos el virus. Yo estoy enamorado de Altisidora. Narciso lo está de sí mismo
  • «El Narciso de España se acerca a la psicopatía, al cinismo y al sadismo, el de Estados Unidos también.»
Frente a la vulgaridad de la vida cotidiana presente en esas comparecencias televisivas Salvador busca la belleza como único asidero vital. Lo encuentra en el amor a Montserrat a quien convierte en Altisidora, personaje cervantino de "El Quijote" obra que está releyendo y que frente a la Biblia, el otro libro que se ha llevado a la cabaña de la sierra es su auténtica guía vital. Antes que el Dios revelador bíblico, él prefiere el dios revelador humano, Cervantes, con sus contradicciones, sus errores sintácticos a veces y de contenido otras cuantas más. Salvador es un romántico, un idealista, que encuentra el amor en su madurez, que quiere que perdure pero no exclusivamente en un nivel genital o meramente sexual; por eso espiritualiza a Montserrat, la cajera del supermercado y como hiciera don Quijote con Aldonza Lorenzo transformándola en Dulcinea del Toboso, él transmuta a Montse, con el permiso de ella por supuesto, en Altisidora. Y Montserrat se entusiasma ante esta prueba de amor por encima de la mera cópula. Sentirse amado/a y deseado/a es casi más importante que el propio ejercicio de la sexualidad. 

Reflexión, humor, sexo, vejez, amor en Manuel Vilas

"La literatura es la habilidad de un escritor para ponerse en el punto
 de vista de alguien a quien a lo mejor no le cae bien
" // Foto:Clara Rodríguez

Hay en Los besos un claro homenaje al amor romántico; a Cervantes, que puso a recorrer el mundo a don Quijote, un idealista enamorado de un imposible; al amor en la madurez e incluso en la vejez; al ejercicio de la sexualidad en esa edad... En definitiva hay en esta novela una evidente reivindicación de la vida, aunque sin olvidar que es finita y que la entropía -concepto que como el de Oscuridad llena la novela- o sea la incertidumbre, el desorden consustancial a ella, está ahí elevándose por encima de los dioses actuales -en especial de la Ciencia- tal y como la COVID-19 ha venido a demostrar. En un mundo y una sociedad que vive de espaldas a la muerte como si la misma no existiese o ya estuviese vencida dice Manuel Vilas en una magnífica entrevista concedida al diario Voz Pópuli lo siguiente: «Nosotros, los escritores, lo que hacemos muchas veces a través de las novelas o de los ensayos es recordar que la muerte está ahí y tratar de contarla, describirla, precisarla… para que el lector lo recuerde. Hacemos como de recordatorio de los grandes temas de la vida que a veces la sociedad elimina de las pantallas porque son incómodos

Es curioso, pero nada extraño, que en esta respuesta al periodista Carlos H. Vázquez, Vilas convierta casi en términos equivalentes novela y ensayo; y es que mucho de reflexión, de especulación, de introspección, de pensamiento, hay en Los besos. Son pensamientos exclusivos unas veces de Salvador y otras, nacidos a través del diálogo con Montserrat. Salvador está constantemente sometiendo todo a análisis, incluso los elementos más insignificantes o que así pudieran parecerlo. En su proceso introspectivo salta de unos asuntos a otros de manera que a veces da la sensación de perderse en futilidades («Es una bombilla de 75 vatios. Fue una revolución esa bombilla, porque las de 60 vatios eran un tanto débiles y las de 100 eran excesivas. De modo que la de 75 fue un éxito que sí supuso un paso adelante de la humanidad.») aunque siempre hay algo importante en ello, en este caso el paso del tiempo. Esta manera de pensar, de considerar el mundo en derredor, de ver a Montserrat como Altisidora, de no comportarse como quizás se entendería debería actuar un hombre, lleva a Montse a tildarlo de loco, pero de loco maravilloso («Montserrat/Altisidora se ríe, se emociona también, y me dice: Claro que sí, es un nombre hermoso. Bien, ya soy Altisidora. Estás completamente loco, pero mientras no seas el Anthony Perkins de Psicosis me conformo. Porque no estás loco, ¿no?»). 

Lo anterior es muestra de la radical diferencia que existe en esta pareja de solitarios que han encontrado en los besos, manifestación y preludio del amor, un refugio a su soledad. Montserrat sólo es Altisidora en los brazos de Salvador, pues en el resto es una mujer que tiene bien asentados los pies en el suelo. Eso lo intuye o mejor lo sabe Salvador, casi desde el inicio de la relación. Sabe que por encima de todo para Montse está Marc, su hijo; y lo sabe aunque ella jamás lo diga de manera directa:
«cosa que no haré jamás [formularle a Montserrat la pregunta de si sería capaz de dar como prueba de amor su vida por él], porque sé la respuesta, la sé porque su hijo Marc es más importante que yo, y eso también es una obra maestra de la vida, el hecho de que ella esté más enamorada de su hijo que de cualquier hombre que haya existido, exista o existirá. Los misterios son todos profundamente hermosos.»
En la novela la dualidad hombre-mujer es evidente y se muestra sin tapujos porque no es lo mismo ser hombre que ser mujer. Quizás aquí, en el fondo anide el tono burlón e irónico de Vilas que disiente del pensamiento dictado por la superioridad respecto a cuestiones de género. En la invocación televisiva de Narciso a «todos y a todas» ya se percibe el sarcasmo; aunque no hay sarcasmo alguno en la distancia que separa la consideración suya y la de ella sobre lo que están viviendo durante los meses de 2020 que van de marzo a agosto:
«Ahora comprendo que ella en realidad, en el fondo, no pensaba como yo. Ella buscaba un amor en el tiempo, y yo una belleza atemporal. Ella buscaba un ser humano y yo un arquetipo. Ella buscaba el sol y yo una estrella más pequeña.».
En definitiva, Salvador es un romántico y ella una mujer realista que vive el día a día. Quizás de ahí derive la distinta actitud ante el sexo de uno y otra, la erotización y la destrucción del ideal amoroso por cualquier futilidad. 

El estilo es el propio de Manuel Vilas, un estilo reflexivo, introspectivo a veces, dialogado en otras aunque siempre de esa manera indirecta que los narradores fronteros con el ensayo suelen utilizar. El escritor de Barbastro construye una novela interesante que no deja indiferente, que habla de muchas cosas, en especial del Amor, del Tiempo, de la Muerte, del Olvido, del misterio de la vida (la Oscuridad en el relato), del Hombre y la Mujer, del Erotismo, de la Vejez, de la maternidad, etc., etc. Todo muy bien engarzado, sin forzar nada, con una naturalidad que enamora al lector de la literatura del de Barbastro.

Y enamora además porque la novela rezuma poesía, musicalidad, filosofía, trascendencia..., cultura de todo tipo. Como es habitual en el autor la música ocupa un lugar importante en la narración desde la clásica («Lascia Ch’io Pianga» de Haendel) pasando por los clásicos del jazz (John Coltrane, Nina Simone o Amy Winehouse) hasta compositores actuales de música romántica como Franco Battiato.  Vilas y el narrador en primera persona de la novela aman el Cine y eso se percibe en la utilización que hacen de él (con Psicosis de Hitchcock o con Deseando amar de Wong Kar-Wai, por ejemplo) como referente explicativo de su situación:
[Altisidora] «Es el agua frente a la piedra. El agua, como en aquella película que vi una vez, aquella que se titulaba 'Deseando amar', en donde al final de la historia nacía una pequeña planta en medio de las piedras.»  
Para finalizar sólo me quedaría aludir a lo que ya he manifestado al inicio de esta reseña y que es seña de identidad de su manera de hacer literatura. Manuel Vilas posee un estilo nihilista sí, pero que no cae en el desaliento; es consciente de que el capitalismo nos rodea por todos lados y que la ancianidad en la que a sus 58 años -casual o irónicamente la misma edad de Salvador en la novela- está a punto de ingresar no se desarrolla al margen del mismo.
  • «Somos sociedades llenas de ancianos, en España los ancianos son millones. Lo llaman envejecimiento de la población, que es un eufemismo.
  • «La invención de la ancianidad es la esencia de Europa. La tercera edad es un invento del capitalismo social. A veces pienso que el capitalismo tiene sentido del humor.»
Sólo una mirada irónica sobre la vida permite sobrellevar la inmensa contradicción que es la misma. A esto añade Vilas a través de Salvador la incesante búsqueda de la belleza. A la edad en que éste se encuentra sólo la belleza puede ser acicate para perseverar en la vida. En eso Salvador, a las puertas de la ancianidad, difiere de Montserrat quien con 43 años y un hijo aún es joven y vive con avidez el presente temporal y no la belleza atemporal que busca Salvador.
  • «Nos hacen vivir sin belleza, y lloramos en los callejones. Sin belleza, y bien alimentados, con buenos surtidos de antibióticos, con muchos médicos, con muchas escuelas públicas, pero sin belleza, sin un gramo de belleza en ninguna parte.»
  • «Ya sé por qué los ancianos perseveran en la vida. Es por la belleza. Porque el mundo es bello en sí mismo. En la ancianidad se descubre eso. Ya no hay ruido. Ya no está pasando nada. Solo pasan las horas, una detrás de otra.»
  • «"Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío, alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina", escribió el poeta español Luis Cernuda, y esa es la única libertad que cuenta
  • «una cosa maravillosa te regala la madurez es la desactivación de toda vanidad y la activación de la belleza del adiós, sea de la naturaleza que sea ese adiós y tenga la causa que tenga.»
Sólo una sola cosa más para definitivamente finalizar. La novela que ha comenzado con una sorpresa aunque suficientemente intuida por todos, el decreto del Confinamiento obligatorio durante tres meses de toda la población española, se cierra con otra sorpresa igualmente intuida o sospechada por todos, el autoexilio voluntario del Rey Juan Carlos I. Desde luego no ganamos para sorpresas, aunque como digo sean sorpresas de baja intensidad dado que estaban ya en la cabeza de todos. 


Si hay algo que me interesa especialmente en esta ocasión es conocer la opinión de aquellos que hayáis leído Los besos de Manuel Vilas. ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de ella? ¿Os parece una obra distinta a otras del novelista o quizás os parece más de lo mismo? No sé, creo que es una novela que despierta preguntas en quien la lee; una novela, desde luego, apropiada para una tertulia literaria; una novela que, aunque trata de la intimidad de la pareja, estimula la discusión social sobre la misma. Una novela, en definitiva y de cualquier manera, interesante sin duda alguna.

28 nov 2019

"Nueva teoría de la Urbanidad". Manuel Vilas

8 comentarios:
Con el estilo existencial y algo nihilista que es propio en él, Manuel Vilas reflexiona sobre la vida que llevamos partiendo del concepto de urbanidad, o sea, la relación que el individuo establece con el mundo a través de sus modales.

La elegancia, la capacidad de seducir, la amabilidad, el encanto... para Vilas son urbanidad. El término de urbanidad apareció escrito por vez primera en 1438 asociado a las clases altas y aristocráticas. El concepto de urbanidad ha conocido desde entonces una evolución insospechada que nada, o muy poco, tiene ya que ver con aquel momento. Así de 50 años para acá la elegancia, la amabilidad, el encanto…, o sea, la urbanidad ha extendido sus garras -capitalistas, claro- a la clase media. Tras la II Guerra Mundial ya no será necesario ser rico para ser educado, agradable y deseable.


Manuel Vilas, prosa, nihilismo existencial,
La urbanidad nos impele a ser elegantes, aunque el mundo quiere robarnos la elegancia; y lo intenta a base de mentiras como son las tarjetas de crédito, las de puntos, las bonificaciones de todo tipo, el tres por dos... Y Vilas advierte:
"¡Todo es mentira! El capitalismo -y nada hay fuera del mismo, no seamos inocentes- busca acabar con tu urbanidad, con tu sentido del bien y del mal. Pero hay que aguantar."
A partir de este momento inicia un recorrido por las edades del individuo y por aquellas situaciones habituales por las que todos pasamos (Colegio, Familia, Fama o Anonimato, Verano de Playa o Pueblo, transporte público o privado…,) y su contacto con la urbanidad. En el colegio es donde ya la persona se ve en su auténtica realidad -solo- y por ello debe comenzar a pergeñar estrategias para relacionarse con ese nuevo mundo, o sea, la urbanidad aquí es importante. Lo mejor que se puede hacer –aconseja Vilas- es pasar desapercibido; eso, dice, es estilo y urbanidad.

Más tarde pasa a considerar el concepto en el medio universitario y laboral. En el mercado de la urbanidad se hacen distingos de todo tipo: hombres - mujeres, guapos - feos, etc. En la etapa de juventud, dice Vilas, el cuerpo tiene una gran importancia. Cuerpos que hay que vestir y cada uno lo hace de determinada manera. Como Vilas sabe en qué mundo vive, el capitalista, aquel que se sustenta en la adquisición de bienes y en la ostentación de los mismos ante los demás, no repara en mostrar su satisfacción -la ironía todo lo envuelve en este tratado sobre la urbanidad- a través de cuestiones aparentemente banales pero que para él, por biografía y procedencia familiar, dice, no lo son tanto. Nos habla así el autor de lo importante que son unos zapatos bien limpios aunque se trate de ese sucedáneo de calzado que son los zapatos híbridos, mezcla de zapatilla y zapato tradicional. Esta exaltación del calzado en su versión clásica le lleva a reflexionar sobre el acierto enorme de los pantalones pitillo (skinny) de moda en la actualidad dada la relevancia que con ellos se da al calzado que se lleva.
"Son más importantes los zapatos españoles que los políticos españoles, conviene recordarlo. Dan más alegrías a escala internacional. Y más ingresos. Alegría e ingresos siempre vienen de la mano" (pág. 12)
La reflexión sobre los zapatos y los cuerpos le llevan a consideraciones más profundas como es la del envejecimiento. Y aquí apunta que se es injusto -machista, sería mejor decir- con las mujeres y la vejez: "Hay en el envejecimiento de las mujeres algo que ni siquiera el feminismo más profundo y analítico ha conseguido desvelar" (pág. 15). Dice que hay que despenalizar el envejecimiento de la mujer porque eso nos liberará a hombres y mujeres para la que recomienda la lectura de "El animal moribundo" de Philip Roth. Y yo pienso hacerle caso y leer esta novela porque Roth es un autor que me encanta y cuando Vilas lo recomienda será por algo, eso seguro.

En la Obra de Vilas, en general, y en esta obra con minúscula, en particular, subyace mucha filosofía, mucho pensamiento, muchísima reflexión, tocante todo ello a la existencia humana, a nuestra estancia en este inestable y azaroso mundo, donde vivimos todos apelotonados en una cotidianidad donde se desarrolla la urbanidad, aunque en realidad sea una ineludible soledad compartida. Como es habitual en él muchas de estas reflexiones están trufadas de ironía, de humor, de sano y enriquecedor nihilismo, de higiénica provocación. Es por esto que de este libro más que otra cosa quiero destacar algunas frases que como flechas  nos lanza el autor y que nos hacen pensar..., y también sonreír.

FRASES DESTACABLES:
  • La vida es vida social porque vamos vestidos. Jesucristo, Marx, Freud, Lenin, Sartre, Foucault, Lacan iban vestidos. Virginia Woolf y Simone de Beauvoir también iban vestidas. Por tanto, iban de tiendas. Tiendas de ropa, y zapaterías. (pág. 21) 
  • Es muy difícil caerle bien a la gente si tienes deudas. Las deudas y el poco dinero son los grandes enemigos del estilo y la urbanidad. (pág. 59) 
  • Había más modernidad antifranquista en las playas españolas que en el Partido Comunista de España, ay, qué dolor tener que decir esto. (pág. 45)
  • La música popular era y es erotismo. Allí quería ir a parar: urbanidad y erotismo en algún momento acaban siendo lo mismo.(pág. 56)
  • Si tus abuelos eran de pueblo, y aún te queda una tapia en ese pueblo, vete a esa tapia. Cógete seis o siete tomos de clásicos de la literatura universal y ponte a leer bajo la sombra de esa tapia y veranea en esa tapia. Si haces eso, que sepas que estás haciendo el acto más revolucionario de tu vida. (pág. 50) 
  • Hay gente que se vanagloria de no tener coche, pero esa gente siempre encuentra a algún imbécil que sí tiene coche y está dispuesto a llevarla. (pág. 37) 
  • La buena literatura te dice la verdad, aunque use la imaginación. La mala literatura te dice la imaginación, aunque use la verdad. Si lees buena literatura, vives. Si lees mala literatura, no te enteras ni de que estás vivo. (pág. 59) 
Para finalizar
Editorial Carreño books,
Este librito, casi un opúsculo, es una nadería, un juego que Manuel Vilas regala a 'Carreño Books', una editorial, perteneciente al grupo Penguin Random House, que nace, según dicen en la solapa trasera, con la "intención de poner en valor las buenas maneras y la exquisita educación". Pero no nos equivoquemos, hay mucha sorna, mucho cachondeo en esta declaración de principios; una declaración que se ratifica y se explica plenamente a través de este libro que Manuel Vilas les ha cedido gentilmente. Aunque también, creo, que los editores juegan con la filiación que el apellido Carreño, que da nombre a la editorial, tiene con la urbanidad y las buenas maneras desde que en 1853 Manuel Antonio Carreño sacase en Venezuela el "Manual de Urbanidad y Buenas Maneras para uso de la juventud de ambos sexos", un libro que tuvo vigencia durante más de un siglo en todo el mundo hispanohablante incluida España.

Pero volviendo al libro que nos ocupa es evidente que la ironía, la guasa, la broma, la agudeza... conforman el tono que el de Barbastro ha querido imprimir a este opúsculo de 62 páginas que llegó a mis manos obsequiado por la librería FNAC por el mero hecho de haber realizado allí una compra libresca (¡¡se están poniendo mal las cosas para los libreros cuando por comprarles libros te hacen regalos!!). Como no podía ser de otra manera en el autor de "Ordesa" [leer reseña aquí], a pesar del tono burlón, gracioso, chistoso..., hasta chocarrero a veces, con que Vilas construye esta nueva teoría de la urbanidad, no deja de haber destellos de indudable denuncia o/y de profunda reflexión. Leyendo este manual de urbanidad reímos al tiempo que reflexionamos. Y eso está siempre pero que muy bien.
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Nota:
Que esta publicación no es novela es claro y diáfano, razón por la cual vengo a añadirla al Mes temático de la No Novela que Laky  de "Libros que hay que leer" convocó para este noviembre.


1 abr 2018

"Amor". Manuel Vilas, poeta

10 comentarios:
Como digo en la reseña que hice de "Ordesa" de Manuel Vilas hará cosa de dos semanas, la poesía es elemento esencial en la obra de este autor aragonés. Él mismo afirma no creer en los límites de género en literatura. Lo he podido comprobar cuando tras leer su exitosa novela he abordado "Amor", su poesía escrita desde 1988 a 2010 y reunida por él mismo.

"Ordesa", poetas aragoneses, Aragón, Literatura, Huesca
Este recopilatorio se estructura en cinco grandes apartado cronológicamente ordenados que van desde lo que él denomina "Primeros poemas (1988-1998)" al último que titula como "Poemas inéditos (2009-2010)". Entre ambos están los tres poemarios publicados durante ese extenso lapso temporal: "El Cielo" (2000), "Resurrección" (2005, XV Premio Jaime Gil de Biedma) y "Calor" (2008, Premio Fray Luis de León). Quedan fuera de los límites de esta compilación Gran Vilas, el libro de poemas que sacó en 2012 con el que consiguió el XXXIII Premio internacional de poesías Ciudad de Melilla; y también, claro es,  El hundimiento, que en 2014 ganó en Málaga el Premio Generación del 27.

Como se ve Manuel Vilas ha ganado no pocos premios poéticos convocados en su mayoría por entidades culturales de tamaño y aspiraciones medianas radicadas en poblaciones y territorios asimismo no muy grandes como Segovia, Melilla, Málaga. Tan sólo el Fray Luis de León le ha sido concedido por una institución de orden mayor como es la Comunidad autónoma de Castilla y León. Este hecho concuerda con el carácter y personalidad del escritor: un hombre normal que habla de lo que les sucede a personas normales como él, con aspiraciones y deseos compatibles con la mayoría de aquellos que militan en la engañosamente denominada 'clase media', un eufemismo con el que , según el poeta, se evita la palabra 'pobre'.


"AMOR"
La razón del título la explica el poeta en la introducción al volumen. Dice: "el amor a todo es la única salida del laberinto"; y añade "tal vez este sentimiento esté emparentado también con la exaltación, con la plenitud, con la euforia, con la libertad". En estas dos frases está contenido todo el sentido último de la poesía de Vilas: sólo el Amor nos salva de la brutalidad y acabamiento constantes que supone la existencia; y dado que conocemos el inexorable final sólo cabe conjurarlo mediante la exaltación y plenitud vitales, mediante el ánimo eufórico y, en definitiva y siempre en positivo, mediante el ejercicio de la plena libertad. 

Es característico del hacer poético del de Barbastro asuntos y elementos como los siguientes:
  • El erotismo vívido, recordado o fantaseado ('Historia de una camarera' en "El Cielo")
  • El alcoholismo como vía de escape y hallazgo  ('El alcohólico' ("Poemas inéditos") o 'Alcoholemia' en "Calor", pero también 'El nadador' en "El Cielo", y tantos y tantos otros.
  • Un objetivismo transmutado en objetualismo que parodia la felicidad concedida a los seres humanos como lenitivo para transitar por el mundo:
    "puse a dormir juntos al Omega y al Patek Philippe,
    besaos hermanos baratos, hermanos en la falsedad,
    en la barata falsedad, ya era hora de que tuviese
    un Philippe Patek, eso pensé
    " ('New York, 8' en "Resurrección")
  • En muchas ocasiones el humor envolviendo a la máxima trascendencia: "Tenéis suerte de tenerme como hermano porque soy el mejor" ('Fraternidad ' en "Resurrección")
  • La música de los 70 y 80 forma parte consustancial de su poesía:
    • 'Los chicos están bien' en "Calor" echa mano del tema de Los Who "The kids are alright" para disolverse junto a esos chicos negros o chinos que sostienen la urbe a cambio de unos salarios miserables y que sin embargo se muestran felices.
ue
  • Lou Reed y la "Velvet Underground" tienen presencia habitual en bastantes de sus poemarios. Así, por ejemplo en el poema 'Carrier' ("Calor") que toca el tema del calentamiento global, tras personificar a los aparatos de Aire Acondicionado de esta marca les adjudica un verso del tema 'Heroin' de la Velvet Underground: "it's my wife and it's my life".

  • La literatura de las más diversas maneras siempre está en el centro de su quehacer poético:

      • el surrealismo lorquiano de 'Poeta en Nueva York' quiero percibirlo en 'Cocaína'("Calor"):
            • "Luz de la ciudad, te bebo desnudo.
              Cuando tenga setenta años,
              ábreme en canal,
              y tira mi corazón a los perros,
              Y tú come con ellos,
              pelea con ellos para que te dejen morder,
              muérdelo como tú sabes,
              perra,
              mi corazón.
              Te quiero.
              "
        • Siempre Francisco de Quevedo con quien comparte nihilismo y desengañada visión de lo que es la vida:
          "Perdona que te humille haciendo recaer
          sobre tu hermosa tapicería,
          sobre tus ruedas, manguitos
          y válvulas que han gloriosamente ardido,
          la miseria de España
          "
          presente en el poema 'HU-4091-L' contenido en "Calor". Confluyen en estos versos el objeto elevado a categoría de persona colocado en el contexto socio-político de España; y ambos dignificados a través de ese intertexto del maravilloso verso amoroso de Quevedo ('médulas que han gloriosamente ardido').
      • El poeta Francisco Brines de la generación del siglo XX conocida como 'Poesía del conocimiento' lo he percibido en el verso "No quiero morir, no quiero irme, todo sucede en mi honor" de 'Fraternidad' ("Calor"). Creo que ahí está en gran medida la idea de "Celebración" del poeta valenciano.
    • Por doquier de su poesía asoma Antonio Machado. Por citar un ejemplo, tomo un verso de uno de los poemas contenidos en el último apartado del poemario. En el poema 'El alcohólico' podemos leer "El que bebe solo, espera beber con Dios un día". Aquí junto a un indudable sentido del humor resuena el poeta de "Campos de Castilla". 
    • Y en el mismo poema anterior en la expresión "somos los santos bebedoreses evidente la alusión intertextual a la breve novela de Josep Roth: "La leyenda del santo bebedor". Es ésta una referencia no sólo literaria sino, en mi opinión, también vital dada la afición etílica de ambos autores, Josep Roth y Manuel Vilas.

    Su poesía
    Si hay algo aparte de los temas y asuntos vistos antes que haga inconfundible la poesía de Manuel Vilas, yo diría que ello es la cotidianidad plasmada en ella. Quizás por esto leyendo sus poemas constantemente venía a mi cabeza "Paterson", la bellísima película de  Jim Jarmusch [leer reseña aquí] que rendía homenaje al poeta estadounidense William Carlos Williams (1883-1963)quien basó su obra en la poetización de la vida diaria, de las pequeñas cosas que forman el discurrir diario del ser humano y que al fin y a la postre todo ello constituye la vida. Contrariamente al posible aburrimiento que algunos podrían atribuir a este propósito, Manuel Vilas lo convierte en un auténtico canto al hecho de vivir. Su poesía es fundamentalmente vitalista, optimista, incluso hasta cuando paradójicamente constata que la felicidad humana se basa muchas veces en el puro acto de consumir o de poseer.

    Esta cotidianidad personal la percibimos en su biografía familiar ('Víctor Vilas' en "Resurrección" o 'El Crematorio' en "Calor"), así como en sus afectos literarios diáfanamente expresados sobre todo en el apartado 'Corazones legendarios' del poemario "Resurrección" con poemas que hablan de obras y autores ('Ezra Pound', 'Michaud', 'Literatura'...) y también en esos primeros poemas que revelan quiénes fueron sus maestros ('Darío', 'Holderlin', 'Catulo'...) y en el poemario "El Cielo" en donde en el apartado 'El nadador' muestra su completa admiración por John Cheever a quien claramente homenajea en las referencias hechas al cuento del autor norteamericano y a la versión cinematográfica que del mismo se hiciera en 1968 protagonizada por un inolvidable Burt Lancaster.

    Es una poesía, como ya he dicho, impregnada de cultura por todas partes. Paradójicamente a veces parece estar hecha a nivel de tierra y como si hacerla no le supusiese al poeta esfuerzo alguno. Pero craso error porque Vilas constantemente está trabajando sus poemas y cuestionándose el quehacer poético:
    "Pensé que mi poesía era imperfecta, también la vida lo ha sido en mí. pero mi poesía sirve a la vida. La vida es buena. Qué bien. Más, quiero más. Mil veces más de todo. Qué bien" ('Alcoholemia' en "Calor")

    Una poesía de las cosas 
    Los asuntos que toca una poesía de la cotidianidad cual es la del escritor aragonés abarcan todo lo que constituye y rodea la vida de las personas comunes, pues en su poética todo es susceptible de poetización.
    [Soy] "un amante que ha amado a hombres y mujeres que no influyen en el río de la historia, que no tienen poder ni riquezas ni prestigio ni astucia ni inteligencia" ('Fraternidad', "Calor")

    ➦ Así las relaciones de pareja a veces fosilizadas en una mera relación en la que el hombre muestra su ineficacia doméstica recluyéndose en un trabajo nada satisfactorio que lo aleja de la casa pero que reporta dinero; o la esforzada vida que se impone a los jóvenes que se ven forzados a vivir en casas populares construidas en páramos recién urbanizados
    "donde les esperan dorados domingos para disfrutar del salón de 19 metros cuadrados, de la cocina de 7, del dormitorio-suite de 10" recluidos allí para abonar "su larga deuda con los hombres viejos" ('Amor mío' en "Calor")
    ➦ Los alegatos denunciando la explotación y los abusos del hombre sobre la mujer:
    "No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades." ('Mujeres' en "Resurrección"
     ➦ El irresistible atractivo de las mujeres que el poeta personifica con frecuencia en las camareras de los hoteles, cafeterías o restaurantes
    "Una blusa a veces. Una camiseta blanca, sencilla, que ciñe el pecho. Mostradores largos o mostradores breves. Al aire finos sijetadores de colores de las mil camareras que ahora están haciendo girar el brazo de la cafetera italiana en los bares de Zaragoza y sacan la lengua en señal de esfuerzo." ('Camareras' en "Resurrección")

     ➦ Su aragonesidad inquebrantable se percibe en no pocos de sus poemas ('Brandeso-Estación' en "El Cielo", 'Alguien habla de su tierra' en "Resurrección" , etc.)
    "¿Es verdad que gimen los Santos a través del trueno?
    Así me lo pareció a mí, una tarde agosto, en el pueblo
    pirenaico de Brandeso-Estación
    ('Brandeso-Estación' en "El Cielo")
    ➦ Su cotidianidad manifiesta en su biografía
    "Que Dios me acoja entre los santos, acabo de cumplir
    los treinta y seis, me gustan las películas de tiros y marcianos,
    me gustan los billetes de diez mil, me gusta no hacer nada,
    me gusta rezar por la vida que he llevado
    y por los días que vendrán, nocheviejas, cumpleaños,
    vacaciones en el mar y la jubilación y una lápida barata
    " ('Treinta y seis' en "El Cielo")
    "Desde hace cuarenta y cuatro años, veo a dios en las ciudades lleno de nubes, de barro caliente, de sol, de odio, de amor, con el rostro de hierro." ('Fraternidad' en "Calor")
    ➦ La atracción que siente por las cosas, por los objetos, que le devuelven -paradójicamente, irónicamente, en forma de parodia- la sensación de aún estar vivo, de disfrutar de la existencia, se percibe en los varios poemas dedicados a vehículos que ha poseído él o su entorno familiar: 'HU-4091-L', 'Mazda 6', 'Audi 100', 'Seat 850'; a autobuses de la ciudad de Zaragoza: 'El 42 y la anestesia'; los lugares, desde los países ('España', 'Portugal') a las ciudades ('Estocolmo', 'Zaragoza', 'Nueva York', Biarritz en 'Biarritz para un pobre', etc.) pasando por los lugares y objetos que hay o discurren por ellas como en el poema sobre el zaragozano bus de la línea 42 que lo conduce a un hospital o el magnífico poema 'MacDonalds' de "Resurrección" del que entresaco por lo definitorios que son sobre su poesía los versos finales:

    "Algo importante está sucediendo
    en este subterráneo del MacDonald's
    de la Plaza de España de Zaragoza,
    pero no sé qué es.
    No lo sé
    De un momento a otro vamos a arañar la felicidad:
    el niño negro, los novios, el muñeco, la nata del suelo, mis botas.
    Botas nuevas, de piel brillante, con la punta afilada en señal de muerte.
    En MacDonald's, allí, allí, estamos.
    Carne abundante por tres euros.
    "

    Final
    El propio escritor habla sobre su libro y recita  uno de sus poemas


    21 mar 2018

    21 de marzo. Día Mundial de la Poesía

    17 comentarios:
    Marzo es un mes maravilloso. Si, como este año, además viene acompañado de nieve y agua necesarias mucho más. En el orden de las dedicatorias, Marzo contiene algunas hermosísimas. De ellas dos me parecen especialmente importantes e interesantes: El 8 de marzo, Día de la Mujer; y el día de hoy, 21 de marzo, dedicado a la Poesía.


    Todos los años intento homenajear al género literario menos consumido con un post en el que dejo algún poema de algún poeta que me es especialmente querido. Anteayer me adelanté al Día Mundial con una entrada dedicada a una jovencísima poeta del Amor, Elvira Sastre [quien quiera leer el post y escuchar los poemas de Elvira que allí aparecen puede hacerlo pinchando aquí]. Hoy quiero festejar a la Lírica dejando aquí un poema de un poeta aragonés muy diferente a Elvira pero con una fuerza que arrastra. Este poeta es Manuel Vilas de quien literariamente estoy prendado desde que he leído hace nada su novela "Ordesa" [leer reseña pinchando en el nombre]. Este libro me ha hecho recalar en su poesía y en ella he encontrado bellos poemas. Hay uno que me parece muy adecuado para este mes de marzo. Es un poema que, pienso, me sirve para mostrar mi respeto y admiración por aquello que se celebra los días 8 y 21 del mes en curso: la Mujer y la Poesía.

    El poema, que espero que os agrade, es el siguiente:

    MUJERES

    No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillaje y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.


    ¡¡Os deseo a todos un muy feliz Día Mundial de la Poesía!!

    10 mar 2018

    Manuel Vilas. Ordesa

    21 comentarios:
    Hay libros que te impactan desde su primera página. Es lo que me ha ocurrido con "Ordesa" de Manuel Vilas. Confieso que he llegado a Vilas a través de los suplementos culturales que los periódicos que habitualmente leo ('El Pais' y 'El Mundo', sobre todo) sacan un día a la semana. Las opiniones que Santos Sanz Villanueva, Juan Cruz, Antonio Muñoz Molina y otros muchos escritores y críticos a quienes respeto vierten allí sobre esta obra me han conducido irremisiblemente a ella. No he parado hasta poder leerla. La he despachado en tan sólo tres tardes, desde luego no porque sea una lectura facilona y vana como otras, sino porque la profundidad humana y la verdad que transmite Vilas envueltas en un maravilloso lenguaje lindante con la poesía, si no poesía auténtica, no me permitían dejar de lado tan estupenda experiencia literaria.

    Manuel Vilas Vidal, Novela memorialista

    Antes de dar cima a sus cerca de 400 páginas era tal el placer que me estaba produciendo su lectura que no pude por menos que buscar alguno de los poemarios que hasta el momento este barbastrense ha publicado: El Cielo (2000), Resurrección (2005), XV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma,  Calor (2008), VI Premio Fray Luis de León... Al final opté por sacar de la biblioteca "Amor" (año 2010), compendio de su poesía desde 1988 a 2010 reunida por él mismo. No estaba en los anaqueles de la sección de Poesía Gran Vilas, el libro de poemas que sacó en 2012 con el que consiguió el XXXIII Premio internacional de poesías Ciudad de Melilla; y menos aún, claro es,  El hundimiento, que en 2014 ganó en Málaga el Premio Generación del 27.

    Para finalizar esta especie de recorrido por su bibliografía diré que, además de libros de poemas, Manuel Vilas es autor de otras novelas: España (DVD Ediciones, 2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, 'Aire nuestro' (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio de la Librería Cálamo, 'Los inmortales' (Alfaguara, 2012) y 'El luminoso regalo' (Alfaguara, 2013).

    En "Ordesa" se muestra la disolución del hombre en ese continuum que es el tiempo y el intento de cómo vanamente éste siempre ha pretendido, detenerlo, pausarlo, fijarlo como sea, en su caso a través de la escritura, a través de la memoria plasmada sobre el papel. En esta obra, una novela porque como declaraba el escritor a un periódico de su región la novela es un género proteico en el que todo cabe y todo abarca ("Entiendo por novela una narración más o menos extensa de la vida. A partir de allí, y desde Cervantes, cada uno que haga lo que pueda. La gracia de la novela está en que cabe de todo, siempre y cuando se narre la vida."), Manuel Vilas homenajea a sus progenitores.  La chispa que despertó en él este proyecto fue la muerte de su madre en 2014, nueve años después de acaecida la de su padre. Con su desaparición el narrador, o sea, él, ha penetrado en la región de la soledad, pues poco antes de que su madre muriera Vilas, además, se había divorciado. Es, pues, esta obra también una muestra de cómo vive el presente un ser humano que se ve más como depositario del pasado que vehículo de un presente y menos aún  proyección de un futuro.

    Tras la lectura me he quedado sin aliento. Es una de esas pocas obras que te impresionan de tal manera que no logras dejar de pensar en ella. Es un libro al que no consigo poner límites, es un libro imposible de medir, un libro inconmensurable. Muchísimos son los temas, asuntos y reflexiones que están en él. Por ello también muchísimas son las notas tomadas y los subrayados que he hecho. Ahora los miro y no sé cómo hacer para que esta reseña tenga cierto orden y no se convierta en un imposible. 

    ¡Vamos allá!
    El hundimiento, Poesía, Amor
    Fotografía:BEGOÑA RIVAS
    Manuel Vilas Vidal al morir su madre y acudir a Barbastro, su pueblo, donde él nació en 1962, rememora en desorden momentos de su vida: su niñez feliz junto a ella y junto a su padre, muerto diez años antes; su adolescencia cuando egoísta como lo son los chicos de 17 años evitaba hablar con su padre, lo que ahora bien lamenta; su marcha a Zaragoza para estudiar en la Universidad; recuerdos de cuando en esa ciudad lo visitaba su padre que era viajante de comercio; etc. Junto a estas idas al pasado recordado, su presente de hombre de cincuenta y tres años divorciado recientemente aparece entreverado de manera natural: su divorcio que tanto le pesa; las visitas de sus dos hijos a su apartamento, siempre visitas cortas y como obligadas; su caída a los infiernos y su recuperación; su soledad; y así.

    Todo el relato de su vida discurre de manera armónicamente desordenada a lo largo de las 157 secuencias en que lo estructura. La música es un ingrediente esencial en esta obra. Es una música presente en la forma y en el contenido. Formalmente, el lenguaje que utiliza tiene ritmos y compases propios de la poesía. Es más, como luego he podido comprobar leyendo "Amor", el compendio de toda su poesía escrita hasta 2010, hay versos, estrofas, poemas enteros, que casi transitan de sus poemarios antes citados a la prosa -poética, naturalmente- que conforma este relato. Tan es así, que el escritor finalizada la narración en sí añade un Epílogo titulado 'La Familia y la Historia' en el que incluye once poemas que hablan de lo mismo del libro pero enfocado desde un punto de vista distinto. De ellos, él mismo dice que "son como el 'making-off' de la novela".

    Que la música está presente asimismo en el contenido lo pone de manifiesto que a los personajes -todos ellos reales, por supuesto- los cita alegóricamente a través de nombres de compositores importantes: Wagner es su madre; Juan Sebastián Bach, el padre; Monteverdi, el tío materno Alberto; Händel, su tío Mauricio, hermano de Alberto; Rachmaninov, el hermano de su padre, viajante de textiles catalanes como él; Vivaldi y Brahms, sus dos hijos; y así sucesivamente. Con estos apelativos lo que Manuel Vilas pretende es simbolizar el salto del contexto rural oscense del que procede a ese otro en el que él se haya instalado ahora. Cuando vuelve la vista atrás y hace memoria del pasado lo que busca es que éste resuene, que no se olvide:
    "Venimos de los árboles, de los ríos, de los campos, de los barrancos.
    Lo nuestro fue siempre el establo, la pobreza, el hedor, la alienación, la enfermedad y la catástrofe.
    Somos compositores de la música del olvido.
    Nos da igual que exista Dios como que no exista." (sec. 126)
    Así como los nombres de músicos tienen valor simbólico, también los colores son usados en este relato con sentido trasladado. De ellos, dos son los que prevalecen: el azul y el amarillo. El segundo es alegoría de la decadencia, de la derrota, de la vejez, de la soledad. Por contra el azul es la pujanza, la luz, el cielo abierto, todo el futuro por el delante:
    "Fuimos azules muchos años. Hasta los dieciocho años, los hijos son azules. Con el tiempo, todo, sin embargo, se vuelve amarillo.
    Los hijos azules se vuelven hijos amarillos.
    "
      (sec. 123)
    Y en un relato tan duro, un relato que araña el fondo de la singularidad del ser humano con todo lo que ello comporta, resuena un tono quevedesco crítico, hondo, apesadumbrado, afilado, reflexivo, filosófico, irónico, sarcástico, humorístico:
    • Me ha parecido escuchar el famoso soneto de Quevedo ‘Ayer se fue, mañana no ha llegado’ mientras leía:
      Todo era futuro entonces, cuando ocurrió el pinchazo. Todo es pasado ahora, cuando busco el pinchazo, la búsqueda más ilusoria o absurda de la tierra. Pero la vida es absurda, por eso es tan bella.
      El valle de Ordesa sigue allí, no cambia, no ha cambiado en estos últimos cincuenta millones de años. Sigue igual, tal como se creó en la era terciaria.
      ” (sec. 142)
    • Lo escatológico, la unión de los 'pañales y mortaja' del poeta barroco, podría decirse que llena todo el texto iniciado a raíz de la muerte de sus padres, el avistamiento o el temor a la enfermedad suyo propio y que concluye con el producto del amor de esos dos seres ya muertos. Pues bien, como el conceptista poeta madrileño solía hacer, Manuel Vilas adoba lo feo de la extinción con el aliño del humor. Así, a propósito del diente de oro de su padre y de lo que el forense que le quitó el marcapasos antes de proceder a la incineración pudiera haber hecho con él, Vilas acaba concluyendo tras una serie de frases en las que juega con la expresión 'oro' que "Mi padre tenía un corazón de oro"      
    • Del mismo modo se percibe un enorme sentido del humor cuando, hablando de la materialidad de la escritura en contraposición a lo puramente espiritual, cita a Sta Teresa con frases como que “Moisés escribió diez mandamientos porque se cansó de cincelar la piedra” (sec. 21)
    Cines desaparecidos, Barbastro, Huesca, Pobreza, Manuel Vilas
    Y para acabar ya este apartado que sin habérmelo propuesto me ha salido sobre aspectos formales añadiré la importancia que el escritor-narrador-personaje (que todo esto junto es Manuel Vilas en esta novela) da a los paralelismos, a las correspondencias, entre él y sus padres:
      • Mi madre perseguía la estimación social, que se evaporó, y yo persigo la estimación literaria, que también se está evaporando” (sec. 140)
      • "Mi padre era viajante, viajante de comercio. Yo, más o menos, también. Yo escribo, él escribía. Da igual lo que escribiéramos. Estamos haciendo lo mismo. Él llamaba a sus obras literarias ‘pedidos y duplicados’" (sec. 102)
    O también el paralelismo existente entre sus hijos y él del que le advierte Wagner, su propia madre, cuando vista la relación que tiene con sus dos hijos, que apenas le hacen caso, que lo rehúyen, ella le dice que ya va siendo hora de que hable a Bra y Valdi del camino, esto es, de que con sus desapegos y faltas de atención hacia él están cimentando el camino de lo que les ocurrirá a ellos con sus propios hijos durante su vejez. O sea, que están irremediablemente destinados a la soledad, la misma que él ahora padece por culpa de ellos.
    "Wagner dice: están construyendo el camino, es un ancho y florido camino por el que tú volverás a estar con ellos siempre, como tú lo frecuentabas cada vez que no me besabas ni me cogías la mano ni venías a verme, es el mismo camino, el mismo regreso.” (sec. 134)
    Formalmente hay muchísima literatura contenida en esta narración. Es una literatura integrada en el buen hacer del novelista, una literatura perfectamente digerida que no es postizo o adorno extraño sino constituyente intrínseco del estilo Vilas. Con todo y buscando con ahínco me ha parecido ver cómo por doquier resuena Quevedo, pero también Charles Baudelaire en los simbolismos y las correspondencias existentes entre el mundo material y el espiritual. También en una elegía póstuma como cabría calificar este escrito las Coplas del poeta palentino Jorge Manrique parece que resuenan en no pocos momentos; en especial, me ha parecido oírlas en las preguntas que lanza al abuelo desaparecido y jamás conocido (“¿Qué pensaría mi abuelo de sus hijos? ¿Estaba orgulloso de ellos ¿Los besaba? ¿Le ensanchaban el corazón como a mí me lo ensanchan Bra y Valdi? ¿Se perderá mi amor a Bra y Valdi de la misma forma que se perdió el amor de mi abuelo hacia Bach y Rachma? […] ¿ Quién era? ¿Me hubiera querido ¿Me habría cogido de la mano cuando yo era pequeño?”, sec. 148). Y sin poder hacer cita concreta por estar absolutamente diluido en la obra la poesía de Antonio Machado, no en balde el poeta de la palabra en el tiempo, embebe todo el poemario que en definitiva esta narración es.


    ¿Qué temas se tocan en esta novela?
    Pues prácticamente podría ya concluir diciendo que además del primero de todos que es el Tiempo, todos los que constituyen la vida de cualquier miembro de una familia española de clase media-baja durante la segunda mitad del siglo XX y primeros años de éste. Como esencialmente ante lo que nos encontramos es ante una novela memorialista en busca de ese paraíso perdido que es la niñez hay más momentos recordados referidos a los años sesenta y setenta en que Vilas fue niño que a los siguientes, aunque estos tampoco faltan .

    Antes de enumerar aquellos motivos que me ha parecido percibir en el libro, diré que a pesar de ser una novela que transita más por la senda de la realidad que de la ficción, lo magnífico de la misma es que trasciende la mera biografía del sujeto protagonista para, haciendo abstracción del mismo, tocar la universalidad del ser humano. He ahí donde reside la excelencia de esta obra.

    Sin duda alguna el asunto esencial, el tema principal, que aquí se muestra no es otro que el del Amor. Ese amor que conforma la relación padres-hijos que muchas veces, vista desde fuera, nos parece, quizás, fría y distante, pero que sus protagonistas viven y la recuerdan -sobre todo la recuerdan- con amorosa emoción.  En esta emoción un año se erige por encima del resto: 1969. Este año es central en su recuerdo y lo remarca en el libro incluyendo una fotografía en la que pasea contento de la mano de su padre:  
    Yo sigo en este mundo, pero Bach se marchó. Se estaba marchando ya cuando alguien le hizo esta extraña y a la vez alegre foto. Y alegorizó esa marcha con la supresión visual de medio cuerpo.”
    Manuel Vilas en la introducción que hace a "Amor. Poesía reunida 1988-2010" dice que a la edad que ya tiene y ante el mundo que le ha tocado vivir "el amor a todo es la única salida del laberinto"; y añade "tal vez este sentimiento esté emparentado también con la exaltación, con la plenitud, con la euforia, con la libertad"; para concluir diciendo que "el amor es un buen lugar. Parece un sitio universal, cargado de energía, de energía elemental y no moral. No concibo el amor sino como una lucha a muerte contra los hipócritas". 
    Poesía de Manuel Vilas, "Amor", poesía de la cotidianeidad, poesía en prosa
    La verdad es que el amor en todas sus variantes y manifestaciones centra este relato: el amor a sus padres con todo lo que de tensiones, tiras y aflojas esta relación familiar tiene; el amor fraterno manifestado en el amor alejado entre él y su hermano o entre Bach y Rachmaninov, su padre y su tío paterno; el amor a sus dos hijos, quizás el más fuerte que existe aunque ellos aún no sean conscientes del mismo. Y también nombra de pasada las desviaciones, los disfraces de amor de que se visten algunas acciones, como las caricias no consentidas que algunos mayores realizan a los niños y que a éstos les repelen; y sin demorarse mucho en ello el narrador habla también de sus abundantes infidelidades, en las que el amor si se nombraba era sin duda alguna para disfrazar de algo el mero deseo.
    Párrafo aparte merece sin duda el amor a su tierra, a ese paisaje oscense del que como tantos otros hubo de salir para poder sobrevivir pero que lleva siempre en su corazón. De ahí que la novela la haya titulado "Ordesa", el nombre que tiene ese valle del Pirineo de Huesca cuyo pico central es Monte Perdido. Pero el paisanaje que habita esta naturaleza a la que le gusta volver y en la que encuentra su seguridad no es precisamente amable, sino más bien al contrario. Así se percibe cuando habla de la dura relación entre sus dos tíos maternos, Alberto y Mauricio; a este último Vilas reprocha el comportamiento tenido con Alberto a quien por culpa de la tuberculosis le habían serrado un pulmón:
    No le conmovía que tuviera un pulmón menos. Había resentimiento y catástrofe en aquellos pueblos de Huesca.
    Esos pueblos de los que yo me enamoré.
    ” (sec.124)
    Junto a Ordesa, naturalmente está Barbastro, su localidad natal, su pueblo, su centro vital y sentimental. Allí fue feliz, allí fue niño, y allí, también, regresó para enterrar a sus padres:
    [Barbastro] “Era el paraíso. Fue mi paraíso. Fueron ellos mi paraíso, mi padre y mi madre, cuánto los quise, qué felices fuimos y cómo nos derrumbamos. Qué hermosa fue nuestra vida juntos, y ahora todo se ha perdido. Y parece imposible.” (sec. 109)
    Otro asunto que aparece en el relato aunque no se detiene mucho en él es el de Profesor de Instituto. Yo que lo he sido hasta hace bien poco y como él de Lengua y Literatura entiendo perfectamente la desilusión que Vilas manifiesta del ejercicio durante veinte años en la profesión; pero no comparto el tono nihilista y ese meter en el mismo saco a todos los miembros de la comunidad educativa. Afortunadamente el autor es consciente de que toda generalización es odiosa y recoge velas en un momento dado. Yo, desde aquí, suscribo gran parte de lo que en la secuencia 48 el hasta hace nada profesor de Lengua dice, en especial el final. Quizás la cita sea algo extensa pero mi profesión de años me obliga. Perdón, por ello:
    Mucho tiempo estuve narcotizado por una nómina. Mucho tiempo: más de dos décadas. […] un 10 de septiembre de 2014 dejé de dar clases en la enseñanza media […] Los institutos españoles de enseñanza media eran edificios sin gracia, construcciones deficientes, con pasillos ingrávidos, con aulas frías en los inviernos y tórridas ya incluso en las primaveras. […] Aquellos chicos eran humillados y ofendidos por los profesores, esos mediocres con rencor hacia la vida. No todos eran así. Había profesores que amaban la vida e intentaban transmitir ese amor a los alumnos. Es lo único que debe hacer un profesor: enseñar a sus alumnos a amar la vida y a entenderla. […] Yo no suspendía a nadie. No podía suspender a nadie. Tal vez al principio sí suspendí a algunos de esos críos por no saber analizar frases. […] Practicaba una explicación marxista de la sintaxis. Un marxismo cómico, pero al menos nos moríamos de risa.
     Afortunadamente, Vilas Vidal cierra esta secuencia en la que reflexiona sobre su dedicación profesional de 23 años diciendo:
    Estoy siendo injusto: el único aliado leal de la redención social de los españoles desfavorecidos es el profesorado. Tuve inmejorables amigos allí. Vi profesores excelentes, pero el sistema educativo agoniza, eso es, en realidad, lo que quería decir, que el sistema educativo ya no funciona porque se ha quedado varado en el tiempo.
    Quizás esta insatisfacción profesional estuviese en la base del alcoholismo del personaje-narrador y éste de sus infidelidades. No sería la única causa, pero sumada a otras, evidentemente coadyuvaría. El alcoholismo, confiesa con alegría, ha conseguido abandonarlo no sin dificultades:
    Llevo mucho tiempo sin beber.
    En España, la ayuda que recibe un exalcohólico es facilitarle que vuelva a beber.
    Yo creo que en España no existe el perdón de los pecados.
    De ahí que al final nadie pueda salir del alcohol en España, de ahí la expectación que despierta un exalcohólico español: a ver cuándo cae, a ver cuándo vuelve a beber
    .” (sec. 95)
    El trato que España da al alcohólico es un ejemplo más de la crítica social y política que aparece esparcida a  lo largo y ancho de esta estupenda novela. Al alcoholismo y la enseñanza ya comentados hay que añadir otros. En primer lugar esa dependencia de Aragón de la alta burguesía catalana que utilizaba -¡y utiliza!- la mano de obra del campesinado aragonés (oscense en este caso) para enriquecerse y en compensación hacer 'ascender' de la mera pobreza a la considerada clase media-baja, eufemismo acuñado en esos años del desarrollismo sesentero y setentero para esconder a los nuevos pobres. En concreto, el padre y el tío de Vilas eran viajantes e comercio del textil catalán:
    Rachmaninov vivió en Galicia. Lo destinaron a Galicia. Trabajó en lo mismo que mi padre, trabajó de viajante. Trabajaron los dos para la misma empresa catalana. […] Ni en Aragón había industria, ni la había en Galicia. La industria estaba en Barcelona.” (sec. 146)
    También la pobreza es tema importante en esta narración. Vilas constantemente habla de ella, de cómo la necesidad de huir de ella ha vaciado sus amadas tierras del Somontano, de la alienación que una nómina siempre supone, del extrañamiento, de la mentira que es la clase media-baja -eufemismo de pobre desde el desarrollismo franquista hasta nuestros días- y también de cómo la soledad o el desamparo son formas de pobreza:

    Nunca me acostumbraré a ser pobre. Estoy llamando pobreza al desamparo. He confundido pobreza y desamparo: tienen el mismo rostro. Pero la pobreza es un estado moral, un sentido de las cosas, una forma de honestidad innecesaria. Una renuncia a participar en el saqueo del mundo, eso es para mí la pobreza.” (sec. 33)


    Esta obra tiene mucho de ensayo filosófico. La verdad es que la muerte con que concluye el tiempo vivido por cada uno de nosotros es el meollo de la filosofía existencial. El escritor escribe sus reflexiones a raíz de la conclusión temporal de sus padres. Esto le lleva a plantearse no pocas cosas como ya hemos ido viendo. Una de ellas, el apresurado estilo de vida actual, lo contrapone al pausado vivir de los años setenta cuando él era feliz junto a su padre (“la vida iba más despacio y podías verla. Los veranos eran eternos, las tardes eran infinitas, y los ríos no estaban contaminados”) mientras que ahora -2005 ó 2014, cuando murieron respectivamente el padre y la madre- el apresuramiento se plasma en todo, incluso en la preferencia cada vez mayor de la incineración frente al enterramiento. Vilas se lamenta de haber llevado a sus padres fallecidos al crematorio en lugar de al cementerio. Los restos materiales que albergaron un ser vivo no son tales si en vez de enterrar se procede a la incineración.  Las cenizas se esparcen, desaparecen; las sepulturas, los nichos, los mausoleos de los cementerios permiten ir a reencontrase con la materialidad de los seres queridos.
    La materia aún conserva un espacio, mantiene el tiempo viejo metido en un espacio. De ahí, de nuevo, y por enésima vez, mi error a la hora de incinerar a mis padres. Las tumbas son un lugar donde rememorar lo que ya no tiene tiempo, pero sí espacio, aunque sea un espacio óseo.” (sec. 145)
    La paradoja es algo consustancial a la vida. No existe la vida unidimensional, hay cambios, zigzagueos, azares, contradicciones... Es absurdo pretender ser seres de una sola pieza, constantes, rectilíneos. No, así no es la vida real, la vida real es en esencia paradójica. Por eso, aunque hable de muerte y cementerios no hay religiosidad alguna en él. Lo que no quita para que en un momento de su reflexión venga a agradecer a los padres escolapios que le enseñaran a leer:
    "Escribo porque me enseñaron a escribir los curas [...] Esa es una gran ironía de la vida de los pobres en España: les debo más a los curas que al Partido Socialista Obrero Español. La ironía en España es una obra de arte siempre" (sec. 85)
    lo que no excluye su denuncia de cómo uno de estos padres escolapios siendo él muy niño lo manoseó, sobó y acarició sin poder recordar si es que hubo alguna cosa más.

    Si paradójica fue su relación con la religión, otro tanto puede decirse de la política. En la cita anterior hay una clara crítica al discurso político de muchas -todas o casi todas- formaciones políticas que parece que todo se alumbró con su advenimiento. Evidentemente, viene a decir Manuel Vilas, eso no es así. Y como habla de su propia vida a su aprendizaje lector vino luego a añadirse su marcha a la universidad, algo que le permitió adquirir unos conocimientos y destrezas que le han servido para escribir sobre su tierra pobre:

    PN de Ordesa, Monte Perdido, Cascada de Torla, Huesca
    "Yo nombró esas tierras (el Somontano) y esos pueblos gracias a que fui a la Universidad, es decir, gracias al dictador Francisco Franco Bahamonde que sentó las bases para que los nietos de Cecilia supiéramos leer y escribir, que sentó las bases de la clase media española aunque retrasara por impericia y simpleza la modernización política de España unas décadas" (sec. 85)
    Declarar lo anterior como hace el autor de Barbastro es, en el mundo del pensamiento único y la sociedad de lo políticamente correcto, tomar muchas papeletas en el sorteo del ostracismo político-cultural. A favor del escritor, afortunadamente, cuenta el escaso número de lecturas que la mayoría de nuestros políticos realiza, más atentos a encuestas que a cualquier otra cosa.


    Final
    Pongo ya punto final a esta reseña no porque se hayan agotado los asuntos que contiene la novela o ya nada más se pueda decir sobre el manejo de la forma. La dejo porque en algún momento hay que detenerse. Creo que con lo dicho ya está bien. Deseo que su lectura sirva para animar a leer este estupendo libro que como digo al inicio de este escrito me ha congraciado completamente con la literatura. "Ordesa" es literatura en sentido amplio, es literatura de alto nivel, de gran calidad. Y Manuel Vilas Vidal un nombre que jamás olvidaré. Leer libros como éste es esencial para saber discernir lo bueno de lo no tan bueno, ya no digo de lo manifiestamente malo.