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8 abr 2026

"El alumno" de José Antonio Lucero

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«Sabe el maestro que los libros que uno tiene, los que ha leído y los que tiene por leer son su medida del mundo y, también, de cuánto del mundo hay dentro de uno. Tal vez su trabajo como docente se limite a agrandar el mundo de sus alumnos proponiéndoles libros como vehículos.»

José Antonio Lucero, Autores andaluces
Si el libro de mi reseña anterior llegó hasta mí por la vía de la amistad, también El alumno de José Antonio Lucero ha seguido un camino similar. Esta vez ha sido mi magnífica, buena y desde antiguo, amiga Lupe quien me habló de este título, diciéndome cuando me lo prestó para que lo leyera: 
«Te gustará, estoy segura. Va de un profesor como tú. Hay muchas referencias a libros y a literatura en él»
A mí, los libros que hablan de libros o que dialogan con autores del pasado y sus creaciones literarias me gustan. Fue por eso que sin dilación alguna tome a El alumno en mis manos y comencé a leerlo.

El autor
José Antonio Lucero es un roteño de 38 años, licenciado en Historia y profesor de Geografía e Historia y Lengua y Literatura en un colegio de su localidad natal.  Como educador mantiene abierto desde 2015 un canal en You Tube, La cuna de Halicarnaso, que —dice él mismo en su pagina web— «uso como base para aplicar en el día a día de mis clases el modelo pedagógico Flipped Classroom y el Aprendizaje Basado en Proyectos con el objetivo de motivar a mis alumnos y hacer de su aprendizaje algo mucho más significativo»

Desde muy pronto José Antonio Lucero se sintió atraído por la creación de narraciones. En 2012 autopublicó Mariela, 1972. Un asesinato en Rota. Pero fue a partir de  2021 cuando su carrera literaria despegó con fuerza; ese año publicó La vida en un minuto, novela que había sido finalista del Premio Ateneo Joven de Sevilla en 2018. Al año siguiente, en 2022, vio la luz La madrina de Guerra y en 2024 La maestra. Todas estas novelas, al igual que la que aquí reseño han sido publicadas por Editorial B del grupo Penguin Random House. 

Mi comentario
En El alumno e imagino que también en La maestra que publicó en 2024 Lucero realiza un homenaje al gremio de los enseñantes, concretamente al cuerpo de Maestros que tanto bien han hecho en varios momentos de su historia a España. Mucho bien y por ello, paradójicamente, también han sufrido mucha represión y muerte; así lo refleja esta novela cuando en el pasado siglo los levantados en armas contra el gobierno legítimo se hicieron con el poder y a muchos docentes encarcelaron, echaron del Cuerpo o por sus ideas políticas los fusilaron.

Sinopsis de la novela (realizado por la propia editorial)
Septiembre de 1955. Roque, un joven maestro que en el pasado fue un alumno difícil, llega a una escuela de la sierra de Sevilla con el deseo de que los niños puedan soñar con un futuro mejor, lejos del estruendo de la violencia y la lacra de la dictadura.
Poco a poco conseguirá sembrar en los pequeños la curiosidad por el conocimiento y descubrirles la belleza de las palabras a través de la poesía.
Sin embargo, sus inquietudes pedagógicas, heredadas de la maestra de su infancia, Lali, no casan con el estricto engranaje educativo del régimen ni con los ideales del director del centro, quien pronto empezará a sospechar de él. Y es que Roque esconde un secreto del pasado: busca algo que le arrebataron cuando era un niño, tras la detención de su profesora y su ingreso en un siniestro internado franquista, donde, a pesar de todo, descubrió que enseñar puede ser un acto de resistencia.

El novelista presenta la historia de Roque, maestro de Encinar de la Sierra (pueblo ficticio de Sevilla) en e1 curso 1955-56, en contrapunto temporal con el curso de 1939-40 durante el que él mismo cursa estudios en un Colegio religioso de élite situado en Madrid. En este centro educativo ingresa Roque por expreso deseo de su padre, importante gerifalte de la Falange. La relación entre Roque y Javier, su padre, es muy mala por algo sucedido entre ellos al poco de haber estallado el Golpe de Estado de 1936. Nela, la madre de Roque, poco ha podido hacer para enderezar la situación entre ellos en un momento en que las mujeres en España apenas tenían visibilidad y eran sistemáticamente ninguneadas por el varón, mucho más si éste, Javier Ramírez, ocupaba una importante posición en el Partido único.

En el contexto de la inmediatísima posguerra vemos a un alumno que es educado en un colegio religioso de élite y de estricta disciplina donde sufre algunas vejaciones o es conocedor de otras más graves sufridas por algunos de sus compañeros. A este chico, cuya vida escolar durante el curso 39-40 conocemos, volvemos a encontrarlo ya convertido en maestro nacional en un pueblo sevillano el año de 1955. Estos dos momentos, separados entre sí quince años, se van alternando en contrapunto temporal a lo largo de los capítulos que componen las cinco partes más un epílogo (éste de 1972) que forman la novela.
  • Primera Parte lleva por título "Un mago". En esta parte se suceden en contrapunto el ingreso en el curso 39-40 de Roque niño en la escuela madrileña de San Miguel y la llegada de Roque ya maestro a la escuela de Encinar de la Sierra en 1955.
  • La segunda Parte se titula "Un calambur". Bajo el nombre de esta figura literaria que Roque enseña a sus alumnos se crea el 'Club de los Calambures', reunión de cinco o seis alumnos con Roque en su casa donde éste les lee poesías, algunas prohibidas en esos años, y los anima a componerlas. Uno de estos chicos, Saúl, se revela como un buen creador. En esta misma parte hay una importante vuelta a sus experiencias en el Colegio San Miguel durante el curso 1939-1940 al tomar el maestro en sus manos el libro "Sombras agrestes" de Justo Rebollo, quien fuera amigo íntimo en esa época lejana. 
  • La Tercera Parte se rotula como "La libertad de enseñar" y en ella Roque pretende ejercer en libertad la enseñanza, algo difícil en la España franquista del momento.
  • La Cuarta Parte se titula "Un amanecer" y en ella es cuando se producen los hechos más relevantes de todo el relato, que, como es lógico, no pienso revelar para no destrozar el placer de la lectura. 
  • La Quinta parte por último aparece bajo el epígrafe de "Una confesión". En ella se resuelve toda la novela con algún que otro giro imprevisto y sorprendente.
La novela me ha gustado por muchas cosas. Una de ellas, quizás la más importante para mí, ha sido la gran cantidad de referencias a obras y autores de nuestra historia literaria. Son alusiones a autores conocidos por su papel relevante en la España anterior a la Guerra Civil y que, acabada ésta, fueron borrados, eliminados del imaginario colectivo, en un vano intento de reescribir la Historia. Afortunadamente siempre hubo algunos maestros que como Roque, jugándose el puesto y el tipo, se afanaron por mantener viva su memoria:
«No puede decirlo porque la Generación del 27 es un espejismo, es un paréntesis, es gente que no existió. Federico García Lorca, que no escribió. Pedro Salinas, que nunca pensó que podía cambiar España con sus rimas. Rafael Alberti, alguien que no soñó con alumbrar con sus letras a los desheredados. Tampoco Manuel Altolaguirre. Como tampoco existieron Maruja Mallo y Concha Méndez, mujeres que no entendieron que ellas pudieron habitar un espacio de reivindicación, o Rosa Chacel, que no quiso hacer su revolución obrera, la suya, la feminista, como Josefina de la Torre y tantas otras.»
La maestra, El alumno
No puedo dejar sin citar el manejo que José Antonio Lucero hace del recurso de la intertextualidad. Predomina la machadiana («tarde suave y mansa», p. 149; «la mayor parte del día se escenifica la función de charanga y pandereta, cerrado y sacristía que escribiría el poeta exiliado», p. 224; «ligero de equipaje», p. 265; «monotonía de la lluvia tras los cristales», en otro momento...). Pero también la hay referida a otros autores: Bécquer («las golondrinas de Bécquer anidando en el balcón de Lola», p.226); Miguel Hernández (su poema «Tristes guerras»), en otro momento; etc.

Este culturalismo no es sólo literario sino que invade también otros espacios como el de la pedagogía y el del cine. Aparecen citados con cierta reiteración nombres de pedagogos como María Montessori, Célestin Freinet, Ferrer i Guardia... Asimismo, ya cuando la acción se sitúa a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX, las referencias culturales tiran más por los derroteros del Cine y algo menos, aunque también las haya, de la Literatura. No se puede obviar que en 1956, momento en que finaliza la novela, se está produciendo un cierto aperturismo en el Régimen que busca el abandono de la autocracia por la tecnocracia. Este aperturismo se notará en la literatura y queda reflejado en la novela en esa novela ficticia, "Sombras agrestes", del también ficticio Justo Rebollo, así como en los poetas que en el Club de los Calambures comienzan a leer a partir de esa fecha («Y recibirá nuevos miembros y otros se irán, y junto a los clásicos leerán a poetas nuevos -Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, Blas de Otero, Ángela Figuera Aymerich-, en cuyos versos, al resonar en esas boquitas ávidas, habrá un arma cargada de futuro»)
«En la España de mediados de los cincuenta no era difícil que esa novela pasara la censura [...] la cultura española vivía una especie de resurgimiento al que no le tardaron en salir las ovejas negras: Berlanga con su Bienvenido, mister Marshall (¿cómo diablos pudo pasar la censura aquel guion?, señorita Lali), Bardem con Muerte de un ciclista, y algo más tarde, Luis Martín Santos con Tiempo de silencio, por poner algunos ejemplos a los que también podríamos sumar la obra de mi amigo»

Pero sin duda alguna lo más llamativo e importante para mí es que El alumno es una novela muy emotiva, que aunque contiene algunos giros sorprendentes y hasta quizás en el límite de la verosimilitud, la maestría del autor hace que esos flashes de inverosimilitud cedan en pro de la credibilidad que viene de la mano de la emotividad sacudida por las relaciones familiares del protagonista con sus padres, con sus amigos y con sus amores. 

Es una novela que, estoy seguro, a cualquiera que la lea le resultará muy, pero que muy, entretenida. Especialmente la disfrutarán los enseñantes, que se verán bastante reflejados en ella. El gusto y la vocación por la enseñanza los expresa José Antonio Lucero en variados momentos con enorme conocimiento y satisfacción personal. Los que la hemos ejercido y no pocos de quienes actualmente la profesan estoy seguro que harán suya frases como la siguiente:
 «Yo siempre digo que para esta profesión hay que tener algo que se tiene o que no se tiene. y ese algo consiste en la habilidad de plantarse delante de todos esos chicos y, sin que se sepa en realidad cómo, lograr secuestrar su atención, ¿sabéis?»



24 feb 2024

Castillos de fuego. Ignacio Martínez de Pisón

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✔ «Aquí, si quieres vivir, si quieres tener algún derecho, tienes que volverte como ellos, convertirte en un colaboracionista, en un carcelero, en un chivato, en un traidor. ¿Te parece suficiente información? Estamos ocupados por fuera pero también por dentro. ¿Quieres más información o te basta con esto?»
«Revilla, que no tenía con él tanta familiaridad como Santos, se sumó a la conversación cuando evocaron algunos de los lugares sagrados del falangismo: el Teatro de la Comedia, en el que se había celebrado el acto fundacional, y el Café Lion, con La Ballena Alegre en el sótano…
—¡La de veces que estuve allí con José Antonio! —exclamó, tratando de ponerse a la altura del propio Ridruejo, uno de los próceres del partido, compositor de varios versos del Cara al sol.»

Novelas de la posguerra española, Madrid
Como todos los finales de año leí, en los suplementos de los periódicos y en las revistas literarias que frecuento, listados sobre los mejores libros del año que se iba. En casi todos ellos figuraba en posición preeminente, si no en la primera, Castillos de fuego, la última novela de Ignacio Martínez de Pisón. Me la regalé por Reyes y es ahora cuando he dado fin a sus cerca de 700 páginas. 

Es una novela larga, pero para nada pesada. Entra a formar parte del grupo de narraciones situadas durante el primer franquismo, ese momento en que la represión, las venganzas, el deseo de retornar al momento anterior a 1936,  estaban a la orden del día. La vida en España transcurría dentro de una anormalísima normalidad. Nadie estaba seguro de lo que ese día, el siguiente, o cualquier otro podría ocurrirle; vivir al día, sobrevivir, era la aspiración máxima. Una aspiración compartida por todos, si bien los vencedores de la contienda tenían las de ganar; sin embargo, los perdedores mantenían viva su esperanza, pues la guerra en Europa, especialmente su discurrir a partir de 1943, auguraba -así decían y así lo creían muchos- el inminente desalojo del dictador.

Estamos ante una novela histórica de personaje coral que me ha recordado mucho a otras como La colmena de Camilo José Cela y, casi más todavía, a Las tres bodas de Manolita, tercera entrega de los Episodios de una guerra interminable, escrita por la prematuramente desaparecida Almudena Grandes. Precisamente es esta novela de la escritora madrileña la que más he recordado mientras deambulaba por Madrid con los personajes de Castillos de fuego

Ignacio Martínez de Pisón presenta la vida en el Madrid que va de Noviembre de 1939 a septiembre de 1945 y la distribuye en cinco partes que el denomina 'Libros': 

  • En el primero, Noviembre de 1939 a Junio de 1940, asistimos a la presentación de muchos de los actores del relato, tanto los propiamente históricos como los de ficción. Del contexto mundial sobresale sobremanera la presencia en el panorama europeo de Alemania, que está realizando sus primeras invasiones: la de Polonia primero, seguida de otras como la de Francia. Esta parte finaliza en el emblemático edificio de Telefónica desde cuya terraza se realiza un castillo de fuego (fuegos artificiales) en homenaje a que Tánger ha vuelto a ser administrado por España dada la alianza que Franco mantiene con Hitler.
  • En el segundo libro, Julio a Diciembre de 1941, los dos mundos madrileños se muestran en su interioridad: el de los ganadores (falangistas de siempre como Matías Revilla y no falangistas como Valentín Aja que durante la guerra militaba en el PC y que ahora es colaboracionista de la brigada político-social denunciando a antiguos compañeros); y el de los perdedores (republicanos, especialmente comunistas que intentan mantener viva la resistencia a la espera de que la guerra europea acabe con los fascismos, el de Franco entre ellos). Luego estarían los, digámoslo así, neutrales como Basilio, padre de Gloria, catedrático de universidad depurado y apartado de su cátedra por los vencedores; Félix Benítez, alumno de Basilio, enamorado de Gloria. Y también los arribistas que se apuntaron al carro del vencedor.
  • En el tercer libro, Abril a Octubre de 1942, las historias de los miembros de este personaje coral conectan e inflexionan a través de una historia de celos existente entre los hermanos Ruiz: Esteban, protésico dental, y Aníbal, colaborador de Matías Revilla en la Comisión Revisora de Viviendas y Muebles; estos dos hermanos tienen muy mala relación entre ellos a propósito de la paternidad de Rocío, la hija de Rosario, esposa de Esteban. Lo que sucede entre los hermanos complica la vida a Revilla que no quiere verse salpicado por ello. Aquí se ven las maniobras dentro de los falangistas para echar a unos u otros. Si cayese el ministro Arrese, sostenedor de Revilla, Valentín Aja correría serio peligro. Por otro lado, en esta parte prosigue la represión en cárceles y Bernabé, el hermano de Cristina y de Eloy, encarcelado en Porlier, es fusilado junto a muchos otros. En contraste con lo anterior, Avelina, esposa de Matías Revilla, muestra la 'caridad' del Régimen. Caen muchos comunistas por la represión y las denuncias de Valentín; Eloy logra, de milagro, huir al monte.
  • En el cuarto libro o cuarta parte, Septiembre de 1943 a Marzo de 1944, vemos la vida de los guerrilleros en el monte. En el grupo de Eloy, entre otros, están el Caralarga,  Arsenio, el Chaconero, el Mancho, Ginés, niño pastor que ayuda a Eloy.... Estos guerrilleros realizan batidas por la zona, robos para aprovisionarse, ejecuciones sumarias por viejas deudas o por encargo del Partido. Porque el propio PCE también realizaba sus purgas. Al tiempo, en el interior de Madrid, Cristina participa en la Resistencia colaborando con Heriberto Quiñones, con Virgilio, y otros comunistas del exterior, como el primero, o del interior, como el segundo, que es su enlace con el Partido. Todo lo hace Cristina para así mantener, siquiera sea de manera epistolar, relación con Eloy. También en el interior vemos cómo se desarrolla la vida de Gloria con Félix, que los ha acogido, a Basilio y a ella, en su despacho de abogado. Por último, Valentín, empecinado en la persecución de sus antiguos compañeros, va medrando en el Cuerpo de policía. 
  • En la quinta parte o quinto libro, Febrero a septiembre de 1945, Eloy retorna a Madrid por orden del Partido. Personajes reales e históricos como Jesús Monzón y Pilar Soler serán llamados por el Partido desde Toulouse. Otros, como  Gabriel León Trilla, no obedecerán la orden y sufrirán en propia carne su indisciplina. Si así, más o menos, discurre la peripecia real, la historia de ficción en esta parte final se va resolviendo. Lógicamente -eso lo sabemos desde el principio todos los lectores-, las aspiraciones de los antifascistas quedarán en agua de borrajas, serán puro Castillos de fuego. Pero Ignacio Martínez de Pisón culmina la historia de ficción, una hermosa historia de amor, de manera emotiva y muy esperanzadora para todos aquellos que hemos disfrutado leyendo la novela.
Una novela, en definitiva, muy equilibrada, que muestra grandezas y debilidades en los dos bandos: el sacrificio y la ciega entrega de los derrotados; las insidias, emociones y decepciones entre los falangistas que con ilusión militaron en la primera hora y que con el paso del tiempo -¡y de la guerra en Europa!- ven cómo son abandonados, dejados de la mano de Dios. Aquí se habla con emoción de Dionisio Ridruejo, falangista convencido que también con convencimiento dirige una demoledora carta a Franco, que lo depurará y echará del entorno gubernamental.

Me ha encantado pasar unos agradables momentos con personajes históricos que he estudiado, leído y algunas obras suyas incluso admirado. En la novela, centrada en el Madrid del franquismo del primer momento, la intelectualidad republicana no existe: los que no han muerto, como les ocurrió a García Lorca o a Antonio Machado, se han exiliado (Alberti, Cernuda, Emilio Prados...) y los que no (Dámaso Alonso, Aleixandre...) están silenciados en lo que se denomina exilio interior. Sólo quedó la intelectualidad que apoyó el golpe como los poetas falangistas Luis Rosales o Dionisio Ridruejo, autores teatrales como Arniches, los Álvarez Quintero o Jardiel Poncela. Algunos, como el propio Ridruejo, renegarían de su apoyo inicial a Franco, pero volver atrás ya era imposible.
«Mira quiénes están ahí: Pemán, Luca de Tena, Arniches… Es él, ¿no? Carlos Arniches, el de los sainetes. ¡Qué viejito está! Y allí mira: Fernando Díaz de Mendoza, María Guerrero… El de al lado debe de ser su hermano, el aviador. Un héroe de guerra.»
En el campo de los nombres propios la novela me ha permitido conocer algunos de personas que desconocía, que tuvieron responsabilidades políticas en los muy represivos gobiernos franquistas de la primera mitad de los años 40 del pasado siglo:
  • «Basilio había visto a varios gerifaltes del régimen entrar en la iglesia. Había reconocido a dos generales y varios ministros. A uno de ellos, el de Hacienda, José Larraz, lo había tenido de alumno veinte años atrás. Pero el que le interesaba era el de Educación Nacional, José Ibáñez Martín»
  • «Mercedes Sanz, una mujer de mofletes rellenos y mirada infantil, con el pelo recogido en una compleja arquitectura de horquillas, que, aunque había vuelto a casarse, seguía vistiendo de negro para no renunciar a su condición de viuda de Onésimo Redondo, prohombre de Falange.»

Al igual que me sucedió cuando leí Madrid de Andrés Trapiello, Castillos de fuego me ha parecido, por momentos, un excelente cartel turístico para la ciudad por donde deambulan toda esta serie de personajes. La verdad es que en definitiva es a Madrid a quien Ignacio Martínez de Pisón da el  verdadero protagonismo. 
«[Esteban] Cruzó la plaza, siguió hasta Carretas y salió a la Puerta del Sol. [...] En la esquina de Montera, se zafaba de una prostituta empeñada en colgársele del hombro [...]. Llegó Esteban a la Gran Vía. A partir de allí avanzó despacio, asomándose a las bocacalles de uno y otro lado, que estaban en plena ebullición: Valverde, Chinchilla, Jacometrezo, Libreros.»
Los nombres de los seres de ficción e incluso el de los reales históricos no suponen más que un muestrario de los otros muchos que componían la población y la fisonomía de la capital de España, que por esos años alcanzaba el millón de habitantes. Con enorme acierto en 1942  Dámaso Alonso en su poema 'Insomnio' decía: «Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)». Y tal cementerio es patente en la novela que acabo de leer.  

Novelistas zaragozanos, Literatura actual de Aragón
Dejando a un lado el importante fresco de represión política que se plasma en la narración, quisiera destacar la frescura, naturalidad y viveza con que el autor muestra la vida popular. Los madrileños de la novela sobreviven a duras penas, pero están vivos: luchan por sus ideales, se sacrifican por sus semejantes, sacan con esfuerzo -¡y también con picaresca!- a sus familias adelante, y aman con sinceridad a sus parejas, hijos, maridos, amantes... En definitiva, respiran vida, aunque se la juegan de continuo y pueden perderla en cualquier momento

La música es también un elemento importante en esta novela. Desde la sintonía del franquista parte radiofónico, que yo ignoraba que fuese una adaptación de un tema de Henry Purcell («Concluido el parte informativo, sonó la sintonía habitual, una versión de la marcha Lillibullero de Henry Purcell») pasando por la música norteamericana del momento («¡Glenn Miller! ¡Me encanta! Empezó a bailar al son de In the Mood»). Pero lo que a este respecto más ha llamado mi atención es la manera que tiene Martínez de Pisón de introducir la música popular del momento (tangos, canciones de la guerra reciente y otras) a base de unos cuantos versos o frases del tema en cuestión, sin necesidad de dar el título de la canción:
  • «Granada, tierra soñada por mí. Mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti…»
  • «...Regando las flores hay una monjita, que como ellas tiene carita de flor y que se parece a aquella mocita que tras la cancela le hablaba de amor...»
  • «...Rocío, ay, mi Rocío, manojito de claveles, capullito florecío...»
  • «¡Ay, ba...! ¡Ay, ba...! Ay, babilonio que marea... ¡Ay, ba...! ¡Ay, ba...! Ay, vámonos pronto a Judea...»

Para finalizar
Castillos de fuego de Ignacio Martínez de Pisón es una novela de lectura sencilla, con una estructura lineal, sin florituras ni alharacas, que avanza de manera ordenada por la España de 1939 a 1945. Es una España de traiciones, de maquis, de tretas dentro del Régimen, de brutal represión en todo el país y también en el interior del PCE, que se cargó a no pocos de sus militantes por -en su equivocada impresión- falta de disciplina.
«Supongo que no te suena el nombre de Heriberto Quiñones… Yo lo conocí porque vino a traerme una carta de Eloy. Era un hombre íntegro, noble, valiente, generoso: un gran comunista. Lo dio todo por reorganizar el Partido en el interior. Y, cuando digo todo, digo todo. Hasta la vida. Pero a los dirigentes que estaban en Francia, en México, en Rusia, no les gustaba que pensara por sí mismo.»
En definitiva, estamos ante una novela coral, de personajes variados y muy creíbles, muy auténticos. Seres que aman, que traicionan, que a veces deben prostituirse para salir adelante, que traicionan, que luchan, que sufren, que mueren, que odian hasta el extremo... Una ciudad (Madrid) en la que conviven enemigos irreconciliables que durante la reciente guerra civil, algunos, se cambiaron de bando, colaboraron con el otro, y que en la "Paz" se instalarán en el el odio más profundo. ¡¡Una magnífica novela!!


18 abr 2020

Almudena Grandes: La madre de Frankenstein

39 comentarios:
“Comprendí que las jaulas no siempre estaban fuera, en las amenazas y los chantajes de las personas que tenían el poder. También podían estar dentro, incrustadas en el cuerpo, en el espíritu de todas las mujeres perdidas que asumían mansamente un destino que no habían elegido”.

Almudena Grandes, "La madre de Frankenstein", costumbrismo, feminismo Tras haber leído con sumo gusto las dos entregas anteriores de los "Episodios de una guerra interminable" -"Las tres bodas de Manolita" y "Los pacientes del doctor García"- tenía ganas de hacerlo con "La madre de Frankenstein". Mi acercamiento a esta quinta entrega de la serie venía algo condicionada por la lectura de una serie de reseñas en las que esta novela de Almudena Grandes era considerada como inferior a las anteriores. Así pues mis expectativas no eran tan altas como las que tuve con las otras de la serie.

La verdad es que tras finalizarla mi impresión general en comparación con las dos que la precedieron es la de que "La madre de Frankenstein" está algo por debajo de aquellas. Cualquier comparación es odiosa, se dice habitualmente, pero cuando tenemos varios productos bien realizados por una misma creadora que los presenta como partes de una serie, es decir, al servicio de un proyecto más amplio, sí que es oportuno hacerla. Como paliativo de lo anterior conviene decir y recordar que, literariamente hablando, "Las tres bodas de Manolita" y "Los pacientes del doctor García" rayaban a una altura que se alcanza muy pocas veces.

La novela
La razón del título viene dada por ser Aurora Rodríguez Carballeira, personaje real, el motivo que abre el relato. Aurora es la madre de Hildegart Rodríguez Carballeira, una joven superdotada, a la que su madre en un ejercicio de autoritarismo y soberbia impensables asesina en 1933 al considerar que igual que le había dado la vida podía quitársela. El caso fue considerado propio de una mente enferma y Aurora fue encerrada de por vida en el manicomio de mujeres de Ciempozuelos (Madrid) donde el personaje de ficción, el doctor Germán Velázquez Martín, la encontrará en 1954 cuando entra a trabajar en este establecimiento.

"La madre de Frankestein" como el resto de novelas de la serie es una novela histórica que mezcla personajes reales como el de Aurora, el obispo Leopoldo Eijo Garay, los psiquiatras Juan José López Ibor y Antonio Vallejo Nájera, el abogado Juan Botella Asensi o el periodista Eduardo de Guzmán… con otros, la mayoría, puramente ficticios salidos de la mente de la escritora. Los más relevantes de los inventados son: el doctor Germán Velázquez; la auxiliar de enfermería María Castejón; Pastora, compañera de Rita, la hermana de Germán, en el taller de reparación de medias donde trabajan ambas; Eduardo Méndez, colega de Germán en el Hospital; y otros más. 

La acción se vertebra en torno a tres personajes: dos de ficción, Germán y María; y uno real que es quien propicia el encuentro de los anteriores, me refiero a Aurora, la madre de Hildegart. Cada uno de estos tres seres sirve a la autora para desarrollar otros tantos círculos actorales a su alrededor. 

El doctor Germán Velázquez logra salir en 1939 de España desde el puerto de Alicante a bordo del  'Stanbrook', barco real comandado por el también real capitán inglés Archibald Dickson. Se dirige hacia Suiza donde será acogido por el doctor Samuel Goldstein gran amigo de su padre al que debió  la vida durante la guerra civil española en la que participó dentro de las brigadas internacionales. Gracias a este psiquiatra judío refugiado en Neuchatel Germán estudiará y se hará con un nombre en la aplicación de un fármaco nuevo que mejora mucho la calidad de vida de los esquizofrénicos. Esta fama será la que provocará que Germán sea invitado por el doctor Robles del psiquiátrico de Ciempozuelos a trabajar en España a fin de ensayar aquí ese fármaco.

esquizofrenia, Hildegart, Aurora Rodrñiguez Carballeira, psiquiatras franquistasLa auxiliar de enfermería María Castejón abre al lector una panorámica más popular de la vida española del momento. Ella trabaja como chica de servir en una casa acomodada de la burguesía madrileña, la de doña Prudencia Molina. Allí es compañera de Rosarito mayor que ella y más antigua en la casa que la introduce en los secretos de la vida. También ahí conoce a Alfonso Molina, sobrino de los señores de la casa, de quien se enamorará perdidamente durante los tres meses de un verano que él residió en la casa de la calle General Mola de Madrid. También María sirve para abrir el abanico actoral hacia los trabajadores no sanitarios del Manicomio de Ciempozuelos donde además de trabajar ella reside desde siempre en la casa del jardinero, su abuelo. Juan Donato, importante en la vida de María, es otro trabajador no sanitario del manicomio donde hace arreglos y servicios de todo tipo en una especie de chico para todo.

Aurora Rodríguez Carballeira es en torno a quien se articula un tercer núcleo actoral en que están también integrados Germán y María como auxiliar de enfermería y amiga de la interna. A este grupo de personajes pertenecen el doctor Robles, director del psiquiátrico; el doctor Eduardo Méndez, amigo de Germán y de gran ayuda para María; la hermana Belén, superiora de la Comunidad de las Hermanas Hospitalarias, propietarias y gestoras del manicomio de mujeres de Ciempozuelos, que apoya en todo los proyectos innovadores del joven psiquiatra Germán Velázquez; Pedro Armenteros, sacerdote integrista contrario a las innovaciones que promueve Germán en el Hospital y cuyo afán es conseguir captar al doctor para el grupo de asistentes a los Cursillos de Cristiandad que se celebran bajo la dirección del obispo Eijo Garay.

Como se ve la galería de personajes que Almudena Grandes presenta en ésta y en las otras novelas de la serie es inmensa. Muchos de los personajes de las novelas precedentes aparecen aquí aunque con un papel menor o simplemente nombrados: el padre de Germán, doctor en psiquiatría Andrés Velázquez, es quizás el que más papel tiene sobre todo al inicio de la novela; Rita, hermana de Pastora, y su marido Rafael Cuesta, al igual que el marido de Pastora, el teniente de la Guardia Civil Miguel Sanchís, fueron muy importantes en las anteriores dos novelas y aquí salen de refilón; etc., etc.

Todos ellos son seres con personalidad propia, distintos los unos de los otros. Destaca especialmente el grupo de las mujeres, la mayoría de ellas, como dice la propia escritora en la promoción de su novela, mujeres empoderadas que buscan realizarse por sí mismas sin dependencias injustas de los hombres ni de nadie. Son mujeres que al igual que algunos de los personajes masculinos (Germán Velázquez o el doctor Eduardo Méndez) buscan la felicidad y son capaces de burlar las barreras impuestas por el Régimen nacional-católico a la sociedad española. En este grupo sobresale especialmente Pastora, viuda de un militante comunista, María Castejón, la hermana Belén que busca la felicidad de las internadas en el psiquiátrico, y ya en otra dimensión ciertamente equivocada pero para ella real y cierta Aurora Rodríguez Carballeira.

escritores galdosianos, Almudena Grandes, Episodios de una guerra interminable Una novela, como las del resto de la serie, de personajes, una novela coral en la que el actor principal es Madrid: la vida durante los años 50 de un Madrid oscuro, gris, sin alegría, desilusionado, donde todo atisbo de felicidad es visto como pecaminoso, donde la psiquiatría oficial -la de los doctores el coronel Vallejo Nájera y su enemigo acérrimo dentro del bando franquista el opusdeísta Juan José López Ibor- practica con los enfermos métodos crueles como las camisas de fuerza, los baños en hielo, las descargas eléctricas... como terapias adecuadas para curar las dolencias del alma entre las que incluían la homosexualidad.

Las historias que se muestran van entreverándose unas con otras, avanzan y retroceden en el tiempo, y se estructuran en cuatro apartados de significativos títulos:

  • I. El asombro (1954): muestra la sorpresa que Germán Velázquez se lleva en su reencuentro con la España franquista quince años después de haberla dejado y su asombro al encontrarse en el psiquiátrico de Ciempozuelos con una enferma que rompe todos los estereotipos, la madre de Hildegart.
  • II. La compañía (1955): No es bueno que el hombre esté solo, diríamos que la autora viene a pensar y por ello da compañía a unos y a otros personajes: a Aurora, a Germán, a María, a Eduardo, a Pastora...
  • III. La soledad (1956): En esta parte los personajes principales se enfrentan a la soledad, cada uno a la suya. Germán rememora aquella que en 1950 lo llevó a casarse con una de las hijas de su protector Samuel Goldstein ("el 25 de agosto de 1950 me casé con Herta Rebecca Goldstein”) y luego su soledad en España que Pastora y María vendrían a paliar.  María, por su parte, dada la diferencia de clase social existente entre ella y Germán piensa que entre ellos no hay nada que hacer y que más le valdría, si de verdad quiere no quedarse sola, dirigir sus ojos hacia alguien de su nivel como ese tal Juan Donato porque "las cosas como son, el doctor Velázquez nunca me rescataría de Juan Donato de la única manera posible, o sea, casándose conmigo."
  • IV. La madre de Frankenstein: Aunque a lo largo del relato hemos sabido y comprendido el porqué del título de la novela es ahora cuando viene a hacerse explícito en esta parte situada ya en período democrático, más de veinte años después de fallecida Aurora en 1955. El doctor Velázquez presenta en Madrid  un libro sobre la fallecida con ese título proveniente de la afición que la parricida tenía durante su encierro de fabricar muñecos de tela a los que en su desvarío quería insuflar vida tal como -decía- ella había hecho con su propia hija Hildegart, razón por la que ésta no era dueña de la misma en absoluto pues se la debía a ella.
  • La historia de Germán (Nota de la autora). Sigue al apartado IV una quinta sección, ya sin número de orden donde la propia Almudena Grandes viene a contar cómo se gestó en ella este relato. Cómo desde 1989 llevaba rondando en su cabeza la idea de escribir algo sobre la madre de Hildegart a raíz de haber leído por esas fechas -en 1989 la novelista acababa de publicar con gran éxito "Las edades de Lulú"- un libro titulado “'El manuscrito encontrado en Ciempozuelos' del psiquiatra y ensayista asturiano Guillermo Rendueles Olmedo”. En ese momento estaba en auge la novela gótica que a la novelista, dice aquí, mucho le agradaba,  y este libro  "en la portada, junto con una fotografía de una mujer sobre la que se superponía otra de una señora con cara de general romano, aparecía un fotograma de una antigua adaptación cinematográfica de 'Frankenstein', inspirada en la novela de Mary Shelley que también había leído"
En esta parte final -una especie de epílogo- la novelista muestra bien a las claras sus intenciones: 
La madre de Frankenstein es una novela de ficción construida sobre hechos reales. Mi inspiración original fue, desde luego, la vida y la muerte de Aurora Rodríguez Carballeira, una realidad que parece un alucinante, incluso delirante, argumento de ficción. Porque alrededor de la madre de Hildegart, de su vida, de su crimen y su destino, se fueron trenzando un buen número de historias, algunas falsas y muy hermosas, otras ciertas y mucho más feas” (p. 463)
 La novela está contada por estos tres personajes principales en primera persona. Muchas veces sobre todo cuando quien narra es María el discurso va dirigido a una segunda persona que es difícil de identificar en ocasiones -quizás a veces sea ella misma la que se interpela en forma de soliloquio- si bien en otras queda claro el receptor de esas llamadas de aquiescencia en forma de reiterativos 'fíjate' aunque no siempre sea el mismo:
"Por mucho que hubiera vivido en Suiza, por mucho que no entendiera España, por muy amable que fuera conmigo y aunque yo le gustara, porque sabía que le gustaba, las cosas como son, el doctor Velázquez nunca me rescataría de Juan Donato de la única manera posible, o sea, casándose conmigo. Eso era lo único en lo que se parecía al doctor Molina, fíjate” (p. 273)
En este aspecto formal, aparte de lo habitual en la autora y ya señalado por mí en las otras reseñas de novelas de estos "Episodios de una guerra interminable" [ver reseñas de "Las tres bodas de Manolita" y de "Los pacientes del doctor García"] quisiera destacar lo mucho que me ha gustado el divagar de la mente enferma de la asesina de Hildegart. Lo bien que Almudena Grandes utiliza el flujo de conciencia y el monólogo interior en ese ir y venir torpe, roto, desordenado, de los pensamientos por una cabeza superdotada pero completamente destrozada la hilazón lógica entre ellos:
"¿Ya es de noche? ¡Qué barbaridad, cómo pasa el tiempo! ¿Y en qué mes estaré? Pues no lo sé, cómo voy a saberlo, si estoy todo el tiempo durmiendo. A lo mejor, Germán engendró a nuestro hijo mientras yo dormía. Claro, eso sería, le parecería más delicado, querría ahorrarme esa asquerosidad, y yo se lo agradezco pero, claro, ahora no sé cuánto me falta... ¡Qué frío hace de repente! Me han puesto una manta, pero tengo la nariz helada. Yo creo que fue una mujer la que me besó, ¿pero quién? Hilde... ¡Ay, pobrecita Hilde!" (p. 399)


Para finalizar
Como en las otras de la serie el homenaje que Almudena Grandes hace a Benito Pérez Galdós en esta novela es más que evidente. Madrid, sus calles, la vida de sus gentes populares, la indiferencia de los poderosos, el abuso por el abuso ejercido dobre los débiles, la demostración del poder por encima de cualquier otra consideración están presentes en "La madre de Frankenstein"
"Esto es un pulso por el poder, porque ahora mismo la clorpromazina es poder, y el poder, en España, es un derecho exclusivo de quienes ganaron la guerra. Y, aunque a mí me obligan a agradecerles todo el tiempo que me hayan perdonado, yo no la gané, y tú menos” (p. 302)

Es un ejercicio de repaso de la historia reciente tal como hizo Galdós en sus Novelas contemporáneas y en los Episodios Nacionales más próximos a su momento vital. Ambos, don Benito y Almudena, colocan siempre en primer término como hacedores de la Historia al pueblo; de ahí el innegable costumbrismo que permea las narraciones de uno y otra.

Una novela que se lee con muchísimo gusto gracias al estilo desarrollado por la novelista que logra captar al lector, meterle dentro del relato, hacer que se identifique con ese personaje colectivo que en distintos tipos y figuras deambula por el Madrid de esos años 50. Una manera de conocer la vida real de las gentes durante esos años de miseria y sufrimiento dentro de la España franquista en la que, naturalmente, también las personas vivieron o al menos buscaron historias de placer, de felicidad y alegría. Y entre estas personas, Almudena Grandes, se fija especialmente en esta narración -y también en las otras de la Serie- en las mujeres, sufridoras por partida doble de la represión y falta de libertades del momento en nuestro país.

19 nov 2019

Ignacio Martínez de Pisón: "Filek"

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"La famélica España de 1939 estuvo a punto de convertirse en la principal potencia exportadora de petróleo. Eso al menos es lo que Franco creía entonces y lo que pronto la prensa del régimen se encargaría de pregonar a los cuatro vientos. Un químico austriaco llamado Albert von Filek, inventor de un combustible sintético que mezclaba extractos vegetales con agua del río Jarama, había puesto su fórmula secreta al servicio del engrandecimiento de la nueva España después de rechazar generosísimas ofertas de las grandes compañías petroleras." (nota de la solapa del libro)

franquismo, años cuarenta del siglo XX, estafadores
De este escritor leí no hace mucho tiempo "La buena reputación", novela premiada con el Nacional de Narrativa 2015, una novela que me agradó especialmente. También he visto con muchísimo gusto en televisión la serie "El día de mañana" adaptación de una novela suya de igual título que él mismo guionizó en su conversión al medio visual. Esta serie me gustó mucho. Ahora, dentro del mes temático de la No Novela promovido por el blog "Libros que hay que leer", decidí elegir ésta que hoy traigo aquí y que publicó en 2017.

En varios momentos de esta obra su autor, Ignacio Martínez de Pisón Cavero, insiste en la característica de no-novela que tiene lo que estamos leyendo.
 "Si esto no fuera una investigación histórica sino una novela, tal vez el argumento sería otro" (pág. 197). 
Lo que nos presenta el autor es una concienzuda investigación histórica sobre un personaje cuya peripecia la encontró el novelista en "Franco, caudillo de España"de Paul Preston, la monumental biografía del dictador aparecida por vez primera en 1967 y que, con seguridad, Martínez de Pisón, dada la época en que  transcuren la mayoría de sus novelas, conoce al dedillo. Sólo, nos dice Martínez de Pisón, le dedica Paul Preston diez líneas; sin duda alguna más que suficientes dado el poco impacto del individuo en la vida española en general y en la del dictador en particular. Pero haber estado a punto de engañar al mismísimo Caudillo con una gasolina sintética supuestamente creación suya y fabricada a base de agua más extractos de plantas y algunos ingredientes secretos más era tan increíble y al tiempo desternillante que el escritor zaragozano decidió seguir la pista a este tal Albert Eduard Wladimir Füler Edler von Wittinhaunsen por parecerle un ser más propio de una novela que de la realidad. Los datos debidamente ordenados y organizados, cual exige una investigación histórica, es lo que se nos presenta en este libro. Una cierta y verdadera no novela, por lo tanto.

Organiza la obra Martínez de Pisón en cinco apartados o capítulos dedicado el primero a los orígenes del estafador nacido en 1889 de padre desconocido en Carintia, región del sur de Austria que formaba parte por entonces del Imperio austro-húngaro. La vida delincuencial de Filek comienza a partir del final de la Gran Guerra en la que participa pero alcanzará el rango de profesional con la disolución del imperio en 1920. Albert se moverá en una zona europea que tenía por centro la ciudad de Fiume entonces ciudad-estado independiente (hoy es la ciudad croata de Rijeka). A esta ciudad, sobre la que marchó militarmente el poeta italiano D'Annunzio para anexionarla al Reino de Italia, regresaba Albert Filek tras haber perpetrado sus golpes y estafas en ciudades (Viena, Milán, Graz, Innsbruck...) situadas en un radio de no más de 300 kmts de Fiume. En 1931 el cerco de la policía austriaca era cada vez mayor y el personaje decide escapar de la zona. ¿A dónde ir? España, donde acababa de ser derrocada la monarquía, se le antojó un buen lugar.

El resto de capítulos van dedicados a las actividades de este delincuente en el Madrid republicano (capítulo 2); después en el inmediato Madrid franquista de la primera hora, sin duda alguna el centro de esta investigación histórica (capítulo 3); luego conocemos su deambular, entrando y saliendo, por distintas cárceles españolas (capítulo 4); y finalmente, la salida de España y el establecimiento de este impostor y charlatán en Hamburgo donde en 1952 murió (capítulo 5).

Albert Filek, Franco estafado, gasolina sintética
Lo que más me ha interesado de esta narración en la que Ignacio Martínez de Pisón muestra y comenta sus hallazgos en la búsqueda de datos e información realizada sobre este tramposo irrecuperable es, junto a la doblez del individuo, la facilidad con que caían en sus engaños las víctimas comenzando por aquella mujer de Groz a la que debió de dejar plantada ante el altar tras haberle jurado amor eterno y robarle sus joyas; siguen las innumerables referencias a cómo el falso aristócrata Alberto Samengo, Albert von Fülek, Alberto von Culek, Alberto Filek o como quiera que eligiese llamarse gustaba de darse la buena vida en lujosos hoteles centroeuropeos donde dejaba la cuenta, ¡claro!, sin abonar; la defraudación realizada a una institución bancaria por muchos miles de liras o de coronas; etc., etc... Y es que en la biografía de este sujeto todo es oscuro y enmarañado.

De todas sus trapacerías la obra maestra de este individuo de bajos orígenes pero que siempre abrigó en su mente delirios de grandeza atribuyéndose unilateral y reiteradamente la filiación de un padre aristócrata que nunca lo reconoció, -frustración que siempre arrastró-, fue la invención de una gasolina sintética realizada con agua, extractos de plantas, pizarras bituminosas, bicarbonato y otros ingredientes -¡hasta zumo de naranja dijo en alguna ocasión que contenía!- que el estafador iba añadiendo o eliminando según la ocasión y la persona ante la que se encontrase. Con esta maravillosa e imposible quimera engañó no sólo a particulares deseosos de enriquecerse rápida y fácilmente sino que también este charlatán irrecuperable llegó hasta los aledaños del Estado al ofrecerla en ministerios gubernamentales republicanos tanto de ministros de la CEDA como Gil Robles cuanto de ministros socialistas como Largo Caballero. Acabada la Guerra Civil y sustituida la República legítima por la ignominiosa Dictadura el atrevido delincuente consiguió ilusionar al mismísimo "Caudillo de España por la Gracia de Dios" que con esto demostró su memez autocrática, con lo que los lectores actuales vemos, atónitos, en qué manos estuvo España durante 40 años
"Todos los ingenieros y servicios técnicos que he consultado me han informado en contra del proyecto; pero yo me fío más de mi chófer y éste me ha asegurado que en el último viaje hemos logrado una media de noventa kilómetros por hora empleando exclusivamente 'mi' gasolina" (pág. 187 [De las memorias de Juan Antonio Ansaldo que pilotó el avión que trasladaba a Sanjurjo desde Estoril a Burgos])
Destaco por encima de cualquier otra cosa en este libro la imparcialidad del autor al presentar de manera objetiva la vida en España en unos y otros momentos políticos. El fullero Filek va a ir sobreviviendo con sus artimañas tanto en la revuelta España republicana cuanto en la amordazada España franquista. En ambas, Martínez de Pisón no oculta datos incómodos para todos: las checas republicanas, las sacas arbitrarias de las cárceles y los miles de fusilamientos en Paracuellos, el papel de ciertas personas e individuos a favor y en contra de estas acciones; y del mismo modo en el inaugural período franquista vemos cómo el Filek que estuvo en las cárceles republicanas, tras una breve estancia fuera de ellas, volverá a las prisiones donde se hacinaban miles y miles de desafectos al nuevo Régimen y de las que sin pausa alguna iban saliendo personas camino de ejecuciones sumarísimas y si no debían trabajar en condiciones infrahumanas. Bajo ambos regímenes la persona Albert Eduard Wladimir Füler Edler von Wittinhaunsen va a ver cómo se desprecian y se incumplen las resoluciones judiciales que en varias ocasiones y momentos fallaron a favor de su puesta en libertad.

Ignacio Martínez de Pisón, narrativa de la Guerra Civil, investigación histórica
Antes de dar por concluida esta entrada quisiera alabar el enorme esfuerzo investigador del novelista zaragozano afincado en Barcelona desde 1982 con sólo 22 años, de lo que queda cumplida muestra en este libro. Y junto a esto, no puedo por menos que agradecerle la inmensa información que sobre autores literarios y sus obras ("El mundo de ayer" de Stefan Zweig o "Primavera de café" de Joseph Roth, entre los europeos; "La novela de un literato" de Rafael Cansinos-Assens, "Paseos por Madrid" de Corpus Barga o "El advenimiento de la República" de Josep Pla, entre los españoles) aparecen como sin esfuerzo a lo largo de esta investigación, de esta no novela, que por las muchas suposiciones e imaginaciones realizadas por el autor para cubrir las muchas lagunas existentes en la documentación recabada se convierte casi casi en un ensayo novelado:
    • "como tantas otras veces a lo largo de este libro, me muevo en el terreno de las conjeturas" (pág. 233)
    • "¿Permaneció Filek en Barcelona tras su excarcelación? [en septiembre de 1941]. Fantaseo con la hipótesis de que, atraído por el aroma del dinero fácil, frecuentara durante ese tiempo un bar-restaurante situado en el número 196 de la calle Mallorca, el Lutz." (pag. 209)
    • "No hay datos de que ese encuentro llegara a producirse. De haberse producido, el primer paso lo habría dado el austriaco." (pág. 100 [conjetura realizada a raíz de la coincidencia en la Cárcel Modelo madrileña en octubre de 1936 del embaucador Suñén Beneded y Filek]) 
También no quiero dejar sin resaltar la enorme información que leyendo este libro he podido recabar sobre esos años (1930-1950) durante los que España vivió una época dura, difícil y llena de sobresaltos de la que se beneficiaron, ¡como siempre!, quienes pescan en río revuelto, o sea, buscavidas, delincuentes y seres sin entrañas como este Filek. Pero especialmente me ha satisfecho mucho conocer la ubicación en Madrid y en Barcelona, sobre todo, de las prisiones en las que se hacinaban personas y personas desde 1936 a 1946 en concreto. Son edificios, la mayoría de ellos hoy desaparecidos igual que muchos de los ficheros de detenidos quemados por unos y por otros cuando, cada uno en su momento, avistaba que se daba la vuelta la tortilla. 

27 feb 2019

"Las cenizas de la inocencia" de Fernando Benzo

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Conocí esta novela de Fernando Benzo (Madrid, 1965) durante un desplazamiento en coche. Por la emisora de radio que tenía sintonizada en ese momento un periodista mañanero le preguntaba a un escritor cuyo nombre nunca había oído nombrar sobre el libro que acababa de publicar. Me comenzó a interesar la entrevista cuando escuché que en la novela se prestaba mucha atención a la música de jazz; también oí que la acción sucedía en el Madrid de la década de los años 40 del pasado siglo.

El escritor
Políticos y escritores, Fernando BenzoEsas dos informaciones -Madrid, años 40 y música de jazz- hicieron que me interesara vivamente por la novela de ese escritor desconocido. En el curso de la entrevista supe que hasta hacía poco había ocupado el cargo de Secretario de Estado de Cultura habiendo sido con anterioridad Subsecretario de Educación, Cultura y Deporte. ¡Vaya -me dije- un escritor a tiempo parcial. No sé, no sé. Buscaré más información sobre él! 

Al llegar a casa me entero a través de internet de que es un escritor relativamente reciente si bien sus comienzos se remontan a la edad de 24 años cuando publicó su primera novela, "Los años felices", que ganó el Premio Castilla-La Mancha. También leo que cinco años más tarde en 1994 se alzó con el prestigioso premio Kutxa-Ciudad de Irún con la novela "Mary Lou y la vida cómoda", y que desde ese espaldarazo su carrera como novelista ha sido un no parar: "La traición de las sirenas" (1999), "Después de la lluvia" (Premio Ciudad de Majadahonda 2002), "Nunca repetiré tu nombre" (2012) y "Los náufragos de la Plaza Mayor" (2014).

Pero no sólo Fernando Benzo se ha circunscrito a la narrativa, también ha hecho sus pinitos en otros géneros como el teatro, con la obra "Scottie" (Premio de Teatro de la Northeastern Illinois University de Chicago), o el relato de no ficción con "Héroes inesperados". Es, pues, Fernando Benzo Sainz un escritor con una obra literaria consolidada. Yo lo he conocido, como ya he dicho, por una casualidad radiofónica, a la que, además, vino a unirse otra que fue que la editorial Random House a través de 'Edición anticipada' me ofreciera su última novela. Naturalmente me apresuré a aceptar la gentileza pues ardía en deseos de contactar con este escritor. Y la experiencia ha sido muy grata para mí.

“Las cenizas de la inocencia”

Primera novela que leo de Fernando Benzo. Me ha gustado por muchas cosas, en primer lugar por la historia que presenta: la supervivencia de unos seres populares en una España de posguerra que convivía con la hambruna y el estraperlismo. La novela enraíza con la picaresca más auténticamente española. El narrador en primera persona, Emilio 'el Monaguillo', es un chaval de unos diecisiete años que ansía quitarse el hambre y ayudar a su madre, Marita 'la Olorosa'. El azar, la casualidad, viene a hacer que Emilio en una correría infantil, consistente en entrar a robar leche para luego revenderla, tope con Nico, un muchacho mayor que él que tras evitar el robo se hace amigo de Emilio de quien le ha agradado su arrojo y buena disposición para emprender nuevas aventuras. Este Nico, pasados unos meses, pondrá al bueno de Emilio en contacto con Matías Sampedro, auténtico moderno Monipodio, que controla en gran parte el estraperlismo que nutre Madrid en esos años cuarenta de hambre y cartillas de racionamiento en que está situada la anécdota. Emilio comenzará a hacer trabajillos para Nico y poco a poco debido a sus buenas cualidades y buena actitud Sampedro le irá encomendando acciones más arriesgadas. Pero el Madrid de bajos fondos no sólo lo mueve Matías Sampedro; también hay un constructor primerizo lleno de deudas, Jorge Lanza, que va a conseguir reflotar, gracias a la gestión que del estraperlo hará, la empresa de construcción que su mujer, Eulalia Armendáriz ha puesto en sus manos .

Fernando Benzo, "Las cenizas de la inocencia", Novela picaresca moderna
Estos dos personajes vienen a coincidir todas las noches en un club madrileño, el Dixie, que gestiona con acierto y muy buen gusto musical Raimundo Giralda. El Dixie, local totalmente ficticio, se ha hecho un hueco en la noche madrileña de las salas de fiestas dominadas por el Pasapoga gracias, entre otras cosas, al jazz que toca una banda de músicos reclutados con acierto por Giralda, el propietario del local, en el mundillo musical de la época, pero sobre todo su éxito se debe a la cantante, Asia Luján, de esta jazz-band. Matías Sampedro es un enamorado de este estilo musical de procedencia norteamericana y por eso todas las noches ocupa un reservado en el night club. También Jorge Lanza, si bien por motivos más relacionados con la entrepierna, acude a otro de los reservados donde ríe y gestiona sus pillerías, negocios y conquistas amorosas.

En este micromundo que es el night club están todos los constituyentes de la sociedad real española del momento: los delincuentes de cuello blanco (Sampedro y Lanza que en su momento entrarán en conflicto); los secuaces de uno y otro jefecillos provenientes las más de las veces, como Nico, de los repletos orfanatos o sacados del hambre habitual como Emilio (en este grupo de secuaces habría que incluir al Ruso, un sicario sin escrúpulos a las órdenes de Sampedro, y también a Armando Mosquera 'el Tuerto', ejemplo de adaptación al medio: delincuente y asesino, chequista en el Madrid asediado y en el franquista colaborador de los nuevos empresarios como es Jorge Lanza); las pobres chicas que para salir adelante ellas mismas y ayudar a sus familias se convierten en deseadas artistas en la noche madrileña (es el caso de Asia Luján, la cantante del Dixie, que cada noche al abandonar el local de la plaza del Carmen y cambiar su lujoso vestuario vuelve a ser quien es en verdad; Rosita Muñoz, la honesta chica que vive por la zona de Legazpi)… En medio de toda esta fauna variopinta hay un árbitro, una autoridad, que cual camaleón hace creer a unos y a otros que su función sólo es la de estar a su servicio, si bien según avanza la historia veremos que no es tan tonto el comisario Gante como Sampedro y Lanza pensaban.

La novela, por el asunto, es una novela negra que muestra los bajos fondos de la sociedad, la corrupción de quienes debían de vigilar que no se cometiesen delitos, la vida real de la España de esta  segunda mitad de los años 40 llena de hambre, de cartillas de racionamiento de distintos tipos, de falsificaciones, de estraperlo, de palizas, de crímenes, de deseos reprimidos, de abusos de todo tipo... Al tiempo que la trama es soportada por personajes de ficción, éstos corretean por un Madrid real, histórico, un Madrid nocturno y musical en el que compiten estrellas de la canción española como Lilian de Celis, la bella Otero, Conchita Piquer, Carmen Miranda o María Félix, entre las artistas españolas, y Billie Holiday o Ella Fitzgerald entre las extranjeras. No cabe, en mi opinión, calificar este relato de novela histórica al quedar fuera del mismo los personajes históricos propiamente dichos: se sabe que estamos bajo la férula de Franco y su Dictadura, pero no aparece nombrada ninguna autoridad reconocida ni hay interacción alguna entre personajes históricos y de ficción.

Más bien situaría esta narración dentro del realismo costumbrista que tan buenos frutos siempre ha dado en nuestro país. Aparece el Madrid auténtico de la época, y no sólo en sus calles sino también en los negocios que se abrían en ellas:
Nico se había presentado hecho un pincel. Durante los días anteriores, había recorrido los alrededores del Dixie preparándose para la cita. Había estado en Galerías Preciados y en la Camisería Vergara, en Los Pequeños Suizos y en la sombrerería Zapater y ahora estaba allí, hecho un dandi con un traje nuevo, una impecable camisa blanca, zapatos de piel y un elegante sombrero con cinta de raso negra” (147, capítulo. 7) 
También para situar el momento concreto en que la acción sucede el autor nos ofrece datos de época. Así por ejemplo dice que esto sucedía cuando en los cines de la avenida de José Antonio (la Gran Vía) se proyectaba “Los últimos de Filipinas” estrenada en España en 1945. También para calibrar el momento exacto podemos recurrir a que se va a iniciar la remodelación del estadio de Chamartín, que tuvo lugar en 1946, o que Quincoces en el momento era el míster del Real Madrid, algo que tuvo lugar en la temporada 1945/46 ("Manolo le daba una y mil vueltas al indiscutible talento de Quincoces, al parecer antes un jugador excepcional y ahora un entrenador que llevaría a la gloria al Real Madrid, y de unos tales Ipiña, Prudente y Barinaga, unos prodigios con el balón según el barbero.",  pág 241). También puede servir para fijar la época la emisión de billetes de 100 ptas. con la efigie de Goya en su dorso, billetes que vieron la luz en 1946.
"Gante se metió la mano en un bolsillo de la chaqueta, sacó un pequeño fajo de billetes y separó de él dos 'goyas', los nuevos billetes de cien pesetas  emitidos con la imagen del pintor." (pág 242)
Madrid años 40, Las coctelerías, Bar Chicote,
Hay mucho de objetivismo en esta novela a pesar de que la narración esté puesta en boca de una primera persona, Emilio 'el Monaguillo'. Esta 1ª persona narrativa es la predominante, si bien muta a una 3ª objetiva en ocasiones. Asimismo esta narración intradiegética cambia o alterna a la 2ª cuando la integra en ella viéndose el narrador como desde fuera de sí mismo:
Quizá, al principio, cuando viajaban los trenes y cuando descubrí el Dixie y cuando Nico y yo nos hicimos no ya sólo compañeros de correrías sino amigos, habría elegido cualquier color radiante. Un color tan deslumbrante que con solo mirarlo te cegase por completo. Pero ahora ya no estaba tan seguro.
El que la narración sea en 1ª persona es lo propio en una novela como la que Fernando Benzo ha escrito, una novela picaresca moderna. El tono del género es total en algunos momentos como el siguiente: “Y gracias a aquellas charlas en que se mezclaban por igual mentiras y verdades, también pude yo ir enterándome de quiénes eran los dos personajes más admirados e intrigantes de toda aquella exuberante fauna que llenaba noche tras noche el club Dixie.” (p.89). Cualquiera que conozca nuestra novela del siglo de oro reconocerá aquí al mismísimo Lazarillo de Tormes confesándose a ese 'vuesa merced' transformado aquí en el propio lector. Y por seguir con la analogía lazarillesca, al final del capítulo 11 se ve el paso del Emilio niño al Emilio adulto:
"Aquel fue mi primer pensamiento adulto. Mi primera decisión como hombre y no como niño. Y con aquella decisión quedó para siempre atrás la persona que había sido yo hasta entonces y comenzó la vida de ese otro yo, el adulto, que" […]
Estamos, pues, como en la mayoría de novelas picarescas ante una obra de aprendizaje, una novela de iniciación, un bildungsroman característico.

La novela, en mi opinión, tiene vocación de best seller, de buen best seller, me atrevo a decir. Contribuye a su bondad el ritmo que el autor confiere a la historia, con esos finales de capítulo que incitan a leer y leer, a no poder abandonar la lectura a fin de conocer en qué parará todo. Saber dotar de ritmo a una narración y conseguir captar absolutamente la atención del lector es mérito innegable no al alcance de todos. A esta captación del interés contribuyen dos elementos por encima de otros: el primero es el de un culturalismo literario poco complicado como evidencia el que se haga uso de imágenes lindantes con el tópico para caracterizar a algún personaje; en este nivel estaría el considerar al estraperlista Sampedro de ser un Robin Hood, para unos, y un Scrooge, para otros. Como se ve no se precisa ser muy leído para captar el sentido correcto de estas figuras.

De mayor nivel e interés es el culturalismo musical -en especial jazzístico- que Fernando Benzo demuestra y esparce por el relato. Se ve que domina el asunto y que es un diletante de estos ritmos sorprendentes, sin duda alguna, en una España que en esos años 40 musicalmente hablando estaba más por el cuplé y la copla. Es muy interesante la justificación que para aparecer en el relato realiza el autor:  El jazz lo conoció Giralda en París de mano de su amigo americano James quien siguió la estela de Hemingway, Fitzgerald y Stein. Tras la liberación de París, este James le envía a Giralda con cierta regularidad discos de Louis Armstrong, Tommy Dorsey, Jessie Smith, Count Basie, Duke Ellington, las Andrews Sisters, Cab Calloway, la orquesta de Pérez Prado, Charlie Parker... Y él en su night club procura que su cantante, Asia Luján, entone estos temas tan distintos a lo que se podía escuchar en los tablaos, e incluso en el Pasapoga donde a lo más que se llegaba era al foxtrot o al swing tipo Glenn Miller que aunque ambos derivaban del jazz eran ritmos más admitidos por el gran público que los de los artistas citados antes.

Tiene para el novelista tal interés el mundo musical que muestra en "Las cenizas de la inocencia" que él mismo se ha ocupado de crear en Spotify la playlist de la novela. Es una playlist fantástica, que he oído durante la lectura de la narración y que me ha encantado. La coloco a continuación para que quienes, como a mí, os guste este tipo de música disfrutéis con ella.



Final
Para mí Fernando Benzo ha sido un feliz descubrimiento. La lectura de su novela "Las cenizas de la inocencia" me ha resultado agradable, instructiva y muy entretenida. La historia de Emilio, el chico que se hace mayor a lo largo del relato, es muy creíble, y, además, está escrita con altura literaria sin jamás hacer difícil la intelección de la novela. Momentos destacables en el relato son entre otros los siguientes:
Cuando era un niño Marita solía decirme que todos los sueños tienen un color [...] Marita tenía sueños rojos y verdes y rosas y amarillos. Los peores eran los sueños grises, que la ponían de lo más melancólica, y los sueños negros ceniza, como los llamaba ella, que le daban un miedo espantoso.” (pág. 200, cap. 9, Emilio recordando su vida de niño junto a su madre).
Trabajaban para él hasta las ancianas que se solían colocar a la salida de las estaciones de metro para vender por un céntimo a los más desesperados los chuscos, unos repugnantes panes de almorta que amarilleaban y se endurecían hasta quedar como piedras aun antes de haber salido el horno.” (pág. 90, hablando del estraperlo montado por Matías Sampedro])
Paco León, Series de Movistar+, Arde Madrid
"Aún era temprano para que el bar estuviese ya hasta los topes de su clientela habitual, una exótica mezcla de  donjuanes sin fortuna, aristócratas ociosos, políticos en ascenso, crápulas infatigables, chicas de alterne, parejas de amantes clandestinos e imprudentes, toreros pintureros y todo tipo de artistas consagrados o aún por descubrir. A diferencia de los demás locales nocturnos de la avenida de José Antonio, en Chicote no había baile ni actuaciones" (pág. 149). 
Leyendo la anterior descripción de la coctelería Chicote no he podido por menos que recordar la serie televisiva de éxito fulgurante "Arde Madrid" que con acierto y buena mano ha estrenado hace  pocos meses el actor y director Paco León. Está claro que hay olas, tendencias, momentos, en que unos espacios y/o épocas parecen imponerse en la consideración de los creadores. Al respecto pienso que esta novela de Fernando Benzo podría fácilmente verse convertida en imágenes y creo que tendría muy buena acogida entre los seriéfilos.