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26 ago 2026

El ancho mundo (#Los años gloriosos I). Pierre Lemaitre.

12 comentarios:

«—Quería preguntarle una última cosa, señor senador... ¿tiene usted una cuenta a su nombre en los bancos Godard o Hopkins Brothers? [...]
—¡Por supuesto que no!- gritó el senador.
—¿Y nunca la ha tenido?
—Pero, pero... ¿por qué querría usted...?
[...]
Negar la mayor es una actitud frecuente entre los poderosos como el equivalente del argumento de autoridad en una conversación.
—No tengo ni he tenido cuenta alguna en ninguna de esas entidades, ni ahora ni nunca, caballero»
»


Pierre Lemaitre, Los años gloriosos I
A mí Pierre Lemaitre, desde que lo descubrí hará cosa de una docena de años, es un escritor que me encanta, Lo leí por vez primera gracias a mis compañeras de la tertulia "más que palabras..." que en 2014, centenario del inicio de la Gran Guerra, propusieron la lectura de "Nos vemos allá arriba", novela de Lemaitre galardonada en 2013 con el Premio Goncourt.
Desde ese momento mi adhesión al escritor parisino es total. Tras mi entusiasta lectura de su novela premiada con el Goncourt, comencé a leer las novelas que había dado a la luz previamente; me refiero a los cuatro títulos de su serie Camille Verhoeven ("Irene", "Álex", "Rosy & John" y "Camille") de cuyas lecturas dejé constancia en mi blog [pinchando en cada uno de los títulos se puede acceder a las respectivas reseñas].
Disfruté mucho también con la lectura de sus novelas "Vestido de novia" (la única que no tengo reseñada en el blog) y de "Recursos inhumanos", que a plena satisfacción leí y reseñé en febrero del año pasado.

Como se puede ver, pues, mi atracción hacia este autor es total. Por eso cuando un día del pasado mes de mayo, dando un paseo por la hermosa plaza mayor de Salamanca donde se celebraba la 44ª edición de la Feria Municipal del Libro, me topé en una de las casetas con la edición en bolsillo de El ancho mundo (#Los años gloriosos I) no pude resistirme y lo adquirí de inmediato. La edición en bolsillo de la primera novela de la serie se ha lanzado en coincidencia con la aparición en rústica con solapas de Grandes promesas, la última entrega de la serie. 


El ancho mundo (#Los años gloriosos I)
La novela es el inicio de la saga de la familia Pelletier. En El ancho mundo los Pelletier son una familia acomodada que en Beirut regenta una fábrica de jabones. El patriarca es Louis Pelletier quien junto a su mujer Ángele ha formado un grupo familiar cuya vida en 1948 discurre con una característica placidez burguesa; sólo los asuntos amorosos de unos y de otros parecieran alterar dicha tranquilidad, aunque como se verá tal cosa no es simplemente así. Cuatro hijos tienen los Pelletier: el primogénito, Jean, es un hombre mediocre e incapaz para llevar los negocios familiares; el menor es Etiènne, un chico enamorado hasta las trancas de Raymond; François es un muchacho atractivo que en París demuestra tener buenas cualidades como periodista; y por último está Hélène que, recién alcanzada su mayoría de edad, ansía experimentar de todo y con todo.  

Los escenarios donde se desarrolla la acción son tres: Beirut, Indochina y París. El momento en que todo acontece es 1948, con la segunda guerra mundial muy presente aún y el conflicto en Asia, la Guerra de Indochina, en plena efervescencia desde 1946. Beirut en 1948 es la capital de un país, Líbano, independiente de Francia desde 1943, pero con muchos lazos y mucha población francesa en su territorio.

La novela se estructura en tres partes y un epílogo. La primera se desarrolla en Beirut en marzo de 1948: la familia se ha reunido como todos los años para hacer una visita grupal a la fábrica de jabones y luego comer. En esta primera parte se nos presentan todos los asuntos: Étienne marcha a Saigón en busca de su amigo Raymond que desde hace tiempo no responde sus cartas; Jean muestra su ineptitud como director de la fábrica y vemos cómo es incapaz de controlar sus impulsos asesinos; François ha marchado a París, pero en vez de cursar estudios en la Escuela Normal aprovecha la oportunidad de estar en el escenario donde sucede el asesinato de una afamada actriz para ofrecerse a un diario parisino como reportero; y Hélène, aún menor de edad, desea escapar de la férula paterna y volar libre lejos de sus padres.

La segunda parte sucede en Saigón en septiembre de 1948. Lo esencial de este apartado es el descubrimiento por parte de Étienne de la tremenda e inmoral corrupción de la administración francesa en Indochina. Con total impunidad altos dignatarios políticos de la metrópoli en connivencia con los funcionarios de Saigón participan en un tráfico de piastras Saigón-París que sirve para financiar desde el estado francés a la insurgencia del Viet Minh que lucha contra Francia por la independencia
«Gracias a la guerra, los franceses traficaban con la piastra; las empresas y el capitalismo local aprovechaban ese tráfico para enriquecerse, para forrarse, pero eso no era lo peor.
El Viet Minh había conseguido entrar en el sistema.
Y aprovechaba el tráfico de la piastra para equiparse.
Esto solo podía significar una cosa, una cosa terrible y trágica a la vez.
En la guerra que los enfrentaba, Francia, sin saberlo, financiaba al Viet Minh»
Estas dos primeras partes finalizan de manera fantástica. La acción, la tensión y el suspense están presentes en cada una de ellas de un modo magistral. La primera acaba con una terrible y brutal acción de guerra, de muerte, que me ha hecho recordar algunos momentos de crueldad que aparecen en las    novelas de la serie Camille Verhoeven. el final de la 2º parte, con la resolución de la estancia de Étienne en Saigón es sensacional, magnífico; mentalmente me ha hecho evocar, por la tensión y suspense que Pierre Lemaitre sabe transmitir presentando un mundo donde todo conspira contra el ocupante, momentos de la novela "El americano impasible" de Graham Greene . Fantástico.

La tercera parte de El ancho mundo lleva por título Otoño de 1948. En ésta todo se precipita y todos los personajes entran en comunicación y acción conjunta en aras de resolver las muertes sucedidas en Saigón y los extraños asesinatos que han sucedido en Francia en el entorno de algunos personajes de la familia Pelletier. A Saigón acudirán François, Hélène y Ángele; en París, el propio François intentará sacar a la luz la corrupción política y esclarecer de una vez por todas el asesinato de la actriz Mary Thompson investigado por el periódico, policía y judicatura.

Son varios los espectaculares giros argumentales que tienen lugar en el relato. Lemaitre es un maestro para esto. Cuando los lectores creemos tener todo bajo control, de pronto nos hace una llave de judo y nos obliga a echar por tierra cuanto teníamos por seguro. Así nos sucede con los propios Louis y Ángele, fundadores de la dinastía Pelletier, y también con cualquiera de sus cuatro hijos; pero quizás sean los giros que suceden en el enigmático personaje del señor Diem los más sorpresivos. El paupérrimo anamita Diem ("anamita" es la palabra que utilizaban los colonizadores franceses para referirse a los habitantes de Vietnam) lo veremos convertirse en un acaudalado Loan que al poco lo veremos convertido en Papa de la secta Siéu Linh. Se viene a mostrar que en el ámbito de Indochina la impostura, la doble cara, la falsedad eran habituales; así se ve en el señor Qiao, en los compañeros de Étienne en la oficina de la Casa de la Moneda (el director Jeantet, el amigo Gaston, y otros), en los legionarios compañeros de Raymond testigos de su terrible final... Estos giros animan a la lectura, a proseguir en ella con ansias renovadas. 

El ancho mundo se lee —creo ya haberlo dicho— con suma facilidad y agrado. Pierre Lemaitre es un genio para aunar en literatura al tiempo bondad con ligereza. No son cualidades contradictorias y cuando van juntas el producto obtenido es, sin duda alguna, de calidad superior. Es lo que ocurre (a mí siempre me lo ha parecido así) cuando se aborda una novela de este escritor francés. En esta ocasión Lemaitre se ha puesto el traje de folletinista decimonónico y presenta una saga familiar que, por lo que he podido leer en las sinopsis de las siguientes entregas de la serie Los años gloriosos, llegará hasta el año 1964. Como hacían los grandes narradores del XIX en esta primera novela de la serie se realiza una intencionada confusión autor-narrador que, como rasgo estilístico, me ha gustado mucho. Se percibe la misma en el amable paternalismo con que el autor-narrador se dirige al lector, a sus lectores, tal y como lo hacían en las novelas por entregas los grandes escritores del XIX: 
  • «Hélène llevaba un abriguito que estaba bien para Beirut, pero que en París rozaba el ridículo. Parecía la hija de un aparcero. Ahorraremos al lector los "¡Tú estás loca de remate!" y los "Pero bueno, ¿es que no te das cuenta?" que le soltó François, quien siguió con sus preguntas retóricas»
  • «Y ya las tenemos a cada una en su habitación, con la puerta de comunicación cerrada. Hélène solo se nota las piernas un poco pesadas, pero ha subestimado su cansancio. Apenas se echa, se ha quedado dormida.»
Sirven estas llamadas al lector para introducir reflexiones metaliterarias por parte del propio autor a quien, gracias a esto, vemos en su propio proceso creativo.

Novela francesa actual, Francia colonial, Los años gloriosos, El ancho mundo
Sobre la manera de escribir de Pierre Lemaitre creo haber dicho ya bastante en las reseñas de otras novelas suyas que en este blog he publicado. Invito a quien quiera indagar más sobre ella a que las lea. Aquí no quiero repetirme y voy a obviarlas. Sólo señalaré una característica que considero importante en tanto en cuanto forma parte del universo literario, del mundo ficcionalizado construido por el novelista por medio de su producción literaria. Me refiero a la autorreferencialidad que realiza a otras obras literarias suyas. En concreto y a pesar de los años transcurridos desde que realicé su lectura es evidente la referencia que realiza a los personajes de Édouard Péricourt y  Albert Maillard, protagonistas principales de su novela "Nos vemos allá arriba", novela con la que inauguró la trilogía titulada "Los hijos del desastre". Sobre esta referencia no diré nada más para no romper el encanto de la lectura. Los otros dos títulos de la trilogía ('El silencio y la cólera' y 'Un futuro prometedor') no los he leído, ¡habré de cubrir esta laguna!

Sí citaré lo que el propio Pierre Lemaitre dice en el capítulo de agradecimientos que incluye finalizada la historia que nos ha contado. Es una cita del escritor H. G. Wells que, afirma Lemaitre,  toma del prólogo que el propio autor inglés incluyó en una de sus obras. Dice así:
«"Tomas un rasgo de esta persona, otro de aquélla, coges algo prestado de un amigo de toda la vida, o de alguien a quien apenas has visto en el andén de una estación mientras esperas el tren. Aves, incluso aprovechas una frase o una idea de la crónica de sucesos del periódico. Así es como se escribe una novela. No hay otra forma."
Seguramente hay muchas otras formas de escribir, pero resulta que la de Wells es también la mía.»

Sólo me queda una última cosa, y es el porqué del título "El ancho mundo". La respuesta está en Indochina, la colonia francesa que sin duda alguna está en el centro de esta narración. Allí es donde tiene lugar la corrupción política que se denuncia y allí es donde los asuntos emocionales de los Pelletier vienen a confluir. Siendo el nombre de un local de alterne y bajos fondos de Saigón viene a ser metáfora perfecta de lo que ocurría en Francia respecto a toda Indochina.

(El Ancho Mundo) «era un local enorme situado en la rue des Maríns, en el barrio chino de Cholón; una especie de bazar que albergaba salones de juego, salas de espectáculos, restaurantes, bares y tiendas. En ese lugar, al caer la noche, se congregaban todos los jugadores, noctámbulos, putas, malhechores, burgueses, campesinos y coolies de Saigón dispuestos a perder en unas horas lo que habían ganado en una jornada. También acudían algunos funcionarios que derrochaban lo que no habían podido transferir a Francia.»

 

Conclusión
Una interesante novela que pese a sus casi 600 páginas se lee bien y que no se hace pesada en ningún momento. Lemaitre es un genio del ritmo y sabe dosificar perfectamente los sucesos en cada una de las historias que protagonizan los personajes. Son historias con giros inesperados, pero muy creíbles. Hasta Louis y Ángele, fundadores de la jabonería y creadores de la riqueza y estabilidad familiar, esconden secretos que ni sus propios hijos sospechan. La tensión narrativa es total por momentos en cada una de las historias alcanzando un punto álgido en el que confluyen los asuntos diversos de los cuatro hermanos.

Novela muy recomendable. Literatura de calidad y entretenimiento en estado puro. Una gozada de lectura.

11 mar 2025

Colson Whitehead. "El ritmo de Harlem"

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El ritmo de Harlem por Colson Whitehead

«Harlem. Error, una vez más: una jaula para impedir que la turba de locos que consideraban aquellas calles su casa pudieran escapar al mundo de más allá. A saber qué caos no sembrarían, qué perdición, si los soltaban entre la población decente. Mejor tenerlos a todos aquí encerrados, en esta isla comprada a los indios por veintisiete pavos, según cuentan por ahí.»

Novela que denuncia la discriminación de la población de color en USA
Tras haber leído hace ya casi cinco años dos duras novelas de Colson Whitehead ('El ferrocarril subterráneo' y 'Los chicos de la Níckel') que tocaban el tema de la persecución a los negros americanos durante la época en que la esclavitud y segregación racial estaban más que vivas en el Sur de los EEUU, el autor aborda ahora una temática histórica y terrible con la que inicia una saga novelística protagonizada por Ray Carney, un americano de color, pequeño empresario de una tienda de muebles en el Harlem. Carney está casado con Elizabeth con quien tiene dos hijos, May y John. Sus suegros lo desprecian porque lo consideran un mindundi; él se esfuerza por estar a la altura, pero recibe desprecios y abusos no sólo por parte de los elementos corruptos de la sociedad neoyorquina de su barrio harlemitano (especialmente policías y mafiosos negros que lo utilizan de perista para sus robos pequeños y no tan pequeños). Ray Carney tiene una doble cara, practica lo que él denomina «dorvey», añagaza que crea ante su mujer Elizabeth y que consiste en dividir el sueño en dos etapas, una primera desde que anochece hasta la medianoche y otra posterior tras un periodo de vigilia. Este periodo es lo que denomina "dorvey" (término contracto proveniente del francés 'dormir' y 'veiller', en español sería algo así como 'duermevela').

Ray Carney se mueve entre dos fuegos siempre: los mafiosos malotes y los delincuentes menores como su primo Freddie y el compañero de éste Pepper; entre la legalidad de su tienda y la ilegalidad de su tráfico de piezas robadas; entre los pagos a los policías corruptos como el inspector Munson y los mismos pagos realizados a Miami Joe y otros jefes mafiosos; entre los engaños y chivatazos a unos y otros, y de los otros a los unos. Carney es experto en sobrevivir y moverse entre dos aguas.

Una novela que contiene mucho humor sarcástico, mucha crítica social, mucha denuncia de los abusos policiales sobre la población negra. Precisamente la muerte de un chico de color por un policía es el fondo social de la novela, un abuso que se repite con una constante que es de preocupar y que viene a demostrar que el choque entre negros y blancos estaba muy vivo en gran parte de la población estadounidense de ayer (la novela transcurre durante la década de los 60 del siglo pasado), pero también  en la de hoy como lo demuestran revueltas sociales sucedidas en ese país de manera periódica.

Me gusta la literatura que despliega Colson Whitehead en sus libros. Me agrada sobremanera el culturalismo que muestra el autor en El ritmo de Harlem. Especialmente destaca la música (el blues y el bebop, sobre todo) que nombres como los de Charles Mingus, Ornette Coleman o Lena Horne, y títulos emblemáticos de temas clásicos de estos ritmos tan caros a los afroamericanos como "Ebony", "Lonely woman" o temas de godspell como "My Heart is a Pasture" entonados en iglesias episcopalianas que tanto abundan en Harlem y que tan frecuentadas son por los habitantes del barrio. En una magnífica pirueta musical Colson Whitehead titula la novela, al menos en la edición americana, como "Harlem Shuffle", tema del año 1963 del dúo Bob & Earl que los Rolling Stone recogieron e interpretaron con enorme el año 1986. El novelista confiesa en entrevista publicada por el diario The Objective al poco de publicarse en España la novela en 2023 que tomó el título de esa canción para su novela porque representa muy bien la dualidad del personaje y en general de toda la sociedad tanto la delincuencial como la aparentemente honesta. 
«La letra es muy ligera. Como una canción de baile: te mueves a la izquierda, te mueves a la derecha. Es el ritmo de Harlem. Pero, parte de la melodía es un poco siniestra. Se oyen muchos cuernos, que dan ese toque maligno a la canción. Creo que eso está en mi libro. Hay mucho humor, pero también mucha gente que es asesinada todo el tiempo. Así que esa canción capta las dos caras de la historia»


Como en las otras dos novelas que he leído de  Colson Whitehead el asunto central es la insoportable discriminación racial que los de su raza sufren en los Estados Unidos, bien sea históricamente (El ferrocarril subterráneo) como ya en épocas más próximas a la nuestra como sucede en Los chicos de la Nickel y también en El ritmo de Harlem. La gran diferencia estriba en que en esta última el humor ocupa lugar preferente. No sólo es una novela de gánsteres y policías (novela de atracos la definen algunos), que lo es, también es una denuncia de lo difícil que la población de color lo tiene en ese barrio neoyorquino para mantenerse impoluto sin incurrir en delitos más o menos graves.  El personaje de Ray Carney es perfecto para mostrar esa dificultad, ese querer estar en el lado de los buenos pero llevándose más o menos bien con los malos. La mayoría de los personajes (La novedad es que el novelista echa mano del humor para mostrar esta dualidad. Es un humor sobre todo de dos tipos:

Blanco
«Se sentó en el sofá. A juzgar por su expresión, le sorprendía lo cómodo que era el Argent. Carney tuvo que aguantarse las ganas de cantarle las alabanzas de la espuma Airform»  (cuando el Carney comerciante debe morderse la lengua para no contar, cuando no es el momento, las excelencias de ese sofá que ansía vender) 
«Munson le reconoció a Carney que Cheap Brucie tenía a un contacto en la comisaría que velaba por él, y que Munson odiaba a ese tipo porque una vez le abrió la nevera y le birló el almuerzo» (la bobería que muestran incluso los delincuentes sanguinarios)
Lingüístico 
«Quiero que telefonees a Pepper a Donegal’s, es donde pide que le dejen los mensajes. Que le llames y le digas que tienes información sobre mí, que venga cagando leches, ipso flauto» (la incultura del gánster que habla se evidencia con este latinismo mal expresado)
«Yo estudié en la… —UCLA —añadió Carney. —Exacto. ¡La Universidad del Chaflán de Lenox Avenue! —Un viejo chiste privado.» (el acrónimo famoso vulgarizado para mofarse de esa cultura elevada). 
Es un humor que incluso sirve de aderezo a la fuerte denuncia que el autor hace de la fortísima discriminación racial que existe en su país contra la que él lucha con las armas que mejor maneja: su escritura. El humor sarcástico es evidente en comentarios como el siguiente: 
«Meter en la cárcel a un poli blanco por matar a un chico negro? —dijo—. Ahora dime que el Ratoncito Pérez existe.»


Final

(Tomado de The Objective de 08/03/2023. Colson Whitehead,
imagen de archivo, 2022. | Marilla Sicilia / Europa Press)
 
Diré para cerrar esta breve reseña que El ritmo de Harlem es -así lo declara el mismísimo Colson Whitehead- la primera entrega de una trilogía. En la ya citada entrevista del The Objective afirma que él sólo pensaba haber escrito un atraco en un momento dado, pero que según iba escribiendo se vio en la necesidad de contar tres historias situadas respectivamente en el año 1959, 1961 y 1964; estas tres historias son los tres capítulos que tiene la novela. Y del mismo modo, si esta primera entrega de la saga Ray Carney sucede en los años 60, pensó, según escribía, que el personaje daba para otras dos novelas que se situarán en los años 70 y los años 80 del siglo pasado.
«Poco a poco, iba viendo que se estaba convirtiendo en una saga. Decidí que iban a ser dos libros. Y si haces dos, también puedes hacer tres. Sólo es una regla de tres. El lector va a seguir a Ray y a la ciudad en los años 60, 70 y 80. Cada década –cada libro– es un momento muy diferente en su vida. Tiene 30 años en el primer libro y tendrá 50 en el tercero. La ciudad de Nueva York entra en un desastre financiero a mediados de los 70 y sale de él en los 80. En cierto modo, el destino de Ray está escrito en la ciudad»