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16 jul 2025

Bernhard Schlink e Hisashi Kashiwai (A pares XLV)

12 comentarios:
Durante el verano las lecturas que realizo son más imprevisibles, menos meditadas. Quiero decir con esto que no sigo orden alguno en ellas, sino que salto de unas a otras de modo caprichoso. La ruptura de la rutina provocada por viajes, visitas de familiares, atención a hijos y nietos, etc. hace que me sea difícil seguir debidamente el orden establecido en mi lista de próximas lecturas. El descanso se impone y forma parte también de él esta anarquía. Pese a todo procuro realizar lecturas de calidad, pero que no exijan de mi parte en exceso. Este exordio es la manera que tengo de justificar la unión en este A pares de dos libros bien distintos, bien diferentes; podría decir que sólo tienen en común el fondo amarillo de las respectivas portadas que la editorial Salamandra para el que comento en segundo lugar y Anagrama para el que le precede tienen como seña empresarial. 
 



"La nieta"

« —¿Habrías venido a mi Jugendleite si te hubieran invitado?
Le explicó que era una fiesta para despedirse de la infancia y entrar en la vida adulta para la que se asignaba una tarea; la familia, los amigos y compañeros formaban un gran círculo y se sentaban en alfombras alrededor del fuego. Era una fiesta con canciones y lemas, y, para concluir, una bofetada: despedirse de la infancia duele; en la ceremonia en la que se armaba a los caballeros también se les daba una bofetada.
»


Bernhard Schlink, literatura alemana actual
La primera novela de Bernhard Schlink que leí allá por el año 2009 fue El lector (en 2013 escribí en este blog una reseña sobre ella). Me encantó el libro. Realicé su lectura a raíz de la visualización de la magnífica película que, protagonizada por Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, etc., hizo sobre la misma el director británico Stephen Daldry.  Tras este primer acercamiento a la Obra del escritor y jurista alemán varios años después cayó en mis manos Olga, novela aparecida en 2018 que leí con sumo gusto en 2021 y de la que también dejé reseña escrita en este blog.

La nieta,  como casi todo lo que este buen escritor, además de juez federal en su momento, ha escrito me ha satisfecho plenamente. He comprobado que a 
Bernhard Schlink son los temas relativos a la convivencia entre alemanes, a las relaciones entre alemanes occidentales y orientales, al resurgir con fuerza del nacionalismo de extrema derecha, los que le preocupan y de los que habla fundamentalmente en sus libros. 
En La nieta vemos hecho realidad el dicho español de "los extremos se juntan". Curiosamente los jóvenes educados bajo la férrea mano del socialismo real en la extinta RDA serán fundamentalmente quienes alumbren y sostengan a los nuevos grupos de neonazis que con fuerza progresan y campan a su gusto en la Alemania unificada actual.  Esta es la gran paradoja, que los nietos de los educados en el comunismo de la República democrática alemana vayan con el paso de los años a engrosar grupos neonazis alemanes de la actualidad como  «el Partido Nacionaldemócrata y Alternativa para Alemania, los nacionalistas autónomos, el Movimiento Identitario, la Liga Artaman, los nacionales, sus colonias y las zonas liberadas y también sus organizaciones juveniles y de mujeres». 

Personalmente he aprendido mucho leyendo esta novela. Me he enterado de cómo los movimientos de ultraderecha alemanes, como ya he dicho, deben no poco a los años de socialismo real en la extinta RDA, lo que para nada exculpa a la RFA si bien la democracia de ésta abre más los ojos y las mentes de los ciudadanos. En La nieta asistimos al encuentro entre un abuelo (más bien abuelastro) y la nieta (o sea, nietastra para él) de su fallecida mujer. ¿Por qué han estado separados? ¿Cómo lo recibe Ingrun, la nieta? ¿Qué evolución tendrá esta adolescente que ha vivido en el seno de una familia ultranacionalista al topar con la cultura abierta y libre de Occidente? Todo esto es lo que mantiene viva la atención del lector en este buen libro de Bernhard Schlink

Como todo lo suyo está muy bien escrito. Quizás una pega le pondría a la novela: a veces me ha parecido estar leyendo un libro de texto o de autoayuda en el que prima lo políticamente correcto sobre cualquier otra cosa. Pero, también he de decirlo, tal sensación sólo la he tenido en momentos puntuales muy concretos. Al final, el novelista sabe dar un giro narrativo más que interesante al relato que me ha hecho olvidar lo anterior. 

En cuanto a lo puramente formal estamos ante una novela que se está construyendo ante nuestros propios ojos. Kaspar, principal protagonista de la misma encuentra a la muerte de su esposa Birgit fragmentos de la novela que ésta llevaba escribiendo durante los últimos veinte años. Por ella se entera de que Birgit, que con la ayuda de Kaspar escapó de Berlín Oriental en 1965, dejó en la RDA una hija recién nacida. Kaspar decide ir en su búsqueda. La hija se llama Svenja, está casada con Björn y viven dentro de una comunidad rural de ideología derechista ultraconservadora. Cuando va a verlos se entera de que tienen una hija, Sigrun. Esa es la nieta protagonista de la novela. El plan que la propia Birgit había ideado para su novela es la que tiene el libro que tenemos en nuestras manos:
«Así imagino mi novela:

Primera parte: Yo
Infancia y juventud, Leo, Kaspar, el parto, los años de aprendizaje y la librería, la India, orfebre, cocinera, el camino hacia la escritura, la escritura como búsqueda.

Segunda parte: La búsqueda
La búsqueda de Paula, la conversación con ella, los viajes, seguir las pistas, las escalas.

Tercera parte: Ella
»
Y como corresponde el narrador en la primera parte es el 'yo' de la propia Birgit, autora de los fragmentos novelísticos que Kaspar ha hallado a la muerte de ésta. A partir de esta lectura que conforma en esencia la Primera parte de la novela en las otras dos el narrador pasa a una tercera persona objetiva. 

Si Kaspar es personaje esencial en este relato, Sigrun es sin duda alguna el centro de la novela. Asistimos a través de los ojos de su abuelo a la evolución de ella, una niña de trece años cuando la conoce, adolescente de quince cuando comienza a pasar alguna temporada con él y finalmente mujer mayor de edad que toma las riendas de su propia existencia. En este sentido, en definitiva La nieta es un bildungsroman, una novela de iniciación, de aprendizaje en el que una adolescente busca su propio camino entre las más de mil influencias (buenas, malas y regulares) con las que va topando en el mundo que está viviendo. 

Bernhard Schlink, literatura alemana
Subyace en
La nieta una tesis, la de que la cultura (música y literatura fundamentalmente) es la llave para salir del oscurantismo ideológico. El culturalismo es la luz que, como pensaban los ilustrados del siglo dieciocho, abre las mentes y da opciones de elegir; en definitiva está en la base de la democracia auténtica. Esta es la gran tesis, si bien el propio Schlink es consciente de que el disfrute de la belleza también anida en el alma de seres crueles como en algunos ídolos nazis de Sigrun («No hay que preocuparse por nadie que vive la música de esa manera, pensó, hasta que recordó a Hans Frank y luego a Irma Grese»). O sea que Sigrun, pese sus buenas cualidades como pianista y amor por la música en general y también por la buena literatura, aún no estaba a salvo a ojos de Kaspar de la ideología que la tenía subyugada. 

De sumo interés me parece la reflexión que la nieta hace a su abuelo sobre el supremacismo que ella cree ver en Kaspar:
«—Tú nos desprecias. Piensas que somos tontos, que nos equivocamos en todo, que con nosotros es imposible hablar. Te crees mejor que nosotros.
Kaspar quiso contradecirle al instante, pero ¿acaso no tenía razón?
»
Hay quien afirma que en esta sensación y manifestación de la superioridad de unos sobre otros radica el vuelco -inexplicable, se dice muchas veces- producido en el voto popular en algunos países occidentales en los últimos años. Sea lo que fuere, sí que es buen asunto para reflexionar.

Finalmente diré que, como me ocurre con algunos autores (Zweig, Faulkner, Mo Yan, Chirbes, Kawabata, Berlin, Lemaitre y pocos más) esta novela de Bernhard Schlink me ha satisfecho totalmente. Volveré a él sin duda alguna en alguna otra ocasión.  Sus libros son siempre excelentes lecturas.





"Las deliciosas historias de la taberna Kamogawa"

«En Kioto es costumbre comer sardinas en Setsubun, cuando acaba el invierno y empieza por fin la primavera. La gente las asa el mismo tres de febrero y usa las espinas, ensartadas en ramas de acebo, para fabricar amuletos que se cuelgan en la entrada de las casas. Se supone que ahuyentan a los ogros oni y a los malos espíritus en general.»


Hisashi Kashiwai
Junto a otros, adquirí este libro en mi visita a la Feria del Libro de Madrid del pasado mes de junio. Había oído hablar de su autor, el japonés Hisashi Kashiwai, y la amenidad de la serie protagonizada por  el señor Nagare y su hija Kioshi que había leído en varios blogs hizo que cuando vi un ejemplar en una de las casetas de inmediato decidiese comprarlo. Quizás debería haber iniciado mi lectura de la serie en el orden debido, esto es, comenzando por el primero de la misma titulado "Los misterios de la taberna Kamogawa". Pero no ha sucedido así y ha sido el segundo de la serie el que cayó en mis manos y he leído con agrado y a una velocidad endiablada.

En esta entrega el chef Nagare, padre de Kioshi, la encargada de la agencia de detectives que alberga la taberna Kamogawa, investigarán sobre seis platos que seis personajes desean recuperar para así poder volver a sentir la emoción que recuerdan tuvieron cuando en el pasado los ingirieron. Los datos que dan sobre los mismos son poco precisos y Kioshi les pide en la entrevista inicial que mantiene con cada uno de ellos que le transmitan las sensaciones que experimentaron cuando los tomaron, le informen de la localidad, la calle y el tiempo (estación del año, horario...) en que tuvo lugar la experiencia, etc.  Casi siempre estos clientes buscan platos que por lo que sea los recuerdan con afecto. Llevan años sin robarlos y los lugares donde los consumieron han desaparecido en su mayoría. El sr. Nagare se desplazará hasta el lugar de Japón donde el cliente los consumiera en el pasado e investigará sobre el mismo.

La estructura es siempre la misma en las seis historias: el cliente busca la taberna y entra en ella; el señor Nagare le ofrece comida; tras ella expone su caso a KioshiNagare Kioshi no le cobran la comida y le dicen que ya lo hará cuando dentro de dos semanas -¡siempre son dos semanas!- vuelva al restaurante para ver la resolución de su caso gastronómico; y también siempre tras resolverlo el señor Nagare les dice a sus clientes que ingresen en la cuenta corriente cuyos datos les da la cantidad que estimen merece el asunto investigado.

literatura feelgood japonesa
Es esta novela -e imagino que toda la serie- una lectura agradable, sencilla, sin ninguna dificultad, muy apta para aquellos lectores que gusten de la comida nipona y deseen enterarse un poco más de sus ingredientes.  También la lectura me parece recomendable para aquellos que vayan a visitar Japón y deseen contactar previamente con la cultura del país. Hay toques de humor que facilitan aún más si cabe esta lectura de 'cozy crime', expresión que bien podría traducirse por "misterio acogedor" o "amable". Se trataría esta tendencia literaria de un subgénero de la novela policíaca centrada en la resolución de misterios siempre de manera amable y sin las truculencias o violencias que caracterizan otras novelas de misterio. A mí, según avanzaba en la lectura de Las deliciosas historias de la taberna Kamogawa la novela me recordaba mucho a otras de la tendencia feelgood de la que en este blog he reseñado algunos títulos de Mónica Gutiérrez Artero (La librería del señor LivingstoneEl noviembre de Kate, y otras), de David Foenkinos, de Paul Gallico, de Mayte Esteban, de Hiromi Kawakami, etc. 

Para finalizar sólo decir que en Japón se ha hecho serie de TV sobre estas novelas. Creo que la misma no se puede ver aún en España, pero lo digo sin haberlo comprobado debidamente.

5 ene 2021

"Olga" de Bernhard Schlink

10 comentarios:

"—Éramos más pacientes que vosotros. En aquella época muchas parejas pasaban meses, incluso años, separadas, y solo se veían durante breves periodos. Tuvimos que aprender a esperar. Hoy todos vais en coche y en avión y habláis por teléfono y pensáis que el otro está siempre disponible. Pero, en el amor, el otro nunca está disponible."

editorial Anagrama, "Olga", Bernhard Schlink
Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Olga nace en la parte este del imperio alemán a finales del siglo XIX, sobrevive a dos guerras mundiales y muere en extrañas circunstancias. Su vida, a caballo entre dos siglos, transcurre marcada por la historia. De familia pobre, es criada por su abuela tras la temprana desaparición de sus padres; más adelante se enamora de Herbert, un joven de una clase social superior, cuya familia se opone a la relación. Deberán mantener su amor en la clandestinidad y después la relación quedará marcada por la distancia, porque Herbert, llevado por el entusiasmo de las guerras coloniales de Bismarck, decide alistarse en el ejército. Viajará por África y por América del Sur y más tarde formará parte de una expedición polar, mientras Olga se queda en casa y le escribe cartas.
La novela relata la vida de la protagonista en tres partes y desde tres ángulos complementarios: un narrador en tercera persona, un testimonio en primera –el de un joven que la conoce en los años cincuenta, cuando Olga plancha para su familia– y por último las cartas que la propia Olga envió durante años a su amado, sin obtener respuesta.

Mi comentario
Interesantísima historia sobre una mujer independiente, integrada en el mundo que le ha tocado vivir pero no absorbida por él, sus locuras y metas absurda e inalcanzables. Es hija de eslavo y alemana y conoce el amor verdadero con Herbert, hijo de una acaudalada familia aristocrática venida a menos que busca un buen enlace para su hijo que sirva para dar bríos a la empresa familiar. Pero Herbert ama a Olga y a sus propios ideales que en nada coinciden con los de sus padres. Olga conocerá a Herbert a través de la hermana de éste, Viktoria, amiga del colegio para mujeres en el que estudia becada gracias a sus buenos resultados escolares.

Olga ha perdido a sus padres, fallecidos por el tifus, y es acogida por su abuela alemana que la atiende de mala gana demostrándole poco amor. La abuela desearía hacerle perder su nombre eslavo y convertirlo en Helga, pero Olga se niega y en cuanto puede abandona la casa y comienza a vivir por sí misma gracias a la beca que le posibilitará hacerse maestra, algo increíble en la época para una mujer y más de pocos medios. Comienza a dar clases en su localidad natal (Pose) donde vive Herbert quien de casarse con ella preferiría que ella no ejerciese la profesión. 

el Imperio alemán, colonialismo alemán, guerra franco-prusiana
Se aman los dos jóvenes pero es un amor con dilaciones en el tiempo pues Herbert es militar y está en la guerra franco-prusiana. Cuando vuelve a casa tras la guerra se siente atraído por los cantos de sirena colonialistas del emperador y con el gobierno de Bismarck no tan favorable a ello participará en la campaña contra los herero de Namibia. Terrible comportamiento el de Alemania allí. Al regreso tampoco se queda tranquilo y emprende una serie de viajes por medio mundo que pasando el tiempo le llevan a ilusionarse con una aventura ártica: encontrar el paso del noroeste en los hielos perennes. Y ahí su rastro desaparece.

Afortunadamente Olga puede seguirse manteniendo dignamente gracias a su profesión. La vemos en estos años entusiasmarse con un niño, Eik, de una amiga suya. Se diría que el amor que le falta de Herbert lo vertiera sobre este chico que crecerá y contrariamente a los deseos de Olga será partícipe de las ideas nacionalsocialistas que llevarán a Alemania de nuevo a la catástrofe con Hitler como ya le ocurriera durante la Iª Gran Guerra en la que sus ideales megalómanos se vieron arrollados por sus contendientes opositores.

Vemos así en las dos primeras partes de las tres que forman la estructura de esta novela, ir discurriendo de manera lineal la historia de Olga quien en un momento dado por culpa de una dolencia ha perdido el oído y por ende su puesto como enseñante. Se dedicará ahora a la costura y así entrará en la casa de la familia de Ferdinand, otro niño sobre el que verterá su inmenso amor. Él, Ferdinand, es quien, en este momento nos enteramos, está relatando la historia en esta segunda parte; en la primera el narrador es una tercera persona omnisciente externa a la historia. Finaliza esta parte segunda cuando tras descubrir Ferdinand a la hija de Eik y saber por ella de su padre desde otra perspectiva decide seguir investigando sobre Olga. Le queda por conocer sus pensamientos más íntimos, los que le confesaría en esas cartas enviadas a Herbert a una lista de correos en Tölsom (Noruega), cartas que él nunca leería. Ferdinand las encuentra en un anticuario de esa localidad y las lee. Esa es la 3ª parte, totalmente realizada en forma epistolar de manera unidireccional sin respuesta jamás de él, de Herbert, el huidizo, diferente y aventurero Herbert, tan distinto de Olga y a quien ella en el fondo como lo amaba tanto viene a disculpar su comportamiento achacando toda la culpabilidad a la política expansionista de Bismarck y su ideal de la gran Alemania. En opinión de la protagonista estos ideales supremacistas y de moral alemana que tan graves consecuencias trajeron a Alemania desde el siglo XIX, aún en esa época (los años setenta del siglo XX) persistían y eran motivo de preocupación para ella.

En mi opinión es esta especie de revisionismo histórico realizado por el novelista la principal finalidad perseguida con este relato. De Bernhard Schlink he leído "El lector" y he visto su versión cinematográfica [se puede leer aquí el comentario que sobre la novela y el film hice en este blog]. Son ambas novelas -"El lector" y "Olga"-un aldabonazo a las conciencias satisfechas de los alemanes de hoy sobre su propia historia reciente o, al menos, no tan lejana. El novelista viene a decir que el imperialismo alemán derivó luego en nacionalismo, al principio de apariencia democrática, para desembocar finalmente en el terrible nazismo. Toda Alemania es culpable de esta deriva, desde Bismarck con la guerra franco-prusiana pasando por el genocidio del pueblo herero en África, la Primera Guerra Mundial de final humillante para los alemanes que intentaron resarcirse con su expansionismo supremacista brutal de la Segunda Guerra Mundial bajo el paraguas de una ideología terrible: el nazismo. Schlink viene en estas novelas a decir que todos son culpables de lo que pasó y que esta verdad es necesario asumirla por incómoda que sea . 

Dado que la novela va dirigida a un público alemán entiendo que el novelista no tenga necesidad de explicar aspectos que para un escolar de cualquier instituto del país serán archisabidos (Bismarck, el emperador Guillermo II, el colonialismo en la actual Namibia, la Primera y Segunda Guerras mundiales, el nazismo, las dos Alemanias, la reunificación...). Es por ello que no precisa aclarar lo que para sus compatriotas es obvio aunque, quizás, para un lector español resulte a veces complicado entenderlo. Y cuando decide hacerlo el novelista con frecuencia sustituye la explicación profesoral por elegantes alusiones realizadas a través de citas intertextuales a obras literarias y filosóficas. 

Frecuentemente omite el nombre del autor e incluso de la obra literaria -de ahí la elegancia que señalo- haciendo la citación exclusivamente del personaje: Julián Sorel ("Rojo y Negro", Stendhal), Félix Krull ("Confesiones del estafador Félix Krull", Thomas Mann), Madre Muerte (título de un cuento de los hermanos Grimm), etc. Utiliza estas referencias para, de manera metonímica,  caracterizar a veces a sus personajes. Otro tanto realiza cuando para justificar el comportamiento de alguno de ellos hace uso de las enseñanzas que recibió: 
"Cuando leía se impacientaba enseguida, pues le parecía que la acción podía desarrollarse con mayor rapidez hasta su objetivo, o el pensamiento de forma más directa hasta su conclusión. Su preceptor había mencionado a Nietzsche, la muerte de Dios, el superhombre y el eterno retorno, y Herbert esperaba encontrar respuestas a sus preguntas en Nietzsche."

De su estilo es destacable el perspectivismo del que se sirve para construir y completar a sus personajes principales. La propia estructura en tres partes con un narrador diferente en cada una de ellas (externo omnisciente en la primera, testigo presencial en la segunda, y la primera persona directa en la tercera parte epistolar) crean en el lector el efecto de construcción demorada, acumulativa y como por suaves oleadas. Esta manera de realizar la narración es deliciosa y subsume al lector en su interior. Si a esto unimos la manera delicada y como de pasada de presentar la realidad que rodea al personaje, con pequeñas referencias, de modo semejante a la ejecución, a base de simples enumeraciones tipo breves brochazos, de un cuadro impresionista o puntillista ("¡La de cosas que se podían ver y oír sin la distracción que suponía conversar! La hierba y las flores, las hojas de los árboles, algunas verdes y otras rojas, los escarabajos, el canto de los pájaros, el viento entre las ramas… El olor de la madera resinosa y recién cortada y el de los troncos mohosos, caídos hacía tiempo; a finales de verano, el olor a setas y en otoño el de hojas descompuestas."), el disfrute durante el acto de lectura es grande, inmenso.

Hay mucho culturalismo en el relato. No sólo de naturaleza literaria como el ya comentado sino también pictórico: 

"Admiraba cuadros de cuando era joven y por sí sola había descubierto el arte: de Anselm Feuerbach y Arnold Böcklin, pasando por los impresionistas, hasta llegar a los expresionistas. Una de sus obras preferidas era La ejecución del emperador Maximiliano, de Édouard Manet."

Nada hay gratuito en esta narración, breve de por sí. Esa referencia al emperador Maximiliano pintado por Manet encontrará su verdadero sentido al final del relato que, naturalmente, no voy a descubrir aquí. Sólo diré que enlaza con una referencia al sentido moral, ético, tan preconizado hoy (hipócritamente muchas veces, cierto es) y que en esta novela viene a cuestionarse un tanto dado que la moralidad surge de un claro sentido supremacista de los unos frente a los otros:
"—Os preocupa la moral, ya lo veo —respondía ella, con una mirada colérica—. Quien moraliza quiere grandeza y, al mismo tiempo, comodidad. Pero nadie es tan grande como la moral que va preconizando, y ser un ser moral nunca ha sido fácil."
Por último quisiera destacar la simbiosis que en algunos momentos del relato se realiza entre naturaleza y comportamiento humano, en clara comunión del personaje con el paisaje ("A veces le temblaba la mano dentro de la mía. Poco a poco, el líquido del gotero se fue acabando. Poco a poco, afuera fue oscureciendo."). 

Conclusión
Lectura deliciosa de una novela preciosa, bonita, delicada, que al tiempo es profunda y enjundiosa. Una novela que aborda asuntos serios como el origen y circunstancias subsiguientes explicativas de la deriva de una nación; la conquista personal de la libertad personal por parte de una mujer en una sociedad dominada por hombres;  la diferente vivencia del amor dentro de la pareja ("en el amor, el otro nunca está disponible."); el peligrosísimo supremacismo moral; los anuladores convencionalismos sociales... Y todo envuelto en un estilo cadencioso, rítmico, tranquilizador, bello, hermoso, cuidado, en perfecta comunión y consonancia con los motivos que se tocan en la narración.

Si hubiera de seleccionar una frase de la novela "Olga" de Bernhard Schlink que sirviese de compendio de toda ella sin duda alguna elegiría la siguiente: 

"La historia no es el pasado tal como fue realmente, sino la forma que le damos."

8 mar 2013

EL LECTOR de Bernhard Schlink

4 comentarios:


Leí esta novela en 2009 como consecuencia de la película del mismo título que dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, etc. vi por esas fechas. Por su actuación en esta película Kate Winslet ganó el óscar a la mejor actriz en papel protagonista en febrero de 2009.

            Las diferencias entre la novela y el film no son excesivas; pero hay episodios en este último que pasan desapercibidos o simplemente no aparecen. Pese a ello, la versión cinematográfica es excelente.

            La novela está fechada en su primera aparición en Alemania el año de 1995. En España lo hizo en 1997. Y de entonces acá lleva ya 19 ediciones, muchas aparecidas recientemente como consecuencia del éxito cinematográfico.

            La novela cabría inscribirla dentro de la serie de obras de creación aparecidas en los últimos 15 ó 20 años en Alemania y que exploran la zona oscura del alma nacional alemana donde habita o se esconde el sentimiento de culpa que desde la época de la 2ª guerra mundial, y especialmente desde la caída de Berlín en el 45, acompaña a los millones de seres humanos que vivieron, participaron, actuaron, callaron,... en o durante la barbarie. Parece que en estas obras la sociedad alemana intenta sacudirse ese sambenito; y lo hacen de la mejor manera posible, admitiendo lo que allí pasó. Pero no todo es tan sencillo…

            En efecto no todo es tan sencillo. Y es que el sentido de culpa, el sentimiento de culpabilidad  se vive de manera individual y es cada uno quien ha de aceptarlo, sobreponerse a él, vencerlo, convivir a su lado… Esto es lo que le sucede a Hanna Schmitz, personaje protagonista, que desde su participación como guardiana de las SS en un campo de exterminio nazi lleva sobre ella esta cruz. Pero esto se sabe según discurre la novela. Habrá pues que proceder con orden.

            El relato se estructura en tres partes de 17, 17 y 12 secuencias respectivamente. Cada secuencia tiene una escasa extensión (tres o cuatro páginas a lo sumo), con lo que compone una novela de 200 páginas aproximadamente. Un relato breve, por tanto.
En la primera parte asistimos a la relación entre el narrador, el niño de 15-16 años Michael Berg, y la revisora de tranvía Hanna Schmitz de 35. La relación es especialmente sexual. Todos los días Michael escapa unas horas de casa o del Liceo para, acomodándose a los horarios laborales de Hanna, pasar junto a ella cerca de dos horas. En ese espacio de tiempo el ritual suele ser el siguiente: Ducha, cama y despedida. Pero la relación irá enriqueciéndose con la introducción de la lectura previa al acto amoroso. Michael leerá fragmentos de diversas obras y autores a Hanna. Sólo después de ello ella consentirá la relación. El chico está totalmente colgado de ella; él sigue sus estudios incluso con buenos resultados pero la relación con los chicos y chicas de su clase no es la habitual, pues él siempre tiene a Hanna en su cabeza. Su relación es tan intensa que llegan a viajar por el entorno como si de madre e hijo se tratase para así poder compartir habitación en los hoteles donde se alojan. Un día, inexplicablemente, cuando Michael llega a la cita acostumbrada, ella ha desaparecido y se ha llevado todas sus cosas. Michael queda destrozado.

La segunda parte es la correspondiente al juicio. Michael que ahora –siete años después de los episodios amorosos de la 1ª parte- estudia derecho y forma parte de un Seminario que indaga sobre la actuación de la Nación durante el nazismo, asiste a las sesiones del juicio que contra seis mujeres vigilantes de un campo de exterminio se realiza en la ciudad. Y allí descubre quién fue Hanna durante la guerra, vigilante SS de campo de exterminio desde su ingreso por propia voluntad en ellas del año 1943 al 1945. Se las acusa de no haber prestado ayuda a un grupo de prisioneras que murió carbonizado en el incendio de una iglesia bombardeda donde estaban retenidas. De las sesiones, actuaciones y declaraciones de testigos y acusadas se va desprendiendo que Hanna tuvo un papel relevante en la historia. Incluso ella se responsabilizará totalmente de ello al admitir ser la redactora del informe, con lo que quedaba claro su ascendiente y autoridad sobre las demás. Pero Michael sabe que eso es imposible porque Hanna no sabe escribir. ¿Por qué, pues, quiere arrostrar con toda la responsabilidad? Un problema moral invade al estudiante de derecho que consulta a su padre, profesor de filosofía y entendido en cuestiones de comportamiento moral, quien le aconseja no intervenir a no ser que la persona que finge le dé permiso para ello. Michael duda, pero no llegará a hablar con Hanna del asunto y tampoco en una entrevista que tiene con el juez lo hará. Hanna será condenada a cadena perpetua.

La tercera parte aborda en forma de resumen los avatares personales del narrador: Se casó con Gertrud, compañera de estudios de derecho. Tuvieron a Julie y se separaron a los 5 años de matrimonio. Luego hubo mujeres en su vida pero pasajeras pues ninguna era como Hanna. Fue a los 8 años de llevar encarcelada Hanna cuando Michael comenzó a leer en voz alta dados sus problemas de insomnio. Decide, entonces,  grabar sus lecturas y enviarle las cintas grabadas a Hanna. Los autores que lee y graba son los propios de la burguesía culta: Kafka, Chejov, Keller, Fontane, Heine, Max Frisch, Uwe Jonson, Ingeborg Bachmann, Siegfried Lenz, Mörike… Sigue así las lecturas que en la primera parte declaraba: Odisea, Catlinarias, Guerra y Paz, Emilia Galotti e Intriga y amor de Schiller, Vida de un vagabundo aventurero de Joseph von Eichendorff, etc. A los cuatro años de esta rutina recibirá una carta de Hanna agradeciéndole el envío y a partir de entonces comentándole sus impresiones sobre uno u otro autor. O sea que ha aprendido a leer y a escribir. Luego años más tarde la directora de la prisión se pone en contacto con Michael para comunicarle que Hanna va a salir libre. Él va a visitarla y le busca casa y trabajo; pero el día de salida la encuentran muerta. Michael llevará a cabo su último deseo: lavar su culpa donando a los supervivientes (una mujer mayor, niña cuando el suceso) el escaso dinero que logró reunir a lo largo de su vida. Así lo hará Michael. Pero la señora judía destinataria del mismo no lo aceptará: no quiere ser cómplice de este lavado de culpabilidad. Será Michael quien lo entregará a una asociación judía que lucha contra el analfabetismo.

Tiempo: Han transcurrido desde el inicio de los suceso al final del relato 35 años. El niño tiene ahora 50 años. Así pues Hanna ha muerto siendo una anciana de 70 años.

Estilo: Cuando hace la elección de títulos para grabárselos a Hanna el narrador declara que en sus gustos literarios no entra para nada la literatura experimental pues entiende que los autores que la practican lo que quieren no es experimentar ellos sino experimentar con el lector. Y efectivamente podemos decir que el novelista Schlink es un autor tradicional; esto es, que no usa recursos innovadores pero ya muy admitidos en la actualidad. Así el relato es lineal, hay ausencia de monólogos interiores, fluir de conciencia… También, cierto es que no existen digresiones que dilaten el avance del relato. Lo mejor, desde luego, es la perfecta delineación psicológica de los dos personajes protagonistas y cómo evolucionan de manera bien lógica según avanza la historia.

Creo que hay que destacar, entre otros muchos posibles el siguiente fragmento para entender el asunto de la culpa en la sociedad alemana:

Toda generación tiene el deber de rechazar lo que sus padres esperan de ella. […] La generación que había cometido los crímenes  del nazismo, o los había contemplado, o había hecho oídos sordos ante ello, o que, después de 1945, había tolerado o incluso aceptado en su seno a los criminales, no tenían derecho a leerles la cartilla a sus hijos. Pero los hijos que no podían o no querían reprocharles nada a sus padres también se veían confrontados con su pasado nazi. Para ellos, la revisión crítica del pasado no era la forma que adoptaba exteriormente el conflicto generacional, sino el problema en sí mismo.
La culpabilidad colectiva, se la acepte o no desde el punto de vista moral y jurídico, fue de hecho una realidad para mi generación de estudiantes. (pp. 158 y 159)

Pero la culpa no sólo es colectiva, también lo es, y mucho, individual. Así Michael se sentirá culpable de su comportamiento ante la Hanna acusada y presa, aunque se intente justificar alegando haber sido engañado por ella al no habérsele mostrado en su total desnudez moral cuando se relacionaban amorosamente. Sin embargo también él se escondía, si no ante ella, sí de ella:

Fue entonces cuando empecé a traicionarla.
No es que fuera por ahí contando sus secretos o poniéndola en evidencia. No revelé nada que hubiera que mantener oculto. Al contrario: mantuve oculto lo que debería haber revelado. Me negué a admitir su existencia. Sé que negar a alguien es un tipo más bien inofensivo de traición. […] Pero el que niega a otro sabe muy bien lo que hace. Y negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares. (pág. 72)