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22 mar 2025

Aki Shimazaki y Delphine de Vigan. (A pares XLIII)

18 comentarios:
Tiempo hacía que no incluía en el blog una entrada de 'A pares'. La perentoriedad de devolver tres breves novelas, llegadas hasta casa gracias a la amistad de tiempo que me/nos une a Lupe y a Justo  hizo que no demorase estas lecturas. A ambas autoras ya las conocía por otros de sus libros ("El quinteto de Nagasaki" o "El corazón de Yamato" de Aki Shimazaki, y "Nada se opone a la noche" de Delphine de Vigan) si bien no guardaba de ambas idéntico y satisfactorio recuerdo, pues mientras que las dos pentalogías de Shimazaki me habían encantado, mi satisfacción no había sido la misma en el caso de la De Vigan como demuestra el que ni siquiera hiciese reseña en El blog de Juan Carlos de dicha lectura. Así que, pensé, hora es de comprobar si la valoración que tengo de ambas autoras se mantiene incólume. 



"Azami, el club de Mitsuko" y "Hôzuki, la librería de Mitsuko" de Aki Shimazaki

 «Me siento a la mesa y ella me sirve un vaso de té de cebada frío. Mientras bebo, mira a mi alrededor. La ventana, el fregadero, la pequeña cocina eléctrica, los utensilios de cocina colgados en la pared, el teléfono. Nada ha cambiado. Simple y minimalista. El aire acondicionado está apagado.» 


Aki Shimazaki, escritoras japonesas actuales
En esta ocasión al tener ante mí estas dos entregas de la pentalogía "La sombra del cardo" en forma de libros independientes no reparé en que uno y otro tenían un orden. Y al no reparar en ello resultó que leí primero la novela que apareció después. Pensé equivocadamente que Hôzuki, la librería de Mitsuko había aparecido como no perteneciente a pentalogía alguna. No era así, lo comprobé después. Pero salvo alguna pequeña sorpresa no pasa nada por no haber respetado el orden de aparición; es más al leer luego Azami, la primera de la serie, el ya conocer ciertos sucesos no interfirió en mi disfrute.

 Pese a lo dicho antes, en esta breve reseña hablaré en el orden debido de estas dos primeras entregas de la pentalogía La sombra del cardo. Y anticipo que seguiré leyendo las entregas que faltan hasta completar las cinco; y daré cuenta debida de las mismas en una futura entrada en este blog.

Azami, el club de Mitsuko de Aki Shimazaki es, como acabo de explicar, la primera entrega de la pentalogía "La sombra del cardo". Pese a conocer ya lo que sucede en Hôzuki, la librería de Mitsuko, me ha gustado muchísimo esta novela corta. En la misma la voz narrativa es la de Mitsuo. Este personaje es redactor en una importante revista y lleva una vida laboral y matrimonial agradables. Su esposa Atsuko desde que tuvo a su segundo hijo no tiene relaciones sexuales con él, algo que ambos han aceptado sin problemas. Cuando Mitsuo se siente apremiado sexualmente acude a los «hoteles rosa» o a salas de video en las que se alivia debidamente. 

La tranquilidad y statu quo anterior se verá modificado cuando Gôro, antiguo compañero de escuela con quien él nunca tuvo relación estrecha, lo encuentra y lo invita a tomar algo en un club de élite. Allí ve a su amor secreto de juventud, Mitsuko, a la que jamás le expresó sus sentimientos. El reencuentro y la actividad laboral de Atsuko fuera de la ciudad varios días a la semana facilitará que Mitsuko y Mitsuo inicien una relación que hará que él se plantee la conveniencia de abandonarla o proseguir en ella pese a los problemas que en su trabajo y matrimonio la misma pudiera producir.

Destaca en esta hermosisima novela todo, pero por destacar algo destacaría los personajes y sus señas de identidad: La dulzura de Mitsuko, la sinceridad y amistad de Mitsuo hacia ella, la maldad de Gôro, el antiguo compañero de escuela, la comprensión de Atsuko, la esposa de Mitsuo, etc. Todo ello contado  con esa magnífica literatura que hace Aki Shimazaki.



Editorial Nórdica Libros,Aki Shimazaki
La segunda novela de la pentalogía "La sombra del cardo" es Hôzuki, la librería de Mitsuko. También me ha encantado. Al haber sido la primera de las dos que leí me fijaba más en aquellos asuntos y tratamientos que ya había disfrutado en las pentalogías anteriores que de la japonesa canadiense había leído. Veía que como en "El quinteto de Nagasaki" estábamos ante una pareja de niños hermanastros que se sienten atraídos como amigos íntimos sin saber ellos que tienen la misma madre; se contraponían y presentaban debidamente los casamientos 'miai' y los casamientos por amor; también la vivencia del sexo visto sin ese sentimiento de culpa o de comportamiento poco aceptable que se impone en occidente; aparecía un país, Japón, a caballo entre la tradición y la modernidad, un país mostrado por ejemplo en cómo las geishas antiguas hoy son mujeres hermosas que hablan y atienden a los hombres de la misma manera, aunque vestidas con trajes y un maquillaje que las hace parecer más unas escorts que otra cosa; etc.

En Hôzuki, la librería de Mitsuko es Mitsuko quien lleva la voz narrativa. La encontramos varios años después de Azami regentando una librería y completando sus ingresos con su trabajo los viernes por la tarde-noche en el club donde la descubriera Mitsuo en la novela anterior. Si en Azami el mundo era visto desde la perspectiva masculina de Mitsuo, aquí está presentado desde los ojos y manera de pensar de una mujer. Estamos ante un mundo de mujeres que es el que preferentemente, y no sólo en esta novela,  muestra la escritora. El ocultamiento de la identidad o de la vida vivida (es el caso de Mitsuko respecto a su hijo Tarô, el de la señora Sato respecto al hijo que tuvo y abandonó al poco de nacer, y el de la madre de Mitsuko sobre su breve estancia en la cárcel por un asunto de violencia con arma blanca) es una constante en esta historia. 

Es una novela en la que, como es habitual en la literatura de Aki Shimazaki, la identidad japonesa se expone y se recrea. Destaca la misma en la presentación de la maravillosa naturaleza mostrada en forma de nieve, animales, flores, paisajes...; también es importante la escritura: las grafías japonesas en los dos tipos de caligrafías (hiragana y kanji); y me ha parecido de sumo interés aquí, pero más aún en Azami, la tradición e identidad nipona marcada por los temas musicales que cantaban los abuelas y que recurrentemente vuelven a la cabeza de Tarô o de Mitsuo, quien en esta novela siempre aparece evocado por Mitsuko como su amor verdadero.

El mundo es convulso y muy distinto al que inspira esa naturaleza tranquila y serena antes destacada. El lenguaje e idioma utilizados son exquisitos. Hay avances y retrocesos en la linealidad temporal, si bien ésta es la predominante. Es un estilo minimalista como se ve en la cita que precede al comentario de estas dos novelas. Ha vuelto a llamar mucho mi atención que a la hora de las evocaciones la autora (o el traductor Íñigo Jáuregui) utilice formas como «nos imagino» o «nos veo» con ese pronombre átono de 1ª persona de plural ante una forma verbal en primera de singular; es correcto, pero no es habitual usarla así entre nosotros.

Como en general en toda su obra, Aki Shimazaki  muestra en estas dos novelas el difícil equilibrio entre tradición y modernidad, entre Oriente y Occidente, entre empresa y familia; también el azar, el amor y la identidad en la sociedad japonesa. 
«Dibujo en mi mente una cadena, cada uno de cuyos eslabones lleva un nombre:Shôji - yo - mi último amante Mitsuo - el periodista de su revista Azami - el hombre que le dio la revista al diplomático - la mujer del diplomático que vino a la librería - su hija Hanako - Tarô. Todos están relacionados, directa o indirectamente. Si no hubiese conocido a Shôji, probablemente no habría tenido a Tarô, aunque Shôji no sea su padre.»



"LAS GRATITUDES" de Delphine de Vigan

«Envejecer es aprender a perder.
Asumir, todas o casi todas las semanas, un nuevo déficit, una nueva degradación, un nuevo deterioro. Así es como yo lo veo.
Y ya no hay nada en la columna de las ganancias.
Un día ya no puedes correr, ni caminar, ni inclinarte, ni agacharte, ni levantarte, ni estirarte, ni encorvarte, ni darte la vuelta de un lado, ni del otro, ni hacia adelante, ni hacia atrás, ni por la mañana, ni por la noche, ni nada de nada. Solo puedes conformarte, una y otra vez.
»

Delphine de Vigan, Novelistas francesas actuales

Este libro es de la francesa Delphine de Vigan. Entré en él con prevención y expectativas algo negativas. ¿Motivo? Pues simplemente que "Nada se opone a la noche" no me llenó lo mucho, y ni siquiera lo mínimo, de lo que esperaba de ella dada la magnífica acogida que estaba teniendo -y tiene- entre los lectores. No sé, pero no me gustó demasiado. Sin embargo, ésta, Las gratitudes, me ha llegado bastante adentro, me ha conmovido, me ha parecido bien escrita, una historia además de realista muy, muy, verosímil.

Me ha valido la reconciliación con esta escritora francesa y ya sólo por ello salgo reconfortado a la par que emocionado de esta novela corta, que presenta el asunto de la vejez de una manera real. Estamos ante una mujer anciana, Michka Seld, que un día pide ayuda a Marie, una mujer joven a la que le une una relación casi familiar. Resultado de los achaques propios de su edad se le presenta la necesidad de ingresar en una residencia de ancianos. Michka padece afasia, dolencia neurológica que le hace difícil encontrar los términos correctos del lenguaje.

En la Residencia la atiende individualmente Jerôme, un logopeda que intenta ayudarla. La relación de la señora Seld con Marie y con Jerôme llenan las páginas de esta novela corta. Ambos jóvenes pretenden ayudar a Michka, pero en verdad ellos también se benefician de esta relación, pues la anciana se interesa mucho por sus problemas: la relación de Jerôme con su padre o el embarazo por el que está pasando Marie.
«¿Sabes? Yo no quería tener hijos. Por nada del mundo. Ni familia, ni hijos. Nada de nada. Si no hubieseis vivido en el piso de arriba, me habría quedado tan pancha. No era más que una bacina... una vecina, tranquilita en sus roscón. La primera vez que viniste, no sé si te acuerdas, llevabas no sé cuánto tiempo sola en casa, uno o dos días, no quisiste decírmelo, esa vez yo también me pegué un buen gusto. Comiste y te fuiste. Me pasé la noche en veda. Luego volviste por segunda vez, con esos ojos, con esos ojazos tuyos que me empeoraban, y te abrí las puertas de mi casa. A partir de entonces volviste una y otra vez, y cada vez que venías yo te recogía, pasabas tardes enteras, y acabé comprando rotuladores, y papeles de colores, y tijeras, y los almirantes del zoo, no sé si te acuerdas, las cebritas de plástico eran tus favoritas, y la plastilina, y luego los polos de Coca-Loca, que metíamos en él c... consolador.»

 

«— Debería estar prohibido envejecer. Pero, bueno, ya que estás aquí, aprovecho para decirte algo: me gustaría que me abreviaran.
— ¿Cómo?
-Para mi falaral. Una abreviación..., unos canapés y se acabó. Como la señora Crespin, parece que estuvo muy bien la cosa

17 ene 2025

Aki Shimazaki: "El quinteto de Nagasaki"

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«En el bosque, Yukiko me habla del discurso del comandante de su fábrica. Dice:
¿Por qué perder la vida tan fácilmente? Nos dice: “Hay que combatir hasta la muerte. No regresar con vida. Caer prisionero es una vergüenza. Deshonra no solo al soldado, sino a su familia y a todos los parientes”. La familia de los soldados es como un rehén. ¡Pobres soldados! Lo peor es que creen en la ideología estúpida que el Gobierno ha creado para ganar la guerra.
Yo contesto:
—Sí, es cierto. Estamos paralizados por el lavado de cerebro de la nación, como dice tu padre.
Ella adopta un tono grave:
—No aceptes ser soldado, Yukio. ¡Nunca!
»

Cerré diciembre y el año 2024 con la hermosísima lectura de El quinteto de Nagasaki de la japonesa afincada en Montreal (Canadá) Aki Shimazaki. Antes de proseguir diré que como en El corazón de Yamato la novelista escribe su obra en francés a pesar de ser ella japonesa de nacimiento y estar situada la historia también en Japón. Entre nosotros ha sido la editorial Lumen la editora del libro, y ha sido esta editorial la que decidió darle el título de El quinteto de Nagasaki cuando en su edición canadiense original apareció como Le poids des secrets (El peso de los secretos); seguramente a Lumen le pareció más comercial lo de «quinteto de Nagasaki».
 
Personalmente yo destacaría en esta novela la sensibilidad que muestra en ella Aki Shimazaki, la trabajada y delicada estructura que da a la novela en la que el perspectivismo de unos y otros personajes sobre los mismos hechos o las vivencias tenidas por estos o aquellos en el mismo tiempo da lugar a un universo ficticio envolvente en el que como lector he quedado atrapado y subyugado. Subyugado por la historia de amor en sí, por la incardinación del mismo en el devenir histórico de Japón durante el siglo XX (terremoto de 1923, imperialismo japonés -Manchuria, Taiwan...-, guerra mundial, bomba atómica en 1945 sobre Nagasaki...), tradición y modernidad en Japón, relaciones hombre-mujer en Japón, abusos de poder en estas relaciones, etc.

Todo lo anterior tiene lugar dentro de una delicada naturaleza en la que lo floral tiene gran relevancia por el simbolismo contenido en cada uno de los tipos de flores, en especial las 'wasurenagusa' (nomeolvides) que con su colorido marcan todo el relato; también las 'tsubaki' (camelias), los nenúfares y otras más llenan de colorido la novela. Junto a las flores están las luciérnagas, símbolo de la atracción amorosa, de la búsqueda del amor; también las golondrinas que simbolizan la fidelidad.  Luego, ya la autora se deleita ubicando a sus personajes en viviendas tradicionales japonesas, vestidos muchas veces con prendas propias de su cultura milenaria lo que no es óbice para ellos se empleen en trabajos avanzados de investigación farmacológica y demás (convivencia de dos culturas: la tradicional y la occidental impuesta a partir del final traumático de la IIª Guerra Mundial).

El quinteto de Nagasaki es una pentalogía de novelas cortas o relatos largos que Aki Shimazaki, como es constante en ella, fue publicando de manera independiente para luego darlos reunidos en un solo volumen. Estamos ante cinco relatos-novelas anillados que aparecen como capítulos en el libro que acabo de leer:
  • Tsubaki (camelia): Estamos en los años 80 del siglo XX. Namiko espera la llegada del abogado que le va a entregar dos sobres que su madre, Yukiko, recientemente fallecida, ha dejado. Uno es para ella; el otro es para el tío de Namiko, persona de la que ésta nada sabía y que por la carta a ella dirigida sabrá que se llamaba Yukio, fruto de una relación de su abuelo anterior al matrimonio de éste. Es Namiko la que en primera persona cuenta esta historia que se retrotrae al pasado. 
  • Hamaguri (almeja). De nuevo estamos ante la historia de una madre y un niño que llegan hasta un orfanato para refugiarse en él. El narrador aquí es Yukio. Conocemos su historia y su relación con una niña de su misma edad que jamás olvidará. Estamos en 1933. La madre de Yukio se llama Mariko, está sola en el mundo desde que perdiera a su familia en el terremoto de 1923. En el orfanato el sacerdote católico que lo lleva le ofrece a Mariko la posibilidad de casarse con un buen hombre y así darle un padre a Yukio.
  • Tsubame (golondrina). Es Mariko su narradora. Conoceremos su historia desde la tragedia del terremoto de 1923 hasta la época del momento presente en que vive con la familia de su hijo Yukio y los tres hijos de éste. 
  • Wasurenagusa (nomeolvides). Aquí el narrador es el señor Takahashi, esposo de Mariko y padre adoptivo de Yukio. Su historia en Nagasaki trabajando en un laboratorio farmacéutico, su traslado a Manchuria durante los años de la IIª Guerra Mundial, y los años anteriores al matrimonio con Mariko ocupan esta interesante cuarta parte de El quinteto de Nagasaki
  • Hotaru (luciérnaga). En esta historia final se atan cabos sueltos de las anteriores historias. Estamos ante un relato contado por Tsubaki, la hija menor de Yukio, la cual visita con frecuencia a su abuela Mariko. Yukio puso Tsubaki a su hija porque la camelia era la flor preferida de Yukiko, su amiga de la infancia a la que jamás olvidó.
Estas cinco novelitas con sus distintas historias familiares entreveradas entre sí tienen lugar en el contexto histórico vivido por Japón a lo largo del siglo XX cuyos grandes hitos fueron, como ya he señalado, los siguientes: la colonización de Corea en 1910, el gran terremoto de 1923 que produjo más de ciento treinta mil muertos y una represión fortísima hacia coreanos y socialistas, el imperialismo japonés (Corea, Manchuria, Taiwan...) y, sobre todo, las dos bombas atómicas arrojadas por Estados Unidos: una sobre Hiroshima y otra sobre Nagasaki, que trastocaron la historia del mundo y muy especialmente la de Japón. El trastoque mayor se dio en la occidentalización del país ocupado durante varios años. Esta ocupación puso en peligro las tradiciones niponas, algunas como la búsqueda de cónyuge por parte de los padres afortunadamente han ido cayendo en desuso; en la novela esta costumbre es central en el desarrollo de las dos historias masculinas, la de la familia Horibe y la de la familia Takahashi
«Antes de tu madre me había casado con una primera mujer elegida por mis padres. Les estaba agradecido, porque era hermosa y buena. Pero empezaron a intervenir en nuestra vida y a quejarse de todo lo que mi mujer hacía. Yo soy estéril. No lo sabía. Mis padres, sobre todo mi madre, le reprochaban a mi mujer que no pudiera quedarse embarazada. Yo no lograba defenderla, y ella me dejó.» (le confiesa a Yukio su padre adoptivo)
Pero además de por estos contenidos y estos datos históricos, algunos de ellos desconocidos por mí, lo que más me atrae de esta novela es la manera que tiene de presentarlos. En primer lugar está su estilo puzle, o sea, esa manera de ir encajando unas con otras las distintas piezas que conforman la gran historia que relata formada por historias más pequeñas pero todas ellas interrelacionadas. Luego está, como ya dejé dicho en la reseña que hice de El corazón de Yamato, la delicadeza y sutileza del lenguaje empleado. Aki Shimazaki escribe la novela en francés, pero introduce un buen número de términos japoneses muchos de ellos sin aclarar al lector el sentido que tienen; este hecho hace que según vamos leyendo el libro tengamos que ir al glosario de términos que figura en las páginas finales de la novela. A este respecto debo señalar la gran diferencia que he sentido al leer El quinteto de Nagasaki en formato ebook frente a El corazón de Yamato que lo hice en papel. Mucho mejor la versión en papel que la electrónica pues en ésta se hace difícil y fatigoso el acudir al glosario, algo que en papel no presenta dificultad alguna. 

Como ya he dicho algo más arriba es más que destacable el simbolismo contenido en los elementos de la naturaleza que la autora muestra en su novela: las golondrinas representan el amor y la fidelidad («Las golondrinas vuelan siguiéndose una a la otra, como una pareja. Las miro hasta que se vuelven manchas negras en el cielo azul.»), las luciérnagas son tiernas criaturas hermosas que con sus luces atraen a las hembras:
«—Ojîchán, ¿por qué las luciérnagas emiten luz?
Él contesta: —Para atraer a las hembras.
Estoy sorprendida.
—¿Entonces las luciérnagas son machos?
—Sí. Las hembras también emiten luz, pero no vuelan. Al parpadear se envían mensajes de amor.
»
Este hecho le parece muy romántico a Tsubaki, quien en un momento dado de la novela recuerda esta conversación mantenida con su abuela Mariko y una canción infantil que habla del peligro que corren las luciérnagas en sus cortejos luminosos de caer en el agua dulce; es por esto que a su amiga Tamako, que está siendo cortejada por uno de sus profesores con el propósito de seducirla, le advierte:
«—Todavía somos jóvenes. Hay que tener cuidado de no caer en el agua dulce.
Tamako, tranquila, contestó:
—Tienes razón. Reflexionaré.
»
Quizás entre lo más destacable se cuentan las hermosas historias de amor que se presentan en el libro. Vemos a mujeres que aman con libertad y que cuando detectan que su amor puede ser algo tóxico deciden cortar. Luego está la atracción amorosa que se ve imposibilitada por la cuestión biogenética; y también, en una historia que abarca todo el siglo XX, asistimos a la evolución en las costumbres y comportamientos masculinos y femeninos. Hay una gran diferencia de comportamiento entre los tres hijos de Yukio (Natsuko y Tsubaki, chicas; y Fuyuki, chico) y las madres y abuelas de éste y de Yukiko. Eso no quiere decir que también las abuelas fueran mujeres resueltas, pero ciertamente se veían mucho más constreñidas por la cultura tradicional del país. Y no puedo dejar sin citar la denuncia que he detectado en la novela sobre la xenofobia de los japoneses hacia otras culturas, especialmente la coreana y la china, algo de lo que yo hasta el momento no tenía noticia. Afortunadamente parece que estas herencias poco agradables van perdiendo fuerza. 
Un siglo de Imperio japonés
(https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/98/Imperial_Japan_map_1939.svg)

Otros descubrimientos que personalmente he hecho y que me han hecho disfrutar aún más con esta novela son cosas como lo que Yukio le dice a su madre en un momento dado: «¿Sabías mamá que el misionero español que trajo el cristianismo a Japón llegó aquí el 15 de agosto de 1549? Es una coincidencia increíble: esa es también la fecha de la capitulación de Japón en 1945», en definitiva dos momentos en los que Japón vivió evidente peligro de pérdida de su identidad. También el significado de la palabra 'Bon' («la conmemoración por las víctimas de la bomba atómica de Nagasaki) que se celebra todos los años el 9 de agosto, día en que cayó la bomba sobre la ciudad con las consecuencias por todos sabidas. E incluso desconocía la palabra que se utiliza en español para referirse al sonido que hacen las cigarras («sobre mi cabeza las cigarras estridulan ruidosamente»); este descubrimiento lógicamente se lo debo a Alan Pauls, que es el encargado de la traducción del francés al castellano. Alan Pauls es de nacionalidad argentina. Gran parte de la belleza que desprende el libro leído en español es debida a su buen hacer.

Fundamental en El quinteto de Nagasaki es el estilo desplegado en ella por Aki Shimazaki. Aparte de lo ya dicho en esta reseña es muy destacable la manera de presentar la historia a base de oraciones yuxtapuestas en su mayoría con escasa -o ninguna- presencia de conjunciones entre las mismas. El asíndeton, paradójicamente, da tranquilidad al relato y sirve para mostrar una especie de cuadro pictórico de la naturaleza de la que los humanos son constituyente importante, pero no único ni principal:
«Mi madre se detiene ante una casa cercada. Hay hortensias florecidas alrededor. El azul, el rosa, el blanco... Las flores siguen mojadas de la lluvia de esta mañana. Cae el rocío. Encuentro un caracol en la cerca. repta con los cuernos erguidos. Los toco con la punta de los dedos. Los ojos se retiran inmediatamente como la cabeza de una tortuga. Por en cima de la cerca veo a un hombre mayor que va recogiendo piedras y metiéndolas en un balde. Lleva una prenda blanca y larga como un vestido. Entonces oigo a niños que gritan y me pongo tenso. Deben de estar dentro de la casa. Me aferro a las faldas de mi madre.»

Y para cerrar esta reseña pienso que es importante señalar cómo Aki Shimazaki va esparciendo por el texto, cual si de piedrecillas blancas de Pulgarcito se tratase, referencias al número de años transcurridos antes o después de algunas de las fechas inamovibles del calendario histórico nipón: «Ya hace cincuenta años», dice Shizuko a su marido Yukio en referencia al 'Bon' que la televisión dice que se conmemora ese día; «Hoy es primero de septiembre. Se acerca ya la fecha que nunca podré olvidar. Han pasado cincuenta y nueve años desde el terremoto. La desaparición de mi madre y mi tío, mi única familia, transformó mi vida.», piensa Mariko Takahashi en 1982 cuando ya viuda está viviendo en la casa de su hijo Yukio y de su nuera Shizuko; «Llevamos cuarenta y seis años casado, piensa el señor Takahashi cuando recuerda su matrimonio con Mariko en 1933 (estamos, pues, en ese momento en 1979); etc. Así, de esta manera, los lectores vamos ordenando en nuestra cabeza la secuencia cronológica que la autora nos da desordenada en esta hermosísima novela





23 may 2024

El corazón de Yamato. Aki Shimazaki

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«—Debido al espíritu militarista y la guerra hemos perdido nuestras tradiciones artísticas —responde sin dejar de arreglar las flores. Corta la punta de un ramo con las tijeras. Mis ojos siguen el movimiento de sus manos—. Somos pobres. No es tiempo de tomar cursos de la ceremonia del té. Pero yo quiero seguir enseñando para que la gente conserve nuestras tradiciones con orgullo —se dijo» 

Literatura japonesa actual, cuentos anidados,

El corazón de Yamato es una preciosa novela curiosamente estructurada en cinco extensos capítulos. Cada uno de ellos admitiría ser leído con independencia del resto, si bien en ellos aparecen personajes que protagonizaron otros o que, quizás, encontraremos en alguno de los siguientes. Todo esto confiere al libro de Aki Shimazaki una peculiaridad que me ha resultado de lo más interesante. Estamos, pues, ante una novela, que viene a ser una serie de cinco novelas cortas o cinco relatos largos enlazados entre sí tal y como la vida va entrelazando, de manera directa o tangencial, las vidas de los seres humanos.

La autora de esta bellísima narración, Aki Shimazaki, es una escritora japonesa asentada en Canadá (zona quebecois) desde 1991, dos o tres años antes de cumplir los 40. Shimazaki nació en 1954, tiene, pues, ahora 70 años. Escribe este libro en francés.

Con un lenguaje muy hermoso muestra su decepción ante la pérdida por parte de las nuevas generaciones de las tradiciones niponas. Ella con esta narración se esfuerza en mantenerlas. Considera que la esclavitud del trabajo en Japón (la empresa es como una extensión de la casa familiar, del hogar) va en contra de la estabilidad familiar y de un aceptable desarrollo emocional. Achaca esta adhesión inquebrantable al trabajo por parte de varios de los personajes a la historia reciente del país: Japón al finalizar la IIª Guerra Mundial quedó reducido a escombros; por esto en muchos de sus habitantes se instaló la idea patriótica de que había que trabajar fuerte y duro para levantarlo de sus ruinas. 

Además de este fundamental asunto, muchos otros atraviesan los cinco capítulos que conforman El corazón de Yamato. Son éstos, tales como los campos de concentración de prisioneros japoneses en Siberia, el protectorado norteamericano, el ya señalado soplo patriótico para levantar el país, los casamientos concertados (miai), la empresa como una segunda -si no, primera- familia, el amor verdadero homosexual o heterosexual, la vitalidad y arrojo de las mujeres, etc. Todos estos temas aparecen y reaparecen continuamente en estos relatos anudados. También, claro, los confines de la vida, o sea, la muerte, y la creencia o no en una existencia posterior, la aceptación del final, la literatura y el arte como sustento necesario para sobrellevar la existencia...

Y todo esto envuelto en un lenguaje preciosista lleno de colorido con llamadas a la naturaleza en forma de flores, pájaros, insectos que rodean esas casas casi de papel donde los personajes de estos cinco relatos viven, trabajan, se aman...
«Haruko y yo estamos descansando en la sala, tomando un té caliente. Todas las puertas corredizas se hallan abiertas. En el jardín, los chicos saltan a la cuerda. El sol ilumina el terreno. Nuestra vieja gata se pasea y se detiene frente a una cerca. Se lame su pelaje tricolor concienzudamente. Se despereza. Yo también. Es como una reacción en cadena. Me tumbo sobre los tatamis.»
 La novela fue escrita en francés pero contiene muchas expresiones en japonés con las que Aki Shimazaki quiere insistir en su apuesta por la convivencia del mundo tradicional japonés con el actual llegado desde occidente con su atmósfera de competitividad y confort. Lo ideal es la balanza, el equilibrio entre ambos; si tal cosa no fuera posible, la novelista y casi todos sus personajes se decantan por el retorno a la apacibilidad de la tradición nipona, pero son conscientes de que esta posibilidad se ha perdido o corre serio riesgo de perderse.

Los cinco relatos llevan por título los siguientes: Mitsuba, Zakuro, Tonbo, Tsukushi y Yamabuki. Todos ellos están narrados en primera persona si bien en cada uno el narrador es distinto. En el primero es Takashi Aoki, un shosha-man (hombre totalmente entregado a su trabajo en la empresa); el del segundo es Tsuyoshi Toda, hijo del General Toda, personaje importante en el último de los relatos-capítulo; precisamente la narradora de este último capítulo, de nombre Aiko Sugihara, no es otra que la esposa de Tsuyoshi Toda; el tercero corre por cuenta de Nobu, amigo de Aoki, el narrador del primer cuento; y por último quien narra el cuarto capítulo de esta bellísima y delicada novela es Yuko, la que fuera novia de Aoki en el primero de los capítulos.

Los cinco distintos narradores están muy interrelacionados en los distintos capítulos. Así a Tsuyoshi Toda lo vemos en el capítulo primero siendo jefe de Takashi Aoki a quien defiende en la empresa mientras puede. También Nobu y Yuko aparecen en esa primera historia: el primero, como amigo de Aoki al que está deseoso de hacerle un miai, la presentación de una chica, algo que éste siempre evita; la tal chica no es otra que Yuko, a quien Aoki conocerá por sus propios medios, sin necesidad de recurrir a un sistema tan tradicional en Japón como el miai. Sin embargo, y paradójicamente, Nobu es un joven moderno que no quiere participar en el 'workaholic' en que están sumidos muchos nipones; él, más que por el progreso material, se inclina por la satisfacción personal representada en la conciliación familiar, la atención y disfrute de los hijos, y el gusto por un trabajo vocacional cual es el de la enseñanza que practica en el juku (lugar al que acuden los estudiantes para recibir horas extras de estudio) que ha fundado tras dimitir de la compañía multinacional Goshima en que trabajaba al no aceptar ser trasladado a Sao Paulo. 

El corazón de Yamato es una novela que me ha gustado mucho por todo, también por la manera que tiene de introducir los distintos asuntos. Lo hace sin brusquedad, de un modo fluido y delicado, dando igual que los asuntos sean preciosistas y delicados (el amor, la naturaleza en flor de Japón en primavera, la historia legendaria del país...) como si son duros (el confinamiento en Siberia, la venganza, el abandono del hogar...) o poco declarados u ocultos (la homosexualidad, la esposa abandonada por el marido...), etc.

Pero además de todo lo anterior es la sutileza del lenguaje utilizado, introduciendo en la lengua francesa en la que Aki Shimazaki escribe la novela infinidad de vocablos japoneses en un intento por atrapar la esencia cultural nipona que está en serio peligro de ir poco a poco desapareciendo. Además de por la intrínseca belleza fónica de los mismos, me ha encantado conocer así elementos propios de la cultura japonesa. Sirvan de ejemplo algunos de estos vocablos: juku, wa (nombre antiguo de Japón), miai, shōsha-man, dokata, koseki (registro familiar tradicional en Japón), arubaito (trabajo a tiempo parcial), kokugo (lengua japonesa), kanji (sinogramas utilizados en la escritura del idioma japonés), katakana (silabario usado principalmente para palabras de origen extranjero. ... que es el de mayor aceptación), bentō (ración de comida preparada para llevar, bastante común en la gastronomía japonesa. Tradicionalmente suele incluir arroz, pescado o carne, y una guarnición o acompañamiento a base de verdura), bon (tradición religiosa tibetana), tsuyu (época de lluvias), shōji (puerta tradicional en la arquitectura japonesa), gofuku-ya (tienda y taller de kimonos), yūkaku (burdeles reconocidos por el gobierno), waka (poema japonés)...
«"Akizu no toname no gotoku ni aru kana", es decir: "La región tiene la forma de dos libélulas apareadas". Akizu o Akizu-shima, la antigua palabra para tonbo, que significa también Yamato, Japón. Desde la época de Heian se lo llama asimismo Akitsu.»

El texto citado arriba, una antigua leyenda sobre el emperador Jinmu, aclara a las mil maravillas la exquisita portada que la editorial Lumen le ha dedicado a la novela. Ya sólo por una portada tan hermosa y delicada merecería la pena tomar este libro en las manos; pero la belleza exterior no es nada comparable con la que se encuentra contenida en su interior.

También destacaría el modo como Aki Shimazaki construye esta novela a base, como ya he dicho, de cinco historias en apariencia independientes pero teniendo entre ellas muchos nexos de unión. Pero no sólo es esto, sino que dentro de las narraciones principales de cada capítulo crecen otras -diríamos utilizando fraseología muy cervantina- historias intercaladas. Estas nuevas historias encastradas en otras más amplias sirven para enlazar, aclarar y perfilar debidamente elementos, anécdotas o personajes tangencialmente tocados en aquellas. Es lo que sucede con todo lo relativo a Banzo Toda, padre de Tsuyoshi Toda, y la finalización o no de su cautiverio siberiano, siempre en el aire desde el segundo capítulo y sólo aclarada definitivamente en el último. También es importante la historia de Kiro Jano, el alumno del padre de Nobu, causante indirecto de la desaparición de este último. 

Literatura japonesa
Cada una de estas historias intercaladas podrían ser por sí mismas el germen de narraciones más amplias. Aki Shimazaki incluye en ellas gérmenes, vetas, que podrían ser estiradas para construir narraciones más extensas. Las posibilidades que la novela de esta japonesa radicada en Canadá son inmensas. Leyendo El corazón de Yamato la mente no hace más que abrirse a nuevos horizontes, a cual más atractivo, a cual más sugerente. Una de estas sugerencias radica en los paralelismos que van apareciendo entre unas y otras narraciones de ficción e incluso entre algunas de estas y la propia realidad. Así la peripecia y condición del marido de Yuko establece un claro paralelismo con la peripecia y condición que en la realidad vivió el novelista japonés Yukio Mishima. Del mismo modo el suicidio del padre de Kiro Jano es paralelo al del autor de Indigno de ser humano. 

«¡Su padre se suicidó con su amante! Se arrojaron al Yamato. Como el famoso escritor que escribió Indigno de ser humano».

El tiempo en la novela avanza y retrocede según que los capítulos los narran unos u otros personajes, cada uno enfocando lo vivido desde su personal punto de vista, como es natural. Si contamos la peripecia del general Toda en el gulag siberiano y su desaparición a partir de 1948, narrada por su hijo Tsuyoshi Toda mientras cuida de su madre enferma de alzheimer, la cual desde el final de la guerra espera, fiel, el regreso de su marido, el tiempo cronológico que se abarca en El corazón de Yamato es el de la segunda mitad del siglo XX penetrando 4 años en el actual. 

Los cinco capítulos -verdaderas novelas cortas o cuentos largos cada uno de ellos- que conforman la novela que he leído aparecieron publicadas en Montreal (Canadá) en los años siguientes: Mitsuba en 2006, Zakuro en 2008, Tonbo en 2010, Tsukushi en 2012, y Yamabuki en 2013 formando parte ya este capítulo de la novela completa con el nombre de El corazón de Yamato.

«Vuelvo a pensar en esa leyenda del emperador Jinmu. Yamato es el corazón de la historia de Japón»

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Con esta novela cumplimento una letra más en el Reto Autores de la A a la Z y es la segunda lectura que realizo en el Reto Serendipia recomienda 2024