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25 dic 2025

Juan Carlos Onetti: "La novia robada"

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Juan Carlos Onetti: "La novia robada"

«Era imposible que toda la ciudad participara en el complot de mentira o silencio. Pero Moncha estaba rodeada, aun antes del vestido, por un plomo, un corcho, un silencio que le impedían comprender o siquiera escuchar las deformaciones de la verdad suya, la que le habíamos hecho, la que amasamos junto con ella.»



Juan Carlos Onetti
La calidad jamás guarda relación obligada alguna con la extensión. Lo sabemos desde siempre. La bondad de un libro no depende de su tamaño. Siendo verdad, sin embargo es cierto que hoy se publican en ocasiones libros de gran número de páginas y virtudes literarias más que cuestionables; igual que se publican otros mucho más breves cuya bondad es por todos alabada. Como digo no es regla de oro, pero no cabe echar en saco roto el dicho popularizado por Baltasar Gracián de "Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo".  Este proverbio le va como un guante a La novia robada del uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-Madrid, 1994), una novela breve, corta, que encierra una gran calidad en su interior. Siguiendo con Gracián a este cuento largo o breve novela cabe aplicarle también la frase de su Oráculo manual, "Mejor intensión, que extensión". Pues así es, claro que sí.

La novia robada (1968) es una muestra perfecta de realismo mágico de la literatura sudamericana, si bien, y según dicen todos los expertos en su Obra, Onetti se sitúa en una zona marginal del mismo con un estilo más existencialista, más pesimista. Así es en este cuento o, por su densidad, novela corta, en el que un narrador colectivo en primera persona —los viejos, que habitualmente se reúnen en el entorno del Hotel Plaza de Santa María, territorio mítico creado por Onetti ya en sus primeras novelas de los años cuarenta del siglo pasado—, cuenta la historia (real, irreal, pasada, futura, intemporal) de Moncha Insaurralde. Algunos personajes habitantes de Santa María, espacio aparecido por vez primera en su novela "La vida breve" (1950), son citados o tienen protagonismo en La novia robada. Están Brausen, una especie de Dios creador, alter ego del propio autor, que es quien en esa primera novela inventó dentro de la trama novelística la ciudad ficticia de Santa María y los personajes que en ella habitan. De éstos, como digo, en La novia robada aparece específicamente uno, el doctor Díaz Grey. Es este doctor quien a la protagonista Moncha Insaurralde, retornada desde París, a su pregunta de  «me voy a casar o me voy a morir» respondió con un inequívoco «Usted se va a casar», frase que ella completó, también de modo irrefutable con un «Y me voy a morir».

Estas dos frases son las que marcan la historia. Una historia surreal, que abandona las coordenadas espacio-temporales que conocemos para llevarnos a una zona incierta (Santa María) en un tiempo más incierto todavía: 
«El inevitable Díaz Grey trató de recordarla, algunos años atrás, cuando la huida de Santa María, del falansterio, cuando ella creyó que Europa garantizaba, por lo menos, un cambio de piel.». 
Por si lo anterior fuera poco, los mismos actores se cuestionan a sí mismos, perciben su irrealidad. Moncha Insaurralde, cuando Díaz Grey afirma no ver en ella síntomas de enfermedad alguna, le dice:
«No sé por qué vine a visitarlo. Si estuviera enferma hubiera ido a ver a un médico de verdad. Perdóneme, Pero algún día sabrá que usted es más que eso
Este es el ámbito en que se mueve el relato: la irrealidad, la evanescencia, lo surreal, la magia, lo inexplicable... 

Moncha Insaurralde retornada a Santa María se encerrará tras los muros de su casa y no será vista por nadie. Ella aspira a casarse por la iglesia con Marcos Bergner, vividor y borracho. Los casará el cura Bergner en la Catedral. Sólo hay un problema que comunica al lector el narrador colectivo: hace años que ambos Bergner desaparecieron de este mundo. No sabemos si Moncha también está desaparecida, pues nadie la ha visto desde su regreso (a la consulta con Díaz Grey acudió aprovechando la solitaria hora de la siesta). Lo único que sí se conoce es el vestido de novia que durante años estuvo confeccionando. Hay quienes dicen haberla visto vestida con él esperando en el Hotel Plaza a su enamorado Bergner; otros afirman haberla visto paseando a bordo de un lujoso, pero ruinoso coche.... Todo se confunde en la neblina que cubre Santa María que hace imposible calcular los tiempos, las realidades, los sucedidos. Además la memoria de los viejos, ya se sabe, es caprichosa y volátil, sobre todo volátil.  

Realismo mágico latinoamericano, Literatura uruguaya
La lectura de La novia robada ha despertado en mí el interés por Juan Carlos Onetti, un autor del que tan sólo había leído, ¡hace ya muchos años!,  su novelita titulada Los adioses del año 1954 y de la que apenas si recordaba algo. La novia robada ha reavivado en mí el recuerdo de esa ciudad mítica creada por el autor, que ya aparecía en Los adioses. Es por ello que ahora quiero leer alguna de sus principales novelas, cuyos títulos y asuntos conozco, pero que en verdad a día de hoy aún no he leído: La vida breve (1950), El astillero (1961) o Juantacadáveres (1964). Espero entender mejor así el mundo creado por este uruguayo en torno a Santa María.




25 jun 2023

Bartleby, el escribiente (Una historia de Wall Street). Herman Melville

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«¡No querrás entregarlo a la policía y que encarcele a esa inocente palidez! Y qué razones aducirías para conseguir algo así? ¿Acaso es un vagabundo? ¿Cómo? ¿Un vagabundo? ¿Un trotamundos que se niega a moverse? Entonces, para que no se convierta en un vagabundo, es por lo que intentas considerarle un vagabundo. Eso es demasiado absurdo.»

"Bartleby, el escribiente", editorial Penguin
Durante un viaje en avión a Istria que acabo de realizar he leído -más bien he vuelto a leer- Bartleby, el escribiente de Herman Melville. He vuelto a él movido por la estupenda reseña que mi amiga Lorena, del blog El pájaro verde, publicó en él no hace nada. Hace tan bien Lorena sus reseñas, reflexiona de manera tan atinada sobre lo que acaba de leer, y lo que es más importante, escribe tan bien esta mujer, que pocas veces logro sustraerme a la tentación de seguir su senda lectora, al menos en el propósito. Y digo "al menos en el propósito" porque en numerosas ocasiones no logro dar cabida en mi listado de lecturas a las suyas. Esta vez sí, y estoy satisfecho de haberlo hecho.

He manejado la misma edición de la editorial Penguin que ella, dado que la introducción a la novela iba por cuenta de Enrique Vilá-Matas, novelista que admiro y quien con frecuencia usa al personaje literario de Bartleby como arquetipo de una manera de estar en el mundo, de un comportamiento humano. Tan es así esto que digo que el escritor de Barcelona, además de personajes sueltos en sus narraciones a los que atribuye las cualidades del creado por Melville, tiene en su haber un título que es un verdadero homenaje al mismo, Bartleby y compañía, publicado el año 2000.

En el prólogo, Vila-Matas señala lo emparentado que está este cuento con la literatura de Kafka. Cualquiera diría que Melville habría estado influido por el autor checo, si no fuera porque Frank Kafka nació 27 años después de que la novelita del estadounidense viera la luz en 1853. De haberla, pues, la influencia sería a la inversa; aunque tampoco existió tal, pues parece que el escritor de Praga no la leyó siquiera. 

De todas maneras, y sin duda alguna, estamos claramente ante un texto precursor. Un texto que no sólo preludia a Kafka, sino que anticipa muchos otros textos de autores posteriores a él que contienen, todos ellos, una singular comicidad:
«comprendí que el cuento de Melville no era una metáfora del escritor, ni el símbolo de nada, y se trataba más bien, como sugería Gilles Deleuze, de un texto de una violenta comicidad: un relato emparentado con ciertas narraciones de Kleist, de Dostoievski, de Kafka o de Beckett, «con los cuales formaba una subterránea y brillante secuencia». (Enrique Vila.Matas en el prólogo)

 El personaje de Bartleby es un auténtico hallazgo por parte del norteamericano. En él, en palabras de Enrique Vila-Matas, parece conjugarse de manera perfecta la disolución del mundo real en el ficticio y viceversa: «Una figura, la del copista de Wall Street, que parece que hubiera anticipado la aparición, un siglo después, del escritor Robert Walser.»

El comportamiento de Bartleby con su jefe y compañeros de trabajo es ciertamente extraño, manifestación de una especie de patología que yo describiría como 'apatía laboral'. Bartleby es un copista que cuando se le encomienda cualquier tarea contesta con un educado «preferiria no hacerlo». Al principio, su jefe, el abogado que lo ha contratado, y sus tres compañeros de oficina (Turkey, Níppers y Ginger Nut) aceptan de buen grado su resistencia pasiva al trabajo que se le encomienda. Pero poco a poco se van enfadándo y solicitan de su jefe una decisión drástica respecto a Bartleby

El autor de Moby Dick, imbuido claramente del espíritu de la época, formula en su obra principal y también en este cuento reflexiones filosóficas cargadas de contenido religioso. A estos pensamientos le lleva el estilo de vida que por esos años -mitad del siglo XIX- se está instalando en los Estados Unidos. Allí -no conviene obviar el subtítulo del cuento, «Una historia de Wall Street»- el capitalismo despiadado se está abriendo paso. Wall Street, donde está la Bolsa de Valores y donde radican las principales oficinas de abogados neoyorquinos, es el centro de la deshumanización y la despiadada explotación del hombre por el hombre derivadas del positivismo y un liberalismo sin freno alguno. El trascendentalismo de Emerson del que ya he hablado en alguna que otra entrada de este blog [ver especialmente la dedicada a Naturaleza, una de sus obras] se percibe en Bartleby, el escribiente.
«¿Qué me dicta la conciencia sobre qué debería hacer con este hombre, o, mejor dicho, con este fantasma? Lo que debo hacer es deshacerme de él; que se vaya. Pero ¿cómo? No irás a echar a empujones a esa pobre criatura tan pálida y pasiva, tan indefensa, ¿verdad? No irás a deshonrar tu nombre con semejante crueldad, ¿verdad? No, no voy a hacerlo; no puedo hacerlo.»
Es claro que en la mente del narrador, el abogado jefe de Bartleby, la religiosidad tiene un peso indudable. Y es que en definitiva, a pesar del título del cuento, el personaje esencial, el actor principal del conflicto que se plantea, no es el desencadenante del mismo, o sea, el pasivo, indolente y estoico Bartleby del que apenas si sabemos algo, sino su jefe, el abogado norteamericano que ve cómo la actitud de su empleado le hace replantearse no pocas cosas.

La novelita o cuento largo está muy bien equilibrada en todos sus aspectos. Los personajes que gravitan en torno a los dos principales padecen neurosis peculiares y complementarias: Turkey, de 60 años, es un empleado activo y enérgico hasta las doce del mediodía; Nippers, de unos veinticinco años de edad, es su auténtico complementario dado que es a esa hora cuando su carácter encendido deja paso a uno más tranquilo y menos conflictivo; y Ginger Nut, de sólo doce años, es el chico de los recados que aprovisiona de manzanas y pasteles a Turkey y Nippers

Moby Dick, Bartleby, humor absurdo
Bartleby, el escribiente
es la expresión más alta de la filosofía social de su autor. En este cuento, a través de la figura del narrador, se ponen a prueba sus convicciones sociales, laborales y religiosas. Bartleby, con su comportamiento, logra llevar al extremo a éste; tanto que su filantropía y amor al prójimo cederán ante la austeridad practicada al límite por parte del empleado pasivo. No digo más para no desvelar qué pasa con Bartleby y con su jefe, las dos caras de una misma moneda.

Herman Melville y su relato Bartleby, el escribiente siempre sorprenden; da lo mismo las veces que se lea pues como dice el prologuista de esta edición, Enrique Vila-Matas, en cada lectura se produce una revelación. Los clásicos es lo que tienen, que nunca se agostan, que siempre emiten señales aprovechables que llegan a nuestro hoy hayan pasado los años que hayan pasado. 

Nota
Este libro lo incluyo dentro del Reto Nos gustan los clásicos, séptima edición.








 

31 dic 2021

Alba Salvador Llopis. "La canción de las balanzas". Cuento infantil

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«La calculadora era un aparato muy grande para que cupieran muchos números; y así el rey se podría pasar el día contando sin más problemas. Estaba tan contento con ese aparato que lo utilizaba incluso como cojín para dormir. Decía que era el mejor invento del mundo»


Josep María Carandell, Luis Carandell, Ovidi Montlor

Esta entrada, última de este infame y tedioso 
año, ha de ser necesariamente breve. Y lo es por dos razones principales: la primera porque versa sobre un muy breve cuento infantil que Alba Salvador Llopis escribió a partir del texto de la canción que en 1968 el poeta, filósofo, novelista y periodista español Josep María Carandell escribiera para su amigo alcoyano Ovidi Montlor. Ovidi incluyó esta canción en su primer disco aparecido ese mismo año. Pronto la canción devino himno popular que se cantaba en la época dentro de la reivindicación lingüística que encarnó la denominada Nova Canço Catalana. Y la segunda razón..., pues porque se nos acaba 2021 y si me entretengo mucho no llego


Sinopsis (figura en la contraportada del libro)
Había una vez un rey que cada mañana contaba y recaudaba todas sus posesiones desde la ventana del castillo. Todo lo que se veía era suyo: tierras, pozos, árboles y casas. A él sólo le importaba el precio de las cosas, pero no la felicidad de la gente. Cuando el joven Ovidi se presenta al castillo para hacerle una petición en nombre del pueblo, el monarca lo ignora soberanamente. Necesitan un puente para atravesar el río y llegar a la escuela sin recorrer la larga distancia que había hasta el siguiente puente. El joven, pese al rechazo real, decide volver días más tarde al castillo para cantarle una canción que lo haga cambiar de actitud. Cuento infantil inspirado en La canción de las balanzas escrita y compuesta por Josep Maria Carandell y cantada por Ovidi Montllor.

 
Alba Salvador Llopis (Aldaia, 1980) es licenciada en Filología Catalana. Reside en Mallorca donde imparte Lengua catalana y realiza actividades de cuentacuentos. Esta ocupación le ha permitido escribir historias y músicas propias para compartirlas con los niños, receptores principales de sus Cuentos.

En concreto "La canción de las balanzas" parte de la letra de la canción escrita por Josep María Carandell para Ovidi Montlor y de los materiales escritos -por ejemplo la obra de teatro que el propio Carandell escribió a partir de la canción- que la viuda del escritor, Christa Gottschewsky Drescher, proporcionó a Alba, la autora de este cuento infantil. En la narración se presenta la distancia increíble existente entre el poder y las personas. Mientras que al poderoso (al Rey) sólo le interesa el cómputo de sus propiedades entre las que incluye a los seres humanos, éstos se hallan desasistidos y padeciendo mil penurias por culpa del desinterés de quien les debe hacer la vida más fácil. 

El cuento lo edita la editorial TakaTuka en cartoné con un formato de 27'5cm x 24cm. Acompañan al texto unas muy bonitas y humorísticas ilustraciones de Ignasi Blanch (Tortosa, 1964), artista catalán reconocidísimo internacionalmente en el mundo de la ilustración. Fue el único representante español en el proyecto internacional "East Side Gallery" que se celebró coincidiendo con la caída del muro de Berlin. En mi opinión los dibujos que acompañan la letra del texto tienen mucha fuerza y despiertan en los destinatarios del cuento unas sugerencias y una comprensión impresionantes.

Alba Salvador Llopis, Cuentos ilustrados, Editorial TakaTuka

No me resisto a señalar que Josep María Carandell era hermano de Luis Carandell, el cronista parlamentario, periodista presentador de telediarios algunos años durante la década de los 80 del siglo pasado, escritor y amable tertuliano. Personalmente yo leía con pasión sus simpáticas y agudas secciones, Silla de Pista y Celtiberia Show, que publicaba habitualmente en el semanario Triunfo, así como los artículos de tono serio y/o humorístico que en los años 70 y 80 aparecían periódicamente en periódicos y revistas (Diario 16, Hermano Lobo, Informaciones, Por favor, Cuadernos para el Diálogo, Diario de Barcelona, y otros más).

Los hermanos Carandell fallecieron en años próximos, en 2002 Luis y en 2003 Josep María. Pero quien tuvo una muerte ciertamente prematura fue quien diera popularidad a La Canción de las balanzas, el cantautor valenciano Ovidi Montlor, fatalmente desparecido en 1995 a los 53 años de edad. Además de su faceta como cantante, Ovidi Montlor destacó como actor tanto de teatro como de cine. En cine recuerdo con sumo gusto sus actuaciones en Amanece que no es poco de José Luis Cuerda, La verdad sobre el caso Savolta de Antonio Drove o Furtivos de José Luis Borau

La edición en TakaTuka del cuento La canción de las balanzas incorpora como apéndice al mismo la partitura y la letra en castellano de la canción escrita por Josep María Carandell y musicada por Ovidi Montlor. Para que todo quede debidamente quiero incorporar, para finalizar esta breve reseña de este breve cuento, la cançó puesta en boca del cantautor que la dio a conocer. 


Quizás este cuento de Alba Salvador Llopis u otro cualquiera de la editorial TakaTuka os sirva para regalar en Reyes a los pequeños de la casa. La editorial recomienda este en concreto para niños de 6 a 8 años. 
 
Y ya sin más no me queda otra cosa que desearos a todos los que os acercáis por aquí, habituales o esporádicos, una muy Feliz despedida de Año 2021 (con cuidadín, siempre con mucho cuidadín) y una mejor entrada en 2022 que espero y deseo sea mucho mejor que el que por fin nos abandona.

Feliz Año 2022, Felicitaciones navideñas


Nota:
La Canción de las balanzas me sirve para completar el Reto Autores de la A a la Z del blog Lecturapolis. ¡¡Lo he completado a tiempo!!

10 jun 2019

Thomas Hardy. Dos relatos góticos

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José Ortega y Gasset, Novecentismo, periodismo liberal

De 1990 a 1992 se publicó en España el diario “El Sol”. Su cabecera quería recoger la herencia del que de 1917 a 1939 había acudido presto a las manos de los lectores. Fue éste, "El Sol" primero, un periódico ilustrado, liberal y regeneracionista que se reclamaba de intelectuales y que desde el principio contó entre sus colaboradores al filósofo José Ortega y Gasset. Muy pronto sacó suplementos dedicados, según el día de la semana, a distintas parcelas de la sociedad (economía, agricultura, pedagogía, derecho, ingeniería…). Siguiendo esta tradición, "El Sol" de finales del siglo XX sacaba los fines de semana pequeñas publicaciones literarias.

narraciones de terror, novelas góticas, Realismo romántico
Desde hacía algún tiempo quería leer algo de Thomas Hardy y (¡Culpa. Mea culpa!) nada suyo había caído en mis manos. Rebuscando por casa encontré esta pequeña publicación del diario "El Sol" títulada "Una mujer soñadora". Se trata de dos relatos breves muy muy interesantes. Ambos cuentos me han gustado, si bien se trata de dos narraciones muy diferentes entre sí.

Uno, "Una mujer soñadora", es un relato de tono realista-romántico que indaga con acierto en la psicología femenina y reivindica 'avant la lettre' un lugar de la mujer en el mundo. Aquí tenemos a la mujer de William Marchmill, Ellen, amante de la literatura y escritora ella misma de pretenciosos poemas  que publica bajo el seudónimo de John Ivy, que se siente abandonada por su vulgar marido quien sólo se preocupa de los beneficios materiales que puede proporcionarle su negocio de armas. La casualidad viene a hacer que el matrimonio alquile para pasar el verano una casa en Solentsea, en Upper Essex (el territorio en el que Hardy sitúa la mayoría de sus libros), donde durante el resto del año se alojaba el poeta romántico Robert Trewe, al que Ellen admiraba profundamente. Estar en la casa donde su ídolo habita, tocar sus libros, dormir en su cama, etc., hace que su admiración se troque en auténtico enamoramiento. No diré más de este agradable cuento para no estropear el disfrute de su lectura.

 El segundo título, "El brazo marchito", que en la edición del desaparecido diario 'El Sol' que he manejado no es el título de la entrega, sin embargo sí lo hace en la que en 2004 publicó la editorial Penguin. En ambos caso el traductor es Javier Marías quien nos traslada una obra magnífica que se disfruta en toda su extensión y profundidad. Pues bien, este relato más largo que el anterior es una obra gótica. Hay en ella todos los elementos propios del género: superstición, religión, magia, venganza, elementos oníricos, belleza femenina, sexo, muerte violenta, diferencias de clase social y económica, abusos del hombre poderoso, brujería... La acción sucede en una zona rural inglesa (Anglebury) donde Rhoda Brook trabaja de ordeñadora junto a otras mujeres del pueblo. Durante el trabajo las ordeñadoras cotillean sobre la belleza y edad de la nueva esposa del señor Lodge, el granjero. Rhoda odia a esta joven aun sin conocerla y una noche sueña que pelea con ella agarrándola fuertemente por el brazo. La realidad viene a hacer que las dos mujeres se conozcan y se hagan amigas demostrando la joven señora Lodge un buen corazón y una amistad grande con Rhoda Brook. Desde hace unos días a la señora Lodge un mal le ha surgido en el brazo que poco a poco se le va pudriendo. ¿Qué podría hacer para solucionarlo? La gente del pueblo le recomienda que acuda a un curandero, el brujo Trendle, que vive alejado de la localidad. A él puede conducirle -le dicen- la señora Brook, que tiene fama de bruja.

relatos de terrror, Thomas Hardy, "Jude, el oscuro"
No digo más. Sólo quiero señalar la denuncia que Hardy realiza de los abusos del hombre sobre la mujer y la injusta fama que el sexo débil arrastra de hacedoras del mal (brujas). Tras estos dos relatos, es seguro que leeré alguna novela larga de este gran autor inglés que nació en Dorset en 1840. Murió en Max Gate en 1928. Fue novelista y poeta. Y se le considera superador del naturalismo y cultivador del terror gótico y algunas otras obras cargadas de sensualidad, abusos sociales y del hombre sobre la mujer. Pongo en mi lista de lecturas veraniegas una de sus novelas extensas, no sé si optar por "Jude, el oscuro" o por "Tess d'Uberville". Ya veré.
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Nota: Estos dos cuentos sirven para ir completando los dos retos en que participo durante 2019: el de "12 libros pendientes" propuesto por Ana Bolox, y el de "Nos gustan los clásicos. IIIª edición" del blog 'Un lector indiscreto'. Como se ve, el año avanza y los retos parece que los voy cumpliendo poco a poco.

9 oct 2017

Jhumpa Lahiri: "El buen nombre"

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De Jhumpa Lahiri no había oído hablar hasta la entrevista que la revista El País Semanal publicó el pasado 18 de septiembre. Mi amigo José Antonio, gran lector, me había recomendado vivamente ya hace tiempo la lectura de esta autora, que él había leído durante un verano en la ciudad de Vancouver. Como sé del buen criterio de José Antonio en cuanto tuve oportunidad de contactar con la obra de Lahiri me puse manos a la obra. Tan sólo no le hice caso en una cosa: he comenzado mi contacto con la bengalí por su primera novela y no por los relatos que la hicieron famosa. A falta de leerlos, de la novela adelantaré que me ha parecido magnífica.

La autora
identidad cultural, cultura híbrida, mestizaje cultural
Jhumpa Lahiri es una estadounidense de origen bengalí nacida en Londres en 1967. En 1999 saltó a la fama en el mundo de la narración con "Intérprete de emociones", su primera publicación, una colección de relatos que fue Premio Pulitzer el año 2000. Otros libros suyos además de la novela objeto de esta reseña son "Tierra desacostumbrada", otra colección de relatos aparecida en 2008; y otra novela, última publicación suya por ahora, titulada "La hondonada" del año 2013.

"El buen nombre" sale a la luz en 2003. Su éxito fue inmediato, siendo llevada al cine tres años más tarde por Mira Nair, hindú como Lahiri aunque diez años mayor que ella.

Sinopsis (dada por la propia editorial)
La familia Ganguli emigra desde Calcuta a Boston. Ashoke y Ashima Ganguli forman un matrimonio de conveniencia tradicional indio. Ashoke consigue un trabajo (es ingeniero de profesión) en Cambridge, y la pareja se lanza a una aventura americana. Ashoke, superviviente de un accidente de tren, se adapta con facilidad a su nuevo entorno, Ashima no y pasa los días añorando su casa y su familia. Cuando nace su primer hijo, la pareja prefiere seguir la tradición de permitir a la abuela darle su nombre. Envían una carta anunciando el nacimiento, pero la respuesta no llega. Pasan meses y tienen que poner algún nombre. Ashoke, un lector voraz de literatura rusa, quiere poner el nombre de Gogol, a quien leía cuando sobrevivió al accidente de tren y hacia quien siente un lazo especial. Pero a Ashima no le gusta. La tradición también dicta que un niño nace con un nombre formal, y otro que se utiliza, y finalmente le dan el nombre de Nikhil, y el apodo de Gogol, Gogol Ganguli.


Mi comentario
Muchas cosas me han gustado de esta novela de Jhumpa Lahiri. Quizás la primera haya sido la sensación de verdad que transmiten todos los personajes que se mueven en la narración. Tan de verdad son estos seres que viven en una cultura diferente a la original suya que fácilmente comprendemos los sentimientos que albergan sus corazones:
  • Unos, Ashoke y Ashima, en especial esta última, viven en su burbuja bengalí: ella viste el sari; ambos se descalzan al llegar de la calle; en las multitudinarias reuniones que organizan en casa la comida, abundante siempre, es  el centro de las mismas; cuando cada cierto tiempo la familia se desplaza hasta Calcuta llevan regalos para todos los miembros de la familia; en Estados Unidos forman núcleo 'familiar' con otros bengalíes que como ellos emigraron de la India a USA y han enseñado a sus hijos a llamarlos tías y tíos, aunque en privado Ashima se esfuerza en que sus hijos Sonia y Gogol sepan distinguir 'mashi' y 'pishi', 'mama' y 'maima', 'kaku' y 'jethu', según que en la realidad hindú lo sean por parte de madre o padre, carnales o políticos. Si fuera por Ashima la familia habría regresado a la India; sin embargo, Ashoke guarda muy en su interior la recomendación que le hizo Gosh, compañero de compartimento del tren en el que viajaba para ver a su abuelo: "Antes de que sea demasiado tarde, y sin pensártelo mucho, mete una almohada y una manta en la maleta y vete a ver mundo, tanto mundo como puedas" (pág. 17); o sea, que persiguiese sus sueños, que no se amoldase a la tradición familiar por mucho dolor que la separación le pudiese ocasionar. Junto a este consejo, su vida debe no poco a la obra y vida del escritor ruso Gógol y en especial el relato "El capote" que, como no ha podido ser de otro modo he buscado y leído con avidez a fin de entender mejor a este hombre. En fin, lo mejor será que vosotros mismos cuando acabéis "El buen nombre" os paséis por Gógol, sólo serán unos minutos pues el relato es de unas 20 páginas.
  • Otros personajes, los más jóvenes, son los que circundan a Nikhil -Gógol, en el ámbito familiar-. Aquí estarían, además de él, su hermana Sonia seis años menor, y sus amores, en especial Moushumi con quién contraerá matrimonio. Este grupo de jóvenes constituye ya la segunda generación de bengalíes que, aceptando y participando en no pocas de las costumbres y tradiciones de su cultura bengalí, ya se siente más de la parte del mundo en que han nacido, crecido y educado.
Nikolái Gógol, Jhumpa Lahiri
El personaje central de la novela es Gógol quien crecido en USA oprimido interiormente por su cultura familiar que él se negaba a aceptar. Al final entiende a su padre, ese hombre que se alejó de sus orígenes para tener un futuro mejor que entregar a sus hijos aunque siempre quiso que retuvieran también lo importante de su cultura de origen. El nexo de unión entre la vida americana y la de la India de donde proceden se simboliza en un libro de relatos de Nikolai Gogol que contiene el titulado "El capote". Este libro, su autor y el relato en cuestión acompañan los momentos fundamentales de la vida de esta familia: Ashoke lo iba leyendo en el tren cuando sufrió un accidente; él mismo salvó la vida gracias a las hojas del libro destrozado que al moverse llamaron la atención de los equipos de rescate; Gógol será el nombre que Ashoke ponga a su hijo recién nacido a la espera del principal que han pedido a la abuela de Ashima; todos los miembros de la familia Ganguli, como el personaje del relato ruso -Akaki Akákievich-, habrán de ser resolutivos si quieren hacer realidad sus sueños; Ashoke regala este libro de relatos a su hijo y con ello le entrega el secreto de su vida; al final de la novela Gógol se enfrasca en su lectura simbolizando con ello que el regalo y deseo paterno ha caído en buena tierra.

Además de los creíbles personajes me ha llamado mucho la atención la manera de contar de Jhumpa Lahiri. Es una prosa viva, rápida, que utiliza con preferencia el presente de indicativo con ese sentido durativo que esta forma verbal tiene y que logra transmitir la sensación de intemporalidad característica de los escritos míticos. Y es que la novela de la bengalí Lahiri está cargada de un valor legendario al tiempo que real, algo que, en mi opinión, casa a la perfección con el cosmopolitismo intrínseco a la vida de un bengalí en un medio cultural tan estéril cual puede ser visto el mundo estadounidense:
"Ashima se siente sola de pronto, terrible, definitivamente sola, y durante unos breves momentos se aparta del espejo y llora por su marido. Está algo desbordada ante el paso que está a punto de dar, ante el traslado a una ciudad que fue su casa y que ahora, a su manera, le resulta extraña" (p. 292)
Me gusta también en la novela la manera que la autora emplea para evocar el pasado. Jhumpa Lahiri viaja hacia atrás con suavidad, delicadeza y naturalidad. Lo hace a través de ensoñaciones en esos tiempos muertos que son las esperas de algo o alguien. Y tanto las salidas de las mismas como su inmersión en ellas resultan de lo más natural:
"Reconoce la bocina del coche de su madre, lo ve entrar en el aparcamiento de la estación. Sonia es quien conduce, y al verle le saluda con la mano. Ben va a su lado." (p. 297)
He dicho antes que esta novela fue adaptada al cine con éxito en una película de igual título dirigida por Mira Nair en 2006. La manera de narrar de Jhumpa Lahiri utiliza también muchos recursos cinematográficos. Quizás el que más ha llamado mi atención es el de la elipsis. Esta sensación de que hay pequeños datos no comunicados que el yo-lector halla con criterio, produce en el receptor de la historia un gran placer al ver que en cierto modo él es coautor, que él es necesario para completar lo que la escritora ha dejado sin expresar o simplemente ha sugerido. En mi opinión ésta es una de las características de la buena literatura, y no me diréis que no está muy lejos del cine. Sí, desde luego esta novela se prestaba mucho a la versión cinematográfica.

Una novela que rezuma literatura por todos sus poros.
El personaje central y Ashoke, su padre, no se entienden sin el amor hacia la literatura, en especial la de los grandes narradores rusos. Ashima no participa de esta afición de Ashoke por el realismo ruso ("Ella no ha leído nada de Gógol, pero está más que dispuesta a colocarlo en un estante de su mente, junto a Tennyson y a Wordsworth"), a ella le va más la poesía romántica inglesa, y cuando sus hijos ya no la necesitan trabajará en la biblioteca local a tiempo parcial tres tardes por semana.
Nikhil y Ashoke aunque profesionalmente sus trabajos son más bien de tipo técnico, sin embargo 'viven en literatura'. El primero sobrelleva desde el día de su nacimiento el estigma de Gógol hasta que se reconcilie con él y aprenda a vivir sin complejo alguno. Esta liberación le sobreviene haciendo limpieza en la que fue durante su niñez su habitación en el apartamento que su madre se dispone a abandonar:
"Ashima le ha pedido que los revise [los libros que él tenía de estudiante en su habitación], que se asegure de que no hay ninguno que le interese conservar. Así que se ponen a rebuscar. La familia Robinson, En el camino, Manifiesto Comunista [...] Relatos de Nikolái Gógol [...] Gógol se pone de pie, cierra la puerta de su dormitorio, abre el libro, mira la ilustración de Nikolái Gógol, pasa la página y lee el título del primer relato. 'El capote'" (págs. 302-303)
Esta reconciliación consigo mismo lo es también con su padre al que ahora, al leer el relato de Gógol, viene a entender la frase la enigmática frase que una lejana tarde de su adolescencia le dijo:
"¿Sabes qué dijo Dostoievski una vez?
Gógol niega con la cabeza.
—Que todos salimos del capote de Gógol.
—¿Y eso qué significa?
—Algún día lo entenderás." (p. 83)
Si el relato de Gógol marca el destino de Nikhil, el de Moushumi también va a venir marcado por otro texto, en este caso un gran ejemplar de fotografías de París del fotógrafo Eugène Atget. Para Moushumi este libro que tiene Dimitri, un antiguo profesor suyo, en su apartamento contiene lo que la une a él: Paris. Ahi debía de haber marchado ella aceptando la beca que le habían concedido. Nunca debía de haber renunciado a ello. Sucede en ella algo parecido a lo que le ocurrió a Ashake, el padre de Nikhil.



Una lectura muy oportuna
En un país como el nuestro que ha vivido mucho la emigración, tanto hacia otros países como dentro de nuestras propias fronteras, esta novela dice mucho. Los veranos son manifestación de este trasiego de personas: las familias retornan temporalmente a sus localidades de origen -como la familia Ganguli cuando cada cierto tiempo viaja a Calcuta-; estos grupos familiares año tras año se ven engrosados con los hijos de los emigrantes de la primera generación los cuales ya han nacido en el país de Europa o comunidad española dofijaron la residencia sus padres. Son estos jóvenes los que sienten sobre sí con mayor dureza el problema de su identidad cultural: son españoles en Alemania, y alemanes en España; castellanos en Euskadi y vascos o catalanes en su pueblo de Castilla. Esta sensación de no pertenecer con plenitud a ninguno de estos dos mundos, de ser auténtico extranjero en su Patria es difícil de sentir si no se ha vivido. Jhumpa Lahiri la vivió en sus propias carnes y consigue trasladarla con gran brillantez en esta novela. Gógol es ella, un ser híbrido que quiere tomar lo mejor de las dos culturas a las que pertenece, que no quiere desertar de ninguna de ellas porque eso sería empobrecerse, eso sería caer en el provincianismo y/o en el supremacismo. No, Gógol no es mejor por haber nacido en USA, pero tampoco es inferior a los norteamericanos por ser sus padres bengalíes. No, para nada. Veo en esta novela de Lahiri una excelente medicina para combatir entre nosotros el supremacismo de todos los nacionalismos, así como para favorecer la integración de la cultura foránea en la de la región de destino sin que ninguna de las dos pierda su esencia.
 





13 mar 2017

Carson McCullers: "La balada del café triste"

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La escritora
relato norteamericano, escritores americanos del Sur, "La balada del café triste"Carson McCullers es una georgiana (USA) nacida en Columbus el pasado 19 de febrero hizo exactamente 100 años. Su vida no fue un camino de rosas, pues padeció un auténtico calvario físico a raíz de unas fiebres reumáticas mal diagnosticadas que le hicieron pasar por un sinfín de operaciones que la llevarían a vivir sus seis últimos años sentada en una silla de ruedas. Murió en 1967. Antes, en 1945, se casó con Reeves McCullers, su novio desde 1940, que acababa de regresar herido del desembarco de Normandía. Reeves cayó en una profundísima depresión que le llevó, al fin y a la postre, a enfilar el camino del suicidio el 19 de noviembre de 1953 en un hotel de París, poco antes de ser abandonado por Carson a la que había propuesto un pacto suicida.  

La peripecia vital de Lula Carson Smith, su nombre de soltera, unida a su contexto familiar (hija del propietario de una plantación de algodón y nieta de un héroe del bando confederado en la Guerra de Secesión norteamericana) explican muchos de los temas presentes en su obra narrativa, entre los que destaca, por encima de otros, el del aislamiento espiritual de los inadaptados y marginados del Sur de los Estados Unidos.

"La balada del café triste"
Es un cuento, un relato largo o una novela corta, según se quiera denominar, que publicó por vez primera el año 1943 junto a otros relatos suyos en un volumen así titulado en el que  iba incluído.

Carson McCullers, cuentistas americanosEstamos en una localidad de su Georgia natal, Society City, cuya única vida la constiuye la fabrica de hilaturas de algodón donde trabaja la mayoría de la población que habita unas casas humildes de dos habitaciones. Entre estos seres de vida anodina destaca miss Amelia Evans, mujer rica, adinerada, de fuerte carácter, que vive en un edificio que recibió en herencia de su padre en cuyos bajos existe un almacen de piensos, guano, comestibles y tabaco; además, esta mujer despacha botellas del whisky que fabrica en una destilería a las afueras del pueblo aunque no permite que lo beban en su almacen. Su riqueza le ha hecho ser deseada por más de un hombre aunque quien se llevó el gato al agua fue el guapetón Marvin Macy con quien Amelia conoció el amor casándose con él a los 19 años pero a quien no aguantó más de diez días. Antes de despedirlo de su lado con cajas destempladas ella hizo que su fugaz marido le firmase la cesión de todos sus bienes.

Así están las cosas cuando un buen día llega al pueblo un hombre jorobado, Lymon Willis, que asegura, como tantos otros ya habían hecho antes, que es primo lejano de miss Amelia. Contra todo pronóstico y ante la sorpresa de todos los habitantes del pueblo que, aparte de su trabajo, sólo se ocupan en observarse unos a otros, ella lo acoge en su casa, le cede uno de los dos dormitorios y al poco de su estancia allí Amelia abrirá en el almacén un café que dará alegría y vida a la mortecina localidad. El alma de ese café no es otro que este jorobado. Con los años regresa al pueblo quien fue -y aún lo es- su marido, y con el tiempo en el triángulo constituído por Amelia, Lymon y el propio Marvin estallarán las tensiones y mudas tiranteces que existían desde el minuto uno.
"En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario."
Todo lo que sucede entre estas tres personas es observado silenciosamente por los habitantes de Society City, unos seres que prácticamente no salen del pueblo que les vio nacer en toda su vida. El ambiente social, el calor impenitente, alguna nevada sorpresiva, la sofocante y enrarecida vivencia en el çambito doméstico de la relación entre padres e hijos, la segregación racial, la tirantez emocional entre los personajes, la seguridad de que algo inevitablemente tiene que suceder, incluso la brutalidad en las relaciones interpersonales... envuelven la historia que se nos narra. Una historia que evoluciona por caminos diríanse ya marcados contra los que es imposible revolverse. Faulkner y un realismo mágico avant la lettre se adivinan en la irrespirable atmósfera social de ese lugar que asfixia a todos y de la que sólo se puede salir violentamente. Todos lo saben y nadie podrá evitarlo.

Eudora Welty, McCullers, feminismo, novelas del SurLa historia la cuenta un narrador externo que la presenta con ribetes de leyenda.  El inicio de la novela es justamente el desenlace de la misma. Lo que hay entre medias es un inmenso flash back que viene a explicarnos el porqué de ese edificio más grande que los demás que hay "en el centro mismo del pueblo, cerrado con tablones clavados y que se inclina a la derecha que parece que va a derrumbarse de un momento a otro." La ruina de ese edificio y la de su posible legendario habitante es lo que este narrador nos cuenta al modo de un juglar que nos pide permiso, tranquilidad, nos avisa de una demora, nos adelanta una información, etc., a la manera como, tradicionalmente y en la plaza del pueblo, solían hacer los contadores de historias o cuentacuentos.
Muchas cosas destacan en este hermoso relato. La principal, en mi opinión, es la fuerza integradora y desintegradora del amor, incluso la cuestión de saber qué es ello. Muy interesante en mi opinión es la galería de personajes arquetípicos que habitan en Society City: el vago y hermoso Marvin Macy, el adivino Marlie Ryan, el judío 'matacristos' Morris Finestein, el reverendo T. M. Willin, y otros tantos más que "exceptuando al reverendo Willin, como ya hemos dicho, todos se parecen mucho; todos han pasado algún buen rato en su vida; todos han sufrido o han llorado por algo; casi todos son personas tratables si no están exasperados". En definitiva, son la gente, el pueblo que surge de un medio concreto: el Sur inhóspito donde habitan. Y este rasgo de enraizamiento telúrico tan faulkneriano se refuerza con esa única carretera, la que conduce a Forks Falls, que podría ser la vía para escapar de este encarcelamiento opresivo y que significativamente es donde trabaja una cuerda de presos formada por doce mortales, siete negros y cinco blancos que cantan "en una intrincada mezcla de tristeza y gozo. La música va creciendo hasta que al fin parece que el sonido no proviene de los doce hombres encadenados, sino de la tierra misma o del ancho firmamento".

En conclusión, una lectura gozosa, una muestra literaria de altísimo nivel. Muy, pero que muy, recomendable. Los lectores afectos a Carson McCullers consideran esta narración la mejor de las suyas junto a otra -dicen magnífica- que yo aún no he leído titulada "El corazón es un cazador solitario" de 1940.


13 dic 2016

"Cuentos españoles de Navidad". De ayer a hoy.

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Siempre que se acercan las fiestas navideñas me asalta la idea de lo mucho que han cambiado estas jornadas de ayer a hoy. Dado que mi blog es literario pienso que, si bien del hoy soy testigo, el ayer no puedo conocerlo más que a través de los textos literarios que a lo largo y ancho del tiempo han tocado este tema. Por otra parte, como la Navidad es por tradición una fiesta familiar en la que los niños tienen un especial protagonismo, he fijado mi atención en los relatos breves con que se les suele asociar, o sea, los cuentos de temática navideña. He encontrado estos dos tomos que, aunque pensados para adultos, muestran aspectos de estas fiestas que en la actualidad no subsisten o que, quizás, aún luchan por la supervivencia. Vamos a ver algunos:



Cuentos navideños, Navidad y los Niños, Literatura navideña
Antología preparada por Rafael Alarcón Sierra publicada en 1998 por "Clan Editorial" y reeditada en 2004 y 2016 

🔼Comidas y bebidas. Estas fiestas discurren en torno a la mesa en la que se toman productos típicos de estas fechas

  • Pedro Antonio de Alarcón ("La nochebuena del poeta", 1855) escribe: “Todo era bullicio; todo era contento. Los roscos, los mantecados, el alajú, los dulces hechos por las monjas, el rosolí, el aguardiente de guindas circulaban de mano en mano…” El “alajú” es / era un postre dulce de Cuenca; el “rosolí”, un aguardiente con canela, azúcar y otros ingredientes olorosos. 
  • Luis Bonafoux, ‘Aramis’ ("La Nochebuena en el mar", 1887): “Para esta noche, besugo y castañas, como en Madrid”. 
  • Luis Taboada ("El pavo de Navidad o la falta de costumbre", 1895) presenta a un empleado de segunda que recibe por Navidad un pavo vivo como regalo de su acomodada hermana. 
  • Joaquín Dicenta ("Nochebuena", 1897) ya cita el champagne (sic) como bebida con la que se festejan estas fiestas. 
  • Benito Pérez Galdós ("La mula y el buey", 1876) crea a Celinina, una niña muy enferma ya próxima a morir que mezcla en su cabecita realidades y puras ensoñaciones. Así el escritor canario escribe: “Celinina sintió el afán de las poéticas fiestas que más alegran a los niños, las fiestas de Navidad. Ya se sabe con cuánta ansia desean la llegada de estos días y cómo les trastorna el febril anhelo de los regalitos, de los nacimientos y las esperanzas del mucho comer y atracarse de pavo, mazapán, peladillas y turrón. […] en la esfera tenebrosa que rodeaba su mente no había sino pavos haciendo ‘clau, clau’; pollos que gritaban ‘pío, pío’; nacimientos llenos de luces y que tenían cincuenta mil millones de figuras; árboles cargados de juguetes; el estanque del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban a las cocineras con sus ojos cuajados; naranjas que llovían del cielo, y otros mil prodigios que no tienen número ni medida”.  
  • Dª Emilia Pardo Bazán ("Instinto", 1916) pone en la mesa de las monjitas de la Santa Espina “Un pedazo de turrón, muy rico… Y mazapán, y peladillas, y naranja china”.

🔽Lotería. El sorteo de la lotería de Navidad y el deseo popular de salir de la pobreza gracias al primer premio, el Gordo de Navidad, es asunto no sólo de hoy día sino que aparece de manera recurrente en muchos de los cuentos. 

  • Vicente Blasco Ibáñez ("El premio gordo", 1887) pone a Jacintito, su popular personaje, a soñar literalmente sobre lo que será su vida cuando le toque la lotería. 
  • Eduardo del Palacio ("El premio grueso", 1894) muestra la tradicional costumbre entre los más humildes de compartir el número o décimo jugado quitándose los dineros para adquirirlo hasta de lo más necesario: “¡Cuántos sacrificios para jugar a la lotería de navidad! Hasta ‘quitárselo de su comer’, que dicen las gentes. ¡Qué emoción cuando se oye pegonar […]: ¡La lista grandeeee! […] ¡Qué tristeza en todos los círculos! ¡Qué desengaño! Por fin consuela el consabido suelto de la prensa: ‘El premio mayor se ha repartido entre la clase obrera de…’. A lo que dicen los desgraciados: -¡Cielos! ¡No ser yo clase obrera!


Portal de Belén, el misterio,

🔼Los Reyes Magos. Este asunto va habitualmente en los relatos navideños muy unido a los niños. El consensuado secretismo de la sociedad para que los niños ignoren quiénes son los que realmente les hacen los regalos es, sin duda alguna, una de las más bonitas tradiciones que con cierto vigor se mantiene entre nosotros, a pesar de que desde siempre espíritus que presumen de racionalismo e ideas avanzadas abogan –y hoy aún lo siguen haciendo- por desvelar cuanto antes la incógnita a los niños.  

  • José María Pemán en el muy simpático cuento de "El republicano y los Reyes Magos" (1925), narra que por más que un padre progresista y muy racionalista quiera que su hijo no crea en la quimera del regalo recibido de manos de los Reyes Magos, no lo logra pues el niño quiere ciegamente creer en ella.  
  • José Francés trata el descubrimiento por los niños de la identidad de los Reyes de una manera muy simpática ("Por qué Maruja no cree en los Reyes Magos", 1916) cuando una niña en su ingenuidad llama sin conocimiento de sus padres al teléfono que un anuncio en el periódico dice que es el de los Reyes Magos y a renglón seguido la juguetería de la que se trata vuelve a llamar para confirmar “el pedido increíble que una niña, su hija seguramente, nos acaba de hacer”. 
  • José Bergamín ("Navidad", 1923) presenta a unos Reyes Magos que son capturados por Herodes, quien antes de dejarlos marchar les permite que hagan entrega de los regalos a todos los niños. Este Herodes compasivo repentinamente vuelve a su ser: “ordenó la degollación de los niños, que murieron con los primeros juguetes de su inocencia”. 
  • Ricardo León ("Los tres reyes de oriente"en Diciembre de 1916 hace un tratamiento más profundo de esta figura navideña cuando los presenta cruzando la Europa en guerra con su cargamento de regalos. Los soldados de uno y otro bando capturan a los Magos, los despojan de los juguetes que transportan y les hacen volver sin nada a Oriente, igual que el Niño Dios recién nacido. 1916, desde luego, debió de ser un muy mal año para los niños europeos.


🔽La Misa del Gallo. Si hay alguna tradición que hoy está en franco retroceso debido a la secularización de la sociedad y a la  primacía que ésta da al aspecto mercantil de estas fiestas por encima del religioso que está en su origen, ello es la Misa del Gallo. Es una costumbre, la de asistir al oficio religioso para celebrar a las cero horas del día 25 el nacimiento de Jesús, que está en franca retirada pues hoy las familias se reúnen en torno al hechicero social que es la televisión que, además, entre otra infinidad de posibilidades, retransmite en directo esta Misa oficiada por el pope máximo de la Iglesia, SS el Papa. ¿Para qué entonces salir de casa?

Este abandono de la costumbre también se percibe en los cuentos navideños consultados.
  • Gustavo Adolfo Bécquer. En el escritor sevillano esta celebración es el eje sobre el que gira la leyenda de "Maese Pérez el organista" (1861). Pero a partir de él esta celebración se va adelgazando en los relatos más contemporáneos hasta quedar excluida de los mismos. 
  • Ramón Gómez de la Serna ("Navidad", 1917). Aunque se intuye su realización en la preparación que en el relato de  hace de la iglesia una monjita dado que se acerca ya la celebración; el creador de las greguerías mediante uno de sus acostumbrados giros humorísticos hace coincidir la hora de la misa con el depósito en el torno del convento de un recién nacido. ¡Genial!


🔼El Nacimiento, la familia y los niños.  
  • Por don Benito Pérez Galdós venimos a saber que prácticamente desde siempre el Nacimiento ha sido nexo de unión entre la inicial representación religiosa que es y el juego de figuritas que para los niños supone. Así en su cuento de esta selección, (La mula y el buey, 1876), leemos que “El nacimiento no es una obra de arte a los ojos de los adultos”, debido en parte al eclecticismo que en él reina pues aparte de los elementos esenciales del mismo –Portal de Belén, Castillo de Herodes, figuras de los Reyes Magos y riachuelo- los niños colocan “paveros y polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al camello de un rey mago, y Perico el ciego tocando su guitarra en un corrillo. […] “Por medio a medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio de Salamanca, y como tiene dos ‘rails’ y sus ruedas, a cada instante le hacen correr de oriente a occidente con gran asombro del rey negro, que no sabe qué endiablada máquina es aquella.” 
  • También Tomás Borrás ("Nacimiento", 1931) incide en esta mezcolanza: “Nacimiento de arcaísmos ingenuos y de anacronismos conmovedores”. Y concretando más en el nacimiento español escribe: “En el Nacimiento popular español castellanos de Toledo y extremeños aportan la razón pastoril y agrícola, como los vascos el ritmo de égloga bailada. Y los catalanes vienen con sentido marinero, opulencia mediterránica, espíritu fraternal, de gente que cuando festeja se da la mano”.
La habitual queja por la pérdida de la tradición o del buen hacer que hoy tanto repetimos no es cosa novedosa, pues. En el cuento galdosiano citado también podemos leer semejante queja por parte de los mayores cuando comentan: 
No valen nada los nacimientos de este año… ¡Cuando uno recuerda aquellos tiempos!”.

🔽Los villancicos, la música y los instrumentos con que se hace. 
  • José Ortega y Munilla (Noche de Reyes, 1880): “Sonaban panderos, chirriaban rabeles, vibraban hierros, atronaban sartenes y cazos”;  
  • Luis Bonafoux, ‘Aramis’ ("La Nochebuena en el mar", 1894): “Recordé los rabeles,
    Instrumentos navideños tradicionales con que se cantan villancicos:
    panderetas, carraca, tamboril, botella de anís, rabel, almirez,
    crótalos, hueseras y zambombas
    las zambombas y las chulas
    ”. Estas últimas, en el sentido de instrumento musical, en mi vida he sabido qué eran, y tampoco he encontrado referencia a ellas por parte alguna. En el cuento más moderno de la selección consultada, el de Tomás Borrás (Nacimiento, 1931), podemos leer: “Música de villancicos, cuyo encanto consiste en que se interpretó al nacer, en instrumentos improvisados, los que había en la cocina cuando llegaron al atardecer los pastores: almireces, panderos, una sartén sonajas, hierrecillos, tamboriles, zambombas, vidrios (También el ‘jazz-band’ ha empezado en Castilla)”. Esta alusión a la música ya no tan popular como la de jazz es una nota de modernidad que habla muy a las claras de cómo la tradición debe competir y contemporizar con la actualidad.

En cuanto a los villancicos en España se cantan en el ámbito familiar durante la Nochebuena pero encontrando hoy un serio competidor en el televisor que enmudece a la familia. Con todo, prácticamente seguimos cantando los mismos de siempre, algunos de los cuales se citan en muchos de estos cuentos. 
  • Así Pedro Antonio de Alarcón, en su relato, introduce profundísimas filosofías sobre el popularísimo: 
  • Esta noche es nochebuena, / y mañana navidad; / saca la bota, María, / que me voy a emborrachar. // La nochebuena se viene, / la nochebuena se va, / ¡y nosotros nos iremos / y no volveremos más! // Esta noche es nochebuena / y no es noche de dormir, / que está la Virgen de parto / y a las doce ha de parir.
  • También Pardo Bazán ("Instinto", 1916) cita letras de villancicos cantados por las monjitas de su convento de la Santa Espina: “En el portal de Belén / hay una piedra redonda…”, villancico que al no agradar mucho a las sores cambian por este otro: “En el portal de Belén / todos a juntar en leña, / para calentar al niño / que nació en la nochebuena…”.
🔼La ciudad en Navidad. Por estas fechas la ciudad se transforma mostrando con luces y adornos la alegría de las fiestas. Siempre ha sido una manera de incitar al consumo, aunque hoy día la intención no se esconde para nada. No así antes, como vemos en el bellísimo cuento de Juan Ramón Jiménez ("Jijoneses de Navidad", 1916-1920) en el que se fija en los turroneros procedentes de Jijona (Alicante) que todas las Navidades  venden su producto –y aún hoy lo siguen haciendo aunque en menor número-  bajo los soportales de la Plaza Mayor. Su lirismo le lleva a comparar las cajitas de madera donde se empaqueta el turrón con su propia vida “muerta en pedacitos”.  También el tradicional mercadillo de la Plaza Mayor de Madrid, que aún hoy subsiste, es el lugar en el que el padre de Celinina, en el cuento de Galdós, compra las figurillas del nacimiento que tanto gustaban a la niña: “Trájole un día una manada de de pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba más que graznar; otro día sacó de sus bolsillos la mitad de la sacra familia, y al siguiente a san José con el pesebre y portal de Belén”.

Por último, decir, -y aquí es donde yo veo en parte el motivo de la pérdida de algunos elementos tradicionales de estas fiestas-, que las celebraciones navideñas nacieron en una sociedad rural que veía la ciudad como elemento de pecado y de peligro. Muchos de los relatos más secularizados transcurren en la ciudad cosmopolita, como vemos en Gómez de Baquero, ‘Andrenio’ ("Noche de recuerdos", 1913) que desde una ciudad española pone a sus personajes a recordar al amigo borracho que en París decía a la pareja, hoy separada y sin hijos: “La familia está cimentada en una cuna, símbolo augusto, trono de la maternidad”. También en el cuento de Joaquín Dicenta vemos cómo la ciudad ha matado con sus vicios la ternura y el amor familiar, consustanciales a estas fiestas... 

Según se impone el relato urbano, los cuentos se van por la senda del escepticismo y pesimismo filosóficos viendo en la festividad de la Navidad más un motivo de reflexión existencial sobre el inexorable destino humano que una ocasión para el regocijo y la alegría.
Mercadillo navideño, Madrid en Navidad, Plaza mayor de Madrid

¡¡FELIZ NAVIDAD!!